II
Mientras caminaban por las calles de la aldea, observó cómo Minato era tratado con sumo respeto, y se sintió orgulloso como jamás con tan sólo ir por los senderos de su aldea, sostenido precisamente de esa mano.
Algo le decía que la forma de tratarlo de las personas, no se debía sólo a su puesto. Itachi comprendió que Minato, debía ser una persona excepcional, después de todo, el estaba siendo amable con un niño, y saludaba con la misma atención y respeto a todos; era como si cada persona fuese tan importante y tuviera un puesto tan relevante como el suyo.
Era bueno y simpático, sin duda, y parecía que todos le querían. Excepto por supuesto, los Uchiha. ¡Que equivocados estaban al odiarle!, pensó Itachi, porque después de todo, si le conocieran eso no sucedería.
Su padre era totalmente distinto. Desdeñoso, apenas si miraba a las personas que con sumo respeto –y miedo,- le saludaban al pasar. Caminaba en extremo erguido, de vez en cuando sólo saludaba a personas muy importantes con un simple asentimiento de cabeza, y seguía de largo sin siquiera preguntar por cortesía de rango cómo se encontraban las personas. .
Itachi quedó encantado cuando, Minato se quedó hablando un poco con el barrendero, que le contaba sobre algunas anomalías en la calle; Minato pidió a Rin, recordarlo para después tomar nota y tratar el asunto.
-¿Te das cuenta, Itachi-chan?, este descarado sensei nos trata como si fuésemos sus secretarios. ¡Y sin sueldo!
Rin miró mal a Obito, ella si estaba lo suficiente cerca para escuchar lo que le susurraba al oído. Aunque en realidad, el muchacho no estaba siendo como de costumbre muy discreto, lo que provocó la risa de todos los presentes cuando se dio cuenta de su error. O al menos de casi todos. Itachi miró con el seño fruncido a aquel que había cruzado los brazos con hastío. ¿Cómo era posible que un mocoso mal humorado como ese… Kakashi, fuese alumno del agradable Kage? ¡Y compañero de muchachos tan lindos como Obito y Rin!
Sus pensamientos fueron interrumpidos, cuando Minato preguntó por la familia del trabajador, tras la respuesta se despidió inclinando un poco su cabeza. Habló de la misma forma con un agente de la policía que se encontró casualmente. Itachi lo conocía pues lo había visto con su padre, porque aunque fuera de su clan, el niño aún no conocía a todos.
Aunque no le amedrentó el que le mirase fijamente, se aferró a la mano de Minato. Seguramente le iría con el cuento a su padre. Igualmente madre sabía, así que pensó que todo estaría bien. Al percibir la presión de la pequeña mano en la suya, Minato le acarició un poco con el pulgar, haciendo que el niño mirase a sus ojos. Parecían seguros, como el mar en calma así que, Itachi se permitió sentirse protegido. Minato prácticamente cortó la charla, explicando con escuetas palabras, aunque no exentas de cortesía, que tenían que retirarse.
Cuando avanzaron, Itachi giró la vista un poco hacia atrás, elevando un poco la barbilla inconcientemente para ver despectivamente al policía. El hombre se rascó con nerviosismo la frente. Ese niño sin duda para él, sería la futura cabeza del clan, y si tenía ese tipo de mirada siendo tan pequeño, no quería ni imaginarse la intimidación que consiguiera en unos años más. Un escalofrío le recorrió tan sólo de imaginarse el sharingan en esos ojos ya adultos.
En el resto del camino, se escuchaba de fondo la alegre plática de Rin y Obito. Al lado contrario de donde Itachi, estaba de la mano de Minato, camina Kakashi, totalmente callado mientras miraba al frente. Minato hacía algunas preguntas a Itachi, que lo hacían sentirse un niño verdadero sin hacerlo sentirse idiota, y no la máquina que estaba siendo entrenada para ser el heredero del clan.
Su padre siempre se centraba en pláticas para hacerle entender que él estaba siendo educado para ser el orgullo de su familia, y por tanto, el ombligo del clan mismo. El eje principal alrededor del cual todo giraría. Después de esa plática un año antes, Itachi dejó de dormir bien.
A veces se despertaba un poco exaltado sin saber el motivo, a veces imaginando que no podría con la pesada carga que representaba ser el hijo de Fugaku y Mikoto Uchiha. Sobre todo le aterraba el que su madre lo viera despectivamente. Incluso había ocasiones en que se levantaba y a hurtadillas, salía por la ventana y comenzaba a lanzar algunas armas ninja, que su padre le había regalado en su cumpleaños.
Aunque Mikoto, había susurrado por primera vez algo contradictorio hacia Fugaku, tampoco es como si hubiese hecho algo para evitar que el niño poseyera las armas. Jamás hacía algo que realmente pareciera poner en duda la autoridad patriarcal en casa.
A sus cuatro años, recibió el mismo día que los cumplía, las indicaciones para poder sostener y lanzar correctamente los tres tipos esenciales de armas ninja. Y para sorpresa y orgullo de su padre, lo había hecho bien desde la primera vez. Eso sólo fue porque Itachi, mirando la sonrisa de su madre, pero sus dedos casi blancos de apretarse en su regazo los unos con los otros, se prometió a sí mismo hacerlo bien. No la preocuparía ni le provocaría problemas con padre.
Detesto a Fugaku, por hacerlo entrenar tras haberlo también obligado a recibir un montón de felicitaciones que a él no le sabían a nada. ¡Sólo quería probar la tarta que su madre había preparado especialmente para él! Y eso no pudo ser hasta muy entrada la noche, dado que tras el festejo social obligado, en donde no conocía más que a Shisui, tuvo que recibir el entrenamiento. Cuando examinó con la vista su tarta prácticamente la comió dormido, y sólo pudo probarla en compensación por su buen trabajo porque, Fugaku había dicho que no era prudente que un niño a esa edad comiese algo como aquello a esas horas.
