Tiempo suspendido
'Un emparedado de mantequilla de maní. Mmm… No. Mejor un helado de chocolate con un cono crujiente. Mmm… tampoco.' --- pensaba Harry mientras observaba un numeroso menú.
--- "Y bien Harry¿por fin vas a elegir lo que quieres?" --- preguntó Neville, quién esperaba pacientemente a que su amigo ordenara algo en la pequeña cafetería a la que habían ido.
Era un lugar Muggle, así que las cosas que preparaban ahí no eran precisamente a las que estaba acostumbrado, pero Harry había insistido en que se vieran en ese lugar porque no deseaba encontrarse con algún reportero o cualquier otra persona no grata.
La mesera, que había tenido la oportunidad de observar a Harry con atención por la enorme cantidad de tiempo que el moreno estaba empleando en hacer su pedido, no dejaba de pensar que se trataba de un hombre muy guapo pero con un ligero sobre peso en la parte central de su cuerpo. "Debería hacer un poco de ejercicio, tiene unos ojos verdes divinos", pensó la rubia mientras con paciencia seguía esperando. Ni por un momento se le cruzó por la mente adjudicar esa pequeña pancita a la gestación de una nueva vida.
--- "Creo que voy a pedir el pastel de tres leches con una bola de helado de vainilla." --- el rostro de Harry al decir su orden a la mesera era de felicidad plena. Tenía el antojo de algo dulce desde hace varios días y se había aguantado las ganas gracias a los cuidados de Hermione, quién se encargaba de cuidar en extremo su salud.
Desde que Harry decidió regresar a Inglaterra, unos días después de enterarse de su estado; su amiga se aparecía desde Canadá todos los días para cerciorarse por cuenta propia que el embarazo marchaba en perfectas condiciones. Los médicos le habían asignado una dieta específica y Harry tenía que acatarla a la perfección. Incluso todas las mañanas, antes de desayunar, debía caminar treinta minutos y tomarse una poción reforzadora para embarazos que sabía peor que lodo y le provocaba agruras durante gran parte del día.
La mesera escribió la orden, retiró el menú y se dirigió con rapidez a la barra de la cocina para indicar la comanda. Neville aprovechó para endulzar el café que ya le habían traído con anticipación. Necesitaban tranquilizarse un poco antes de comenzar a realizar todas las cosas que tenían planeadas para esa tarde.
Y es que los cuatro meses que habían pasado desde que Harry decidió regresar, fueron empleados en diferentes actividades. Primero tuvo que buscar un nuevo lugar donde vivir, ya que no tenía intenciones de regresar a la casa en la que fue tan feliz durante tanto tiempo para ahora encontrarla vacía y sin el ocupante principal.
Ron tomó dos días libres en su trabajo para viajar a Inglaterra y ayudar a Harry en tal actividad. Algunas casas eran demasiado pequeñas, otras eran grandes en exceso; y otras de plano carecían del esencial sentido de las dimensiones y la estética. Pero justo antes de finalizar el segundo día de búsqueda, Harry se enamoró profundamente de una casa en un distrito totalmente Muggle, que tenía un amplio y hermoso jardín. Era un lugar acogedor en el que el bebé crecería sano y libre de la agobiadora prensa.
Después de tener resuelto el problema de vivienda, Harry decidió que podía hacerse cargo de comprar su ropa sin la ayuda de Ron. Nunca regresó por todo lo que había abandonado en casa de Draco, así que lo mejor era empezar de nuevo. La labor fue casi titánica porque no sólo debía tener toda una colección de ropa muggle sino que además debía adquirir todas las túnicas de diario y gala que necesitaba para el mundo mágico.
Pero lo más complicado fue decorar la casa. Los muebles que Harry veía en las vitrinas no le convencían al cien por ciento. Después de todo, los muebles que Draco y él habían elegido eran los que le gustaban, pero no quería nada que le recordara a su pasado, así que se resignó comprando una sala, comedor y recámara totalmente opuestas a las anteriores, pero igualmente exquisitas en gusto. Si algo había aprendido durante cinco años de relación con un Slytherin, era eso, el buen gusto.
