Capítulo II
Juramentos de Honor
— Estos son los momentos cuando pienso seriamente apuntarme para las Guerras del Imperio...
Sí. Carnicería en todo su esplendor. Muerte, acompañada con la gloria...
Bebió un trago más de su rico y bien helado licor. Algo que jamás se lo quitarían, jamás. Y algo que reinaba en todas las ciudades. Él no era para esas cosas. Adoraba la compañía, pero ojo, la buena compañía. Talvez la vida militar no era lo suyo, pero un soldado tenía todo un séquito que lo apoyaba y le salvaban de las malas compañías. Estaban en la terraza de un café en la opulenta ciudad luz. Por supuesto, él no poseía dinero. Pero Selene, que había terminado su misión en Lighthalzen al dar su paquete en una compañía, recibió 400,000 zennys. Luego con otro paquete que si lo regresaba a tiempo una vez más en Rachel, tendría otros 400mil.
Era mucho más de lo que el conseguía en un año.
Pidió otra bebida.
Al menos ahí se desquitaría.
— Esta ciudad es muy hermosa, me encantaría vivir en cualquiera de esas mansiones... —dijo Navi, con un gran pedazo de pastel enfrente.
— La detesto —murmuró el bardo, neutro.
— ¿Por qué? ¡Si es preciosa!
— Claro, si tienes dinero lo es. Pero cuando no...
— Ah, y me lo dice el desempleado...
— Cállate. Tú eres tan pobre que prácticamente vas desnuda por la calle...
Navi hizo el ademán de tirarle algo en la cara pero Selene, que estaba sentada a su lado la detuvo, posando su mano en el hombro.
Merick soltó una sonrisa, pensando que no sólo la música es capaz de calmar a las bestias.
— Recuerdo que hace mucho tiempo —dijo Selene, centrando su atención en el músico—, cuando eras un arquero y te conocí en Izlude, me decías que eras de Lighthalzen, ¿verdad?
— ¿Aún te acuerdas?
— No entiendo por qué no te gusta —Selene ignoró por completo su comentario sarcástico—. Si acá es tu hogar...
— Yo no tengo ningún hogar en Lighthalzen. Nací aquí, que es muy distinto. Pero cualquier cosa es mejor.
— Ah, un trotamundos... —dijo la sage, con una sonrisilla burlona.
— ... ¿Eres de los suburbios? —murmuró lentamente Selene, atentó a él.
— ¿Qué son los suburbios? —preguntó unos segundos después la saga, notando que se había hecho un silencio entre esos dos.
— Nada qué te importe —dijo Merick de mala manera.
— ¡Qué grosero! ¬¬
Selene embozó una sonrisa.
Él seguía siendo tal y cual lo recordaba. Por supuesto, antes no existían esos rasgos tan marcados arriba de su boca o en su frente. Pero en esencia... era la misma persona. Su humor ahora era algo más cínico pero el timbre de la voz más profunda y musical, siendo digno a la estirpe de su profesión. Era una lástima que ahora la empleara en forma ruda contra Navi. Su pelo corto caía descuidadamente sobre la frente, de aquel color semejante al trigo, entre rubio y café claro, indefinidos según cayera sobre él la luz del sol.
Pronto su misión estaría hecha. Nada más necesitaba ir a visitar a la recepción de la Inn de la ciudad para obtener la dirección del sujeto que iría a visitar en Rachel. Al fin, luego de semanas, terminaba todo eso. Su bolsillo estaba feliz. Ser paciente vale lo suyo y era una gran suerte contar con Navi. Si bien era torpe para todo era una excelente amiga y compañera.
Al principio le preocupó porque no estaba del todo convencida de cómo sería ser niñera y al mismo tiempo mantener constante su misión. Sería muy difícil parecer de confianza cuando detrás de ella aquella niña rompiera algún cuadro o quemara las sillas. Merick le hacía un gran favor. En un momento más, cuando acabaran de comer, le dejaría como niñero de la saga. Él no era tan paciente pero ya sabía lo responsable que se tomaba las cosas. Sonrió. Iba a ser una tarde muy divertida para el pobre, definitivamente.