-Hemos llegado.- Anunció Minato, regresándolo a ese instante. Desde esa parte del bosque de entrenamiento, podía verse de la aldea un bello atardecer, cuyo sol comenzaba a esconderse tras los rostros de los Hokages. –Bien muchachos, ¡a entrenar!
Tras tres asentimientos, el equipo entero se dispuso a trabajar.
Minato se agachó un poco, ni siquiera dudó, atreviéndose a acariciar los inicios de hundimiento en la base de sus ojos.
-Parece que alguien necesita descansar. –Sonrió el rubio. Itachi desvió la vista nervioso.- O está muy presionado. Escucha haremos algo distinto a lo que había pensado. Obito me había explicado que probablemente harás exámenes para que se te adelanten algunas clases, así que me pidió que te dejara ver un entrenamiento nuestro y participar en él.
Los ojos del niño brillaron de una manera hermosa. Minato ensanchó su sonrisa. Los ojos negros y apagados estaban brillando.
-¿Yo puedo hacer algo como eso?... Ni siquiera soy aún un Genin.- Y no supo porqué, pero confesar eso frente a Minato, le dio una terrible vergüenza.
-Estoy consciente de ello, eres muy pequeño aún como para que eso suceda.- le acarició la cabeza.- Así que no hay por qué apresurarse, además aunque seas un genio, nadie puede hacerlo tan joven.
-Mientes sensei.- habló Kakashi, haciendo que Itachi, sintiera como si le estrujaran el estómago de puro coraje.- Yo me convertí en Genin a los seis años, y si no mal recuerdo, tú también lo eras.
-¡No lo compares contigo! –gruñó Obito, amenazando con el puño la cara de un aburrido Kakashi.-¡Y menos con alguien como él!- señaló a su maestro, Minato se enderezó, rascándose la nuca mientras reía.
-Y no dudo que Itachi, también se gradué siendo muy joven. Pero a lo que iba… ¿Itachi?.
Hizo que la vista del niño regresara a él. Había estado clavando sus ojitos negros entrecerrados en Kakashi, y se ensancharon con ese brillo espectacular en cuanto se posaron a Minato. Esa actitud que se combinaba en algo tan temerosamente rencoroso como una fría mirada, y luego cambiaba de forma tan drástica dándole el tinte dulce e infantil de cuando un pequeño admira algo, le dio gracia.
-Quisiera que participaras en esta práctica, aunque no seas Genin. ¿Aceptas?
El niño asintió una sola vez, a pesar de su rostro serio, su corazón latía fuertemente emocionado y agradecido. Quiso buscar con su mirada a Obito, sabiendo que él era quien había provocado que algo tan bueno le pasara, pero no pudo despegar la vista del adulto.
-Bien. –Sus discípulos se adelantaron un paso, con el rostro muy serio, esperando a que diera las indicaciones.- Antes que nada quiero explicarte la razón de todo esto.- le dijo a Itachi, palabras que casi hacen que los tres adolescentes se cayeran de espaldas.
-¡Sensei!
-Silencio Obito, estoy hablando.
-Si pero…
-Obito…
-Esta bien.- Alargó la última palabra.
-Obito me explicó que…
-Los exámenes.- dijo el primo de Itachi. Se sobó el brazo cuando Rin, le dio un discreto pellizco para que se callara.
-Si eso, y además al hablar con tu profesor en la academia, me dijo que llevas excelentes notas, pero te distraes demasiado y por eso suele regañarte e incluso hacer que te quedes un poco más, algo que no molesta a tus padres, ya que te hace entrenar no como castigo, sino como práctica suplementaria.- Continuó explicando Minato. El niño bajó avergonzado la cabeza.
Para no decir que realmente era castigado ante el mismísimo jefe de policía, que sabía cuan orgulloso era, el profesor le había llamado de esa forma al hecho de que obligara a quedarse a Itachi, incluso cuando los demás se habían ido a sus casas. ¡Un genio era castigado casi todos los días! Y no cualquiera, sino Itachi Uchiha. Algo que jamás se diría en voz alta, mucho menos en su clan. La historia que corría por toda la aldea, es que se le veía tanto futuro, que su profesor por voluntad le daba clases extraordinarias.
Minato se la acarició un poco el cabello, haciendo que le mirase de vuelta.
-Pero yo sé porque te sucede. De hecho hay alguien más… ¿Kakashi?
El muchacho de cabello grisáceo le miró, suspiró hastiado y contestó la pregunta muda.
-Siempre eres el primero en terminar todos los ejercicios y prácticas de clase, te aburres y dejas de poner atención.
-Aprendes desde el inicio de la clase lo que quieren enseñarte, así que dejas de escuchar antes de media clase al profesor.-Continuó Minato.
- Te fastidia que de tantas vueltas a algo que ya captaste, consideras a los demás demasiado lentos y estúpidos aunque son mayores. Te desesperan y con el tiempo para no enfadarte ante su idiotez, te terminan siendo indiferentes.
Minato le miró mal, por las malas palabras que usó para explicar al niño, pero continuó.
-Todo para ti parece que va en cámara lenta, y nada es lo suficiente interesante.- le dijo Minato.
- Finalmente, dejas de poner atención a todas las clases de la semana, y con tan sólo dar un repaso a las lecciones atrasadas justo antes del examen, y ver cómo lo hacen los otros la práctica, lo aprendes y tienes la nota más alta. Lo recordaras para siempre con exactitud, no sólo para el momento. –Desvió la mirada.- No te interesa en lo mínimo tu maestro, ni tus compañeros, podría apostar que casi nadie de tu clan, pero está el hecho de que las únicas personas a las que no quieres desilusionar, son las que más esperan de ti; -Kakashi entrecerró mas los ojos y frunció el seño, como si estuviera pensando en algo para sí mismo,- pareciera que con sus sonrisas, trajeran un látigo invisible con el que te obligaran a ir a marchas forzadas para no decepcionarles. Sólo por eso acudes a un lugar que consideras tan absurdo y ruin.- Kakashi suspiró, desacostumbrado a hablar tanto.
