La cita 2da parte
No pude evitar sentirme nervioso aun después de haber llegado al lugar de nuestra cita. Nessie me reclamó por permanecer callado todo el camino, pero la verdad yo estaba a la defensiva de cualquier señal que delatara a Edward Cullen o su familia, y no presté atención a nada más.
En medio de mi paranoia, seguí dando vueltas alrededor de las calles en el auto. No podía sacar de mi cabeza la idea de que alguien nos seguía.
-¿Vamos a salir del auto algún día?- me cuestionó Nessie, interrumpiendo mis pensamientos.
-Por supuesto, es solo que no encuentro donde aparcarlo.
Ella arqueó la ceja tras mi respuesta, y yo me giré para ver a mis espaldas. Al hacerlo me sentí como un idiota: el estacionamiento estaba casi vacío.
-Todo va a salir bien, Jake.- me dijo Renesmee mientras sonreía y me tomaba de las manos.
Suspiré aliviado, y es que, sin saber como, Nessie siempre lograba envolverme en ese extraño encanto suyo, y me olvidaba de todo lo demás.
Bajamos del auto y nos dirigimos a la entrada del cine tomados de la mano. Era el lugar que yo consideraba adecuado para una primera cita formal.
Nos acercamos a la taquilla a comprar los boletos, y me sorprendí al ver que el tipo que nos atendía, un adolescente alto y flacucho lleno de acné, observaba a mi chica como un imbécil.
Le lancé una mirada inquisitiva y el me sonrió con complicidad.
-Buena suerte, amigo.- me dijo el muchacho guiñándome el ojo antes de alejarnos.
¡Maldición! Quería romperle el cuello. ¿Acaso creía que yo era de esa clase de pervertidos que iban al cine a hacer cosas prohibidas con sus novias?
Bueno, después de todo ¿qué podía esperar? Aquel chico solo era un cuerpo humano con el intelecto de un simio, sufriendo una revolución de hormonas en su interior.
Decidí olvidarme del asunto, ahora lo importante era estar con Nessie. La tomé de la mano y comenzamos a caminar a paso lento hacia la sala donde se proyectaba la película.
Me tomó por sorpresa encontrarme a Quil en la dulcería, acompañado de Claire, quien no paraba de pedirle toda clase de golosinas. Lo saludé desde mi sitio agitando la mano, y él se limitó a sonreír, pues tenía las manos bastante ocupadas. Sentí lástima por mi amigo, y es que, en muchas ocasiones, ese pequeño demonio abusaba del hecho de que Quil fuese tan condescendiente.
Cuando por fin habían terminado con sus compras y se dirigían a su sala, no pude evitar hacer una mueca de asco al darme cuanta de que el pobre Quil tendría que presenciar una de esas películas de rubias descerebradas a las que se les arruinaba la vida por no estar a la moda, y que para variar quieren demostrarle algo al mundo. ¡Basura! Aunque, debía admitir que no todas las rubias eran lo suficientemente tontas, y no había forma de que una psicópata como Rosalie fuera protagonista de un filme así. Ahora que estaba saliendo con su adorada sobrina todo su rencor hacia mí resurgió, y aunque yo no quisiera admitirlo en voz alta, me atemorizaba. Sin duda la Barbie podría ser estelar de una muy buena película de terror, una excelente terapia para Claire y su locura pre-adolescente.
Para mi decepción, Nessie eligió ver un filme de horror de producción independiente, hecha con poco presupuesto (muy poco presupuesto, en verdad). Aquellas donde las vísceras no son más que un montón de hule y la sangre esta elaborada con salsa de tomate.
Me hundí en mi asiento con fastidio, rogando por que los siguientes 95 minutos pasaran rápidamente. Preferí girar la vista a otro lugar que no fuera la pantalla, y me percaté de que la sala estaba casi vacía, a excepción de nosotros y otra pareja, quienes estaban más ocupados en otros asuntos que en mirar la proyección.
Me acomodé nuevamente en el asiento, ganándome la atención de Nessie. Sus ojos mostraban un brillo extraño y seductor, y no supe por que tuve que tragar saliva.
-Ya me aburrió la película.- me susurró.
-¡Excelente! Salgamos de aquí.- le respondí saltando de mi asiento, pero ella me tomó del brazo enseguida y me regresó a mi lugar.
-No estás entendiéndome. No quiero irme todavía.
-Entonces ¿qué es lo que…?
La voz se me fue de la garganta en cuanto vi que su boca se acercaba a la mía. Era como si una alarma resonara en mi cerebro. Sus padres, o pensándolo mejor, todos los Cullen me asesinarían, no sin antes esterilizarme, si se enteraban.
Era una de las condiciones de Edward: nada de contacto físico exagerado, por el momento.
Y Nessie ya estaba besándome. La sensación era agradable, sumándose a la adrenalina que mi cuerpo desbordaba ante el evidente peligro. Mi mente me ordenaba parar, pero mi cuerpo obedecía a lo contrario.
