(A/N)

"¿Te gustan los finales felices…? ¿Si? Bueno… … … …

Adelante, les permito que me descuarticen y hagan lo que quieran con mis restos. Lamento el retraso, mucho…

Ultimo capítulo, ¿ne? Me sorprende cómo pasa el tiempo, dos meses, supongo. Igual, sólo queda el Epílogo. Gracias por el apoyo, y… Un ultimo review no le hace daño a nadie ¿Eh? ;)

Mis historias siempre van a ser así, cada palabra contando, cada cosa (por insignificante que sea) es esencial; no se sorprendan, el título lo dice todo. ¿Por qué llamaría a una historia "Ama no Jaku" si no tiene un significado detrás de eso, o una razón? El hecho, es que si la tiene. Sólo mírenlo, el primer capítulo; arriba, la explicación, el nombre.

¿Les he dicho que amo sus reviews? Pues es cierto. Si no fuera por ustedes, lo más probable sería que no lo hubiera continuado. Gracias a todos.

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Setting: Completamente UA (Universo Alterno)

Parejas: insinuaciones de SasoDei. Casi nada, realmente.

Rating: M

Advertencias en este Capitulo: Sangre, violencia, muerte de personaje…

Conteo de Palabras: 4166 (OMG!)

Disclaimer del Doom: Naruto no me pertenece. No apto para menores de 3 años. Requiere baterías. Flamable.

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"Ninguna historia puede ser buena sin un cierre. Debe haber cierre, porque es la condición humana."

Stephen King.

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Capítulo 5:

Cierre

-No puedo hacer eso.

Empezó a forcejear, intentando salir de su agarre. Itachi lo agarró por los hombros y lo tiró al suelo violentamente. El sentir del impacto del frío piso de baldosas hizo llegar a su cráneo un dolor agudo, y su mente daba vueltas.

-N-no…-intentó defenderse, pero no pudo. Itachi era más grande y fuerte que él.

El moreno lo agarró del cuello de su camisa y empezó a golpearlo con el suelo, cada vez más rápido y más fuerte. Y cada vez más dolor aparecía. Deidara lloraba en frustración, se sentía impotente. Volteó su cabeza. Un poco de esperanza se asomó a sus cansados ojos.

El revolver, el mismo que le había quitado a Pein, estaba a unos pocos pasos de él. Estiró su mano, intentando agarrarlo. Itachi empezó a golpearlo con su puño, en la cara. Un dolor inimaginable. Sentía su cabeza romperse, sangre empezaba a salir de su labio y nariz, y cada vez, se le hacía mas difícil respirar.

Itachi solo se carcajeó fríamente al ver como intentaba alcanzar la pistola, y rodeo el cuello del rubio con ambas manos. Deidara empezó a toser, y abandonó la búsqueda de la pistola, por intentar quitarse de encima a Itachi, intentar que soltara su cuello. Se estaba ahogando, entre lágrimas y sangre. Tosía más y más, en intento de aliviar la presión ejercida en su cuello, y, al igual que todo lo demás, fue en vano.

-¿P-por q-qué? T-tú d-dijiste…-se encontró incapaz de continuar su habla, y, derrotado, bajó sus manos hacia un lado.

-Niño tonto.- dijo Itachi, la maldita sonrisa que tenían todos en ese lugar, esa que hacía querer matarse a él mismo, presente en su rostro.- Lo dije, porque la esperanza es una venda, que oculta la verdad.-dio otro apretón particularmente fuerte y Deidara dio un lloro patético y ya sin esperanza.

Sentía su vida escaparse de él. Empezaba a ver puntos blancos en su visión ya borrosa. Y de pronto, con las pocas fuerzas que le quedaban, tanteó de nuevo el piso…

La alcanzó.

Un disparo.

Itachi se dejó de mover, y la presión en el cuello del rubio disminuyó. El moreno miró hacia abajo, en su estómago, la mano ensangrentada de Deidara sostenía la pistola, y sangre salía del nuevo agujero de bala.