Itachi tenía la boca entreabierta ante la sorpresa. Jamás había sentido tanta empatía con alguien como con ese par. Parecía que después de todo, Kakashi no le desagradaba tanto. ¡No podía, cuando parecía que lo comprendía tan bien, como si fuera su propia conciencia la que hablara! Igualmente, tanto Rin como Obito, habían guardado respetuoso silencio mientras ellos hablaron. Eran cosas que realmente no sabían de su compañero y ni de su sensei. Después de todo, aunque convivían a diario con ellos, a pesar de ser tan distintos, ambos eran básicamente un enigma indescifrable. Aquellos seres excepcionales que llamaban genios.
Minato se puso en cuclillas, para que sus ojos quedaran a la altura de los de Itachi.
-¿Es así Itachi?
El niño comprimió un poco sus labios, entre queriendo abrazar al adulto y a la vez teniendo por primera vez en mucho tiempo ganas de llorar. Se limitó a asentir muy serio con la cabeza, con un diminuto puchero bailándole en la boca.
-Es por eso que comprendiendo te trajimos.- Minato le observó casi con mirada paternal,- Más que un entrenamiento, quiero que esto sea un juego para ti.
Kakashi hizo un sonido con la garganta, metiendo sus manos en el bolsillo se dio media vuelta. ¡Odiaba que Minato, tomara las cosas serias de esa manera! Traer un niño en edad y grado escolar, que probablemente no se graduaría hasta dentro de unos años, era un fastidio. Se suponía que ellos estaban entrenando para estar preparados para vivir o matar, no para cuidar niños pequeños sin chiste y al parecer casi autistas.
-La idea es que sepas cómo es básicamente un estilo de práctica ninja, te integres a un equipo, pues sé que no eres nada bueno en eso.- dijo el rubio; introdúzcase un nuevo nerviosismo vergonzoso en el niño,- y sepas que la academia y el trabajo en conjunto son las bases para llegar a hacer algo a lo que dedicarás toda tu vida.
Itachi frunció el seño. Él sólo había pensado que tenía que acudir a la academia para ser ninja, y luego heredar el clan y por tanto el mando de la policía, pero tanto así como las palabras el resto de tu vida… no las había meditado. Se sintió de pronto sobrecogido.
¡Ahora que Minato lo decía, tenía sentido!. Si él no se graduaba, entonces no podría hacer nada más en el futuro. Es por eso que su madre, aunque a pesar de su sonrisa en el fondo se le viera que no estaba de acuerdo en que fuese tan pequeño a la academia, le había dicho que era lo que tenía qué hacer para poder lograr sus objetivos futuros. Sin duda, Mikoto era la mujer más sabia del mundo. Lo corroboraba su pequeña mente aún un poco inocente, ante las palabras del mismismo Hokage. Asintió muy seguro con la cabecita.
-Serás el compañero de Kakashi,- El muchacho se tensó, y giró con los ojos muy, muy abiertos hacia su sensei. Estaba lo suficiente pasmado para no poder articular palabra.- Obito y Rin estarán contra ustedes.
Rin hizo un mohín de resignación, y Obito dibujó una enorme sonrisa. La borró cuando miró a Kakashi.
-Más te vale que no le hagas nada.
Kakashi miró con los ojos entrecerrados a su sensei, ignorando a Obito.
-No estaré con él.
Itachi frunció el seño, mirándolo lo más arisco que podía un niño de cinco años.
-Claro que si.- Dijo un sonriente Minato.
-No. Definitivamente no cuidaré a un mocoso cualquiera.
-¡Óyeme! –refutó Obito. Itachi frunció el seño, elevó un poco la barbilla intentando una mirada desdeñosa marca Uchiha. Pero al parecer en Kakashi, no surtió efecto y lo siguió mirando como si fuese un fastidio su pequeña existencia, para luego girar la vista hacia el adulto.
-No se trata de cuidarlo, se trata de que le enseñes el trabajo en equipo.
-¿Y porqué debo enseñarle yo? Que su querido primo lo haga… aunque no creo que tenga buenos resultados si aprende algo del arte ninja de él, pero no es mi problema.
Obito apretó los puños, dispuesto esta vez a lanzarse en contra de Kakashi. ¡Estaba dejándolo en mal con su pequeño primo! Lo hubiese hecho, si la mano de Minato, no se hubiese interpuesto.
-Eres un chunnin después de todo, tienes un grado superior a tus compañeros, y lo harás porque yo te lo ordeno.
Los dos adolescentes y el niño tras Minato, tragaron saliva. El rubio había puesto el rostro serio, y estaba mirando a Kakashi con el seño fruncido. Itachi sintió como sus piernas temblaron, y quiso echar a correr. Su mano fue sostenida, y al girar el rostro, se encontró con la dulce sonrisa de Rin, que le tranquilizó un poco. Sorprendentemente, el pequeño observó que Kakashi, le sostenía la mirada a Minato.
Tras un suspiro profundo y sonoro, se cruzó de brazos desviando la mirada.
-Como digas, sensei. –contestó arrastrando las palabras.
Minato entregó a Kakashi un pergamino, la idea era que Obito y Rin, le recuperaran para dejarlo de nueva cuenta en manos del Hokage. Se suponía que tenían que sortear una serie de trampas puestas en el bosquecillo a la vez que lo recuperaban, o "robaban"; siendo los supuestos atacantes, Kakashi e Itachi, tenían que llevarlo a una base en el centro. Igualmente ellos tendrían que ir descifrando las pistas que encontraran según las indicaciones que había dado Minato, para poder llegar a colocar el pergamino en la base. Siendo parejas, alguno de los dos equipos perdería y entonces se quedaría sin cena y un castigo "sorpresa" por parte de Minato. Igualmente los que cumplieran exitosamente su misión, tendrían una recompensa.
Minato se retiraría, explicando que tendría muchas reuniones ese día, y confiaba que para cuando la misión terminara, Itachi ya estaría en su casa.
