Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.
Día 4: Equilibrio.
Hacía aproximadamente media hora que había despertado, sin embargo permanecía en su cama estática observando a su prometido, quien parecía disfrutar de un agradable sueño y se negaba a romper el abrazo. Al despertar había notado algo extraño, tardó unos segundos en comprender que esa tibieza tan agradable se debía al chico que dormía a su lado abrazándola, y que esa sensación de cosquilleo en su nuca, se debía al aliento de él. Su mente confundida le gritaba que lo golpeara, debía hacerlo volar kilómetros por osar dormir en la cama de una chica, pero algo le impedía despertarlo. No recordaba mucho del día anterior, sólo el alivio que sintió cuando escuchó su voz, la seguridad cuando sus brazos la rodearon, él la había salvado como tantas veces, se convenció a si misma que esa era la única razón por la cual no lo apalearía sin escuchar su explicación. Se lo veía tan sereno y feliz que no pudo evitar sonreír al verlo mientras un delicado carmín se instalaba en sus mejillas.
-Si las cosas fueran diferentes… nosotros… tal vez…- pensó suspirando resignada. -¡El entrenamiento!- exclamó sentándose en la cama al recordar su misión.
-¿Mmm…?- balbuceó el chico despertando por el movimiento de su prometida.
-¡¿LAS ONCE DE LA MAÑANA?! ¡SE ME HIZO TARDE!- gritaba la chica desesperada sacudiendo el reloj despertador como si así pudiera retroceder el tiempo.
-¿Tarde para qué…?- preguntó Ranma sentándose en la cama mientras se restregaba un ojo.
Ambos se quedaron mirando a apenas unos centímetros de distancia, los ojos de Ranma comenzaron a agrandarse de pronto.
-¡¿Q… Que hago aquí?! ¡Y… Yo no!- balbuceaba desesperado agitando sus manos mientras se tiraba de cabeza de la cama y retrocedía aterrado hasta quedar con su espalda apoyada en la pared.
-¡No te voy a golpear!- intentó tranquilizarlo viéndolo rasguñar la pared como un animal acorralado. -¡Sólo dime porque dormiste en mi cama!
-N… no… lo sé… jeje…- rió nerviosamente con una mano en su cabeza. –S… sólo recuerdo que te traje a la casa y había g… gatos… y…
-Neko-ken…- concluyeron al unísono.
-Bien entiendo…- suspiró resignada sin comprender porque se sentía decepcionada. –Ahora vete que tengo que vestirme… ¡Y agradece que no te mande a volar!- finalizó fingiendo molestia.
-¿Mandarme a volar? ¡Deberías agradecer lo que sucedió!- sabía que estaba tentando a la suerte, pero una vez que comenzaba no podía detenerse. –¡Esa es la única forma en la que un chico dormiría con una marimacho violenta como tú!
-¡¿QUÉ DICES?! ¡DESAPARECE AHORA O TE ENSEÑARÉ LOS FRUTOS DE MI ENTRENAMIENTO!- gritó furiosa saltando de la cama y poniéndose en guardia.
-¡¿Frutos de tu entrenamiento?! ¡Ja! ¡Lo único que has logrado es convertirte en una debilucha aún más pechos planos que antes!- sabía que esa no era la forma, pero de alguna manera debía lograr que ella abandonara ese entrenamiento que la estaba matando, lo del día anterior no se volvería a repetir mientras él respirara.
-Grrr…- temblaba furiosa, esas palabras dolían, ella se esforzaba en mejorar y él se burlaba.
-Lo único que estás logrando es debilitarte… ¡Acéptalo! ¡Necesitarías años para llegar a apenas acercarte al nivel de Shampoo!- dijo despreocupadamente con sus brazos detrás de la cabeza.
-¡SAOTOME…!- un escalofrío recorrió su espina cuando escuchó como lo llamó. -¡Sal… de… aquí!- le dijo con una voz terrorífica intentando controlarse. -¡AHORA!- gritó encendiendo su aura como nunca.
