Capítulo #5

Al abrir los ojos esperaba encontrarse la playa y el faro, sin embargo, encontró los árboles del patio cubriendo el cielo sobre él. Squall se desperezó lentamente, sintiéndose mejor después de aquel sueño tan revelador. Al intentar incorporarse notó que su codo rozaba una hoja situada a su lado. Squall cogió la hoja y la examinó. Era la lista de tareas que Quistis les había dado. Zell debía haberla colocado a su lado mientras dormía. Se preguntó cómo había sido capaz de dejarla sin que se despertara. Quizá le había subestimado.

Entonces fue cuando descubrió la pequeña nota al pie de la tarea número 10:

"Empieza por ésta, todo te resultará más fácil".

Squall no reconoció el tipo de letra, pues no era ni la de Zell ni la de nadie que él conociera. Pero después de todo lo que había pasado ese día no le dio demasiada importancia.

Se puso en pie y guardó la hoja en la cazadora.

- No me vendrá mal aceptar un consejo.

Se dirigió a la Zona de Entrenamiento sin demasiado prisa.

* * *

La Zona de Entrenamiento estaba prohibida para los cadetes menores de trece años. Para que los niños se entrenaran, los instructores cazaban monstruos de muy bajo nivel y los soltaban en un aula para que los chicos practicaran sus técnicas combativas. Al llegar a los trece años, se daba por sentado que los cadetes dominaban los requisitos mínimos de ataque y defensa y se les dejaba entrar a la Zona de Entrenamiento.

Squall recordaba que la primera vez que entró pensó que era un sitio enorme en el que era muy fácil perderse. Ahora, con el paso del tiempo y la experiencia, esa zona se le hacía pequeña y familiar. Sabía muy bien donde tenía que ir.

Tarea nº 10: Derrota a 20 Grats o en su defecto al Arqueosaurio en menos de 10 minutos.

Y debajo, escrito con la caligrafía desconocida:

Vence tus miedos

Squall se dirigió raudo a la zona central donde solía aparecer el Arqueosaurio. Al acercarse oyó el sonido del acero y el grito de un Grat al ser herido. Squall alzó la cabeza y descubrió a Seifer rematando al monstruo con la espada. Al terminar la faena se giró para comprobar quien acababa de llegar.

- Ah, eres tú, Squall. Pensé que sería otro admirador pesado que venía a preguntarme cómo derroté al Bégimo.

- Menos humos, Seifer. Para una vez que haces algo a derechas no necesitas tirarte tanto el pisto.

Seifer se giró completamente y le miró sonriente.

- ¿Eso que huelo es envidia? Bueno, todavía tienes una oportunidad de resarcirte. Estoy cansado de matar bichos inútiles, vamos a pelear un poco en serio. - Puso la espada en posición de ataque.

Squall no respondió a su amenaza y siguió mirándole.

- ¿No? Eres un cobarde, Squall. Siempre lo has sido. Acurrucado en los rincones, llorando y quejándote de tus desgracias, esperando que alguien te cogiera de la mano y solucionara tus problemas. Me das pena.

Squall abrió los ojos con sorpresa. ¿Qué sabía Seifer sobre su pasado? Porque estaba claro que se refería a la tal Eleone. Notó que las sienes comenzaban a palpitarle. Se aferró a la empuñadura del sable-pistola.

Estaba harto, iba a descubrir qué significaban esos sueños. Iba a acabar con toda esa incertidumbre que le rodeaba. Recuperaría sus recuerdos. Y para ello tenía que derrotar a aquel gallito. Sí, recuperaría su pasado.

Squall apretó la empuñadura de la espada y se abalanzó sobre Seifer con una sonrisa. Los recuerdos podían esperar un poco, ¿no?

FIN