En los siguientes meses, renunció al trabajo en el Ministerio de Magia, bajo el pretexto de estar sumamente estresado, aunque en realidad era por órdenes de reposo que los especialistas le habían exigido. También había adquirido un pequeño local en el Londres Muggle para abrir una tienda de libros. Crear el concepto de la tienda, hacer que Hermione se encargara de contactar a los proveedores de las principales editoriales, y acondicionar el lugar, le habían quitado gran parte de sus días.
Pero valía la pena porque ahora sólo les restaba afinar pequeños detalles para la gran inauguración. Además, era un trabajo que le permitiría a Harry estar alejado del mundo mágico durante la mayor parte del tiempo, además de descansar como los sanadores le habían solicitado. Y es que había mucha diferencia entre atender una librería pequeña en compañía de dos empleados y el solucionar todos los problemas del ministro y acudir a juicios de mortífagos junto a esos alucinantes Dementores.
Es así como luego de meses de planeación, mañana era el importante día en que la tienda sería abierta al público. Neville se había ofrecido para apoyar a Harry en todo lo que se refería a la recepción que estaban organizando. Las invitaciones para los proveedores y la mayoría de los habitantes de la colonia ya habían sido entregadas con días de anticipación.
Pero después de una mañana agitada, habían decidido descansar en esa cafetería para tomar un refrigerio y discutir lo que faltaba por hacer.
--- "¿No crees que deberías invitar a alguien del reino mágico?" --- preguntó Neville después de que terminó de endulzar el humeante café y se había quemado ligeramente la boca al intentar tomarlo.
--- "No" --- contestó Harry --- "Precisamente es lo que no quiero. Con que mis amigos estén ahí, me doy por bien servido Neville. Quiero evitar que la prensa me agobie sobre mi renuncia. A pesar de que sucedió hace varios meses, me siguen preguntando y ya me tienen harto"
--- "Bueno, eso sí. Además, ahora se te nota más el embarazo y no creo que ellos lo dejen pasar. Causarían un gran revuelo, saldría en todos los diarios mágicos."
Harry sintió una ligera opresión en su pecho. Que la noticia saliera en los diarios era lo que menos deseaba. Había estado ocultando su embarazo y planeaba seguir haciéndolo cuanto más fuera posible. Pensar que cierta persona se enterara le aterraba. No estaba dispuesto a compartir a su bebé con nadie, y mucho menos con él.
--- "Y bueno…" --- volvió a decir Neville mirando esta vez su reloj de pulso, un artefacto muggle que le había regalado Harry en días pasados precisamente para evitar que al chico se le ocurriera conjurar un reloj de arena suspendido en el aire en pleno Londres por el simple hecho de saber la hora. --- "… creo que ya es tiempo de que repasemos la lista de las actividades de esta tarde antes de que se nos olvide¿no crees?"
--- "Excelente idea, Neville. Eres igual que Hermione, siempre pensando en listas sobre las cosas que tenemos que hacer." --- contestó Harry mientras observaba que la mesera había regresado ya con su pedido y lo colocaba frente a él. El pastel y el helado se veían tan apetitosos que se le hacía agua la boca. Tomó la cuchara pequeña que estaba a su lado y comenzó a devorarlo.
Y es que en ese caso el verbo 'devorar' le quedaba corto. Neville comenzó a reírse de la premura de su amigo.
--- "Calma Harry, el postre no va a salir corriendo si no te lo acabas en dos minutos" --- su voz delataba que se estaba divirtiendo.
Harry se encogió de hombros y siguió atragantándose con el postre. Mientras tomaba otro bocado y se limpiaba el labio superior con la lengua para quitarse el exceso de helado que había quedado ahí, llevó la mano derecha a la bolsa de su abrigo y sacó una libreta pequeña y una pluma que se hallaba atorada en el espiral de esta. Había preferido traer un medio común de redacción en el mundo Muggle, que parecer un loco por intentar escribir en un pergamino, usando tinta y una pluma real.
