¡Hola de nuevo!... las aclaraciones sobre los personajes que no son míos y todo ya se las saben XP…

Con este capítulo que se me paso de largo .-. se comprenderá el que no pondré hasta el mes que viene actualización, ¿cierto? XD! Si el otro capítulo sale antes pues lo subiré, pero creo que este esta bien hasta para partirse en dos.

Me desinfla un poco el ver que cada vez menos gente lee este fanfic, la verdad es que me esta gustando. En fin, el punto es que alguien mas lo lea (aparte de mi) y como se que aún hay aunque sea una o dos personas que lo hacen ¡a seguirlo!

Espero que lo disfruten. Respuesta a reviews y más notas al final XP


IV.

Tras subir el cierre de su chaleco, se miró una vez más al espejo de cuerpo entero. Era su uniforme y aquello que le permitía subir un escalón en su estatus como ninja. Era en definitiva, un honor pertenecer a ese reducido grupo de élite. Era… era algo que para él, no significaba tanto, como simbolizaba para sus padres.

La prueba ni siquiera había sido tan complicada como lo había escuchado de algunos adultos. Precisamente por eso fue más vitoreado: se había graduado con honores. Miró el pequeño botón enzarzado en su chaleco, que represento la condecoración por el evento. A sus diez años el genio Itachi Uchiha, era un jounin.

La única felicitación que agradeció desde el fondo de su corazón, fue la de unos ojos enormes de color oscuro, que lo miraban enajenado con la pureza digna del cariño, y la admiración desprovista de codicia del que siempre espera algo de Itachi, como todos los demás. Sasuke dudo en lanzarse esta ocasión a abrazar la cintura de su hermano mayor, no quería arrugar su atuendo, según dijo.

Y por esa misma razón ese día Itachi, hizo algo que Sasuke, jamás olvidaría. Se fue poniendo en cuclillas hasta que sus rodillas tocaron el suelo, quedando así sus ojos al nivel del más pequeño. Itachi se quitó el chaleco, colocándolo sobre los hombros del niño, y tiró de los costados para acercarlo a su cuerpo, atrayéndolo así en un abrazo.

-Mira… que ahora el que teme arruinar al uniformado soy yo.- dijo Itachi, con su voz suave, que en ciertos momentos comenzaba a cambiar.

La risa fresca de Sasuke resonó, sus manitas se aferraron a la camisa azul marino de su hermano, ocultando en la prenda al enterrarle la cara, el sonrojo ardoroso de sus blanquísimas mejillas.

-Aniki, estoy seguro que ya eres el mejor… entre los mejores de todos los jounin.- dijo el niño y aunque eso quedaba corto, no encontró palabras en su mente para expresar toda la admiración sencilla y pura que sentía en ese instante.- No debes mas que ser feliz hoy, me portaré bien para no arruinar el humor de papá y entonces la cena de esta noche para tu celebración también será de lo mejor.

Itachi entendió lo que se decía sin palabras, al verlo en el reflejó de esos ojos brillantes. Sasuke fue gratamente correspondido, con una de esas amables sonrisas de su hermano mayor, cuyo gesto casi pétreo sólo cambiaba y se suavizaba con él y su madre.

Participaron unos pocos minutos más en esa complicidad única de los momentos compartidos, en que nadie se enteraría que tan cariñoso y dadivoso podía ser Itachi, ni el grado de dulzura y bondad que podía alcanzar Sasuke, solo por su hermano. Sabían que una vez abriendo la puerta, Sasuke tendría que correr del lado contrario fingiendo que recién salía de su cuarto. Fugaku estaba esperando en la planta baja antes de partir a las oficinas de la policía, el ver cómo le quedaba el uniforme completo a Itachi. Como siempre, exigiría a Itachi no perder el tiempo en cosas infantiles –aunque fuese un niño y por lo regular su padre jamás le reprendiera más que cuando estaba jugando con Sasuke, que rompía su "perfección"- y a Sasuke, no hacerle perder el tiempo a su hermano –ya no decir, entorpecer con su sola existencia su "perfecto" mundo-.

Sasuke había aprendido a andar de puntillas, para evitar la dureza de la mirada de Fugaku. Inicialmente, las plantas de sus diminutos pies habían resonado con fuerza contra la madera, para hacer notar su existencia, pero un Uchiha no caminaba de esa manera. Fugaku ni siquiera tuvo que decírselo con voz, el gesto de desagrado con que lo recorría desde la cabeza y paraba en los pies, fue el que le hizo advertirlo.

Mas aún, Sasuke era esa figurita diminuta, que parecía flotar en los largos pasillos fríos de su mansión, como un fantasma cuya frágil figura desaparecería en cualquier momento. Por eso en cuanto podían, Mikoto e Itachi lo atrapaban entre sus manos o brazos, como para eliminar el temor a que desapareciera de pronto. Y Sasuke necesitaba al menos de un solo toque en el día que le aseguraba que así era.

Sasuke había aprendido que era más sencillo soportar la indiferencia, que el enfado de su padre. Amaba tanto a Itachi, debido a su buen trato y atención, que no sentía envidia, sino que su admiración solo se reforzaba con los vítores de Fugaku, ante el grandioso primogénito heredero. Estaba tan poco tiempo con Fugaku, que gracias a Mikoto aprendió a que su corazón se rebosara aún en una mirada, sabía sonreír bellamente, y hasta se carcajeaba; cantaba cuando no lo escuchaban un poco y abrazaba con el alma. Ambos le habían hecho crecer en una atmósfera repleta de tranquilidad, desprovista de egoísmo, - cuya calidez y ligereza sólo se rompía con la presencia de Fugaku,- que le había permitido al niño lograr una paz interior lo suficiente fuerte –y frágil, también, por no conocer dolor u odio-.

Sasuke era pacífico y cándido, mas no audaz. Dadivoso, no egoísta; y aquellos que carecían de al menos de un poco de ello, también carecían de la voluntad para conseguir metas cada vez mas altas. Listo, más no elocuente. Era tan noble que no sabía mirar con desden y tan inocente, que no sabía lo que significaba pertenecer al clan en el que nació. Ser Un Uchiha en toda la extensión de la frase.

Quizá precisamente por eso, pensaba Itachi, no podía lograr el reconocimiento y agrado de Fugaku: era la creación perfecta de un habitante totalmente ideal y digno de la Konoha, que él deseaba que existiera. Pero todo lo contrario de lo que Fugaku, "esperaba de su hijo", como solía decirle odiosamente una, otra y otra vez a Itachi. Y se odiaba a sí mismo, por tener que serlo y que le resultara tan endemoniadamente fácil.

Suspiró profundo tras cerrar el portón de su casa. La mirada de Fugaku, repleta de ese orgullo mal sano, que se mezclaba con aquellas miradas del tipo de los hombres enfermos mentales que llegan a poseer en sus manos un arma letal con la cual atacar. Su madre a su lado, sonriendo apaciblemente. Al fondo los mechones de cabello de Sasuke, que se escondía al dar la vuelta del primer pasillo, sólo para poder verlo y despedirse con una tímida sonrisa. Lo odiaba, a su padre, por hacerle sentir a Sasuke, que si aparecía en escena, en vez de completar un cuadro familiar rompería el marco.

Se había despedido con su eterno gesto serio y de la forma educada digna de él. Había caminado con tranquilidad, airoso, por las calles del gueto Uchiha. Muchos salieron a saludarle y felicitarle, él nunca paró su camino limitándose a dar saludo y despedida con un levísimo movimiento de cabeza; era fácilmente perdonada su altivez, sólo por tratarse del maravilloso genio, porque felizmente esa celebridad era el futuro líder de su clan.

Para cuando llegó al punto de reunión y espera, tan sólo bastó a que abriera la puerta, para que el resto de jounin reunidos en la sala se quedaran callados. El prodigio había llegado. Por más genio que fuese seguía siendo un niño. El silencio incomodo se acabó cuando él dio el primer paso al interior de la sala, haciéndolos percatarse de lo estúpida que había sido su reacción. Incluso había notado al pasar y escucharlos, que algunos estaba tomando un tema nuevo, lo que significaba que estaba siendo un cambio abrupto de algo que probablemente pensaron, el "niño genio", por ser lo primero no debía escuchar.

Fastidiado, se sentó en una silla abandonada tras una gran maceta, con una planta de abundante follaje, esperando que con suerte fuese llamado pronto por el Hokage. Percatándose de su error alguno que otro jounin se acercó a felicitarle, e intentar un acercamiento con alguna broma. Itachi contestaba educadamente, pero con monosílabos; eso y su gesto incólume les hizo saber que el no quería ni necesitaba compañía.

-¡Yo!- Saludó alguien por… quien sabe qué ocasión.

Pero lo hizo de esa forma tan provocadoramente informal, que se irritó. ¿Por ser un niño, ahora le faltarían al respeto? ¡Ah, la gente siempre se iba a los extremos!

Abrió los ojos con pesadez y sólo porque ya era costumbre dejarlo como una máscara impenetrable que nada demostraba, no dibujó la cara de sorpresa que internamente tenía.

-Buenas tardes, Hatake-san. – cerró sus ojos otra vez, cruzándose de brazos en la misma postura.

Contrario a su pensamiento, la presencia no se alejó, sino que incluso sintió el cosquilleo de las hojas de la planta al golpear contra su cara, cuando Kakashi, la hacía a un lado y se sentaba en el borde de la gran maceta.

-Buenas en realidad, Itachi-kun.

¿Que…

- Veo que por fin te graduaste, hasta el chaleco bien planchado traes y todo (no como yo).

… demonios…

-Y hueles a perfume caro. Es bueno. Yo vengo de misión (así que de seguro apesto).

…pasaba?

Momento. ¿Era eso el libro porno, que estaba vetado de todo el gueto Uchiha? ¡Maldición, que si lo giraba un centímetro más, estaría estrellándose la maldita portada anaranjada en la cara de Itachi!.

-Hatake-san.

-¿Si, Itachi-kun?

-¿Qué está haciendo?

-¿Eh? –Parpadeó varias veces con su único ojo visible, entornándolo para observar la cercanía que tenía con Itachi, y su propia posición.- Eh… ¿leo porno mientras saludo a un viejo e irónicamente joven amiguito?

Itachi frunció el seño. ¿Quién rayos era ese que se parecía tanto a Hatake Kakashi? Quizá después de todo las almas de Obito y Rin, se habían negado a dejar este mundo, entonces iban y controlaban el cuerpo de Kakashi… eso debía ser.

-Obito.- Se dibujó claramente en la mente de Itachi, por lo que su semblante se suavizo apenas un poco. Cerró los ojos, como si no quisiera que la imagen de su querido primo se fuera otra vez. La imagen de Kakashi frente a él, evocaba irremediablemente la de su primo. ¡Cuan distintas pintaban ser las cosas en ese entonces!

-Voy a contarte la historia de un idiota inservible. Hubo una vez un sujeto que pretendía ser ninja; un estúpido que pertenecía a una basura de clan…

-¡Cállate Kakashi!

-… su nombre era Uchiha Obito. –Esa vez Kakashi lo había arrinconado en la pared, en la pequeña bodega de alimentos. Ocurrió durante la estancia de Kakashi, en la casa Uchiha. Obito había ido a jugar con Itachi, pero tardaba demasiado en cumplir su promesa de traer a Kakashi a jugar, por eso decidió buscarlos. Tenía poco tiempo en que le habían retirado la férula.

-No… ¡no te acerques tanto!

-¿Qué pasa miedoso?... –golpeó con ambas manos a los costados de la cabeza de Obito, para impedirle escape. Itachi se ocultó un poco más tras la puerta, observando sólo con un ojo. Intentaba pensar una forma en cómo ayudar a su primo… ¿hacerlo él mismo o llamar a su madre?

-Le diré a sensei que…

-Eso…corre y ve como el mocoso miedica que eres a llorarle a sensei.

-No… ¡no te daré gusto!

Kakashi soltó de su garganta algo parecido a una especie de gemido, que no fue más que una risa sarcástica.

-¿No dijiste que siempre estoy ocultándome en la oscuridad, tras una máscara, de ti y de todos? Anda Obito… no seas cobarde. Toma la responsabilidad de tus palabras.- De golpe unió sus cuerpos, haciendo estremecer al otro muchacho cuando enterró su muslo entre las piernas del moreno.

-¿Qué… que… -Obito respiraba demasiado aprisa. Demasiado asustado para pensar o hablar coherentemente. La delgada abertura de la puerta sólo permitía pasar luz suficiente para apenas dar la imagen sombría de parte del asustado rostro de Obito; Kakashi estaba en la penumbra, así que cuando se bajó la máscara, Itachi no pudo ver nada que no fuera la simple silueta de su rostro.

