No importa cuánto lo razonaba, no lo entendía.

Bueno, si, en parte, digo, era una excelente persona, pero ella era, claro, más linda, más tranquila, más atenta, más deseada, pero ¿qué era eso de lo cual Doumeki los había diferenciado y tomado al otro como suyo?

-Simple. Porque lo amo y es mío.

No, en su mente las imágenes de ellos dos felices, con niños corriendo a su al rededor le parecía asqueroso, claro todos con anteojos y con esa sonrisa boba.

-No lo voy a discutir con alguien que no lo entiende. Kunogi, si no te agrada, bien y si no también. Vete por la misma puerta por la que ingresaste, no te deseo, y tampoco que arruines mi felicidad con él.

¿Felicidad? Ni siquiera dices su nombre ¡Diablos! Sentía sus lágrimas correr abiertamente por sus mejillas, y su cuerpo temblando.

-¿Por qué?-preguntó la joven con la voz quebrada, de rodillas, apoyando sus manos con la madera del suelo, de soporte, y su largo cabello largo chocando con el tablado y su mirada, fría sobre ella. Recriminándola. ¿De qué? ¿De amarlo tanto y ver todo como una persona normal?-.

-Escucha, Kunogi, soy feliz, así. Con Watanuki Kimihiro, junto a mí, es todo lo que necesito. Espero que algún día lo puedas entender- El arquero se dio vuelta y camino tranquilamente hacia la puerta, donde encontró amontonadamente las prendas de la muchacha, que pensó que al estar desnuda en frente de él, y hacer quién sabe que cosas, lo iba a convencer de lo contrario, de amarla a ella.-Encuentra la felicidad Kunogi, pero no te metas con Kimihiro,-se dio vuelta mirándola frívola y con lástima-no sabes que puedo llegar a hacer.

La mujer, sobre el suelo, se levantó, recogió sus cosas, se vistió torpemente y salió corriendo del lugar. Sin mirar atrás.

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Un hombre de complexión delgada se encontraba de espaldas, revolviendo quién sabe que estofado distinto. Cuando acercó, sus labios al del cucharón marrón de madera, sintió que alguien se lo arrebató de sus manos. Siguiendo con la mirada el cucharón vio el rostro inexpresivo de su amante.

-¿Qué crees que haces?-le preguntó el de gafas-.

Él otro, tan sólo, soltó el cucharón a el fregadero, sin importarle (una de las primeras veces) la comida.

-Baka, idiota, capullo, ególatra, in—

El menor fue callado por un beso del mayor, que lo tomó con sus enormes manos en su cadera, invitándolo a salir hacia el pasillo, a ir a aquel lugar que desde que vivía en esa casa, era el único lugar el cual lo conocía más. El cuarto de Doumeki.

-Vamos a ver quien es el baka…-susurró el cocinero-.

-Capullo.

-¡¡QU--!-intentó continuar con su típica "conversación de novios", peor el otro no lo dejó-.

Sin importarle las personas que interpusieron en su camino, él lo protegería. Por que lo amaba, y en ese momento se lo estaba demostrando de la forma más vieja, haciéndole el amor.

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490 palabras.

Estemmm… ¿Qué onda? (?)

Ya sé, muy malo el final, pero bueno. Espero que les guste. Gracias Amazona Verde () por el review y a Riku Lupin por agregar la historia a Story Alert + .

Díganme que les pareció y si les gustaría un lemon. O

Para cualquier cosa, un review, y listo.

Kisses!

(K)