Extrañándote.

La inauguración fue un éxito. Los proveedores quedaron encantados con la calidad y forma de exhibición de sus libros, separados por categorías y géneros. Pero sobre todo, quedaron contentos con el ambiente de la librería, una atmósfera bohemia, acogedora, llena de tranquilidad y sabiduría. Los futuros comparadores, personas que vivían en la zona, también mostraron mucho interés por la nueva propuesta.

Entre los amigos de Harry también sucedieron varias anécdotas durante la noche. Ron, por ejemplo, se la pasó quejándose de que su esposa lo abandonara a penas pisaron la entrada de la tienda. La mujer había prácticamente volado a uno de los estantes en cuanto lo vio, y gran parte de la noche se la pasó sentada en una mesa leyendo uno de ellos. Fue Harry el que tuvo que intervenir para evitar que Ron se pusiera morado de la rabia después de que Hermione pareciera no tener la intención de separarse de su lectura en plena fiesta. Después de que habló con ella y le explicó lo que le sucedía a su marido, la chica se sonrojó y dejó el libro por la paz.

Por su parte, Neville platicó muy amenamente con Luna, quién se encontraba de paso por la ciudad y decidió atender a la invitación de su amigo. Luna se había casado tres años atrás con un joven reportero de la revista de su padre, a quien convenció de ir a buscar una extraña criatura en las altas montañas de Escocia. La investigación aún no había dado resultados, pero ella no perdía las esperanzas.

Pero si bien para sus amigos e invitados la noche resultó ser un éxito, para Harry terminó por ser la más extenuante de su vida. El embarazo le daba mucho sueño, y el permanecer tanto tiempo organizado el evento en días pasados, había provocado en él un ligero agotamiento, que precisamente esa noche comenzaba a tener efecto. Por si fuera poco, los futuros clientes no dejaban de felicitarlo por el concepto de su tienda y Harry difícilmente pudo sentarse un momento.

Y es que de verdad era una tienda bastante peculiar en ese sentido. Los estantes estaban colocados de forma estratégica para hacer sentir al comprador que se encontraba en un mundo separado, mágico. Además había dos enormes sillones sumamente acogedores ubicados en ambos extremos del lugar, y tres mesas perfectamente adornadas estaban en medio. Las personas podían entrar, ver los libros disponibles, elegir el que más le gustara y sentarse a leerlo con una taza de café.

Sólo era permitido leer durante media hora, si les gustaba el libro podían comprarlo y seguir leyendo junto a su bebida sin volver a ser molestados. Uno de los vendedores que ayudaba a Harry se acercaba hasta ellos, les ofrecía otra taza de café y preguntaba si deseaba adquirir la obra. Si de casualidad el cliente no deseaba adquirirlo en ese momento, se le ofrecía otro título y se le recogía el que estaba leyendo para marcarlo electrónicamente y registrar que ese cliente ya había leído dicho título. Así evitaban que los falsos compradores se presentaran a leer el mismo libro todos los días hasta que lo concluyeran sin comprarlo.

Las promociones que Hermione y Harry habían planeado para la tienda también eran tentadoras. Incluso tenían membresías de lectura, en la que no sólo se otorgaba un descuento en cada compra sino que además un correo a su domicilio avisaba cualquier novedad en la tienda o la llegada de nuevos ejemplares. Harry tenía pensado crear posteriormente un club de lectura con los miembros que desearan apuntarse y así realizar sesiones semanales para discutir un libro en específico.

Y es que Harry tenía muchos planes. El más importante de todos… su bebé.

A pesar de que todo su tiempo había sido ocupado para la organización de la apertura, el futuro padre no dejaba de hacer planes para cuando su hijo naciera. Tenía cuatro meses pero a penas se le notaba. Sólo tenía que usar los pantalones más sueltos que de costumbre y con eso bastaba para que la gente no se diera cuenta. Sólo en momentos importantes usaba el hechizo de glamour sobre sí mismo. Además, siendo un embarazo de alto riesgo, y al no poder lograr que su cuerpo cargara al bebé durante tanto tiempo, en dos meses más tendría que nacer. Sería pequeño y estaría en riesgo de muerte durante tres meses más, pero contaba con un grupo de curadores dispuestos a ayudarle día y noche, mismos que llevaban meses ocultando el secreto de Harry ya que tuvieron que hacer una promesa inquebrantable.

