Invitación
Capítulo 3
Kagome
¡¡Dios!! No sería capaz de aguantarme, había aceptado tratar de controlarme, tratar de cumplir las reglas que Inuyasha me había dicho, pero con ese aparato en mi, iba a ser imposible.
La vibración continuaba y lo único que se me ocurrió hacer era cerrar mis piernas para tratar de controlar las sensaciones que Inuyasha me provocaba con el vibrador que me había colocado.
- Recuerda Kagome, si no logras controlarte serás castigada – escuche como me decía y sentí una de sus manos en mi muslo derecho, estaba tratando de separar mis piernas.
En ese momento las vibraciones se detuvieron, me sentía… no sé cómo me sentía, por una parte aliviada de que acabara mi tortura pero por otro con unos deseos inmensos de terminar, de sentir todo lo que Inuyasha era capaz de provocar. ¿Por qué estaba haciendo esto? ¿Por qué no permitía que me corriera? Cielos… si la situación continuaba así… la noche iba a ser muy larga.
Sentí como acomodaba mi falda, me ayudaba a sentarme y cubría mis senos con el sostén y el vestido.
- Esta noche Kagome… esta noche serás mía – Inuyasha me dijo muy cerca de mi oído.
Y esa era la realidad, ésa noche… sólo esa noche le pertenecería a Inuyasha Taisho.
Y yo no iba a desperdiciar esa oportunidad.
- ¿Puedo hablar? – pregunté.
- Aún no – su rostro estaba muy cerca del mío, su boca estaba tocando la comisura de mis labios… cómo deseaba que me besara, durante mucho tiempo soñé como sería sentir sus labios en los míos.
No sé si leyó mi pensamiento pero su boca empezó a acariciar la mía sin llegar a profundizar el toque, sentí de repente que mordía mi labio inferior por lo que instintivamente abrí la boca movimiento que él aprovecho para besarme.
No podía creer lo que estaba pasando… el señor Taisho me estaba besando apasionadamente, su lengua recorría mi boca despacio, como si estuviera memorizando cada detalle, algo que yo también aproveche, esperando que con el contacto él pudiera darse cuenta de la intensidad de mis sentimientos.
Aún tenía las manos atadas por lo que mi intención de abrazarlo no pudo ser cumplida. Sin embargo podía sentir las manos de Inuyasha abrazándome de forma posesiva.
Él termino con el beso pero pude escuchar su respiración agitada al igual que la mía.
- Es mejor de lo que imaginé – me dijo – eres deliciosa… por todos lados. No sabes cómo deseo tenerte desnuda debajo de mí – me desataba las manos en éste momento.
Las imágenes de mis fantasías con Inuyasha en una gran cama, ambos desnudos inundaron mi mente, me preguntaba porque Inuyasha no acababa de cogerme de una vez. Deseaba que me hiciera suya en ese mismo instante, la humedad de mi vagina no disminuía en ningún momento.
Inuyasha me quitó la venda de los ojos y tuve que acostumbrarme nuevamente a la luz, lo observé por primera vez en la noche, estaba más guapo que nunca con un traje negro impecable y me miraba con esos hermosos ojos dorados.
- Me gusta que lleves el cabello suelto – estaba los mechones que caían en mis hombros – eres hermosa.
¡Cielos! Mi exjefe me estaba diciendo que yo era hermosa… nunca pensado que yo pudiera inspirar esa palabra.
Inuyasha
- Puedes hablar – le dije, de verdad que era la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Se veía especialmente nerviosa ahora que tenía la oportunidad de enfrentar la situación a través de su mirada.
- Inuyasha, ¿a qué se debe todo esto? – estaba observando su vestido y después la limo.
- Kagome, te he deseado desde el día que te entrevisté para que fueras mi asistente – tomé su mano derecha entre las mías y la acariciaba delicadamente – pude ver que yo no te era indiferente.
- Pero… tres años… esperaste tres años para…
- Dime ¿qué hubieras preferido que hiciera? – la interrumpí - ¿Qué te despidiera para poder acostarme contigo?