La lista hasta ese momento era corta pero requería de toda la tarde:
v Visitar a los representantes vecinales para confirmar su asistencia y presentarse en persona.
v Ir a recoger las bebidas y los arreglos.
v Terminar de acomodar cuatro estantes de libros
v Barnizar la repisa del mostrador …
Y así sucesivamente. En otras palabras, la lista seguía por una página entera y todos los renglones estaban ocupados. Después de terminar de repasarla con Neville, y justo cuando estaban pagando la cuenta y esperando el cambio, Harry sintió la mirada de alguien y volteó la cabeza hacia la izquierda, a una mesa que estaba un poco lejos de la suya.
Efectivamente un hombre le observaba, pero cuando supo que Harry se había percatado de su presencia, bajó la mirada y continuó tomando su café. Sus cabellos eran ligeramente blancos y su piel marchita. La mirada que había visto en ese sujeto no le había gustado a Harry, y mucho menos el ligero escalofrío que le había provocado.
Neville, como siempre, no se dio cuenta del asunto por estar recibiendo el cambio que le estaba entregando la mesera. Dejó unas cuantas monedas sobre la mesa como propina y levantándose dijo:
--- "¿Nos vamos Harry?"
Harry dejó de mirar al hombre, y levantándose también, sonrió a su amigo y se dirigieron a la puerta. Las campanillas que anunciaron su salida del pequeño establecimiento fueron la pauta para que el hombre se levantara apresuradamente, aventara dos billetes junto a su taza de café y los siguiera cautelosamente.
oOoOoOo
En casa de los Malfoy…
La mansión estaba oscura. Era ya la noche y la mayoría de los habitantes se hallaban en sus aposentos. Incluso los elfos domésticos se encontraban descansando y solo uno estaba pendiente de la chimenea como se lo había ordenado su amo.
Justo a la una de la madrugada la chimenea dejó salir una llamarada verde y un hombre surgió de ella. Su rostro reflejaba cansancio pero estaba acostumbrado a su trabajo y no pensaba quejarse precisamente con el más importante de sus clientes.
El elfo lo condujo de forma callada hasta el despacho de la casa, y abriendo ligeramente la puerta dijo:
--- "El Sr. Alcott, Amo."
--- "Hazlo pasar inmediatamente." --- dijo el rubio sentado detrás de un gran escritorio.
El elfo se apartó y segundos más tarde el visitante entró a la habitación. La puerta se cerró automáticamente, el elfo de seguro entendió que era una plática privada como siempre lo era cada vez que ese hombre visitaba la mansión.
--- "Me has traído noticias"
--- "En efecto Sr. Malfoy, pero dudo que le sirvan de algo." --- titubeó el hombre, que nunca se había atrevido a contradecir en algo a Draco Malfoy. --- "No veo nada de importancia en la vida Harry Potter. Lleva una vida bastante relajada ahora, incluso aburrida, en el mundo muggle."
Los ojos de su interlocutor dejaron ver una ligera exasperación.
--- "No le pago para que me diga lo innecesario que es su trabajo para mí. Seguirá a Potter cuantas veces sea necesario¿entendido?" --- su voz reflejaba amenaza.
--- "Cla… claro, Sr. Malfoy. Como usted diga" --- contestó el hombre mientras sacaba unas fotografías de su portafolio. Las tomas eran a distancia pero las dos personas se veían perfectamente. Los dos hombres que salían en ellas parecían platicar amenamente mientras caminaban por la calle.
Draco las tomó, y su mirada se convirtió en un hielo cuando vio de quien se trataba. Longbottom se veía demasiado amable con Harry.
--- "¿Hace cuanto tiempo que salen juntos?" --- la dureza de su voz era casi palpable.