Así, cuando Harry atendía a sus invitados y bostezaba por el cansancio, recordaba que pronto ya no estaría solo, y que todo el esfuerzo que ahora estaba haciendo era precisamente para que su bebé fuera feliz y pleno. Para él como padre era importante ofrecerle un futuro lleno de amor y entendimiento a su hijo, así como un techo seguro y un patrimonio estable. Harry nunca había conocido el amor durante su niñez, conoció primero el desprecio que una caricia por parte de sus parientes, así que sabía perfectamente lo importante que eran todas esas cosas para la felicidad de un pequeño.

Y por esa razón no dejó de sonreír toda la noche a pesar de su agotamiento. Tendría un hijo y éste conocería a su padre. Harry nunca había tenido la oportunidad de ver a los ojos a aquellos que le dieron la vida, jamás sintió su abrazo o escucho el sonido de sus voces. Nunca pudo verse reflejado en los ojos de su madre ni escuchar un te quiero de su padre. Había llorado tantas noches por su ausencia que el vacío en su alma parecía ser eterno. Pero ahora el bebé llenaba ese vacío, y Harry estaba dispuesto a luchar contra viento y marea para hacer de su hijo el niño más dichoso del planeta.

Cuando todo terminó, cuando los invitados se habían marchado y la única compañía que tenía en su casa era él mismo, su felicidad se veía empañada por el recuerdo. Si bien Harry le daría todo el amor a su bebé, lo cierto era que también le faltaría su otro padre, y sería una figura que siempre estaría ausente en su vida.

Fue así como, recostándose en la cama y cubriéndose con un cobertor azul, Harry comenzó a divagar de nuevo sobre su futuro y la falta que le hacía Draco.

Draco. El hombre que amó, amaba y amaría el resto de su vida. El hombre que le hubiera podido enseñar a su hijo a comer correctamente en la mesa porque Harry siempre había sido un desastre para ello. Aquel que le hubiera mostrado el mundo y las ventajas de ser inteligente. Del que aprendería a jugar Quidditch con una pasión desmesurada y que estaría enormemente orgulloso cuando su hijo recibiera su carta para asistir a Hogwarts. Se había imaginado tantas veces a Draco leyéndole a su hijo un cuento antes de dormir o arropándolo cuando tuviera frío, que casi podía palpar ese sueño imposible.

Harry cerró los ojos acostado en la cama, y por enésima vez en todos esos meses, una lágrima volvió a visitar su mejilla. Era doloroso imaginar lo que hubiera sido, era peor pensar cómo serían los hijos que Draco tuviera con esa mujer, lejos de Harry. En ocasiones tenía ganas de gritar, de maldecir todo y a todos, de reclamar a la vida y al destino lo injusto que había sido con él desde que era tan solo un pequeño.

No era posible que su vida fuera una cadena de desgracias en secuencia y él no tuviera derecho a quejarse. Continuamente se encontraba apretando los puños y los dientes para no llorar frente a sus amigos, para no dejar ver lo vulnerable que era; pero sobre todo para que Ephram no se diera cuenta que no había olvidado a Draco, y que quizá nunca lo haría.

Ephram. Otro nombre importante para Harry, pero con un significado distinto. Mientras Draco ahora era dolor, Ephram era alivio. Donde el primero era el amor más grande de su vida, el segundo era una amistad enorme. Y es que a pesar de todos sus esfuerzos, Harry no podía amar a su amigo. Quería seguir intentándolo y por esa razón todavía tenía esperanza de olvidar a Draco y ser feliz con Ephram.

