Capítulo #2
Mientras bajaba las escaleras (el ascensor era para los inactivos, ¡sí señor!) Squall echó un vistazo a la hoja que Quistis les había entregado: 10, 12...20 tareas en total. Algunas eran realmente un coñazo, se las quitaría del medio las primeras. Al llegar al último escalón su estómago emitió ruidos de protesta. Squall se paró en seco.
Vale, tengo hambre – pensó – creo que ha llegado la hora de pasar por la cafetería.
Y la verdad, no le apetecía mucho. Había pensado tachar alguna tarea antes de las 15:00 pero parecía que su estómago se había puesto en huelga.
Torció a la derecha y enfiló el pasillo que conducía a la cafetería. Normalmente era imposible caminar por ese pasillo debido a la cantidad de alumnos que lo transitaban diariamente, pero ahora estaba desierto , seguramente debido a que faltaba todavía bastante para la hora normal de comer.
Squall se reprendió mentalmente:
- Dentro de dos horas volveré a tener hambre y tendré que comer algo otra vez. ¡Qué pérdida de tiempo!
Se imaginó hinchado de bocadillos e incapaz de levantar la espada por miedo a echar hasta la primera papilla. Una forma excelente de empezar los exámenes. Los bocadillos de la cafetería siempre le llenaban mucho, casi igual que los helados
(¿helados?)
en verano, al lado del faro
(¿el faro? ¡Balamb no tiene faro!)
- Squall, ¿vienes al faro?
- No, estoy esperando a Eleone.
(¿Eleone?)
Squall se quedó parado como si un rayo le hubiera atravesado la cabeza. ¿Eleone? No conocía a nadie que se llamara así. Entonces, ¿por qué cuando pensaba en ese nombre le dolía tanto la cabeza? Ni siquiera recordaba haber tenido esa conversación sobre el faro, pero le resultaba vagamente familiar, como una sensación de déjà-vu. Pensar en Eleone y el faro le hacía sentirse como si intentara abrir una puerta atascada en su cabeza. Había algo más detrás, pero no podía llegar a ello.
En su ensimismamiento, Squall se había quedado parado en medio del pasillo como una estatua al menos cinco minutos. No fue consciente del paso del tiempo hasta que alguien le dio un brusco manotazo en el hombro.
- ¡Eh, Squall! Debería amonestarte por bloquear el acceso a la cafetería.
Squall se giró todavía con la mente en otro lado para darse de bruces con Trueno.
¡Perfecto! El comité disciplinario. ¿Por qué serían elegidos Viento, Trueno y Seifer para este comité si eran los primeros en saltarse la disciplina? Trueno trataba de poner un rostro serio e imponente digno de su cargo, pero no conseguía borrar su perenne expresión bovina. Vamos, que Trueno muy listo no era y Squall estaba harto de su prepotencia.
- Sólo estaba pensando, ¿sabes lo que eso significa? - replicó Squall molesto por su hombro dolorido (cuando Trueno quiere llamar la atención, la llama).
- Claro que lo sé, es usar la cabeza.
- Pues deberías ponerlo más en práctica.
Y dicho esto, Squall dio preferencia a su quejumbroso estómago.