--- "Hace un par de semanas, señor. Al parecer están organizado la inauguración de una tienda de libros."
Draco frunció el ceño.
--- "¿En un distrito Muggle?"
--- "Sí, señor. Lo más sorprendente es que parece que el Sr. Potter es el dueño."
Draco sonrió ligeramente. Era típico de Harry creer que pertenecía al mundo muggle. Aún no entendía que el mundo mágico era el lugar perfecto para él. Seguir llevándose con esos muggle era una plaga de la que Draco nunca lo pudo alejar. Pero era extraño, ahora eso no le molestaba, ahora Draco hubiera deseado lo que fuera por ser él quien compartiera con Harry la apertura de su nueva librería.
Después de la boda las cosas comenzaron a cambiar para Draco Malfoy. Su luna de miel se había transformado en hiel cuando intentó tocar a su esposa y no pudo. Su madre había tenido que ordenarle categóricamente que durmiera en la misma habitación pues Draco seguía negándose a hacerlo después de tres días de casados.
Una vez consumado el matrimonio, los días parecían más largos que de costumbre. Draco se sentía sucio, violado, usado. Y no precisamente porque Iderel abusara de alguna forma de él, no. Al contrario, la chica intentó participar con entusiasmo durante el acto. Era la situación la que no terminaba por convencer al rubio. Dolía tocarla y no ver el cuerpo que realmente quería ver en su cama. El olor no era el mismo tampoco, era más dulce que al que estaba acostumbrado. Demasiado llamativo para su gusto.
Y los gemidos eran tan radicalmente opuestos, que Draco tuvo que abstraerse por completo mientras le hacía el amor, porque de lo contrario comparar los sonidos con el hombre que amaba no le ayudaría en nada.
Pero ¿acaso se podía denominar a ese acto de apareamiento como 'hacer el amor'? Para él sólo significaba aislarse de su cuerpo por unos minutos mientras todo pasaba. Era cerrar los ojos y actuar rápido para que todo terminase cuanto antes, para que no doliera más de lo que ya dolía, y para que los recuerdos de otros ojos no le persiguieran.
Después de dos meses de casado ya no podía más. Tenía que distraerse, tenía que conseguir hacer algo que lo mantuviera ocupado. Así que fingía tener entrenamiento por las mañanas también. Su horario de trabajo cambió radicalmente tratando de irse antes de que se levantara su esposa y llegar cuando ya estaba dormida. Se limitaba a verla los fines de semana porque su madre insistía en que comieran todos juntos, pero una vez que acababa la comida se encerraba en su despacho hasta pasada la media noche.
Fue cuando ni siquiera el trabajo lograba que se olvidara de su pasado, que contrató al detective. Necesitaba saber qué había sucedido con Harry. La noticia de su renuncia en el ministerio le había tomado por sorpresa y al parecer poco se había visto de él recientemente. Así que ahora ese era su principal pasatiempo. Averiguar cada paso que Harry daba, cada movimiento que hacía.
Pero dolía, dolía ver que le sonreía a otro. Longbottom ahora disfrutaba de su compañía mientras Draco tenía que conformarse con unas fotografías a distancia. Y es que se veía tan contento en esa secuencia que mostraba la foto mientras cruzaba una calle y cargaba unas bolsas, que Draco no pudo dejar de acariciarlo con su dedo.
Extrañaba a Harry cada día más. Sus días estaban dedicados a pensar en el terrible error que cometió al abandonarlo por dinero, y sus noches estaban condenadas a sufrir su ausencia. El cuerpo de su esposa al lado suyo por las noches era el recuerdo latente de su culpa.
Draco volvió a acariciar la fotografía sin importarle que el detective lo observara. Tardó unos minutos en recuperarse y con lentitud sacó de uno de los cajones del escritorio un pequeño envoltorio, aventándolo sobre éste.
