Las costumbres de la familia

Draco pasó la noche abrazando la almohada de Harry. Tenía su olor, su esencia. Incluso si cerraba los ojos podía imaginar que nada había cambiado, que todo seguía igual y que Harry estaba dormido a su lado, en sus brazos. Pero nada de eso era verdad, era inútil tapar el sol con un dedo cuando la luz resultaba tan cegadora que impedía mirar el horizonte.

Las lágrimas rodaban por sus mejillas aún por la mañana. No había podido dormir y le dolía la cabeza. Pero eso era mínimo comparado con lo que su corazón sentía. Estaba vacío, sin vida. Era como si alguien le hubiera sacado el aire por completo y sólo quedara de él su cuerpo, el cascarón que cubría sus huesos. Draco se preguntaba si así se sentía cuando un Dementor te daba el beso de la muerte. Tal vez así era quedarse sin alma, pensaba Draco, porque esa desolación de saberse sin Harry para el resto de su vida era peor que la muerte. Lucius posiblemente estaría riendo en el infierno por su triunfo sobre Harry Potter. Siempre quiso vencerlo y separarlo de él, pero nunca se dio cuenta de que al lograrlo estaba venciendo también a su hijo. Estaba sumergiéndolo en un valle de angustia y desesperación.

Draco se levantó de la cama cuando escuchó ruidos en la sala. Tal vez Harry había regresado, tal vez podía hacerlo entender. Corrió rápidamente por el pasillo para encontrarse con la ausencia de Harry y la presencia de su madre.

Narcisa Malfoy salía de la chimenea sacudiéndose el polvo que quedaba en su hombro. Cuando Draco volteó a verla soltó en llanto de nuevo, las esperanzas de que el amor de su vida regresara se habían vuelto nulas.

--- "Draco, hijo" --- dijo Narcisa cuando vio lo devastado que estaba el joven parado frente a ella. Se acercó e intentó abrazarlo pero Draco no se lo permitió, apartándose de ella y sentándose en uno de los sillones de la sala. Estaba demasiado cansado como para soportar la compasión de su madre.

--- "¿Qué haces aquí, madre?"

Narcisa, que lo observaba con detenimiento y preocupación, dijo:

--- "Vine a ver cómo estabas, quería cerciorarme de que te encuentras bien."

Una risa quebrada salió de la garganta de Draco.

--- "¿Bien?... Preferiría estar muerto, lo sabes."

--- "Lo sé, hijo. Sé que esto ha de ser difícil para ti. Pero estoy segura que Harry lo comprenderá una vez que le expliques y…"

--- "¡Por Merlín, madre!, Ni siquiera me dejó explicarle. Se ha ido, lo he perdido y no sé donde está"

La desesperación en Draco era evidente para Narcisa. Desde que se enteraron de las exigencias de Lucius en su testamento, juntos habían tratado de evadir esa cláusula matrimonial que su maldito esposo había estipulado como última venganza, pero había sido inútil y por muchos intentos que hicieron el abogado no pudo hacer algo al respecto. Draco se tenía que casar y tener un heredero o de lo contrario perdería toda la fortuna de los Malfoy. Y por si fuera poco, el matrimonio tenía que durar veinte largos años como mínimo. Lucius podía ser un bastardo cuando se lo proponía.

--- "Quizás si lo encontráramos y yo hablara con él…"

--- "No, madre. No conoces a Harry. No aceptará ser mi amante durante todo ese tiempo" --- dijo el rubio con una voz tan suave que Narcisa casi no lo había escuchado.

--- "Pero debe comprender que los Malfoy no somos nada sin nuestras posesiones. No puede pedirte que lo dejes todo por él. Es absurdo." --- decía la mujer mientras enojada daba vueltas por la habitación. --- "Él creció sin comodidades y no sabe lo que significa el dinero y la posición social a la que estamos acostumbrados, pero si yo hablara con él, seguro lo haría comprender… después de todo durante generaciones los Malfoy han guardado las apariencias y muchos matrimonios han sido exitosos sin amor precisamente porque el papel del amante es aceptado por todos."

Draco ya no quería escuchar más a su madre. Era como oír todos los prejuicios familiares juntos saliendo de una misma boca.

--- "Además…" --- prosiguió la agitada mujer. --- "… no se puede quejar. Te tendría a ti. Tu esposa siempre sabría de su existencia y respetaría el lugar que él ocupa en tu corazón. La única diferencia es que no podrían ser vistos en lugares públicos y mucho menos pasar las fechas importantes contigo. Eso es todo. ¡Por Merlín!, Harry está siendo un egoísta, no puede esperar que lo dejes todo sin que él sacrifique algo también."