Se sonrojó, y bajó su mirada a su regazo.
- Tengo la regla de no mezclar negocios con el placer. Además quería conocerte un poco más – no permití que me privara de sus hermosos ojos color chocolate por lo que una de mis manos se dirigió a su barbilla y levanté su rostro para verla directamente – lo único que ocurrió cuando te conocí, fue que mi deseo creció y creció, hasta que en más de una ocasión estuve a punto de encerrarme contigo en mi oficina, tirarte en la alfombra y hacerte el amor como un loco. Así que cuando llegó la oportunidad de dejar la presidencia no lo dudé ni por un instante, porque eso significaba que también podría acercarme a ti de otra forma. Dime Kagome, ¿estás dispuesta a hacer todo lo que te pida?
Kagome
Me estaba ofreciendo tener lo que por tres años anhelé. Y a mí no me importaba que sólo fuera por esta noche, por supuesto que estaba dispuesta a hacer lo que me pidiera.
- Si - fue la única palabra que salió de mi boca.
Inuyasha
Esa era la respuesta que esperaba, le pasé su bolso para que pudiera arreglarse el maquillaje que yo mismo me había encargado de retirar besándola, yo sólo podía imaginarme sus labios alrededor de mi pene, haciendo maravillas.
Me parecía que no necesitaba ni una gota de maquillaje, pero tenía planeado presumirla frente a una audiencia muy selecta y estaba seguro que ella se sentiría más a gusto si consideraba que estaba perfectamente arreglada.
Sabía que tendría una prueba muy difícil que superar, seguramente todos los hombres que se encontraran en el lugar que elegí para cenar iban a comerse con la mirada a mi Kagome, sólo espero ser capaz de no destrozarle la cara a alguien.
Kagome
Llegamos a uno de los restaurantes más lujosos de la ciudad, ni en mis sueños había pensado poner un pie en un lugar así, pero ahí se había estacionado la limo. Inuyasha salió y me ayudó a hacer lo mismo.
- Señor Taisho, buenas noches. Por favor… sígame su mesa esta lista – dijo el capitán de meseros, quien personalmente salió a darle la bienvenida a mi acompañante.
Las personas que estaban a mí alrededor pertenecían a lo más destacado de la sociedad y del mundo de los negocios. Estaban impecablemente vestidos y ellas mostraban joyas al por mayor. Sentí una punzada en mi estómago al ver que casi todas las mujeres se comían a Inuyasha con la mirada y por lo menos dos pasaban delante de nosotros coqueteándole descaradamente.
Nos dieron la que creo era la mejor mesa del lugar. Inuyasha se sentó muy cerca de mí, su calor corporal me fascinaba no permitiendo que ni por un minuto mi estado constante de excitación aminorara.
Traté de distraerme observando el restaurante, era un lugar muy íntimo, supongo que la iluminación tenía mucho que ver. Había una banda tocando y varias parejas se encontraban bailando en la pista.
Trajeron un vino elegido por Inuyasha, él me entregó mi copa y me invitó a brindar.
- Por esta noche, por la compañía de la mujer más hermosa que he conocido.
- Por esta noche – le contesté.
Nuevamente me sonrojé, tomé un poco de vino pero en ese momento estuve a punto de escupirlo pero me alcance a controlar. El vibrador que estaba en mi tanga había sido accionado.
- Inuyasha – murmuré apretando mis piernas.
- Dime – me contestó como si nada estuviera pasando, acariciaba con su dedo mi hombro.
Estaba sintiendo miles de cosas, por más que apretara mis piernas no lograba contener todo lo que me estaba provocando el vibrador que me había colocado, incluyendo mi respiración que estaba bastante agitada.
- Escucha Inuyasha, no voy a aguantar… por favor – le supliqué, ¿qué? no tengo la más remota idea, no sé si deseaba que se detuviera o que me permitiera correrme y sentir mi orgasmo.
- Si puedes – me contestó muy cerca de mi oído como si me estuviera diciendo un secreto.