Silencio. Unión de labios y posterior a el, sollozos de su primo.

-Hn… -la mano de Kakashi, regresó la máscara a su lugar. Cuando se alejó el cuerpo de Obito, perdió su soporte y se derrapó por la pared hasta el piso, quedando sentado con las piernas abiertas sin fuerza, mientras se tapaba la boca y lloraba sin vergüenza alguna.

-Eres malo…

-¿Lo ves, estúpido? Te dije que no soportarías ver lo que había tras la máscara. Eres patético, así que confórmate con lo poco que sabes de mí.

-Yo sólo quería verte… -sollozo,- quería… ¡Te quería… -llanto,- ver solamente!

-No seas ridículo. Alguien tan débil como tú no podría con la pesada carga de mi verdad. No quiero jugar ni tener nada que ver con niñatos -le dio una ligera patada desdeñosa.- Te enfadas como uno, vienes y hablas de mis emociones; de las tuyas ¡tan conmovedoras! Intentando ser imitación barata de adulto con eso… parloteas de lo que oculta esta máscara y cuando te muestro apenas el inicio, lloras como una niñita.

-¡Te odio!

-Compartimos el sentimiento. –Respondió Kakashi, con su voz sin emociones. Itachi no estuvo seguro de si odiaba a Obito, o a si mismo,- Además no te confundas mas, y no vengas a hablarme como si fuéramos amigos. –Se dio la vuelta y se sentó en el barril del lugar oscuro.

Obito se levantó y al abrir más la puerta, encontró al sorprendido Itachi, con el vendaje en el pie y su pequeño rostro de niño confundido. Miró hacia todos lados, para finalmente tomarlo en brazos e irse de ahí.

-No se lo digas a nadie… te lo suplico… ¡Oh Itachi-chan… esto no debes decirlo jamás…!

-¡Pero es que él te ha hecho algo malo! Mamá dice que no se debe permitir algo como eso hasta que sea casi tan mayor como ella.

-No Itachi…-se limpió las lágrimas.- Sé que es difícil de comprender… pero no lloro porque él me haya hecho aquello en la boca ahí dentro. Esto -tocó sus labios y luego su pecho,- es bueno para mi, aunque es malo para él porque no le agrado… ¡no le agrada nadie!… lo sabe y por eso lo hizo… el hacerlo sabiendo ¡es lo que lo hace a él malo!… no que lo hiciera si fuera con aprecio… ¿me entiendes?. Por eso duele Itachi-chan, y si me quieres aunque sea un poquito no habrás de decírselo a nadie jamás.

Itachi definitivamente no entendió y dudaba en que Obito, se comprendiera del todo. Pero tampoco habló ese día, como no dijo nada de las ocasiones subsecuentes, en que sorprendió a Obito arrinconado por Kakashi. Sólo eran unos segundos y nada más. Obito ya no lloraba. Luego se sumaba al par que fingían que nada había pasado.

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Con el desordenado cabello grisáceo más caído de lo normal hacia un costado, esa ropa más oscura de lo habitual le daba el aire mayormente solitario y desolado que jamás le hubiese visto. Kakashi estaba casi encogido, bajo el toque en su hombro, obra de la mano de Minato Namikaze.

Ambos miraban al frente sin lágrima alguna y con el rostro serio que ocultaba bien su dolor. Itachi recuerda haber elevado la vista y ver por contrario a esos dos rostros que lamentaban evidentemente la pérdida, a su padre. Su semblante seguía siendo severo, como el de la mayoría de los Uchiha presentes. Pero excepto por la propia madre de Obito, viuda desde muy temprana edad del muchacho, no había más muestra de pena por su perdida. Excepto claro, por él mismo.

Para el clan Uchiha, esa era una muerte anunciada. Peor aún, Obito era un "no Uchiha", quien además de la sangre y uno que otro rasgo físico que le caracterizaba, esperaban -y otros tanto deseaban,- desde el inicio su deceso. Itachi había escuchado varias veces los comentarios venidos directamente del clan y su padre al respecto, como si quisieran desde mucho antes que el muchacho desapareciera, para que dejara de "avergonzar" al clan.

Obito no era un genio, ni siquiera habían esperado que alguna vez fuese lo suficiente "útil" para el clan. Era extrovertido, hiperactivo y un adorable mentiroso. Aún sabía temer, y podía pedir dulcemente las cosas por favor. A pesar de la opinión de su clan, Obito se esforzaba: protegía celosamente sus ojos, con las gruesas gafas y los lubricaba con lágrimas artificiales en gotitas que llevaba siempre consigo.

Si era porque no les sería nunca útil, o era porque lo consideraron siempre incapaz de ser mejor de lo que era, eso con certeza no lo sabría Itachi. Pero como siempre se había hablado de ese día, quizá debió dolerles menos precisamente porque era una muerte anunciada.

¡No! Itachi no sólo estaba dolido, ¡estaba enojado con Obito!. Porque había querido creer en él, aunque fuese un inútil. Porque lo quería y Mikoto decía que se debe de creer en lo que se ama. Y estaba enojado sobre todo porque lo había dejado tan solo. Si bien era cierto que aún tenía a dos de sus personas importantes antiguas como lo eran Mikoto y Shisui, y una nueva a la que le pusieron por nombre Sasuke, no eran Obito. No porque quisiese que se transformaran, pero cada uno era distinto y le agradaba como tal a Itachi. El que haya nacido Sasuke, no lograría que dejase de extrañar a Obito.

Las personas no eran cosas que fuesen reemplazables, decía Mikoto, ¡qué razón tenía!.

¡Pero cómo deseaba encontrar a alguien que pudiese llenar el hueco hondo que se había formado en su pecho!

No importa si Fugaku, hubiese dicho antes -e Itachi escuchó tras el pasillo- de asistir a la ceremonia que si, que seguramente se cubriría su ausencia en el gueto con otro niño con más capacidades, porque seguramente cualquiera que naciera en su clan lo sería. Mikoto calló e Itachi, no supo si era por no contradecirlo, o porque tristemente estaba de acuerdo. ¡No su madre, por favor! Pero Itachi no dijo nada tampoco, porque su mutismo sería de hoy en adelante su pequeña venganza.

¿Y qué si él estaba mal en pensar que los seres humanos eran eso, y no sólo herramientas? supo que su perspectiva no era falsa al ver aquellas miradas. La del ojo de Kakashi, -pues notó que llevaba un vendaje en el otro,- la de Minato, y la de las bonitas avellanas anegadas en lágrimas de Rin.

Esa misión había costado demasiado, tanto como había salvado. Minato Namikaze, era el único Hokage que había dejado en manos del consejo a la aldea –supervisados por Sarutobi, que firmaba, aprobaba y ordenaba en ausencia de Minato, a petición suya-. Y es que nadie se atrevió a contradecirlo, cuando él dijo en aquel memorable discurso de la toma de poder, que no protegería solamente desde atrás de su escritorio a su amada aldea, mientras muchos shinobis como él morían por la misma causa en la guerra.

Kakashi alguna vez le explicó escuetamente que su sensei, hacía saber su posición a algún escuadrón anbu –el mejor, por supuesto, dada la importancia de lo que traían en manos,- que traía noticias de Konoha, y llevaban instrucciones; también le hacían saber de los otros escuadrones que trabajaban fuera de la aldea. Minato enviaba a través de ese reducido grupo escogido sus mandatos y opiniones. Sarutobi, honesto por convicción y costumbre, jamás dejaba a Minato, sin saber sobre un importante tema –aunque si se trataba de ello, esperaban a que el Yondaime estuviese en la aldea-, y respetaba su mandato a pesar de que fuese su antecesor.

Aquella vez el formidable Hokage, había tomado a su equipo que aún mantenía junto bajo excusa de entrenamiento y misiones, llevándolos directamente a firmar la sentencia que les marcaría de por vida. A Kakashi, le costaría un ojo y parte de su renacido corazón. A Rin, el despertar para intentar esforzarse más en ser menos frágil. A Minato, un amado alumno. A Obito la vida.

Por el bien de todos los demás, su equipo había partido a solas bajo el mando de Kakashi, para poder evitar que los enemigos pasaran por el puente. Era una misión "A", casi "S", y aunque se les había pintado a ellos sencillamente y explicado cuando estaban por realizarla, sólo se les permitió hacer a esos novatos-Obito y Rin,- la misión por ser alumnos del Hokage.

Minato logró por sí solo lejos de ellos, la gran hazaña de derrotar un ejercito shinobi por completo, consiguiendo así que el enemigo se amedrentara aún más todavía. Las cartas para mediar por la paz –por no decir rendición encubierta,- comenzaron a llegar incluso antes de que ellos pisaran la aldea.

El nombre de Obito Uchiha, fue escrito entre los nombres en la piedra de honor para aquellos héroes caídos en batalla. Con tan sólo trece años.

-¿Itachi-kun?

Ah, si. Kakashi estaba ahí. Y su voz irritantemente contenta le exigía atención, regresándolo de sus pesares.

-¿Si, Hatake-san?

-Deberías llamarme senpai, o sólo Kakashi-kun. Eso de Hatake-san nadie lo usa, y me hace sentir viejo.- Dijo, con voz muy jovial.- Al igual que te hace parecer uno, y como tu cuerpo es pequeño… serías algo mas bien como un enano.

Itachi arrugó el entrecejo –de nuevo-, eso era más de lo que muchos conseguían, porque los Uchiha, no hacían cosas como esas. Itachi casi nunca cambiaba su expresión.

Se preguntaba en qué momento esa imitación barata de Kakashi, eliminaría el henge que estaba usando para fingir ser quien no era. Porque Hatake Kakashi, tras la muerte de Obito, apenas si respondía en la lejanía el saludo que le enviaba, las pocas veces que lo miró a lo lejos en las calles de la aldea, o en el salón que servía para entregar los informes de misión. Fue cuestión de años enteros, en los que Itachi, supuso que fue por su ascensión de rangos tan rápida que, Kakashi era quien lo saludaba ahora que quizá era su casi igual. Para ese entonces, Itachi era quien dejó de tener deseo de corresponder al saludo.

-Kakashi-san, sólo es la forma de presentarle mis respetos.- mencionó Itachi, con la intención de romper la conversación. Cerró los ojos otra vez.

-Bueno, te perdono sólo por eso.

¡Y él no se iba!

-¿Puedo serle útil en algo, Kakashi-san?

-Oh, me temo que no por el momento… o en muchos subsecuentes.- Volvió a estrechar su ojo, casi al grado de que parecía curvearse y cerrarse por completo, en un gesto contento.

-Estúpido idiota… -pensó Itachi, en su insulto favorito hacia él.- Entonces, Kakashi-san, agradezco que sea tan bien educado en venir a acompañarme, pero seguramente tendrá actividades más importantes que…

-Oh créelo que si -interrumpió,- pero vamos Itachi, siendo honestos, ni tú quieres que esté aquí, y probablemente (porque no te dejaré en claro si quiero o no) tampoco yo. Escucha novato y aprende esto bien. No importa si nadie te agrada, casi nadie me gusta a mí.- Se puso en pie, regresando la vista al libro.- Pero una regla general para mantener a la aldea a salvo, es que los ninjas de élite permanezcan en la comunicación más sana posible. Trabajaras con esta gente.

Itachi apretó las mandíbulas, tanto por el adjetivo descalificativo que usó para él, como por la verdad de esas palabras. Su "conversación" desde el inicio había sido en un tono tan bajo, que difícilmente lograba escucharla los que poseían el mejor entrenado oído.

-A mi tampoco me gusta la compañía,- dijo seriamente,- y aún así uno en vez de hacer cosas importantes como acostarse bajo una buena sombra de árbol a leer su precioso libro, viene aquí a cumplir el deber de soportar ninjas engreídos como tú.

Itachi estuvo a punto de enfadarse, pero el aparente guiño del ojo visible del otro, acompañado de la aterciopelada voz que usó para el final de su frase, le hizo dudar de que fuese o totalmente serio, o parte en broma.

-Bueno, Itachi-kun, un placer saludarte. Voy a darme un buen baño (que me hace mucha falta), y debo ir a entregar mi informe desde hace como… -miró el reloj,- oh… dos horas y un tanto. ¡Te veo luego!- Desapareció tras una pequeña nube de humo.

-Espero que no.- Mascullo Itachi, en voz más baja. Se convenció además de que un tipo como ese, realmente no tenía la suficiente valía en su vida como para lograr algo como enojarle. ¡Era un idiota, irresponsable e irritante ser! Nada congruente. Nada que ver lo que es y lo que fue.