--- "Basta madre, basta por favor."

--- Pero Draco, no me dirás ahora que tú también opinas que el matrimonio es sagrado y que las amantes no existen. Claro que existen, siempre han existido en todas las clases sociales. La diferencia es que en las familias de sangre pura las esposas estamos concientes de que el matrimonio es un contrato en la que se debe procrear un hijo y nada más. Sabemos que nuestros maridos no nos aman y no nos pasamos la vida sufriendo por sus nimiedades. Al contrario, nosotras somos las que llegamos a un acuerdo con nuestros esposos para que en los eventos sociales nos acompañen mientras las noches de cama las pasan con la otra. Es perfectamente normal. Un contrato en el que todos ganamos. De seguro Harry lo entenderá cuando se lo expliques."

--- "No madre, yo pienso igual que tú pero Harry no fue educado como yo. Para Harry el matrimonio es sólo por amor. Vive en un mundo de fantasía Muggle. Al parecer para ellos el amor es como un cuento de hadas. Si conocieran como tú o como yo a las verdaderas hadas, se darían cuenta de que nada tienen que ver con la ternura y los sueños cumplidos. Así como muchos Muggles piensan que nosotros los magos somos enviados de lo que ellos llaman 'Demonio', un ser repugnante que no tengo idea de dónde lo sacan; también tienen una idea del amor monógamo y creen en la eterna frase de los cuentos 'y vivieron felices para siempre', que en nuestro mundo es evidente que no existe."

Y es que Draco había crecido así. Su padre tenía varias amantes y su madre contrataba constantemente "acompañantes de ocasión". Cuando Draco era muy pequeño, pensaba que sus padres se amaban completamente porque siempre los veía juntos y casi nunca discutían. Pero una noche, durante las vacaciones de verano en su primer año en Hogwarts, Draco alcanzó escuchar a sus padres hablando sobre el asunto.

--- "Querida, creo que deberíamos ir a Grecia el próximo año" --- dijo Lucius sin despegar los ojos de los papeles que tenía frente a su escritorio.

--- Sí, tal vez nos vendría bien cambiar de aires. --- contestó Narcisa haciendo una pausa antes de proseguir. --- Sé que vas a llevar a una de tus amantes, pero ten la decencia de registrarla en otro hotel, no quiero toparme con ella en los pasillos mientras estamos disfrutando de las vacaciones."

La voz de su madre era tan tranquila y relajada que Draco se sorprendió. No sólo se enteraba que su padre tenía una amante, sino varias. Y para colmo su madre estaba al tanto y que al parecer le importaba un rábano el asunto.

--- "Por supuesto, querida. Pero todavía no sé a quién invitar. Mi última consorte era demasiado joven para disfrutar de los buenos vinos y la buena plática. Quizá lleve a Andreina, ¿qué opinas?"

Narcisa pareció considerar la idea.

--- "Mmm … sí, tal vez sea buena elección. Llevas años con ella y creo que es la que más clase tiene. Por lo que me has dicho tiene buenos temas de conversación y así no te aburrirás mientras Draco y yo paseamos por la playa. Además, sabes que el sol me agota y yo no podré atender tus necesidades por las noches. Creo que ella sería una buena elección, querido"

Draco, con tan solo once años de edad no podía comprender la magnitud de lo que implicaba la extraña relación que llevaban sus padres, así que al día siguiente los cuestionó y ambos le explicaron las reglas por las que se regían las familias de sangre pura. Tener amantes era normal porque el matrimonio era un contrato ante la sociedad que servía para asegurar la fortuna de la familia y la conservación de la sangre.

Ahora, después de muchos años escuchando la misma historia, Draco en verdad pensaba que su matrimonio podía tener solución. Si Harry hubiera nacido bajo las reglas de una familia como la de Draco, de seguro opinaría igual. Después de todo, las cosas no iban a cambiar en el mundo mágico sólo porque lo exigiera el amor que le tenía a Harry.

Y es que Draco lo adoraba, con Harry había sentido lo que por nadie más estaba dispuesto a sentir, pero aunque daría cualquier cosa porque las reglas del juego no fueran esas, lo cierto era que a Harry le tocaba hacer el sacrificio en esa historia si en verdad amaba a Draco. Y éste se aseguraría de hacérselo saber.

Sí. Las lágrimas ya no servían de nada. Comenzaría los preparativos de la boda y hablaría con Harry aunque tuviera que mover cielo, mar y tierra para encontrarlo. Si Harry lo amaba de verdad, aceptaría ser su amante y sacrificaría esa ridícula fantasía de que el amor es más importante que el dinero.