--- "Ahí tiene su paga de esta semana. Manténgame informado"
Draco había dado por terminada la reunión pero al parecer el sujeto no tenía intenciones de irse tan rápido. Volvió los ojos hacia él y le lanzó una mirada fulminante.
--- "¿Algo más?"
--- "Sí, bueno… hay algo que llama mi atención, Sr. Malfoy."
Draco lo observó e impaciente le preguntó:
--- "¿Vas a decírmelo o esperas que lo adivine?"
El hombre bajó la mirada como intentando tomar fuerzas para decir lo que debía informar.
--- "No creo que esté saliendo con Neville Longbottom… pero…creo que está involucrado con alguien más"
La mirada de Draco se agudizó y su cuerpo se inclinó hacia delante.
--- "¿Qué quieres decir?"
--- "Bueno, verá… no había querido decírselo hasta no estar seguro pero… Harry Potter ve varios días a la semana a un chico. Al parecer hay algo entre ellos."
Draco azotó una de sus manos contra el escritorio. Era mentira. Debía ser mentira. Harry no podía tener una relación tan pronto.
--- "¿Me estás queriendo decir que todo este tiempo me has ocultado información?"
--- "No Sr. Malfoy, no es así. Yo no le he ocultado nada." --- dijo el pobre hombre que veía la furia con la que su jefe le miraba. Sabía que con Draco Malfoy no se jugaba y se encontraba temblando ligeramente. --- "No tiene mucho tiempo, sólo unas dos semanas. Al parecer se conocen hacer unos mese pero hace poco comenzaron a salir más seguido. No quise decirle nada hasta estar seguro que era algo más que una simple amistad como con Longbottom o Weasley"
--- "Quiero que averigües todo de él… ¡Todo! ...Quiero saber cómo se llama, dónde vive, dónde trabaja, qué come, que sueña y hasta cuantas veces se baña. ¿Me has entendido?" --- la voz de Draco se alzaba de tono, casi estaba gritando. Se había incluso levantado de su lugar con los puños apretados. Lo bueno era que la inmensidad de la casa lograba que un grito no despertara a los inquilinos.
El hombre asintió varias veces, y con muchos nervios salió apresuradamente del despacho, donde el elfo seguía esperándolo para acompañarlo hasta la chimenea y despedirlo.
Draco volvió sentarse y a observar la fotografía. ¿Será un nuevo hombre en la vida de Harry el que puso esa sonrisa en sus labios¿Acaso había ya olvidado lo que vivieron juntos?
Draco sabía que no tenía derechos sobre Harry, que su vida no le pertenecía y que había renunciado a él por voluntad propia. Pero un fuego interno llamado 'celos' comenzaba a quemarlo. Era desgarrador tan sólo el imaginar a 'SU' Harry en la cama con otro, diciéndole 'te amo' a otro rostro, a otras manos.
Y en ese momento volvió maldecir mil veces el instante en el que su ambición lo apartó de Harry. La tradición, el dinero y su madre parecían ahora tan insignificantes que dudaba de que algún día hubieran sido tan importantes como para abandonar al ser que más había amado en la vida.
Después de una hora en la que parecía no salir de su ensimismamiento, Draco se levantó, caminó a la puerta del despacho y apago las luces. Cerrando la puerta detrás de sí, subió las escaleras que conducían a su recámara. Su esposa yacía dormida mientras el se sumergía entre las sábanas de seda. Dando su espalda a ella, se acomodó e intentó dormir.
Pero esa noche, como muchas otras, el descanso parecía evadirlo. El recuerdo de esa sonrisa en los labios de su amado lo persiguió por varias horas.
oOoOoOo
Era un hermoso y soleado día. Neville estaba apurado con tantas cosas que tenía que hacer. La inauguración sería en unas horas y ya pasaba de medio día. Él y Harry habían logrado terminar de hacer casi todos los pendientes de la lista, pero faltaba adornar la tienda.
