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¿Hacemos una porno?
Edward se bajó del coche y entró en el pequeño edificio que tenía delante. En el mostrador del interior había una mujer con gafas de culo de vaso que lo miraba, con la baba cayendo por la comisura de sus labios.
—Buenos días.
—Buenos días bombón —decía ella mientras se retorcía un mechón de pelo grasiento y sucio.
Edward parecía asustado —Esto… vengo por el casting.
—Oh sí, un momento —cogió el teléfono y marcó un número —¿Señor Falo? Hay un nuevo candidato esperando. Muy bien —colgó el teléfono —. Puede pasar.
Edward obedeció, entrando en la sala contigua. Tras una mesa había tres personas, una mujer rubia, un señor con pinta de director y un tío con gafas que tomaba nota.
—Bienvenido. Me llamo Kegrant Falo, director ¿Nombre?
—Edward Cullen.
El de gafas apuntaba todo. El director siguió —Bien Edward ¿sabes de qué va esto no? Buscamos actores porno. Da igual si no tienes experiencia. Bien, quítate la camiseta.
Aunque un poco cohibido, Edward obedeció y se quitó la camiseta, dejando ver un escultural torso.
—¡Ay, omá qué rico! —se oía desde fuera, seguramente sería la recepcionista.
—Laura… —decía el director, por lo que la mujer rubia comenzó a tomar fotos —. Bien, ahora bájate los pantalones.
Edward siguió, dejando ver unos calzoncillos marca Amanerado, de color rojo con rayas blancas, que le marcaba, francamente todo.
—Muy bien, muy bien. Ahora bájatelos un poco para que podamos vértela…
Y Edward lo hizo.
—Jesús, María y José en canoa —dijo el director —. Bien, empezaremos a rodar mañana.
—Disculpe —dijo Edward mientras se vestía de nuevo —. Esto ¿dónde va a salir?
El director rió —Pues en Internet en todo el mundo, y en los principales videoclubs porno.
Edward no dijo nada más. Salió de allí y fue a la cafetería con sus amigos, sin decirles Chicos, vengo de hacer un casting para actor porno.
Al día siguiente volvió al lugar donde rodaría la película. La sala había sido condicionada para el momento, con cortinas moradas, una cama en el centro con sábanas blancas… a Edward le estaba entrando cangüelo.
—Edward, muchacho, bienvenido. Permíteme presentarte a tu compañero de reparto.
¿Compañero? pensó Edward. Seguramente sería compañero en plan, vamos a hacer un trío con una mujer.
—Este es Jacob Black.
—¿Tú? —dijo Edward.
—¿Tú? —comentó Jacob.
El director rió —Veo que ya os conocéis. Mejor. Desnudaos hasta quedaros en ropa interior y poneos sobre la cama.
Así lo hicieron.
—Disculpe —dijo Edward —¿Dónde está la mujer?
—¿Mujer? Chico, esto es porno gay. Los dos os tenéis que enrollar. Muy bien, leed lo que pone en los carteles… preparados para rodar Crepórculo, escena uno… ¡acción!
Edward no sabía que hacer. Jacob por su parte le susurraba.
—Vamos Cullen, lee lo que dice.
—Oh, vaya… me siento mal… ojalá venga alguien a ayudarme con mis… ¿inhibiciones sexuales?
Jacob se adelantó —Oh, no te preocupes, yo te ayudaré.
Y posó sus manos sobre los pectorales de Edward, a la vez que comenzaba a besar sus labios. Edward pensaba Qué asco, qué asco, qué asco ¡Estoy besando a Jacob Black! ¡No!
(Por razones obvias, y porque estamos en horario infantil, suprimimos la escena slash de estos dos machorros ¿qué esperabais, que fuese a ponerla? Esperad a que escriba un slash sobre ellos y ya hablamos)
Al rato, Edward salió con la cara blanca. No podía creer lo que acababa de hacer.
Mientras tanto, en Branchway, Bella llegaba con las fotos que le habían hecho a los Lunnis, para el reportaje de moda extranjera para niños. Emilia estaba viendo su ordenador mientras se aplicaba crema para las quemaduras, pues Miranda le había tirado a la cara el hornillo de la mañana, alegando que estaba frío. Del ordenador salían unos ruidos muy raros, como si fueran gemidos.
—¿Qué estás viendo?