Con cara doblemente aburrida y hastiada, Kakashi comenzó escapando con demasiada facilidad de los breves ataques de sus compañeros, jalando por la ropa a la altura del hombro, la camisetita azul marino de cuello de tortuga que el niño tenía puesta.
Por segunda vez en el día, Itachi quedó con los labios entreabiertos por sorpresa. Kakashi terminó por tener la mirada en las nubes del cielo, a veces en el sol, y prácticamente sin esfuerzo, ni siquiera con la necesidad de verles, evadía todos sus ataques. ¡Eran dos contra uno, y ni siquiera así lo rozaban! Además se contaba con el hecho de que una de sus manos estaba ocupada jaloneando al pobre Itachi. Algo que terminaría ya mismo, según decidió el niño. Nadie le seguiría avergonzando de esa manera frente a Minato.
Tomando en cuenta el hecho de que Kakashi, no le tomaba en serio, tenía la guardia baja hacia su persona. Obito lanzó un golpe a la cara de Kakashi, mientras Rin, intentaba golpear sus piernas. Si bien los intentos a ellos no les fueron útiles, Itachi los supo aprovechar. Para evitarlos, Kakashi había esquivado a la derecha. En su mano izquierda, jaloneándose Itachi consiguió liberarse. No sin antes, haber tomado del bolso trasero de Kakashi, el pergamino.
Dio un salto, evitando el golpe que Rin pudo haber dado en la rodilla, y miro alejarse al niño. Si bien no le hubiera tomado importancia, se encontraba el hecho de que notó algo en su pequeña mano, agitándose a la par que corrían sus piernas rumbo al interior del bosque.
-Mocoso…- dijo con las mandíbulas apretadas.
La carcajada de Minato, le hizo detener su marcha. ¡Su sensei se estaba burlando! Minato elevó un poco los hombros, con un gesto de fingida inocencia. Cuando nuevamente se iba a poner en marcha, para dejarle en claro a ese niño quien era el que mandaba, los cuerpos de Obito y Rin se interpusieron.
-Háganse a un lado.- Ordenó con su mal humor habitual, mientras se erguía casi perezosamente. Estaban empezando a fastidiarle.- Se supone que están en su contra.
-Oh vamos Kakashi.- Obito se pasó el antebrazo por la nariz, para limpiar la gota de sudor que le recorrió. Hasta ese momento se dio cuenta de que ellos ya habían empezado a sudar y Kakashi seguía como si nada.- Deja que se adelante un poco, que este juego sea interesante.
Kakashi entrecerró los ojos, dirigiéndole esa maldita mirada que tanto odiaba.
-Esto es un entrenamiento, no un estúpido juego de niños.
Sin más preámbulos, los dos terminaron en el suelo de un solo golpe.
Minato apretó sus brazos cruzados, eso había sido más fuerte de lo necesario. Se abstuvo de ir a ver la condición de sus alumnos, cuando observó que se levantaron para correr tras Kakashi. Incluso sonrió un poco cuando observó que una de las manos de Obito, seguía sobando su parte baja trasera. Tras ello se fue.
Itachi había leído ya varias lecciones adelantadas. Entre ellas, las relacionadas a las tácticas básicas de supervivencia. Una de ellas, y de las más sagradas para los shinobis, era la mimetización. Era básico el camuflaje, por un lado para lograrlo, y si bien no tenía en su cuerpo algo castaño o verde para intentar cubrirse con ello, y aún no sabía manejar las telas combinadas con técnicas, si pensó lo suficiente rápido para buscar algo lo suficiente oscuro. Su ropa y cabello ayudarían. Es ahí cuando aprovechaba también la segunda parte de la mimetización: protección. Un viejo tronco caído, de un muy ancho grosor, le permitió ocultarse bajo su sombra oscura entre las raíces arrancadas al derrumbarse.
Sonrió al ver el pergamino entre sus manos, ¡había logrado quitárselo a un chunnin! Cuando se lo dijera a madre, y luego ella a padre, seguramente estarían muy orgullosos. De ninguna forma Kakashi, ese prepotente que molestaba tanto a Obito, se saldría con la suya ahora que el pergamino estaba en su poder. Lo llevaría hasta la base central, y luego vería la mirada de agrado de Minato. Quizá le permitiría asistir luego a otros entrenamientos.
-"La mimetización es fundamental en batalla" –dijo una voz sobre de sí, el corazón de Itachi se aceleró. Abrazó más el pergamino a su pecho, comenzando a temblar mientras miraba hacia arriba.- "Permite lograr un objetivo en batalla, desde atacar a un enemigo, hasta conseguir información".
Kakashi saltó, para ponerse frente al niño y evitarle la huída. Lo empujó apenas un poco para que quedara de nuevo entre las raíces oscuras del árbol.
-"La protección es fundamental, puede utilizarse el medio circundante,..." –Se puso en cuclillas.- "de otra forma el ninja se convertirá en un blanco sencillo, directo o colateral de la acción del enemigo".- Elevó la mano uniendo dos dedos.
Itachi cerró los ojos, pensando que le arrancaría la garganta como había visto una vez que hizo un shinobi, cuando unos días atrás, Fugaku lo había llevado a observar un campo de batalla real con la policía. Otra razón más para su carencia de buen sueño.
Abrió los ojos, llevando la pequeña mano a su frente, cuando se percató por el dolor de que había sido golpeado en esa zona con la punta de los dedos. Frunció la nariz, mirando lo más feo que pudo a Kakashi, ¡pero es que el malvado era como… inmune o algo, a las malas miradas Uchiha!
-No eres tan inútil después de todo. Conoces al menos las reglas básicas.-Aceptó el chunnin, dado que le había costado un poco de trabajo buscarle, cuando creyó que siendo un simple infante, iba a seguir corriendo torpemente, o estaría oculto lerdamente bajo algún arbusto en donde hiciera ruido, o tras un simple tronco en pie, y le delataría la sombra o su aroma llevado por el aire.
