Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.

Referencias: Las cursivas dentro de un diálogo son pensamientos, y entre comillas son una leyenda escrita.

Día 2: Agilidad.

-Tío… tío Genma…- susurraba Akane entrando al cuarto que los Saotome compartían. –Vaya… aún no regresan… o talvez se está escondiendo…- reflexionó al notar la ausencia del futón de su sensei.

Levantarse ese día había sido una proeza para ella, sus músculos dolían como nunca, el cansancio era extremo, sin embargo sabía que si no se forzaba a continuar el entrenamiento nunca lo lograría. Aún no amanecía, la habitación estaba en penumbras, pero aún así pudo ver el rostro de su prometido durmiendo desgarbadamente, se inclinó a su lado para verlo mejor, le inspiraba una gran ternura ese rostro tan pacífico. El dolor de su propio cuerpo le daba una idea de todo lo que él debió sufrir en sus entrenamientos, apenas era un pequeño cuando su padre le ponía diariamente entrenamientos parecidos a los que ella recibió día anterior. Notó que el vaso de leche a su lado estaba vacío, por alguna razón eso también le hizo sentir ternura, en un impulso acarició su mejilla suavemente, si las cosas hubieran sido diferentes, talvez ellos… No valía la pena pensarlo, nunca hubiera funcionado, el nunca la quiso, no de esa forma al menos y mucho menos ahora… Se retiró tan silenciosamente como entró, llevándose el vaso a la cocina.

-Espero que no le haga falta a Kasumi…- hablaba para si mientras sacaba una chuleta de cerdo del refrigerador. –Creo que ya atraparon a los chitas…no importa, aún quedan los perros, después de todo Ranma entrenó de esa forma…- reflexionaba mientras ataba la carne a la espalda de su gi.

Suspiró resignada en el umbral de la puerta de entrada, debía entrenar aunque su tío no apareciera, para que el entrenamiento fuera aún más efectivo se colocó el exo-esqueleto también, después de todo los perros no serían tan rápidos. Sin más se lanzó a correr rumbo al norte, mientras apenas comenzaba a amanecer.

-Así que dormiste en la habitación del señor Tendo…- comentaba el chico viendo de reojo a su padre.

-Llegamos muy tarde y no quise despertarte.- explicó el interpelado con un pescado en la boca.

-Claro… y no tuvo nada que ver con que Akane te fuera a buscar a las cinco de la mañana para entrenar… ¿Verdad?- comentó viéndolo con desconfianza, mientras tomaba un poco de arroz con sus palillos.

-Así que Akane estuvo en tu cuarto en la madrugada…- dedujo Nabiki con una sonrisa al ver el sonrojo del chico.

-Y… Yo… n… no…- balbuceaba mientras se atragantaba con la comida.

-¿Quieres más papá?- preguntó dulcemente Kasumi recibiendo el cuenco de su padre, cambiando el tema de conversación.

Ranma escuchó la puerta de entrada abriéndose, seguida de los jadeos de cierta joven, al ver que la familia continuaba desayunando tranquilamente, discretamente se retiró de la sala dando una excusa tonta. La encontró en el recibidor, sentada en el suelo respirando con dificultad, en condiciones muy parecidas al día anterior, también notó el exo-esqueleto que parecía ser lo único que aún permanecía entero en ella.

-¡No puedo creer que hayas vuelto a intentar esa tontería por voluntad propia!- la reprendió mientras se agachaba a su lado. -¿Te sientes bien?- preguntó preocupado.

Ella sólo asintió y con dificultad se puso de pie y comenzó a subir la escalera hacia su habitación, dejando a un chico muy preocupado en el recibidor.

-Si sigue así su cuerpo no lo va a resistir… tengo que hacer algo…- pensaba él mientras regresaba a la sala a acabar su almuerzo.

Minutos más tarde Akane se les unió en el desayuno, comiendo a una velocidad impresionante, Ranma la observaba de reojo, mientras repasaba mentalmente todas las bromas de mal gusto que en otras circunstancias le diría. Pero si quería convencerla de que se tomara el entrenamiento con calma no podía darse el lujo de hacerla enojar.

