Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.
Disculpas: LO SIENTOOOO!!!!! Me demoré mucho… no tengo excusa así que no la daré… pero en compensación este capítulo es largísimo, y todo gracias a mi linda co-autora… Akane Maxwell!!!!! Así que el entrenamiento de Akane fue escrito magistralmente por ella… y gracias a ella el capítulo quedó tan lindo. ^_^ Ahora si no los distraigo más… disfrútenlo.
Día 3: Fuerza.
-¡Haaayyy! ¡Maldición! ¡¿Con que me golpeé?!- exclamó Akane parada a mitad de la oscura habitación de su prometido.
-Si buscas al viejo, estas perdiendo tu tiempo. Está en la habitación de tu padre huyendo del entrenamiento.- se oyó la voz del chico.
Aún no amanecía y como ya era costumbre había ido a buscar a su tío para comenzar el entrenamiento, sólo que esta vez no podía ver absolutamente nada en la habitación.
-¡Lo siento…! ¿Te desperté?- preguntó ella sintiéndose culpable.
-No lo hiciste… los maullidos de esos malditos… animales… no me dejan dormir.- respondió él sentándose en su futón viendo la silueta de su prometida que no se movía por miedo a seguir tropezando.
-Entonces… ¿No dormiste en toda la noche?- preguntó preocupada.
-No…
-¿Podríamos encender la luz verdad?
-Claro… enciéndela.
-¿P… Podrías hacerlo tú…?- preguntó apenada por no poder ver donde se encontraba el interruptor.
-Si… claro…- respondió él.
Agradeció internamente la luz que despedía esa bombilla sobre su cabeza, volteó a verlo, tenía unas ojeras muy grandes, estaba todo despeinado, se notaba de lejos que había pasado muy mala noche. Él por su parte la observaba detenidamente, tenía numerosas cicatrices en sus brazos y piernas, se veía mucho más delgada, su rostro denotaba un cansancio extremo, y su mirada tenía un brillo de tristeza preocupante.
-Bien… iré a entrenar sola…- dijo decidida caminando hacia la salida.
-Hoy no lo resistirás…- comentó él interponiéndose en su camino.
-¿De que hablas?
-¡Mírate! ¡Apenas logras mantenerte en pie…! ¡Si continúas así vas a enfermar!
-¡No me importa lo que digas! ¡Voy a salir a correr! ¡Apártate!
-Voy contigo…- dijo suspirando resignado.
-¡¿Qué?! ¡Ranma no has dormido nada! ¡Y afuera está lleno de gatos!- explicó ella.
-¡No me importa! ¡Así tenga que salir en Neko-ken voy a ir contigo!
-¡¿Porqué?!
-¡Porque no pienso permitir que te desmayes a mitad de la calle sola y a merced de quien sabe que animal hambriento que pretendas que te persiga esta vez!- casi le gritaba exasperado.
-¡Yo no voy a desmayarme!
-¡Si lo vas a hacer! ¡Akane yo pasé por este entrenamiento! ¡Sé lo que te digo! ¡Si no descansas te enfermarás y no podrás volver a entrenar por mucho tiempo!
Esas palabras lograron convencerla, no podía darse el lujo de enfermar.
-Bien… iré a entrenar al dojo… muy suave… lo prometo…- cedió la chica. –Pero… con una condición…- lo miró firmemente. –¡Duerme!- le ordenó con sus manos en su cintura.
-¡Claro! ¡Como si fuera tan fácil con todos esos… tú sabes!
-¡Yo me encargo de eso! ¡Tú duerme!- respondió muy segura, saliendo de la habitación.
Ranma asomó su cabeza al corredor para verla bajar las escaleras corriendo, cuando la perdió de vista volvió a entrar, se tiró sobre el futón frustrado oyendo los penetrantes maullidos, mientras curioso se preguntaba que estaría planeando esta vez Akane. Pronto comenzó a escuchar la voz de su prometida provenir del jardín, su curiosidad fue más fuerte que el temor, así que se asomó a la ventana para verla.
-¡GUAU GUAU…GRRR…!- gritaba Akane mientras corría moviendo sus brazos como si aleteara, en un intento por espantar a los gatos.
-¡¿E… Está ladrando…?!- se preguntaba Ranma mientras la veía con el rostro afectado y una gota de sudor en su frente.
Luego de un ataque de risa que duró varios minutos, una sonrisa se instaló inalterable en su rostro, ver a su prometida corriendo alrededor del jardín, ladrando y gruñendo a unos gatos le daba demasiada ternura. Apoyó sus brazos en el marco de la ventana poniéndose cómodo, podría observarla durante horas, realmente adoraba esa faceta de ella, cuando se comportaba como una niña pequeña, llena de energías que lo daba todo por cumplir su objetivo. Le resultó la cosa más dulce de la tierra en ese momento, sólo esa chica podía despertar ese agradable sentimiento en su pecho, no había otra igual. La vio resoplar frustrada al ver que los gatos ni se inmutaban ante sus esfuerzos, se fue corriendo hacia dentro de la casa. Iba a regresar a su futón cuando la vio regresar con una manguera, se la veía tan feliz mojándolo todo, mientras sus felinas víctimas huían. Una vez que no quedaban mininos a la vista se fue satisfecha a entrenar al dojo.
