Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.
Día 5: Aprender a caer.
Abrió sus ojos rápidamente al escuchar la estruendosa alarma del despertador, encontrándose con la más absoluta oscuridad. Pestañeó un par de veces asegurándose que realmente sus ojos estaban abiertos, y el pánico la invadió.
-¡No puede ser! ¡Aún no! ¡Por favor… aún no estoy lista…!- suplicaba mientras buscaba con desesperación el interruptor de la luz en la pared.
Al encontrarlo lo accionó y exhaló aliviada al verse deslumbrada por la intensa luz.
-Debo entrenar muy duro…- reflexionó comenzando a vestirse rápidamente.
Minutos más tarde Akane estaba corriendo por las calles de Nerima, con el exo-esqueleto equipado y una chuleta atada a su espalda. Los hambrientos perros no tardaron en comenzar a perseguirla, se veían feroces, le gruñían muy molestos mientras corrían a toda velocidad detrás de ella, y eso no era todo. El segundo día que salió a correr había descubierto que para salir bien librada de su entrenamiento no sólo debía correr más rápido que esos perros, también debía estar lo suficientemente atenta para esquivar a los que salían de los callejones a su paso. Su tarea se dificultaba mucho tomando en cuenta que aún no amanecía y las débiles luces de la calle apenas le permitían ver bultos cuando estaban demasiado cerca. Sin embargo el duro entrenamiento poco a poco daba sus frutos y logró que al cabo de una hora ninguno de esos animales la hubiera tocado. Pronto se hizo de día y Akane emprendió la vuelta a la casa, cuando sólo faltaban dos cuadras para llegar se detuvo de improviso, volteando inmediatamente a ver a los únicos tres perros que habían persistido en la persecución, y que en esos momentos ya estaban saltando hacía ella. Logró esquivar sus ataques con agilidad, y arrancando la chuleta de su espalda se la mostró a los animales.
-¡Lo siento chicos pero sólo uno de ustedes va a comer!- exclamó sacudiendo la carne frente a ella, mientras la gente que pasaba a su lado comenzaba a caminar rápidamente intentando alejarse de la chica loca que hablaba con los perros.
Dos de los perros se lanzaron como locos hacia el trozo de carne, Akane los esquivaba fácilmente. Realmente se estaba divirtiendo, le servía como entrenamiento y además se sentía bien, esos perros eran muy resistentes, realmente los admiraba por haberla perseguido durante una hora y media sin abandonar como los demás, pero sólo uno sería el elegido. Estaba tan distraída esquivando a los dos perros que no notó cuando el tercero hábilmente le quitó la chuleta de la mano.
-¡Increíble… no me di cuenta de cuando se me acercó tanto!- pensaba Akane mientras observaba al perro que se había alejado unos metros para devorarse la carne con ferocidad.
Lo observó detenidamente, no sólo era resistente, también había sido lo suficientemente inteligente para esperar el momento en el que ella tuviera la guardia baja para arrebatarle la comida. Una sonrisa se dibujó en sus labios.
-¡Lo encontré!- exclamó emocionada.
Pero los otros perros no estaban tan emocionados, gruñían furiosos al ganador quien sin prestarles atención continuaba con su comida. No supo porqué esos perros le recordaron a Mousse y Ryoga, en sus peleas contra Ranma. Ambos perros se lanzaron a traición dispuestos a acabarlo, pero Akane fue lo suficientemente veloz para interponerse entre ellos, aunque no logró más que detener una de las fauces con su brazo. Mientras el perro hundía más sus dientes en su tierna carne, Akane con sus ojos fuertemente cerrados, e incapaz de mantenerse en pie por el dolor, cayó de rodillas maldiciendo mentalmente la genial idea que había tenido. Demasiado tiempo cerca de Genma talvez… Entonces escuchó un gruñido detrás de ella, abrió sus ojos con dificultad sabiendo que, herida como estaba tendría suerte si lograba salir con vida de allí. Sacudió el brazo con fuerza intentando desprenderse al perro, logrando sólo que la piel se desgarrara aún más, veía como el otro perro se preparaba para atacarla, y los gruñidos del gran perro negro que había comido la chuleta cada vez se escuchaban más cercanos. El perro que estaba al frente se lanzó hacía ella dispuesto a atacarla, pero un manchón negro desvió su ruta, segundos más tarde logró distinguir lo que sucedió. El perro negro había mordido al otro en la pata, luego de gruñir molesto el perro herido se retiró rengueando. Akane logró deshacerse del perro que la mordía, el cual al encontrarse en desventaja se fue.
-M… me… salvaste…- dijo con una sonrisa al perro negro, mientras apretaba con fuerza su brazo en un inútil intento por detener la sangre.
Había algo en la mirada de ese animal, algo que le recordaba a su prometido, y eso realmente le inspiraba confianza, así que con cuidado acercó su mano a él.
-Ven amigo… necesito un favor…- le dijo dulcemente con una sonrisa, mientras veía como el animal se acercaba con precaución a su mano.
-Me gustaría que ayudaras a un amigo…- le dijo alegremente cuando el perro permitió que ella lo acariciara.
Minutos más tarde regresaba a la casa acompañada por el perro quien con un par de ladridos logró hacer desaparecer a todos los gatos de la entrada.
-Supongo que mis ladridos de la otra mañana no fueron muy convincentes…- reflexionó ella asombrada por no ver ni escuchar a ningún gato.