A la mañana siguiente, cuando Harry comenzaba a abrir los ojos, un timbre se escuchó, avisando la llegada de un visitante. Harry volteó rápidamente al reloj que tenía colocado en la pared y notó que eran casi las ocho de la mañana. Se levantó de la cama, se colocó los lentes que había dejado sobre el buró y se dirigió a la puerta de entrada.

--- "Buenos días, joven empresario" --- dijo Ephram al aparecer del otro lado de la puerta cuando su amigo le abrió medio dormido todavía.

--- "Hola, pasa… disculpa que no tenga nada que ofrecerte pero me quedé dormido y no he ni desayunado." --- dijo Harry mientras cedía el paso a su visitante y se dirigía a la cocina.

--- "No te preocupes, sabía que estabas cansado y que necesitarías fuerzas para comenzar a trabajar hoy, así que por qué no te vas a dar un baño mientras yo te preparo el desayuno" --- contentó alegremente Ephram, sacando a Harry de la cocina con ligeros empujoncitos.

La librería debía abrirse a las diez de la mañana y Harry a penas tenía dos horas para poder arreglarse y comer algo, así que aceptó la propuesta del desayuno. Si algo había aprendido de Ephram durante ese tiempo, era que cocinaba tan bien como él.

Harry tomó una ducha rápida para despabilarse por completo. Sin embargo nada de eso sirvió para despertarlo tanto como el shock que sufrió al entrar a su recámara. En la puerta estaba parado Ephram mirándolo con una ligera sonrisa. Harry de repente sintió que sus mejillas se sonrojaban pues aunque su cuerpo estaba semi-tapado por una toalla blanca, lo cierto es que el resto estaba a plena vista.

Hacía mucho que un hombre no lo veía así, y mucho menos con una mirada tan… tan no de 'ÉL'. No de esa persona que deseaba que le mirara. No era la mirada del hombre que amaba. Y de nuevo una sensación de nostalgia lo invadió. Le sorprendía todavía esperar que la mirada se transformara, que esos ojos miel se volvieran grises y que la ternura que en ellos veía se convirtiera en una pasión devoradora.

Todo era incorrecto, nada era como Harry lo esperaba. Así que cuando pasó el sentimiento de pena por verse en esa situación, desvió la mirada por ya no poder enfrentar la realidad que lo perseguía, e inconcientemente se llevó la mano a su vientre, donde el único recuerdo de su amor crecía.

--- "El desayuno está listo, quería avisarte para que no tardaras" --- la voz de Ephram sonaba algo profunda y su mirada no se apartaba de Harry.

--- "Gra…gracias, voy en seguida. Por favor, cierra la puerta" --- Harry le dio la espalda para cortar todo intento de comunicación, en ese momento no deseaba platicar con su amigo. Todo había estado perfecto cuando sólo pensaba en Ephram como un posible candidato a ser su pareja, pero al enfrentar la realidad de estar tan vulnerable frente a él, todo cambiaba. Ya no se sentía cómodo, ya no quería que esos ojos le siguieran mirando, y deseaba que saliera de su habitación de inmediato.

Ephram comprendió su imprudencia y salió de la habitación sin decir una palabra. Cuando estuvo solo, Harry dejó escapar un suspiro, era difícil volver a empezar y olvidarse que su cuerpo jamás sería visto o acariciado por Draco otra vez. Sabía que Ephram se merecía una oportunidad e incluso trataba de recordarse lo que la noche anterior se proponía; pero probar la teoría de 'un clavo saca otro clavo', no era tan fácil como creía.

Harry se visitó con lentitud y poniendo la mejor de sus sonrisas se dirigió a desayunar con el acomedido hombre que se encontraba en la cocina.

Si olvidar a Draco requería de un esfuerzo mayor, Harry estaba dispuesto a hacerlo, aunque su alma se terminara de romper por completo.

oOoOoOo

En la mansión Malfoy…

--- "Querido, recuerda que tenemos un compromiso hoy en la noche. Los Nott nos han invitado a cenar" --- dijo Iderel con esa voz chillona que la caracterizaba. Su esposo, sentado en la cabecera de la mesa, desayunaba sin prestarle casi atención, como todos los días. Más platicaba ella con los elfos domésticos que con su marido, y buscaba todo momento para iniciar tema de conversación.