"Todo gran guerrero sabe cuando retirarse". Por primera vez en la vida las palabras de su padre eran las justas para la situación, así que aún sin comprender del todo la reacción de su prometida huyó de la habitación.
-¿Qué hice ahora?- se preguntaba aterrorizado mientras corría a su habitación a esconderse debajo de su futón.
El aura se extinguió y con ella toda la ira contenida se transformó en decepción, estaba decepcionada de si misma, las lágrimas no se hicieron esperar. Caminó al espejo de cuerpo entero que había en una esquina, él tenía razón, su reflejo no era el de una guerrera, más bien parecía una piltrafa. Su cuerpo extremadamente delgado y lleno de moratones y heridas, su rostro cansado, demasiado pálido y con grandes ojeras, y se veía bastante bien en comparación a como se sentía. Durante su revisión frente al espejo una zona de su cuello le llamó la atención, uno de los pocos lugares donde no había marcas, aún así sentía algo extraño, fue entonces cuando recordó perfectamente la batalla del día anterior, sobre todo esa asquerosa lengua tocándola, todo su cuerpo comenzó a temblar, cayó de rodillas derrotada, mientras gruesas gotas bañaban su rostro, se sentía sucia, esa asquerosa escena se repetía una y otra vez en su mente, el sentimiento de impotencia, indefensión, vulnerabilidad, regresó en ese instante. Lloró durante largo rato, las lágrimas no borrarían la experiencia, pero no podía detenerlas. Volvió a verse al espejo, se sentía la cosa más insignificante del mundo, pero al menos logró defenderse hasta que llegó él a rescatarla, esa consciencia fue lo que le dio fuerzas para volver a ponerse de pie sin atreverse a pensar en que habría sucedido si Ranma hubiera tardado unos minutos más.
Exhaló frustrada, ese duro entrenamiento había sobrepasado los límites, y no estaba sirviendo de nada, esa mañana estaba perdida, así como el día anterior. Con el paso de los días se sentía más débil, jamás podría vencerla, a ese ritmo no sería capaz de lanzar una patada cuando llegara el día.
-Una semana…- suspiró nuevamente.
Talvez lo mejor sería abandonar ese estúpido entrenamiento y disfrutar al máximo de ese tiempo, de todas formas no lo lograría. Pero los guerreros no se dan por vencidos sin luchar, ella luchó el día anterior a pesar de estar muerta de miedo, gracias a ello logró evitar algo mucho peor, sin saber que hacer se puso uno de los gi nuevos, y luego de darse un baño, bajó a almorzar. Fue un almuerzo extraño para Ranma, por un lado su prometida a su lado comía en silencio, era un alivio que ya no estuviera furiosa, pero estaba tan triste que se le encogía el alma al verla. Su padre estaba muy herido por alguna razón, intentando comer lo mejor que podía sosteniendo los palillos con sus pies ya que tenía los brazos enyesados, y se ponía muy tenso cada vez que él hacía algún movimiento. Nabiki desde hacía rato le insistía con que no olvidara el trato, que el día siguiente tendría que pagarle, y algo sobre un par de conjuntos de encajes que consiguió con el maestro. Kasumi le preguntó si había dormido cómodo, y Soun señalaba que cuanto antes fuera la boda antes les compraría una cama matrimonial, para que durmieran más cómodamente. Observó por novena vez a Akane, esa pequeña discusión no tendría que haberla puesto tan triste, él sólo le había dicho la verdad, seguramente había sido por lo del día anterior, a él aún le hervía la sangre al recordarlo.
-Debió ser demasiado duro para ella… luego me disculparé, talvez así logre alegrarla un poco… cualquier cosa antes que verla así…- suspiró acabando con su almuerzo.
-¡Tío Genma!- llamó Akane a su sensei colocando el tazón vacío sobre la mesa. –¡Quiero que comience a entrenarme enserio!- exigió viéndolo con decisión. -¡Como con Ranma! ¡Quiero una batalla contra usted!
