Invitación

Capítulo 2

Aviso: casi toda la historia será contada por Kagome y muy pocos pasajes por Inuyasha.

Kagome

No pude dormir… la imagen de Inuyasha no salía de mi cabeza. Por una parte el momento de la despedida, no podía borrar de mi mente su mirada, como si hubiera querido decirme algo y; por otra parte, mi imaginación estaba más activa que nunca.

Mis fantasías eróticas al lado de Inuyasha en lugar de disminuir aumentaban y las situaciones candentes me obligaron a levantarme y bañarme con agua fría. Tenía que ocupar mi mente en otras cosas o acabaría en el manicomio.

Salí del baño y me vestí con mi habitual ropa de trabajo y salí a preparar el desayuno.

Cuál sería mi sorpresa al ver que Miroku estaba de pie y se había encargado de hacer el desayuno de ambos.

- Buenos días, ¿qué tal dormiste? – me saludó.

- Bien, gracias… ¿y tú? ¿Por qué te levantaste tan temprano?

- ¡Oye!, ¿Qué un amigo no puede preocuparse por su hermosa compañera y prepararle algo decente para desayunar?

- Ok, dime ¿qué quieres?... ¿En qué lío estás metido? Te advierto que no puedes traer a nadie al departamento… si el desayuno es parte de un plan para que yo permita que lo utilices como hotel estas muy equivocado - le contesté de corrido, sabía que detrás de este detalle había algo más.

- ¡Pero qué mujer tan mal pensada eres! – se hizo el ofendido – Aunque… bueno… me gustaría saber si permitirías hacer una cena romántica para la chica de mis sueños… te prometo que sólo será una cena y nada más. Es que no me han pagado y llevarla a un restaurante me va a salir bastante caro… ¡¡Por favor Kag!! – dijo arrodillándose.

- Levántate por favor… hay Miroku… estoy segura de que me voy a arrepentir pero… esta bien. Sólo por esta noche y como voy a tener que estar encerrada en mi habitación me vas a tener que comprar un litro de helado de chocolate.

- ¡¡¡Eres una diosa!!! – gritó y me abrazó fuertemente levantándome de la silla.

- Bueno, bueno… no es para tanto. Déjame desayunar sino se me va a hacer tarde.

- Por cierto Kag… ¿cómo estás? – dijo repentinamente serio.

- ¿De qué?

- Escucha, voy a ir al grano… sé que estas muy afectada por la salida del señor Taisho de la empresa… eres un libro abierto Kag, te conozco desde hace muchos años y no me puedes engañar – dijo seriamente.

Y yo que pensaba que él no sabía nada.

- Estoy bien, ya sabes… se terminó el sueño y tengo que regresar a la realidad – traté de cambiar el tono de mi voz por uno más alegre – y bueno… debo agradecer que aún tengo trabajo y debo concentrarme en él. El señor Bankotsu puede traer a gente de su confianza así que será mejor que me esfuerce para ayudarlo en lo que se pueda y no perder mi empleo. Y hablando de eso será mejor que me vaya, no quiero llegar tarde el primer día de trabajo de mi nuevo jefe – dije levantándome inmediatamente y le di un beso en la mejilla para despedirme.

Salí lo más rápido posible del departamento, no quería ponerme a llorar, no lo había hecho a lo largo de la noche y no lo haría enfrente de mi mejor amigo.

Llegué al trabajo, observé detenidamente la puerta de la que fue la oficina de Inuyasha, desvié la mirada y me puse a ordenar algunos documentos. Necesitaba copias por lo que fui al área de fotocopiado y ahí me encontré a Sango. Empezamos a platicar de temas bastante frívolos, entre ellos que estaba saliendo con un chico que le llamaba mucho la atención. Pero llegó el momento que me temía.

- Kag, debes olvidarte del señor Taisho, aunque… pensándolo bien, ayer que te despediste debiste invitarle a tomar una copa – hizo una pausa y continuó - Tal vez si te hubieras acostado con él te hubieras curado del gran amor que sientes y podrías continuar con tu vida.

- ¡¿Estás loca?!

- Claro que no, además… debe ser un as en la cama – dijo con una sonrisa malévola en la boca - Seguro que hubieras disfrutado mucho y por supuesto tendrías que haberle contado absolutamente todos los detalles a tu mejor amiga… es decir: yo.

- No puedo creer que me estés diciendo esto – dije completamente sonrojada – será mejor que regresemos a trabajar, aunque creo que el señor Bankotsu sólo va a mandar algunas cosas personales y se va a presentar hasta el lunes – salí del cuarto de fotocopiado rápidamente para detener esa absurda conversación.

