Invitación
Capítulo 4
Kagome
Tomó mi mano y rápidamente me sacó de la pista de baile, con la otra sacó su celular e hizo una llamada. Llegamos a la entrada del restaurante y la limusina estaba estacionada con el chofer esperándonos. Supongo que la llamada que realizó fue a él.
La urgencia con la que me sacó, el contacto con su mano y las consecuencias que aún sentía en mi cuerpo al haber experimentado los mejores orgasmos de mi vida hicieron que mi excitación no disminuyera, deseando, anhelando estar a su lado.
Estaba en el paraíso, bueno… casi… si tan sólo Inuyasha me amara, si tan sólo sintiera por mí la mitad de lo que yo siento por él… ojalá él quisiera algo más que sólo esta noche.
Llegamos a la limo, entré en ella pero Inuyasha se entretuvo dándole instrucciones al chofer, no alcance a oír nada.
Estaba segura que en cualquier momento iba a morir de un ataque al corazón, mi ritmo cardiaco se incrementó cuando recordé lo que había pasado en ése vehículo hace unas horas y ver que Inuyasha entraba no ayudó a calmarme.
El chofer se encargó de cerrar la puerta, en cuanto Inuyasha se acomodó en el asiento su mano izquierda me tomó de la cintura y me acercó a él rápidamente tomándome por sorpresa y me besó… me besó… cada vez que lo hacía era una experiencia completamente nueva. Su lengua recorría mi boca como si en ese contacto se le fuera la vida. Existía por una parte suavidad de sus labios y a la vez exigencia por la fuerza con la que buscaba los míos.
No sé como describir la manera en la que lo hacía pero su boca me devoraba y yo trataba de seguir su ritmo.
Muy a mi pesar, se separó un poco de mí.
- Me enloqueces… Kagome… me enloqueces – alcance a escuchar, su rostro estaba tan cerca del mío que sus labios rozaban los míos y nuestras respiraciones agitadas se entremezclaban.
¿Yo? ¿Yo enloquecía a Inuyasha Taisho?
- Pues en el transcurso de la noche estoy segura que tú me has enloquecido más – contesté.
- Que bueno que me lo recordaste… creo que tienes pendientes un par de castigos más – me dijo con una sonrisa en la boca.
Castigos… mi cuerpo vibró con esa palabra. Mis pezones continuaban excitados por la cadena y por las manos de Inuyasha que subían y bajaban por mi espalda. Mis nalgas aún estaban sensibles por el castigo previo que había recibido. Pero ansiaba más… mucho más y no estaba segura cuanto más iba a soportar sin que él me tomara por completo. Estaba segura que si tardaba acabaría suplicándole que me cogiera…
Observé como sacó de un compartimiento de la limo un objeto negro largo, lo extendió y pude ver que era un látigo hecho de lo que aparentemente era terciopelo.
- ¿Qué es eso? – le pregunté.
- Es un látigo, amor – al contestarme se dedicó a acariciar mi rostro y la parte de mi pecho que estaba descubierto con el mango del látigo. Yo no despegaba mi mirada de su rostro, sus ojos estaban fijos en mi pecho y casi de inmediato supe porque. Sentí como bajaba nuevamente mi vestido y mi sostén dejando ver mis pechos y la cadena que se sostenía de mis pezones.
Me observó, mi cara de por sí sonrojada adquirió un rojo mayor.
- Quítate el vestido y el sostén – me dijo – pero no te quites la tanga, el liguero, las medias y tus zapatos.
Sentí que estaba frente a mi jefe nuevamente mientras me daba instrucciones de lo que quería que hiciera. Cuantas veces había fantaseado con una situación así y, en este momento lo estaba viviendo. Sentí el movimiento de la limo, no tenía nuevamente ni la más remota idea de donde me encontraba, además pensar que había un extraño estaba manejando y que probablemente sabía lo que estaba ocurriendo en la parte de atrás del vehículo no hizo más que hacerme sentir como una mujer muy traviesa.