Nabiki se retiró de la mesa a su habitación mientras Kasumi llevaba a la cocina los trastos sucios.
-Eh… yo…- balbuceaba el hombre sudando copiosamente mientras veía a su hijo con temor.
"¡Le pones un dedo encima y te mueres!" Las palabras que su hijo le dijera hacía días retumbaban en su cabeza, eso sumado a la golpiza del día anterior lo hacía temer por su vida. Debía dar una excusa, y pronto.
-M… mira Akane… yo…- intentaba pensar algo coherente mientras Soun y los muchachos lo miraban atentamente. –El estilo de la escuela Saotome se especializa en… en… ¡lucha aérea! ¡Si eso es!- continuó emocionado felicitándose en silencio por su gran idea. -¡Hasta que no domines el cielo no podré entrenarte más a fondo!- sentenció orgulloso sabiendo bien que ese día no llegaría pronto.
-¡Lo haré!- exclamó Akane demostrando mayor seguridad de la que en realidad sentía. No podía amedrentarse en esos momentos, debía dar su mejor esfuerzo aunque supiera de antemano que todo sería inútil.
-¡Oh vamos Akane! ¡Si no puedes dar un pequeño salto hasta el techo ¿Cómo crees que dominaras la lucha en aire?!- dijo en tono burlón Ranma, olvidando por completo sus intensiones de disculparse al verla regresar a la normalidad.
-¿Y a ti quien te preguntó? ¡Baka!- las palabras de Ranma llevaban mucha verdad y eso era lo que más dolía.
-¡Yo digo lo que quiero y cuando quiero! ¡Marimacho!
-¡Sal de mi vista idiota o…!
-¿O qué… me golpearas? ¡Debilucha no podrías hacerme daño aunque estuviera atado y con los ojos cubiertos!- supo inmediatamente que debió callarse cuando sintió el aura de ella encenderse.
-¡TE… O…DIO!- gritó mientras creaba un nuevo agujero en el techo de la sala, con el cuerpo de su prometido.
-¡Niña bobaaaa…!- fue lo último que Genma y Soun escucharon de boca del chico, mientras veían como Akane desaparecía su mazo intentando calmarse.
-Vamos a entrenar…- dijo con una mirada furibunda dirigida a su tío, quien en estos momentos intentaba huir desesperadamente mientras se quitaba los molestos vendajes que lo retrasaban.
No había llegado al corredor cuando un balde de agua fría, muy fría casi helada cayó sobre él. Inmediatamente sintió como era elevado en el aire bruscamente.
-¡Nos vamos a entrenar!- sentenció Akane, mientras su padre asentía asustado viéndola salir al patio con el panda sobre sus hombros como si se tratara de una bolsa de patatas.
En tanto Ranma había caído justo en medio de una jauría de gatos hambrientos que maullaban estrepitosamente mientras se lanzaban hacía su rostro por alguna razón. En medio de gritos desesperados y llanto que nadie escuchó, Ranma luchaba por librarse de esos aterradores monstruos de afiladas uñas. Pero eran demasiados, y por más esfuerzos que hizo por salir de allí con un mínimo de consciencia, en el momento en que uno de los gatos mordió su nariz todo se volvió oscuro y confuso.
-Es… to… es imposible…- pensaba Akane intentando contener las lágrimas mezcla de dolor y frustración mientras saltaba una y otra vez con el panda, ya dormido, a cuestas. –Jamás llegaré al techo… ¡Apenas puedo despegar los pies del suelo…!
