2
Una antigua institución
- Joder, qué sueño...
La noche anterior apenas había conseguido dormir, y todavía me dolían los costados de los codazos de Len. Eso sin contar el extraño y agudo ruido que emitía cada vez que respiraba. Una hora más y habría conseguido volverme majareta. Bostecé. Encendí un cigarrillo y me dejé llevar por la pereza matutina.
- Pfff.
Me rasqué la cabeza por encima de la capucha. El edificio consorte de la Shattered no quedaba muy lejos. Un par de calles y estaríamos en la zona más oscura de toda Silvermoon. Caminamos por las calles, Len se mantenía a unos dos metros de mí, como si esperara que en cualquier momento me fuera a girar y la mordiera. Andaba cabizbaja, supongo que se estaría concienciando de lo que le esperaría momentos después. Giramos en la esquina de la última calle cuando de repente se hizo de noche. Era un tanto extraño, los toldos cubrían muy bien todas las azoteas y conseguían que no se filtrasen más que unos pocos rayos de luz. La temperatura bajó unos cuantos grados y el maldito sol dejó de cegarme. Me sentía bien.
Un par de brujos charlaban delante de la puerta de su cónclave. Uno de ellos llevaba un furby gigante de color azul con cara de pocos amigos, mientras que el otro tenía de mascota una especie de mujer en paños menores que se autoflagelaba con un látigo.
"Malditos brujos pervertidos... ", pensé.
Dejando al lado a los taumaturgos con su voidwalker y su sucubus, me centré en un portón de madera bastante carcomido y golpeé tres veces con la arandela oxidada que colgaba de la misma.
Poc poc poc.
- Cuando el grajo vuela bajo… - se escuchó desde dentro.
- Hace un frío del carajo. - contesté.
La puerta se abrió con un sonido realmente desagradable que hizo que apretase los puños, y dejó ver el interior de la sala, donde unos novatos practicaban con su instructora. Mi amiga la pija se quedó alucinando, como si acabase de ver a un gnomo montado en un kodo. En ese caso te preguntarías qué le había pasado al tauren que lo montaba, o simplemente si el maldito gnomo se lo había robado mientras dormía. Bueno, eso ya no viene al caso. Di unos pasos dentro de la sala y una voz reclamó mi presencia.
- ¡Mírale, si es nuestro amigo Shin!
"Ya empezamos…" , pensé.
Hice un gesto a Len para que se acercara.
- Mira, tengo unos asuntos que tratar; además, tardaré un rato en terminar de inscribirte. ¿Por qué no vas a que te enseñen algo? – le propuse.
Silbé. Silbé tan alto que incluso los novatos se quedaron mirándome.
- ¡Shin, cariño!
Me llevé las manos a la cabeza por no haberme dado cuenta de quién era la instructora. Otra pérfida mujer cercana a los treinta años y adicta al martini seco. Tenía un tono de voz muy diferente al que acostumbraba a utilizar, tan agudo que se parecía al ruido que hace una uña rascando una pizarra. Se lanzó a mi cuello, me aparté con un gesto ágil y la sujete con mi brazo por encima de sus hombros.
- ¡Eh! Relájate, Cel, ¿quieres?
Hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
- Te he traído trabajo. Quiero que conviertas a esta chica en una buena asesina, ¿entendido?
Su cara cambió por momentos, parecía que se había comido un limón. Echó una mirada de odio a Len, algo así como si la acabaran de despertar a las nueve de la mañana un domingo con la maldita aspiradora, o hubieran dejado el cartón vacío de leche en la nevera. Me di cuenta de que llegarían a ser muy, muy, pero que muy buenas amigas. Dejando a mi compañera la cantante con la tía loca de las dagas, les dediqué un bonito gesto de manos y salí de la habitación.
- ¿De verdad quieres que la inscriba?
- Completamente seguro.
- Vaya, yo que tenía la esperanza de volver contigo de misión…
- Hmmpf, no es mi novia ¿vale?, ni nada mío. Digamos que es algo... personal.
- Bueno en ese caso...