El primer día había comenzado bien, pues Kakashi, ninja bien entrenado, había emprendido con el método de observación para análisis de datos: costumbres, horarios, labores y demás cosas con las que ahora tendría que vivir. Anotó incluso alguna que otra particularidad de los miembros de la casa en una pequeña libreta, e hizo diversas hipótesis a partir de los datos, para lograr acciones que prolongándose a largo plazo, lograran una misión exitosa. Y la forma de librarse más rápido de todos ellos.

Claro que la "normalidad" en la casa Uchiha, sólo duró ese día. Hacia el segundo día, el muchacho que a Mikoto, le había parecido tan dulce y eficiente –bajo el hecho de que había callado y acatado todo lo que se le ordenaba, haciéndolo rápido y de la mejor manera, ¡apenas un día antes!,- se había convertido en un demonio del mal, que invadía con sus maneras excéntricas su casa y suplantaba el orden establecido por el suyo. Estaba por cumplirse la primera semana.

Cuatro quince de la mañana en punto, aún incluso cuando los primeros rayos de sol no se habían asomado a tocar el suelo de Konoha, Kakashi terminaba de ordenar su habitación. Ya se había levantado, bañado y acicalado –en lo posible, dadas las cualidades naturales de su cabello-. Entrenaba una hora y se volvía a duchar. Incluso había lavado el baño como era su costumbre tras utilizarlo, limpiando impecablemente hasta la última gota de agua. A las cinco cuarenta y cinco de la mañana, había terminado de fregar los pisos de la planta baja comenzando de afuera hacia adentro para no despertar con antelación –aunque difícilmente sucedía, ya que era extremadamente silencioso,- y comenzaba con las labores básicas de aseo en la cocina, que sería lo primero que se utilizaría después de los baños. La sirvienta –cuyo nombre nunca conoció,- se encargaría de los demás baños, excepto el que él ya había limpiado.

Mikoto misma comenzó a verse obligada a levantarse media hora más temprano de lo habitual, para poder instar a la empleada doméstica de la casa a cumplir con sus labores, ya que básicamente desde que llegó, Kakashi acaparaba su trabajo. Es que el obsesivo muchacho, detestaba que no hicieran supuestamente bien su trabajo, por lo que prefería hacerlo él mismo.

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Alrededor de las seis treinta, Fugaku se levantaba para desayunar. No sin antes haber revisado que su hijo –ya levantado y arreglado por su atenta madre,- estuviera impecable para sentarse a la mesa, desayunar en familia y despedirse de su padre.

Para ese momento, al cuarto para las seis, Kakashi ya estaba esperando a Mikoto, con el fin de ser su ayudante en la cocina. Tal y como sucedía para la hora de la comida y la cena. Ni un minuto antes ni después. ¡Incluso había puesto los relojes de la casa a la misma hora!

Claro que es algo que Fugaku, ni siquiera notaba. Sólo Mikoto que era quien estaba en la casa, la sirvienta quien ahora siempre estaba corriendo –y huyendo, según perspectiva de Itachi, a causa de la presión y temor que ejercía en ella el muchachito,- y por supuesto pequeño Itachi, que era el silencioso y lisiado espectador.

A veces Mikoto, se preguntaba si hoy día todos los ninjas eran educados para ser tan perfeccionistas e histéricamente exactos para los horarios. Kakashi no perdonaba ni esos sagrados quince minutos; si bien no reclamaba con voz a su nuevo "superior" –por nombre de pila Uchiha Mikoto,- si se tardaba aunque sea cinco, bastaba su pesada mirada para demostrar su inconformidad.

Una sola vez dijo que ese tiempo desperdiciado, podría haber sido ocupado para otra útil labor, o era parte de su tiempo libre que ahora debía utilizar para trabajar. Es por eso que aunque Sasuke, -nombre que le pondría a su futuro hijo,- reclamara literalmente a patadas en el interior de su vientre, que quería que su madre estuviera acostada, ella se levantaba para cumplir con sus labores, enfadosamente antes de lo habitual. No que normalmente no lo hiciera, pero si algo le irritaba, aunque lo ocultase con una sonrisa, es que alguien se atreviera a criticar su labor como ama de casa, madre y esposa. ¡En todo Konoha, se hablaba de lo perfecta que era Mikoto Uchiha! No era permisible que un simple adolescente mal humorado, hiciera algo como aquello.

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Fugaku no permitió que Kakashi, comiera con la familia. Dado que ahora era parte de los sirvientes no era correcto. Desde el primer día lo había mandado a comer con los empleados. Aunque Mikoto quiso intervenir a su favor, el orgullo del muchacho no le permitió regresar a esa mesa cuando estuviese Fugaku, aún y cuando el permiso había sido otorgado gracias al concilio de Mikoto. Es por eso que tras servirse su par de platos de comida, pues según la mujer de la casa era lo justo ya que él también los había preparado, hacía una pequeña reverencia a Mikoto y se retiraba a comer. No se podía decir que él comía con los empleados, porque mientras se juntaban en la mesa, él prefería algún rincón donde podía darles la espalda y comer a gusto sin que vieran su rostro. El barril ancho, donde podía sentarse en flor de loto de frente a la pared, ahí en la pequeña bodega de alimentos, era ideal para Kakashi. ¡Mejor para él, que el hombre resultara comportarse como un bastardo engreído!

El asunto de la preparación de las comidas, había comenzado porque Kakashi, no había querido prepararle a Itachi, un bocadillo. El muchacho alegó que si no se había acabado toda la comida porque sabía feo y por eso no se había llenado a la hora de la comida, no era su problema. Con una sonrisa en los labios y voz conciliadora, Mikoto le dijo que si él conocía entonces formas de mejorar el sabor, le ayudaría de hoy en adelante en la preparación de los alimentos. ¡Cuánto se arrepentía! Si bien era cierto que para cuando pisaba la cocina, ya estaba toda cacerola, o artículo de cocina arreglado y acomodado –para su rápida utilización, decía Kakashi,- ¡le había movido de lugar todo! Si bien cuando pedía algo, al instante se lo daba el muchacho, el muy… no. Mikoto no usaba ese tipo de apelativos. Sólo era que había cambiado todo de lugar para que él lo encontrara rápido y había hecho de lado el orden que ella había impuesto. La cocina era territorio sagrado, los demás habitantes de la casa lo sabían. Desde ese día, Itachi comprendió que Kakashi, era un mísero profano.

-¿Tienes frío, Kakashi-kun? –preguntó la atenta mujer, cierto día cualesquiera.

-No.- Contestó secamente. El que ella elevara las cejas apenas un poquito, en señal de clara molestia, le hizo replantear la respuesta.- Estoy acostumbrado porque mi casa también es grande y fría como esta. Haya o no personas en ella, no hay calor suficiente.

Ahora Mikoto había elevado también un poco el mentón. Itachi miró su pie aún con el vendaje, y se lamentó por no poder correr.

Si algo estaba prohibido era hacer molestar a mamá. ¡Hasta Fugaku, gran líder del clan y la policía de Konoha, lo decía! E incluso el grandioso Hokage, que ahora los visitaba muy a menudo, también le hablaba con voz cuidada y respeto.

Kakashi se acomodó un poco más la bufanda gruesa para abrigar su nariz, que era lo que cubría su rostro en vez de su máscara. Prenda causa de la plática/futura discusión presente.

-Quizá deberías aumentar tu tiempo de estancia al lado de las personas, Kakashi-kun. Se te está olvidando lo que es ese calor y por eso no lo identificas.

Kakashi arrugó las cejas.

-Mikoto-san, con el respeto que usted se merece, no me sirve de nada estar con gente en esta casa o en ninguna otra, si además de tener el mismo frío de siempre, tendré pesadez innecesaria en mi ambiente.

Mikoto apretó los labios, entendiendo perfectamente la alusión cuando el chacra de Fugaku, se hizo presente. Kakashi no notó el gesto. Salió de la habitación y tanto Mikoto como Itachi, saludaron tal y como marcaba la costumbre al señor de la casa, que inmediatamente en una orden implícita –y habitual-, decretaba reunirse a tomar te en la mesa, mientras le tocaba un breve descanso de su trabajo ya que había aprovechado para ir por algo que había olvidado. Se había tomado el tiempo -o la "molestia",- para obligar a su familia a compartir tiempo con él, en palabras de Kakashi.

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El mismo día cualquiera aunque habían preparado ya los alimentos y Kakashi, pudo haberse retirado a consumirlos, Fugaku había avisado que llegaría tarde y es por eso su familia debía esperarlo para comer. Mikoto había llevado a Itachi, para que jugara un poco con él en su habitación, mientras le hablaba de cosas maravillosas que podría hacer con su hermano pequeño cuando naciera. Ahora que regresaba a la cocina para calentar nuevamente, se encontró con la singular escena.

De Kakashi sólo se veía la retaguardia. Estaba a "cuatro patas" con medio cuerpo metido entre dos muebles de la cocina.

-¿Qué haces, Kakashi-kun? –preguntó realmente extrañada Mikoto. Llevaba cargando con un brazo a Itachi. Con la otra mano frotaba un poco su enorme vientre para calmar a Sasuke, que se movía más de lo habitual.

-No se quita.- Soltó molesto, con obvio esfuerzo en la voz. Se escuchaba como si estuviera fregando algo.

Alargó un poco el cuello, intentando ver inútilmente entre la mata grisácea de cabello aquello que tallaba. Encima de la estufa, aún estaba el plato frío de comida servido que le correspondía a Kakashi. La bufanda y el cabello, se movían al compás del duro tallado de Kakashi.

-Esa mancha estaba ahí desde antes que llegásemos, también intentamos quitarla en algún momento. Es más fácil que desgastes la madera y se verá peor. Es una casa vieja, Kakashi-kun.- Explicó conciliadora. A un niño listo no se le podía hablar como un tonto, sino incluso con la clara intención de enviar un mensaje implícito que comprendería seguramente- A las cosas viejas difícilmente se le quitan las marcas del tiempo.

-Lo odio.

-Es algo normal… la mancha ni siquiera se ve porque esta entre esos dos muebles.

-¡No debe haber mugre ni podredumbre encubierta! –soltó Kakashi, elevando la voz.

Percatándose de su error se irguió aún hincado, dejando sus manos blanquísimas sobre sus rodillas. Itachi aferró sus puños a la ropa de su madre ante el inesperado grito.

-Un ninja debe ser siempre limpio y ordenado, es una regla básica- dijo, ya con su voz baja y cansada, sin quitar la vista de la mancha. Itachi siguió la mirada de su madre, que se dirigía hasta las manos de Kakashi. Tenían incluso pequeñas heridas y se veían resecas. Sólo hasta ese momento ambos notaron cuanto debía de lavárselas.

El niño más pequeño se estremeció sin saber por qué. Mikoto lo calmó con una simple sonrisa, poniéndose en cuclillas para ver a Kakashi.

Itachi no entendería hasta después, lo que Mikoto notó desde ese instante.

La mancha que no se quita. Un niño que se esfuerza por dejar todo limpio para su presente y futuro, incluso a costa de perfeccionismo histérico. Aquello que debe erradicarse para vivir en paz, aunque la mancha se oculta, aunque todos saben de ella, aunque a veces la olviden –o finjan hacerlo,- y ya nadie lo hable. ¡Pero él sabe que está ahí! Y no puede perdonar que exista una mancha que hizo otro antes que él, ensuciando el suelo que ahora usa. Limpiar todo, que no quede marca como con… limpiar el apellido Hatake.

-Mandaré traer la madera, Kakashi-kun, entonces podrás repararla.- Le dijo suavemente, acercó su mano hacia el desordenado cabello plata, pero no lo tocó.

Kakashi no notó el gesto, porque se inclinó a pasar los dedos sobre lo que había provocado. Observó cómo efectivamente había desaparecido la mancha de la madera, pero a cambio esta se había desgastado, dejando un horrible aspecto desgastado y astillado.

-Todo va a estar bien… porque la mancha se ha ido para siempre y repararás el daño. Has hecho bien.- Le dijo ella con su voz suave.

-Todo bien.- Musitó pequeño Itachi y asintió ante esas palabras.

Kakashi sólo asintió, normalizando su respiración.

-Lo siento… -susurró antes de levantarse y salir rápido aunque sin correr de la habitación. ¡Kakashi se había disculpado por algo!