--- "Querida" --- contestó Draco dejando el cubierto que estaba por llevarse a la boca para saborear un bocado. La poca paciencia que le tenía a su esposa se dejaba notar por lo lento que hablaba. --- "me has recordado de esa cena todos los días desde hace un mes. ¿No crees que a estas alturas ya es suficiente recordatorio?"

--- "Es que estoy tan emocionada. Casi nunca salimos juntos, será maravilloso estar fuera de estas paredes. Sé que te gusta tu trabajo pero nunca estás en el día, y jamás quieres salir los fines de semana." --- lo miró con reproche.

Draco respiró profundamente para tratar de calmarse. Era la enésima vez que Iderel le reclamaba su ausencia. Y peor aún, sabía que lo que saldría de la boca de su esposa después de eso, era una queja sobre la poca vida sexual que tenían. Que era casi nula.

--- "Además"--- continuó la voz chillona --- "ya no me tocas para nada. Sé que nos casamos casi sin conocernos Draco, pero soy una mujer y tú un hombre, es normal que hagamos el amor de vez en cuando. En estos cuatro meses sólo lo hemos hecho unas tres veces"

'¿Y quería más?' Draco ya se sabía la cantaleta, era la misma que escuchaba cada tres o cuatro días durante el desayuno si es que coincidía con su esposa en la casa. Por esa razón procuraba irse antes de que ella despertara. Maldita era la hora en la que decidió quedarse a descansar ese día.

Pero Draco no tuvo que contestar con una evasiva, un elfo doméstico interrumpió la amena plática para avisarle que Blaise y Pansy había llegado a visitarle. Draco no pudo sentirse más aliviado por su visita, y de un salto se paró de la mesa.

--- "Que no nos molesten, Iderel"

--- "Siempre dices eso cuando ellos vienen a visitarte. Hablas más con ellos que conmigo que soy tu esposa. ¿De que tanto hablan?"

La indignación en la mujer era evidente, pero Draco no tenía intenciones de sacarla de su enojo. Sin voltearla a ver se alejó diciendo:

--- "No creo que sea raro que me lleve mejor con ellos. No se te olvide que los conozco desde que era niño. Crecimos casi juntos. No compares cuatro meses de matrimonio con una vida de amistad"

La mujer fue abandonada en el comedor sin tener posibilidad de réplica. Su esposo al parecer había vuelto a dar por terminada la plática.

Cuando Draco llegó al estudio, donde sus amigos se encontraban, cerró la puerta detrás de sí, realizó un conjuro de silencio para evitar ser escuchados y se volvió a ellos. Los dos estaban sentados en uno de los lujosos sillones.

--- "Que alguien me recuerde por qué me casé con esa mujer, por favor" --- dijo respirando profundamente y dejándose caer sobre la silla ubicada frente a sus amigos.

Pasy, que estaba sentada con la pierna cruzada, miró a Blaise y sonrió.

--- "¿Realmente quieres que te recordemos lo estúpido que eres, Draco?"

El rubio frunció el ceño.

--- "Vamos, no me mires así. Sabes perfectamente que tú mismo te cavaste esta tumba, así que no vengas ahora a enojarte conmigo."

La arrogancia seguía siendo una característica de su amiga, la diferencia ahora era que con los años había aprendido a querer a Harry, y siempre que podía le recordaba el grave error que había cometido.

Si con el calvario que vivía no le bastaba, siempre podía contar con Pansy para recordárselo.

--- "Me da gusto verte también, Pansy querida." --- fingió hipocresía, pues en realidad sí la había extrañado bastante. Platicar con sus amigos era lo único que lo mantenía cuerdo.