Además, utilizaba su billetera al pedir bebida tras bebida. Así se desquitaba.
— ¿Bozal? ¿Correa? ¿Aquellas galletitas en forma de hueso?
— Sólo mantenla lejos de problemas —le dijo Selene, cuando se disponía a iniciar su recorrido por la ciudad arriba del peco.
— No lo sé, Selene... no se me da mucho trabajar con niños. Menos si son anormalmente grandes.
— Cántale algo y haz que se entretenga un rato, Mer... Cuando está en la ciudad por lo general es más calmada.
Observaron a la saga que, para entonces, jugaba con una banca en el parque, mordiendo y quemándola. Ya estaba chamuscada en varias partes. Les miró y les regaló una gran sonrisa antes de volver a lo suyo, cual mono en su ramita.
— No sé de dónde chingados lo dices...
— Je... —Selene rió por lo bajo, empezando a alejarse—. Nos vemos aquí a eso de las seis, ¡mucha suerte!
— Huyó —dijo Navi a su espalda, sacando la sonrisa. Merick se volteó, sintiendo un deje de desconfianza cuando vio un brillo de locura en esos ojos azules.
Cuidar a esa niña fue quizá peor de aquella vez que se vio obligado hacerles un show privado a aquellas ancianas en Geffen, cuando tenía catorce. Al menos había comida de por medio, o descansos. Incluso buenos pagos. Pero no. Con que la policía no los atrapara talvez era más que suficiente. Navi había resultado ser una hechicera con magia modesta, pero demasiado hiperactiva y la utilizaba hasta en las mayores tonterías. Había congelado a un perro. Había robado un gato. Casi se come al gato y casi hacen que la maten cuando corrió al interior de las tienda de armas y al chillar "¿¡Qué es esto!?" cogiera un hacha rompiendo medio escaparate y el whitesmith encargado le amenazara que pagara o rodarían cabezas.
Jamás pagó nada. Eran prófugos, por así decirlo. Así que Merick, luego de darle nerviosas miradas alrededor —comprobando que estaban solos— se permitió suspirar. Talvez debería de noquearla pero se imaginó la cara de Selene... No le haría nada pero aguantaría todo su sermón y no era precisamente afán de las iglesias. Su pie se sintió helado y vio que el césped estaba congelado. Al parecer, la saga improvisada una pista de hielo, ahí, en algún rincón del parque. Miró ansiosamente el reloj de la torre que se divisaba entre los árboles.
— 5:15...
— ¡Tengo ganas de comer algo!
— Si te quedaras quieta no tendrías hambre.
— ¡Anda, quiero hacer algo! ¡Enséñame algo divertido!
Merick soltó un gruñido. Vaya, si no cabía en razones. Talvez si le tiraba un juguete como linda animalita se quedara tranquila.
— ¡Tú sabes de esta ciudad, así que enséñame algo divertido1
¿Algo divertido? ¿Cómo dejarla amarrada y ver con delicia como se alejaba en el trasbordador aerostático, tal vez? Sí, eso sí sería divertido. Hasta tomaría fotos y lo recapitularía en una más de sus antologías, para sonreír en momentos de vejez. Ausentemente, dirigió su mirada al aeropuerto. O talvez, que sea él el que se fuera...
— Nunca me he subido a uno de esos... —murmuró Navi, viendo como se alejaba un hermoso dirigible rumbo al cielo, perdiéndose entre las nubes.
— Dormitorios, casinos... es como un Comodo en miniatura, salvo que no tiene piscina.
— ¿Comodo? ¡Siempre he querido ir ahí! —exclamó maravillada. Por alguna razón aquel comentario picó en el orgullo del trovador, sonriendo negligente.
— Creo que todos... Es uno de los lugares más hermosos del mundo...
— ¿Tu has estado ahí? —preguntó ella.
— Bueno —frunció el ceño—, fue ahí donde aprendí los principios de trovador...
— ¡Debe de ser genial vivir en las playas!
— Lo es —su sonrisa fue sincera, recordando viejos tiempos.