Harry había salido un momento para entregar una invitación muy especial. Neville sonrió al recordar esto. Hasta hace dos meses, Harry había permanecido deprimido y ausente. Perder a Draco de esa forma y tener que renunciar a su trabajo habían terminado por minar el comportamiento y estado de ánimo de su amigo.
Fue cuando intentó asesorarse sobre la apertura de la tienda, que Harry comenzó a sonreír y todo se lo debía a una persona: Ephram. Un chico muggle que tenía una hermana hechicera y comprendía todo lo importante del mundo mágico.
Al principio Harry había tenido que conocer a su mercado, es decir, el cliente potencial de su futura librería. Además debía estar al tanto de las principales tiendas de libros que existían a su alrededor y que sin duda serían su competencia principal como negocio. Mercadotecnia básica. Pero de eso su amigo no sabía nada, así que contrató a Ephram gracias al anuncio de un periódico Muggle.
Según recuerda Neville, Harry se mostraba cauteloso con sus comentarios y procuraba no mencionar algo que tuviera que ver con magia frente al chico. Sin embargo, cuando Hermione llegó a la casa de Harry, donde se habían estado reuniendo, y se encontró con Ephram, automáticamente todo cambio. Al parecer la hermana del chico era amiga íntima de Hermione y aunque ahora vivían lejos seguían escribiéndose con regularidad. Ephram y ella se habían conocido en las innumerables ocasiones en las que ambas familias muggle habían convivido.
Al saber que Ephram estaba al tanto de la verdadera naturaleza de Harry, éste se relajó y participaba de forma más entusiasta en las pláticas. A partir de ese momento la amistad comenzó a formarse, y Ephram se enteró de la historia de romance entre Harry y Draco y de las consecuencias de ésta. El bebé era el tema de conversación muchas veces y permitieron que Ephram fuera parte del proceso.
Pero exactamente hace dos semanas las cosas cambiaron. Neville volvió a sonreír mientras recordaba los cambios que había sufrido Harry. Al parecer Ephram comenzaba a invitarlo a citas fuera de su casa y de la librería. En una ocasión fue un concierto de música contemporánea, en otra una exposición de arte, y en otra una cena muy elegante. Harry por fin parecía contento, aunque cada vez que alguien le preguntaba, él negaba que tener una relación con Ephram.
Pero Neville, así como Ron y Hermione, estaban dispuestos a no cuestionar el comportamiento de su amigo. Ephram era un buen chico muggle que estaba al tanto de la situación (tanto de la magia como del bebé), y que al parecer lo trataba bien. Era atento, servicial, modesto, educado, con cierta clase y muy divertido. Incluso era excesivamente parecido a Harry en gustos y forma de pensar. Tal vez Harry lo veía como un futuro novio aunque aún no parecía aceptarlo públicamente.
Precisamente por eso Neville se encontraba solo en ese momento. Harry había decidido ir a la oficina de Ephram, que estaba a unas cuadras de la librería, para entregarle personalmente la invitación a la recepción de inauguración. Neville se ofreció a llevarla, pero Harry sólo sonrió y dijo que prefería llevarla él mismo.
Neville abandonó abruptamente la rivera de sus pensamientos, cuando una caja de adornos le calló en el pie.
--- "¡Aaagghh!" --- exclamó adolorido.
Y frotándose el pie decidió continuar su tarea sin permitir que su mente volviera a divagar.
oOoOoOo
En la inauguración…
Harry estaba muy nervioso. Los proveedores ya comenzaban a llegar a la librería para la pequeña recepción inaugural. Todo estaba perfecto e incluso su glamour estaba en perfectas condiciones. Hermione le había convencido para que usara un glamour sobre su cuerpo que le permitiera disimular más el embarazo. Sólo si algún invitado tocaba su vientre podía sentir la pequeña protuberancia, pero a simple vista estaba tan delgado como siempre.
Generalmente no le gustaba usar ese hechizo de glamour, pero en esa ocasión resultaba muy conveniente porque gran parte de la noche estaría platicando muy cerca de las personas, y sería demasiado difícil el explicarle a un muggle cómo puede estar embarazado un hombre.