- Por favor Inuyasha, estoy a punto de llegar… - cerraba mis ojos, mi respiración estaba agitada y mis piernas empezaban a dolerme por mantenerlas fuertemente apretadas.
- Espera, recuerda que sólo yo te puedo dar permiso de correrte.
El vibrador no se detenía, el mesero se acercó a entregar los platillos solicitados, pero eso no hizo que Inuyasha desactivara el aparato.
Durante la cena me dio momentos de respiro desactivándolo. Mi clítoris estaba muy sensible y cuando el aparato era accionado nuevamente pensaba que iba a enloquecer. La mirada de Inuyasha no perdía ningún detalle de los gestos de mi rostro. Él estaba muy cerca me acariciaba constantemente por diversas partes del cuerpo, principalmente mi espalda y mis brazos que no estaban cubiertos.
En los momentos de paz, podía observar su rostro, en su mirada se veía algo más que sólo deseo, pero tenía que concentrarme no podía fantasear con algo más que ésta noche.
El postre consistió en una sola rebanada de pastel de chocolate. Inuyasha insistió en darme de comer pero en esta ocasión no desactivó en ningún momento el vibrador.
- Por favor… - pero no pude continuar mi súplica porque en ése momento sentí como mi piel se ponía chinita, un escalofrío me recorrió el cuerpo y a través de mi columna aparecía una especie de descarga eléctrica demasiado agradable. Mordí mi labio inferior tratando de controlar el grito que estaba a punto de dar. Nunca me había sentido así. Traté de controlar mi respiración.
- Creo que tendré que castigarte – dijo Inuyasha, había desactivado el vibrador.
No sé qué corto circuito había ocurrido en mi cabeza, pero la idea de ser castigada por Inuyasha hizo que me pusiera más caliente todavía. Pero la idea de que la gente a mi alrededor se hubiera dado cuenta de lo que había ocurrido hizo que regresara a la realidad por unos instantes.
- Te has portado muy mal Kagome – Inuyasha tenía la mirada seria, yo sólo quería que acabara con la incertidumbre de cómo me iba a castigar.
Él retiró mi silla y me ayudó a ponerme de pie, no tenía la certeza de que pudiera caminar después de todo lo que había sentido. Me condujo por la orilla de la pista de baile y me alejó de las personas a través de un pasillo.
Casi al final estaba un hombre muy alto y fornido.
- ¿Le puedo ayudar en algo señor Taisho?
- ¿Está disponible esta habitación? – le preguntó Inuyasha a ese hombre quien sólo respondió asintiendo con la cabeza.
- Bien, ocúpate de que nadie nos moleste – al decir esto Inuyasha le dio un par de billetes al hombre e hizo que me metiera al cuarto.
Pensé que a lo largo de la noche Inuyasha había logrado que me sonrojara todo lo que podía pero no estaba preparada para el que sentí que apareció en mi cara cuando entramos a la habitación; se trataba de un lujoso baño de hombres. En la primera habitación estaban los lavabos y un espejo enorme, al fondo estaba un gran sofá, había una gruesa y elegante alfombra. La iluminación era similar a la del salón principal, hacía que el ambiente fuera íntimo. Había una segunda puerta donde supuse estaban los baños.
- Pero, ¿qué va a pensar el hombre que está en la entrada? – de repente la vergüenza de que supiera que estaba sola con Inuyasha me hizo dudar.
Él me dirigió hacia los lavabos, justo frente al gran espejo poniéndome frente a él para ver mi reflejo.
- Seguramente pensará que vamos a tener sexo.
No sé qué pasó conmigo pero cuando me contestó, sentí como mi vagina volvía a mojarse y la excitación retomaba el nivel que tenía justo antes de entrar en la habitación.
- Recarga tus manos frente al lavabo y separa las piernas.
Yo sólo obedecí, mi corazón latía fuerte y rápidamente.
- ¿Qué vas a hacer? – fue lo único que pude preguntar.
Inuyasha se puso atrás de mí recargó sus caderas contra mi trasero.