-Akane… estás loca…- pensaba mientras se recostaba en su futón quedándose dormido inmediatamente con una sonrisa en su rostro.
En el dojo, Akane colocaba el último ladrillo de la pila, entrenaría suave como lo prometió, sólo partir unos ladrillos como siempre lo hacía y luego alguna kata de mediana dificultad. Su pequeña disputa contra los mininos la había agotado en extremo, pero ignorando su estado inhaló profundamente levantando el puño, expulsó todo el aire contenido en un grito mientras golpeaba con toda su fuerza los ladrillos. Hacía mucho tiempo desde la última vez que sucedió, ya no recordaba el intenso dolor que viajaba desde su puño hasta llegar al hombro, cuando no lograba partir los bloques, finas líneas de sangre comenzaron a salir de sus nudillos para recorrer sus dedos hasta caer sobre la duela del dojo cuando su cuerpo se desplomó. Las energías desaparecieron de pronto, con su vista tan nublada que apenas lograba ver las vigas del techo, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad se arrastró hasta la salida del dojo, llegando a la puerta logró apoyarse en ella y ponerse en pie. Sosteniéndose como podía y con mucho esfuerzo entró en la casa, casi cayó por la escalera un par de veces, pero lo logró, entró en su habitación, apenas cerró la puerta cayó al suelo nuevamente, se arrastró hasta su cama, y con esfuerzo subió a ella. Tirada sobre su lecho gruesas gotas llenas de frustración se escapaban de sus ojos, jamás lo lograría, jamás volvería a ver a su familia… ni a él… Poco a poco se quedó dormida mientras las blancas sábanas absorbían la sangre que aún fluía de su mano.
-¿Dónde están Akane y Ranma?- preguntó el patriarca Tendo sentado en la sala mientras recibía su desayuno.
-No logré despertarlos… supuse que no habría problema en dejarlos dormir… hoy es sábado de todas formas…- respondió Kasumi llenando un nuevo tazón de arroz para su tío.
-Mmm… ambos se desvelaron supongo…- dedujo Nabiki. –Tendré que averiguar que hacen esos dos durante la noche…
-¡Nada de cámaras Nabiki!- ordenó Kasumi, poniéndose seria un instante.
-Está bien… no habrá cámaras…
La luz que se colaba por la ventana semi abierta le daba directo en los ojos, pero eso no era suficiente para despertarlo, algunos gatos habían regresado y sus alegres maullidos llegaban a sus oídos molestándolo inconscientemente, aún así no despertaba, pero cuando el aroma del apetitoso almuerzo que Kasumi terminaba de preparar llegó a su nariz automáticamente su estómago lo despertó. Ya descansado y luego de darse un baño rápido bajó a esperar el almuerzo.
-¿Falta mucho Kasumi?- preguntó Ranma asomándose a la cocina.
-Que bueno que hayas despertado… Voy a comenzar a servir el almuerzo… ¿Podrías despertar a Akane?- respondió dulcemente mientras salía de la cocina con una fuente.
-¿Despertarla…?- preguntó confundido, aún así sin pensarlo demasiado fue al cuarto de la chica.
Golpeó un par de veces, al no recibir respuesta la llamó, pero no se escuchaba ningún sonido dentro de esa habitación, golpeó más fuerte, esperó unos segundos… nada… Desesperado temiendo lo peor entró de golpe, exhaló aliviado al verla acostada en su cama. Cuando se acercó a ella notó las huellas de las lágrimas, hacía días que la notaba triste, pero era la primer vez que notaba que había llorado, sintió la necesidad de acariciar su mejilla, después de todo ella lo había hecho cuando creyó que él dormía, detuvo su mano a milímetros del rostro de su prometida, realmente estaba dormida, no podía aprovecharse de ella en ese estado, el día que la acariciara debía ser porque ella lo permitía. Resignado enfocó la vista lejos de su rostro, entonces notó la sangre que manchaba las sábanas, pronto notó que el origen de la misma era su mano.
-¡Rayos! ¡¿Cómo te lastimaste esta vez?!- se preguntó mirándola con una mezcla de molestia e impotencia.
Caminó al armario, abrió uno de los cajones, de allí sacó un botiquín, sonrió viéndolo y se dirigió nuevamente a la cama. Ella había comprado ese botiquín hacía muchos años, incluso antes de que él llegara a su vida, no quería preocupar a su familia así que siempre curaba sus heridas en la soledad de su cuarto. Pero ella compartió su secreto con él, incluso curó muchas heridas del chico en la intimidad de su habitación, mientras que él, cuando la veía entrar allí con alguna herida, se colaba por la ventana y ante la atenta mirada de su prometida, tomaba y botiquín y la curaba en silencio. Ranma valoraba inmensamente esos pequeños secretos que compartían, esos pactos silenciosos que simplemente comenzaban un día para convertirse en una constante en sus vidas. Tomó su mano herida con cuidado, comenzó a pasar suavemente el algodón embebido en alcohol, escuchó un quejido que salió de sus labios, la vio abrir sus ojos con lentitud, continuó con su trabajo sin decir palabra, como siempre lo hacía.
-Ranma…- susurró al verlo tan atento en su mano.
-Pronto terminaré…- respondió él mientras comenzaba a vendarle la mano.