— Entonces... —Navi se acercó a él, ladeando su cabeza— ¿Por qué te fuiste de ahí? ¿No eras feliz?
— No es eso... —suspiró, mirando una vez más el aeropuerto y la cantidad de personas que iban y venían de él—. Jamás me quejé. Yo ganaba muy bien pero... me di cuenta de que era demasiado joven y el mundo es muy grande. Soy un simple viajero que recolecta historias de aquí y allá. Y créeme, enana, cuando una vez inicias es difícil detenerte...
— Entonces, ¡vamos a Comodo! —sin más agarró del brazo al trovador y lo jaló con una fuerza que este no creyó capaz de que venía de una suavecita niña. Eso o es que estaba sorprendido.
— ¿Qué haces?
— ¡Vamos a ir a Comodo!
Se metieron al aeropuerto tropezando un par de veces con otros transeúntes. Merick parpadeó confundido, ¿qué planeaba ella?
— Claro, y dejemos a Selene sola en Lighthalzen. Me parece muy bien.
— No seas sarcástico, ¡no creo que nos extrañe! Además, sabe que puedo cuidarme perfectamente sola.
— Eso repítemelo cuando aquel whitesmith nos vea y venga a matarnos.
— Pff... ese viejo era demasiado sentido, es todo...
Merick se sentó en la banca para observar como la muchacha se ponía a jugar con otros niños ahí cerca. Al menos observaba muy bien el reloj. Faltaba media hora para terminar su trabajo de niñero. Lo mejor sería regresar. Pero cuando llamó a Navi ella se excusó de que haría una parada técnica al baño. Se sentó con la mirada perdida en la taquilla. Pasaron cinco minutos. Se sumaron a unos seis. Ya hacían ocho...
¿Dónde se metió?
Se acercó a la puerta de damas y se cruzó de brazos. Nueve minutos... pronto más y serían diez...
— Señorita —le dijo a una aeromoza que estaba cerca, mirando la lista de pasajeros del vuelo de las seis. Esta levantó la vista y le sonrió, acercándose—. Disculpe, pero parece que perdí a alguien mas no sé si estará en el baño... ¿podría entrar, por favor?
— Claro, ¿cómo es?
— Pues... —y señaló su estatura, que era un par de cabezas más baja— mide algo así. Es una saga con la ropa azul clara, cabello blanco, ojos azules y orejas puntiagudas. Responde por el nombre de Navi...
Ella parpadeó y miró su lista.
— Alguien con esas características se subió al avión hace apenas... siete minutos.
— ... Imposible, si jamás compró boleto, ¡estaba con ella!
— Es de las últimas en mi lista... tengo registrado que eran de los últimos boletos que se vendieron... —miró con nerviosismo al bardo, el cual miraba con preocupación el andén del avión. Sí la creía muy pendeja para irse, joder— A ver... déjeme buscarla, talvez estoy equivocada...
Iba abrir la boca para decir muy bien cuando el altavoz lo cayó, avisando la 3da llamada para los pasajeros de las seis. La aeromoza se metió rápido y, transcurridos unos segundos donde se oyó la 2da llamada, salió, regalándole una sonrisilla nerviosa...
— Está solo...
— ... ¡Mierda!
Selene lo despellejaría y haría un bonito tapete para Samy. Se golpeó la frente con un sonido bastante frustrado.
— ¿A dónde va este vuelo?
— A Juno... Eh, disculpe, ¿está usted bien?
— La verdad, no. Se supone que la estoy cuidando pero... Dios, ¡me va a matar su madre si regreso sin ella!
— A ver, espere. Veré que puedo hacer... acompáñeme, por favor.
Se fueron al andén donde varias aeromozas guardaban en las puertas. Con rapidez dio aviso de una niña que esta arriba sin permiso. Aún quedaban cinco minutos para que el vuelo fuese oficial y despegara. Merick se subió de un salto y, con la ayuda de ellas, buscaron con rapidez las vías mas visibles en el avión. Pero imposible, había tanta gente que nada que envidiar a aun estadio. El bardo, confiando de que estaría en la zona del casino, buscó rápidamente entre las mesas. Lo acompañaba la aeromoza, que lucía también preocupada.