Aunque no lo dijera, Itachi supo que algo se removió en el corazón de su madre, porque ellos tenían una complicidad que se reducía a miradas. También recordó que eso quizá se desencadenó cuando Fugaku, había dicho esa misma mañana mientras tomaban el te, que por mejor cuna en la que había nacido ese niño, debían tener cuidado porque a pesar de ser un genio de buena familia, llevaba en la sangre la traición. ¿Quién hubiera imaginado que Kakashi, fuese tan buen ninja que pudiera escuchar sin querer tras las puertas sin ser notado por el jefe de la policía?

.-.-.-.-.-.-

-Él jamás habla de lo que necesita o lo que quiere.- Mencionó Mikoto, al día siguiente.

Miró toda la ropa de Kakashi, bien lavada y tendida en el patio. Ya estaba seca. Se había levantado seguramente antes que ella a lavar, sabiendo que ese era el día programado para esa labor en la casa. Esa era la razón por la que llevaba la bufanda, dedujo ella: no tenía máscaras limpias. Y su forma de esconder su necesidad, fue con agresividad. Porque un ninja cuando no trabaja en equipo, no necesita de nada mas que de sus propias capacidades.

Si bien Mikoto, tenía a Yuriko, la sirvienta, para que le ayudara, siendo ninja de profesión y ama de casa por elección, sólo en realidad la tenía como apoyo, pues disfrutaba poder hacer las cosas para ella y su familia. Le agradaba la compañía de la joven muchacha, que platicaba con ella demostrándole sincero afecto, mientras hacían toda labor-excepto la cocina,- en conjunto.

-¿Debo recogerla, Mikoto-san? –preguntó preocupada, aferrando más la canasta de ropa. Sobre ella, Itachi iba semi recostado, con las nalgas hundidas en la canastilla y los pies y brazos felizmente colgando. Cuando Fugaku no estaba, Mikoto le daba permiso de comportarse de aquella trivial manera caprichosa y consentida. De hecho ella es la que lo propiciaba, e Itachi sólo se dejaba hacer.

-No, lo haré yo. Gracias Yuriko-chan. ¿Qué tal si mejor acomodas en aquel lugar a Itachi-chan para que puedas comenzar a lavar? Podrá jugar con las burbujas del jabón.

Itachi no contradeciría a mamá, aunque a él ya no le gustara hacer burbujas.

-Si, señora.

Mikoto no sólo se dedicó a descolgar la ropa, sino planchó la que pensaba necesaria. Kakashi había ido por su orden, a comprar madera, pintura y barniz para cambiar el suelo de la cocina. Itachi se había aburrido rápidamente de la labor y mimos de Yuriko. No que la muchacha no le agradase, sino que a veces lo hartaba. ¡A un Uchiha no se le hacían tantos arrumacos! Eso sólo lo tenía permitido su mamá.

Llegó caminando lo mejor que podía hasta su madre. Desde el inicio, si no era Mikoto, Kakashi lo cargaba para llevarle de un lugar a otro, quizá como parte de castigo, quizá porque a Mikoto, le daba una mezcla de gracia con ternura verlos así. La rehabilitación le estaba sirviendo mucho. Le habían quitado el yeso un día antes, y ¡sólo tardaría tres días en poder apoyar bien la pierna! Los medic-nin eran fantásticos. Oh… si, y había hecho la nota mental de que la cantidad de días que tardara en curarse por completo, sería aquella en la que castigaría a Kakashi. ¡Ya crearía una técnica en la que le torturaría por setenta y dos horas! Y eso que debería estar agradecido de que no contara los poco más de quince días que tuvo la férula…

Itachi la acompañó a la habitación de Kakashi, ¡no fuera a ser que tuviera trampas!... Bien, si las tenía. Por fortuna Mikoto, era una jounin experta que pudo sortearlas sin problemas. Itachi quedó boquiabierto nada más de verla, y más aún cuando vio que la habitación estaba tan limpia, que hasta podían ver su reflejo en el piso. Escuchó cómo es que Mikoto, mencionaba con un tono un poco amargo que ese no debía ser el cuarto de un adolescente, y lo cambió de pronto diciendo que le tenía un poco de envidia por ser tan ordenado.

Itachi también se imaginaba que como en los programas de televisión, o según contaban los niños de la academia de sus hermanos mayores, esa habitación debía estar toda tirada y casi pies arriba. Mikoto dice que conoce adultos ninja que salen tanto a misiones, que tampoco tienen en tal orden su habitación, y que le sorprende porque hasta donde sabe, Kakashi, al ser alumno del Yondaime, es de los más activos ninja de la aldea.

Itachi puede recordar claramente la forma en que su madre se arrodilló, acomodó en los cajones la ropa y luego el aura oscura de Kakashi, que le hizo estremecerse. Entró intempestivo, arrebatando groseramente de las manos de Mikoto, una de las máscaras. La discusión se hizo presente, esta vez más airada que las anteriores. Mikoto alegó que ella sólo quería ayudar como a cualquier miembro de la familia. Kakashi fundamentó bien el hecho de que no lo habían tratado como tal, así que ahora no hacía falta; que además aunque fuese su casa, si le habían dado ese pedazo de su casa, era para que él tuviera una privacidad que exigía. Nadie tenía derecho de tocar sus cosas, y si él tocaba las suyas, no era por gusto, sino porque lo usaban de servidumbre y le era inevitable. Salió todo de contexto y entonces Kakashi, comenzó a hablar sobre Yuriko -cuyo nombre no mencionó pues no le importaba-, Fugaku y la propia Mikoto. Entró al final en temas escabrosos como la obra teatral que hacía de la vida para no demostrarle la verdad a su pequeño hijo y cuanto sufriría por ello Itachi, cuyo corazón nada tenía que ver con ese clan maldito. Incluso mencionó algo sobre la hipocresía del clan y la policía, bajo el hecho de que se atrevieran a criticar al colmillo blanco y la labor extraordinaria del honesto Hokage, cuando ellos eran un gueto de traidores.

Mikoto se había molestado lo suficiente para perder por un instante la compostura y lo había abofeteado, cuando no supo como callarlo y siguió diciendo palabras hirientes frente a Itachi. Tapó luego su propia boca, y tras unos segundos lo abrazó. Kakashi no se movió ni medio milímetro para apartarla, mucho menos para corresponder.

Itachi no había intervenido sólo por la mirada de advertencia que su madre lanzó desde el primer momento. Se sintió frustrado de que otra vez, esa persona provocara una situación que el pequeño genio no podía entender. Ella le tomó la manita, y él intentó seguirle el paso lo mejor que podía con el pie aún sin completa recuperación. Mikoto se había parado varias puertas después de ese cuarto, a medio pasillo. Ella respiró muy hondo y luego rió, diciendo algo como si todos los niños genios serían así en su adolescencia. Acarició su vientre, sintiendo el movimiento del bebe dentro.

-¿Qué sería de ti lejos de casa, pequeño mío? –Preguntó mirando a Itachi, sin esperar respuesta.- Un genio que está solo, sabe y puede valerse por sí mismo… pero al fin y al cabo un niño tan solo… –Lo recogió para abrazarle, Itachi se aferró al cuello de su madre.- Tan solo… y se protege a sí mismo del mundo de esa manera…

Mikoto nunca se imaginaría que aquel quien viviría una vida de soledad para limpiar su nombre y prestigio por su propio esfuerzo, de una forma parecida, sin ser un genio a la altura de los otros dos, sería el niño no nato.

.-.-.-.-.-.-

Mikoto a su forma logró hacer a Kakashi, partícipe de las actividades familiares, por la quincena restante que estuvo con ellos. Aunque podía caminar un poco más por sí mismo, le hacía llevar en brazos –o la espalda, siendo más específicos- a Itachi, hasta el mercado. Los dos incómodos, de vez en cuando colorados cuando las mujeres iban a intentar pellizcarlos de lo "lindos" que se veían. Suerte que la mirada marca Uchiha de Itachi, no lo permitiera, ni tampoco los reflejos de Kakashi, que les evitaba cualquier contacto que no fuera el mutuo.

Ella platicaba mientras los dejaba vagar un poco mirando los puestos. Al final, durante el regreso Mikoto, le intercambiaba las bolsas de compras por el niño. A Kakashi le había sido prohibido salir de su cuarto para hacer labores de la casa temprano, hasta la hora de poder preparar el desayuno y tenía que dejar todo poco antes de la cena, para tomar te y escuchar la lectura que Mikoto, le leería a Itachi. También levantaba muy temprano al pequeñito –premiándolo con dejarlo dormir un poco por al tarde,- y lo enviaba a ver y ayudar en el entrenamiento del adolescente. Obito se sumaba con las visitas diarias clandestinas a los juegos que organizaba Mikoto para Itachi, y a los que Kakashi, era obligado a participar.

Cuando Itachi, comenzó a poder caminar normalmente, le ordenaba que se sostuviera de la mano de Kakashi, sin soltarlo, cuando salían a la calle por algo que –a propósito,- había olvidado comprar. Y luego también cuando comenzó a llevarlo a la academia. Itachi comenzó extrañar estar más tiempo en casa. En cuanto a Kakashi, entre horrorizado y gratamente sorprendido, estaba al lado de Mikoto, según su deseo. Él se estremecía cuando ella se acercaba más de la cuenta. ¡Podía escuchar, con su muy fino oído, el latido del corazón de la… "cosa" no nacida, en el vientre de Mikoto! Y el horror se debía a cierta vez que con Minato presente –y por tanto la gruesa muralla invisible del chico bajaba un poco-, aquella mujer le había hecho poner la mano en el vientre y sintió como la "cosa" se había removido ahí dentro. ¡Que asqueroso para Kakashi! Recordaba Itachi.

Kakashi jamás acababa un plato completo de la comida que preparaban o ni siquiera la tocaba. Siempre esperaba a Minato, que le llevaba algo de cenar cada noche, desde que se mudó a la casa Uchiha. Tanto para observar que estuviera bien, como ver que no causara ningún problema. Si sucedía, tanto Kakashi como Mikoto, jamás lo contaban. Por atención al Hokage, Mikoto se sentaba con ellos un breve rato, e Itachi se unía a escuchar el día activo del noble rubio. Al final ella se levantaba para ir con su esposo y dejar a la visita con Kakashi, a quien en realidad iba a ver, e Itachi, que se negaba dulcemente a despegarse de su admirado héroe y sus grandiosas historias.

Con los días, Kakashi agradeció en el fondo la atención de esa mujer. Aunque no estaba obligada por ningún motivo, le estaba haciendo recordar algo que había olvidado casi por completo: lo que era tener una familia. Y dolía en el alma, porque era algo circunstancial, que se acabaría más pronto. Mejor para él, se convencían tanto Kakashi como Itachi. Un ninja no tiene sentimientos de apego tan grandes. Kakashi se percató también de su error, pues a pesar de lo enorme de esa mansión, del frío que se colaba entre las rendijas y se negaba a irse, había algo que brindaba calor.

-Si puedes aprender de alguien en esta casa, mocoso, que sea de tu madre.- Le había dicho alguna vez Kakashi,- Sin importar que tan oscuros sean sus ojos o sus artes siendo Uchiha, Mikoto-san es como mi sensei. Personas como ellos son capaces de remendar gente rota como… algunos- cambió, aunque Itachi comprendió que quería decir "como yo"-; enseñar a los enanos como tú y cobijar hasta los crueles indolentes como tu apestoso padre. Hacen las cosas de forma ordenada y nunca dejan nada a la mitad. Son del tipo de personas que le hacen bien a la aldea ¿sabías eso?

Aunque no le gustó la alusión a su padre –pues aunque no lo amara como se supone debía hacerlo, era "su" padre,- se limitó a asentir con la cabeza. Itachi aferró su pequeña mano a la de Kakashi, no queriendo despedirse cuando entró a la academia. Ese era el último día que le llevaría, pues también sería la última noche que estaría en la casa Uchiha.

-Así que hoy te irás.- Dijo Fugaku, haciendo que ambos giraran el rostro. –Vine a ver que efectivamente el rumor era cierto; tú traes a salvo y muy a tiempo a Itachi, todos los días.

Ambos niños asintieron con la cabeza, muy serios. Kakashi tuvo ganas de sacar un kunai y clavárselo en la yugular, cuando Fugaku, puso su mano en la cabeza del muchacho y le dijo esas palabras con su voz grave. Itachi lo supo, por la forma en que Kakashi, tenía de mover las manos y ver el cuello del hombre. No de balde había visto sus entrenamientos.

Kakashi frunció el seño, Itachi abrió un poco la boca.

