Okay, toy de vuelta 8D
Esto lo escribí un dia antes de que muriera mi abuelo .-. evidentemente no es algo místico ni premoritorio pero notarán por qué sí es curioso.

Bien, este cap es...algo complicado de leer, cada línea significa nuevo inicio de narración, ya sea porque cambia la escena o porque narra otro personaje, ¿bien?
Oh si, el hecho de que algunas cosas estén escritas en primera persona no significa que el resto del fic será así, esto es solo un intermedio. Disfruten 8D

Edit: El nombre "Numi" no es de mi autoría, es de mi amiga tcgMinuet (en deviantart) / corsepgirl (foro) en un antiguo fic en El foro del señor Hartman. Que significa "Sam." Me gustó como suena entonces decidí usarlo 8D


Intermedio: Pasado

Esa mañana era como muchas otras, el viento soplaba, el susurro de los árboles arrullaba y los jóvenes gritaban emocionados ante la prometedora clase de gimnasia en el exterior: béisbol.

-Vaya, vaya- dijo el chico rubio –Manson al bat, ¿nuestra querida gótica podrá derrotar al mejor pitcher de la secundaria?

-Solo lanza la pelota, Baxter- bufó molesta y en cuanto el tirabuzón ha sido lanzado, asume posición y propina un golpe que resulta en un home run.

-Es ella- dice una voz en las sombras -sí, sí señor. Entiendo, pero…señor, usted no puede actuar sí…muy bien. De acuerdo.

Sam no hizo mayor esfuerzo al terminar la carrera y con ello obtener la mejor nota de la clase…ah sí, gran sorpresa. Cuando terminó la jornada, tomó su maleta, encendió su mp3 y emprendió camino a casa, como muchos otros días. El plan era llegar, hacer las tareas, cenar y conversar con sus padres y dormir, terminar otro día.

Cuando llegó a casa, el silencio reinaba, tan penetrante que el pitido se colaba tras el estridente sonido de la música rock a todo volumen.

-¿¡Mamá, papá!?- gritó mientras se quitaba los audífonos y subía las escaleras –esto no es gracioso en ningún sentido- buscó en las habitaciones con algo de rabia -¿hola?, ya basta de bromas, en serio.

Cayó de rodillas al suelo frente a la habitación de sus padres, la vista se nubló de lágrimas y la garganta se cerró de forma automática: un par de cuerpos yacían inertes en el suelo, inmersos en un lago de sangre, reconoció en ellos el rostro de sus padres.


-Lo siento mucho, linda- dijo el policía que primero entró cuando llegó el equipo. -¿Hay algún familiar a quien puedas llamar?- ella asintió –bien.

El sujeto se retiró y ella continuó sentada en el suelo, fuera de la habitación, aferrada a la cobija que le habían dado, haciendo de su llanto el más silencioso posible. Cuando reaccionó luego de la horrorosa imagen y pudo llamar a la policía, todo se dio tan rápido que era difícil pensar que habían transcurrido 6 horas desde la llamada.

A pesar de las muchas recomendaciones se negó a abandonar la casa luego del levantamiento, pudo ser tildada de masoquista pero no le importó y luego de las muchas horas de conversación sin resultados, la policía se dio por vencida. Se encontró entonces completamente sola, realmente no tenía a quien llamar, nadie con quien soportar la pena.

Acurrucada en su cama con la tristeza a punto de estallar, empezó por débiles lágrimas y se convirtió en un llanto agudo acompañado de maldiciones. Cuando el llanto se agotó, se quedó en silencio mirando a la ventana, sintiendo cómo la soledad la consumía con furia, salió definitivamente de su estado de shock.

Entonces algo llamó su atención: una tarjeta blanca sobre su almohada, la que antes había pasado desapercibida, la tomó y leyó la letra cursiva impresa unas cuantas veces antes de encontrarle sentido: "llámame" y había un número bajo las letras.

¿Qué clase de lunático dejaría una nota en un momento así?, estaba completamente segura de que no se encontraba en su cama en la mañana. Bueno, el punto era ¿qué otra cosa podía hacer en un momento así?

-Am…¿hola?

-Estaba esperando tu llamada.

-Ya.

-No quiero que estés asustada, ¿bien? Sé que pasas por un momento difícil y es por eso mismo que quiero ayudar.

-¿Qué podría darme usted que no pueda conseguir con mi familia?

-Tengo la seguridad de que no quieres quedarte con tu familia.

-Usted no puede asegurar tal cosa.

-Llámame de nuevo cuando consideres mi ayuda necesaria.