Ahora era el momento de poner a prueba el amor que tanto le profesaba su hombre. Sí, Harry tendría que probar su amor por Draco.

oOoOoOo

Varios días después en Canadá…

--- "Harry, no creo que sea una buena idea que te quedes solo en casa, deberías venir con Ron o conmigo. No es bueno que estés deprimido todo el tiempo. --- dijo Hermione mientras se cerraba la sudadera color verde que vestía. El frío aumentaba cada vez más y estaban casi 15 grados centígrados bajo cero. La nieve que se acumulaba en la entrada era tanta que todos los días tenían que conjurar un hechizo levanta obstáculos. Harry adoraba el frío, pero en esos días lo deprimía más.

Desde que llegó hace dos semanas a casa de sus amigos, el vacío en su pecho no paraba de existir. Necesitaba a Draco, requería de sus besos y sus caricias. Extrañaba su olor y el escuchar su voz. Sentía que se estaba volviendo loco sin él y muchas veces estuvo a punto de volver y aceptar ser parte de su vida bajo cualquier condición que el otro le pusiera.

--- "Si, Harry." --- dijo Ron aproximándose a su amigo que se hallaba sentado en el sofá de la sala. --- "si quieres ven al trabajo conmigo, tal vez el ver a los chicos aprender nuevas cosas te alegrará el día. Mira que a veces a mí me sorprende. Y de seguro les dará alegría conocer al famoso Harry Potter."

--- "No, gracias chicos pero no quiero salir por el momento. Quizás mañana."

Las palabras de Harry no sonaban convincentes pero Hermione había aprendido con los años, y en base a mucho esfuerzo, a dejarlo en paz cuando no quería salir de su ensimismamiento. Y es que era natural que se sintiera así, no todos los días el sueño de tu vida se derrumba ante tus ojos.

Después de que partieron sus amigos, Harry comenzó a hojear un libro que Hermione dejó sobre la mesa, pero dándose cuenta de que no entendía nada de lo ahí escrito porque era una edición avanzada en pociones, decidió dejarlo a un lado y prepararse un poco de café.

Buscó en la alacena, pero al no encontrar ningún rastro de su bebida preferida, recordó que ni a Hermione ni Ron les gustaba. Así que comenzó a buscar algo que le sirviera para hacer un poco de té y así combatir el frío que sentía.

Fue hasta arriba de la estantería que encontró un tarro con un poco de lo que parecía una mezcla de yerbas para té. Olían bien, un poco a limón y a azucenas, así que decidió probarlo. Tomó su varita y calentó un poco de agua en la tetera, colocando de inmediato cuatro cucharadas del contenido del frasco en ella y bajó la tapa comprimidora para que el té quedara perfectamente colado.

Sirviéndose una taza enorme del brebaje, intentó buscar un buen libro de ciencia ficción en el estante. Los libros escritos por los Muggles eran muy buenos porque siempre imaginaban otros mundos extremadamente complejos, y lo más seguro es que Hermione tuviera a varios autores dentro de su pequeña biblioteca personal.

Luego de que encontró uno titulado "El juego de Ender", de un tal Orson Scott Card, leyó la parte trasera y se interesó por él. Se trataba de un niño extremadamente inteligente que podía configurar estrategias de guerra en la cabeza en un futuro en que los 'insectores' querían invadir la tierra; y por supuesto dependía de ese niño el futuro de la humanidad. Lo más interesante era que al parecer se trataba de una saga porque había varias continuaciones de la historia en el estante. A Harry le pareció interesante comprender cómo la mente de un niño podía llegar a ser un gran estratega, y decidió echarle un vistazo al primer capítulo.

Después de varias horas y ya en el séptimo apartado del libro, pues este estaba tan interesante que lo había enganchado desde el primer momento, Harry escuchó que alguien llamaba a la puerta. Estaba tan absorto en la lectura, que no se había percatado de que ya era la segunda vez que alguien tocaba.

Cuando se levantó de la barra, dejó el libro abierto en la página que estaba leyendo con las páginas boca abajo y la taza de té completamente vacía a un lado. El brebaje lo había calmado bastante, pero su tranquilidad se vio destrozada cuando descubrió quién estaba detrás de la puerta.

Draco estaba ahí parado casi congelado por el frío. Su piel blanca estaba ligeramente roja por el esfuerzo que representaba caminar en esas condiciones climáticas.

Era tan maravilloso volver a verlo que el aire se le fue de los pulmones. Quería besarlo y decirle lo mucho que lo extrañaba, pero un dolor horrible en el pecho le recordó que ya no podía hacerlo, que pronto Draco sería el esposo de otra persona.