-¡Vamos Ranma! ¡Ya es muy tarde!- la escuchó decirle, estaba tan inmerso en sus pensamientos que no notó que ya estaba parada frente a él con las mochilas de ambos esperándolo.

-Eh… si… claro…- respondió algo confundido aún.

Al salir de la residencia Tendo escuchó un sonido que activó su sistema interno de alarma, un agudo chillido cuya parte consciente no logró identificar en ese momento, más su inconsciente envió un escalofrío a su espina, haciéndolo detenerse, viendo a los lados con los ojos desorbitados.

-¡GAGAGAGATOOOOSS!- fue el alarido de terror al observar a las decenas de gatos apostados en el suelo, el muro, el tejado, y los árboles. No importaba hacia donde mirara, todo estaba plagado de esas bestias malignas.

-¡¿Qué está sucediendo aquí?!- preguntó Akane mientras se colocaba entre su prometido y los gatos, esa gran cantidad de gatos no era normal.

-¡Oh… my!- exclamó Kasumi saliendo de la casa alertada por los gritos del chico que en estos momentos se aferraba a su prometida como si su vida dependiera de ello. –Debe ser por el olor a sardinas…- dedujo viendo la casa de enfrente.

-Por el vendedor de sardinas…- dedujo Akane. -¡Rayos! ¿Eso significa que todos los días va a ser así?- preguntó a su hermana mientras observaba a su prometido que continuaba gritando y llorando.

-Probablemente…- respondió Kasumi con una sonrisa.

-¡Cielos se nos hace tarde!- recordó. –¡Lo siento Ranma pero no tenemos tiempo para esto!- le dijo tomando su mano y comenzando a correr.

Llevaba a Ranma a rastras mientras con su mochila apartaba a los cientos de gatos que por alguna razón se lanzaban hacía él.

-¡AHÍ VIENE EL GAGA…!- gritaba desesperado Ranma señalando tembloroso a todos los gatos que veía mientras era arrastrado por el pavimento.

Los gritos de Ranma eran desconcertantes, los mininos extremadamente veloces y resistentes, y sus piernas ardían como si le hubieran echado ácido, estaba absolutamente exhausta, con sus reflejos desminuidos por el agotamiento. A pesar de sus esfuerzos sucedió lo inevitable.

-¡Miiiaaaauuuu!- era la voz de su prometido.

Se detuvo y volteó a verlo, en efecto sus temores se habían vuelto realidad, en estado Neko-ken Ranma gruñía y arañaba a los gatos que tenía cerca. Los gatos se fueron pronto, pero se quedó allí observando como su prometido comenzaba a oler el aire en busca de comida.

-Ranma… ven aquí minino… ven…- lo llamó inclinándose a su altura, él no tardó en responderle con un maullido y caminar hacia ella feliz.

Se puso de pie nuevamente mientras Ranma caminaba en cuatro patas refregando su cuerpo en las piernas de su compañera. La gente los miraba extraño, pero no hacían ningún comentario, cuando de esa famosa pareja se trataba todo era normal. Había dos formas de sacarlo de ese estado, y no había tiempo, así que usaría la más rápida, una media sonrisa se formó en su rostro mientras observaba el canal que pasaba a un lado de la calle. Entonces un repentino viento frío sopló, lo escuchó estornudar, al observarlo sintió pena, era una mañana muy fría para arrojarlo al agua. En medio de un suspiro resignado se decidió por la otra opción.

-¡Vamos Ranma sígueme!- le habló mientras comenzaba a correr rumbo a la escuela.

Era agradable saber que el la seguiría, siempre lo hacía no importaba en que estado se encontrara, una pequeña sonrisa se formó en su rostro. La campana sonó poco antes de que llegaran a la escuela, de todas formas no podrían entrar con Ranma así, por lo que lo llevó a la despensa, donde estaban los equipos deportivos, y allí dentro se sentó en el suelo y lo llamó. Feliz se acomodó en las piernas de su compañera, se sentía muy bien allí, y se sentía aún mejor cuando ella comenzaba a acariciar su cabeza, un ronroneo de felicidad se escapó de sus labios cuando ella le habló con su melodiosa voz.