La llamada se cortó.


Dos días más tarde, cuando daba su plan por fallido, la chica llamó antes del mediodía accediendo a escuchar su petición, sin llegar a un compromiso en sí mismo…y él estaba complacido, no podría esperar nada mejor. Acordaron el encuentro en un café a las 4 de la tarde.

Bajó de su auto negro con una enorme sonrisa inscrita en el rostro, ella estaba recostada en la pared junto a la puerta, levantó la mirada y en su rostro inexpresivo fue evidente que lo reconoció a pesar de no haberlo visto nunca. Él entró en el café y no tuvo que girarse para saber que ella lo seguía. Se sentaron en silencio y él pidió en un par de cafés, cuando las tazas estuvieron a la mitad, ella se decidió a hablar.

-Lo escucho.

-Me sorprende que no me pidas explicaciones.

-¿De cómo supo sobre mí y de lo que pasó? Créame si le digo que hay muy pocas cosas que me interesan conocer ahora.

No se había equivocado al escogerla, una joven que no necesita de explicaciones, no por falta de interés sino por precaución y seguridad personal…el tipo de persona que él querría por hija…el asunto es que él no la buscaba precisamente como hija.

-Bien, entonces explicaré mi punto. Está claro que no tienes muchas… "opciones" en este momento.

-Y he de suponer que usted ha de proponerme una opción mejor a las pocas que ya tengo.

-Tengo una academia- respondió con tranquilidad –no precisamente una secundaria, pero mientras estudies allí tendrás todas las comodidades de un hogar.

-¿Y cuando acabe?

-Trabajarás para mí en algunos…"asuntos especiales", y siempre y cuando lleves todo a cabalidad, nunca te verás desprotegida.

-No suena mal- espetó jugando con su taza de café –Pero, ¿a qué precio?, además, no me convence eso de los "asuntos especiales", no soy buena con eso de las cosas ocultas.

-Y no puedo culparte, pero hay cosas que no puedo revelar hasta no recibir tu afirmativa.

-No pienso inmiscuirme en algo que no promete un futuro claro.

-Comprendo eso. Y esa misma razón me hace proponerte algo diferente: un mes para que veas, experimentes y tomes tu decisión.

-De no resultar, podré irme sin negativas, ¿correcto?

-Así es- ella se mordía el labio inferior, dudosa –Además, ¿qué mejor opción te queda?


La academia de Masters no supuso un dolor de cabeza como lo pensaba, incluso cuando estuve al tanto de sus verdaderos propósitos y de lo que él tenía planteado para mí, era mucho más de lo que podía esperarse para una adolescente y solitaria huérfana cuya vida cambió de golpe y su corazón albergaba una tristeza tan grande que inhibía las lágrimas. Una joven que había decidido dar lo mejor de sí y sacar provecho de cualquier situación para no ser derrotada, así, fuera como fuera, sus padres podrían descansar en completa paz.

La cuestión era si yo me sentía capaz de entregarme sin condiciones a una vida de muerte y adrenalina, con nada más en frente que la necesidad del exterminio. Tres semanas pasaron en medio de mi dilema y restaban unos días para mi veredicto final…decidí hacer una prueba antes de cualquier cosa.

Había un laboratorio de pruebas cercano a mi habitación, cada par de días llevaban a un fantasma de no mucho tamaño y lo encerraban ahí. No sabía qué sucedía con ellos pero era evidente que tantos fantasmas no cabían en una misma habitación; mi teoría era que algo o alguien se deshacía de ellos…si yo probaba deshaciéndome de un fantasma, saldría de mi duda sobre si me era repulsivo o no y nadie notaría la diferencia, en definitiva era un buen plan.

Me deslicé al laboratorio luego de la media noche, era un lugar húmedo y gris, espejo pleno de desolación y desesperanza. Tomé una pequeña daga de la repisa de la derecha y caminé hasta la jaula del fondo, hecha seguramente de algún material especial para que el fantasma no escapara. La jaula no era muy espaciosa así que podría atacar desde cualquier frente.

Cuando el fantasma se percató de mi presencia, se lanzó como fiera sobre uno de los costados de la jaula, desesperado por no poder usar sus poderes para desatar su ira contra la primera cosa que se moviera frente a él. Entonces lo vi: ¿qué hacía una inexperta, con una daga brillante, en un cuarto que parecía irreal, intentando acabar con una criatura más allá de la comprensión humana? Me acerqué con paso torpe y cauteloso, intentando esquivar sus zarpazos, en uno de sus ataques me vi forzada a agacharme con fuerza intentando concebir alguna manera de atacar y salir victoriosa.