Itachi redirigió su vista a la cara espantada del rubio y abrió su boca para decir algo, pero lo único que salió fue sangre, la cual calló en la cara del ojiazul. Se dejó caer limpiamente arriba de Deidara.

El rubio respiraba agitado, ojos completamente abiertos y con lágrimas y sangre recorriendo sus mejillas. Sollozó fuertemente, e intentó quitarse el peso muerto de Itachi de sobre él.

Cuando logró quitarlo, se alejó rápida y temblorosamente de él, mirándolo con miedo, vergüenza y arrepentimiento. Dejó de arrastrarse cuando topó con la fría pared. Mató a Itachi…

Primero Kakuzu, luego Tobi, Pein…y ahora…

Se llevó sus rodillas a su pecho y empezó a llorar incontrolablemente, su cara entre las piernas, cubriendo un poco mas con sus manos, temblando con frenesí, su voz ya poco audible por todo lo que había pasado, todo lo que había gritado, llorado, sentido…

No había caso ya de nada…y las palabras de Itachi hacia eco en su mente, de una forma anormal.

"La esperanza es una venda, que oculta la verdad" Era cierto…estaba tan ocupado sintiéndose feliz por lo que iba a conseguir, que no observó bien. Itachi habló, y mientras hablaba, estaba sonriendo. Y estaba tan ocupado endulzándose los oídos con falsas esperanzas, que no se dio cuenta. Movió su cabeza hacia atrás, golpeándose (aún más) repetidamente con la pared, en frustración.

¿Y si Sasori no estaba vivo…? Solo le quedaba... media hora, cuando mucho, para salir de ahí.

De nuevo la palabra patético hacía eco en su mente confundida. Se dejó de mover, simplemente estabilizando su respiración con grandes bocanadas de aire.

Escuchó una risa hacer eco entre las paredes del lugar. No tardó mucho para darse cuenta de que era él mismo el que estaba riéndose. Valla, ¿desde cuándo se había vuelto loco…? Lo mas seguro fue desde que se despertó en ese lugar…o cuando vio a Sasori, tal vez.

¡Por kami! ¿¡Quién le podía asegurar que no estaba pensando como sus demás amigos!? Tal vez, él mismo era ya un lunático como ellos…

¡Claro! Ahora todo tenía sentido…

Él también era uno de ellos.

Él había matado… (¡Deliberadamente!) a varios de ellos. Y también lo hizo por las mismas razones que clamaban. Para sobrevivir. Eso era. Todos estaban tratando de sobrevivir, de salir de este lugar…de seguro los demás también lo veían como una amenaza…

Pero…

¿Entonces por qué le dolió tanto hacerlo? ¿Por qué no tenía la misma expresión que ellos? Bueno, eso último no lo sabía…pero igual… ¿Por qué simplemente no se largaba de ese lugar? ¿Qué le impedía salir? Estaba ahí…tan cercas de él estaba la salida, solo tenía que levantarse y caminar unos metros y…ya.

Y entonces lo recordó.

Sasori era el "por qué". Atravesó todo eso por Sasori… Pero ¿lo hizo?

¿Lo hizo por Sasori? Mató a sus amigos, se negó a entregarse a la locura (si a su estado mental lo llamas cordura, claro), se negó a dejarse morir… ¿por Sasori? Oh, y la respuesta le cayó como una gota de agua sobre una superficie caliente, haciendo un extraño ruido, y evaporándose por todo su cuerpo, llenándolo de vergüenza…

Fue egoísta.

Claro que siempre estuvo pensando en Sasori como la meta a llegar; Sasori y la salida. La sobrevivencia. Pero, por dios, eso fue…una excusa. Una patética y débil excusa para perdonarse a sí mismo. Algo para engañarse de su realidad. Una venda. Una maldita y sucia venda color rojo que cubrió los ojos interiores de su conciencia.

Sobrevivió, para no morir. Se negó a la locura, para eso mismo…para no estar demente, y no convertirse en lo que eran sus amigos, esos mismos que mató. Y los mató para sobrevivir, para no morir, para negarse a la locura, a la demencia, y ese mismo tormentoso ciclo sigue y sigue y sigue en su mente taladrando su cerebro con precisa puntería, justo por encima de donde se encuentra su racionalismo, nobleza y todas esas estúpidas cosas buenas.