-¿Sabes algo Ranma?- comenzó a hablarle suavemente. –Sé que no puedo vencerte, tampoco a tío Genma ni a Shampoo o su abuela…- dijo estos últimos nombres con rabia manifiesta en su vos, notó el estremecimiento de su prometido y continuó tranquilamente. –Tampoco a Happosai, Mousse, Ryoga, Ukyo, ni siquiera a Kuno o Kodachi…- suspiró tristemente. –Pero nunca creí que esos gatitos me vencieran… realmente soy muy mala…- concluyó con tristeza.

Sintió la cabeza de Ranma moverse acariciándola, sonrió ante esa tierna acción.

-Pero me voy a esforzar… tal vez no lo consiga… pero te prometo que lo intentaré con todas mis fuerzas…

La campana del receso lo despertó de ese hermoso sueño en el que se su prometida lo abrazaba con ternura. Abrió sus ojos, confundido reconoció el lugar, al incorporarse notó a que se debía la suavidad de su lecho. Ahogó un grito de terror al notar que estaba sobre las piernas de la protagonista de sus sueños, ella estaba dormida, pero no tardó mucho en despertar cuando en el apuro por alejarse de ella tiró unas cosas que había por allí.

-¡Yo no… yo… no sé que pasó!- se apresuró a decir mientras negaba con sus manos, al ver que la chica lo observaba confundida.

-Entraste en el Neko-ken.- respondió tranquilamente ella mientras estiraba sus ya maltratadas y entumidas piernas.

-Oh…- logró decir mientras se calmaba.

La puerta de la despensa fue abierta por un grupo de estudiantes alertados por los sonidos que habían escuchado. Al ver a la parejita algunos comenzaron a murmurar mientras otros felicitaban a Ranma por al fin haberse decidido. Akane estaba más concentrada en hacer funcionar sus piernas nuevamente que en los comentarios de esos chicos, mientras que Ranma con el rostro en un rojo intenso comenzaba a negar nerviosamente.

-¡Vamos Ranma no tienes de que avergonzarte! ¡Al menos lo hiciste con una chica linda como Akane!- comentó uno de los chicos, mientras le palmeaba la espalda al interpelado.

Ese comentario lo afectó demasiado, imaginarse las sugerencias de su compañero le hizo sentir como la presión en su rostro era casi insoportable y pronto saldría en forma de sangre de su nariz. Debía hacer algo pronto, e hizo lo de siempre.

-¡¿Te volviste loco?! ¡YO JAMÁS LE TOCARÍA UN PELO A LA MARIMACHO ESTA!- gritó señalando a Akane.

Bien, el dolor en sus piernas no era tanto como para no escuchar semejante declaración. La ira se apoderó de su cuerpo, su aura estalló al instante, sus piernas volvieron a responder y el mazo apareció en sus manos.

-¡BAKA MALAGRADECIDO!- fue lo último que escuchó el chico antes de comenzar a volar.

Al menos un árbol del patio suavizó la caída, sin duda Akane estaba demasiado débil para enviarlo a recorrer las afueras de Nerima como de costumbre. Pero en esos momentos él estaba muy molesto para pensar en ello, cuando logró al fin desenredarse de las ramas del árbol ya la campana de entrada estaba sonando así que no pudo comer su almuerzo, cosa que empeoró su humor aún más. Durante el resto de las clases Akane se la pasó ignorándolo, mientras él se sentía cada vez más molesto, así que no la esperó al salir de clases. Rato después Nabiki caminaba hacía su casa, cuando faltaba una cuadra para llegar encontró a Ranma en lo alto de una columna viendo hacia la casa.

-¿Qué haces ahí?- preguntó curiosa, notando la mirada de espanto del chico.

-¡E… E…Está lleno de… de… gatos…!- balbuceó señalando la casa.

