Noches en vela

Noches en vela

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Con ésta, se cumplían las tres noches. El delgado y largo cuerpo que yacía junto a él temblaba como si estuvieran en la Antártida, y se removía, llevando todas las sábanas con él.

La primera noche, no fue tanto, y le resto importancia. Quizás un mal sueño; no decidió despertarlo porque, sabía a su pesar, que despertar a Kimihiro de sus letargos, se podían pagar con sangre, literalmente hablando, por supuesto.

La segunda noche, le pareció extraño, pero debía reconocer que las ojeras que tuvo el día siguiente dio que hablar en los entrenamientos de arquería. Todas tomaban rumbo hacia la parte libidinosa del joven Doumeki con su pareja, pero no, no era eso.

Hoy, la tercera noche, se estaba enfadando ¿Cómo podía ser que estuviera tan incómodo? No hacía frío, al menos él no lo sentía. Afuera, era una apacible noche de primavera, donde se podía ver los árboles con las flores Sakura, meciéndose suavemente, y sonando como el arrullo para dormir a un bebé, mientras el astro de la Luna estaba firmemente sobre toda la gente, demostrando su autonomía y poder, que junto a las estrellas, daban a casi todos los países asiáticos, o, al menos, a los que era de noche su esplendor.

Decidiendo ir a la cocina, para tomar algo de agua y abandonar los malos sueños de su pareja se dirigió a la cocina. Para llegar a ésta, se debía pasar por un pasillo, a donde, quieras o no, había una puerta que daba a una sala de estar.

Ingresó a la misma, y se dio cuenta que la televisión estaba encendida y con bastante volumen. Y para colmo, el control remoto, no aparecía por ninguna parte. Quizás, Kimihiro si tenía un oído bien agudizado y podía escucharlo. No, definitivamente no. Dio varias vueltas adentro del recinto, sin encontrar lo que estaba buscando.

Sintió, una brisa que chocó en su espalda. Alguien había abierto la puerta. Cuando se dio vuelta, la misma estaba cerrada, pero, el control remoto, estaba al lado de la puerta. Sin evitarlo, su sentido detectivesco salió a flote, y tomo rápidamente el control, abrió la puerta y miró hacía los lados, sin nada aparentemente sospechoso.

Suspiró. Su imaginación seguro, o quizás estaba demasiado preocupado preguntándose que era lo que hacía sentir a su joven compañero tan incómodo. Bajó el volumen, para darse cuenta de en que canal estaba puesto. Era en uno de esos dónde en la programación aparecía como "para adultos". Aunque sin ser su deseo, no pudo evitar mirar la pantalla, y darse cuenta que los protagonistas eran dos hombres. Uno de ellos, aunque no lo quería admitir, se parecía bastante a su Kimihiro (y ya empezamos con su posesivo xD), con lentes y todo. En ese todo incluía unas… ¿orejas de gato? .Mientras el otro, usaba una yukata y… ¿cadenas?

Seguro deberían ser una pareja sadomasoquista. Un escalofrío le rondó la espina dorsal al pensar a Watanuki de esa manera. Apagó el televisor inmediatamente cuando su mente empezó a maniobrar para modificar la imagen y mostrarlos a ellos dos. Se sacudió la cabeza. Realmente lo deseaba.

Salió nuevamente al pasillo, esta vez, sin obstáculos que le permitieran no llegar al destino esperado. Entró a la cocina y abrió la heladera. La misma poseía una luz que iluminó toda la cocina. Se acercó para ver que estaba tomando, para notar que había chocolate, que de seguro había quedado luego del día de San Valentín, dónde Kimihiro tuvo que hacerle a la bruja de las dimensiones, de nuevo, pastelillos.

Tomo la botella, abrió el pico, y se paro debidamente, sin dejar de tomar de la botella. No dejó de pensar que si Watanuki lo veía así, lo retaría por ser tan poco educado e higiénico.

Cuando estuvo bien parado, se acomodó, hasta apoyarse en la mesada, sin en ningún momento soltar la botella con el líquido dulce ni cerrar la puerta del refrigerador. Notó una sombra en la puerta, iba a prepararse para largarle la botella, hasta que se dio cuenta que era Watanuki. No pudo evitar una estúpida sonrisa se formara en sus labios al verlo en bóxer, apoyado en la puerta y sobándose los ojos al notar que la luz de la cocina era fuerte, para ser sólo dada por una heladera promedio.

Menos mal, que tenía esa botella en sus labios, porque de seguro, si hubiera visto su "sonrisa de idiota", denominada por su amado en su cara, se partiría de risa, y sería chiste por una semana. Levantó una ceja, al notar los pasos de el chico dirigirse hacía de el de manera elegante, galante, casi felinos. Sonrió en forma repentina al recordar lo anteriormente visto en la televisión.

- ¿Me quieres decir que haces, Shizuka, a las tres de la madrugada, en la cocina?

- Mmh.

-Argg… ¿¡Es que no entiendes que no entiendo tus monosílabos, idiota!? Dios te dio una lengua para algo, paleto.

Una sonrisa cínica surcó sus labios.

- Así que… ¿me dieron una lengua para algo, eh?

-Claro que si, idiota. ¿Q-que? ¡No me mires de esa forma!

Dijo retrocediendo los mismos pasos en los que ingresó tan firmemente hacía poco tiempo.

- Te enseñaré, para que me sirve la lengua, Kimihiro.

El color rojizo de las mejillas de Kimihiro no se iría en un buen tiempo. Claro que el quería todo lo contrario. Lástima que él no sabía que todas las cosas planeadas que tenía Doumeki para esa noche bastaría para tener más que el rostro activo.

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Miren, pónganlo de ésta forma. Hay un review decía que lo deje como mención de lemon, y le hice caso. Pero, de todas formas, ahora pienso que alguna vez tengo que hacerlo, pero, por ahora lo dejo así. Mi ausencia fue larga, ¿me extrañaron? ¿Les gustó el capítulo? ¿Alguien me quiere regalar alguna idea para el próximo? ¿Quieren saber cómo el control remoto llegó ahí o qué le pasaba a Watanuki?

Soy toda oídos, pero claro, todavía no existen reviews-parlantes, así que me conformaré con leerlos.

Los espero atentamente, besos y cuídense, gente bonita.