-Eres inteligente, orgulloso y perfeccionista, Mikoto me lo ha dicho aunque me era difícil creerlo. Si no fueras alumno del Hokage y un Hatake, me recordarías a todo un Uchiha. Te vi entrenar esta mañana y puedo decir que si sigues así, llegarás muy lejos. Incluso como sensei. Lo noté cuando permitiste ayudarte a Itachi.- Miró a Itachi.- Al igual que tú, tal y como espero de mi hijo.

Aún y cuando la figura de Fugaku, había desaparecido en la lejanía, Kakashi seguía viendo hacia donde se alejó. Itachi sonrió un poquito, pensando en que había logrado algo tan impresionante como el reconocimiento de Fugaku, por un lado, por el otro porque… quizá no estaba tan mal que alguien como Kakashi, fuese de su familia.

-Me parece que seré más accesible a la idea de mi sensei sobre lo tengo que cambiar.- Mencionó Hatake, con acritud.

-¿Itachi-kun?

Itachi giró el rostro, con su pétrea mirada de muñeco viviente, que alarmó al mensajero.

-Oh lo siento… es que llevaba un rato llamándote. ¿Te encuentras bien?

Asentimiento de cabeza.

-El Hokage te ha enviado llamara su oficina, te espera.

Nuevo asentimiento. Se retira de la sala que está en silencio cuando él se mueve. Voces que reanudan cuando él sale.

-Bienvenido seas, Itachi.- Dice el Sandaime, moviendo un poco su pipa, para dibujar una sonrisa mientras deja sus papeles de lado.

-Se lo agradezco, Hokage-sama.- ¡Y cuanto le cuesta a Itachi, llamar así al noble anciano, que vuelve a ocupar un lugar que ya no debería ser suyo, sino del héroe predilecto de Itachi, ahora fenecido!

-Tus progresos son impresionantes como siempre.- El hombre saca dos gruesos nubarrones pequeños de humo de la pipa.- Tus padres deben estar muy orgullosos.

-Lo están, señor. –Respondió sin la mínima modestia.- Por favor acepte los respetos que le han enviado a través de mí, y la invitación a la cena en celebración con motivo de mi promoción de rango -pequeña reverencia.

Sandaime sonrió, recordando que esa no era la primera vez que tenía frente así a un niño jounin tan pequeño y formal; y la gracia combinada con sincero pesar que eso le causaba.

-Gracias, Itachi-kun, lo tendré presente. Incluso lo anotaré por aquí…. borrare esto… anotaré aquello… listo.

Itachi ladeó un poco la cabeza, fijándose cómo el importante hombre, sacaba un poco la lengua al borde de su boca, mientras anotaba en una gruesa libreta.

-¿En qué estábamos? –preguntó el bonachón hombre.

A Itachi le divirtió un poco, sólo un poco, el hecho de que el anciano parecía tener ese aire de sabio incluso cuando estaba olvidando algo.

-Usted me llamaba por algún motivo.

-¡Oh, cierto, cierto! … -removió entre los papeles de su escritorio, extendiendo uno a Itachi.- Necesitaré que llenes esa forma para mi, con la mejor letra posible, para comenzar tu nuevo expediente de rango. Los otros serán archivados y es necesaria la hoja frontal de datos.

Asentimiento de Itachi.

-He meditado qué sería lo mejor para tu primera misión, y en realidad no quisiera que ocuparas desde este instante tu don de liderato, Itachi-kun, aunque dicen que esta bien desarrollado.

Itachi no respondió, esperando con paciencia.

-Verás… -se acomodó en la silla, recargando los codos en el escritorio,- te preguntarás… ¿por qué te hice esperar casi tres horas ahí afuera, a pesar de que te mande llamar, no es cierto?

-Esperar si es necesario es parte de mi deber hacia usted.

Sarutobi sonrió complacido. Itachi no dijo sí o no.

-Seguramente has escuchado de los sanin. Ellos fueron mis alumnos, y los genios de su generación.- Nube pequeña de humo.- Fueron afortunados, pues nacieron en un tiempo en que pudieron comprenderse mutuamente y hacerse compañía.- Cerró los ojos. A Itachi se le antojó que la habitación tomaba un aire más añejo, el Kage lucía un poco mayor de repente.- Pero no ha sucedido lo mismo contigo. Sin duda han nacido muchachos que prometen ser ninjas grandiosos, pero tú te le has adelantado por mucho a todos. No tienes comparación.

-Gracias, Sandaime-sama, me halaga.- Soltó durante el silencio reinante, sólo por simple educación.

-No hay por qué. Verás Itachi-kun, me agradaría la idea de que pudieses no sólo compartir con alguien que te entienda un poco, sino que pudieses aprender de algún ninja de tu rango que equipare tus capacidades, no sólo por el tiempo de servicio, sino por sus magníficas cualidades. Es por eso que si no puedo darte compañeros como tales de tu edad, he buscado una brecha generacional no tan grande para que seas su compañero de misión mientras te habitúas.

-Como usted lo ordene. –Respondió Itachi.- Aunque eso no explica el que me tuviera esperando tres horas…- pensó.

Sarutobi cerró los ojos, e inconcientemente su mirada fue atraía hacia el flanco derecho de la habitación. En ella la foto de los Hokage, parecía intentar cautivarlo. Yondaime Hokage, se leía al margen inferior de las fotos de un serio rubio, que miraba con ojos decididos hacia el frente.

-Corre Itachi-kun, y no te detengas por nada.

-¿Dónde está oka-san, Yuriko?

La mujer lo puso en el suelo, limpiándose las lágrimas mientras dibujaba una sonrisa forzada.

-Viene muy cerca de nosotros… -mirada hacia atrás, luego a Itachi.- Anda Itachi-kun, tu mamá me ha pedido que entraras en este sótano.

La mano de uno de sus profesores se extendió para tomarle la suya, pero no hizo falta. Una fuerte ráfaga de viento lo arrojó al interior.

-¡El Kyuuby se acerca! –escuchó una voz masculina, que gritaba horrorizado. La puerta se cerró. En el pasadizo oscuro, los niños fueron llevados hasta una cueva más amplia. Una ruta de escape oculta. Pudo escuchar la voz de varias mujeres, y muchos niños que no podían calmar su llanto. Yuriko, fiel a su señora desde que la había tomado para servir en su casa siendo una niña, había regresado por ella, no sin antes poner al tesoro del clan a salvo.

El pie de Itachi, ese que se suponía ya había sanado desde meses atrás, se atoró haciéndolo claudicar. Tras un temblor y gritos histéricos, el suelo bajo Itachi se desmoronó, haciéndole caer. Sentir las piedras desmenuzadas ante el primer grito de auxilio, le hizo saber que tenía prohibido levantar la voz, si no quería que se cayera sobre él la parte superior de donde fuera que ahora estaba. Sus ojos estaban muy abiertos. No supo cuanto tiempo pasó. No se escuchan más los gritos del exterior, ni los de aquel grupo con el que iba. No hay más sonido que una respiración agitada, e Itachi no sabe si es la suya, o hay alguien más con él. Eleva su mano para intentar verla pero se pega bruscamente más de una vez. No sabe cuanto tiempo pasa, pero esa respiración jadeante se hace cada vez más rápida y desesperante. Quiere intentar dejar de respirar él mismo para saber si es ajena, pero teme que si lo hace y en realidad es la suya, pueda desaparecer. ¿Sigue siendo real?... Quizá es Obito, si, eso debe ser. Obito que siempre llega corriendo a todos lados, y ha venido por él… Extiende la mano… Porque se ha movido, ¿verdad? El que no pueda verlo… el que no sepa si aún tiene un cuerpo… no quiere decir que no exista… ¿cierto?... Gritar… quiere gritar pero no sabe si tiene voz, porque cree que ha gritado, pero nadie ha venido. ¿Es que nadie lo escucha?...Y luego la nada.

-¡Itachi-kun! –nombra la voz de Mikoto, mientras lo toma en brazos para que deje de gritar.- Tranquilo… ya pasó, fue un mal sueño.

-¿Un sueño?... sí, sólo es eso… ¡No!, no lo es mamá. ¡Mamá por qué! .- Itachi mira horrorizado los cuerpos tendidos a su lado. Es un hospital improvisado, en donde enfermeras y medic-nin corren de un lado al otro para atender la emergencia. Un bebé llora a su lado, y es cuando nota la presencia de su hermanito, nacido apenas tres meses antes.

-Calmen, hijos míos…tranquilos… el monstruo se ha ido.

Mikoto se muerde el labio inferior sabiendo que miente. Porque el otro monstruo, ese que se llama ambición de poder, aprovecha la ausencia del Hokage, y el disturbio; ahora mismo la policía está intentando tomar el poder en las oficinas mientras hace creer a la gente que quiere restaurar el orden perdido por el ataque del nueve colas. En el futuro, ese episodio fallido de guerrilla civil abortada, sería guardado en celoso secreto, por el bien de la aldea.

El asalto es repelido por los ANBU al servicio del Hokage, y la intervención inesperada de los ANBU de Ne que el consejo ha enviado. Sarutobi tomará de nuevo el poder, según se ha decidido en concilio urgente con los señores del fuego y el consejo de Konoha. Se sumó por supuesto, al hecho de que muchos de los miembros de la policía, habían caído en batalla muertos o heridos, cuando intentaron detener al monstruo, y hacían resistencia mientras llegaba su salvador.

Ese que supuestamente reposaba en la caja de madera, que Itachi, con ojos acuosos, despedía en silencio con la demás aldea. Itachi odia desde lo profundo de su corazón, la risa que baila en los labios de su padre, y que sólo se detiene, ¡lo sabe! por el momento que están viviendo. Siendo una de las familias principales van hasta el frente de la procesión que acompaña a Minato Namikaze, a su sepulcro.

Lo nota otra vez, casi encogiéndose mientras el otro Hokage, ese que no es su sensei, toca su hombro. Sin lágrimas y con la mirada hacia el féretro. Kakashi emana una fragilidad inesperada, y una seriedad que rompe el alma. Ese equipo no sólo se vio cada vez más reducido, pues primero Obito, y ahora la notoria ausencia de Rin… sin contar con la actual de Minato.

Kakashi está solo. Incluso y cuando el tercero posa su mano en su hombro, pareciera que hay un círculo gigantesco que separa al muchacho del mundo, porque él no ve otra cosa que no sea el sepulcro donde están sumergiendo a su sensei.

Porque Kakashi, comprende Itachi, es así debido a que no quiere formar nuevos lazos. No es que quizá Itachi, Mikoto, o cualquier otra persona no le agradasen… No quiere perder a más personas importantes.

-Un Ninja no tiene esos sentimientos…

- ¡Un ninja es limpio y ordenado!

-¡La misión ante todo!

-No importa si sacrificas a tus compañeros

-No te confundas y me hables como si fuéramos amigos.

No personas ni objetos importantes.

No más dolor.

-¿Itachi-kun?

Parpadeó varias veces, regresando a la realidad.

- Hokage-sama… estaba distraído. No es algo que volverá a pasar.

Sarutobi asintió con una sonrisa.

-Estoy conciente de ello. Pero no debes preocuparte, es natural; no todos los días uno se convierte en jounin. Te decía, Itachi-kun, que en este momento ha llegado ya tu superior. Pasa por favor.

-Oh…debí suponerlo. Que espanto…- Pensó lo más "coherente" Itachi, por fortuna no lo exteriorizó.

-¡Yo! –saludó Kakashi, un poco más serio que cuando lo observó en la sala de reunión.-Gusto en verlo otra vez, Hokage-sama.- Soltó con demasiada naturalidad el otro jounin, Itachi se sintió casi incómodo ante el tono tan informal que usaba para hablarle.- Me ha mandado llamar… ¿Tengo una nueva misión? (vaya… es que acabo de llegar…)

-Igualmente, Kakashi. Toma esto.- Le dio un pergamino que al instante tomó.- Lamento no quedarme a explicar los detalles como había planeado, pero alguien llegó muy tarde.- entrecerró los ojos, mirando de mala manera a Kakashi. Él estrechó su ojo, curveando un poco su ceja hacia abajo y se limitó a meter la mano libre en el bolsillo.- Así que me limitaré a decir que desde hoy, dejarás ANBU por un tiempo. Te hice ir a la sala de misión para que recordaras a tus viejos colegas. Bien… el punto.

Se puso en pie, masajeando su barbilla.

-¿Cuál era el punto? –se preguntó.

-Dejar el ANBU para…

-Oh, si, regresaras con misiones como jounin fuera de ANBU y tendrás a Itachi, bajo tu… -se ahorró la palabra "cuidado",- tutela.

-¿Otra vez yo?

-¿Perdón?

-No, nada Hokage-sama. Escucho.