Termine de bajar el cierre del vestido y lo retiré, enseguida me quité el sostén dejándolos ambos en el piso de la limo.
Inuyasha
La observé mientras terminaba de quitarse lo que le había indicado, sus senos eran perfectos. No como el de las mujeres que creen estar a la moda siendo talla cero.
Definitivamente Kagome era una mujer perfecta. Dejó caer las prendas en la limo y mi atención se dirigió también a sus redondeadas caderas, el triangulo de rizos finamente cubierto por la tanga y adornado por el liguero.
Era la mujer más sexy que hubiese visto en mi vida.
Me controlé nuevamente para no penetrarla en ese mismo momento. La tomé y la acomode sobre mi regazo de tal forma que se recostara sobre mis piernas y su delicioso trasero estuviera frente a mí.
- ¿Qué haces? – escuche que preguntaba desconcertada.
Yo sólo acaricié sus nalgas con el mango del látigo.
- Shhhh… es tiempo de tu castigo – le aclaré, extendí el látigo y azoté sus nalgas con el látigo, primero levemente pero poco a poco la fuerza de mis azotes fue aumentando, sentí como su respiración se aceleraba y alcance a ver como mordía su labio inferior. Me encanta que lo haga.
- Has sido una niña desobediente… debo castigarte Kag.
Kagome
Los golpes que me daba no me lastimaban, si provocaron un poco de dolor pero éste era sustituido rápidamente por intensas olas de placer que recorrían mi cuerpo. Recordé cuando en el baño había hecho lo mismo pero con su mano. Mis pechos estaban hinchados exigiendo atención, mi vagina estaba empapada por mi excitación. Mi espalda… nunca había sentido un hormigueo… una especie de corriente eléctrica cuando su mano libre acariciaba esa parte de mi cuerpo, la piel se puso chinita como si tuviera frio… pero eso era lo menos que sentía.
- Separa tus piernas Kagome – escuche que decía y lo obedecí inmediatamente. La mano que estuvo acariciando mi espalda se dirigió a mi vagina y metió un dedo. Cerré firmemente la boca para no gritar.
- Estás húmeda… estás lista para mí…
No pude reaccionar, detuvo su castigo y con sus grandes manos me incorporó dejándome recostada en el sillón.
Inuyasha
Quería probarla… necesitaba probarla.
La acosté en el sillón, dirigí mi atención a su vagina y por primera veza su tanga me estorbaba… pero no iba a durar mucho. Saqué la navaja que llevaba en mi pantalón y corté los extremos de la prenda. Al retirarla la llevé directamente a mi nariz oliendo la esencia de mi Kagome.
- Esto es mío – le dije a Kagome, metiendo su tanga en el bolsillo de mi saco.
Acerqué mi rostro a la entrada del paraíso y la besé con veneración al principio, pero no pude aguantar mucho y decidí comérmela, metí mi rostro tanto como me fue posible y mi lengua trataba de darle todo el placer posible.
Sentí como ella se retorcía, movía su cuerpo buscando algo… buscando lo que yo no le había dado permiso de sentir.
- Inuyasha… por favor…
- No Kagome… si te corres tendrás que esperar mucho tiempo antes de que te la meta – le dije seriamente para obligarla a seguir esperando.
Observé las manos de Kagome, estaba apretando fuerte la parte del sillón que estaba a su alcance, sin duda estaba tratando de contenerse y no venirse.
Después de probar durante unos instantes más su delicioso sabor decidí detenerme, ella me observó desconcertada. Mi erección no podía estar más firme y ansiosa. Le ayudé a levantarse y yo tomé asiento poniéndola a horcadas sobre mí.
Era una visión… la mujer más hermosa del mundo medio desnuda sentada sobre mí, mientras que yo estaba completamente vestido. Una de las tantas fantasías que había tenido.
La fina tela de mi pantalón y mí bóxer me separaban de la gloria. Puse atención en sus senos, sus pezones estaban completamente erectos, aprisionados por lo anillos de la cadena, misma que utilice para jalarla y acercarla a mi boca… me deleite con uno de su pezón derecho mientras mis manos acariciaban su espalda.
