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Soñando, soñando triunfé patinando
A la mañana siguiente, Bella se encontraba en el trabajo. Miranda aún no había llegado, debido a que estaba en su cita con el podólogo, para que le quitase los callos, que la estaban matando. Delante suya, en su mesa, estaba Emilia. El ácido que Miranda le tiró la quemó el pelo, dejándola calva. De pronto sonó el móvil de Bella.
—Aló, aló ¿con quién habló? ¿En serio? Muy bien gracias —colgó — ¡Miranda viene hacia aquí!
Se levantó como una bala y corrió hacia la puerta —¡Atención todos, preparaos, el Diablo viste de Prada viene hacia aquí!
De repente todos se pusieron a correr como locos, recogiéndolo todos algunos, poniéndose los tacones otros, pintándose los labios otros pocos. De un armario salía una pareja.
—¿Volveré a verte? —preguntaba ella.
—Por supuesto… en la próxima llegada inesperada de Miranda.
Bella corrió hasta la entrada para recibir a Miranda. Los tacones la estaban matando. Cuando llegó, Miranda ya estaba en la puerta.
—Llevo cinco minutos esperando. Bien toma nota. Llama a Currupipi y que te dé el número de esa tienda de globos tan monos. Quiero uno para mi. Y luego llama a Frank, del restaurante Crystal, y diles que no quiero crépes, que quiero cochinillo de cerdo asado con salsa de cebolla. Luego confirma la fiesta de cumpleaños de Karl Lagerfeld y di que yo llevaré las velas y el payaso, que llegaré a las nueve y media y me iré a las nueve y treinta y uno. Y llama a mis siete exmaridos y diles que o me pagan la pensión del perro o les meto una demanda con la que se le caerán los calzoncillos.
—Sí Miranda.
Se detuvo —¿Has llamado ya al despacho de Emmett Cullen?
—Sobre eso, sí, he llamado, pero… en serio, Emmet Cullen no es la mjeor opción, Miranda.
—No me eches perdigones en el bizcocho y me digas que es azúcar. Llama otra vez y confirma la cita para dentro de una hora. Y lleva el libro a la redacción. Emilia ¡Emilia! —dijo con su característico vozarrón —¿Está ya mi fondue?
Emilia se acercó llevando una olla con aceite hirviendo en su interior. Llevaba debajo una bandeja de carne y unos pinchos. La olla debía estar ardiendo, porque Emilia usaba guantes protectores.
—Aquí la tienes Miranda, toma —dijo dándole un pinchito de carne.
Miranda se lo comió, pero lo escupió —Está fría… —y acto seguido cogió la fondue y se la tiró a la cara a Emilia. Por suerte Bella, intuyendo lo que iba a pasar, se protegió. Emilia se puso a gritar.
—¡Cómo quema joder!
Mientras Bella se preparaba para ir al despacho de Emmett, una ambulancia había llegado y se llevó a Emilia a Urgencias, donde los personajes de la serie la iban a atender. Mientras se iban, dos chicas hablaban.
—Qué envidia, cuqui. Con lo que me gustaría a mí que me atendiese el buenorro de George Cluny.
—Ya te digo.
De repente apareció Nigellus, un hombre calvo y amanerado.
—Hola Bella —saludó mientras se acariciaba la calva con una pluma de pavo real.
—Hola Nigel —así le gustaba que le llamasen —. Por cierto ¿qué es El Libro?
—Oh sí, es el libro de dibujos de Miranda. Siempre dibuja con crayolas por las noches y luego nos trae los bocetos confiando en que los aprovechemos, pero son horribles.
Bella abrió el libro —Pero si parece que los ha dibujado un niño de cuatro años.
—Por supuesto querida ¿Dirías que eso son unos zapatos? Creo que no. Llevaré el libro a redacción, es decir, a que la señora de la limpieza lo limpie un poco. Hay que ver que cochinota está hecha esta Miranda.
De repente Miranda apareció —¿Estás lista? Pues vámonos ya.
Con el coche llegaron hasta el despacho de Emmett, que se traducía en su habitación en casa del doctor Cullen. Aquel día se llevaría a cabo su primera charla frente a los medios de comunicación, que naturalmente fue un fracaso, pero Emmet se negó a hacerle caso a Bella.
Mientras tanto, Alice y Jasper se encontraban en el polideportivo de Forks.
—Y dime ¿por qué estamos aquí? —preguntaba él.
—He firmado un contrato para ser entrenada como patinadora. Me convertiré en patinadora profesional, pues sé bailar.
Jasper rodó los ojos al estilo roll eyes —Alice, cuando lo dije, lo dije de coña, si eres tremendamente patosa. ¿Quien va a querer hacerte profesional? De seguro te tropezarás, se te saldrá el patín y matarás a alguien del público.
—Eso no es verdad, mira.
Salió a la pista, dio varias vueltas e hizo una pirueta, que al final le salió mal, se le salió el patín y voló a Jasper, rajándole todo el cuello.
—¿¡Jasper estás bien!?
—Si… suerte que soy un vampiro y puedo curarme ¿seguro que quieres seguir con esto?
—Por supuesto que sí.
Y es que a Alice era imposible hacerla razonar.