Estaba a punto de llegar a mi escritorio cuando la vicepresidenta de la empresa la señorita Kikio se interpuso en mi camino.

- Eres una estúpida por tener la absurda idea de que el señor Taisho hubiera perdido el tiempo contigo – me dijo.

- No sé de qué me está hablando – le contesté tratando de esquivarla para llegar a mi escritorio pero me lo impidió nuevamente poniéndose frente a mí. Seguramente nos había escuchado a Sango y a mí.

- El jamás se acostaría contigo aunque fueras la última mujer sobre la tierra, eres tan poca cosa, durante tres años anduviste de arrastrada con él pero claro, un hombre de su estilo jamás se fijaría en alguien como tú aunque literalmente te aventaras a sus pies.

- ¿Le puedo ayudar en algo señorita Kikio? – traté de cortar la amena conversación.

Ella no se digno a contestarme, se giró sobre sus talones y fue a su oficina. Llevaba un minivestido rojo y caminaba contoneándose descaradamente.

Es una… lagartona. Durante los tres años que estuve trabajando con Inuyasha la que se había arrastrado a sus pies había sido precisamente ella y en más de una ocasión me tocó presenciar cómo él se la tenía que quitar de encima.

Suspiré, retomé mi camino a mi lugar pensando en que la estancia en ese trabajo tal vez se iba a complicar después de todo.

Tal vez Sango tenía razón, debía considerar la idea de llamarlo e invitarlo a tomar una copa, después de todo lo peor que me podía pasar era que me dijera que no.

Llegué a mi escritorio, tomé el teléfono y empecé a marcar su número antes de que el valor se evaporara.

Voltee mi silla y vi en la pantalla de mi computadora un sobre, miré alrededor para ver si estaba la persona que lo había dejado, pero todo el personal estaba en sus tareas. Dejé el teléfono en su lugar y tomé el sobre y al voltearlo vi mi nombre impreso en tinta dorada.

El sobre era de impecable calidad, decidí abrirlo y en una hoja del mismo material sólo estaban escritas dos palabras:

Esta noche

-

-

-

¿Sería una broma? ¿Quién me había dejado ese extraño sobre en el escritorio? Cuando me di cuenta, la jornada laboral había concluido por lo que tomé mi pequeño auto y fui directamente al departamento.

Me molesté cuando cerré la puerta, ¿cómo era posible que una carta me desconcentrara de esa manera? Además debía tratarse de una mala broma que alguien de la oficina trataba de jugarme.

- ¿Qué tienes?

Me asusté al escuchar la pregunta, no me había dado cuenta que Miroku estaba en la puerta de la cocina observándome.

- ¡¿Por qué me asustas?!

- Oye yo no soy el que esta con la mente fuera de este mundo. ¿Qué tienes? Estás muy rara.

- No es nada – respondí y caminé hacia mi habitación, recordé la cena que iba a dar Miroku en el departamento por lo que entendí porque un viernes a las 7:00 de la noche se encontraba ahí. Escuché que me seguía.

- Deberías salir a dar una vuelta, quien sabe, tal vez te encuentres al hombre de tu vida. Y antes de que me mates con la mirada sólo déjame decirte que no has salido con nadie durante un buen tiempo, porque no has dado la oportunidad de acercarse a alguien más que tu amor imposible.

- Miroku, por favor… no tengo ganas de discutir… sólo se me hace difícil pensar que no lo voy a ver mas.

- ¿Por qué no le llamas?

- ¿Tú también? ¿Es que acaso todo mundo se ha puesto de acuerdo para decirme lo mismo? – me dejé caer en la cama – ¿Te digo un secreto? Iba a hacerlo, pero cuando llegue a mi escritorio encontré esto – acerqué mi portafolio, saqué el sobre y se lo mostré.

- Vaya – dijo después de leerlo – tal vez esto tenga que ver con el paquete que acaba de llegar – al terminar de decir esto salió de mi habitación sin permitir que le preguntara a qué se refería.

Regresó con una caja blanca con un moño dorado en la parte superior que tenía una pequeña tarjeta del mismo material del sobre y también decía mi nombre.

- Un tipo dejó este paquete hace unos 20 minutos y no pongas esa cara… más bien dedícate a abrirlo o sino yo voy a hacerlo por ti.

Yo no sabía que hacer, después de un momento de duda decidí quitar la tapa de la caja y mire el interior.

Primero había otro pequeño sobre y en el papel decía:

9:00 p.m.