Blaise, que divertido veía el intercambio, dijo:

--- "Bueno Pansy, ya basta de echarle más leña al fuego." --- y volteándose a su amigo agregó. --- "Mejor dinos cómo has estado, supimos que ganaste el último partido. No pudimos ir a verte porque hemos estado viajando bastante por cuestiones de negocios pero no creas que te hemos olvidado"

Draco sabía que era cierto, sus amigos habían permanecido en las buenas y en las malas con él. Desde niños crecieron casi juntos porque sus familias se conocían y frecuentaban, su padre siempre hacía alguna clase de negocio con el papá de Pansy. Por esa razón cuando Pansy se casó con Blaise, Lucius se molestó fuertemente. Al parecer había contemplado la posibilidad de casar a Pansy con Draco, y aunque en esa época comenzaba su relación con Harry, su padre no perdía las esperanzas de que su hijo único recapacitara y deseara establecerse.

Blaise era ahora un empresario acaudalado y Pansy su fiel esposa que lo seguía a cualquier viaje de negocios que tuviera. Y Draco los envidiaba por eso, ellos podían estar juntos, gozaban del amor que su relación les daba. Algo que ahora Draco añoraba con todas sus fuerzas. Qué diferente sería si en lugar de su esposa, Harry estuviera sentado en la mesa todos los días para desayunar con él.

--- "No se preocupen, sé que están ocupados. Y sí, ganamos este último partido"

--- "¿Y no lo extrañaste?" --- dijo Pansy con ligero resentimiento.

--- "Por favor, Pansy" --- dijo Blaise tratando de evitar que su esposa siguiera con ese tema de conversación. Pero cuando Pansy se proponía algo, nadie, ni siquiera su esposo, la detenía.

--- "No, Blaise. Quiero saber. ¿No extrañaste a Potter animándote durante el partido? ¿No extrañaste las celebraciones por tu victoria en tu casa?"

Draco volvió a estar callado un momento. Claro que lo había extrañado. No pasaba un día en el que no sintiera su ausencia a cada paso que daba. Harry era ahora el fantasma que habitaba en su vida, pero Draco no podía hacer algo al respecto.

--- "¿Qué quieres probar, Pansy?... ¿que me equivoqué? Pues claro que me equivoqué" --- dijo Draco conteniendo la rabia que comenzaba a sentir. Una furia combinada con dolor. --- "Pero ya no puedo remediarlo, así que deja de torturarme".

--- "Yo no te torturo, Draco. Sólo te recuerdo el infierno en el que vives."

--- "Por favor chicos, dejen de pelearse. Pansy, ¿no venimos a eso, recuerdas?" --- Blaise miraba a su esposa como rogándole que no siguiera hablando, y por fin, ella cedió.

--- "Tienes razón, lo siento Draco. Sabes lo testarudos que somos los de Slytherin cuando algo nos interesa. Y es que aunque era un Griffindor, Potter llegó a agradarme. Al menos te hacía feliz." --- su voz era más serena.

Draco se levantó de la silla y comenzó a deambular por la habitación. Recordaba cuando Pansy se enteró de su relación con Harry. Al principio estaba totalmente en contra, luego lo aceptaba porque se daba cuanta de que su amigo realmente estaba enamorado, pero al final, los últimos tres años, Pansy había aprendido a querer Harry (aunque esto sólo lo sabía por la cantidad de veces que Pansy defendía a Harry frente a él, pues la mujer nunca aceptaría abiertamente que para ella el 'niño que vivió' se había convertido en un entrañable amigo que ahora también había perdido gracias a lo que Draco hizo). Al parecer Harry tampoco quería ver a ninguno de los amigos de Draco, pues por lo que sabía, nunca le había contestado las cartas a Pansy.

--- "Bueno, en realidad venimos para darte la noticia" --- dijo finalmente Blaise, mirando a su amigo con una sonrisa en la boca.

--- "¿No me digan que por fin se dieron cuanta que no son el uno para el otro?" – dijo Draco ligeramente complacido.