Mi amigo Nerisen refunfuñó, cosa muy normal en él debido a su actual trabajo de pisapapeles. Se pasaba la vida quejándose de los ires y venires de la gente. Se animó bastante cuando le recordé aquella ocasión en la que un ogro por poco lo convierte en hamburguesa de blood elf, aunque a decir verdad, me hizo mucha más gracia a mí que a él. Me comentó que tenía mucha faena con la cantidad de misiones que llegaban desde Orgrimmar. El trabajo se había multiplicado por cinco en las últimas semanas, a lo cual contesté:
- Lástima que los sueldos no se hayan multiplicado también por cinco.
Pasamos un par de horas charlando sobre cosas de nuestra juventud y anécdotas sobre cómo metía la pata una y otra vez y su amigo Shin venía a salvarle el trasero. Cuando estábamos terminando la conversación, dijo medio riéndose:
- Bueno Shin, tampoco han sido tantas.
- Oh, ya lo creo, me tendrías que pagar un plus como guardaespaldas.
Cuando estaba a punto de irme me ofreció una idea que no pude rechazar. En vez de idea podríamos decir una copa que no pude rechazar. Me recosté en una de las sillas y crucé mis pies por encima de la mesa de juntas, cosa que no le hizo mucha gracia a Nerisen, pero, ¿qué iba a decirle al tío por el cual todavía seguía vivo? Torció el morro y se limitó a leer la misión que acababan de entregarle. No era normal en él que hiciese ese tipo de cosas.
- Eh, Nerisen, déjate de gilipolleces, ¿quieres? ¿Qué coño te pasa?
Se ponía nervioso por momentos, sudaba tanto que pensé que llegaría a deshidratarse, así que como buen amigo que soy me levanté y le enjuagué el cogote con un vaso de agua.
- ¿Pero qué…?
- Vamos, no hace falta que me des las gracias.
Con la cara a cuadros y una expresión desalentadora me pidió de nuevo que me sentara.
- Te advierto que no tengo la intención de perder el tiempo.
- Está bien Shin... te... tengo una misión… una misión muy especial para ti.
- Eso ya me gusta más, habla. - apoyé los codos en la mesa y me incliné para escucharle mejor.
Nerisen se llevó la mano a la boca con lo cual apenas pude escucharle cuando balbuceó.
- Habla, tucho, que no te escucho. - dije con un cierto hilo musical mientras me balanceaba sobre dos patas de la silla.
Cuando habló de nuevo escuché algo que no tenía mucho sentido.
- ¿Robar un qué?
- Un Naaru, Shin, un Naaru. Es una especie de criatura de la luz.
- Aham... – asentí con pocas ganas.
- Lo tienen... debajo del cuartel general de los bloodknight.
- ¿Qué?
Por poco me caigo de la silla. Una misión para un solo hombre, infiltrarse en el mayor bastión de los elfos y salir de allí con un bicho de la luz con forma de cencerro. Como poco parecía un suicidio asegurado. Estaba a punto de rechazar la oferta cuando delante de mí apareció una gran bolsa que al peso y la cara de esfuerzo de mi amigo debía contener al menos mil monedas de oro. Me dejé llevar por el color del dinero, amarillo, resplandeciente... podría decir que incluso fresco, si es que el dinero puede ser fresco. Bajé los pies de la mesa enseguida.
- Dime, Nerisen, ¿cuánto dinero hay aquí?
- Unas... mil quinientas monedas de oro.
- Ya veo… ¿me pagarán por adelantado? - sonreí pícaramente.
- No, Shin. Es sólo un... incentivo. Una décima parte de lo acordado por el trabajo.
En ese momento el cielo se abrió y bajaron hacia mí cientos de ángeles batiendo sus tiernas alitas mientras una mujer semidesnuda tocaba un arpa y parecía decir... bueno, todos sabemos qué podría decir una mujer semidesnuda. Cuando desperté de mi mundo de fantasía y firmé el contrato, me di cuenta de que realmente sabía muy poco de la misión. Sobre los detalles que me dio Nerisen, deduje que el Naaru medía unos cuatro metros y medio de alto por dos de ancho, y que la sala circular en la que se encontraba estaba guardada por al menos cuatro caballeros y cinco magos.