Harry recorrió el lugar con la mirada e inmediatamente localizó a la persona que estaba buscando. Ephram platicaba animadamente con un grupo de personas en el ala oeste de la tienda, cerca de los estantes de novelas y poesía europea. Era un hombre alto, delgado, con la tez apiñonada y unos ojos color miel extremadamente expresivos. Cuando sonreía el color de su mirada producía destellos dorados y su cara reflejaba tranquilidad absoluta. El cabello lo tenía corto y de un color castaño oscuro.
Harry sonrió y se dirigió a él. Parecía como si le conociera de años, podía platicar de cualquier cosa con él y era el hombre más comprensivo que había conocido. Y Harry recordó cuando la amistad comenzó a cambiar por primera vez…
Ephram caminaba al lado de Harry mientras comían un helado. El parque era hermoso y los niños jugaban a esa hora. Las mascotas incluso deambulaban con sus amos siguiéndoles el paso.
En un instante, y sin saber qué sucedía, Harry sintió que su amigo le tomaba la mano y entrelazaba sus dedos.
--- "Harry… sé que es muy pronto, pero…" --- Ephram enmudeció. Al parecer los nervios eran mayores a su voluntad.
Harry lo miró un instante, se detuvo y sujetándole la mano con fuerza se acercó más a él.
--- "Pero… ¿qué? Sabes que puedes decirme lo que quieras, Ephram"
--- "Lo sé, es sólo que no sé como vas a reaccionar y…"
Harry sonrió y tomándolo de la barbilla, obligó al otro a que lo viera a los ojos.
--- "Dime"
Ephram parecía más tranquilo y sonriendo ligeramente se atrevió a decir lo que tenía pensado.
--- "Quisiera que intentáramos conocernos más" --- hizo una pausa y rápido agregó --- "Sé que esperas un hijo de alguien que te dañó mucho, pero no me importa. Para mí este bebé es parte de ti y me encantaría conocerlo y ser parte de su vida. Me… me gustas mucho, Harry"
Harry le sostuvo la mirada por algún tiempo, pero después no pudo más y mirando al suelo respiró profundamente. Dolía recordar a Draco, y más cuando alguien nuevo, sin obligaciones y sin conocerlo del todo, ofrecía quererlo de la forma en que hubiera deseado ser querido por él. Era extraño volver a los cortejos con alguien nuevo después de tantos años junto a Draco. Harry tenía miedo de ser lastimado otra vez.
Pero Harry había aceptado después de que Ephram trató de convencerlo dando las más tiernas explicaciones. La esperanza y el cariño que veía en los ojos del otro chico era algo que Harry quería volver a experimentar. Todavía no le amaba, quizás nunca le amaría por completo, pero deseaba intentarlo, deseaba olvidarse de la traición de Draco y enterrarlo en su pasado aunque su futuro hijo le recordara constantemente el rostro de aquel al que tanto amó.
Harry logró por fin acercarse hasta donde se encontraba Ephram y platicando con sus invitados, olvidó por un momento sus preocupaciones. El amor ya llegaría. Si Draco se había casado con alguien que no amaba era quizás porque el amor podía construirse poco a poco.
Y eso intentaría hacer Harry. Sanar su corazón le estaba costando trabajo, pero con la ayuda de Ephram resultaría más sencillo. Después de todo, como dice el dicho muggle, un clavo saca a otro clavo. Y si no lograba sacar a Draco de su corazón, aprendería a vivir con ello.
Continuará…
Ok. Sé que me van a matar por estar enredando a Harry con otro, pero confíen en mí. Ephram tiene un papel importante para que Draco sufra, jejeje. ¿Ustedes han hecho alguna vez lo mismo que Harry¿Han aplicado eso de que 'un clavo saca otro clavo'?
En fin, saludos y espero sus comentarios... aunque me vayan a maldecir, jeje.