Escuchó un distorsionado maullido, a pesar de encontrarse rodeada de gatos que maullaban como si sus vidas dependieran de ello, no le costó en absoluto identificar de quien se trataba. Sin dejar de saltar le prestó atención a su prometido que caminaba en cuatro patas a su alrededor intentando descifrar que sucedía. Volvió su atención al techo unos minutos hasta que un nuevo maullido de él le llamó la atención, se detuvo a verlo y él sin ningún esfuerzo saltó graciosamente hacía el tejado, sentándose luego en el borde y llamándola con sus maullidos. Un cúmulo de emociones encontradas se agolparon en su pecho, de un solo salto y partiendo de una posición tan poco natural para un humano, Ranma había llegado al tejado sin esfuerzo, eso la deprimía mucho más. Pero no podía culparlo, comprendía que él sólo intentaba enseñarle, inconscientemente él deseaba entrenarla, y saberlo la llenaba de una gran ternura. Continuó intentándolo sin éxito, a pesar del aliento que Ranma le daba desde el tejado no sólo no lograba saltar más alto sino que el cansancio estaba descompasando sus movimientos, hasta que al caer de un salto pisó mal y se fue al suelo con panda y todo. Ranma asustado saltó al suelo nuevamente y comenzó a arañar con ferocidad al enorme panda que estaba aplastando a su compañera. El adormilado panda huyó lo más rápidamente que pudo, entonces Ranma notó que ella aún de cara al suelo temblaba levemente.
-¿Miau?- preguntó confundido al oirla sollozar.
El sollozo se convirtió en doloroso llanto cuando levantó su cabeza y vio los ojitos preocupados de su prometido.
-¡No lo voy a lograr! ¡Jamás lo lograré!- se desahogaba Akane en medio del llanto viendo como los ojos de su prometido se cubrían de tristeza. -¡Shampoo es muy fuerte! ¡Tienes razón! ¡No la derrotaré! ¡Todo está perdido! Me doy por… vencida…
Volvió a cerrar sus ojos, las lágrimas caían libremente, sabía bien que darse por vencida implicaba renunciar a mucho más de lo que imaginaba. Su corazón, su alma, su orgullo, su honor, estaban heridos en lo más profundo.
-Tengo… miedo…
Entonces lo sintió, una cálida y agradable sensación en su húmeda mejilla. Abrió los ojos lentamente para encontrarse el rostro de su prometido pegado al suyo. Ranma estaba mimándola, pasaba su nariz y mejilla por el rostro de ella en una dulce caricia, mientras ronroneaba muy bajito. Instintivamente se separó de él, tensándose completamente mientras esa odiosa sensación del día anterior regresaba a ella. Entonces vio sus ojos, en ellos sólo había cariño, y el corazón volvió a entibiársele, la molesta sensación desapareció, no pudo evitar sonreír enternecida, ese chico que en estos momentos respondía a su sonrisa le pareció el ser más dulce del mundo.
-Gracias Ranma…- le susurró mientras le besaba suavemente la frente.
Los ojitos de Ranma se iluminaron por la emoción, comenzó a dar pequeños saltos frente a Akane, que lo observaba divertida. Luego subió al muro de la casa y comenzó a maullar felizmente mientras algunos gatos se le unían. Akane se puso de pie con una sonrisa, secó sus lágrimas mientras observaba feliz a su prometido, él no tenía idea de cuanto bien le había hecho, le había recordado que mientras él estuviera a su lado ella podría hacer lo que fuera, superar cualquier obstáculo, la seguridad regresó a ella. Tomó la firme decisión de dejar de pensar en lo que sucedería, y concentrarse en el presente, disfrutaría del entrenamiento sin importar lo que sucediera luego.
-No importa lo que suceda, nadie me quitará este recuerdo.- pensaba con una sonrisa viendo a su, prometido jugar con unos pequeños gatitos alegremente, a sabiendas de lo arisco que solía ser con los demás felinos durante el trance.
-¡Akane! ¡Ven aquí! ¡Vamos a entrenar!- la llamó Genma ya convertido en humano extrañamente animado.
Al llegar al lugar indicado acompañada de Ranma, Genma le señaló una cuerda que estaba atada en lo alto, desde una de las ramas de un árbol hasta el tejado.