- Lady Lyadrin partió al frente, así que no tendrás por qué vértelas con la matrona.
- Eso está bien, esa vieja me traería muchos problemas.
Tenía un codo clavado en la mesa de juntas y la otra sopesando mi barbilla. Iba a necesitar un buen reductor goblin si quería meter aquella discoteca andante en mi mochila, y unas gafas de sol para no quedarme ciego. Mi amigo acababa de marcar en el mapa un lugar muy poco indicado.
- Creo que la mejor opción sería entrar por aquí. – concluyó.
Le aparté la mano de un golpe y le sugerí que mejor no creer nada.
- Tú reza unos padre nuestros y déjame a mí el trabajo sucio, ¿quieres?
Me encendí un cigarrillo mientras seguía dándole vueltas al último plano que tenía la Shattered Hand sobre el complejo. Tenía una entrada lateral guardada por dos guardias que rotaban cada seis horas, otro par de guardias en los extremos de unas escaleras y la idea de que unos cuantos magos estuvieran reteniendo al Naaru.
- Estarán demasiado ocupados con el hechizo de contención como para darse cuenta. - suspiré
- Puede ser.
- ¿Cuento con algún efectivo de apoyo?
- No. Si te cogen, la Shattered no responderá por ti ni por la misión.
- Cojonudo, empezaba a echar de menos estas misiones. - le eché el humo a la cara, lo que provocó que tosiera descontroladamente.
- Cof... cabrón... cof…
- Cómeme el culo.
Me levanté de la silla y me dispuse a salir cuando Nerisen me sujetó por el brazo.
- Shin, la entrega será en algún lugar de Ghostlands, imaginamos que cerca deTranquilien. Ten cuidado…
Parecía realmente preocupado, incluso más de lo que estaba yo. Le puse una mano sobre su hombro y sin mediar palabra salí de la habitación, dejando allí por unos momentos todo lo que tenía que ver con la misión.
- A ver... dónde se habrá metido esta cría...
Miré en la habitación de entrenamiento y encontré que la clase había terminado. Cel andaba distraída recogiendo la sala y los alumnos se amontonaban en el suelo al fondo de la estancia. Allí estaba Len, hablando con dos alumnos más, visiblemente algo nerviosa. Tracé en mi mente unas cien rutas alternativas para tratar de evitar a Cel, aunque la mejor que se me ocurrió fue matarla mientras se agachaba a recoger un cojín. La más políticamente correcta fue atravesar como un rayo el parquet en línea recta.
- Vamos, tenemos que irnos.
Agarré a mi amiga por la solapa y la levanté. Abrió los ojos como lo haría un sapo, era obvio que estaba totalmente distraída con otra cosa. En ese momento Cel se giró y se volvió a enganchar a mi cuello.
- Shiiiiin cariñooo, ¿qué haces esta noche? Podríamos ir a tomar algo…tú y yo... ya sabes, como en los viejos tiempos.
- Me temo que a Shin ya no le interesan las viejas... historias. – soltó la pija con el mismo tono de voz insinuante que la instructora.
Entonces sentí como una bocanada de aire en forma de carcajada se movía entre mis costillas.
- ¿Qué insinúas, niñata?
- ¿Yo? Nada... que Shin está ocupado conmigo esta noche...
Por unos momentos pensé que a la pelirroja se le había ido completamente la olla, aunque la que parecía desquiciada era Cel. Me di unas palmaditas en la espalda por haber enseñado tan bien a mi alumna.
- ¡Maldita zorra!
La instructora se abalanzó sobre Len poseída mínimo por Archimonde. En su ataque de ira logré sujetarla con fuerza por las muñecas, y vaya que la sujeté fuerte: apenas podía frenarla. Anotación mental: si alguna vez estoy en grave peligro y tengo a Cel cerca, flirtear con el enemigo para ponerla celosa.
- No te metas entre dos enamorados.
- ¡Te mataré, puta!
- Vamos Shin, cielo… y tú, deja de molestar a mi novio.