Después de que ninguno parecía poder emitir palabra alguna, Draco rompió el silencio.

--- "¿Puedo pasar?"

--- "No creo que sea buena idea, Draco. ¿Qué haces aquí? Creo que todo está dicho entre nosotros, ¿no es así?"

Harry se estaba muriendo por abrazarlo, pero no podía ceder tan fácilmente. La posibilidad de que Draco recapacitara y viniera a buscarlo existía, pero tampoco podía ofrecerle su corazón en bandeja de plata.

--- "Por favor, Harry. Creo que nunca me diste la oportunidad de hablar. Al menos deja que te diga todo lo que quiero que sepas y luego me iré"

Su voz sonaba tan sincera que Harry cedió. Lo dejó pasar y se dirigió de nuevo a la cocina.

--- "Siéntate un momento. Te prepararé una taza de té, debes estar helado."

Y diciendo esto se dispuso a preparar una taza para su visitante. Las ideas le daban vueltas en la cabeza. ¿Qué le diría Draco? ¿A caso no se casaría? ¿Lo amaría tanto que renunció a su herencia? Harry estaba tan nervioso porque Draco lo observaba desde el sillón de la sala, que casi no podía colocar el té dentro de la tetera y algunas hierbas se esparcieron sobre la mesa.

El lugar era pequeño. La sala y comedor estaban casi unidos en la misma estancia. Una barra de madera que servía como desayunador era la que fungía como división a la cocina. Es así como la sala tenía una vista perfecta hacia la parte interna. Cuando hubo acabado de preparar el té, Harry se acercó a Draco y le entregó una taza. Dejó que bebiera gran parte del contenido para que entrara en calor y luego dijo:

--- "Y bien, ¿qué quieres decirme?" --- las esperanzas de Harry estaban en sus ojos.

--- "Harry…" --- dijo Draco dejando la taza sobre la mesita de la sala y acercándose para tomar las manos de su amado entre las suyas. --- "… tú sabes que te amo. Siempre lo has sabido. Creo que incluso desde que éramos rivales la atracción estaba presente pero intentaba negármelo a mí mismo. Te amo y no puedo vivir sin ti. Por favor, dame una oportunidad, regresa a casa"

Harry observaba sus manos entrelazadas con las de Draco y casi podía jurar que el calor que irradiaban era anormal. Era como si algo lo uniera a Draco, como si el amor que sentía por él se duplicara. Pero el dolor todavía estaba presente.

--- "No sé si pueda, Draco. Te amo, lo sabes, pero…"

--- "Por favor, Harry. Sé que fui un estúpido pero te necesito a mi lado, no puedo imaginarme sin ti. Despierto por las noches buscándote y escucho tu voz en todas partes. No quiero que las estipulaciones de mi padre arruinen lo mejor que me ha pasado en la vida."

Las palabras pronunciadas por Draco sonaban a miel en los oídos de Harry. Era todo lo que había necesitado escuchar aquella noche en su aniversario. Que Draco lo amaba, que no podía renunciar a él y que no estaba dispuesto a acatar las órdenes absurdas de su difunto padre.

Y fue en ese momento que Harry no pudo más. Con una de sus manos tomó por la nuca a Draco y lo atrajo hacia sí. Sus labios buscaron con urgencia el sabor del hombre que amaba. Y una nueva sensación de premura lo invadió.

Draco reaccionó de la misma forma. Apretó a Harry contra su cuerpo y comenzó a besarlo con más urgencia, con más salvajismo. Habían pasado demasiado tiempo separados y necesitaban sentirse. Requerían de algo más que las palabras y la única forma de expresarlo era a través de la piel. Rápidamente estaban devorándose con besos apasionados.

Draco se apartó de Harry y comenzó a quitarse la ropa hasta que el rubio quedó completamente desnudo frente a él. Era hermoso. Su pecho era blanco y ligeramente musculoso, pero no en demasía; su abdomen era plano y su miembro estaba completamente erecto. Era maravilloso volver a verlo con tal plenitud.

Con un movimiento rápido, Draco se aproximó a Harry y lo recostó sobre el amplio y cómodo sofá. Volvió a besarlo pero ahora muy despacio, como si el tiempo fuera eterno, y con mucha habilidad comenzó a recorrer con su mano el cuerpo de su amado. Primero las piernas, luego la cintura y por último el pecho, hasta que decidió levantar la camiseta que vestía Harry.

Luego de quitársela prosiguió con los pantalones y ropa interior, y ambos dejaron escapar un gemido cuando Draco frotó su miembro contra el de Harry. Los brillantes ojos grises de Draco eran tan expresivos que Harry podía ver claramente el desesperado deseo y necesidad que sentía éste.