Miroku prácticamente me arrebató el segundo sobre de las manos y lo leyó. No escuché lo que dijo porque continué viendo el interior de la caja. Saque un precioso vestido negro sin tirantes y corto, no debía llegar a las rodillas. Lo puse en la cama y continué revisando, enseguida saqué una bolsa de mano que iba a juego con el vestido, un coordinado de sostén, tanga y liguero y medias de color negro. Por último había un par de zapatillas del mismo color de tacón alto.

- ¡Por Dios! – fue lo único que mis labios pudieron decir.

- ¡Vaya pues el tipo tiene muy buen gusto! – dijo muy emocionado mi amigo.

- Ok, y ¿qué se supone que tengo que hacer? ¿Ponerme todo esto y estar preparada para que alguien que no conozco venga a buscarme para ir a no se donde?

- Pues yo diría que te conoce demasiado bien – Miroku me contestó mientras tenía en sus manos la tanga que me habían enviado. Inmediatamente se la quité de las manos.

- ¿Y si fuera él? – lo dije sin querer en voz alta.

- Ew!!!!!!!!!!!!!! ¿Crees que tu mega rico ex jefe te ha mandado todo esto?

- No…es imposible. Él nunca me dio a entender que quisiera algo más que una relación de trabajo – tiré la tanga a la cama y también los zapatos que hasta ese momento tenía en mis manos – no lo haré, no voy a ir a ningún lado.

- ¡Basta señorita Higurashi! ¡Es tiempo que le des a tu vida un toque de aventura…! ¡vas a ir en este momento a bañarte y te vas a poner las lindas cosas que te mandaron… te advierto que si no haces tu sola yo te ayudaré!

No me dejaba muchas opciones… si me negaba a hacer lo que me decía estaba muy consciente de que sería capaz de cumplir su amenaza, me imagino que si Sango estuviera aquí también se comportaría como él.

Me metí a bañar tratando de relajarme, y de no pensar… si lo hacía iba a terminar por tomar mi automóvil y saldría huyendo de aquí.

La idea de que se tratara de Inuyasha iba y venía en mi cabeza…

Me vestí utilizando las cosas que me habían enviado, todo me quedó a la medida y decidí dejar mi cabello suelto. No estaría mal utilizar algo distinto de vez en cuando.

Salí de mi habitación para encontrar la mirada inquisidora de Miroku quien caminó a mi alrededor observándome. El rubor apareció en mis mejillas.

- Estás perfecta.

Iba a contestarle pero en ese momento sonó el timbre, un escalofrió recorrió mi cuerpo. Miroku se adelantó a abrir y apareció un joven muy guapo vestido de chofer y al fondo se veía estacionada una limusina.

- La señorita Higurashi por favor – dijo.

Me acerqué a la puerta, el joven me observó y me saludó con una leve inclinación.

- Señorita, ¿puede darse vuelta por favor? Tengo indicaciones de vendarle los ojos.

- ¿Qué dijo? ¿Vendarme? – observé a Miroku - ¿es una broma tuya?

- Te juro por mi madre… que por cierto esta muerta desde hace mucho tiempo, que no tengo nada que ver. Pero no te preocupes… voy a revisar la limosina en lo que el joven te venda los ojos.

Vi como se dirigió al auto y me di la vuelta. El material de la venda era muy suave… supongo que era seda. Me dijo que me guiaría, que sólo le permitiera tomarme del brazo.

Salimos hacia la limusina y sólo escuche que alguien se acercaba.

- Todo en orden muñeca – era Miroku, sentí como se acercó y me besó en la frente – diviértete.

Respiré profundamente, no quería ir… pero si quería ir… ustedes me entienden ¿no?

Me dejé guiar por el chofer hasta la limusina y dejé que me ayudara a entrar.

Inuyasha

Saber que todo el día de hoy no iba a poder verla hacía que el estómago se me revolviera. Afortunadamente tenía muchas cosas que hacer antes de estar con la mujer que me volvía loco.

Contraté el servicio de limusinas, el más lujoso, era lo menos que ella merecía. Había encargado un vestido y lo necesario para que se arreglara como la princesa que es, pero sobre todo deseaba con todas mis fuerzas poder quitarle prenda por prenda hasta dejarla completamente desnuda ante mis ojos.

Fui a la tienda donde había encargado todo y lo tuvieron de acuerdo a lo ordenado. Listo para ser entregado en una linda caja blanca con un moño dorado, sólo tuve que meter una segunda nota en la que le indicaba la hora de nuestra cita.

Aproveche para pasar a una tienda especializada y compre algunas cosas que estaba seguro iba a disfrutar.

El día pasaba muy lento, hasta que llegó la hora de ir por ella. El servicio de limusinas se encargaría de cumplir mis ordenes al pie de la letra, para eso me había encargado de darles un pago especial.