Nunca comprendió porqué ese acto siempre debía ser tan silencioso, Ranma podía ser un bocón sin remedio, pero en esos momentos, cuando la curaba, se negaba a hablarle, así que pacientemente y disfrutando de esa extraña intimidad se mantuvo en silencio hasta que él terminó con el vendaje y guardó el botiquín.
-Kasumi me envió a buscarte… está sirviendo el almuerzo.- le dijo seriamente mientras se retiraba de la habitación sin esperar respuesta.
-Se ve molesto…- pensó ella mientras miraba con resignación su mano.
Se dio un baño antes de bajar a almorzar, así que al llegar a la sala todos casi habían terminado su comida.
-Ya terminé…- anunció Ranma al verla entrar a la habitación, y aún molesto se retiró sin decir más.
Frustrada se sentó a la mesa mientras Kasumi le ofrecía un tazón con arroz.
-¡Akane!- la llamó su tío. –¡Cuando acabes de almorzar iremos a un lugar a entrenar!
Ella lo quedó mirando como si de un extraterrestre se tratara, ¿Genma Saotome proponiendo llevarla a entrenar? ¿Sin tener que perseguirlo por toda la casa? Le había prometido a Ranma que ese día descansaría, sin embargo, esta era una oportunidad que no podía rechazar.
-¡Bien!- exclamó con seguridad y emoción, seguramente ese entrenamiento la convertiría en una mejor guerrera.
Mientras tanto Ranma estaba en su cuarto sentado en el futón con los brazos cruzados.
-¡Niña boba siempre lastimándose! ¡Prometió que entrenaría suave! ¡Y todavía se pone a llorar sola en su cuarto!- apretó sus puños con fuerza. -¡Maldita sea Akane si tienes algún problema dímelo! ¡Sabes que te ayudaré con lo que sea!- desvió su atención a la ventana recordando la mañana. –Al menos durmió un poco…- una sonrisa se dibujó en su rostro –Ladras muy mal… marimacho…
El sol estaba calentando mucho para ser esa hora del día. Akane sólo suspiró, mientras se acomodaba el gorro de béisbol en su cabeza, y seguía sin perder paso de su Tío Genma, quien caminaba presuroso, pero se detuvo de un golpe, provocando que la menor de las Tendo chocara con su espalda y casi cayera.
-¡¡Tenga más cuidado Tío!!– exclamó sobándose la frente, ya que ahí recibió el golpe. Se fijó en la mirada seria del Saotome, y no pudo evitar preguntar -¿Sucede algo Tío?
-Akane-chan, sabes muy bien que el camino a la perfección es duro, complicado y a la vez estresante,– la chica iba asintiendo a medida que el hombre mayor hablaba –pero que el trabajo duro, después lleva su recompensa…– la menor de las Tendo asintió –ha llegado el momento en que debes fusionar velocidad con fuerza, además de realizar tus trabajos con eficiencia, sin dejar ni un cabo suelto.– se ajustó sus lentes, dando una visión de sabio –He preparado un entrenamiento, muy duro, no será fácil, Akane-chan– la chica le dedicó una mirada de admiración, por fin entrenaría en serio –tendrás que sortear obstáculos, ahí usarás tu velocidad,– Akane se imaginó corriendo por suelo lleno de rocas, paredes, árboles, huyendo de rocas gigantes, al estilo Indiana Jones –también deberás pasar por sectores en que utilizarás tu fuerza,– la chica volvió a imaginarse, llevando una mochila cargada de piedras mientras subía por una pared rocosa, en otras llevando en brazos a su Tío convertido en panda, sorteando obstáculos –finalmente, deberás usar tu fuerza combinada con tu velocidad. Recuerda, hija, debes usarlas con una finalidad…
-Y esa finalidad es…– le interrumpió, la curiosidad ya se desbordaba de la chica.
-No seas impaciente, pequeña,– Akane frunció el ceño, le molestó que la llamaran de ese modo, iba a replicar, pero el hombre se adelantó –ya verás cuando estemos ahí.
El hombre siguió su camino, Akane detrás de él. En el rostro de la chica se podía leer la emoción por ver su campo de entrenamiento.
-¡¡Ya llegamos!!– Genma exclamó, mostrando el lugar, como si fuera un preciado premio.
-¿Pero qué demonios?– una gota de sudor corrió por su frente.
Ranma estaba pegado a una de las paredes, contrarias al patio, de la casa, caminaba cual sigiloso ladrón. Su rostro estaba tensado, y su cuerpo agarrotado en la forma incomoda en que caminaba, pero eso no le importaba, lo que quería era llegar a salvo… al baño…
Un paso más y estaría en la puerta, sólo uno más. Ranma levantó un pie para dar el paso definitivo, pero… MIAUUUUUU
El chico estaba pegado en el techo de la casa, temblando como una hoja de papel.
-Ranma-kun, ¿no es muy incómoda esa posición?– le preguntó Kasumi, mirándolo con preocupación.
-Estoy…- MIAUUUU. Volvió a temblar y se pegó más al techo –bieeeeeeennnnnnnn.– arrastró la palabra, tratando de sonar más seguro, claramente no lo consiguió.
-Me pregunto cuánto tardará Akane.– dijo ignorando al chico asustado en el techo.
-¿No está?– le preguntó cayendo frente a la mujer, que sonrió con satisfacción.