-No puedes darte el lujo de caer durante un combate.- dijo seriamente el hombre, mientras Akane bajaba la mirada apenada por el incidente de minutos antes. –Si te logran tirar, habrás perdido la batalla.- continuó el hombre acomodando sus gafas –El equilibrio es fundamental para todo artista marcial. ¡Así que hoy entrenaremos tu equilibrio!- finalizó señalando la cuerda en lo alto.
-E… entiendo… pero yo… ¿No querrá que suba allí y camine por esa cuerda? ¿Verdad?- preguntó temerosa, imaginando cuanto podría doler una caída desde esa altura.
-Claro que no pretendo que sólo camines por esa cuerda…- respondió con una sonrisa. –¡Muerde el mango de esta cuchara!- ordenó mientras le enseñaba el cubierto.
-¿Mmm…? ¿Así?- preguntó ella con la cuchara en la boca intentando deducir que relación tendría eso con el entrenamiento.
Su sensei colocó un huevo en el otro extremo de la cuchara, ante la interrogante mirada de ella.
-Camina por esa cuerda sin dejar caer el huevo.
-¡¿QUE?!- gritó escandalizada dejando caer la cuchara con huevo y todo.
Ranma en un rápido movimiento se colocó boca arriba entre ellos tomando el huevo con sus patas delanteras, maullando alegremente por su hazaña. Genma con cuidad tomó el huevo de las manos de su hijo.
-¡¿SE VOLVIÓ LOCO?! ¡YO NO PUEDO CAMINAR POR ALLÍ! ¡Y MENOS SIN DEJAR CAER ESE HUEVO!- gritaba fuera de si Akane, mientras Ranma lentamente se alejaba presintiendo el peligro. -¡Estoy cansada de sus locuras! ¡Lo de los chitas fue muy grave, pero lo de ayer fue demasiado! ¡Si no hubiera sido por Ranma no se que me hubieran hecho esos tipos! ¡¿Y ahora pretende que me mate cayendo desde esa altura?! ¡¿Qué sigue, ahogarme en el océano?!- Genma y Ranma escondidos detrás de un árbol la observaban temblorosos. -¡Ranma tenía razón! Pedirle que me entrenara fue una locura…- concluyó un poco más calmada.
-Ese hijo mío es un ingrato…- comenzó a decir el hombre del turbante saliendo de detrás del árbol. –Pero este entrenamiento es lo que lo convirtió en un gran guerrero… el camino del artista marcial nunca es sencillo…- acomodó sus gafas dando un par de pasos más hacía ella. -Si no tienes el valor para enfrentar un entrenamiento… ¡Jamás lo tendrás para enfrentar a tu enemigo! ¡Perderás la batalla por temor!
Esas palabras le calaron hondo, Akane Tendo no era una cobarde, enfrentaría a Shampoo o a cualquiera que se pusiera en el camino, no perdería esa batalla por no haberla luchado. No tenía porque caer, si lo hacía bien, si lograba concentrarse no habría problema. Con la cuchara y el huevo en el bolsillo del gi comenzó a trepar el árbol.
-Akane…- la llamó Genma, cuando ella logró llegar a la cuerda. –Sólo podrás fallar dos veces.
-¿Sólo dos veces…? ¿Porqué?- preguntó confundida mientras en lo alto colocaba el huevo en la cuchara.
-Porque Kasumi sólo me dio tres huevos.- respondió tranquilamente, mientras a su lado cayó desde lo alto el pobre huevo haciéndose pedazos. –Mmm… sólo una entonces.- señaló observando detenidamente el lamentable final de dicho huevo.