Pude sentir su erección, como la restregaba a lo largo de mi trasero y de la entrada de mi vagina. Cerré los ojos creyendo que iba a morir en ese instante. Alce mi rostro y pude ver mi reflejo en el espejo e Inuyasha detrás de mí, vi sus manos deslizarse hacia la parte superior de mi vestido y lo bajo al igual que mi sostén, dejando al descubierto mis senos.
Esto no terminaba, vi y sentí sus manos acariciando mis senos, apretando mis pezones.
- Llevas atormentándome mucho tiempo Kagome, creo que tu castigo debe ser mayor.
Cuando terminó de decir esto sus manos dejaron mis senos y se dirigieron a la parte baja de mi vestido y lo subió dejando expuesta mi tanga, el liguero y las medias. Mi respiración era más irregular a cada instante, pensar que Inuyasha me estaba viendo en esas condiciones me prendía todavía más.
- Amo tu trasero Kagome… ¿estás consciente de porque te estoy castigando?
- Por venirme sin tu permiso… y por provocarte durante tres años – apenas se oyó mi voz.
- Muy bien Kagome, estás en lo cierto – me estaba acariciando las nalgas y de repente me dio una nalgada yo iba a gritar, más por la sorpresa que por dolor…
Dolía pero quería que continuara, nuevamente me estaba excitando. Nunca me hubiera imaginado que era una mujer masoquista pero la verdad era que cuando Inuyasha continuó nalgueándome sentí que moriría de placer.
- Obsérvanos a través del espejo Kagome – me dijo, levanté mi rostro y vi nuestro reflejo nuevamente me nalgueó y vi en mi rostro la satisfacción de sentir inmenso placer – eres hermosa.
Vi su rostro él también estaba disfrutando con todo esto. ¡Cielos! Me miré, cada vez que Inuyasha me daba una nalgada mis senos se mecían y mis pezones dolían, necesitaban un poco de atención, moví mi mano derecha hacia ellos y los acaricié. Lo único que conseguí hacer que me sintiera cada vez mejor y que estuviera a punto de correrme.
- Inuyasha por favor… ¿puedo correrme? – el continuaba nalgueándome.
Inuyasha
Nunca me había imaginado que tendría frente a mí aparte de la mujer más hermosa del mundo y también a la más sensual, cuando vi que acariciaba sus pezones estuve a punto de dejar todo lo planeado a un lado voltearla y cogerla como nunca lo había hecho con nadie. Pero afortunadamente la pregunta que me hizo me hizo retomar mis planes.
- No, aun no cariño.
Vi su rostro, obviamente mi respuesta no era la que esperaba le di un par de nalgadas más en su hermoso trasero y detuve la primera parte de mi castigo.
Hice que se enderezara por lo que su vestido en la parte de abajo regreso a su lugar.
-Voltéate y mírame – le dije.
Cuando lo hizo nuevamente tuve que contenerme, estaba algo despeinada, sus pezones estaban erectos, sus senos tenían el tamaño perfecto. Metí la mano en mi saco y saque una cadena adornada con diamantes, antes de que ella se diera cuenta de que se trataba tomé los extremos de la cadena y los aseguré en sus pezones, apretando la zona ya estaba muy sensible. Escuche un gemido que salía de los labios de mi Kagome.
- Esta es una cadena que dice que me perteneces… ¿estás dispuesta a usarla? – le pregunté jalando un poco el adorno.
- Sí – fue lo único que mi ángel dijo. Tenía cerrados los ojos, estaba seguro que estaba disfrutando el regalo que le acababa de dar.
- Muy bien – con cuidado la empuje hacia abajo, para que quedara arrodillada a la altura de mi erección – empieza tu segundo castigo.
Kagome
La presión sobre mis pezones era deliciosa, sentía el frío de la cadena sobre mi piel y me excitaba aún más, hizo que me arrodillara frente a él. Por fin mi curiosidad iba a ser satisfecha, durante tres largos años miré clandestinamente la entrepierna de mi jefe cuando él estaba ocupado. Tenía mucha curiosidad por conocerlo, había soñado en muchas ocasiones con sentirlo dentro de mí.