-Sabía que te haría olvidar el miedo, aunque sea un momento. Pues salió con tu padre, y no sé cuánto tiempo le tomara,– le dijo, poniendo su dedo índice en su mentón –pero está con tu padre, no debo de preocuparme. Estará bien.– sonrió y se alejó del lugar, camino a la cocina.
-Es por eso que hay que preocuparse…– susurró para sí. Dio un paso a la puerta del baño, tomó el pomo, pero…. MIAUUUUUUU
Ranma estaba, nuevamente, pegado al techo, temblando.
Akane tenía su boca abierta, al igual que sus ojos, que no daban crédito al lugar donde su Sensei la llevó. ¿Así que "este" es el gran lugar para fusionar fuerza con velocidad? Suspiró, y sintió compasión por ella misma y por Ranma, seguramente él pasó por lo mismo. Respiró profundo y se adentró al lugar.
Cuando llegó notó a simple vista, que la magnitud de la estructura era grande, pero cuando entró completamente al recinto, vio que estaba equivocada, no era grande sino ENORME. Ante sus ojos jóvenes, se alzaba la construcción de Centro Comercial más grande del Distrito.
Maravillada con la construcción, no notó cuando Genma Saotome, pasó de ser su sensei a ser el tierno panda, que de tierno sólo tenía el apelativo. Suspiró, pensando, inocentemente, que Genma se trasformó para ser su carga y así aumentar su resistencia. Minutos después supo cuan equivocada estaba. Un escalofrío recorrió su espina. Su instinto marcialista se despertó.
-¡¡¿PERO QUE TENEMOS AQUÍ?!! ¡¡UN BOMBOM FRESCO!!– se escuchó lejano, proveniente del edificio en construcción.
-Uyyy… la llevaría al oscurito y la haría mujer.– dijo un libidinoso que pasó al lado de la muchacha, que se cobijó detrás del panda, que no dejaba de caminar.
Ranma acababa de dejar su taza de té sobre su escritorio, el cual estaba pegado al closet, mientras más lejos de la ventana mejor. Tuvo un escalofrío, el cual lo extrañó, ya que no había escuchado ningún sonido provinente de esos animales. Se preocupó, su instinto de protección se activó. Llevó su mano para tomar nuevamente la taza, pero antes de hacerlo, ésta se trizó en un costado.
-Mala señal.– se dijo, se levantó de golpe, y fue hacia la ventana.
MIAUUUUUUU
Sólo se vio la trenza que quedó fuera del closet de la habitación del chico.
Akane tomó un gran bloque de concreto para golpear al asqueroso que se atrevió a decirle aquello, pero Panda-sensei, la detuvo antes.
-¡¡PERO TIOOO!!– protesto la chica.
-"Es parte del entrenamiento" – le dijo a través de un cartel.
La chica lo miró dudosa, pero la imagen de su prometido victorioso, sobre una montaña de maltrechos luchadores, la motivó para seguir las enseñanzas de Panda-sensei, aunque éstas fueran notablemente descabelladas.
-Si Ranma pudo, seguro que yo también… – se acomodó la gorra, para luego seguir decidida y más motivada a Saotome.
Muchos más gritos con frases obscenas, silbidos, miradas lujuriosas. La actitud de la chica comenzó a decaer, y el miedo comenzó a apoderarse de ella, pero como su orgullo era más fuerte, continúo su camino, salvo que lo hizo protegida por Panda-sensei, caminando detrás de él. Panda-sensei se detuvo, la chica permaneció tras él, ya que así era invisible para los obreros, que hacía rato, la miraban con deseo. De un movimiento rápido, Genma Saotome, puso a la muchacha frente a él, además sostenía un cartel en su pata derecha.
-"Este es tu campo de entrenamiento"– la chica abrió los ojos por la sorpresa –"Aquí te harás rápida, más fuerte y eficaz"– la menor de las Tendo, se sintió desfallecer. ¿Había leído bien?
Abrió la boca para protestar, razonar, gritar, lo primero que saliera, pero Panda-sensei nuevamente le dio la espalda. Frente a Genma estaba un hombre de su misma edad pero con presencia autoritaria, profesional y molesto con el animal que le mostraba un cartel, que leyó con el ceño fruncido.
-"Ella trabajará aquí para reparar lo que destruí"– el hombre, jefe de la obra, buscó a "ella".
Genma, al notar lo anterior, tomó a la muchacha de la cintura y la colocó frente al hombre, quien la miró con sorpresa e incredibilidad, mirada que no le gustó a Akane.
-¿Ella?– el jefe plasmó en palabras su sentir: que la chica no sería capaz de realizar el trabajo para reparar lo destruido por el panda –Ella no podrá reparar…– mostró una estructura de unos 500 mts. Cuadrados, de unos tres pisos de altura, la cual tenía, sólo los cimientos de pie y una de sus paredes – es una chica, flaca, débil…
Orgullo herido. Una mirada de ira.
-¡¿Cómo que soy débil?!– gritó Akane, y tomó una pila de unos treinta ladrillos, las tomó como si fuera un almohadón. El jefe, visiblemente sorprendido, agregó…
-Conforme.– se giró, dando la espalda para tomar los implementos de seguridad para dárselos a la chica, que aún mantenía la mirada de ira –Debe estar terminada antes de que anochezca.– sin decir más, se volteó y se metió al trailer.