-Por favor, guíalo y enséñale todo cuanto puedas. Itachi, ahora estarás bajo su cargo, espero mucho de ustedes y estoy más que seguro de que superaran todas las expectativas. –Sonrió un poco.- El resto de tu equipo se reunirá contigo esta misma noche cuando regresen de la misión a la que fueron. Vayan entonces, en el pergamino están todos los detalles; partirán mañana así que dales las instrucciones necesarias a tu equipo para que se alisten. –El Hokage salió de la habitación.

-Si bueno… -Kakashi se rascó perezosamente la nuca, mirando el enrollado papel.- Antes de separarnos hace un rato… ¿Nos quedamos en el asunto de tener que interactuar a la fuerza con gente desagradable? –estrechó sus ojos, seguramente a causa de una maldita sonrisa enorme y cínica.

-idiota…

-Como sea, yo soy el líder. El asunto inicial funciona de esta manera.- Hizo largo un silencio, abriendo perezosamente el pergamino.- Yo mando y ustedes obedecen.

Algún día, se prometió Itachi, inventaría alguna técnica con la que fulminara con un fuego oscuro e inextinguible a la gente que lo mereciera. ¡Cómo no la tenía ahora mismo, para ver a Kakashi, retorcerse con un agradable olor a su carne chamuscada!

-Tienes diez años, Itachi-kun, no deberías tener pensamientos como esos.

Itachi lo miró apenas un poco consternado, temiendo que el jounin loco le hubiera leído el pensamiento. Realmente Kakashi, era de la poca gente que lograba hacerle cambiar de expresión.

-Y no… -caminó hacia la puerta, cerrando el pergamino que ni siquiera leyó.- No leí tu mente, pero tu mirada ya me asesinó como tres veces.- Soltó, y luego una risita ahogada.- Ven conmigo, no he comido desde que llegué y quiero algo de te.

Itachi lo siguió en silencio.

-¿Puedo leer el documento?- le preguntó, o más bien casi le ordenó, cuando ya iban en camino. Él tenía otras cosas que hacer, y no podía perder el tiempo hasta que a su estúpido nuevo líder se le ocurriera.

-No. Sólo yo como líder podré hacerlo. -Soltó un suspiro, sabiendo que esa explicación era insuficiente. Se suponía que tenía que guiar a Itachi- Luego les daré indicaciones, cuando haya planeado cómo nos organizaremos. Eso es vital, Itachi-kun. El pergamino me fue entregado en mano para que supiera la clave siendo el primero en leer. Están escritos con una tinta especial que es compatible con cierto chacra. –Abrió, mostrando sólo un poco una de las letras.- Una vez que yo introduzca la clave haciendo cierto jutsu que conocerás cuando asciendas a líder de escuadrón, las letras sólo aparecerán cuando yo decida. Es así como también les daré sólo la información escrita que necesiten leer para que vean que es verídico. No puedo anexar o quitar nada, pero si puedo hacer qué miren o no.

-No anexar ni eliminar para evitar manipulación de la información… pero si tener el poder de manejarla que es básicamente lo mismo.

-No lo es. La información es poder Itachi-kun, y mucha responsabilidad. En esto va el honor de jounin, bajo la promesa que uno hace de cumplir con el deber; y en ciertas misiones la seguridad de nuestra aldea y su gente.

Itachi le miró interesado. Esta vez si sonaba como el antiguo Kakashi.

-Es como cuando alguien posee un gran chacra y numerosas técnicas; puede usarlas para hacer daño o cumplir su palabra y hacer lo contrario. Lo mismo pasa con esta información que los "líderes manipulamos" –hizo el movimiento de comillas con los dedos-. Estoy seguro de que serás un gran capitán, porque entiendes esto.

Itachi asintió, confiando un poco en su palabra. Había sentido un absurdo cosquilleo bajo el pecho, sólo por la especie de halago que le había regalado Kakashi. Seguía a pesar de todo manteniéndolo en un buen concepto no como persona, sino como guerrero. Recibía demasiados halagos de la gente, pero no era lo mismo cuando se trataba de alguien con un buen nivel que de gente común o muy por debajo del suyo.

No le había parecido inicialmente pero si era así, no se trataría de manipulación, sino simple manejo de información. Además si era honesto consigo mismo, si como persona, Kakashi tenía una retorcida personalidad, muy discutida en la aldea ante su muy afamada perversión al ir leyendo ese horrendo libro, y el que se dijera que era un mujeriego, o su excentricidad de ir solo por la vida; no se comparaba con el hecho de que era un hombre muy respetado en su profesión en los cinco países del mundo ninja, además por supuesto de su basto repertorio de técnicas, y su carrera en años como ninja. Sería realmente productivo aprender de él, desde ese punto de vista, y nada mas.

Es por eso que no le cabía por qué ahora mismo estaba sentado en una casa de té, pero sin tener muchas opciones ya que Kakashi, aún no le había comentado nada al respecto de la misión o a que hora se lo diría, debía ser paciente y esperar.

-¿Té y dango?

-Con tres bolitas.

Kakashi sonrió, y pidió la orden del muchacho. Para él sólo te. El aroma y vista frente a él, le llevó nuevamente a otro momento.

Minato visitaba todos los días la casa Uchiha al principio, bajo la excusa verdadera de que siempre iba a ver que Kakashi, a la casa Hatake, para verificar que estuviese bien.

Le llevaba alguna deliciosa –en perspectiva de Kakashi,- ensalada de verduras y varios palillos con bolitas de dulce dango introducidas. Minato le obligaba a comerlas, aunque sabe que a Kakashi, que detesta casi todas las cosas con sabor dulce, no le gustaban en absoluto. Porque el rubio decía que un niño siempre debía tener azúcar en la sangre para seguir siendo dulce. Kakashi alegaba que el ni siquiera lo era, así que no necesitaba seguir "siéndolo". Como siempre le promete que se las comerá antes de dormir o al despertarse, Minato no le cree y sabe que las tirara, pero no le importa, las seguirá comprando y se las llevará porque siempre piensa en él. Y Kakashi siempre morderá alguna antes de echarlas a la basura, porque lo sabe y lo agradece desde lo mas profundo de su corazón, aunque su orgullosa boca nunca lo diga.

Se conocen y aunque Kakashi, finja hastío porque su sensei le procura, sus ojos de seño fruncido, toman un pequeño brillo casi extinto en cuanto alguien lo nombra y mas aún cuando aparece en su campo visual. El rubio también lo sabe y lo nota, pero se limita a sonreírle y fingir –para el bien del orgullo de Kakashi,- que no lo ha hecho.

Minato no le acaricia, no le hace mimos, ni le dirige palabras dulces como un padre amoroso, pero se comporta como tal, contándole su día, escuchando el suyo, procurándolo y reprendiéndole sin palabras crueles o demasiado duras. Lo deja ser, aunque no le parezca del todo su comportamiento.

E Itachi siente unos irremediables celos. Las horas subsecuentes será grosero y hasta cruel con Kakashi, y durante el momento, intentará a su manera robar la atención de Minato.

Minato nunca alaba a Kakashi más de la cuenta. No lo hace sentirse exageradamente bueno en lo que hace, sino lo incita a ser humilde y superarse todavía más, así que no lo harta con halagos innecesarios. No lo hace sentir por debajo de su nivel, ni lo menosprecia, pero le invita a valorar el trabajo y esfuerzo de otros.

Y el dango siempre presente en la mesa, seguramente endulzándose mas por el momento, piensa pequeño Itachi, que es mudo partícipe de la interacción de esas personas.

A Itachi, su padre no le dejan comer las bolitas dulces de dango, así que se le hace agua a la boca aunque no quiera aceptarlo. La primera vez en que fue sorprendido, las mejillas de Itachi se tiñeron de rosado. Kakashi había comenzado a tirar sin levantarse, una a una, las bolitas de dango hacia un bote cercano, como si fueran diminutos balones encestándose. Itachi las miraba con cierta tristeza, y Kakashi preguntó cruelmente sin disimular que se daba cuenta, si las echaría tanto de menos. Minato se había ido y podían ser tan crueles mutuamente como quisieran, aunque en ese entonces Itachi, aún no le ganaba. ¡Kakashi era mayor y conocía otras maneras y palabras!

Por eso le sorprendió que la crueldad se convirtiera en el buen acto del día, y cuando Itachi, se enfurruñó apoyando los bracitos en la baja mesa, y recargó su barbilla, fuese atacado por Kakashi. O algo así. Le había apretado con los dedos de la mano las mejillas, obligándole a abrir la boca. Media bolita de dango fue introducida. Y el mundo se volvió de colores más vividos que nunca. La suave contextura de masita dulce se derretía en su boca. ¡Ni siquiera quería pasarse el bocado, para que no se acabara esa deliciosa sensación!

No seas maricón y me vayas a acusar, le dijo Kakashi, deslizando otra bolita sobre la superficie de la mesa, hasta la mano pequeña de Itachi, que ya la esperaba. Itachi negó en silencio, comenzando a agradecer internamente la creación de su nueva adicción. Kakashi defendió su orgullo de maltratador de infante, diciendo que era una pena tener que tirar a la basura el dinero de Yondaime, así que mejor lo echarían en el estómago del niño.

Cuando Itachi no podía caminar, en mutuo acuerdo silencioso, antes de las nueve de la noche, Kakashi apareciera en el marco de la puerta de cualquier habitación donde el niño se encontrara. Una mirada dedicada a Mikoto por parte de ambos, y entonces ella les daba permiso mientras distraía a Fugaku. Kakashi tomaba en brazos al pequeño y lo llevaba a la habitación destinada a la visita diaria del Hokage. Uno esperando con ansia la ensalada, el otro el dango. Secretamente emocionados por la nueva complicidad, tanto por la espera del Yondaime, como por los obsequios que traería consigo.

Para cuando tomó el segundo palillo, notó que Kakashi, leía el pergamino. Su taza estaba vacía. Elevó un poquito la ceja, preguntándose si realmente lo había bebido –porque no notó a qué hora se bajó la máscara,- o lo había echado en la pobre plantita de al lado.

-Sobre la misión, Kakashi-san…

-¿Si? –dijo, sin mirarlo y aún observando el pergamino.

-Me gustaría saber cuando me dará las indicaciones pertinentes, o me dejará observarlas.

-¿Por qué la prisa? Trabajas como ninja y no juegas con los otros niños.- Aún leía,- tu trabajo es esta misión, así que no tienes excusa válida.

-Estúpido, maldito desgraciado.- Itachi suspiró un poco.- Estoy conciente, pero mi padre me ha pedido un encargo y debo llevárselo a su oficina.

Ahora sí Kakashi lo miró. ¡Pero con una maldita sorna que se adivinaba a kilómetros!

-Itachi-kun aún es un pequeño a quien le gustan los dulces y hace encargos a papi… ¿no es tierno?

Itachi apretó las mandíbulas, dispuesto a cortarle el gaznate con su kunai. Aunque se controló, tanto por su propio orgullo, como por el hecho de que no quería ser un criminal "S" sólo por matar un bocazas idiota.

-¿A qué hora me dará la información?

-Pero no te preocupes…-sacó el libro naranja, que deslizó por la mesa hasta Itachi.- Si no me acusas, te enseñaré a crecer rápidamente, tal y como yo lo hice.

Ahora sí, Itachi hasta se sonrojó. ¡Era un niño, después de todo!... lo peor es que entendía lo que ese estúpido loco le estaba diciendo. Esta vez no se trataba de ser cómplices por bolitas de dango… ¡era un libro porno, maldición! ¿Cómo es que ese tipo para empezar, había conseguido un tomo? Si Itachi tenía diez años, Kakashi debía tener unos diecisiete.

Kakashi por supuesto, estaba jugando. Es que era muy divertido ver como es que Itachi, se tomaba todo tan en serio. ¡Era tan fácil molestarlo! No… definitivamente se felicito mentalmente, porque no había perdido ese toque a pesar de los años que dejaron de frecuentarse y conocerse.

-Kakashi-san, verdaderamente me sorprende. No importa que retorcida y desagradable personalidad tenga. Usted sigue siendo un maldito bastardo jode pelotas.

Itachi sintió un deja vú, tal y como aquella vez en que con sus cinco añitos, Kakashi le negó rotundamente que entrenara con él cuando preguntó tímidamente cuando se recuperase. Le insultó y… ¡ahora mismo estaba soltando una risa! Se burlaba en vez de enojarse, maldición, ¡y seguía siendo inmune a las duras miradas Uchiha!

-Es un talento natural, Itachi-kun. Además eres afortunado, porque siendo pequeño tus pelotas deben serlo también –señaló casual el dango, haciendo que las orejas de Itachi, se pusieran rojizas,- así que en realidad si te las jodo no ha de ser mucha tu molestia.