Draco le tomó las manos y sostuvo sus muñecas contra el sillón. Sus caderas contra las de Harry mientras comenzaba a besarle el cuello. Todo se sentía correcto, la boca de Draco era exactamente como la recordaba, suave, apasionada, reclamando lo que le pertenecía por derecho.

Cuando Draco comenzó a escuchar los sonidos de satisfacción que escapaban de los labios de su amado, comenzó a besarle el pecho y el estómago, hasta que con un ligero beso alcanzó su destino. Harry dejó escapar un gemido agudo, era demasiado el placer que estaba sintiendo en ese momento. Su mente le decía que necesitaban hablar, que no podía perdonar tan fácilmente, pero las sensaciones eran más difíciles de controlar que el raciocinio. Las excusas para no tenerlo en sus brazos parecían tan lejanas que prefirió dejarse llevar por sus sentimientos.

Y a partir de ese momento todo sucedió dentro de un ambiente de calor, de sexo, de humedad bendita en la que dos cuerpos comulgan. Draco envolvió el miembro de Harry en el calor de su boca, y cada succión provocaba en ambos una sensación diez veces más grande que la anterior.

Cuando estaba a punto de llegar al orgasmo, Harry lo detuvo:

--- "Por… por favor, Draco. No así, te necesito conmigo. Por favor, necesito sentirte."

La voz de súplica, deseo y amor de Harry logró que Draco se detuviera, y con rapidez el rubio tomó la varita que tenía guardada entre la ropa que había tirado en el suelo y realizó el conjuro para aplicar lubricante a su compañero.

Una vez que el hechizo había resultado con éxito, Harry comenzó a sentir una sensación fría que lo invadía. Estaba acostumbrado a esa clase de conjuros, pero no dejaba de sorprenderle lo raro que se sentía el que de pronto fuera llenado por dentro por una sustancia de ese tipo. Pero era una sensación que gozaba, porque sabía que lo que le esperaba después llenaba cualquier expectativa que tuviera.

Draco comenzó a prepararlo con dos de sus dedos mientras continuaba besándolo apasionadamente. Había extrañado mucho a Harry, había pasado tantos días imaginándose volver a penetrarlo, que casi era insoportable la espera ahora que lo tenía frente a él.

Con habilidad y sin dejar de besarlo, Draco levantó las caderas de Harry y colocó debajo uno de los cojines que adornaban el sillón. Una vez que quedó satisfecho con esto, levantó las piernas de Harry y las puso sobre sus hombros. Harry se veía tan frágil, tan adorable, tan deseable, que la pasión no podía seguir esperando.

Con mucho cuidado comenzó a penetrarlo y se tomó el tiempo necesario para que su compañero se acostumbrara a la intromisión. Los músculos que rodean la entrada se opusieron un momento, pero después se relajaron y le permitieron acceso de manera completa. Los gemidos de Harry indicaban que más que lastimarlo, estaba lleno de placer.

Para Harry era increíble lo que sentía, y casi juraba que si algún día tuviera que morir, lo haría contento si la muerte le llamara justamente con Draco dentro de él. Y fue así como el baile entre los dos cuerpos continuó, una pelea armoniosa para poseerse, para entregarse, y para llegar a los rincones más profundos del alma.

Cuando ambos consiguieron llegar al orgasmo, éste fue intenso. Los dos cuerpos quedaron temblando momentáneamente y después la relajación fue completa. Harry distribuía pequeños besos por la cara de Draco, casi en forma de adoración.

Ahora sí serían felices.

oOoOoOo

Después de que casi una hora en la que el sueño los alcanzó, Harry despertó para encontrarse solo en el sillón. Una manta cubría su cuerpo desnudo ya que el frío había incrementado. Apoyándose en el asiento, Harry se levantó y alcanzó a ver a Draco en la cocina, al parecer estaba disponiendo algo de comer. Estaba perfectamente vestido de nuevo y el rubio cabello caía sobre su cara mientras terminaba los deliciosos emparedados que estaba preparando.

Harry comenzó a ponerse la ropa también. Era extraño, se sentía extraño. Como si una ligera magia lo envolviera. Estaba acostumbrado a la sensación que su propia magia provocaba en él cada vez que la dejaba fluir con fuerza, pero esto era distinto. Era como si esa magia no fuera de él, como si fuera algo adicional a su cuerpo.

Pero Harry no le dio mayor importancia y se dirigió a la cocina para ver el desastre que de seguro Draco había dejado alrededor. Si para algo no era ordenado Draco, era para la cocina, recordó Harry con una ligera sonrisa.