Aquello pasaba un poco de castaño oscuro, incluso Nerisen salió de la sala de juntas alarmado por tal escándalo. Lo siguiente fue una retahíla de insultos que harían llorar al mismísimo Rexxar de haber estado delante para escucharlo. Creo que incluso una de las veces se cagó en la madre natura, no me preguntéis por qué. A la voz de Nerisen de que me fuera, mientras unos cuantos alumnos y él conseguían reducir a la loca desatada, salimos del edificio con el corazón en un puño.
Nos reímos, nos reímos como nunca nos habíamos reído. Hacíamos bises por la calle y nos sentábamos en la acera para descansar un poco. Len conseguía imitar de manera muy realista la voz casposa de Cel, y era algo que lograba hacerme revolcar por el suelo. Cuando conseguimos reponernos de nuestra épica batalla, me di cuenta de que estábamos muy cerca del bazar.
- Es hora de que te cambies esos modelitos por algo más cómodo. Eres la primera asesina que conozco que calza falda y tacones para trabajar, a pesar de que también podrían ser considerados armas arrojadizas pero... no es la mejor opción.
- ¡Síii, nos vamos de compras!
Un poco más y las pequeñas chispitas que salían de sus ojos habrían acabado por chamuscarme la capa. ¿Qué coño se creía que íbamos a comprar? Un par de trapos con muchos bolsillos y estaría lista. Me lamenté por no conocer a ningún gran diseñador de moda que confeccionase trajes de asesino, aunque me temía la discusión que vendría momentos después. Me limité a sonreír y añadir:
- Síii, claaaaaaro. - silbé descaradamente.
Cuando desde lo lejos divisamos un puestecillo roñoso en medio de la Plaza del Sol, Len empezó a olerse algo, y cuando nos agolpamos con toda la gente que hacía cola en aquel comercio creo que el olor a mierda le dio de lleno en las narices. Y por qué no decirlo, a mí también me llegó ese tufillo.
- ¡Ouch! ¿Pero qué...?
- Ten cuidado, aquí la gente no se anda con miramientos. ¡Esto es la guerra!
Me abalancé sobre dos o tres personas situadas cerca de una canasta enorme con camisas, casi haciendo cabriolas. Perdí de vista a Len por unos momentos, por lo que supuse que después de un par más de trompicones había decidido esperarme fuera, y allí es donde la encontré. Yo sudaba a mares y estaba jadeando.
- ¡Vamos, que no es para tanto! Mira qué ropa más cómoda.
Sostenía en una mano un pantalón pirata con varios bolsillos bastante grandes a los lados, de color negro, y una cadena por cinturón. En la otra una camiseta bastante ligera y amplia de color blanco. Ni parpadeó. Por unos instantes me pregunté si estaba delante de una estatua que se parecía mucho a Len o realmente era ella la que me miraba con una pasividad inmutable.
- Eeeeh... son para ti.
- ¿¡Qué!?
- Ya decía yo que te quejabas poco...
- ¿¡Pretendes que me ponga eso!?
- No, que te lo comas. - dije lo más serio del mundo, aunque no pude evitar reírme a carcajada limpia unos segundos después.
- ¡Qué horterada, por Dios!
- Tú si que eres hortera. - concluí.
Seguimos discutiendo durante un buen rato mientras caminábamos; bueno, la cosa era que ella hablaba a gritos y yo me limitaba a soltar algún gruñido de vez en cuando como muestra de mi total desaprobación.
- Necesito sacar dinero del banco, así podré comprarme la ropa que quiera.
- Sí claro, así de fácil: hola buenos días, soy Lenhyra, la cantante de pop muerta, y he venido a sacar mi dinero. No se preocupe, los bloodknights de la puerta son amigos míos… uff, seguro que suena muy creíble.
- ¿Entonces qué… qué se supone que debo hacer?
Parecía totalmente desconcertada, le estaba afectando mucho todo lo que había pasado y todavía no tenía la cabeza fría para saber diferenciar entre aquello que le estaba permitido o no hacer en su nueva vida.