Divisó un punto débil en lo bajo del abdomen de la criatura, insertó la daga con ambas manos y sintió un escozor en la boca del estómago cuando el fantasma soltó un amargo gemido de dolor.

-Lo siento- dijo con voz cortada –pero si no hago esto, no sabré qué hacer conmigo.

Empujó la daga hacia arriba, cortando todo a su paso, el fantasma rugió presa del sufrimiento antes de verse reducido a un montón de líquido verde en el suelo de la jaula.

Sam respiraba agitadamente, la daga en el aire sujetada aún con ambas manos, sus ojos furiosos brillaban víctimas de la adrenalina y una indescifrable sonrisa se tejió sobre sus labios.

-Bien hecho- susurró una voz a sus espaldas, obligándola a soltar la daga y cambiar la expresión de su rostro por un pánico absoluto –sabía que tú naciste para esto.

-¿Estuvo mirándome todo el tiempo?

-Lo suficiente como para conocer la naturaleza de tu acción. ¿Has decidido quedarte?

-A-así parece.

-Te veré mañana en el entrenamiento.


No sé porqué llegué a pensar que Samantha se retractaría, había jugado las cartas necesarias para asegurar su inmersión en mi equipo…conduje su camino hasta mí, mostrándome como la única alternativa para salir de su miseria generada por la tristeza…tristeza que yo había provocado.

Tenía todo el potencial para convertirse en la mejor exterminadora de fantasmas de todos los tiempos: la tenacidad, la coordinación, el perfeccionismo. Pero eran sus valores y prejuicios humanos lo que interferían en el proceso: no importaba cuán concentrada estuviera, cuán exitoso hubiese sido el experimento, bastó un mes para que se sintiera acongojada e intentara arrojarlo todo por la borda.

Me vi obligado a usar la solución más radical: la pulsera de control, un objeto que no era usado con frecuencia pero que siempre resultaba efectivo para socavar cualquier propósito individual, una vez que la decisión está tomada, no hay marcha atrás. La pulsera tuvo su efecto positivo y negativo a la vez: Samantha no opuso resistencia a su trabajo, pero no lo hacía con la pasión que suponía.

Tuve que conformarme con eso por un tiempo, no quería forzar las cosas para terminar con un plan hecho trizas, y sus resultados me hicieron sentir orgullo, el mismo que se siente cuando se obtiene algo que se ha esperado por años; supe entonces que, de querer obtener un rendimiento completamente eficaz, tendría que presionar su desempeño, dejando de lado mi complacencia por sus resultados.

Pasaron dos años para que se convirtiera en la cazadora despiadada y apasionada (1) que yo siempre busqué, para ser sincero no pensé que tomara tanto tiempo su transformación, dado que su primera personalidad aparentaba ser desinteresada y frívola. Con su cambio vino el mío: nos convertimos en cómplices, tutor y pupila con una meta común, unidos por la ambición.

Fantasmas y humanos venían a mí buscando ayuda por igual, mi poder bastaba para cubrir ambos mundos y el objetivo no era simplemente obtener más poder, sino mantenerme en mi posición y recibir algún tipo de agradecimiento por el servicio que yo prestaba. Sin embargo, en algún momento del procesó nació mi ambición por encontrar al exterminador perfecto, pero ninguno de los que llegaban a mí llenaban el perfil que yo buscaba. Comencé a hacer un estudio y en él encontré a Samantha; sin embargo era obvio que no tendría motivos para venir a mí, no hubo otra salida que dejarle desprovista de futuro.

No había motivos para sentirme más satisfecho de lo que estaba, tenía plena confianza en Samantha, tanta como para revelarle mi alter-ego fantasma, producto de un accidente de laboratorio en la universidad cuyos responsables terminaron pagando con su vida, y asegurar así su lealtad para conmigo siempre.

Entonces conoció a Michael, un estudiante modelo que vino a mi por decisión propia. No vi mucho problema en su relación, de hecho trabajaba más arduamente y no tuvo dificultad alguna en su primera misión de alto rango, pero las cosas se salieron de control cuando él murió en una misión y Samantha se encontró deshecha. No quería perder el trabajo ya hecho con ella así que le brindé consuelo, pero se negó e intentó reiniciar actividades como si nada hubiera sucedido.

De verdad creí que su fuerza de voluntad sería suficiente para mantener las cosas en cause pero se vio vencida nuevamente por la debilidad humana y esta vez no hubo brazalete lo suficientemente doloroso como para regresar a mi cazadora.

