Deberían golpearme hasta dejarme inconsciente. ¡No tengo excusas para demorarme tanto con el final! Sé que prometí actualizar al llegar a los 80 reviews pero...No, esperen, sí tengo excusas: entré a trabajar y estoy colgada, mi computador se dañó y casi pierdo toda la información incluido este capítulo, estuve al borde del colapso.

Pero basta de historias que no nos interesan: Finalmente llegamos a la conclusión de esta historia. Me van a matar, eso es seguro ^^U, aunque con cierta personita discutimos que ciertamente esta historia no podía terminar más sweet que bitter, si es que me entienden. Bueno, no más spoilers, a leer:


Juego de seducción
By: Sam-ely-ember
Capítulo 10: Despedida

-Levántate.

-No quiero luchar más.

-¿Piensas darte por vencida tan fácil?

-Es inútil continuar peleando.

-¿Entonces dejarás que él muera en vano? ¿No dices que lo amas?

-Sí lo amo, pero no hay como ayudar.

-Sí lo hay. Levántate.

-¿Piensas ayudarme ahora?

-¿Qué no lo he hecho antes? Seré la voz en tu cabeza pero es tu cuerpo, y si no te levantas, no podré hacer nada.

Abrió los ojos con pesadez y se aseguró que el impacto que le había dejado inconsciente había sido real. Se tocó el abdomen. Dolía. Sí había sido cierto. Paulatinamente fue recuperando la sensibilidad en brazos y piernas y el oído se aguzó: había un extraño zumbido –que parecía venir de su interior-, y una serie de jadeos y golpes, unos de mayor intensidad que otros. Giró el rostro hacia el techo y divisó un par de figuras luchando en el aire. Su corazón saltó: Danny estaba bien y aún continuaba peleando.

Eso fue un incentivo para intentar colocarse en pie, tuvo que enterrar su espada en el suelo para usarla de apoyo y lograr erguirse a totalidad. Poco a poco el dolor en su abdomen se fue adormeciendo y pudo destazar un tramo del traje en su pierna para elaborar una venda improvisada y usarla sobre la herida. Se sentía un poco mareada e inspiró profundo para recuperar el equilibrio. Justo entonces ambas figuras flotantes se percataron de su presencia y aunque en ambos rostros la sorpresa se dibujó, en uno hubo felicidad y en otro ira. Ambos descendieron, uno se puso a su lado y otro en frente.

-¿Estás bien?- le preguntó al que se posó a su lado.

-¡Eso debería yo preguntarte a ti! No pensarás pelear así, ¿verdad?- preguntó atónito y ella sonrió con malicia.

-¿Debería sentirme intimidado porque ambos quieran pelear contra mí?- se burló el otro sujeto –Están perdiendo su tiempo.

Ambos arrancaron con furia contra Plasmius, y sus ataques coordinados parecieron dar buenos resultados. Sin embargo, ella se sentía cada vez más agotada y conforme la fuerza se desvaneció, Vlad tuvo su oportunidad para golpearle y dejarle nuevamente en el suelo.

Encolerizado, Danny arremetió por su cuenta.

-¡Qué rayos!- se dijo a sí misma. Se colocó nuevamente en pie y gritó con ira: -¡Numi, ¿dónde rayos estás?!

-Contigo, niña.- Respondió la voz. -¿Crees poder haber hecho todo esto por ti misma?

Sam levantó la espada y el reflejo de sus ojos le robó el aliento: un par de ojos carmesí que destilaban ira. La tan esperada sincronización finalmente había ocurrido, pero no bajo las circunstancias previstas.

-¡Cuidado!- gritó Danny con preocupación y justo cuando volteó, él cayó sobre ella con fuerza.

-¡Danny! ¿Estás bien?

-He estado mejor- confesó con pena, una mueca de dolor en el rostro. –Lo importante es que tú estés bien.

-Es un momento tan conmovedor…- interrumpió Vlad acercándose. –Lástima que deba interrumpirlo.