--- "No. La noticia es que vas a ser padrino de nuestro primer bebé"

Draco volteó a ver a Pansy, no alcanzaba a comprender lo que decían.

--- "Pero Pansy, tú no estás embarazada. Hasta donde sabía los curadores te han dicho que te es difícil concebir… ¿no me digan que van a adoptar? La verdad no me imagino siendo padrino de un niño que de seguro quedó huérfano gracias al señor tenebroso y a mi padre. Me sentiría fatal si por mi culpa quedó sin padres"

Pansy le devolvió una sonrisa encantadora. Estaba radiante, y su mirada era serena y a la vez divertida por el comentario de su amigo.

--- "No, querido. Esa es la mejor noticia de todas. Fuimos con un sanador especialista en estos casos y me mandó un tratamiento durante dos meses. Al principio, he de confesarte, no me pareció que funcionara, pero después de la quinta poción que nos tomamos Blaise y yo, comencé a sentir que algo había cambiado en mi cuerpo y los resultados lo confirmaron ayer en la mañana." --- hizo una pausa para que Draco la escuchara bien. --- "Estoy embarazada"

Draco se levantó de inmediato y abrazó a su amiga. Sabía lo triste que se encontraba desde hace unos años por no poder embarazarse, así que la noticia era maravillosa. Y mejor aún, querían que él fuera el padrino de ese futuro bebé.

El abrazo duró varios segundos y la sonrisa de los tres era evidente.

--- "Entonces sí que es muy bueno el especialista, ¿cierto?" --- dijo Draco mirando a Blaise.

--- "La verdad es que son algo costosos sus servicios, pero vale la pena. Tuvimos que viajar a Canadá para hacernos los estudios y comprar la poción. La mezcla de hiervas sólo la venden allá y no permiten importarla directamente."

Draco la contempló un momento, era extraño que ese país estuviera mejor capacitado que el Reino Unido en el campo de los brebajes mágicos.

--- "Además, sabe bastante delicioso el brebaje. Es como si estuvieras tomando un té de limón y azucenas. Es raro el sabor, pero muy agradable. Me sorprendió que ese tipo de brebaje supiera así, me lo imaginaba peor."

De nuevo Draco la observó pero ahora sin comprender la razón por la que la descripción del brebaje le recordaba a algo. 'En algún lugar probé un sabor a limón y azucenas' --- pensó --- 'pero no logro recordar dónde exactamente'

Sus pensamientos fueron interrumpidos, obligándolo a olvidar su interrogante.

--- "Quiero que me acompañes a las tiendas, necesito tu buen gusto para comprar algunas cosas que precisaré cuando nazca el bebé."

--- "Pansy, cariño, no tengo la menor idea de cómo debe ser la decoración del cuarto de un bebé. Jamás he tenido hermanos siquiera." --- contestó Draco divirtiéndose con la propuesta de su amiga.

--- "Por Merlín, Draco. Quién tiene buen gusto lo tiene para todo, no me sorprendería que resultaras el mejor decorador para el cuarto del bebé"

Draco rió, las caras de alegría de Pansy y Blaise eran tan diferentes a las de los dos Slytherin que había conocido por años, que si su padre viviera de seguro le prohibiría su amistad. Pero era maravilloso verlos así de contentos. "Al menos ellos pueden tener a su hijo con la persona que aman", pensó.

Pero decorar un cuarto para el futuro bebé sería algo que le ayudaría a pasar más tiempo fuera de casa, y por consiguiente lejos de Iderel y su empeño en tener relaciones sexuales.

--- "Está bien. Haré lo que tú quieras"

Pansy lo besó en la mejilla y tomando la mano de su esposo comenzó a planear todos los detalles para la llegada de su primogénito. Mientras la escuchaba, Draco no dejaba de pensar lo curioso que se vería un jugador profesional de Quidditch en las tiendas para bebé.