- Desabróchame el pantalón – dijo Inuyasha, sus manos estaban sobre mi cabello – quiero tu boca tal como me la he imaginado.
Desabroche lo más rápido que pude el cinturón, el botón y el cierre; le bajé el pantalón al mismo tiempo que sus bóxers. Su erección era enorme, gruesa, me quedé observando por unos segundos hasta que la voz de Inuyasha me sacó de mis pensamientos.
- Tómame Kagome, tómame – me dijo empujando mi cabeza hacia su pene.
Probé la punta con mi lengua, escuché un gemido que salía de los labios de Inuyasha, me emocioné al ver que yo provoqué ese sonido. Por lo que me animé a abrir más mi boca y a meter y sacar su pene tratando de cubrir en cada ocasión un poco más de su longitud.
Inuyasha agarró mi cabello con mayor fuerza y empezó a mover sus caderas al ritmo en el que lo tomaba mi boca.
- Haz lo mismo de hace rato, Kagome… toca tus senos – dijo Inuyasha, en ese momento miré su rostro; él me observaba con gran atención, observaba mi boca. Moví mis manos acariciando mis pezones enmarcados por los anillos de la cadena de diamantes y sentí que me moría. No puedo describir con palabras lo que sentía al tener a Inuyasha de esa manera. Mi vagina también necesitaba a tención por lo que mi mano izquierda se dirigió ahí y me acaricié deseando que fueran las manos de él las que estuvieran.
- Eres toda una mujer Kagome. Mi mujer. Muy bella.
La mente me estaba jugando una broma… me pareció escuchar que Inuyasha decía que era su mujer… debo estar volviéndome loca.
Deseaba correrme así, dándole placer a él y dándomelo a mí misma. Pero no podía hacerlo, no sin que él me diera permiso, porque recibiría otro castigo aunque si los castigos seguirían siendo así tal vez valiera la pena desobedecer.
Escuche la respiración entrecortada de Inuyasha.
- Voy a correrme – escuche que decía, su pene se puso más duro todavía – dime Kagome, ¿dónde quieres que lo haga? ¿En tus senos o en tu boca?
Sólo pude acelerar la forma en que metía y sacaba su pene de mi boca indicándole que deseaba que terminara ahí.
Inuyasha
Me tomó con mayor fuerza, deseaba que me viniera en su boca.
Moví mis caderas con mayor fuerza deseando que ella me tuviera por completo al momento de correrme. Emití un extraño sonido con mi pecho y no pude soportar más ver y sentir la boca de Kagome, su manera de tocarse sus senos y su vagina.
No pude contenerme más y me vine en su boca, nunca me había sentido así, ninguna mujer había logrado lo que Kagome había conseguido en esos minutos. Ella tomó todo mi semen en su boca y lo saboreó, continuó mamando mi pene hasta extraer todo lo que podía darle. Empujé su cabeza hacia atrás y su mirada se fijó en mí, permaneció arrodillada. Aproveche ese momento para meter nuevamente mi pene en mis bóxers y cerraba mis pantalones. Pero en ningún momento aparte mi mirada de la suya. La ayudé a ponerse de pié.
Estaba hermosa, un poco despeinada, sonrojada y sus senos me invitaban a probarlos.
- ¿Puedo venirme ahora? – me preguntó
- Aún no, cariño – baje mi boca hacia su seno izquierdo y empecé a lamer su pezón, estaba duro por la excitación que tenía y por la presión que ejercían los anillos de la cadena. Estaba delicioso, escuche gemir a Kagome por lo que dirigí mi atención al otro. Estaba seguro que no iba a aguantar mucho tiempo por lo que levanté mi rostro y con mis manos le acomodé el sostén y el vestido encima de la cadena.
Kagome
Dejó la cadena y los anillos que se sostenían de mis pezones debajo de la ropa, sin querer una sonrisa apareció en mi boca al ver que en su rostro también había una. Éramos cómplices, nadie sabría aparte de nosotros dos que llevaba esa cadena aunque se notaba la erección de mis pezones sobre las prendas.