Tomó a Danny por detrás y lo arrojó con fuerza contra una pared, para luego rematar el golpe con un rayo de ectoplasma. El joven halfa cayó derrotado, consciente pero inmóvil, sentado contra una pared, respirando agitadamente.

Cegada por la furia y por la nube de lágrimas en sus ojos, Sam golpeó con fuerza a Plasmius y le hizo retroceder unos metros, atacó después con los rayos que su traje lanzaba, y con una descarga eléctrica, logró que el fantasma regresara a su forma humana, quedando tendido en el suelo.

-Es el fin.- Pronunció ella con seguridad empuñando la espada en alto, angulada justo para dar sobre el pecho de su enemigo. Justo al mismo tiempo que sintió la herida en su abdomen desgarrarse: el adormecimiento había terminado.

-Me gusta tu estilo, Samantha.- Dijo el hombre con una sonrisa, respirando con dificultad. –Desenfrenado pero calculador. Ataques sin pausas, precisión. Justo como yo.

-Yo no soy como tú.- Refutó apretando los ojos.

-Oh, por supuesto que sí. Y justo cuando acabes conmigo, lo habrás probado.

-¡Yo no soy como tú!- exclamó con voz potente y la espada cayó con fuerza.

El hombre cerró los ojos esperando la muerte…que nunca llegó. La espada se enterró en el suelo, paralela a su cabeza.

-Jamás seré como tú- susurró ella con dolor apretando su abdomen. –No importa lo que cueste, no seré como tú.

Tomó un pequeño impulso y golpeó el rostro de Vlad con su pie, noqueado instantáneamente. Cayó sobre sus rodillas y cuando se preparó para estrellarse contra el suelo, fue recibida por un par de brazos que le sostuvieron con fuerza.

-Lo lamento- dijo mirando los ojos verdes de Daniel. –De verdad no tienes idea de lo mucho que lamento todo esto.- La vista se volvió difusa y perdió sensibilidad en todo el cuerpo.

-No digas nada.- Respondió. ¿Esas eran…lágrimas en sus ojos? –Te prometo que todo va a estar bien. Confía en mí.- Fue lo último que escuchó antes de quedar nuevamente inconsciente.

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Sentado en la fría silla de espera, con la cabeza entre las manos y la impaciencia carcomiéndolo por completo, sintió unos pasos acercarse con paciencia y al levantar la vista, se topó con la enfermera que tan amablemente le había traído café horas atrás.

-¿Señor Fenton? Su esposa acaba de despertar. Puede pasar a verla.

-Gracias.

Se levantó con prisa y tomó el paquete del suelo, caminó hasta el fondo del pasillo y se paró en la ventana de la habitación, pensando en lo que debía decir antes de entrar. La última vez que la había visto estaba conectada a un ventilador respiratorio, luciendo incómoda y respirando pesadamente. Ahora estaba sentada en la cama, sonriente, e incluso tenía un poco de rubor en las mejillas. Entró y se ocultó tras el enorme ramo de violetas africanas que había comprado para ella.

La puerta se abrió y entró un ramo de flores con pies. Un par de ojos azules se asomaron con timidez por encima de las flores y ella rió divertida.

-Hola- dijo el visitante.

-Samantha Fenton, ¿eh?- alzó una ceja, sonriente.

-Fue…la única forma de que te atendieran sin hacer preguntas.- Se explicó dejando el ramo en el suelo.

-Se oye bien.- Concluyó.

-Sí, suena muy bien. ¿Cómo te encuentras?

-Mejor, supongo. Me alegra mucho verte de nuevo.

-Solo fueron un par de días, no ha sido la gran cosa.- Se sentó en el borde de la cama, lo bastante cerca para verla.

-¡Claro! Que lo diga aquel que estuvo consciente.- Se burló. Ambos rieron. –Danny…lo lamento mucho.

-No tienes que…

-Espera- interrumpió –Debes dejarme hacerlo. No tengo palabras para decirte cuánto me pesa lo que te hice, sé que no es propio explicar esto pero, cuando empezó todo esto, no esperé terminar tan enamorada como lo estoy en este momento. Siento mucho haberte herido de esa manera.