-¿Antes que anochezca? Tío, no podré…– se volteó para ver a Genma – hacerlo… - pero Panda-sensei, ya no estaba.
-Estoy muy tenso…– Ranma estaba haciendo flexiones, en el centro del Dojo, para relajar su cuerpo.
MIAUUUUU
Un escalofrío recorrió su espalda –Tengo que salir de aquí.
MIAUUUUU
El chico de la trenza se pego a la pared del Dojo.
Estaba sudada, con sed, hambre y demasiado cansada para llevar tan poco tiempo de "entrenamiento". Sonrió con ironía, por su camino de artista marcial. Se secó el sudor con el dorso de su mano, para tomar la carretilla llena de escombros para llevarla a la salida de la construcción, y fue ahí donde comenzó todo.
Un hombre de unos cuarenta años, de cuerpo enorme, más grande que Saotome padre, sudado, hediondo, la miró con deseo. Akane sintió miedo, pero ella podría con uno solo.
-Bella señorita, este trabajo no es para usted. Déjeme ayudarle.– el hombre se acercó y tomó el brazo de la chica con fuerza.
-¡¡Suélteme!!– gritó enfurecida, y enojada por no prever el agarre.
-No sea arisca jovencita, deje que la "atienda".– se pasó la lengua por los labios, saboreándose lo que él quería hacer con la chica.
Aquel gesto fue suficiente para la chica, giró con fuerza su cuerpo, movió su brazo, con tal intensidad que se hizo daño, pero eso no le importó, con la fuerza del mismo giro, le conectó una patada en el estomago, que hizo que el hombre, cayera de trasero, unos metros atrás.
Akane recuperó su postura relajada, cuando sintió que la tomaban de la cintura y la llevaron a un cuerpo sudoroso, caliente, y mucho más grande que el de ella. Estaba prisionera, pero debía y podía salir de la situación.
-Salió ruda la muchachita.– sintió el aliento hediondo y caliente en su oreja, su miedo volvió, pero ella era capaz de salvarse.
-No me toque…– susurro con ira.
Para el hombre fue como si un camión lo atropellara.
Akane le piso el pie con fuerza, provocando que la soltara, luego le pegó un puñetazo en la quijada, que lo levanto unos metros, luego juntó sus manos y formo un puño, para así darle un golpe en el estómago, que lo mandó a la única pared en pie, y la atravesó.
No alcanzó a relajarse cuando sintió un apretón en su cintura, y otro en uno de sus brazos. Dos hombres la tenían agarrada. Forcejó, y se liberó un poco, pero vio con horror como otro hombre venía y la agarraba por las piernas, quedando suspendida.
-De esta no te libras, ricura.– le dijo el hombre que la tenía sujeta por los brazos, cuando sintió la lengua áspera de él en su cuello, Akane tembló. El pánico la invadió, secándole la garganta y humedeciéndole los ojos. Para su pesar estaba de acuerdo con el hombre, no podría escapar.
-¡Ranma!– dijo en un grito al borde del llanto.
Su instinto de artista marcial hizo que detuviera su camino a la cocina, y un miedo comenzó a apoderarse de él. La sangre se le congeló.
-¡Akane!– corrió hacia el comedor, ya que ahí estaba su padre con Tendo jugando Sho-gi.
-¡Hola hijo!– lo saludó alegre su padre –¿Vienes a pasar un tiempo de calidad con tu viejo?– pero Ranma no le contestó, sólo lo tomó del cuello del gi para acercarle el rostro al suyo.
-¿Dónde está Akane?– su voz sonó aguda, tanto que provoco miedo.
-Ella está entrenando.
-¡No te pregunte que está haciendo, sino donde está!– de sus azulados ojos destellaba la ira.
-Hijo… ella está entrenando, no debes molestarla…
-Me importa un comino que esté entrenando o en un funeral, quiero… ¡NO!... Necesito saber dónde está. ¡¡Me lo dirás!!– el agarre se hizo mucho más fuerte.
-Ella está en la construcción del mall de Tokio.
-¿¿Qué ESTA EN DONDEEEE??– tanto Ranma como la cabeza de demonio de Soun, le gritaron a Genma que se vio disminuido y lo mejor que pudo hacer fue convertirse en Panda.
-"Es un buen entrenamiento"
-¡IDIOTAAAAAAAAAAAAAAA!
Muchos golpes, de parte de su hijo y de su mejor amigo, ya que ellos encontraron que el lugar de entrenamiento no era precisamente el más adecuado.
-¡Ranma! – gritó.
-¿Quién es ese Ranma?– preguntó el hombre después de lamerle el cuello.
-Apuesto que es su novio.– dijo que le sujetaba las piernas.
-¡Suerte tiene! Apuesto que ya la ha probado.– agregó el que la sujetaba por los brazos.
-¡Que envidia!– dijo lamiéndola de nuevo –Pero pronto lo haremos nosotros.
Una vez más sintió la lengua del tipo en su cuello. La pena, la ira, el pánico y la desesperación se apoderaron de ella. Deseó nunca haberle pedido a Genma que la entrenara, deseó no ser tan débil. Estaba mal, todo estaba mal desde que comenzó, pero ese era el colmo… no lo soportaba… sabía perfectamente lo que esos tipos pretendían, ellos mancillarían su pureza, y él… no estaba allí para protegerla… Una lágrima corrió por su mejilla.