Nuevamente traté de arreglar el maquillaje, para hacerlo me di vuelta para verme en el espejo Inuyasha se quedó detrás de mí tratando de acomodar mi cabello.
Me tomó de la mano y me llevó afuera de la habitación, el pasillo estaba vacío a excepción del hombre que estaba cuidando la puerta.
- Buenas noches señor Taisho – se despidió el hombre.
La duda se presentó en ese momento.
- ¿Haces esto con frecuencia? – no pude evitar preguntarle.
Inuyasha me dio una nalgada, apenas pude contener un grito mientras nuestras miradas se cruzaban.
- Creo que necesitas otro castigo – me dijo con una sonrisa en su boca.
Inuyasha
No lo podía creer, nuevamente mi pene estaba erecto, no tenía ni 10 minutos que había tenido el orgasmo de mi vida y nuevamente la deseaba, era ella. Era ella la que provocaba estas reacciones. La conduje hacia la pista de baile para aprovechar la música suave que la banda estaba tocando.
Llegamos al centro de la pista y la acerqué todo lo que pude a mi cuerpo, necesitaba que ella sintiera mi erección, lo que era capaz de provocar. Mis manos descansaban en su cintura mientras Kagome puso sus brazos alrededor de mi cuello.
Podía oler su cabello, el olor a fresa era inconfundible. La acerqué lo más que pude, también necesitaba sentirla entre mis brazos, sus senos se recargaban en mi pecho, alcanzaba a sentir la cadena bajo sus ropas, saber que la tenía hacía que mi erección aumentara.
Ella era suya… en todos los aspectos.
- Eres la mujer más hermosa de este lugar, nadie se puede comparar contigo – le dije.
- Y tú dices cosas muy lindas – ella levantó su rostro y me observó.
Aproveché ese momento para llevar mi mano a la bolsa de mi saco y encendí el vibrador. Inmediatamente los ojos de Kagome se dirigieron hacia mí, nuevamente se sonrojo y sentí su cuerpo vibrar entre mis brazos.
- Inuyasha, por favor… no voy a aguantar mucho – la observé morderse el labio inferior.
Pensé que su vagina, en como estaría húmeda y cómo estaría su clítoris, me imaginaba saboreándola.
- Claro que lo harás… ¿te gustaría que otra vez te castigue? – le dije.
Mi respiración nuevamente estaba agitada imaginándomela acostada en la cama totalmente desnuda y sintiendo un orgasmo provocado por mí.
Escuche como gemía contra mi oído.
- Por favor Inuyasha, estoy a punto de llegar – alcanzó a decirme.
Sólo pude atrapar su boca en la mía y besarla con pasión, con la pasión que despertaba en mí, mordí su labio inferior y sentí como capturaba un pequeño grito y su cuerpo vibrar entre mis brazos. En ningún momento dejé de besarla, mi lengua recorría su boca como si estuviera hambriento y ella fuera mi única fuente de alimento.
- Detente por favor… - estaba segura que estaba teniendo múltiples orgasmos por la forma en la que se movía entre mis brazos, sin embargo no yo la controlaba para evitar que las personas que estaban a nuestro alrededor se dieran cuenta de que algo, aparte de un beso apasionado; estaba pasando.
- Para por favor – me alcanzó a decir mientras pudo alejarse un poco de mi demandante boca.
La miré tratando de demostrar enojo con mi mirada.
- Te has ganado otro castigo – dirigí mi mano a mi saco y apagué el dispositivo.
Ella me abrazó más, estoy seguro que si no la hubiera tenido fuertemente agarrada habría caído al piso irremediablemente.
Kagome me miró tratando de demostrar enojo.
- No juegas limpio Inuyasha Taisho.
Tomé su rostro entre mis manos, alcé su rostro para poder mirarla. Estaba hermosa como si acabaran de cogerla y aún no lo había hecho… todavía.
- Vámonos – dije tomando su mano y llevándola al exterior, no podía seguir esperando. Tenía que tenerla ya.
Continuará
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Hola… espero que les haya gustado la continuación.
Dejen review.. por favor… ¿si?