Luego de bajar a buscar otro huevo y volver a subir se concentró en su cometido, cruzaría esa cuerda sin posibilidad a distracciones, mientras se concentrara y no escuchara las tonterías de su maestro lo lograría. El tiempo pasaba y aún no se atrevía a dar el primer paso, se sentía demasiado insegura, se daba cuenta del gran control que necesitaría, debía mantenerse en equilibrio en esa cuerda que seguramente se movería demasiado, no podría ver donde colocar sus pies, y debía prestar atención a no hacer movimientos demasiado bruscos para no tirar el huevo. Una hora más tarde Akane se encontraba a mitad de camino, cada movimiento era calculado con precisión, haber llegado hasta ahí había consumido mucha de su energía, pero se sentía satisfecha, podría lograr cualquier cosa si se lo proponía. Decidió ver hacia abajo, era consciente que no debía, pero el no escuchar a Genma o Ranma la estaba preocupando. Lo que vio no sólo la hizo tirar el huevo, sino que también perdió el equilibrio, instintivamente se sostuvo de la cuerda a último momento con su brazo derecho, quedando colgada en las alturas meciéndose como un péndulo. Pero en esos momentos Akane estaba más sorprendida por lo que había visto que preocupada por su actual situación. Allí debajo sentado en el pasto, disfrazado de anciana con peluca blanca y todo Genma tejía una mantita, mientras Ranma a su lado jugaba alegremente con las madejas de lana.
-¡¿Q… Qué rayos haces Tío Genma?!- preguntó entre confundida y ofuscada aún colgada en lo alto.
-Por las noches se pone muy frío en esta época.- respondió tranquilamente -¡Ah… y sólo te queda un intento!- recordó continuando con su labor.
-¡Si… lo sé…!- Akane suspiró frustrada. -¡Ranma! Michi michi… ven gatito.- lo llamó consiguiendo que en cuestión de segundos Neko Ranma subiera al tejado y caminara sin problemas por la cuerda hasta llegar a ella para ayudarla.
A pesar del cansancio la tercera fue la vencida, logró llegar al otro extremo de la cuerda en aproximadamente cuarenta y cinco minutos, con el último huevo intacto. Luego de festejar su victoria con un muy amistoso Ranma decidió regresarlo a la normalidad.
-Supongo que serías una buena compañía para cuando decida tejerte algo… que luego no usarás… criticarás… y ni siquiera adivinarás que intenté tejer…- hablaba con suavidad Akane, mientras acariciaba el lomo de Ranma que se acomodaba en su falda. –Talvez debería dejarte como gato para siempre… así eres más tierno…- bromeaba mientras Ranma ronroneaba agradecido. –Esta fobia debe ser muy desagradable para ti… supongo que lo que sentí con todos esos tipos acosándome es algo parecido… pobrecillo… imagino que sufres mucho con todos esos gatos alrededor de la casa. Descuida, encontraré la forma de que no te afecte tanto.
Con esa promesa en mente continuó viendo las estrellas desde su posición frente al estanque. Finalmente se sentía bien, incluso feliz, y todo gracias a ese chico que dormía sobre sus piernas, el único que podía destruir y reconstruir su mundo en cuestión de segundos. El único por quién merecía la pena luchar.
Continuará.
Hola!! ¿Cómo les va?
Este capítulo quedó re cortito en comparación al anterior… es un poco extraño, sólo espero que les haya gustado, lo tenía a medio escribir desde hacía como una semana.
¿Alguien tiene idea de que le está sucediendo a Akane? Ya he dado montones de pistas, sino no desesperen, en el siguiente día todo se va a descubrir.
Tuve problemas describiendo el estado post traumático de Akane luego del acoso que recibió antes, no soy muy buena con las emociones o los traumas… lo siento… y sé que no debería sacarle el trauma tan pronto ni de una forma tan tonta, pero necesitaba a la Akane fierecilla que puede con todo de vuelta y pronto…
Muchas gracias por los reviews… intenté tener este pronto para compensar la anterior demora.
Mil gracias por dedicarle tiempo a mis historias, significa mucho para mi que pasen un rato agradable leyendo lo que yo escribo.
Saludos, nos leemos prontito.
El lunes arranco a estudiar!!! Que emoción!!! (dentro de dos semanas voy a estar deseando volver a tener vacaciones… pero ahora estoy emocionada.)
Trekumy.