Entonces no valió la pena nada…

Todo ese sacrificio no fue en realidad un sacrificio. Fue instinto de sobrevivencia. Ese mismo que tienen los animales al nacer. Ese mismo que los humanos tenemos al nacer. Ese que evita a ti mismo de hacerte daño. Ese choque eléctrico de advertencia cuando te acercas al fuego, y te dice que no lo toques pues te puedes quemar, y hacerte daño. Ese mismo que te dice que no te atravieses en una calle transitada por carros, pues te pueden atropellar. Ese mismo que te dice que ya es hora de salir a la superficie de la alberca, pues el aire empieza a faltar en tus pulmones.

¿Fue eso…?

Tal vez fue por eso… su esperanza se estaba doblegando, la venda de la que le había hablado Itachi empezaba a soltarse y pronto sus ojos estarían dañados con la verdad. Y esa venda que le sirvió por todo este tiempo, simplemente iba a desaparecer en cuanto se separara de sus ojos.

¿Y si la venda no era para evitar que te lastimaras…?

¿Y si la venda simplemente era algo para que siguieras hasta el final…?

La venda era la esperanza.

Entonces no la dejaría caer. La esperanza nunca moriría en él. No podía (dejaría) que eso pasara.

Sostendría la venda, le haría un nudo más resistente, y así, con los ojos cerrados, con su vista inutilizada, se burlaría de la verdad y la mentira.

La esperanza nunca muere. ¿O si?

Tal vez fue instinto, pero aún quería salir de ahí, y saldría conSasori de ese lugar. Sus ojos vendados le mostrarían el camino.

Y no tendría más miedo.

Dio un suspiro grande y abrió sus ojos (la venda metafórica en ellos) y observó, justo después del cuerpo de Itachi, la puerta. Se tragó un último sollozo y se limpió torpemente las lágrimas y sangre que manchaba su rostro, con su mano. Se levantó con pocas fuerzas, y por poco se cae, al sentir una ola de dolor pasar por su cráneo.

Itachi lo golpeó fuerte, de eso estaba seguro.

Miró hacia abajo, la pistola lo saludaba con sorna, pidiéndole que la agarre. Deidara le hizo caso. No sabía que había detrás de la puerta, y aún cuando estaba dispuesto a averiguarlo, lo haría con precaución.

Tragó saliva y con el revolver fuertemente aferrado a sus manos, y con una nueva seguridad en sí mismo que no tenía los efectos adecuados, empezó a acercarse de nuevo a la puerta. Procuró mantener sus ojos hacia enfrente todo el tiempo, evitando observar el cuerpo muerto de Itachi.

Agarró la perilla, y la giró oh tan lentamente, que ni siquiera estaba seguro que la llegaría abrir.

Pero lo hizo.

No…era lo que esperaba ver. Un pasillo, parecido a los millones que ya había atravesado. Era igual. Paredes amarillentas, con la pintura cayéndosele, focos parpadeantes. Igual.

Y luego se corrigió a él mismo. No era igual.

Este pasillo estaba, de alguna forma más angosto (¿lo era? Ni siquiera sabía si lo estaba engañando su mente) y no tenía ninguna otra puerta, más la que estaba (para su horror) al final del pasillo. Y unos grandes y pulidos números dorados lo saludaban:

157.

El cuarto de Sasori.

Solo a unos metros.

Y él ni siquiera podía moverse. Y cuando lo hizo, no pudo más que caminar tortuosamente despacio.

Un paso; respira. Otro más; tranquilízate. Un paso; mira. Otro más; sobrevive.

Su pesada respiración, se escuchaba con una precisión extraña; vapor salía de su boca. Estaba haciendo frío. Sus pasos hacían eco en un sonido molesto. Sus ojos completamente abiertos absorbían las imágenes con hambre, buscando cualquier fluctuación o cambio en el ambiente.

Y entonces lo sintió.

Los pelos de su nuca se erizaron, y un aire frío movió su cabello.