-Mmm… creo que puedo ayudarte…- dijo la chica luego de analizar la situación.

-¡¿En serio?!- preguntó emocionado, pero al ver la sonrisa calculadora de la chica recordó con quien estaba hablando. -¿Y cuanto me va a salir?- volvió a preguntar notoriamente menos emocionado.

-Dos mil yens…

-Está bien…- respondió resignado, ese día más que nunca necesitaba llegar a la casa a comer algo.

Nabiki le dijo que esperara, y corrió hacia la casa, luego de un rato salió con algo en las manos hacía el lado opuesto de la calle, y mágicamente los gatos la siguieron, oportunidad que el chico aprovechó para adentrarse a la seguridad de la casa. Cuando Nabiki regresó, luego de haber cobrado su trabajo se sentó en la sala a tomar el té con Kasumi, mientras observaban a Ranma comer como un desesperado las sobras del almuerzo.

-¿Ranma sabes donde está Akane?- preguntó tranquilamente Kasumi.

-¡No sé y no me importa!- respondió molesto mientras llevaba más arroz a su boca.

-¿Por qué se pelearon esta vez?- preguntó Nabiki viéndolo aburrida, ambos se comportaban como niños pequeños luego de sus peleas.

Ranma les contó lo que sucedió luego de despertar en el depósito, las hermanas lo escuchaban con atención, una vez que terminó notó las miradas de reproche sobre él.

-Veamos Ranma…- comenzó Nabiki, intentando hacer razonar al chico. –Dices que Akane perdió las clases de la mañana por quedarse contigo mientras estabas con el Neko-ken…

Él la miró agrandando los ojos en clara señal de no haber pensado en ese detalle.

-Y luego…- continuó Kasumi suavemente recordando las palabras del chico. –Tú la insultaste porque unos chicos dijeron algo que te avergonzó…

Ranma bajó la mirada apenado, Kasumi no sonaba molesta en absoluto, pero lo que decía era muy cierto.

-Y como ella te golpeó con el mazo… tú no la esperaste a la salida de la escuela…- continuó Nabiki.

Bajó sus hombros en señal de clara derrota.

-Permitiste que regresara sola… a pesar de estar cansada por todo ese entrenamiento…- señaló Kasumi.

Se sentía cada vez más pequeño, y una presión se instaló en su pecho, la culpa que sentía era demasiado grande para ese entonces.

-Y no sólo cansada… también herida…- finalizó Nabiki dando el golpe de gracia.

Esas palabras no sólo aumentaron la presión en su pecho a un nivel insoportable sino que lo pusieron en alerta. Decidido se puso de pie.

-¡La voy a buscar!- exclamó decidido corriendo hacía la calle.

Las hermanas se miraron con complicidad, al instante escucharon los gritos del chico y lo vieron correr de nuevo a la sala.

-¡¿Cuánto por sacar a los ga… gatos… del camino?!- preguntó a Nabiki al borde de un ataque de nervios.

-Lo siento usé todas las sardinas hace un rato…- respondió tranquilamente.

-¡¿QUÉ?!

-Tendrás que esperar a que Akane regrese…- comentó dulcemente Kasumi con una sonrisa.

-¡Claro que no! ¡Tengo que buscarla! ¡Voy a salir de alguna forma!- exclamó decidido volviendo a retirarse mientras pensaba una ruta de escape.

Mientras tanto Akane en un local esperaba ser atendida. El agotamiento físico era tal que no tenía fuerzas ni para continuar enojada. Después de un rato emprendió el regreso a su casa con cinco nuevos gi de entrenamiento, los otros estaban destruidos, y sabía que esos también lo estarían pronto, los eligió en color azul esta vez, por alguna razón necesitaba cambiar, las cartas estaban echadas y muy pronto ya nada sería igual.

-¡Ya llegué!- se anunció al entrar a la casa.

-¡¿Por… qué…tardaste…tanto…?!- preguntó el chico con los cabellos de punta y varios rasguños en su rostro, luego de sus palabras se cayó desmayado.