-¿Sería adecuado si acepto esa disculpa?

-Lo más acertado.

-Bien, gracias. Acepto tus disculpas. Dejemos eso atrás, ¿te parece?

-Me parece bien.

Antes de despertar, había escuchado a los doctores en su cuarto discutir sobre su situación, era injusto mentirle a Danny así que no lo haría, pero tampoco dejaría ver que ella estaba triste. Porque tampoco era así: ¿qué mayor fortuna que ver a su amado con bien de nuevo?

-¿Qué sucedió con Vlad?- preguntó alarmada de repente.

-Él fue…encerrado en una prisión especial. Entiendes a lo que me refiero. Está bajo estricta seguridad y casi de forma instantánea fue condenado de forma perpetua.

-¿Y la academia?

-Fue cerrada. Los chicos fueron asignados a distintas organizaciones del gobierno. Estaban muy bien entrenados como para ser entregados a agencias de familia.- Ella rió por el chiste obvio.

-Basta de explicaciones por hoy- concluyó -No es el momento apropiado, pero…- tomó una pausa, suspiró y habló cansinamente: -quisiera que te cases conmigo.

La voz en su cabeza habría gruñido, pero durante su inconsciencia había guardado silencio, aparentemente para siempre. –Me encantaría, pero es imposible.

-Nada es imposible, Sam. Cuando salgas de aquí…

-Danny, tú y yo sabemos que no voy a salir de esta cama. Estaría encantada de convertirme en tu esposa pero no quiero causarte más daño cuando me vaya.

-No quiero que te vayas.- Repuso con la actitud de un niño obstinado.

-Y yo no quiero dejarte- sonrió acariciando el rostro de Daniel –Pero mientras hablamos la herida…bueno, supongo que te lo habrán explicado.

-Sí.- Susurró entristecido.

-No llores- le pidió cuando vio que él se deshacía en lágrimas –Te ves más guapo cuando sonríes.- Él bufó y sonrió, aún sin mirarle –Así está mejor.

-¿Dime entonces qué cosa puedo hacer sino llorar tu partida?

-Tienes que dejarme ir.- Propuso con los ojos aguados también. –No te hará bien aferrarte a mí con uñas y dientes.

-Créeme cuando te digo que no podré encontrar a alguien más afín a mí que tú.

-¡Claro que sí! Mereces a alguien mejor que yo. Y no veo razones para que cualquier buena mujer no pueda fijarse en ti: eres inteligente, atractivo, eres excelente en la cama…- ambos rieron de nuevo. -Te voy a extrañar mucho.- Finalizó acongojada.

-No tanto como yo. ¿Qué puedo hacer hasta que llegue el día?

-¿Te quedarías conmigo el tiempo que resta?

No hubo más respuesta que un encandecido beso acompañado de lágrimas mutuas, y el deseo desesperado por sostener con firmeza el rostro del otro.

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El hombre se sentó frente al vidrio con una sonrisa burlona, la blanca habitación relucía con ironía, observó a su visitante con detalle y no espero a que iniciara la conversación.

-Vaya. Me sorprende verte aquí, Daniel.

-No lo hago por gusto propio, Vlad.- respondió con voz ácida.

-Por supuesto, ¿cómo no había de esperarlo? A qué debo tu visita.

-Dos motivos. El primero: darte, lo que espero, sean las últimas noticias que deba darte personalmente. La alianza entre nuestras "compañías" ya está deshecha, y tu fortuna será destinada a mejores fines.

-Es lamentable oír eso- expresó, al parecer con sinceridad –El trabajo de toda una vida…

-El segundo: te traigo un mensaje.

-¡Qué considerado de tu parte!

-Créeme que de no ser porque esa persona lo pidió, no lo estaría haciendo.

-Es de Samantha, ¿no es cierto? ¿Cómo se encuentra?- Estaba siendo irónico, ¿verdad?