Y lo siguiente que supo fue que lo habían empujado.

Su cara impactó dolorosamente con la pared, y sintió un cuerpo presionarlo hacia ella. Una mano en su nuca le impedía sus movimientos. Un tibio aliento acariciaba su oído en respiraciones agitadas y molestas.

-¿Qué crees que estás haciendo?-gruñó la aterciopelada voz de Sasori en su oído.

Deidara intentó patearlo, pero Sasori lo golpeó con la pared de nuevo.

-¡¿Por qué demonios sigues aquí?!- le gritó.- ¿No crees que he sido demasiado benevolente contigo?-otro golpe con la pared, y un lloro de dolor por parte del rubio.-Te di tiempo… Ayuda… Oportunidades…-otro golpe.- ¡Y aún así no puedes entenderlo!

Sasori lo volteó para que le diera la cara, y Deidara lo miró con ojos celestes adormilados, sangre saliendo de su frente, labio y nariz. Los ojos de Sasori se suavizaron un poco. Levantó su mano y limpió un poco de la sangre que manchaba la mejilla del rubio con su pulgar.

-¿Quién eres…?-le preguntó en un chillido el rubio.

Sasori le dio una media sonrisa, y un escalofrío recorrió la espalda del rubio.

-¿Quién soy…?- repitió el pelirrojo, burla asomándose en su habla.- Soy quien yo quiera. Estoy en todos lados. Puedo ser lo que quiera…-se acercó mas a la cara del rubio.- Puedo estar en quien quiera…

-¿Qu-qué…?

Sasori suspiró, y luego inclinó su cabeza hacia un lado, con inocencia.

-Soy el que te dice qué hacer cuando no sabes…soy tu verdadera conciencia…la verdadera que dice las cosas como son… ¿pensamientos malos? ¿Perversiones? Te diré que sí… pero solo es la verdad. Este mundo tiene demasiadas mentiras… ¿tú crees que lo mas importante es la bondad y todas esas tonterías de las que te hablan en la televisión o en la radio…? ¿De veras las crees? Deberías de abrir tus ojos. Si observas bien…ahí estoy. Siempre. Todos tenemos un poco de…perversidad en nuestras mentes…

Deidara cerró gruñó. Luego empujó a Sasori, más rápido de lo que se pudo esperar, y levantó la pistola, y ante la mirada incrédula y enojada del pelirrojo, la colocó justo en la frente de Sasori. Tomó aire.

-Tal vez tengas razón. Tal vez el mundo no es de color rosa, y que todas esas cosas no son reales…-una solitaria lágrima recorrió la mejilla del rubio, enjuagando suavemente la sangre que se atravesaba en su camino.-…pero es lo único que tenemos.

Los ojos de Sasori se afilaron, y una sonrisa burlona adornó sus labios, y Deidara se sintió confundido al sentir a Sasori avanzar mas cerca y pegarse más a la pistola.

-Adelante.-lo animó sombríamente.-Dispara. Mátame... Mátame como has matado a todos los demás…- los ojos de Deidara se desorbitaron y sus manos temblaron. La opresión en su pecho se triplicó. -¡Hazlo!-le gritó de repente, transformando su cara burlona a una de odio, y haciendo a Deidara temblar por su repentina agresividad.

El rubio nunca bajó su mano. Tenía que hacerlo, solo…jalar el gatillo. Pero…

Sasori rió oscuramente ante la indecisión del ojiazul.

-Lo sabía…no puedes. ¿Muchos sentimientos involucrados, eh? ¿Verdad? -se burlaba de él. Deidara afiló sus ojos.- ¿Podrías…matar a tu Danna?- le dijo con tristeza fingida.

-Tú…-Deidara empezó.-...no eres mi Danna.

La sonrisa de Sasori desapareció, y por un breve segundo, Deidara vio como aquel extraño brillo rojo reapareció, y tuvo miedo; pero sabía que su enojo era más fuerte que el miedo. Por eso, cuando el ensordecedor sonido del disparo, y ese casi-inexistente crujido que se oyó al atravesar de la bala por el cráneo del pelirrojo, y sus ojos perdieron la vitalidad, Deidara no sintió remordimiento. Y eso se podía notar por cómo le siguió disparando, una, dos, tres veces más, cada una dándole con precisa puntería en la cabeza; y aún, cuando no tenía ya balas su pistola, y cuando el único sonido que salía de ella era el click que demostraba su desocupada cavidad; Deidara no se arrepintió.