¡Un momento! Ella es una Tendo. Y Akane Tendo no se rinde. No importaba que Ranma no estuviera allí, ella haría todo lo posible por defenderse, debía ser fuerte, él lo merecía, una compañera fuerte a su lado, y tampoco iba a dejar a esos pervertidos sin su justo castigo. Un nuevo brillo de decisión apareció en sus ojos. Giró su cuerpo, provocando que le soltaran los brazos y piernas, pero aún la tenían sujeta de la cintura, además solo se pudo soltar, los tipos aún la perseguían.
-Chiquilla tonta, no hagas esto más difícil.– levantó el puño para golpearla, pero Akane fue más rápida, conectando una patada baja, que lo mandó varios metros por el suelo.
-ESTÚPIDA – gritó uno de sus amigos, y juntó a unos cincuenta o más hombres, que salieron tras la chica.
-Supongo que a esto se refería Panda-sensei con combinar fuerza, velocidad…– se colocó en posición de batalla, luego dio una patada hacia atrás, mandando a un hombre volar, después se giró, para dar un puñetazo en el estómago a otro hombre que lo dobló por la mitad –¡Ahora a ser eficaz!– saltó, conectó una patada doble a dos hombres.
De repente se vio rodeada por muchos más hombres, todos provistos de instrumentos de trabajo, que ahora cumplían la función de armas, todos dispuestos a atacarla. Entró en pánico.
-¡¡¡POR FAVORRRRR!!!!– Ranma estaba desesperado, agitando sus manos, y mirando a Nabiki que estaba sentada en el sillón del comedor con los brazos cruzados.
-¿Qué gano yo con eso?– preguntó, viéndose las uñas de su mano derecha.
-¡¡ES TU HERMANA POR KAMISAMA!!
-Lo sé…– lo miró con una mirada cargada de impotencia –No subestimes a Akane…– su mirada cambió a decepción –Pensé que la conocías.
-¡YO NO ESTOY DICIENDO QUE ELLA NO ES BUENA!... al contrario…– Nabiki lo miró sorprendida –Sólo que ella no está con toda su capacidad…– Ranma se apoyó en la pared del cuarto – además donde está… estoy preocupado por ella…– agregó con suavidad. La mediana de las Tendo lo miró con dulzura.
-¿Estás dispuesto a todo por mi ayuda?– Ranma asintió energéticamente –Muy bien…– la chica se levantó y fue hacia el patio.
Un golpe bajo, un golpe de puños, un salto. Akane estaba dando golpes certeros y veloces. Fruto del "entrenamiento" de Panda – sensei, pero cada golpe que daba, era menos intenso que el anterior, al igual que su velocidad, producto del cansancio, de la falta de sueño, del temor que crecía a cada instante, de la angustia por no ser suficientemente fuerte para superarlo.
Dio una patada alta, y se sintió desfallecer. Su vista se nublo. Lo último que vio fue a un hombre, tomándola de la cintura, para evitar su caída.
-¿¿¿Cómo pude aceptar eso???– se preguntaba Ranma saltando de un techo a otro. Un escalofrío recorrió su espalda, al recordar la mirada de Nabiki cuando le informo sobre la forma de pago.
Flash back
Nabiki volvía a la casa, donde Ranma veía desde la pared más lejos del patio, si quedaba algún gato por los alrededores, cuando se cercioró, salió hacia el patio, lo atravesó con cuidado, tomó el impulso para saltar la muralla, pero…
-¿¿Dónde vas??– le gritó Nabiki desde la puerta de la casa que daba al patio, acercándose a él –No hemos discutido la forma de pago.– sus ojos brillaron con avaricia.
-¡Cobra lo que quieras!– tomó el impulso nuevamente, pero la voz de Nabiki volvió a interrumpirlo.
-Eso esperaba oír…– sonrió con amplitud –Entonces este lunes, te espero listo para una sesión de fotografía.
-¿Fotografía?– se giró para encarar a la muchacha -¿Q… Qué tipo de fotos?– preguntó alzando una ceja, conocía bien a su cuñada.
-Pues de Ranko, en ropa interior por supuesto.– le respondió alzando sus hombros. Las sospechas de Ranma se confirmaron.
-¡¡¡ESTÁS LOCA!! ¿¿¿CREES QUE SERÉ CAPAZ DE HACER ESO???– dijo alzándose en las puntas de los pies, viéndola hacia abajo.
-¿No estabas apurado Ranma-kun? Recuerda que mi hermana está sola.– dijo imitando la voz dulce de Kasumi.
-¡¡¡AKANE!!!– tomó impulso y dio un salto para perderse en los techos de la ciudad.
Fin del Flash back
-¡No importa! ¡Ahora solo debo preocuparme por Akane!– dobló una esquina, en un par de minutos estaría en el lugar indicado, abrió sus ojos por la sorpresa, al ver volar obreros. Apresuró el paso, al llegar se asustó por la cantidad de hombres que la rodeaban. Esquivó los cientos de cuerpos adoloridos a su paso mientras corría hacía ella, increíblemente había mejorado con ese ridículo entrenamiento, pero no tenía tiempo para pensar en ello. Debía salvarla, a sabiendas del estado de agotamiento en el que se encontraría, y podía hacerse una idea bastante clara del motivo por el cual comenzó esa batalla, sólo pensarlo lo hacía enfurecer.