- A ver... yo tengo dinero, no te preocupes por…
- ¡Pero yo quiero mi dinero! ¡Para eso lo gané! Iré de todas formas.
La sujeté del brazo para increparla.
- ¡Idiota! ¿No ves que no es tan fácil? Cualquiera podría reconocerte y dar la voz de alarma si vas por ahí dando tus datos personales.
Empezó a hacer pucheros, y todo el mundo sabe que cuando una mujer hace pucheros a un hombre se le estremece, aunque sea un poquito, el corazoncito que lleva dentro. Intenté hacer que no la veía, así que cada vez hacía más ruido con los morros.
- Vaale,vale, está bien, deja de llorar, ¿quieres? Déjame pensar...
Saqué un cigarrillo y lo encendí. Dos de cada tres asesinos recomiendan la nicotina como sustitutivo del atún para estimular el cerebro, contando que esos tres profesionales éramos Cel, Nerisen y yo. Pensé en distraer a los banqueros y que Len se introdujera en la cámara, aunque mi traje y las pocas habilidades de ella me hicieron reconsiderar qué papeles tomar.
- Ok, tengo una idea.
- ¿En serio? - dijo bastante animada.
- Nah, sólo lo digo por fastidiarte un rato.
Di un par de pasos haciendo entender que hablaba en serio, para pararme después delante del banco.
- Mira, tu misión es bien fácil, así que procura no cagarla. Sólo tienes que distraer un rato a uno de los banqueros y conseguir que te abra la caja fuerte. ¿Podrás hacerlo?
- Pero, pero, pero...
- Qué extraño, hace unos segundos no eras tartamuda. - sonreí.
- No se me da bien eso de...
- ¿Engañar? ¿Mentir? ¿Distraer? - no le dejé terminar la frase. - ¿No eras actriz o algo así?
- ¡Sí, he hecho un par de películas, pero esto es algo muy diferente, se trata de…!
- Pfff, estamos apañados.
Me rasque la cabeza por encima de la capucha, parecía que iba a ser mucho más difícil que robar el Naaru. A esas horas de la mañana, el banco estaba a rebosar de gente.
- Oye Shin… ¿y si volvemos en otro momento que no haya tanta gente?
- Dios... que verde estás...
- ¿Qué?
- Contra más gente haya más fácil me será meterme en la cámara acorazada, ¿no crees? Ninguno de los dos levantará grandes sospechas.
La sujeté de la cintura y la coloqué detrás de una vieja que andaba distraída en la cola más cercana a la pared de la derecha. Me deslicé oculto entre las sombras, pegado a la pared para no tropezarme con ningún currito. Los guardias ni me olieron, pareció que todo iba bien. Doblé la esquina y me agaché debajo de un teléfono público. Parecía que Len estaba consiguiendo relajarse poco a poco. Recé las pertinentes oraciones deseando que no tartamudease, tropezase, o matara a alguien por accidente, cosa poco probable, y lo más importante de todo, que no diera su nombre. Cruzó la línea que marcaba el paso del siguiente cliente cuando rápidamente me arrodillé debajo de la ventanilla.
- Hola buenas…verá, mi prima ha fallecido y quería sacar el dinero.
- ¿Tu prima? – susurré - ¿Qué clase de excusa es esa?
- Dígame su nombre… - dijo la empleada.
- Sí…Lenhyra…
- ¿Lenhyra la cantante?
Definitivamente mi alumna era más idiota de lo que parecía, y a parte de saber usar la tarjeta de crédito con una maestría indiscutible, supongo que jamás había ido a sacar dinero de un banco, ni sabía cómo funcionaba. La chica que la atendía no parecía tener ni un solo pelo de tonta, y eso es mucho cuando llevas una melena que podrías usar como reemplazo del papel higiénico. Habría sido mucho más trágico si hubiera derramado alguna lagrimilla como la vez anterior conmigo, pero ni siquiera eso; realmente no valía para actriz.
- Sí... me dijo que si algún día me faltaba algo viniera a sacar de su dinero, su número de cuenta es...