Y así, aventando la pistola a un lado del camino, Deidara continuó su camino hacia la habitación 157. No queriendo perder el tiempo, a pesar que el temor a lo desconocido retumbaba en su pecho junto a su corazón, abrió la puerta sin titubeos.

Y ahora si dejó salir las lágrimas contenidas en sus ojos; adoloridos y enrojecidos de todo ese tiempo, pues con esa visión borrosa pudo verlo. Sasori estaba ahí, sentado en una silla, cómo el muñequito de porcelana que siempre había aparentado ser, con sus ligeramente-largos cabellos rojizos cubriendo su inclinada cara, y sus manos amarradas hacia atrás en aquella silla de madera podrida en que estaba posado. No podía tener una vista precisa desde su posición, pero sabía que estaba bien.

Lo sabía.

Corrió hacia él y se dejó caer de rodillas frente suyo, buscando su cara con sus manos. Levantó sus frías mejillas entre sus dos manos, y un poco de miedo lo embriagó al ver que sus ojos estaban cerrados fuertemente y su piel era pálida; traslúcida, casi. Su corazón dejó latir por un micro-segundo, antes de que unos ojos cafés se abrieran adormiladamente y lo miraran con confusión y cansancio.

-¿Dei?- su voz estaba seca, como si no la hubiera usado por días, y era no mas fuerte que un susurro, quebrándose en el viento inexistente de la habitación; y aún así, Deidara no había oído algo tan hermoso como eso.

-¡Oh, Danna!- se abalanzó hacia Sasori, rodeando su inmóvil cuerpo por la cintura, la tarea ya siendo difícil al cómo el pelirrojo estaba amarrado a la silla; Deidara enterró su cara en la camiseta del pelirrojo, mojándola y ensuciándola, pero al rubio no le importaba eso. Sólo que ya estaba con Sasori, y sabía que ya estaba a salvo, por eso las lágrimas continuaban saliendo de sus ojos; esas lágrimas que en realidad ya no deberían de existir, pues estaba seguro que la falta de agua y la constante pérdida de líquidos lo había secado, prácticamente. Pero ¿a quién le interesa sacar la lógica, cuando la persona más importante para ti está viva y a salvo?

A Deidara no.

-Deidara.- De nuevo la voz quebrada de Sasori lo llamó, y el rubio levantó su cara un poco y observó la mirada confusa del pelirrojo, los ojos de Sasori mostraban concierno y preocupación; miedo.

-¿Estás bien?- le preguntó. El rubio abrió su boca y la cerró de nuevo.

-Y-yo…yo.- Deidara negó con su cabeza energéticamente, otro tanto de sollozos agrupándose en su garganta.- ¡No! ¡No estoy bien, Sasori!- volvió a enterrar su cara en la camiseta del pelirrojo.- N-nada está bien…

-Dei…

El rubio volteó de nuevo, y sus ojos se abrieron con sorpresa en cuanto recordó el tiempo. Se paró con torpeza ante los ojos confundidos del pelirrojo.

-¡H-hay que salir de aquí! ¡Pronto!- batalló un poco para desatar la soga que mantenía amarrada las manos del pelirrojo; vio con un escalofrío cómo quedaban marcas rojas y violáceas en sus muñecas por la presión de la cuerda. ¿Desde cuándo había estado así…?

Cuando la hubo desatado, Sasori se incorporó con cautela, pareciendo esperar un dolor que no llegaba, en su cuerpo. Deidara lo agarró de la mano y tironeó con fuerza de él, animándolo con desenfreno a salir. Pero Sasori simplemente hizo una mueca de dolor, y Deidara se dio cuenta de que había apretado sus magulladas muñecas demasiado fuerte.