Me había dado cuenta de que su espalda era muy suave y estaba seguro que cuando la acariciaba Kagome sentía mucho placer.
Mi lengua recorrió sus senos, los chupe e incluso les di pequeñas mordidas provocando que ella se arqueara y me permitiera tener mejor acceso.
Había llegado a mi límite.
- Te has portado bien Kag – dije mientras mis manso se dirigían a mi cinturón y a mi pantalón – voy a cogerte cariño.
Kagome
¡¡Por fin!!
Estaba feliz, finalmente iba a cumplir su promesa. Por fin sería completamente suya.
Vi como Inuyasha se desabrochaba el cinturón, el pantalón y se bajaba el bóxer. Yo estaba completamente impaciente necesitaba tenerlo dentro de mí.
Coloqué mis manos en sus hombros lista para introducirlo en mi cuerpo en cuanto hubiera terminado de colocarse el condón que había sacado del bolsillo. Yo estaba lista para que Inuyasha Taisho me cogiera.
Por fin había terminado de colocarlo. Antes de que lo pensara mi cuerpo reaccionaba y trataba de acomodarse encima de su pene para provocar una rápida penetración. La punta de su miembro tocaba mi entrada y empezaba a entrar cuando las manos de Inuyasha me tomaron de la cintura impidiendo que continuara bajando.
No sé qué sonido emití demostrando la frustración que sentía, pero Inuyasha pareció no escucharlo. Se dedicaba a chuparme los pezones. Yo no sabía si deleitarme al sentir su boca pegada a mis senos y la punta de su pene en la entrada de mi vagina o golpearlo por torturarme de esa forma.
- ¿Qué quieres Kagome? – sentí como alejaba su boca de mí para preguntarme dirigiendo su mirada a la mía.
- ¡¡Te quiero dentro de mí!! – casi grité.
- ¿Quieres que te coja Kagome? – me preguntó al momento de meterme un poco más… sólo un poco más su miembro.
- ¡Sí! ¡Por favor cógeme, métemela ya!
Sentí como las manos que me sostenían de la cintura me dirigieron a él penetrándome de una sola estocada hasta el fondo. Yo sólo pude gritar al sentir toda su longitud dentro de mí. Lo miré al rostro, el cual estaba a estas alturas con rastros de sudor en su frente, su mirada también estaba perdida en la mía pero no pude soportar mucho, mis ojos se me cerraron al sentir las olas de placer que se extendían por todo mi cuerpo. Inuyasha continuó atormentando mis pezones con su boca.
Las manos de Inuyasha ayudaban a mis caderas que subían y bajaban para que me penetrara constantemente.
Una nueva sensación crecía en mí, hasta hace unos minutos los orgasmos que había tenido en el restaurant habían sido los mejores de mi vida; pero la sensación que se estaba formando en mi interior dejaba ver que había sido nada lo que había experimentado comparado con lo que me esperaba.
- Aún no Kagome – escuche que me decía… no podía ser… no iba a soportar mucho.
Inuyasha
Estaba en el paraíso, cuando la penetré completamente tuve que hacer un terrible esfuerzo para no correrme. Estaba tan deliciosamente apretada. Pero quería extender un poco más ésta maravillosa experiencia.
Observé su rostro, tenía sudor en la frente y mordía su labio inferior, supongo que para no gritar y forzarse a no correrse como yo se lo había pedido.
Kagome subía y bajaba sus caderas, yo la ayudaba para que los movimientos tuvieran más fuerza pero mi propia cadera iba en busca de la suya cuando la alzaba. El ritmo se incrementaba hasta convertirse en la más dulce tortura. No pude esperar más…
- ¡¡Ahora Kagome!! – alcance a decirle.
Ella se zafo del agarre de mis manos y continuó el ritmo frenético con el que me montaba hasta que lanzó un grito que liberaba toda la tensión a la que la había sometido.
Mi propio orgasmo fue espectacular, nunca me había sentido así. Era como si estuviera en llamas, como si estuviera quemándome por dentro y por fuera.