-Mejor, sí es que puedo decirlo. Ella quería que supieras que te perdona.- Vlad le contempló escéptico. –Sí, lo sé, a mí también me sorprendió. El punto era hacerte saber que no te guarda rencor. Es todo.

-Tengo que decir que me siento agradecido por eso. Exprésale mi gratitud, por favor.

-Lo intentaré. Bien, es todo.

-Pensaba que tu visita sería más larga.

-Tengo algo importante que hacer. Adiós, Vlad.

Contempló la salida hasta que el joven cruzó el umbral, el vidrio ascendió y se escondió nuevamente en el techo. Una sonrisa agónica cruzó por el rostro del hombre peli blanco.

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Había pasado quizá media hora y él aún continuaba contemplando el grabado en piedra con determinación, una mano se posó sobre su hombro y giró el rostro para increpar a su mejor amigo, quien también contemplaba el grabado.

-¿Vas a estar bien?

-Supongo que sí, Tuck, aunque no será sencillo.

-Nadie dijo que lo fuera, pero ¿no te pidió que lo intentaras?

-Sí, y es una promesa que no pienso romper.

-¿Cómo te fue con Vlad esta mañana?

-Bien, supongo. Pude entregarle el mensaje.

-Me imagino su expresión.

-Fue idéntica a la mía, qué irónico.

-Vamos Danny, hay trabajo por hacer.

-Me gustaría haber hecho algo más por ella.

-Hiciste todo lo que estaba en tus manos, y más. Dudo que ella pueda estar más agradecida.

-Espero que tengas razón.

Repasó el nombre de su amada en el grabado sobre la lápida de piedra y emprendió marcha para seguir a su amigo que había tomado camino de ventaja. Un viento sopló y fijó la vista en el árbol más lejano de su posición, creyó ver la figura de Sam, sonriente, que luego jugó a esconderse tras el tronco del árbol.

Cuando alcanzó a Tucker rectificó: -¿Sabes algo? Tienes razón.

-¿Ah sí? Es decir, claro que la tengo.- El rostro de Danny aún lucía triste. –No vas a dejar de quererla, ¿verdad?

-Voy a amarla hasta que me queden fuerzas, ten eso por seguro.

Fin.


Bien, antes de finalizar, respondamos preguntas:

-¿Cómo es la prisión de Vlad?
Bien, es un cuarto enorme y blanco, desolado, paredes anti-ectoplásmicas, rodeado por guardias adecuadamente equipados y al recibir visitas, un vidrio anti-ectoplásmico, fabricado especialmente por Fenton works se despliega del techo para evitar el contacto con el visitante.

-¿Por qué Danny perdonó a Sam con tanta facilidad?
Primero, la ama, eso es obvio, y bien es cierto que el amor desmedido perdona cualquier clase de error. Segundo, fue evidente la traición de Sam hacia Vlad y eso dejó en claro por quien iba ella.

-¿De qué murió Sam?
No me pareció prudente describirlo pero bueno: el ataque que Vlad usó sobre ella, ampliamente descrito en el abdomen, perforó sus órganos internos.

-¿¡Cómo te atreviste a matar a Sam!? ¡Eso no es justo!
La vida no es justa y todos debemos pagar nuestros errores, aunque incluso la forma de pagarlos también sea injusta. Era algo que quería dejar en claro: en este juego todos perdieron. ¿Por qué?, bien, repasemos pecados capitales: Lujuria, avaricia, ira, sobervia. Cuatro de siete pecados que nuestros personajes vivieron, eso me parece buen justificante.

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Graaaaaaaaaaciaaaaaaaaaaaas!!!! Los amo, los amo, los amo. Me han convertido en una de las escritoras de Phanfiction en español con mayor cantidad de reviews en FanFiction. Ese logro no es mío, es de ustedes, se merecen lo mejor. Espero Santa les deje muy muy muy muy lindos regalos bajo el árbol este año, y el más grande sería de mi parte ^w^

Ahora sí, me iré a esconder a un bunquer .__.U
Nos vemos en otra historia: ¡Así es mundo! ¡Prepárate! ¡Eliana va a escribir mucho!