Y fue en ese momento cuando un pensamiento cruzó por su mente. Pronto tendría que concebir un hijo con Iderel, y peor aún, para lograrlo debía volver a tener relaciones con ella. ¡Merlín!, era algo que no deseaba volver a hacer en lo absoluto. Las mujeres nunca habían sido de su agrado en ese sentido, y cada vez que ella lo tocaba sentía una necesidad imperiosa de gritar, de buscar esos hermosos ojos verdes que recordaba y suplicarles el perdón.

El rostro de Harry invadió su mente, y de repente comenzó a imaginar cómo se vería Harry en el lugar que estaba Pansy. Draco había crecido en el mundo mágico y estaba al tanto de la posibilidad de que un mago se embarazara si seguía ciertos cuidados. Hubiera deseado en ese momento ver entrar a Harry para darle la noticia de que iban a ser padres, pero en su lugar estaba la sonriente cara de su amiga anunciándole su dicha.

--- "Bueno y… ¿Cuándo sabrán si va a ser niña o niño?" --- preguntó el futuro padrino.

--- "Cuando tenga cuatro meses podremos saber el sexo del bebé. ¿Te imaginas una Pansy corriendo por la casa?" --- contestó el orgulloso padre.

Draco rió con locura.

--- "Por Merlín, si nace niña no se les ocurra ponerle Pansy" --- dijo en tono de broma. Sus amigos lo miraron un momento y al saber que bromeaba rieron con él. Era raro en esos días ver a Draco tan divertido, así que ni siquiera Pansy se indignó por el comentario.

Total, a ella tampoco le gustaba su propio nombre.

oOoOoOo

Los próximos días fueron un alboroto. Pansy no paraba de hacer planes a pesar de que llevaba poco de embarazo. Y es que desde que ella recordaba, siempre quiso ser mamá. Por esa razón, cuando los curadores comenzaron a advertirle que probablemente no podría tener hijos, sintió que la vida se le venía encima.

Amaba a Blaise desde que asistían a la escuela juntos, y aunque en la escuela se le había visto junto a Draco y las malas lenguas murmuraban acerca de un romance entre ellos; lo cierto era que Pansy siempre supo las preferencias de su amigo y le servía de fachada para que Lucius no terminara matándolo de un coraje. Ese hombre podía ser el más primitivo cuando de defender las costumbres de las familias puras se trataba.

Blaise era ahora un chico responsable y maduro, pero sobre todo muy amoroso con ella. Era rara la ocasión en la que se molestaba y siempre trataba de complacerla en todo. Como esa tarde, precisamente, en la que Blaise había aceptado dejarla sola con Draco para que vieran algunas telas que necesitaban para el cuarto del bebé. Su marido nunca había disfrutado de salir de compras, al contrario de Draco, quién parecía un remolino cada vez que caminaban dentro de una tienda nueva en busca de algo importante.

Pero esa no era la razón para que le pidiera a Blaise un poco de tiempo. Necesitaba tener a Draco a solas porque quería averiguar cómo se sentía su amigo. La última vez que lo visitó en su casa, a pesar de las bromas que intentaba hacer, la tristeza no dejó de aparecer en sus ojos. Pansy lo conocía como la palma de su mano y sabía que Draco no abriría su alma tan fácilmente si su mejor amigo estaba presente. Y es que Blaise era comprensivo pero nada sensible, Draco nunca había podido desahogarse con él. Siempre recurría a Pansy.

--- "Pansy, mira esta tela. Sus acabados son exquisitos." --- la voz del rubio la sustrajo de sus pensamientos. Estaba sosteniendo una de las telas que costaban más de lo que una familia normal podía ganar al mes.

--- "Draco… podemos hablar un momento" --- preguntó tentativamente.

El rubio la miró y de inmediato supo lo que su amiga quería.

--- "No creo que sea buena idea, Pansy"

--- "Draco, con alguien debes hablar. Tarde o temprano vas a explotar y no creo que quieras hacerlo frente a alguien en quién no confías, como tu esposa"

La voz de Pansy y la preocupación que se veía en sus ojos rompió por fin la fachada fría y calculadora que procuraba mantener su rubio amigo.