-Lo siento.- se disculpó suavemente el rubio. Sasori solo le dio un asentimiento en comprensión, mientras temblaba levemente. Deidara lo vio, y supo que lo más probable fuera que no tuviera fuerzas, casi tanto como él mismo. Se acercó y ayudó a Sasori, haciéndolo rodearle el cuello con su brazo, mientras Deidara lo sostenía de la espalda, tomándolo como punto de apoyo al rubio. Sasori mantuvo sus ojos cerrados y caminando a ala par de Deidara, pasos torpes y cansados que se flaqueaban por el peso del otro.

La prioridad de Deidara era salir de ahí, y lo iba a hacer.

Medio-encaminó, medio-arrastró a Sasori junto a él, saliendo del cuarto, rápido. Por un momento, sintió que todo se quedaba quieto, ni su respiración ni la de Sasori se podían oír. Deidara tragó saliva, pero no dijo nada, simplemente rezando en su interior mientras continuaba arrastrando a Sasori.

Atravesaron el pasillo, y lo ultimo que vio Deidara en el, fue nada mas que un piso vacío; un piso en donde debería de haber estado el cuerpo del falso Sasori…vacío.

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Un alarido de terror murió en la garganta del pelirrojo, y Deidara simplemente continuó con su vista al frente. Sasori miraba con ojos temerosos el cuerpo inmóvil de Itachi, que los veía con unos ojos abiertos exageradamente en el suelo. Su cara estaba completamente pálida, y sangre se asomaba entre sus ropas y boca.

-¿Qu-qué…

-Vámonos, Sasori. Por favor.- Deidara cortó la pregunta temblorosa de Sasori. El de ojos cafés movió su mirada hacia el frente con un gesto de terror que Deidara nunca pudo haber adivinado que pudiera hacer. Supuso que el temblor que le vino a Sasori después de moverse un poco, fue porque había localizado con su mirada el cuerpo masacrado de Pein.

El rubio no quería que lo viera Sasori. No le hubiera gustado que se quebrara en ese momento, o que vomitara como lo había hecho Deidara momentos atrás. Tampoco quería que lo cuestionara nada, al menos en ese momento. Se caería de vergüenza al decirle que él fue el que había matado a sus amigos…

Ambos levantaron sus vistas, observando las grandes puertas que significan la entrada y (¡oh! Gloriosa) salida de ese infierno. La sonrisa del rubio jugó por unos buenos tres segundos en su rostro, para luego desaparecer y ser remplazada por una boca abierta en, no sabía bien, miedo o sorpresa. Probablemente ambas…

Un reloj nuevo, de metal brillando como mil estrellas, adornaba la parte de arriba de la puerta. Pero no marcaba la hora, dios, ¡Ni siquiera tenía manecillas! Sólo suponía que era un reloj porque los números 12, 3, 6, y 9 estaban escritos en letra infantil con tinta negra.

Observó con terror y un escalofrío que el numero 6 estaba encerrado en un círculo manchado de color rojo, y por su experiencia reciente con este líquido, supo que era sangre. Y claro que era sangre, pues en el centro de este brillante y blanco reloj, alguien había escrito algo que hizo dar un alarido de terror a Deidara y Sasori.

"Se acabó el tiempo"

-Perdieron.

Deidara volteó rápidamente hacia atrás. Por alguna razón, no podía ver nada. Estaba oscuro, y era una oscuridad extraña y misteriosa. Sintió a Sasori estremecerse junto a sí, pero no hizo nada, simplemente intentó ver a través de la oscuridad y buscar a aquella voz.

-Perdieron.-repitió de nuevo, ahora más cerca. Deidara seguía viendo hacia el frente. Dos focos a sus lados se apagaron, dándole más campo a la oscuridad, que se pegaba al ambiente. Sasori miró las bombillas fundidas, antes de que la oscuridad las tapara. Sasori volteó a ver al rubio, pero Deidara no se movía.

Esa voz era conocida.

-Es la voz de Tobi.- afirmó Sasori a Deidara.