Sin embargó, buscó un lugar que le permitía ocultar toda su persona, mimetizarse al usar camuflaje de su ropa sombría. Sus piernas eran cubiertas por una rama, y había dado la espalda hacia el exterior para usar su camisa y cabello para no ser notado. El olor a humedad evitaba que el suyo se expandiera, y la forma tan quieta en que estaba sentado, controlando lo más que pudo su alegría, le había permitido estar así unos minutos.
Pero, Itachi apenas si había cometido un diminuto error al ocultarse: no reguló su respiración y tampoco ocultó las últimas huellas, aunque bien había hecho al disimular bastante las otras en su trayecto, con tan sólo el poco tiempo que le habían dado Obito y Rin al detener a Kakashi.
Lo bien que lo había hecho, y los errores que había cometido, no fue algo que Kakashi comentara. E Itachi se sintió realmente muy tonto al pensar que sería tan fácil librarse de un ninja experimentado. Se regañó mentalmente, sintiendo ganas de llorar ante la humillación de un pensamiento tan puro e infantil. Soñar algo como eso era para niñatos tontos, y se suponía que él era un genio.
Itachi se sorprendió cuando nuevamente lo tomó de la ropa a la altura del hombro, y lo jaló hasta sacarlo de su escondite y ponerlo en pie. Pero lo que más le impactó, es que comenzó a correr relativamente lento, a comparación de la forma en cómo le observó moverse cuando combatía con Obito y Rin. E Itachi, aún tenía el pergamino en la mano.
Comprendiendo, olvidó el dolor de la marca rojiza en la frente, y comenzó a correr tras de Kakashi.
-Veamos como te desempeñas. Te daré una sola oportunidad. La misión ya fue explicada, y aunque no quiera la tenemos que hacer en equipo.- Le dijo, cuando Itachi le alcanzo en la marcha.- Si estorbas para la misión, te dejaré. Debes aprender que una regla básica que jamás, por ningún motivo se rompe, es que la misión debe ser cumplida, incluso si sacrificas a tus compañeros.
Itachi asintió una sola vez, dispuesto a aprender lo más posible en ese día. Nunca más volvería a devaluar a un enemigo, y siempre estaría con ello un paso adelante.
Kakashi paró, extendiendo el brazo para detener a Itachi. El niño le miró primero, y luego por instinto miró hacia donde Kakashi tenía la vista fija. Kakashi elevó un poco la barbilla, se podía observar cómo bajo la máscara, su nariz comenzaba a moverse. Itachi arrugó el entrecejo, intentando olisquear de la misma manera. Cerró los ojos, intentando enfocarse en algún aroma. Fuera de los árboles, la tierra húmeda, y otros olores característicos del bosque, no notó nada. Al menos no hasta que abrió los ojos, advirtiendo la mirada fija de Kakashi en él.
Por un muy breve instante, Itachi juró que el entrecejo de Kakashi, se había suavizado, y sus ojos no estaban molestos. Por irónico que pareciera, parecía que estaban sonriendo.
-Pareces un cachorro recién nacido que no puede abrir los ojos, y busca la teta de su madre.
No, definitivamente Kakashi, no sólo no sonreía. ¡Era absurdo pensar que ese ser endemoniado, podía hacer algo tan humano! Seguramente era pariente de alguno de esos demonios de las colas que a veces contaban en historias, usadas por las abuelas Uchiha, para decirles a los niños del clan que se portaran bien o se los comerían.
Quizá Kakashi, usaba máscara para no demostrar los feos colmillos que guardaba su boca. Se alegró cuando se alejó un poco al escalar el árbol sólo con chacra concentrado en sus pies, porque le estaba dando mucho escalofrío estar tan cerca.
Kakashi bajó de un salto, abrió un papel tras hacer unos sellos, y leyó en silencio. Elevó una ceja, y le entregó extendió el papel a Itachi.
-¿Sabes leer?
Itachi se sonrojó más de ira que de vergüenza.
-Por supuesto.- Contestó irritado, arrebatándoselo.
-No es para que te molestes, los niños comunes aprenden a leer a tu edad. O algo así tengo entendido.
Itachi suspiró profundo, conteniendo las ganas de elevar la voz.
-Pues tienes mal entendido.
-Si, como sea.- Le palmeó la cabeza. Irritado, Itachi le dio una palmada en la muñeca para quitársela de encima. Kakashi ladeó el rostro para observarlo con detenimiento.
Comúnmente, un niño, incluso los que últimamente llamaban genio, al verlo básicamente se les caía la baba, al saber que él era nada menos que un chunnin desde una edad tan joven. Odiaba esos ojos que se llenaban de admiración y anhelo, nada más de pararse en cualquier lugar. Se le hacía demasiado patético que la gente común lo viera como algo tan ajeno a sí mismo, que lo trataran como algo no humano. Como si fuese solo objeto de admiración, y herramienta de gran utilidad para la nación. Si bien era cierto que estaba dispuesto a serlo cuando se encontraba en una misión, normalmente en su arisca y solitaria vida fuera de ellas, era difícil de sobrellevar algo como eso.
Itachi era sólo un niño, pero lo retaba con la mirada, e incluso se negaba a su contacto, cuando cualquier otro mocoso odioso, hubiera dado cualquier cosa con tal de tocar al genio. Se negaba a ser dejado atrás, y se empeñaba evidentemente por hacer lo mejor que podía las cosas. Sería un gran ninja si se le enseñaba de la manera dura y correcta; seguramente con ese talante frío que portaba casi por naturaleza, y el talento bien encaminado, podría cumplir la misión sin algo tan absurdo que lo retrasara como sus compañeros.
-Eso se llama criptograma.
-¡Eso ya lo se! –le rugió Itachi, aunque bajito como para no perder la compostura, mientras seguía intentando leer.
Otra de las cosas que le agradaba de ese chiquillo a Kakashi. Estaba aprendiendo a controlar las absurdas emociones desde temprana edad, y continuar con su labor a la vez.