- Lo siento, las cuentas de la señorita Lenhyra están bloqueadas. - dijo de manera profesional mirando unos papeles, aunque dudo mucho que en unos panfletos sobre el último concierto de L70ETC fuese a encontrar alguna información relacionada con eso.
- Verá, es que es muy urgente, yo debería... lo necesito.
- Lo siento, no puedo hacer nada por usted, si quiere puede hablar con mi encargado.
En ese momento golpeé la pantorrilla de Len para que se callara. La idea de que viniese el encargado y con él unos cuantos gorilas y empleados hacía que la suma no diera la cantidad correcta para los planes que teníamos.
- Vamos…sal de aquí, te espero fuera. ¡Ya! - susurré.
Me fundí de nuevo con las sombras y salí sin ser visto del banco. Ya en un rincón oscuro de la plaza le eché la bronca.
- ¡Eres mala hasta decir basta!
- ¡Creo que a ti no se te hubiera ocurrido algo mejor, señor asesino!
Estaba empezando a tocarme las narices de verdad, y eso no era nada bueno.
- Veo que a parte de entrenamiento tendré que enseñarte modales.
- ¿Tú, a mí?
- Hasta mi lobo se comporta mejor que tú.
Eso no era cierto, pero me gustó cuando lo pensé. Teniendo en cuenta que Spike se cagaba en medio de los caminos, asustaba a los transeúntes y le encantaba jugar con los niños, cosa que me aterraba, no podía decir que se portase mejor que la pija descarada.
Después de acordar con ella algunos puntos que la ayudarían en su nuevo intento, entró refunfuñando en el banco. Esta vez repetimos la misma operación pero en el lado opuesto del edificio. En la taquilla que habíamos elegido esta vez había un chico que parecía no saber siquiera dónde estaba, ese sería el salmón a pescar. No sé por qué cuando me situé debajo de la taquilla presentí que saldría bien. Crucé los dedos y ya de paso pisé a Len para desearle suerte, aunque no estoy muy seguro de que así se transmita algo. Bueno, al menos lo intenté.
Empezó con una actitud provocativa reclinándose hacia delante, cosa que sumó cien puntos a su marcador. El tío parecía completamente embelesado. "He visto tetas mejores", pensé.
- Holaaa…buenos días, venía a recoger un candelabro de mi abuela que dejó en la caja fuerte…
- Síi... un momomomento…no sé si puedo...
Hoy debía de ser el día internacional de los tartajas. Joder, vale que eran bien redondeadas y estaban bien puestas, pero...
- ¿No puedes ayudarme…? Si no…iré a preguntar a alguien con más cargo. - respondió Len.
Realmente se había aprendido bien su papel, ¿o era el papel de Cel? Ya decía yo que me empezaban a rechinar los dientes...
- Sísísí, ya voy.
Y rápidamente el tío se giró y abrió la caja fuerte, lo que me permitió de sobras entrar y sustraer unas dos mil monedas de oro del cajón de Lenhyra. Mientras el pobre pardillo se partía los cuernos buscando un candelabro o algo que se le asemejara, yo podría haber desvalijado todo el interior de la cámara. Antes de salir tuve el detalle de ponerle la zancadilla para que se diera de boca contra un jarrón enorme de plata que parecía bastante pesado. Le hice un gesto a la pija para que se apresurase. Así que nada más salir el empleado, la excantante lo despidió como pudo sin darle derecho a réplica.
Llegamos a nuestra segunda casa, también conocida como la esquina de la calle principal.
- Lástima que no podíamos quedarnos a ver la cara de frustración del pobre pelele. - chasqueé la lengua algo molesto por haberme perdido la mejor actuación del día.
- Lo he hecho bien, ¿verdad?
- Lo has hecho muy Cel... quiero decir... muy bien.
- Jajaja.
- Por cierto... - me encendí un cigarrillo mientras me apoyaba en la pared. - Tengo que... felicitarte... he quedado claramente impresionado…
- ¿De verdad?
- No no, déjame terminar…- me aclaré la garganta - …claramente impresionado…por tus pechos.
Después de esto trató de perseguirme durante un par de minutos, pero como no consiguió atraparme, acabó cansada y jadeando mientras yo terminaba el cigarro y lo arrojaba contra el suelo con desprecio.