-Hay que salir de aquí…-susurró Deidara, mas para si mismo que para el pelirrojo, mientras daba un paso hacia atrás. Vio como los ojos de Sasori denotaban confusión, pero ignoró la pregunta oculta en ellos. ¿Qué esta pasando?

El rubio regresó a la puerta y jaló la palanca, y como había supuesto, no cedió. Estaba atrancada. Gritó en desesperación y siguió jalándola. La oscuridad estaba acercándose a ellos. Deidara sintió alguien junto a él, y estuvo a punto de gritar, pero se dio cuenta que era Sasori, que lo estaba ayudando a jalar la puerta.

Ambos compartieron una mirada y supieron que era ahora o nunca. Con todas las fuerzas que la situación pudo haber creado, jalaron la puerta. La mano del rubio se resbaló y terminó cortándose, pero en ese momento no le dio importancia.

Solo quería alejarse de la oscuridad.

Por eso, cuando escucho el suave click de la puerta, su corazón dio un brinco de alegría, y sus labios dejaron salir una mezcla de suspiro-inhalación profundo. Al abrirla, la habitación se iluminó por un breve segundo, pero fue pronto apagado por Deidara cerrando las puertas detrás suyo.

Estaban afuera, le dio una mirada a Sasori, que estaba de rodillas y manos en el suelo, jadeando, y luego volteó a la puerta de nuevo. Jadeando por igual, dio unos pasos hacia atrás, sin dejar de ver la puerta, como si temiera que en cualquier momento se volvería a abrir y algún extraño ser los volvería a arrastrar hacia adentro.

Deidara no le diría a Sasori que lo que vio en la oscuridad fue el rostro de Tobi, cubierto de brillantes y protuberantes pedazos de cristal, encajados en sus ojos y en sus mejillas.

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Sasori pasó sus ojos cafés al edificio que se alzaba a lo lejos, aquella casa de muerte y sangre, que se había llevado la vida de sus amigos. Volteó de nuevo a Deidara, que estaba agarrando el teléfono público que había a unas cuantas millas de ese lugar, lo suficientemente lejos del hotel para poder seguir viéndola desde ahí. Agarraba el teléfono como si fuera lo más preciado que pudiera tener en sus manos; estaba hablando con el departamento de policías.

-Gracias…-fue la última palabra dicha por el rubio, antes de que colgara el teléfono (batalló un poco para hacer eso, sus manos temblaban y no las podía coordinar correctamente) y se volteara con Sasori.- Dijeron que vendrían lo más rápido posible…

Lo voz del rubio estaba ronca y sus ojos azules estaban hinchados y con una coloración roja. Sus mejillas, por igual, estaban rojas y frías. Sasori suspiró y abrió sus brazos en un gesto de acercamiento a Deidara.

El rubio se acercó y recibió con gratitud el abrazo de Sasori. Apretó su cintura con fuerza y enterró su cara en su cuello, más lágrimas empezaban a salir a flote, y no podía controlarlas.

-Shhh…-lo intentó calmar el pelirrojo, mientras mantenía una de sus manos en la cabeza del rubio, apoyándola más sobre sí, y su otra mano trazaba círculos reconfortantes en la espalda del ojiazul.

-¡Es-están muertos! Por dios…¡Están muertos, Sasori! T-todos…

Sasori lo apretó más.

-Yo estoy vivo, Dei.-le dijo suavemente.- Gracias por regresar por mí. Te prometo…te prometo que haré pagar a cualquiera que hubiera hecho esto, Deidara.

El rubio dio un sollozo y se colgó fuertemente de Sasori, su cabeza asintiendo fervientemente, murmurando pequeños "por favor, hazlo".

Sasori volvió a ver el hotel por encima del cabello rubio.

Deidara no se dio cuenta como una sonrisa retorcida se formaba en el rostro del pelirrojo. No lo vio, pero sintió que su agarre en él se apretaba. También sintió que los hombros de Sasori temblaban levemente, pero le atribuyó ese hecho a que el pelirrojo estuviera llorando. Deidara no vio que en realidad estaba riendo.

Y tampoco vio que los ojos de Sasori brillaron rojo

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(A/N)

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… … … ...pues a mí no."

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Nos leemos pronto.