-Es evidentemente tan fácil porque sensei quiere que lo resuelvas tú.-Se dio vuelta, para brincar a un árbol.- Te daré diez minutos como máximo para resolverlo, detendré a Obito y Rin para que no estorben, ya vienen.
Itachi giró la vista hacia los lados para intentar notarlos.
-No están a simple vista, no te desconcentres, estúpido niñito.- Regañó Kakashi, Itachi lo miró unos instantes, pero después regresó su vista al criptograma. Kakashi sonrió apenas un poco bajo su máscara.- En resumen, te dice a dónde tienes que llevarlo, así que te veré ahí.- Y básicamente, desapareció.
Itachi gruñó un poco. ¡Se suponía que eso era fácil!. Recargó su espalda en el árbol, para no dejarla descubierta, recordó. Miró la hoja otra vez. Tenía algunas letras y a veces símbolos, y había líneas en donde muy probablemente deberían de ir otras. Las que debía descifrar. Su mente trabajó lo suficiente rápido, para notar que algunas debían por fuerza repetirse, y descubrió que los símbolos no eran una palabra en sí, sino que las figuras estaba ahì sólo para utilizarse las iniciales de los nombres de las cosas que mostraba.
-"El río al que miran los Hokages"- Itachi sonrió. Se estremeció cuando escuchó el grito de su primo. Estuvo tentado a ir, pero lo detuvo otro horror mayor. La mirada decepcionada de Minato, la burla y falta de reconocimiento de Kakashi. ¿Y si fallaba, y no lo dejaban participar otra vez?... ¿Cómo le diría a su madre entonces, que había valido la pena que le diera permiso de ir, y podía sentirse orgullosa de él, y entonces también padre estaría contento y no lo presionaría tanto?
Su boca formó un gesto de desesperación. Se mordió los labios. Si no llegaba al tiempo señalado, Kakashi regresaría por él, le quitaría el pergamino y continuaría solo.
-Solo… -susurró. Suspiró profundo, frunciendo las cejas como para darse valor.- "una regla básica que jamás, por ningún motivo se rompe, es que la misión debe ser cumplida, incluso si sacrificas a tus compañeros". –Parafraseó a Kakashi, con una exactitud increíble, porque incluso el tono de voz hueco había estado presente. En una rama muy por encima, Kakashi había llegado unos hace unos instantes, sonrió asintiendo con la cabeza, mirando correr al niño tras buscar la dirección hacia donde miraban los Hokages.
Kakashi comenzó a correr sobre las ramas de los árboles, incluso asustando en el momento que pasó sobre de Itachi al niño, pero intentando convencerse de que era algún animal del bosque al no ser atacado, continuó con su camino.
Jadeante, se dejó caer de rodillas a la orilla del río. Buscó con la vista a Kakashi, pero no lo halló. Por un instante, la parte infantil de su mente quiso sonreír y pensar que había llegado antes, pero no se permitió disfrutar de esa pequeña victoria fingida. Se puso en pie, intentando recuperar la respiración. Kakashi seguramente "no estaba a la vista", pero debía estar ya presente.
-¿Kakashi san? –tanteó el niño, casi en contra de su voluntad. Si bien es cierto que no deseaba hablarle, era en esta misión su líder, y tenía que tenerle respeto también por su grado. Indudablemente, aunque jamás lo aceptara, estaba comenzando a respetarlo bastante.
-Lo que sigue.
El niño dio un salto, para girarse en una posición de defensa. Kakashi estaba tras él, -quien sabe de donde salía ese muchacho,- extendiéndole un nuevo papel.
-Llegaste apenas un minuto antes de lo acordado.
Itachi se relajó, y le sonrió un poco.
-Debiste haberlo hecho antes, pero no se puede esperar más, supongo.- Y le extendió otro papel. Itachi borró la sonrisa, mirándolo mal tras arrebatarle el papel.
Mientras leía, Kakashi se quitó su porta Kunai, extendiéndoselo al niño. Lo miró confuso.
-Lo necesitaras.- lo dejó en el piso, dado que se le antojo lenta la reacción del niño para sostenerlo.- Te veo en menos de diez minutos ahí. ¡Y no arrugues tanto el pergamino, es tu misión! –y desapareció.
Itachi miró el papel, sonrojándose al notarlo todo arrugado formando feos pliegues dentro de su mano que lo apretaba. Era algo distinto, que le costó más trabajo descifrar. Quizá se había tardado más de cinco minutos, ¡no le daría tiempo suficiente de llegar al nuevo punto. Corrió abriendo lo más que podía sus piernas, pero eran demasiado cortas para lograr lo que quería. Su boca ya no quiso permanecer cerrada, se abría en busca de aire, e incluso comenzó a dolerle el costado. ¡Tenía que llegar!
Se repitió al menos cuatro veces más. Era más de lo que un cuerpo de esa edad, con su condición física a pesar de que no era mala, podía tolerar. Kakashi le daba a descifrar el siguiente paso, se retiraba a retrasar a Obito y Rin, mientras Itachi corría a solas por el bosque hacia la siguiente fase. El arma realmente le había servido, desde algo tan básico como cortar hierba y ramas, hasta defenderse de los sorpresivos ataques de los animales que veían en riesgo su hogar por un pequeñísimo humano.
Antes de culminar la siguiente fase, sus piernas empezaban a fallarle, al igual que la coordinación y respiración.
-Yo puedo. –Paró un instante, recordando lo que Kakashi le había dicho en uno de los intermedios.
-¿Te has preguntado por qué no te atacan? Incluso cuando son tus supuestos enemigos intentan ayudarte. Ellos no están tomándote en serio, ¿te das cuenta? Para ellos sólo eres un niño inútil que ha venido de pic nic. Aún no sirves a su vista para ser un shinobi, sólo para jugar. Incluso Minato sensei te ve así, y no dudo que tus padres también.