Dio un salto para caer a escasos metros de la pelea. Sin pensarlo corrió hacía ella, cuando vio que Akane dio una patada alta, para luego comenzar a caer. Llegó justo en el momento preciso, sujetándola por la cintura mientras observaba con odio a los que aún quedaban en pie.
-Ranma…– susurró la chica viéndolo con los ojos semi cerrados.
-¡Sólo tú te metes en un lugar como este!- le gritó por la frustración de verla toda lastimada. -… Me tenías… preocupado… – dijo en medio de un suspiro viéndola con ternura.
-Ranma…– su voz era dulce, pero firme. Ella era capaz de vencerlos sin ayuda –Gracias, pero lo estoy manejando bien…- le dijo tratando de ponerse de pie.
-Lo sé…– ella abrió los ojos por la sorpresa, era primera vez que Ranma admitía algo así –… pero ahora estás cansada, déjamelo a mí…– dijo ayudándola a ponerse de pie para que se sujetara en una viga, luego su mirada se volvió dura, y se giró.
-¡¿NO LES DA VERGÜENZA ATACAR A UNA CHICA?!- les gritó molesto.
Fue entonces cuando la escuchó sollozar, al voltear a verla lo notó, su gi tan desalineado que podía verse uno de sus hombros, las marcas de los agarres en sus brazos, su rostro compungido de sufrimiento. Se la veía tan vulnerable, tan asustada abrazándose a si misma recargada sobre la columna, lo comprendió todo… ellos realmente lo habían intentado. Su aura explotó en ira, esos tipos, esos malditos habían abusado de ella, la chica más pura en quien podía pensar, su chica, su hermosa marimacho, él nunca había llegado siquiera a besarla y esos desagradables tipos osaron manosearla. Vio rojo en ese momento, sus puños se cerraron con tal fuerza que sus palmas sangraron.
–¡NO PERDONARÉ AL QUE SE ATREVIÓ A TOCAR A MI PROMETIDA!- su voz se distorsionó por la furia, fue su grito de guerra, lo pagarían, pagarían con creces lo que le hicieron sufrir a ella.
Los hombres retrocedieron, si la chica fue difícil, ¿Cómo sería su prometido? Incluso esos hombres inexpertos en el combate y sin atisbo de entrenamiento marcial podían percibir en enrarecimiento en el aire, producto de la llameante aura de Ranma, y sus ojos tan llenos de ira, parecía que pudieran derretir un glaciar. En un instante estaba sobre ellos, completamente fuera de sí, golpeándolos con todas sus fuerzas, sin pensar en las consecuencias, disfrutando como nunca ver la sangre salir de sus cuerpos. No le importó destruir paredes y vigas con los cuerpos maltrechos de los hombres. Habría seguido hasta matarlos si no la hubiera escuchado.
-¡R… Ranma… basta…! P… Por… favor…- suplicó mientras caía al suelo incapaz de continuar sosteniéndose.
Olvidó por completo a los hombres, debía preocuparse por Akane. Con suavidad la levantó en brazos y salió del lugar con ella.
-T… Tuve… mucho… miedo…- admitió avergonzada, haciendo un esfuerzo sobre humano por mantenerse consciente.
-Descuida, ya todo está bien – le sonrió con ternura, Akane le devolvió el gesto con dificultad.
El sol casi se había puesto por completo, se dio prisa en volver a la casa, pero no demasiada, ella no se encontraba bien, nada grave pero lo mejor sería no moverla demasiado. Cuando dobló la esquina de la residencia Tendo vio con horror como todos los gatos habían regresado, incluso parecía haber más que antes. Temblando de miedo miró a su prometida con la intención de preguntarle si podía caminar hacía la casa.
-¡Akane!- exclamó asustado al verla desmayada en sus brazos. -¡Demonios! ¡Debo llevarla adentro! ¡Debe descansar! ¡MALDITOS GATOS!- maldijo internamente su suerte.
Un escalofrío recorrió su espina cuando volvió a ver hacia la entrada, llevó a Akane más hacía su pecho, debía entrar con ella sin importar como. Atravesaría todos esos gatos, era su única opción. Inhaló profundamente intentando darse valor… no funcionó, volvió a verla, aún se notaba la expresión de dolor en su rostro, las lágrimas se habían secado, pero los surcos trazados por ella seguían allí. Era la segunda vez en el día que la veía llorar, era imperdonable, él era su protector y una manada de asquerosos felinos no le impedirían cuidar de ella. Decidido comenzó a caminar, a paso firme se encaminó hacia los gatos, su paso se volvía cada vez menos firme a medida que se acercaba a ellos, pero su decisión continuaba inalterable. Lo que no se mantuvo inalterable fue su temple, sobre todo cuando uno de los gatos se aferró con sus filosas uñas a su rostro.
-¡¡¡AHHHHHHHHHHH!!!- los gritos del chico resonaban en todo el barrio.