— ¿Es su hija?
— Soy su niñero... Pero diablos, ¿por qué tuve que perderla de vista? ¡Sólo iba al baño y mire...!
— SEÑORES PASAJEROS, LE DAMOS LA BIENVENIDA AL CRUCERO EXPRESS VIA INTERNACIONAL LIGHTHALZEN-JUNO. AGRADECEMOS SU PREFERENCIA CON NOSOTROS. VAMOS A DESPEGAR EN DOS MINUTOS. REPITO, DOS MINUTOS. ASEGURECE DE TENER TODO EN SU LUGAR. GRACIAS.
— Oh, ¡ahí está! —exclamó la aeromoza al ver la cabecita blanca entre la gente, moviéndose muy alegre.
Merick se volteó tan rápido que chocó contra un señor semejante a una pared. Este le miró y sonrió.
— ¡Hey, jamás me avisaron del entretenimiento en vivo!
— Permiso... —intentó rodearle pero le bloqueó el paso.
— ¡Anda! ¿Qué es lo que planeas cantar? Te pido cumbias, son mis favoritas...
— ¡¡¡A un lado!!!
Lo empujó, dispuesto a correr hacia Navi, ¡Porque sí, era la maldita desgraciada! Y claro, como el dinero del boleto no le costaba... ya que ni era de ella... lo hacía para verlo sufrir. Se sintió colérico cuando miró en su perfil la sonrisita psicópata. Juró que le observó. Pero la mano del hombre-pared lo detuvo.
— No me gusta que me contesten, ¡y menos un mozo!
— UN MINUTO. REPITO, UN MINUTO. GRACIAS.
— Señor, ¡deje al joven! —pidió la aeromoza. Merick no se hizo del sufrir y golpeó la manopla del otro. Corrió como pudo entre las mesas. Tropezó con una joven cayendo los dos al suelo. Al diablo las formalidades. Se levantó trastabillando y saltó los escalones, llegando al puente principal. La vio. La muy condenada. Había bajado y observó su manita saludándolo. El lugar estaba lleno. Todos se arremolinaban en las orillas despidiéndose de sus familiares. Saltó, buscando una posible vía de escape. Ahí, ¡ahí estaba!
Y sintió un temblor que le hizo perder el equilibrio. Oh. No.
— SE HAN CERRADO TODAS LAS COMPUERTAS. DISFRUTEN DEL VIAJE.
— ¡¡¡¡YO ME BAJO!!! ¡¡¡¡A UN LADO!!!!
— GRACIAS.
— ¡¡¡¡ESPEREN!!!!
Llegó con un azote a la compuerta recién sellada. Cogían altura. Cogían altura con puta rapidez. Un par de metros, ¡aún no era muy tarde! Se inclinó a frente pasando medio cuerpo dispuesto a saltar. ¿¿¿Qué importaban un par de costillas rotas??? ¡¡¡¡LA IBA A MATAR!!!!
Un par de manos lo cogieron de la cintura y varias personas lo observaron con una mezcla de miedo y sorpresa. Intentó empujarse y, literalmente, sacó el cuerpo entero pero las dos manos pasaron a ser cuatro, luego por seis... cintura, brazos y piernas y de un sonido seco cayó en cubierta del avión. Pensaron que estaba loco y que una fobia a alturas era la causante, así que intentaban calmar al hombre que cada vez estaba más y más histérico, blasfemando con una voz tan audible y clara como si fuera un cantante en repertorio.
Aun, cuando ya estaban a la altura de las nubes no dejó de maldecirse ni de golpear con dureza el pasamanos de la cubierta, consiente de que era el centro de atención. Estaba de acuerdo que si bien había sido algo extremo, estaba tan seguro de que si ellos se encontraran en su situación, también habrían intentado arrojarse del avión... Dio un recio resoplido, frustrado. Miró sin rumbo fijo allá abajo, jurando por toda su alma de si un día volvía ver a Selene y a aquella saga llamada Navi, las mataría. Haciendo de esta última un tapete.