Nuestras respiraciones estaban muy agitadas y el cuerpo sin fuerza de Kagome estaba tumbado sobre mí.
- Señorita Higurashi… como siempre, es usted magnífica.
- Señor Taisho, es usted muy hábil.
-
-
-
Kagome
El lunes siguiente estaba en mi escritorio con un montón de papeles en mis manos. No podía concentrarse en mi trabajo porque estaba recordando todos los detalles de la invitación que me había hecho Inuyasha el viernes pasado. Recordar las veces que me había tomado en la limo hacían que mi vagina y mis senos estuvieran sensibles, como nunca lo habían estado. Estoy segura que el olor de Inuyasha se había quedado impregnado en mi cuerpo.
Como a las dos de la mañana me había llevado a mi departamento, al despedirse de mí me había regalado uno de los besos que sólo él puede dar. Pero había algo diferente en éste, fue posesivo, como si quisiera dejarme claro que yo le pertenecía.
Y por supuesto que lo sabía, yo sabía que en mi vida no habría nadie más que Inuyasha Taisho. Tuve la estúpida idea de que tal vez me llamaría el fin de semana… pero no ocurrió.
No llevaba sostén. No sé porque pero me había puesto la cadena que Inuyasha me había regalado… bueno, si lo sé… necesitaba saber que de verdad había ocurrido… que no se trataba de una más de mis fantasías. Y esa era la prueba física de eso, me sentía bien, me sentía traviesa al saber sólo yo lo que llevaba debajo de mi roba formal de trabajo. Y era además, el único recuerdo de la maravillosa noche que había tenido al lado del poderoso empresario Inuyasha Taisho, un recuerdo que llevaría el resto de mi vida.
Seguramente Inuyasha disipó la curiosidad que sentía al estar conmigo y había dejado de desearme.
Caminé hacia la oficina que había pertenecido a Inuyasha. En aproximadamente una hora el señor Bankotsu iba a tomar posesión oficialmente de la presidencia y de la oficina.
Abrí la puerta, no me atreví a meterme en ese despacho. El escritorio estaba vacío al igual que el librero, el sillón ya no era el mismo. Habían empezado a traer muebles del nuevo presidente. No pude evitar abrazarme a mi misma y cerrar los ojos ante la última evidencia de que Inuyasha Taisho había salido completamente de mi vida.
- Eres patética – escuché que alguien decía a mis espaldas – debería darte vergüenza comportarte de esa forma frente a todo el personal – era la señorita Kikio, me voltee para mirarla directamente.
- Disculpe señorita Kikio, ¿No tiene alguien más a quien molestar? – le dije.
- Entiende de una vez que aunque hubieras sido la última mujer sobre la tierra el señor Taisho no se hubiera fijado en ti, eres tan poca cosa… ¿Sabes?, ahora que tu jefe no está puedo hacer que te despidan inmediatamente.
Listo… era lo último, no iba a tolerar que me humillara de esa manera. No me importaría perder mi empleo, pero le diría unas cuantas verdades a ésa arpía.
Iba a responderle pero la presencia de alguien me distrajo. Sentí unas manos en mis hombros que hicieron que me volteara.
Era Inuyasha. Pero él no me observaba, dirigía su vista a la señorita Kikio. Estaba muy molesto, como pocas veces lo había visto durante los tres años en los que había trabajado con él.
Después de unos segundos dirigió su atención a mí y antes de que pudiera reaccionar sentí su mano en mi nuca acercándome a él y me besó. El contacto fue un poco rudo pero lo único que sentí fue como mi cuerpo se pegaba al de él y a punto estuve de derretirme y caer al suelo, situación que no se presentó porque él me tenía fuertemente abrazada.
Con la mano que estaba en mi nuca retiró el broche que sujetaba mi cabello el cual cayó alrededor de mis hombros.
En ese momento terminó el beso, lo miré detenidamente. El también tenía su mirada fija en mis ojos.