La pupila giratoria de Itachi, se activo inmediatamente. Kakashi se limitó a erguirse, quitando la sonrisa y poniéndose serio. Itachi se puso en pie.

-Espera…

Itachi se dio vuelta a la salida.

-Lo siento Itachi… -escuchó la voz a su espalda. Giró un poco con el seño fruncido. Esa disculpa era verdadera, no como aquella vez que el Yondaime lo había obligado. Le miró cómo se rascaba nerviosamente la cabeza.

-La misión… Kakashi-san.

-Lo se… sólo.- El adolescente suspiró pesadamente.- Lo siento en verdad, no me medí y no tenía derecho a insultarte ni molestarte.

Itachi ocultó bien su expresión de sorpresa bajo su pétrea mirada.

-No pasó nada.

-Bueno… -se rascó el cuello,- gracias, creo. Necesito saber primero quien nos acompañará. Te buscare esta noche cuando sepa, entonces te daré la información necesaria.

-Gracias.- Sin decir mas, se dio media vuelta para no volver a voltear.

¡Cómo se había atrevido! Se sentía molesto, ¡humillado!... ¡Nadie humillaba a Uchiha Itachi, y se quedaba sin castigo!. No es que alguien lo hubiera hecho alguna vez, así que… ¡por eso más lo merecía! El no estaba para humores ridículos en doble sentido o basura humorística… ¡él no era el chiste de nadie!

Suspiró profundamente. Ni siquiera se había dado cuenta cuando llegó a la estación de policía. Sabía que si llamaba a la puerta, Fugaku dejaría de atender cualquier asunto y su atención estaría en él, pero no le apetecía sacar a los que estaban con él dentro. Por eso pidió a la asistente de su padre, que no le molestara porque esperaría.

Ella no supo si ponerse más nerviosa porque entonces Fugaku, le reclamaría no haberle avisado que la maravilla humana que encarnaba su hijo, había llegado, o porque el niño en discusión, a pesar de ser tan hermoso, le daba el escalofrío de un muñeco embrujado. Se sentó en un taburete, fuera de la oficina de su padre.

Ajustando su protector en la frente, esperando a ser atendido por su padre, escucha como es que están discutiendo acerca de Obito. Intrigado, se acerca mas a la oficina, oyendo como es que su padre les dice ineptos a los hombres que están ahí, porque no pudieron conseguir traer de vuelta lo que pertenecía al clan.

Fugaku dice que claramente se ha temido por generaciones que esto pase. Es un peligro que Hatake Kakashi, tenga un ojo con el kekei-gekai Uchiha. Se supone que se protege celosamente en cada clan de línea sucesora su don y no puede tenerlo nadie fuera de el. Ni siquiera el alumno del fastidioso Hokage -mucho menos el-. Dice que otra vez tienen que meter el documento de demanda al consejo, que solo esta dando largas porque no quieren enemistarse con Minato Namikaze. El consejo, explica uno de los policías, fue sacado casi a patadas por Yondaime Hokage-sama, cuando le sugirieron dejar a Kakashi sin ojo o mínimo esperar un transplante nuevo, para regresárselo a los Uchiha y evitar un conflicto.

Minato exigió que nadie quitara ese ojo de Kakashi, porque es lo palpable que tiene de Obito, además de que fue la última voluntad de su querido alumno que murió como héroe de guerra y se va a respetar, incluso si tiene que desafiar al clan completo y al consejo.

Sarutobi como parte del consejo le apoyo diciendo que Kakashi, después de todo era un genio que no se dejaría vencer fácilmente, y si el problema estaba en que alguien le derrotara y el secreto quedase fuera de la aldea, el muchacho había prometido evitar a cualquier costo que ese ojo tan preciado, cayera en manos enemigas, no sólo por ser algo tan peligroso como un arma de línea sucesora, sino por ser de Obito.

El tercero cree fervientemente en el, tal como Minato, en que solo lo usara para el bien de la aldea. El consejo por eso decide apoyarlos, y también para no hacer enojar a Minato, quien era el que a través de su sola presencia en los campos de batalla -ya que era el único Hokage, que no solo enviaba a misiones, sino que el en persona también realizaba- hacia correr a los enemigos, y también consiguió paz entre las naciones logrando la hazaña de que se acabara la guerra.

Enojado por la determinación de Minato, Fugaku dice que si no consigue traer de vuelta lo que pertenece a el clan –no a Obito, no a su familia,-, por medio de la burocracia, y de la policía que eran también parte de las leyes de la aldea, lo haría por las del clan. Si Minato, siendo el Hokage, no estaba respetando la autonomía de los clanes, él no tenía porque respetar su decisión como gobernante. Haría traer a Kakashi Hatake, y le arrancaría por si mismo el ojo ante el clan.

Sorprendido por la forma de ser de su padre, Itachi se debate entre permitir que se viole la última voluntad de Obito, que también es la de Kakashi y el Hokage, o decirle al consejo y al Kage lo que el clan quiere hacer. A Itachi le queda claro, que para Obito significó ofrecer el preciado tesoro que tanto procuro en cuidar con gafas y gotas desde antes que existiera, a su preciado amigo. Simbolizaba también su forma de seguir protegiendo la querida aldea, aunque ya no estuviera y sobre todo… era la forma de seguir viviendo y mirando el futuro que por sí mismo no podría, a través de los ojos de una persona amada.

Itachi tiene miedo porque sabe que Minato, es como el padre de Kakashi, y recuerda que si cuando él se hizo el esguince, Fugaku casi mata con la sola mirada a Kakashi, no quiere imaginar que haría aquel tipo que era capaz de hacer correr y vencer a ejércitos enteros, si le arrancaban el ojo a su muchacho.

Temiendo el exterminio de su clan, Itachi copia con su sharingan recién adquirido unos días atrás –tras haber sido nombrado chunnin,- la letra de una persona cualquiera que estaba escribiendo en un consorcio de la calle. Un simple vendedor. Manda una carta anónima que deja bajo la puerta de Minato, diciendo lo que el clan quiere hacer y cuando. Días después se entera de que Kakashi, fue arrestado por la policía; fue golpeado por algunas personas de su clan, pero que Minato, con gran número de ANBU para respaldarle, rodeando el gueto Uchiha, llego a tiempo para quitárselos de encima, y aunque no mato a nadie, les hizo una advertencia terrorífica.

Si le quitaban el ojo a Kakashi, que era como su primer hijo, el también tomaría otra actitud, porque no toleraría mas abuso de la policía, tomando el ojo de todo primer hijo. Aplacar al normalmente tranquilo e inteligente Yondaime en esa ocasión, fue complicado. Requirió de la presencia misma de Sarutobi y la voz de Kakashi.

Sabían que tenía el poder para hacerlo, incluso sin necesidad de sus ANBU personales.

Entonces el asunto dio de pronto el carpetazo. En la aldea se habló de la nobleza en el corazón de los Uchiha, que permitían que algo como su preciado tesoro heredado sólo por su exclusiva élite, fuese usada para el bien de la aldea por otro shinobi de buen linaje y gran poder.

La realidad era que los Uchiha, obligan a Fugaku, aunque es el líder, a calmarse y ceder. No pueden enfadar tanto al Hokage, que tenia el apoyo del consejo, y no era prudente hacer la guerra civil ahora mismo que el Hokage estaba molesto, y lo necesitaban para tener la paz que representaba su presencia con las otras naciones.

Si se desencadenaba la guerra civil, las otras aldeas aprovecharían que estarían débiles al haber conflicto interno; atarían con saña de venganza, porque estaba reciente su derrota por Konoha. Los Uchiha cedieron bajo algo parecido a un acta, el ojo a Kakashi, a cambio de que todo estuviera calmado, firmando ante el consejo que aceptaban porque el Hatake era de confianza.

Kakashi firmo prometiendo proteger a Konoha y no darle un uso indebido, ni traicionar jamás su patria, y si había peligro de que lo tuviera un enemigo, lo destruiría antes de eso. Sin que nadie lo ordenara, el propio Kakashi, sin temblor en la mano, agregó que si faltaba a su palabra, podrían los ANBU o los Uchiha darle caza y asesinarle de ser necesario con tal de proteger la aldea y sobre todo a sus preciados habitantes.

Suspiró sosteniéndose el puente de la nariz. Estaba cansado. Su mente no dejaba de bombardearlo con imágenes antiguas, formando un cansino colage que revoloteaba y le hacía sentir agotado. Era como volver a vivirlo.

-¿Por qué no me avisó la asistente que estabas aquí? –reclamó duramente Fugaku.

-Porque yo le pedí que no lo hiciera.- Se explicó el muchacho.- Sé que eres un hombre sumamente ocupado.- Tenía que hacer que él dejara de mirar tan duramente a la muchacha,- Sé que cuando aprenda a trabajar de ti, no me agradará que me interrumpan para ser tan eficiente como tú.

Fugaku le miró con una sonrisa que mezclaba el orgullo por su hijo y autosuficiencia. Itachi sintió aversión, pero no dijo nada y se dejó guiar de la mano de su padre al interior.

-¿Pudiste obtener algo de información?

-Algo mejor padre. Mi primera misión será con él.

Fugaku agrandó su sonrisa.

-Tal y como esperaba de mi hijo.- repuso, cerrando los ojos al sentir el agradable calor en su pecho.- ¿Te costó trabajo convencer al Hokage?

-Ninguno en realidad.- Afirmo Itachi, con toda la verdad de su lado.- Aún no sé de que trate la misión, pero mantendré observado a Hatake Kakashi. Te daré un informe completo al regreso.

Fugaku dio dos alegres y suaves palmadas a su escritorio.

-Muy bien Itachi, no sólo te graduaste con honores, sino que tendrás tan pronto tu primera misión, ¡y hasta has convencido al Hokage de enviarte con él! –Repuso Fugaku, sin nuevamente mencionar el nombre que le causaba tanto enojo.

-Gracias.- Itachi miró el reloj, como para avisar silenciosamente que deseaba irse.

-Seguramente tienes que prepararte… si necesitas cualquier cosa que no tengas, dile a tu madre que te la facilite o avísale a mis subordinados.

Itachi asintió apenas, retirándose a casa.

¡Qué fastidio que su padre le diera tantas consideraciones! Ni siquiera las necesitaba, se bastaba siempre por sí mismo. Si permitía que Mikoto, hiciera algo por él, sólo era para dejar que se sintiera bien con ella misma, porque le quería. Mientras el gozaba de ese absurdo exceso de atención, sólo porque su maldito padre quería sacar algo siempre de él –entendía que por su habilidad, se convertía en su mejor arma, y estando limpio de todo el pasado Uchiha, era su único eslabón con los ninjas de fuera del gueto,- Sasuke casi rogaba con la mirada por un poquito de atención.

No sólo le debía esa especie de rencor, que a veces se lo imaginaba como una masa negra y horripilante que crecía en su interior y se arremolinaba furioso contra su clan y su padre, que querían destruir la preciada paz que otorgaba la prosperidad de las demás personas. También le debía esas profundas ojeras de preocupación e insomnio.

No había noche en que no se despertara sudando, apretando la boca para no gritar, imaginando cómo su padre encabezaba un ataque con el clan. O cómo cortaba el cuello del Sandaime, de Kakashi e incluso de los tres sanin, en un acto traicionero. La aldea en llamas, con ninjas protegiendo el actual gobierno contra otros que lo deseaban.

Tenía buen aspecto físico, un futuro prometedor como líder de su clan y la policía, venía de buena cuna, era un genio en batalla. Una familia ejemplar con una madre modelo, y padre severo pero que le ponía toda su atención y un hermanito que lo idolatraba con sinceridad. Si… el genio Itachi Uchiha, aquel niño que parecía tenerlo todo, en realidad no tenía lo que quería.

¡El también codiciaba cosas que no podía tener!

Porque tras esa fachada, a causa de su padre y el resto de su clan, se cocinaba el olor de carroña de venganza y deseo de poder.

Itachi, que odiaba pelear, sabía que no tenía otra opción mas que aceptar su talento natural y hacerse cada vez mas fuerte, porque… ¡él quería proteger aquello que no podía tener! Contrario a su clan que quería destruirlo.

Si él no podía tener la vida pacífica de los aldeanos, al menos lucharía porque esa paz no se extinguiera y alguien aunque no fuera él, la gozara para que no todo fuese en vano. ¡Para que al menos pudiera admirarla, si no podía tenerla! Tal y como el jardinero que mira en su jardín una flor delicada… no se toca, jamás será tan suya como desearía, pero la observa con anhelo y se sabe que para seguir disfrutando de su belleza habrá de cuidarse.

