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Una Conejita en el Campus
Rosalie entró en la cafetería, cargada de papeles y carpetas. De repente, y no se sabía cómo, tropezó, cayéndosela todo lo que llevaba encima. Al instante apareció Bella.
—Oye bonita, aquí la única torpe en esta historia soy yo, así que no me robes protagonismo —y la dejó ahí, sin ayudarla.
Rosalie se levantó, recogió sus cosas y caminó hasta su grupo.
—Hola tíos —saludó ella, y todos la saludaron.
—Oye Rosalie ¿qué llevas ahí? —preguntaba Jasper.
Rosalie dejó los papeles en la mesa —¿Esto? Pues… son los papeles de inscripción en la universidad.
Todos se la quedaron mirando, como si no dieran crédito a lo que oían ¿Rosalie en la universidad?
—¿Qué pasa? —preguntaba ella confundida.
—Rosalie querida… —decía Alice, la única que se había atrevido a hablar — nunca pensé que se te fuese a pegar la estupidez de Emmett… pero en fin ¿qué pintas tú en la universidad? Si ni siquiera acabaste el parbulario.
—Además —dijo Edward —Eso ni siquiera es una trabajo.
Rosalie se puso a llorar —Si ya sabía yo que era una estupidez…
Ninguno hizo nada por consolarla, más bien huyeron en desbandada.
Al rato, Bella llegó a Branchway, a continuar con su trabajo. La verdad es que estaba atareadísima, porque la semana que viene era la semana de la moda en Sabadell, y Miranda la había elegido al final a ella, porque Emilia ya no daba la talla. Es por eso que Emilia no la hablaba, a no ser que fuese estrictamente necesario.
Tras dejar sus cosas, Bella corrió hasta la puerta de entrada, por donde llegaba ya Miranda.
—Dos minutos cincuenta segundos, un nuevo récord, Bella. Bien, quiero que vayas al despacho de Hello Kitty, que queremos hacerle una nueva entrevista. Luego habla con Sant Laurent, que deje los nuevos diseños.
—Pero… creo que está muerto.
Miranda la miró quedamente —Vete a aburrir a otra con tus excusas, niña. Después quiero que vayas a la tienda de artículos de broma y la compres toda. Y ponme con Pocoyó, que parece no haberle gustado las fotos.
Cuando llegaron al despacho, Emilia llegó con la sopa de alcaparras que a Miranda tanto le gustaba, pero esta dijo que estaba fría, a pesar de quemar demasiado, y se la tiró a la cara. Mientras se metía en su despacho, Emilia estaba en medio de la estancia, chorreando sopa y poniéndose roja, a la vez que amenazaba con ponerse a llorar.
—Esto… Emilia, ¿estás bien?
—Pues… ¡cómo quema joder!
Y salió corriendo de allí.
Corriendo, literalmente, estaba también Edward, que salía de rodar otra escena. Cuando terminó, se encontró con Emmett.
—Hola Emmett ¿Vienes a ver cómo trabajo?
—¿Estás de guasa? Vale que Bella trabaje para el mismísimo Diablo, o que Alice sea una patinadora asesina en serie, pero tu trabajo perjudica seriamente a mi candidatura.
Edward comenzó a reírse —Anda ya, si vas el último en las encuestas ¿de verdad esperas ganar?
—Te he dicho mil veces que sí.
—Mira, tengo que ir a ver el montaje ¿quieres venir?
Emmett pareció pensárselo —Vale ¿por qué no?
Mientras tanto, Alice participaba en la competición por la cual podría participar en los nacionales. A pesar de haberle cortado el cuello a una niñita inocente, Alice se proclamó la campeona indiscutible.
A su vez, Rosalie viajaba en un autocar de una compañía de bajo coste hasta la universidad. El autocar iba lleno de tías buenas y rubias ¿Es que todas iban a la universidad como ella? De repente se pararon frente a una gran mansión, donde las recibió un viejo que vestía una bata escarlata y negra.
Rosalie llamó corriendo a Alice.
—¿Alice?
—No soy la vecina del quinto ¿Qué quieres Rosalie?
Rosalie tragó saliva —Esto no es la universidad, es una mansión, y hay un viejo que nos mira raro, y nos está dando orejas rosas de conejo.
—Rosalie, he estado viendo los papeles de la inscripción, y no te has inscrito en la universidad, sino en la Mansión Playboy ¿cuántas veces te he dicho que no firmes nada si no sabes leer? En fin te dejo, que voy a salir con Jasper.
—¡Espera no me dejes!
De repente el viejo se acercó.
—Bienvenida querida, me llamo Hugh Hefner —dijo él mientras le ponía unas orejas de conejo.
Pero Rosalie cogió su bolso de Prada, pura imitación que le había regalado Bella, y se lo estampó en la cara.
—¡Apártate de mi, viejo verde!
Y salió corriendo de allí, como alma que lleva el Diablo que viste de Prada. En fin…
Rosalie corrió y corrió hasta llegar a una especie de zona amplia con edificios. Dos chicos pasaron delante y se fijaron en ella.
—¡Cuerpo! Ven con nosotros si quieres pasar un buen rato —decía él.
—Perdonad ¿dónde estoy?
—En el campus universitario.
A Rosalie se le iluminó la cara —¿En serio? Al fin lo he conseguido. Y… ¿vivís cerca de aquí? —dijo con tono sensual.
—¡Oh sí!
Y así empezó la andadura de Rosalie en la universidad. Horas después, Rosalie salió de la casa de los dos machorros, después de haber hecho ya sabéis que... jugar al parchís. Rosalie había ganado. Aún llevaba sus orejas de conejita, y se dio una vuelta por el campus, por las hermandades. Al final resultó que una hermandad buscaba a una conejita de Playboy para una fiesta loca que preparaban, por lo que Rosalie fue contratada.