Esa noche la descubrí intentando escapar de la academia –muy hábil considerando la vigilancia ininterrumpida- y me interpuse en su propósito.


Cuando Plasmius apareció frente a ella no hubo posibilidad de terminar el plan de escape. Cada terminación nerviosa pareció perder movilidad y el pánico se inscribió en su rostro de una forma algo inusual.

-¿Pensabas irte, querida?

-Me parece que está bastante claro que así es.- Bramó pasando saliva con dificultad.

-Me temo que no será posible.

-¡No hay nada que pueda hacer para impedirlo!- amenazó apuntándole con un arma anti-ectoplásmica.

-Claro que lo hay- repuso sonriente el fantasma, le arrebató el arma y se puso tras ella, tomándola con fuerza por los brazos –¿No es verdad, Numi?

Susurró el nombre con cierta satisfacción en la voz. Sam abrió los ojos encendidos en una escalofriante luz roja antes de perder el absoluto control sobre su cuerpo.

-Un viejo hechizo- se explicó –Es una lengua prohibida y ese es tu nombre en el dialecto. Una vez pronunciado, tu maldad interior es develada. Y no hay posibilidades de escapar. ¿Quieres irte ahora, querida?

-No, amo.- dijo con voz monocorde

-Eso es lo que estaba pensando.

Días después despertó en su cuarto algo agitada, las paredes parecían dar vueltas a su alrededor…¡momento!, estaba mareada. Pasaron unos minutos antes de poder sentirse como ella misma, le costó algo de dificultad recapitular los hechos de sus últimos momentos conscientes…pero no pudo recordar mucho.

-Finalmente despertaste.

-¿Quién dijo eso?- preguntó alarmada.

-Yo- susurró con orgullo –Me llamo Numi, un placer conocerte.

-¿Dónde rayos estás?

-En tu cabeza, niña.

-Es oficial, enloquecí.

-No, no enloqueciste.

-Explica entonces el hecho de estar discutiendo con una voz dentro de mi cabeza.

-Sencillo, el amo me despertó.

-Entonces fue cierto…

-¡Claro que fue cierto!

-¿Por qué rayos te emocionas? ¡Estás atrapada aquí como yo!

-Yo me encuentro perfectamente, me encanta esto: el exterminio, el dolor…la muerte

-No entiendo cómo eso pueda ser perfecto.

-Bien, yo seré ahora tu fuerza al cazar, así no tendrás remordimiento.

-Dudo mucho que mientras me mantenga humana pueda dejar de sentir remordimiento.

-El tiempo ayuda, Samantha. Ya verás cómo todo resulta bien.

-¿Cómo puedo confiar en ti? ¡Ni siquiera sé si eres real!

-Oh, soy real. Y yo sé algo que tú no sabes.

-Bien, te escucho.

-¿Sabes quién mató a tus padres?

-No. ¿Tú sí?

-Sí, fue un fantasma.

-¿Cómo es posible que, tú siendo parte de mí, sepas algo que yo no?

-Yo vengo de un lugar donde el conocimiento es absoluto.

-¿Sabes la identidad del fantasma?

-¿Te importa? ¿Qué lo único que importa no es acabarlo y punto?

-Puede que tengas razón.

-¿Tenemos un trato?

Suspiró –Así parece.

Dos mentes que compartieron más que el pensamiento: aunque los sentimientos se mantuvieron desconectados, una mezcla de frivolidad y conciencia construyeron la personalidad perfecta para que una cazadora experimentada supiera la diferencia entre exterminar fantasmas y matar humanos, cegada por el deseo de acabar con el fantasma que le arrebató a sus padres.

Ese año se graduó de la academia.
Ese año recibió su arma.
Ese año se liberó de su brazalete.
Ese año su alma perdió cualquier insignificante valor que pudiera aún guardar.


Despertó alarmada con el corazón latiendo a mil y la garganta cerrada por la angustia. Comenzó a sollozar.

-Sam, ¿qué te sucede?- le preguntó con voz suave.

-Yo…tuve…una pesadilla- afirmó, intentando ocultar que dichos sueños eran en realidad recuerdos de su pasado.

-Tranquila- susurró y la atrajo hasta su pecho para consolarla –Yo estoy aquí.

-Lo sé- sollozó –Gracias, Danny.


(1) Por favor, me estoy refiriendo a la pasión del exterminio. La pasión carnal está exclusivamente reservada para Danny, ¿de acuerdo?


¿Como estuvo? 8D
¡¡Gracias por sus comentarios!! luego de semejante hiatus es bueno saber que me apoyan TTuTT los adoro.