Nos dirigimos al departamento, estaba muy impaciente por llegar y verla por fin. El chofer siguiendo mis indicaciones tocó la puerta y vi como después de unos minutos el amigo con el que vivía Kagome se dirigía a la limo, me preguntó mi nombre y a donde iba a llevar a su amiga. La verdad es que no quería contestar pero me vi obligado a hacerlo, supuse que sino lo hacía él no permitiría que me la llevara y no estaba dispuesto a permitir que eso ocurriera. Lo único que oculté eran mis intenciones de tener sexo de todas las maneras posibles con ella y, sobre todo ganar su corazón.

Sentí que los celos carcomían mi alma cuando vi que la besaba en la frente. Cerré mis puños hasta que mis nudillos se pusieron blancos pero pude contenerme. Estuve a punto de salir a partirle la cara al tipo que la había besado.

Kagome entró a la limo y sólo pude respirar más profundo cuando su perfume impregnó todo el lugar.

Pude observarla detenidamente, no hacía el menor movimiento. Debía sentirse insegura al no poder ver. El vestido le había quedado como un guante, estaba un poco escotado y mostraba la parte superior de sus senos, francamente me detuve de enterrar ahí mi rostro y empezar a besarla como loco. Se había dejado el cabello suelto, tal como yo lo había soñado. Sus piernas se mostraban perfectamente torneadas y sus caderas eran finamente marcadas por la prenda.

Sería mejor que avanzaran de lo contrario todo lo que tenía planeado para esa noche se vendría abajo.

Toque la ventana para indicarle al chofer que iniciara el recorrido.

Kagome

Sabía que estaba alguien a mi lado, podía sentir su respiración cerca de mí. Debo estar loca pero me sentí segura a pesar de no saber quien era la persona que me había invitado.

Escuche como golpeaba la ventana y la limo empezó a avanzar.

- ¿Quién es? – fue lo único que se me ocurrió preguntar.

- Sshhhh… - mi acompañante había puesto su pulgar en mi boca – sólo escucha y siente, ¿de acuerdo?

¡¡¡Era Inuyasha!!!

Inuyasha

Sentí sus labios contra mi dedo, mi cuerpo reaccionó inmediatamente, mi erección aumentó hasta casi hacer que me doliera. Por un momento pensé en subirle el vestido y sentarla a horcadas sobre mí y penetrarla profundamente, pero no… tenía que contenerme. Primero iba a hacer que ella llegara al límite y entonces… sólo entonces yo la poseería. Deseo que recuerde esto toda la vida. Coloqué mi mano en su pierna cubierta por la delicada media, buscando un contacto más íntimo.

Kagome

Puso su mano en mi pierna, mi vagina empezó a humedecerse tan sólo con su cercanía y ahora con su mano ahí sentía que iba a volverme loca. Sólo pude moverme en el asiento.

- Señor Taisho... ¿Qué pasa?

- Me parece que le dije que sólo escuchara – me dijo prácticamente pegando su boca a mi oído – creo que después de trabajar durante tres años conmigo debe saber que me gusta que se sigan mis ordenes al pie de la letra – iba a contestarle pero nuevamente no me dejó – silencio amor, me has hecho sufrir mucho estos tres años y planeo vengarme por ello y creo que tu lo vas a disfrutar.

¿Yo? ¿Provocarlo? Pero ¿cómo?

Sentí como sus manos me tomaron de los hombros para dejarme sentada en el mismo sillón pero frente a él, a continuación sentí como me amarraba las manos con algo suave, probablemente el mismo material del que estaba hecha la venda.

Estuve a punto de protestar por esto pero decidí callar y esperar para ver que es lo que pretendía hacer.

- Te deseaba… pero yo era tu jefe – sentí como sus manos apretaban mis senos, un gemido escapó de mis labios, se sentía taaannn bien – ¿Pensaste que no me daba cuenta como te sonrojabas cuando te hablaba? ¿Cómo humedecías tus preciosos labios cada vez que entrabas a mi oficina? pues ahora señorita Higurashi, pienso tenerte completamente para mí y así pagarás la tortura a la que me has sometido.

Yo no podía creer lo que me estaba diciendo. Él se había dado cuenta de mi amor y sobre todo… ¿él me deseaba a mí?

- Inuyasha – lo tutee, nunca lo había llamado por su nombre pero él no permitió que continuara, porque una de sus manos se dirigió a mi boca para callarme y empezó a deslizarla por mi cuello y pecho hasta llegar al escote de mi vestido. Mi respiración se agitó. Hice mi cabeza para atrás dejándome llevar por las miles de sensaciones que provocaba su mano sobre mi piel. Mi tanga esta empapada, nunca me había sentido así; había tenido relaciones hace algunos años pero nadie había logrado lo que Inuyasha con sus palabras y sus leves toques me provocaban.