-¡RANMA!- corrió preocupada hacia él olvidando los paquetes.

-Descuida…- la tranquilizó Nabiki apareciendo en el recibidor. –Sólo está un poco histérico por los gatos.- explicó y luego subió a su habitación.

En efecto durante su ausencia Ranma había probado cada puerta, ventana, u hoyo de la casa en un intento por salir, pero cada intento era infructuoso. Y cuando quedó atorado en la ventana del baño, con cinco gatos arañándole la cara, sus niveles de histeria aumentaron por los cielos. La voz de su prometida anunciando su llegada fue lo único que le devolvió por unos instantes la cordura y evitó un nuevo trance de Neko-ken. Luego de dejarlo en su habitación como la noche anterior, Akane buscó a su sensei, esta vez no se libraría entrenarla.

-¡Tío Genma estoy lista para mi entrenamiento!- habló parándose a mitad del corredor vistiendo su nuevo gi.

-Bien cuando acabemos este juego continuaremos entrenando…- dijo alegremente el hombre mientras jugaba con Tendo una partida de sho-gi.

-¡AHORA!- ordenó molesta por la espera.

-¡No le hables así a Saotome, hija!- la reprendió Soun.

-¡Yo hablo como quiero!

-¡Buuuaaaaa…! ¡No me grites…!- lloraba el patriarca Tendo abandonando el juego, para esconderse en un rincón.

Después de ignorar una serie de evasivas, logró al fin que su sensei se dignara a entrenarla. Ya estaba oscureciendo, ambos estaban en el patio de la casa ignorando lo maullidos incesantes de cientos de gatos a su alrededor.

-La velocidad sin agilidad no sirve de nada, una guerrera debe ser ágil como una gacela.- explicaba sabiamente el hombre del turbante.

-Aja…- asintió ella.

-Bien entonces deberás llegar de un salto al techo.- soltó sin más.

-¡¿Qué?! ¡Yo no puedo hacer eso!- exclamó escandalizada, luego vio como su maestro vaciaba un balde de agua sobre su cabeza transformándose en panda.

"Y me llevarás sobre tus hombros" decía el cartel de madera que le mostró el panda.

-¡¿Cómo?!- lo observaba horrorizada.

La noche había caído sobre Nerima cuando el chico despertó en su cuarto, con su cabeza nublada, no lograba recordar como había llegado allí, hasta que escuchó los maullidos que provenían del patio. Cubrió su cabeza con la almohada, ese sonido le resultaba extremadamente atemorizante, entonces escuchó otro ruido familiar, era la voz de Akane, sus gritos… gritos de pelea. Venciendo sus temores se acercó a la ventana, y allí la vio, con el panda a cuestas saltando sin parar.

-¿Qué estás haciendo?- preguntó asomándose temerosamente por la ventana.

-¡Entreno!- respondió sin dejar de saltar.

-¡Deberías descansar! ¡Si sigues así te vas a enfermar!

-¡Claro que no! ¡Debo seguir entrenando! ¡Aún no llego al techo!- respondió, intentando no considerar la demasiado tentadora idea de descansar.

-¿Al techo?- se preguntó observando como ella a penas lograba despegar sus pies del piso. -¡OJAYI! ¡DETENLA AHORA O CENAREMOS ESTOFADO DE PANDA!- le gritó a su padre.

Inmediatamente el panda se bajó de los hombros de Akane con el cartel "!Por hoy es suficiente!"

-¡Pero Tío!- protestó molesta por tener que seguir una orden de Ranma.

"!Ven te mostraré una técnica secreta!" decía el cartel que le enseñó, y acto seguido la tomó de la mano y salió corriendo con dirección al dojo, fuera del alcance de cierto chico furioso.

-¡No entiendo porque tuvimos que detener el entrenamiento sólo porque Ranma lo dijo!- se quejaba ella cruzando sus brazos, mientras veía como su sensei se sentaba en la duela ya trasformado en humano nuevamente.

-No te preocupes por eso… ahora te enseñaré una técnica que te permitirá ganar un combate antes de comenzar a luchar.- le respondió el hombre.