--- "Mmm… huele divino" --- dijo Harry mientras le besaba el cuello. Draco comenzó a reírse y volteó la cabeza para alcanzar a ver a Harry que ahora se encontraba con la barbilla apoyada en su hombro.

--- "¡Por Merlín, Harry! Los emparedados no emiten mucho olor que digamos"

--- "Sí, lo sé. Pero para mí están perfectos." --- dijo Harry antes de ponerse más serio y continuar hablando. --- "No tienes idea de lo que significa para mí que estés aquí."

--- "Te amo, y ya no podía seguir sin verte." --- la voz de Draco era sincera, pero había algo de temor. Algo que Harry no lograba distinguir.

--- "Draco… ¿todo está solucionado, ¿verdad?"

Draco se despegó de él y llevó los emparedados a la mesa del comedor. Tenía que ser fuerte para poder hablar con Harry y necesitaba la distancia.

--- "Nunca ha habido problema, Harry. Yo te amo, de eso no hay duda. Siempre y cuando tú me ames con la misma intensidad, estaremos bien".

Harry se detuvo. Era como si un balde de agua fría le cayera sobre los hombros. Las palabras de Draco se escuchaban casi como… amenaza.

--- "¿Qué quieres decir con eso, Draco?" --- preguntó Harry mientras se acercaba también a la mesa donde Draco estaba ya comiendo uno de los emparedados y ofrecía a Harry el otro. La plática era tan bizarra que para Harry parecía una realidad alterna. Era como si sus vidas no dependieran de lo que estaban hablando. Draco ahí sentado diciéndole esas palabras y comiendo como si nada estuviera pasando.

Cuando vio que el hombre no planeaba contestarle pronto, dijo:

--- "Deja de comer y contéstame. ¿Qué quieres decir con eso?"

Por fin, Draco levantó la vista, dejó a un lado su comida y le sostuvo la mirada.

--- "Necesito que vuelvas conmigo a Inglaterra. Quiero que conozcas a Iderel, es necesario que las presentaciones sean lo antes posible."

¿Iderel? ¿Acaso Draco estaba loco? ¿Quién diablos era Iderel y qué tenía que ver con su situación actual? Los ojos de Harry claramente reflejaban todas estas interrogantes y Draco decidió sacarlo de la duda. Era ahora o nunca.

--- "Iderel será mi esposa este fin de semana. Nos casaremos en la villa que tiene mi madre a las afueras de Manchester. Después de que ustedes dos se conozcan las cosas volverán a ser como antes."

Y fue entonces cuando por fin terminó por romperse el corazón de Harry. Sentía que la vista se le nublaba y que su respiración se entrecortada. No podía estar escuchando eso de la boca de Draco, no con esa naturalidad como quién estuviera dando las noticias del clima.

Acababan de hacer el amor, acababa de perdonarlo por lo que había dicho en su casa hace unos días. Una puñalada hubiera dolido menos que el desenfado con el que le hacía saber de sus planes de casamiento.

--- "Draco…" --- dijo Harry cuando encontró las fuerzas para hablar. --- "… hace un momento, cuando hablamos, dijiste que no querías que las estipulaciones de tu padre arruinaran lo mejor que te ha pasado en la vida. Yo pensé que me estabas pidiendo perdón…" --- de nuevo se quebró su voz. --- "… pensé que me amabas y que no te casarías."

Draco se le quedó mirando como si no entendiera. Cierto, había dicho todo eso pero no entendía qué parte de sus palabras habían hecho creer al otro que su boda no se llevaría a cabo. Por su parte, Harry maldecía el momento en el que se dejó llevar por sus sentimientos y añoranza sin antes de escuchar toda la plática que de seguro Draco le tenía preparada desde antes de entrar por la puerta.

--- "Harry…" dijo levantándose de la mesa y colocando las manos sobre los hombros del otro. --- "… sabes que te amo, sabes que eres lo más importante para mí. No quiero perderte, pero tampoco puedo quedarme sin mi herencia. No sólo es por mí, sabes que mi madre depende de lo que yo pueda darle cuando los bienes sean liberados."

Harry comprendía. Comprendía más de lo que Draco se podía imaginar. Si estuvieran en lugares contrarios, si la madre de Harry viviera de lo que él ganara, Harry haría todo lo posible para que su madre estuviera protegida económicamente todo el tiempo. Pero algo dentro de él le decía que la ambición de Draco iba más allá de la preocupación por su familia.