- Buenos días amor – me dijo – lamento no haberte llamado el fin de semana pero tuve un problema familiar que tuve que atender personalmente – acarició suavemente mi mejilla, me abrazó y se dirigió a la persona que me había agredido verbalmente – nunca más le hablarás de esa forma a mi futura esposa, Kikio – sólo pude ver como el rostro de ella se enrojecía y se quedaba sin habla. Prácticamente todo el personal del piso, incluyendo a mi amiga Sango se habían acercado y miraban la escena con mucha atención.
Esposa.
Esposa.
La palabra sonaba en mi cabeza una y otra vez.
Lo observé, pensé que había escuchado mal. No pude decir nada. Vi como Inuyasha ponía una rodilla en el suelo y sacaba una cajita del saco. La abrió y dentro estaba el anillo de compromiso más hermoso que había visto en mi vida. Sin duda se trataba de un diamante rodeado de zafiros.
No puede ser…
Debo estar soñando…
Sentí como tomaba mi mano entre las suyas.
- Kagome, me enamoré de ti desde el primer día que te vi y ahora pretendo hacerte mía por toda la eternidad. ¿Me harías el honor de ser mi esposa? ¿Quieras casarte conmigo Kag?
Mis ojos pudieron contener las lágrimas que nacían de mi alma, que eran de felicidad.
- Siempre te he amado Inuyasha – una sonrisa apareció en mi boca – deseo ser tuya por siempre.
Inuyasha sonrió como nunca lo había visto, y deslizó el anillo en mi mano. Era perfecto. Él se puso de pie y tomó mi rostro entre sus manos besándome tiernamente al principio, profundizándolo poco a poco. Cuando al fin separamos nuestros rostros escuché una serie de aplausos a nuestro alrededor. Todos los que se habían reunido estaban felices aplaudiéndonos efusivamente, todos menos la señorita Kikio. Cuál sería mi sorpresa al ver al señor Bankotsu entre los espectadores.
Inuyasha me abrazó y me cargó al estilo nupcial dándome una vuelta.
- Vaya… creo que acabo de perder a mi asistente – dijo el señor Bankotsu.
- Así es Bankotsu… porque he tenido la dicha de que Kagome acaba de aceptar ser mi esposa – dijo Inuyasha observándome directamente a los ojos.
-
-
-
Inuyasha
Nuevamente había contratado los servicios de la limusina, en ella nos dirigimos a mi casa en Beverly Hills, por más que trataba no podía mantener mis manos lejos del cuerpo de mi prometida.
La besé, la acaricié hasta que tuve que detenerme. Estuve a punto de desnudarla y tomarla nuevamente en el vehículo pero logre controlarme.
Al llegar a la propiedad en cuanto Kagome salió de la limo la tomé entre mis brazos y la llevé a mi dormitorio. Estaba hermosa despeinada y con los labios hinchados y rojos por los besos que le había dado. Delicadamente la puse de pié junto a mí.
- No puedo creer que esto esté pasando. Supuse que el viernes habías querido sólo sexo – me dijo.
- Pues yo no puedo creer como no te diste cuenta de todo lo que hacía para tenerte el mayor tiempo posible cerca de mí.
Sentí como se estremecía su cuerpo cuando le quité el saco, observé sus senos… sus pezones estaban erectos y se notaba el contorno de la cadena. Una estúpida sonrisa apareció en mis labios.
- La usaste – estaba sorprendido ante la acción de Kagome, me excitaba enormemente que la hubiera utilizado. Le quité la blusa y jalé levemente la cadena provocando un gemido en los labios de mi mujer. Mi mujer.
Continué desnudándola viendo la tanga rosa pálido que llevaba, me excitaba que utilizara ese tipo de ropa.
- Necesito verte – dijo, supongo que lo hizo al notar que ella estaba completamente desnuda y yo no me había quitado nada.
- Desnúdame – le dije.
Lentamente Kagome me ayudó a deshacerse de mis zapatos, el saco, el pantalón, la camisa. Por último deslizó mi bóxer. Mi pene estaba erecto, ella me observaba y me acarició levemente haciendo que mi corazón latiera rápidamente.