Sintiendo estrujarse el pergamino en sus manos, con el sello que guardaba su secreto rozándole la piel, se percató de que había alguien que ese día si lo tomaba en cuenta. Incluso con las constantes burlas y molestias, Kakashi le estaba impulsando a superarse. Aunque lo odiara, debía mostrarle. Ya estaba oscureciendo, seguramente sólo porque Obito lo llevaría a casa, su madre no le venía a buscar. Si tardaba más, ¡sería tan vergonzoso que Mikoto, se presentara para regresarlo a casa! ¿Qué pensarían el Hokage y Kakashi?
-Yo debo poder.- Dio una bocanada más de aire, concentrando su chacra. Las fibras de sus músculos en las piernas temblaron, recibiendo la carga de energía que no podían soportar al estar ya cansados. Itachi tropezó cuando tuvo que parar de golpe, al tener que saltar para que Obito, no le cayera encima.
-¡Ah, maldito Kakashi! –el muchacho corrió de nuevo en contra de su compañero de equipo.
En el suelo, Itachi seguía jadeando, intentando recuperarse. ¡Obito ni siquiera se había dado cuenta de que casi lo aplastaba! ¿Qué clase de shinobi no se percata de que le va a caer a su otro enemigo encima? Movió negativamente la cabeza, y cuando intento levantarse se halló con la sorpresa de que alguien le estorbaba en el camino.
-Parece que la misión acabó para ti.- Dijo Rin, sonriendo con esa delicadeza que le caracterizaba.- Vamos dulzura, dame el pergamino.- Le extendió la mano, sonriéndole amablemente. Lanzó un grito de sorpresa, cuando sintió que algo filoso le rozo la palma.
-No me hables con cariño afectado.- rugió Itachi, con el pergamino en una mano, y el kunai en la otra.
Rin miró el delgadísimo corte, del que pendía una gota de sangre. Miró casi con horror a la pequeña criatura que le miraba tan retador y amenazaba con el arma. Sintió un irracional temor que la paralizó, y le permitió a Itachi seguir. No fue el niño en sí, se había enfrentado ya a varios ninjas. Sino el hecho de que un niño tan pequeño, fuese capaz de herir a alguien. ¡Era algo impensable para ella!
-¡Rin, Itachi se escapa!- gritó Obito, que al fin se daba cuenta de que su primo estaba presente.- ¡y tiene el pergamino él! –se llevó las manos a la cabeza, con el obvio gesto de que había pensado todo ese tiempo, que era Kakashi el que lo traía escondido consigo.
Unió sus manos, comenzando a curarse. Frunció el seño mirando al suelo, Rin también lo había creído de esa manera. ¿Quién pensaría después de todo, que alguno de ellos le daría algo como eso a ese niñito? Si bien lo habían integrado, seguía siendo un entrenamiento real, en donde se le inmiscuiría lo menos posible, y se le cuidaría al máximo. Pero tanto ella como Obito, al parecer desearon olvidar un importante factor: Kakashi se tomaba todo en serio.
Se suponía que el niño sería básicamente espectador, iría de la mano del más experimentado para sufrir el menor daño posible, y Obito y Rin, se encargarían de combatir a la vez contra Kakashi. El punto a favor, es que estando precisamente con el chunnin, el niño se debería sentir importante a la vez que aprendía de la práctica.
Pero Rin había notado al niño cansado, con arañazos de las ramas, raspadas sangrantes en las piernas seguramente por caídas, y estaba agotado de tanto correr. ¡Estaba realmente en la práctica! Y para rematar, como táctica de batalla, Kakashi le había dado el pergamino para mantenerlo seguro todo el tiempo, sabiendo que Rin y Obito, estarían tras de él, y no del niño. ¡Había arriesgado a una criatura, con una técnica real en manos!
-¿Y si otro ninja lo hubiera encontrado?- preguntó Rin a Kakashi, interrumpiendo el combate que tenía con Obito.
-¿A qué te refieres?
-¡Tú sabías que ese pergamino contenía una técnica especial!... Es obvio que es el supuesto regalo sorpresa del sensei para quien ganara. ¿Por qué se lo diste al niño? –mas allá del reclamo, estaba presente una súplica para pedirle que le mintiera. Obito apretó los labios, esperando también con cierto anhelo en la mirada. Queriendo creer en su amigo.
-¿Quién pensaría que un niño pequeño tendría algo tan especial entre manos?
-¡Bastardo! –Gritó Obito, ya demasiado enfurecido para detenerse. Rin se cubrió la boca, girando para ir hacia Itachi. A esas horas, seguramente otros shinobis de mayor rango estaban entrenando. Saltó para evitar varias el impacto de las filosas armas, que se clavaron ene l piso.
-Kakashi déjame ir.
-No. Está por llegar.
-¡Date cuenta!-grito Obito unos metros tras él, volviendo a levantarse mientras la hierba caía de nuevo al suelo.- Tú también viste a los otros llegar para entrenar. Nosotros debemos dejar a estas horas este campo.
-Ustedes, dirás. Son Genin después de todo.- Con el rostro aburrido, se puso las manos en las caderas.
-Cállate idiota, no tiene nada que ver, eres parte del equipo.
-No por elección.
-Tú… eres…
-Basta por favor.- solicitó Rin.- Esto se ha salido de la misión de entrenamiento inicial. Escucha Kakashi, precisamente por el símbolo del clan Uchiha en la camisa del niño, y viéndolo solo en el bosque, comenzaran a hacer mas preguntas de las debidas y podrían tomar el pergamino para llevarlo a la policía. Esa era una técnica que sensei apenas ha creado.
-¡E…es verdad! –Apoyó Obito, aunque no había pensado en las dimensiones de eso.
Kakashi suspiró hastiado.
-Ya he detectado su rastro de chacra. El mocoso está solo, en todo caso yo puedo luchar con verdaderos shinobis para proteger el pergamino. La misión aún no acaba, y ya había contemplado esas pequeñas variantes.
-No te permitiré arriesgar a mi primo de esa manera. ¡Es un niño!
-Lo hubieras pensado antes de traerlo a hacer cosas de hombres.