Y lo peor de todo era que Harry siempre había sabido que para Draco el dinero significaba gran parte de lo que como ser humano era. Al principio, Harry pensaba que Draco era engreído sólo por molestar, pero con el paso del tiempo aprendió que para el rubio comprar cuanta cosa se le antojara era como respirar aire puro por la mañana. Era su rutina más común, y Harry, a pesar de que nunca estuvo de acuerdo con tanto despilfarro, aprendió a conocerlo y amarlo tal como era.

Por esa razón no podía creer que ahora la característica que más había aprendido a tolerar de Draco, se volviera en su contra. Porque Harry le había creído, de verdad había pensado que su amor era lo más importante y que llegado el momento recapacitaría y estaría dispuesto a renunciar a su herencia. Pero soñar cuesta caro… y ahora Harry tenía que pagar el precio.

--- "En un par de días me casaré y viviré con Iderel, obviamente nos iremos a un viaje corto para iniciar la vida de casados que la sociedad espera. Pero una vez que regrese, podremos vernos tú y yo sin problema alguno. Será igual que siempre, te lo prometo"

--- "¿Sin problema alguno?"--- alcanzó a decir Harry mientras trataba de ordenar las ideas. Las lágrimas rodaban de nuevo por sus mejillas como si le hubieran dicho la fecha de su muerte. Su rostro ya no tenía esperanza alguna y el amor ya no le bastaba para ignorar esta nueva decepción y perdonar al hombre que amaba.

Harry quería desesperadamente aceptar esa vida, ser el amante escondido. Pero se negaba a serlo. Tal vez era un idiota por ello ante los ojos del mundo, pero no podía soportar la idea de compartir a Draco con otra persona, y mucho menos cuando la persona que amas te lo dice tan seguro, tan impávido, como si te estuviera vendiendo la mayor oferta del mercado.

Aunque las lágrimas seguían cayendo, Harry endureció su mirada, caminó hacia la puerta de la entrada y la abrió. El invierno le pegó en la cara, pero nada se comparaba con el frío que su alma sentía en ese instante.

--- "Vete, por favor" --- dijo Harry mientras se sostenía de la manija de la puerta. Su cuerpo se sentía débil, y estaba seguro que si no se asía con fuerza de ella, terminaría en el piso sin poder evitarlo.

Draco, quién lo había seguido con la mirada, comprendió lo que Harry se proponía al dirigirse a la puerta, y antes de que éste la abriera por completo, había caminado hacia él.

--- "Dijiste que me amabas, Harry."

Harry no levantó la vista. Tenía los ojos llorosos clavados en el suelo. Como si de repente la alfombra de Hermione fuera a ofrecerle las respuestas que necesitaba.

--- "¡Contéstame! --- demandó Draco. Su voz se había vuelto dura, resentida.

Pero Harry no contestó, ya no tenía caso asegurarle que lo amaba, decirle algo que podía olvidarse por los dividendos de una cuantiosa herencia. El aire helado era lo único que se escuchaba en la habitación y Draco lo tomó de los hombros y agitándolo grito:

--- "¡¡¡PENSÉ QUE ME AMABAS, QUE PODÍAS HACER ESTE SACRIFICIO POR MÍ. YO TE ESTOY OFRECIENDO TODO: MI CASA, MI DINERO, MIS ATENCIONES. ¿QUÉ MÁS QUIERES?!!!"

Y Harry por fin levantó la vista. Sus ojos ya no mostraban la misma alegría y luz que hasta hace un momento Draco había conocido. Ni siquiera cuando existía la amenaza de Lord Voldemort lo había visto así, sin esperanza, sin rastro de vida. Era otro. El Harry que tenía frente a él ya no era 'su Harry'.

Y por primera vez comprendió que con sus palabras y acciones acababa de lograr lo que nunca antes alguien había logrado. Acababa de matar a Harry Potter.

Sin más que decir, Draco atravesó la puerta sintiendo que dejaba al amor de su vida para condenarse a un futuro lleno de comodidades. Harry, por su parte, alcanzó a cerrar la puerta y se dejó caer al suelo. El llanto continuaba y no podía evitarlo, había cerrado un capítulo en su vida que sabía no iba a volver a abrir.

Horas más tarde, Hermione y Ron llegaron del trabajo. Las luces se encontraban apagadas y el silencio era casi palpable. Les extrañó no ver a Harry sentado en la barra de la cocina, y un afligido sollozo salió de Hermione cuando al voltear hacia la sala encontró a su amigo en posición fetal a un lado del sillón.