Después de unos segundos comencé a corresponder a sus besos y caricias, extasiándome, olvidando poco a poco de hacerle caso a mi cerebro. Instantes más tarde ya estaba absorto a todo nuestro alrededor, concentrándome en el contacto de mi cuerpo con el de Nessie. De alguna manera todos mis sentidos se nublaron.
De pronto, sentí un adormecimiento en mi columna, ya que una mano fría se posó entre mi hombro y mi cuello.
-Los quiero a los dos afuera, ¡ahora!- nos susurró una voz, que no era otra más que la de Edward Cullen.
Lo primero que experimenté tras verme descubierto fue vergüenza, pues el chupasangre nos detuvo cuando mis manos se colaban bajo la blusa de su hija; luego fue pánico, ya que no estaba seguro de lo que podría hacer ahora que había roto sus reglas; y por último, furia, porque si nos poníamos a hablar de normas, el también había infringido una al seguirnos.
No pude evitar insultar a la sanguijuela en mi mente. Se suponía que de algún modo éramos amigos y había confianza, y él me había mentido descaradamente al decir que no iba a espiarnos.
-Cuando se trata de mi hija, las cosas son muy diferentes, perro.- dijo Edward respondiendo a mis pensamientos. -Y por tu bien, espero que te abstengas de usar ese lenguaje frente a ella.
¡Vaya! No me había dado cuenta de que tan extenso podía ser mi repertorio de insultos cuando de trataba del chupasangre.
Fuimos al estacionamiento, donde su flamante Volvo permanecía a lado de mi auto. Tenía que elogiarlo esta vez por haber logrado ser imperceptible para mis agudos sentidos, aunque posiblemente aquello era mérito de Nessie.
-Papá, ¡lo siento!- le dijo Renesmee a su padre con voz melosa y ojos tiernos. Enseguida, el semblante de Edward se ablandó.
¡Demonios! ¡Como me gustaría causar ese efecto en él también!
-¡Lo prometiste, papá!- le recriminó Nessie.
-Lo recuerdo, nena, pero tu madre me insistió. Estaba preocupada.
¡Claro! ¿Por qué no me imaginé que todo era por causa de la aprensiva Bella? Y Edward siempre era el malo de la historia.
-De cualquier forma, vamos a tener una charla familiar con ustedes dos, para que analicen su comportamiento de esta tarde.- concluyó Edward.
Subí a mi coche, y Nessie tuvo que viajar en el Volvo con su padre. Me fastidiaba la idea de la charla familiar. Ni siquiera permitía que Billy me sermoneara.
Llegamos a la casa de los Cullen, y la asamblea no se hizo esperar. ¿Por qué tenían que estar todos presentes? Me hacía pensar que nadie en esa familia de locos tenía intimidad.
Emmett se reía a carcajadas al enterarse de la situación en la que Edward nos había encontrado, lo cual no nos hizo gracia a Bella y a mí, y ambos le lanzamos miradas asesinas.
Juro que estaba a punto de liarme a golpes con él, de no haber sido por la oportuna intervención de Jasper, quien creó un ambiente de relativa calma, luego el calvario empezó.
Yo trataba de distraerme con alguna tontería, como el bordado de las alfombras, o la gama de colores de alguna de las pinturas de la pared, mientras resonaban en el vacío de mi inconsciencia palabras como responsabilidad, todo a su tiempo y moral.
No sé porque no podían ver las cosas a mi modo, pues yo consideraba que el hecho de que Nessie tuviera poco tiempo de vida no significaba que fuese una niña. Su desarrollo psicológico y físico nunca había sido algo normal, y debían aceptarlo así.
Además, Edward y Bella no podían negar que ellos también se habían comportado bastante cariñosos durante su noviazgo, y aun en la actualidad.
El chupasangre carraspeó al escuchar mis pensamientos, y dio por terminada la conversación. Opté por irme a mi casa en ese momento.
Le dediqué a Nessie una sonrisa como despedida, pues no me sentía cómodo con todos los Cullen mirándonos. Ya había sido un día bastante difícil.
Salí de la casa, sorprendiéndome al ver que Edward me acompañaba hasta mi coche.
-Que no se repita lo de esta tarde, perro. Al menos… no en mi presencia.
-¿Quiere decir que no se suspenderán las citas?
-Aunque nos cueste trabajo a todos entenderlo, no hay una mejor opción que tu para Nessie.
Sonreí agradecido, y Edward me devolvió el gesto.
-Prometo que no se repetirá si tu o algún otro Cullen no vuelve a seguirnos.
-Es un trato.- afirmó él mientras se encaminaba al interior de la casa.
Tal vez fuera una tarea complicada, pero podría llegar a acostumbrarme… ¿ó no?
FIN
¡Gracias a quienes se tomaron la molestia de leer y dejaron reviews!
Iba a publicar este capítulo como un fic independiente, pero lo reconsideré y lo agregué aquí mismo.
Ojalá les guste.
¡Hasta la próxima!