Porque también aunque se había enojado…sabía que no estaba solo con ese pensamiento y esa lucha.

Esa noche, Mikoto permitió a Minato, llevar a Itachi a cenar a una casa de te. Ya se arreglaría con Fugaku después. Esa después de todo, era la última noche que Kakashi, estaría en la casa Uchiha. Minato se les uniría. El ambiente tibio, se hacía más calido con la presencia del hombre sentado entre ambos. Minato explicaba una futura misión complicada, que quizá evitaría un ataque a la aldea.

Una familia entera, con una madre, dos hijos pequeños -un niño y niña, recuerda Itachi,- y el padre sonriente con un bebe en brazos, se sentaron en la mesa de enfrente.

-¿No es eso hermoso aunque no sea nuestro? –cuestionó suavemente Minato.

Itachi no entendió, pero Kakashi asintió.

-Si nosotros no podemos gozar de ese tipo de vida… -dijo Kakashi,- esta bien si otros pueden hacerlo, supongo. Por eso debemos de ser unos perfectos ninjas. –suspiró removiendo el te,- Odio pelear- confesó de pronto Kakashi.

Itachi elevó más la cabecita, intentando evadir el gran cuerpo de Minato. Lo miró anonadado, ¡era tan bueno en lo que hacía, que era increíble que no le gustara!.

Pero aunque lo odie… esta es la tierra en donde nací… donde nació mi maestro y mis padres. –Kakashi elevó la vista, mirando hacia afuera al cielo que cobijaba Konoha. Su voz sonaba hasta casi cálida, aunque su semblante serio no se quitó ni un instante, pero hablaba con inusitada calma y serenidad. Ese es el milagro que alcanzaba a lograr Minato.

-Así es Kakashi,- dijo el Hokage, apretando su hombro amistosamente- Es por eso que quiero protegerla y te he heredado mi voluntad. –Puso las manos sobre las cabezas de los niños.- Amémosla con todas nuestras fuerzas y capacidades.

-Participemos entonces en la guerra no con el fin de conseguir algo de ella de las otras naciones… sino para proteger estos momentos de paz.-soltó Kakashi, casi ido.

- Mantengamos vivo el espíritu de fuego, y nuestra tierra.- pidió Minato.- Porque su tierra, no… toda ella es como la madre de todos, que nos hace hermanos aunque no tengamos la misma sangre… es aquella que jamás nos abandona ni morirá.

Ese pequeño dialogo, marcaría a Itachi por el resto de sus días, como la existencia misma de esos hombres.

Konoha seguiría viva, pensó Itachi, porque si personas como ellos, que amaban la paz, no podían tenerla, pelearían para que otros la tuvieran.

Ese día, cuando Kakashi se presentara ante su puerta al anochecer, le quedó muy clara la idea de que si podía medio tolerar a su padre, cuyos actos le asqueaban, bien podía disculpar esta nueva faceta del hombre que crecía torcida y graciosamente ante sus narices.

La cena de su celebración había sido corta, y sólo habían asistido los señores de las principales familias del clan, y el Sandaime con su eterna guardia personal. Se acostó a descansar, ya que sabía no podría conciliar el sueño.

-Ah demonios… -se levantó de repente,- pero que torpe soy… -se regañó mentalmente. - ¡No pague el dango! –Se sonrojó, percatándose de que estaba por dormirse y lo había despertado la más grande insignificancia del día.

¡Todo por ese idiota de Kakashi, que no llegaba!

-¿Aniki? –preguntó la vocecita somnolienta de Sasuke.

-¿Qué pasa, no puedes dormir? -le contestó con voz suave. Itachi alzó las cobijas, como invitándole a que entrara. Sasuke se frotó el ojo y se acurrucó con su hermano.

-Es que el hombre de la máscara me ha dicho cosas raras cuando llegó…

Itachi frunció el seño, incorporando a Sasuke.

-¿A quien te refieres, Sasuke?

-El que habla abajo con mamá y papá.- Gran bostezo. Itachi lo acomodó y se concentró. ¿Cómo es que no había sentido cuando Kakashi, había llegado? Observó el reloj. Nuevamente lo que él había sentido como un parpadeo, realmente había sido el hecho de que se había dormido dos horas, pero sin que sintiera descanso en absoluto. Se incorporó para bajar, y acomodó a Sasuke. Seguramente estaba ahí por lo de la misión.

Itachi entró, pero a pesar de su presencia, Kakashi continuó con lo que decía.

-… por eso yo venía a pedirles asilo, dado que Itachi-kun y yo partiremos mañana al amanecer.- Soltó Kakashi.-Es que mi casa fue fumigada,- se rascó el pecho, Mikoto elevó un poco la ceja, un poco espantada de imaginarse animalejos en su casa. –Los ninken que tengo en casa dejaron pulgas por todos lados.

La cara de Fugaku, por más que quisiera dejarla seria, era todo un poema.

-Habrá de ser cínico y temerario el infeliz ese. -Por primera vez durante el día, Itachi sonrió un poco. Algo que no pasó desapercibido por su madre.

Era un secreto a voces que a pesar de que no había nada por escrito, Kakashi tenía prohibido entrar al gueto desde el incidente con el Yondaime.

-Kakashi-san, entenderá que esto no es una posada…

-Aunque nos honre su presencia. –Interrumpió Itachi. Fugaku lo miró impresionado. Su bien educado hijo no hacía cosas como esa.

-Eso es verdad.- Secundó Mikoto,- ¿no es así, Fugaku?... Kakashi-san, siendo una persona de confianza de Sandaime-sama y líder del escuadrón de Itachi, ha venido a su propia casa a explicarle la misión y toma su cuidado incluso antes de salir de la aldea.

Ella apretó en gesto de complicidad la mano de Fugaku, en un sutil movimiento. Comprendió lo que su mujer y su hijo querían decirle. Si quería que Itachi, tal como tenían planeado, se convirtiera en el eslabón que lograría unir al clan con la aldea para poder infiltrarse, nada mejor que relacionarse con uno de los hombres de mayor confianza para el Hokage. Y más aún tratándose precisamente de ese tipo.

-Lo es. –Dijo casi con los dientes apretados.- Sea bienvenido a esta casa, espero que este cómodo con lo que en ella podamos ofrecer.

Kakashi asintió y agradeció con una pequeña reverencia, algo que nadie se esperaba.

-Disculpe si nos retiramos en este momento, mi esposo está cansado y yo deseo arreglar personalmente su habitación.

-No es necesario, Mikoto-san.- Kakashi se rascó la cabeza.- Cualquier rincón que me presten estará bien, no tengo problemas. Además sería una grosería de mi parte permitir que las manos delicadas de una dama en toda la extensión de la palabra, hagan algo como eso por un simple jounin viejo y holgazán como yo.

Mikoto unió las manos en su regazo, mirando entre intrigada y divertida al adolescente que se presentaba varios años después ante ella. Era el mismo y a la vez tan distinto.

-Le dejaremos a solas con Itachi, para que discutan sobre su misión. ¿Está bien si ocupa la misma habitación de antes?

-Todo eso de lo que habla es perfecto, gracias.

Mikoto le regaló una sonrisa, y él agregó el encanto de regresarla estrechando su ojito feliz. Fugaku carraspeó rompiendo la atmósfera, llevándose a su esposa.

Itachi siguió en su lugar, con su rostro serio. Kakashi sacó su libro y comenzó a leer. Pasaron varios minutos en silencio, hasta que Itachi, se hartó.

-¿Kakashi-san?

-¿Itachi-kun?

-suspiro,- ¿me dirá de qué se trata la misión?

-Oh… claro. –Cambio de hoja del libro,- mañana.

Puños apretados del niño moreno.

-Usted es el más grande bastardo que he conocido en mi vida.

Cambio de hoja.

-Por fortuna no has conocido mucha gente, así que no me siento tan ofendido. Gracias por la agradable compañía.- ¡y el maldito ojito feliz en cresta de nuevo!

Basta decir que Itachi, no durmió en toda la noche por varios motivos:

1. El bastardo, estúpido e idiota de su líder, estaba jugando a desesperarlo al no decirle nada de la misión.

2. Cada que cerraba los ojos, tenía ante sí vívidas imágenes de Fugaku, matando traicioneramente a Kakashi, o como mínimo sacándole el sharingan de Obito, con un kunai, mientras estaba dormido. Cosa que difícilmente pasaría porque le quedaba claro que Kakashi, era más fuerte que su padre, ¡pero ahí estaba la imagen!... u otra era que dejaba entrar a parte del clan y entonces sí, lo linchaban.

3. A esas alturas pensaba que no es que no mereciera el punto número dos, pero… le preocupa mas todavía el hecho de que aunque Minato no esta, se sabe que es protegido y favorito del Hokage, así que si le hacen algo a Kakashi, sin duda se pondrían los ANBU a investigar y estaría el poder "ejecutivo-legislativo y ración de judicial" contra otra parte del "judicial".

Se levantó más ojeroso de lo habitual, maldiciendo tipos con cabello de anciano y espíritu joditivo…

-¿Qué rayos?... ¿existe esa palabra? –era un genio, maldición, debería saberlo. En todo caso, ese día se levantó de humor agrio, odiando un poco más a su papá, y deseando patear el trasero de su nuevo líder.

-¡Buen día, Itachi-kun!

Sí, de ese mismo desgraciado. Ese que se le acercó tanto y lo arrinconó de pronto…

-¿Listo para dar el paso y convertirte en hombre esta mañana?

-…

No. En serio.

-¿Qué?


Continúa.

NOTAS ABSURDAS QUE NO VALE LA PENA LEER, PERO DE TODAS FORMAS LAS HAGO.: No, preciado lector, no pongas esa cara. No sigue una horrible violación shota ni nada por el estilo. ¿Qué pasara?... habremos de seguir leyendo.

Como avance del siguiente capítulo, diré que se trata de la primera misión que ellos tienen juntos, idea nacida gracias a un capítulo de un libro de Stephen king. No… no se emocionen, soy mala para manejar el terror, sólo el tema me pareció interesante y nada mas, no será nada de terror. Siguen con las edades actuales, así que nada de cosas sucias aún, lo siento XD! Pero ya ahora si para el sexto capi, Itachi se nos presentará con sus flamantes doce años físicos.

lol que horror! Que flojera leer este que esta largo o.o

Es que esto no sólo fue compensación por tardarme tanto XD sino para leer por partes, y así no tener que escribir actualización tan pronto.

¡Gracias por leer, aunque sea una sola persona XD! Hasta el próximo.

NOTA QUE SI ES MEDIANAMENTE IMPORTANTE: Me preguntaban que tanto he cambiado el universo ninja de Naruto:

-Para empezar, las edades de los personajes. Según su ficha técnica, Kakashi le lleva 9 años a Itachi. Aquí le lleva siete de diferencia uwuU e Itachi le lleva uno mas de lo que debería a Sasuke.

-El hecho de que sean compañeros jounin o ANBU. Kakashi en el manga original, sólo menciona que Itachi, fue capitán de división a los doce, pero nada más.

-XD Obviamente la repercusión de Kakashi en la vida de Itachi, el que fuera a quedarse en su casa o incluso las visitas de Minato, a la casa Uchiha.

-Lo del sharingan de Obito en Kakashi. No creo que los Uchiha, hubieran soltado su preciado tesoro hereditario tan fácil.

En cuanto a lo demás… si lo menciono se me jode la trama XP lo siento.

Me encanta esta pareja ToT!!! me parece que compite con el MinatoItachi... y hasta quedan un poco mejor -actualmente, como se vera... ¡es mi actual obsesión!- debido a la empatía y el tipo de mundo que comparten.

Contestando reviews: Tsunade: Si bien es cierto que fue un golpe para el ego de Kakashi, se le quitó un poco el dolor con la costumbre XD No fue tanto como problemas por rivalidad, sólo celos del pequeño Itachi, ante la "suerte" de Kakashi, teniendo a Minato.¿Amistad verdadera? Habrá que seguir leyendo. Estamos en el punto en que Fugaku, está impulsando a Itachi, a acercarse a Kakashi, para obtener beneficios de ello.

SofiaAkiku ¡Gracias por leer! Me agrada que pueda expresar cómo son las características de la personalidad de mis personajes. Quizá por eso se me va la mano y escribo tanto lol como que siento que falta algo siempre, para explicar como son en mi cabeza y porque se comportan de tal o cual manera en cada circunstancia. Total… ¡Espero sigas disfrutándola como en los capis anteriores!