- Bah... tengo que hacer un par de cosas, si quieres puedes irte ya a la posada.
- Como quieras, así no me mancho más de sudor... eh, ¡espera un momento, dame mi dinero!
- ¿Dinero? - sonreí pícaramente. Dios, cómo adoro mi trabajo.
- ¡Ladrón!
- Entre otras cosas. Denúnciame a la policía si quieres.
Estuve riéndome un buen rato hasta que le confesé que le daría algo de dinero pero que primero debía hacer un par de cosas a solas. Len desapareció por la esquina maldiciéndome. Esperé unos segundos, no fuera que se arrepintiera.
Caminé por debajo de los edificios de la zona norte. Si no recordaba mal, había una tienda en la que hacían trajes por encargo, y solían tener cosas bastantes... extravagantes. La tienda estaba regentada por mi amigo, Keelen, un viejo conocido al que hacía años no veía. Él se encargo de confeccionar mi última capa. No era alguien muy legal, pero tenía buenos precios, y a un amigo como yo no iba a negarle algo de ayuda. Entré en la tienda haciendo bastante ruido.
- Hola buenos díaaaas.
- ¿Shin? ¡Qué escuchan mis oídos, maldito lobo de mar!
- ¿De mar? O de las sombras, Keelen.
Estrechamos nuestras manos mientras charlábamos sobre lo que suelen charlar dos tíos que hace mucho tiempo que no se ven. Qué tal te va, tienes familia, cuántas tías te... cuando me quise dar cuenta había invertido más tiempo del que pretendía gastar.
Inspeccioné la tienda y me di cuenta de que los precios se habían disparado a límites insospechados. Había triplicado las cifras y ahora se permitía el lujo de disponer de una ayudante, que seguramente fue contratada por razones descaradamente obvias. Le conté mi problema y rápidamente parecía tener solución. También le comenté que sería adecuado que la ropa fuera... bastante aireada, porque hacía mucho calor últimamente. Me había entendido. Se metió en la trastienda y sacó dos prendas que pasarían la prueba.
- Vale, ¿cómo se llaman?
- Doscientas monedas de oro.
- ¿Me tomas el pelo? - casi me atraganto con mi propia lengua. Tosí. - Te doy cincuenta y vas tirando.
- Ni loco, Shin, dame ciento cincuenta y en paz, es un favor de amigo.
No sé por qué me acordé entonces de un detalle.
- ¿Qué tal el taller ilegal de gnomos leprosos que tenías, siguen vivos?
Por unos momentos palideció. Otro que se unió al concurso de tartamudos. Se giró y me hizo un gesto para que le siguiera, quería apartarse lo máximo posible de su ayudante para que no lo escuchara.
- Vale, dame cincuenta y nos olvidamos del asunto, ¿me oyes?
Me hice un poco el sordo, y le contesté:
- De acuerdo, te doy los cuarenta y borraré de mi mente la pobre carita de los gnomos enfermos.
- ¿Cuarenta, estás de broma? Sólo el coste de las telas ya supone un transporte desde…
En ese momento le interrumpí y me acerqué peligrosamente a la chiquilla.
- ¡Hey guapa! ¿Quieres oír una historia muy graciosa? Verás…
- Oye, Shin, déjala que está trabajando. Págame lo que decías y ya está.
Se apresuró a ponerme en la mano izquierda la bolsa con las prendas, así que rebusque en uno de mis bolsillos aparentemente bastante molesto y le solté unas cuantas monedas que a lo sumo eran treinta y cinco piezas de oro.
- Quédate con la vuelta.
Sonreí y salí silbando mientras aquel tío se quedó golpeando todos los estantes de su tienda, o al menos eso pude deducir por el ruido que salía de allí. Estaba absolutamente claro que había hecho un nuevo amigo; fuera donde fuese, siempre conseguía sacar lo mejor de todo el mundo, y eso era algo que me encantaba.
Caminé muy tranquilo por las calles, tome un atajo hasta hallarme delante de la posada. Allí estaba Len, mirando el buzón.