La tomé entre mis brazos y la deposité en la cama. Estábamos de costado, frente a frente. Mi pene acariciaba su vientre, sus senos acariciaban mi pecho.
- He soñado mucho tiempo con esto – le comenté mientras acariciaba su rostro y deslizaba mi mano por su costado hasta su cadera.
- Creo que lo sé – ella me dijo mientras acariciaba mi boca con su dedo – me enamoré de ti desde el momento en que te vi.
- Muchas veces estuve tentado a encerrarme contigo en la oficina, acostarte en el escritorio y hacerte el amor como un loco. Decirle al mundo que eras mía, y de paso romperle la cara a más de uno, esos que te observaban como sólo yo podía hacerlo – ella sonrió.
- ¿Sabes?, esa es una de mis fantasías favoritas, que me tomaras encima de tu escritorio.
Me coloqué encima de ella y con mi rodilla abrí sus piernas.
- No sé por qué pero creo que vas a ser una niña muy mal portada y vas a necesitar que te castigue constantemente.
Una sonrisa y el sonrojo en sus mejillas aparecieron en su rostro.
- Puedo ser una niña muy mala – dijo mirándome fijamente.
- Me queda claro… pero ahora, creo que no hay tiempo para diabluras… quiero hacerte el amor – deslice mi boca hacia sus senos y chupé sus pezones. Ella emitió un gemido y se arqueó subiendo sus pechos dándome mejor acceso a ellos.
Deslice mi mano hacia su vagina, quería sentirla, quería sentir su humedad. Mi boca siguió el mismo trayecto y chupe su clítoris haciéndola retorcerse. Subí mi rostro hasta el suyo y coloque mi pene en su entrada, tome sus manos con las mías colocándolas encima de su cabeza y lentamente la penetré. Ella se retorcía y alzaba sus caderas, supongo que quería que fuera más rápido.
- Di que eres mía Kagome – apenas pude decir.
- Soy tuya Inuyasha… siempre – solté sus manos para poder sostener mi peso y aumentar el ritmo de la penetración, sentí las manos de mi mujer en mi espalda, estaba enterrando sus uñas en mí y eso me ponía más caliente todavía.
Empecé a aumentar el ritmo de las penetraciones, nuestras miradas se encontraron y no perdieron ni un detalle de la reacción del otro.
- ¡¡¡Inuyasha!!!
- ¡¡¡Kagome!!!
Se escucharon nuestros gritos casi al mismo tiempo, sentí que iba a deshacerme por el placer que recorría mi cuerpo. Cada vez era tan diferente… cada vez era espectacular.
El cuerpo de Kagome se estremecía entre mis brazos. Sentía como su vagina apretaba mi miembro provocando un sinfín de sensaciones.
Rodé a un lado trayéndola conmigo, dejándola arriba de mí sin romper la unión entre nuestros cuerpos.
Ésta vez no había usado protección. Ya habría tiempo de hablar con mi mujer sobre tener hijos. La verdad ardía en deseos de verla embarazada, de saber que en su cuerpo crecía el resultado del profundo amor que sentimos el uno por el otro.
Ya habría tiempo… primero habría que organizar una boda, una luna de miel y un sinfín de cosas.
Una sonrisa apareció en mi boca ante el fabuloso futuro que tenía frente a mí.
- Esta usted contratada señorita Higurashi – le dije recordando la entrevista que hace tres años le había hecho – pero tendrá que saber que tendrá que acudir a mi oficina constantemente, habrá algunos asuntos que tendremos que revisar sobre mi escritorio.
- Acepto señor Taisho.
Fin
Gracias!!! Bueno, primero una disculpa por la tardanza, es que tuve unos problemillas y no pude actualizar pronto.
Espero saber sus opiniones y les aviso que espero subir pronto la conclusión de Lady Escándalo.
BESOTES!!!! NO SABEN LO QUE ME ALEGRA RECIBIR SUS REVIEWS!!!