-¿De que se trata?- preguntó no muy convencida, conocía muy bien el tipo de técnicas que Genma Saotome solía enseñar.

-Se trata de la ancestral técnica de la escuela de combate libre Saotome "El Búho Miope"- dijo solemnemente el hombre.

-¿Búho Miope?- preguntó desconcertada, sin saber si reírse o llorar.

-Así es… consiste en intimidar al oponente con tu mirada.

-¿Con mi mirada…?- preguntó entristeciéndose.

-¡Debes demostrarle que tú eres mucho más fuerte, que tienes el control de la batalla! ¡Míralo fijamente a los ojos así lo intimidarás!- continuaba explicando emocionado.

-L… Lo… siento… no creo que… yo pueda usarla…- respondió intentando contener las lágrimas.

-¿Mmm…? ¿Qué dices? ¡Esa técnica es ideal para ti! ¡Entrénala en la casa! ¡Mira a Ranma de esa forma y verás que podrás vencerlo! ¡Te suplicará piedad!- hablaba el hombre con tal entusiasmo que logró que ella sonriera.

-Está bien tío… ahora mismo la pondré en práctica.- respondió, poniéndose de pie y saliendo del dojo.

En otras condiciones podría servir de algo, talvez, pero ahora esa técnica le resultaba absolutamente inútil. Se encontró a Ranma en el pasillo cuando se dirigía al baño, recordó la forma en la que él le impidió seguir entrenando, tal vez la idea de practicar esa técnica con él no fuera tan mala. Lo miró intensamente a los ojos, puso cara de enojo, caminó un paso hacia delante.

-¿P… Porqué me mira así…? ¡Está enojada! ¿Pero porqué…? ¡No! ¡Lo de esta mañana! ¡Sigue molesta por como la traté! ¡Me va a golpear! ¡Si lo va a hacer!- pensaba él mientras instintivamente comenzaba a retroceder.

No lo podía creer, realmente funcionaba, Ranma no sólo estaba retrocediendo, también temblaba y sudaba por el miedo. Continuó así hasta que el chico huyó despavorido hacía su cuarto. Debía admitir que eso le había subido mucho el ánimo, consideraría esa técnica como una opción mientras aún fuera capaz de utilizarla.

-¿No te gusta la cena, Ranma?- preguntó Kasumi preocupada porque a pesar de estar hacía más de diez minutos sentado en la mesa, el chico no había probado bocado.

Akane continuaba poniendo en práctica la nueva técnica aprendida, mientras que Ranma temblaba sin poder moverse, mirándola de reojo. Genma se reía a carcajadas mientras felicitaba a Akane por haber perfeccionado la técnica en tan poco tiempo. Más tarde las luces de la casa se apagaron y todos durmieron plácidamente excepto un joven que daba vueltas inquietamente en su cama alterado por los maullidos que resonaban desde el patio.

Continuará.

Hola ¿Cómo están?

Bueno no tengo mucho que decir de este capítulo… a mí me pareció un poco aburrido… pero bueno ustedes me cuentan después.

Agradezco a Seraphy, Akemyanngel, Enaka y Akane Maxwell por la ayuda que me están prestando. La técnica del Búho Miope es de Akemyanngel, muchas gracias!!

Agradezco mucho a la gente que me dejó reviews, por lo visto este fic no gustó demasiado, no los culpo, y agradezco mucho a la gente que lo lee, me hace muy feliz que me acompañen en los nuevos estilos que me invento cada tanto, algún día me estableceré al fin con uno… eso espero al menos.

Les cuento… porque se lo digo a todo el mundo que el viernes fue el cumpleaños de mi esposo y le regalaron el katana kane con las katanas y el kodachi… no se imaginan lo emocionada que estoy… me la paso jugando con las katanas!!!

Nos leemos pronto… muchísimas gracias por seguir mis fics y a la gente que me ofreció su ayuda sobre todo, me encanta poder escribir algo donde hay un poquito de cada uno.

Saludos.