Sentí como respiró profundamente como preparándose para hacer algo cuando sentí sus manos a la altura de la parte superior de mi vestido y lo deslizó con todo y sostén liberando mis senos, mis pezones estaban erectos. Instintivamente traté de cubrirme pero él no me dejó.

- Son como los soñé… no… son mejores de lo que me imaginé – sentí como tomaba mis pechos con sus manos y no pude evitar gemir más alto cuando su boca se acercó a uno de mis pezones, su lengua caliente, húmeda lamía, chupaba con entusiasmo. Quería tocarlo, agarrar sus cabellos pero no podía estaba aún atada de las manos.

Después de unos gloriosos instantes pasó su atención a mi otro seno, le dio a mi pezón la misma atención que al primero. Sentí una gran pérdida cuando se alejó.

- Acuéstate - me ordenó.

Dudé durante unos segundos pero le obedecí, por el movimiento mi vestido se subió hasta mis caderas dejando ver el liguero, las medias y mi tanga, tenía dobladas las rodillas.

Sentí como la limusina daba un giro, no tenía la más remota idea de donde me encontraba pero no me importaba, lo único que me interesaba era estar con Inuyasha quien se dedicaba en ese momento a abrirme las piernas y a rozar la entrada de mi vagina. Supuse que el estaría arrodillado junto al sillón.

¿Hacía calor? No lo sé… pero estaba segura que mi cara estaba sonrojada a más no poder, y debo reconocer que si bien era por vergüenza, mi sonrojo se debía en mayor medida al deseo que Inuyasha me inspiraba.

Deseaba que me quitara la venda de los ojos y la que ataba mis manos, que me permitiera hablarle, sin embargo también me gustaba la dominación que ejercía sobre mí, una de las múltiples fantasías que había tenido.

Inuyasha

Deseaba como nada en el mundo penetrar a la pequeña hechicera que estaba acostada delante de mí. No podía creer que por fin estaba en frente a la mujer que invadía mis sueños desde hace tres años.

No mezclar los negocios y el placer habían sido una regla que había respetado pero ya no tenía esas ataduras. Sin duda esa mujer había nacido para mí.

Deseaba sentirla, probarla. Estaba acariciando la entrada de su vagina, me gustaba observar como mordía su labio inferior tratando de no hablar porque yo se lo había pedido.

Me las arregle para hacer a un lado la tanga y deslice un dedo en su interior, estaba caliente, húmeda. Con el pulgar acariciaba su clítoris. Mi pene estaba erecto a más no poder. Pero lo que interesaba ahora, en éste momento era el placer que le proporcionaba a ella. Kagome se movía, alzaba sus caderas tratando de que mis caricias fueran mayores, y no la decepcione. Aumenté el ritmo hasta que sentí que estaba a punto de tener un orgasmo por lo que retiré mi mano.

- No pequeña… no tienes permiso de correrte, hasta que yo te lo autorice – chupe mi dedo probando su sabor – Eres deliciosa.

Estaba sonrojada y eso me encantaba. Permitía que yo llevara todo el control, que la dominara, no se había opuesto a ninguno de mis deseos. Quería estar conmigo.

- Hay un par de reglas que quiero que sigas esta noche – le dije sin perder de vista la reacción de su rostro, abrí un compartimento de la limo y saque un pequeño estuche, saque un aparato del tamaño de una caja de fósforos y uno más pequeño que metí en la bolsa de mi saco. El primero lo introduje en la tanga y lo aseguré a la altura de su clítoris – No te correrás sin mi permiso. Si tú no te controlas serás castigada. ¿Estás de acuerdo Kagome?

- Sí – fue la respuesta que me dio.

- Bien, te aseguro que lo disfrutarás – metí mi mano al saco y presioné el pequeño dispositivo.

- ¡¡Inuyasha!! – gritó mi ángel cuando sintió el vibrador que le había colocado en su tanga.

Muy bien… creo que esto se pondrá interesante.

Continuará

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Hola, espero no haber defraudado sus expectativas… esto empieza. No estoy segura de cuantos capítulos serán pero no pasaran de cinco… perdón por haberles dicho que serían tres. Creo que estoy escribiendo más de lo que tenía previsto.

Trataré de actualizar el domingo.

Por cierto, muchas gracias por los reviews… me animan mucho!!!

Tendré tiempo de agradecer cada uno más adelante…

¡¡¡BESOS!!!