—Oh, lo siento mucho Bella, no quería que lo oyeses.
De repente sonó su móvil. Lo cogió. Era Edward.
—Edward, cariño ¿qué tal la entrevista? ¿En serio? Vaya, lo siento mucho. No te preocupes, esta noche te voy a dar un achuchón con el que se te quitarán todas las penas.
Descolgó el teléfono.
—¿Quién era ese Edward? —preguntaba Emilia.
—Mi novio, Edward Cullen.
Emilia se levantó con sorpresa.
—¿En serio? Soy su fan número uno ¿Me lo presentarías?
—Esto… si claro…
Y las dos siguieron con su trabajo.
Al mismo tiempo, en otra parte del pueblo, Emmett Cullen daba un mítin.
—¡Y bajaré los impuestos! ¡E iré directamente a atrapar a Osama Bin Laden! ¡Y haré que el porno sea gratis para todo el mundo!
La gente lo aplaudía. En esas que un periodista pide la palabra.
—Hablando de eso ¿qué le parece la nueva ocupación de su hermano Edward?
—Yo siempre apoyo a mis hermanos en sus proyectos, como te llames. Edward tiene un gran trabajo, está haciendo un gran trabajo.
Se empezaron a oír risas.
—De seguro que tiene que demostrar mucha capacidad de aguante y un buen manejo de su boca para articular buenos discursos…
Más risas, esta vez más fuertes.
—…y seguro que en su trabajo se tiene que correr mucho para llegar a todos los sitios, y gritar para ser oído por todo el mundo que lo esté viendo.
Todo el mundo se reía a carcajadas ante el discurso.
—¿Pero de qué se ríen?
Por su parte, Rosalie, Jasper y Alice estaban en la cafetería. Alice venía de entrenar, pues pronto iría a las competiciones del pueblo. De pronto entró Edward, pero fue detenido por unas personas, que sorprendentemente le pidieron un autógrafo.
—Edward no ha rodado ninguna película ¿no? —preguntaba Rosalie.
—Sólo una llamada… Larry Hotter o algo así, pero su papel no fue muy recordado, porque muere al final, y Edward prefiere no recordarlo.
—Pero no nos cuentes el final, desgraciado —se quejaba Alice.
Edward ni siquiera vio a los tres, y se fue. Alice se acercó a uno de los admiradores.
—Perdona… ¿por qué le pedías un autógrafo?
—¿Estás de coña tía? Es Edward Cullen, el futuro actor porno gay del momento.
El tío se fue, y Jasper y Rosalie se acercaron.
—¿Edward hace porno? —preguntaba Jasper.
—¿Porno gay? —decía Rosalie.
Por la noche, Alice, Jasper y Rosalie llegaron a casa. Venían del videoclub porno, de alquilar la nueva película de Edward. En casa también estaban Emmett y Bella.
—Hola tíos, mirad esto.
Jasper puso la cinta. Inmediatamente vieron el contenido.
—Ay joder, ¿ese no es mi Edward? —decía Bella.
—Y ¿ese no es Jacob Black? —comentaba Emmett.
—¡Y se están enrollando! —decían ahora los dos.
Alice fue la siguiente en hablar —Qué pedazo de…
—A cual más grande —comentaba Rosalie.
De repente se abrió la puerta y por ella entró Edward —Hola tíos.
—Hola Edward —saludaron todos, y al instante se miraron alarmados —¡Edward!
Los cinco corrieron para quitar la cinta, pero Edward ya lo había visto —Eh, estáis viendo Bambi o… ¡joder si soy yo!
—Pues claro que eres tú ¿Qué haces haciendo porno, so guarro?
—Bella compréndelo, es por la crisis.
—Bueno… ¿y cuánto te pagan?
—Cinco dólares por escena.
Todos se cayeron al suelo.
—Edward eso es una miseria —comentaba Jasper.
—Es lo mejor que he encontrado. Pero rodamos varias películas al día. Deberías ver cuantas… de esas me meto al día.
Esta vez fue Rosalie quien habló —Y… ¿qué tal es Jacob Black en la cama?
Todos la miraron alarmados. En fin, Bella era una ayudante en apuros, Emmett candidato al senado, Alice futura patinadora, y Edward un actor porno gay en ciernes ¿Qué trabajos les depararán a Rosalie y Jasper? Sólo el tiempo y las ganas de escribir lo dirán…