--- Lo extraño, Pansy. Y a veces siento que respirar duele si no está a mi lado. Cada vez que abro los ojos quiero escucharlo darme los buenos días, no sabes cuanto maldigo a mi padre por esto"

Pansy observaba a su amigo con cautela. Lo quería mucho, pero aunque lo viera abatido por lo que le estaba contando, no podía mentirle.

--- "Draco… sabes que tu padre tiene algo de culpa por esa estúpida cláusula en su testamento. Pero el error más grave lo has cometido tú. Harry hubiera dado la vida por estar contigo, mientras que tú lo hiciste a un lado por unos cuantos pesos". --- hizo una pausa y tomando aire continuó. Los ojos de su amigo estaban fijos en ella y podía ver que comenzaban a asomarse unas lágrimas. --- "En parte te comprendo, ambos crecimos siendo Slytherins y con la presión de nuestras familias todo el tiempo. ¡Merlín!, ni siquiera sé lo que es ser pobre por un día, pero… si mi familia me pidiera que dejase a Blaise a cambio de la fortuna a la que estoy acostumbrada… ten por seguro que preferiría ser tan pobre como un Weasley a estar lejos de él un solo momento."

--- "Lo sé" --- contestó Draco. Su voz casi inaudible. La tienda era exclusiva y les preparaban un cuarto a los clientes en el que las telas eran llevadas para ser elegidas, así que después de la última visita del vendedor, estaban solos. El rostro de su amigo era de dolor y remordimiento. --- "He sido un cobarde pero ya no puedo hacer nada"

--- "Draco, ¿acaso has intentado algo?... No, no has hecho nada para recuperarlo"

--- "Y qué puedo hacer, Pansy, estoy casado ahora. Harry me dejó claro que no quiere convertirse en mi amante. Y ahora puedo aceptar que fue indigno pedírselo. Ni siquiera lo pensé cuando lo hice, estaba tan desesperado por seguirlo viendo que jamás reparé en que con sólo sugerirlo estaba ofendiéndolo"

--- "Bueno, es que si a mí me hubieras propuesto lo mismo te rompo la cara. No sé como Harry se aguanto las ganas de hacerlo"

Ambos guardaron silencio cuando el vendedor volvió a entrar con otra tela, colocándola sobre la mesa. Se retiró sin decir una palabra, los vendedores exclusivos eran bastante discretos y no iban a cuestionar si uno de sus clientes parecía estar a punto de llorar.

--- "Existe el divorcio, Draco. Sé que el testamento dice que debes estar casado durante veinte años, pero si has recapacitado puedes divorciarte y buscarlo. No digo que será fácil recuperarle, y además serías pobre, pero al menos no estarías casado con esa vaca desabrida"

Draco casi rompe en risas cuando escuchó a su amiga hablar de su esposa con tanto ahínco.

--- "Sabes que separarte de tu esposa en el mundo mágico no está permitido. No somos Muggles."

--- "Por Dios Draco, varias parejas se han separado aunque las leyes todavía no lo vean con bueno ojos. No puedo creer que los Muggles sean más modernos que nosotros. Si todavía no existe un juez que acepte el divorcio mágico, entonces… pon el ejemplo. Lucha por conseguirlo y serás el primero en lograrlo. Sabes que si no lo han aceptado es porque todas las familias puras evitan las habladurías de la gente, no porque no se pueda."

Draco miró detenidamente a su amiga, sus ojos brillaron de una manera inusual, y Pansy supo en ese momento que había logrado algo incomparable ese día:

Devolverle un poco de esperanza a su amigo.

Continuará…

Nota: Hola a todos, siento no haber podido postear antes pero es que he tenido mucho trabajo. Y es que desafortunada o afortunadamente me dedico a esto, a la redacción pero académica y periodística, así que se imaginarán que después de pasar todo un día escribiendo, no tenía muchas ganas de redactar por las noches, jejeje. En fin, espero les guste. Saludos!!