-¡Eres un desgraciado, no mereces la vida entre los humanos! –rugió Obito, lanzándose contra Kakashi. Esta vez, con lágrimas luchando por salir de sus ojos, Rin se le unió. Si no vencían a Kakashi, el niño corría peligro, porque no les permitiría protegerlo de los otros shinobis porque eran los supuestos adversarios también, ni acercársele para quitarle el pergamino hasta ver culminada la maldita misión.
Rin logró clavar algo en el muslo de Kakashi. Extrañado, observó que era una jeringa. Su pierna perdió fuerza, y cayó al suelo. Instantáneamente, Obito y Rin corrieron rumbo a donde estaba Itachi.
-Mierda… un tranquilizante.- Su vista comenzó a nublarse. Agitó la cabeza. Ahora sí habría problemas, lo que esos imbéciles no se daban cuenta, es que así, realmente no podría protegerlos de los otros ninjas. Tomó un Kunai, pero en vez de lanzarlo, lo apretó del filo con la mano. El dolor le hizo despertar unos instantes, que aprovechó para emprender la marcha.
-Espera Itachi.- Pidió Obito. Por instinto, el niño bajó la velocidad para obedecer al primo que si bien no respetaba mucho, si quería demasiado.
Percatándose de su falla, sintió ganas de llorar. Todo el esfuerzo del día, se perdía al mismo tiempo que sus piernas dejaron de correr. Cuando interrumpió su pensamiento por llegar, el flujo de chacra que había estado concentrando en sus piernas, se rompió. Ya no tenía fuerza para reemprender la huída.
-¡Ah pensé que nunca lo hallaríamos! –Rin se dejó caer al suelo, Kakashi realmente los había molido en todo aspecto ese día. Obito tenía las manos apoyadas en las rodillas, aún en pie, pero intentando recuperar aire a bocanadas.
-¿Itachi? –preguntó entre jadeos.- Tú… ¿Qué tienes? – Asustado, incluso se quitó el protector de los ojos para ver si su vista no lo engañaba. Un par de gruesos lagrimones estaban en las mejillas de Itachi. Intentó abrazarlo, pero el niño le dio un firme empujón.
-¿Qué pasa Itachi-kun? –preguntó preocupada Rin.- ¿te ha s hecho mucho daño? Yo puedo curarte.- Le sonrió, para tranquilizarlo, pero consiguió lo mismo que Obito.
-Yo… ¡Falle!.- Un hondo suspiro, y luego ocultó su rostro sucio en el antebrazo, llorando en silencio.
Rin y Obito se miraron mutuamente, sintiéndose un poco culpables, luego se sonrieron cómplices, y le dieron la espalda.
-¿Has visto a Itachi-chan?
-No, me parece que no he podido ver a dónde se fue tu primo. Pero ¿Qué te parece si contamos hasta diez, y luego giramos para buscarlo?
-Me parece bien.
Ambos se taparon los ojos, comenzando a contar.
Itachi nunca se había sentido tan humillado por la buena voluntad de alguien.
-Tú, primo… ¡estúpido!.- gritó ahora sí el niño, haciendo que Obito se retorciera, no por las palabras, sino por la pedrada en su cabeza. Y ahora si, Itachi corrió.
-¡Ay no puedo creerlo!... ¿Obito estás bien?- Rin comenzó a curar la herida sangrante.
-Tiene un tino extraordinario.- Sonrió el muchacho.- vamos por él porque… eh…
Ambos tuvieron que cubrirse. A lo lejos, se escucho una explosión, producto de un entrenamiento probablemente de jounin. La onda expansiva los había empujado hasta hacerlos caer. Tosiendo, tras quitarse la hierba y la tierra se miraron para buscarse mutuamente heridas.
-¡Itachi! –gritó Obito, desesperado al no verle. Parecía que desapareció o se lo hubiera tragado la tierra. -Ay no…
.-.-.-.-.-.-.-
Continúa.
No se acostumbren a que sean tan largos XDD
Comentarios que no vale la pena leer, pero de todas formas pongo: Pues aquí la segunda entrega. Kakashi es una cosa ruin y despiadada uwuU qué se le va a hacer… los traumas. Itachi ToT sufri cuando sufría pero bueno… este fanfic está hecho especialmente para hacerme sufrir… porque haré sufrir a Itachi y muy probablemente a mi bien amado Kakashi, uwuU Joooo… der. Aunque me consuela en que en algún momento también serán un poco felices (a su manera, son malditamente raros los dos en este mundo, quizá porque yo soy rara).
¿Les he contado que me gusta muchísimo el equipo de Minato? ¡Escriban más y mejores fics de ellos, caramba! Todos son hermosos y explotables, tanto para hetero como Yaoi XD da igual, sólo ¡alimenten el mundo de fanfics con este equipazo! (y mucho mejor si lo alimentan con fics MinaIta, Kashi Ita o con los tres uwu)
Este fic apenas comienza, y si bien no pienso poner cada año de su vida XD si les invito a seguirlo, porque uwu lo que es yo, estoy enamorada de este Itachito, altamente abrazable.
Contestando reviews.
Tsunade: Estoy agradecida de esas alentadoras palabras. En verdad fue sólo el inicio, en realidad todo esto apenas comienza, como verás. Espero que al final, esta historia cubra tus expectativas. Mmm… Minato es todo un adulto ya XD el señor. Las edades de los personajes, las daré con una explicación en el próximo capítulo.
Kea: Es semi tuyo uwu porque no hay tanto MinaIta como quisieras, lo la mento. Lo demás es para mi *w* porque hay Kashi Ita XDDD
Akai: Pues yo adoro a Itachi pequeño uwu… se me hace adorable un niño que tiene conflicto para serlo XD y a la vez no puede evitarlo.
Sun_11: XD ajajaja que bien que te haya gustado tanto mi otra historia, como para pasarte al lado oscuro uwu y ahora te guste el yaoi. Veamos si esta te agrada. ¡Espero seguirte leyendo, así como espero que tú me leeas sobre todo! Saludos.