Eran las tres de la madrugada cuando por fin Hermione logró que Harry conciliara el sueño. Luego de que Ron pudo levantarlo del piso y llevarlo a su habitación, Harry no dejaba de ver un punto fijo en la pared. Era tan horrible verlo en ese estado, era como si su amigo su hubiera ido y en su lugar sólo estuviera un cuerpo que en apariencia estaba vivo pero no tenía conciencia de su alrededor.

Pero después de que ambos comenzaron a decirle al oído lo mucho que le querían y el gran amigo que era, Harry por fin reaccionó y volvió a romper en llanto, contándoles de paso la historia de la visita inesperada de ese patán.

Hermione había aprendido a aceptar a Draco como pareja de Harry, pero nunca le había terminado por gustar su comportamiento despectivo y su aire de superioridad. Lo que le acababa de hacer a Harry no tenía nombre, y si de ella dependiera, lo mandaría encerrar a Azcabán por semejante crimen.

Con un resoplido de exasperación al pensar en el rubio traidor, Hermione se dispuso a prepararse una taza de té. Pero sus movimientos fueron abruptamente detenidos cuando notó algo fuera de lo normal en la cocina.

--- ¡Ron! --- gritó tratando de hacerlo de una manera concisa pero no extremadamente ruidosa por miedo a despertar a Harry. Su esposo, que por fin acababa de ponerse la pijama e intentaba lavarse los dientes, salió del baño apresurado y se dirigió a la cocina pensando que algo grave ocurría. Después de todo, Hermione no acostumbraba a gritar sólo por el gusto de hacerlo.

--- "¿Qweee… suc…ede?"--- dijo Ron mientras trataba de hablar con el cepillo de dientes en la boca. La cara de su esposa era de un pánico total.

--- "Creo que Harry ha cometido un error enorme. ¿Recuerdas que arriba de la alacena guardo la mezcla de hierbas que el curador nos envió para poder embarazarme?" --- expresó Hermione con preocupación.

Ron asintió con la cabeza.

--- "Y ¿recuerdas que Harry nos acaba de contar que le ofreció a Draco un poco de té y que luego hicieron el amor?"

Ron agitó de nuevo su cabeza de forma afirmativa, pero ahora su cara había perdido el color.

--- "Debemos preguntarle a Harry si también él tomó de ese brebaje. Él no creció en el mundo mágico, y yo sólo sé de esto porque leo demasiado, pero debe enterarse que si dos magos poderosos toman de esta combinación de hierbas, aunque sean dos hombres, un embarazo es posible en la mayoría de los casos."

--- "Diablos" --- por fin dijo Ron, que se había sacado el cepillo de dientes y se había tragado la pasta dental del susto que estaba sintiendo.

Y es que la situación no podía ser peor. Harry estaba pasando por una crisis y no necesitaba ser padre ahora que nadie estaría a su lado.

Pero lo que a Hermione le asustaba no era lo difícil que sería levantar a un hijo solo, para eso Harry contaba con ellos. Lo verdaderamente preocupante era lo riesgoso que resultaba un embarazo masculino, y todo lo que con ello se desataría. Al ser un hombre no tenía matriz, y por consiguiente el feto se alojaba en la cavidad entre el estómago, los pulmones y el corazón. Por esa razón casi nunca se lograban concluir con éxito dichos embarazos, porque requerían de mucha magia del padre portador del feto, el cual era retirado cuando cumple seis meses de gestación y recibía tratamiento para poder terminar de desarrollarse por medio de pociones y hechizos especiales.

Hermione había leído sobre varios casos de hemorragias internas que habían matado al padre portador. Mientras que en otros casos el mismo feto obstruía las válvulas respiratorias y del corazón mientras el padre dormía y no lograba despertarse antes de morir rápidamente durante la noche.

El panorama era demasiado peligroso, y tendrían que esperar a que Harry se despertara para que supieran si había o no tomado del té. Hermione sólo espera que Harry no lo hubiera hecho, pero sus ilusiones quedaron en la basura cuando su mirada se dirigió a un extremo de la barra, junto a un libro que al parecer Harry estaba leyendo, y encontró una taza con residuos de té. La taza de Draco obviamente era la de la sala, y la sentencia de Harry yacía en la barra de la cocina.

Hermione miró a Ron con tristeza y ambos compartieron una mirada de entendimiento. 'Oh, Harry, ¿Qué has hecho?', pensó Hermione. Ella cerró los ojos y una lágrima rodó por su mejilla, Ron se acercó a su esposa y la rodeó con sus brazos.

La suerte ya estaba echada.

Continuará…

Nota: OK, hasta aquí va el cap. 3. Espero que les vaya gustando la historia. Me encantaría saber qué opinan, qué harían ustedes en lugar de Harry, etc.