Continuó caminando rodeado de gatos, muchos estaban aferrados a sus brazos y piernas, tenía algunos otros en la espalda, uno oficiaba de sombrero y uno más colgaba de su trenza. Todos maullando fuerte y alto, feroces y agresivos lo arañaban como si tuviera panes de pescado atados al cuerpo. Mientras existió un mínimo de consciencia, éste se concentró totalmente en proteger a la chica que estaba en sus brazos, así que no resultó arañada en absoluto. En un momento el chico, que hasta el momento caminaba de forma robótica, se detuvo estático en medio de la manada, prueba inequívoca de haber perdido totalmente la consciencia.
-MIIIIAAAAUUU- salió de sus labios, e instintivamente los gatos se alejaron de él.
Se agachó lentamente quedando en cuarto patas como si fuera un gato, dejó a su compañera en el suelo suavemente delante de él, mientras lanzaba zarpazos a los gatos que no estaban lo suficientemente lejos de ella. El camino hacía la casa se despejó pronto, así que hábilmente la colocó sobre su lomo, entrando a la casa subiendo las escaleras hacía la habitación de ella con mucho cuidado.
-¡Oh, Dios mio…!- exclamó Kasumi cuando entró a la habitación de su hermana.
Akane estaba muy lastimada inconsciente sobre su cama, Ranma sentado en el suelo como un gatito con sus manos sobre la cama, movía la mano de Akane con su nariz, mientras la observaba con tristeza, preocupado porque ella no le respondiera. Cuando notó a Kasumi la observó suplicante, y se alejó de la cama. Kasumi comprendió el mensaje, luego de acercarse a su hermana y verificar que ninguna herida fuera demasiado grave, le dedicó una sonrisa reconfortante a Ranma a quien se le iluminaron los ojitos. Mientras Kasumi se encargaba de curar a Akane, Neko-Ranma sintió la poderosa necesidad de hacerle daño a cierto panda, que ya reconciliado con Soun, se encontraba abajo jugando Sho-gi. El panda concentrado en como hacer trampa, no notó la presencia de su hijo, hasta que el aura llameante lo rodeaba por completo, al ver a Soun pálido como un papel, balbuceando algo parecido a una oración a Buda su pelaje se erizó por completo. Antes de lograr voltearse sintió la presencia dirigirse a una velocidad inhumana hacía él, luego el ardor de navajas rasgando su gruesa piel como si de un fino papel se tratara. No tuvo tiempo de gritar porque fue inmediatamente lanzado al jardín con un poderoso zarpazo, cuando logró recuperarse pudo ver con terror el rostro de su atacante. Los ojos de Ranma eran dos pequeñas ranuras, que lo observaban con furia animal, en esos momentos el panda no era más que un gordo ratón para él, sus cabellos se elevaban producto de la fuerte ráfaga de viento ascendente que su aura creaba. Genma sólo atinó a huir, pero pronto fue alcanzado por su hijo quien… Lo siguiente esclareció un misterio para los habitantes de esa casa. Los pandas gritan, y no sólo eso, aúllan, gimen y lloran como niñas pequeñas si se les aplica el tratamiento adecuado.
-¿Crees que sobreviva?- preguntó Nabiki no mostrando demasiado interés mientras tomaba una taza de té.
-Eso espero hija…- respondió Soun resignado.
-¿Ya lo perdonaste? Por lo de Akane…
-Si… después de todo Ranma fue a salvarla… ¡Eso mejorará su relación!- dijo sonriendo mientras planificaba donde colocaría los adornos para la boda. –Además… creo que ya está teniendo un castigo más que suficiente.- miró hacía el jardín, de donde provenían los desgarradores gritos del malherido panda.
Rato más tarde Neko Ranma regresó orgulloso a su posición de vigilia a un lado de Akane que aún no despertaba, y no volvió a salir de la habitación. Las luces de la casa se apagaron poco a poco, a medida que los habitantes de la misma se iban sumiendo en sus sueños. Mientras tanto en el jardín, el maltrecho panda colgado de uno de los árboles como si fuera un panal era mecido por el viento. A su alrededor cientos de gatos atraídos por el olor a la sangre fresca que derramaba, jugaban con él como su fuera una piñata. Así entre maullidos de gatos y el sollozo de un muy adolorido panda finalizó el día.
Continuará.
Comentarios de Akane Maxwell: Hola!! Primero, MUCHAS GRACIAS A TREKUMY, por permitirme ser parte de este gran fic. Segundo… me divertí mucho escribiéndolo, espero que ustedes leyéndolo… jejeje…. Bueno… eso… nos leemos pronto!!
Besitos,
Akane Maxwell
Comentarios de Trekumy: Gracias Akane Maxwell!!!! Muchísimas gracias por ayudarme con esto!!! Y a Marilole por la ayuda con la venganza contra Genma, y a Enaka y Ann por revisar la primer parte. Bueno una vez más me disculpo por la tardanza, ahora no más voy a trabajar en el siguiente, trataré tenerlo para mañana. No se imaginan la emoción al ver todas esas hermosas reviews del capítulo anterior… siento que los decepcioné tardándome tanto con este… muchísimas gracias por leer mis historias y espero que se sigan divirtiendo con esta, espero no haber perdido el estilo con el tiempo. Como dije antes la parte que escribió Akane Maxwell es la del entrenamiento en la construcción… le quedó increíble!!! (malditos libidinosos!! Peores que Hapossai… pobre Akane que trauma!!!) Si nos dejan reviews para saber que les pareció se los agradecería muchísimo. Saludos a todos.