Ranma había despertado extrañamente temprano esa mañana, seguramente debido a que se había dormido apenas anocheció, cosa que no recordaba, de hecho recordaba muy poco del día anterior, sólo el almuerzo y un enorme mazo dirigiéndose a su cabeza.
-¡Violenta marimacho! ¡Se la pasa golpeándome sin motivo!- exclamaba molesto mientras bajaba la escalera.
Al llegar a la sala la encontró sentada en el pasillo, con cara de sufrimiento limpiando la herida de su brazo.
-¿Q… Que te pasó?- preguntó preocupado viendo lo algodones usados regados por el suelo, empapados en sangre.
-N… no es nada…- respondió mientras colocaba un extremo de la gasa en su boca intentando mantenerlo quieto mientras se vendaba el brazo.
La observó un rato, esa batalla incansable que su prometida libraba contra la venda le resultó extrañamente hipnotizante, pero cuando la escuchó resoplar frustrada despertó del trance. Sentándose frente a ella tomó el brazo lastimado con cuidado, y comenzó a deshacer las fuertes ataduras que ella había realizado a las vendas, que más que aliviarla estaban lastimándola aún más. Una vez que la herida estuvo descubierta la analizó con cuidado.
-¿Mordidas?- preguntó viéndola a los ojos, mientras ella desviaba la mirada. -¡¿Volviste a exponerte a ese estúpido entrenamiento?!- volvió a preguntar molesto sin lograr que ella lo mirara. -Abandona el entrenamiento…- sugirió calmándose un poco, mientras comenzaba a vendar el brazo con mucho cuidado.
-No puedo…- respondió ella enfocando la vista en el trabajo que el chico realizaba.
-¿Por qué?- preguntó sin verla.
-Porque… no puedo…- exhaló frustrada, él menos que nadie podía enterarse.
-Escúchame…- habiendo terminado su labor la miró a los ojos –Cualquier problema que tengas sabes que yo…
-Ya le di agua y comida.- avisó alegremente Kasumi entrando al corredor. -¡Oh! Buenos días Ranma.- saludó al chico.
-B… buenos… buenos días Kasumi… ¿A quién le diste agua y comida?- preguntó confundido.
-A tu perro…- respondió dirigiéndose a la cocina.
-¿Mi perro?
-¡Debo ponerme el uniforme!- exclamó Akane huyendo de las preguntas del chico.
Ranma se asomó al jardín intrigado, y allí vio al enorme perro negro que yacía echado tranquilamente en el pasto. Una conexión de ideas lo llevó a deducir algo.
-¡Tú la mordiste!- gritó señalando muy molesto al presunto agresor de su prometida.
El perro respondió a la acusación con un bostezo, y continuó echado sin prestarle atención al chico loco que continuaba señalándolo. Durante el desayuno Kasumi no paraba de darle indicaciones a Ranma sobre cuidados de un perro como las vacunas, los baños, alimentarlo sacarlo a pasear, etc.
-¡No es mi perro!
-Vamos Ranma yo te ayudaré a cuidarlo…- intentaba calmarlo Akane.
-¡Cuídalo tú! ¡Tú lo trajiste!- espetó el aludido provocando que el aura de Akane se elevara y rompiera sus palillos en un esfuerzo por contener la ira.
-O sea que estás despreciando un regalo de Akane…- comentó Nabiki divertida echando algo más de leña al fuego.
-Eh… yo…- balbuceó Ranma sintiéndose culpable.
-¡El perro es el mejor amigo del hombre!- comentó Soun.
-¡Así es Tendo! ¡Son una gran compañía para el guerrero en entrenamiento!- secundó Genma alegremente.
-¡Tú cállate, nunca tuviste un perro!- ordenó Ranma volviendo a molestarse.
-Si tuve uno, ¿recuerdas aquel perro café que encontramos en los basureros?
-¡Idiota! ¡Ese no era tu perro! ¡Sólo peleabas con él por la comida!
-Pues resultó un gran entrenamiento…
-Me voy a la escuela, adiós…- dijo Nabiki ya con su portafolio saliendo de la sala.
-Que te vaya bien Nabiki.- la despidió Kasumi.
-¡Nosotros también debemos irnos! ¡Vamos Ranma, date prisa!- exclamó Akane yendo a buscar sus cosas.
Sólo cuando salieron de la casa, Ranma se percató de la ausencia de los gatos.
-¿Eh… que pasó?- preguntó Ranma mirando hacia los lados desconcertado.
-¿Por qué crees que iba a traerte un perro?- preguntó Akane pasando a su lado, aún molesta.
-G… gracias…- respondió apenado al lograr comprender las intensiones de su prometida. -¿Fue él quien te lastimó?
-¡Claro que no! Yo… fui atacada por un par de perros y él me salvó…- respondió deteniéndose delante de él, nunca le contaría la razón por la cual los perros la atacaban o se ganaría un interminable sermón.
-¡¿Él te salvó?!- preguntó conmocionado sintiéndose aún más culpable que antes.
-¡¿Estás sordo o qué?! ¡Vamos date prisa o llegaremos tarde!- diciendo esto comenzó a correr rumbo a la escuela.
Durante las clases Akane tenía dificultad para seguir al profesor, primero por sus condiciones actuales y segundo por los estruendosos ronquidos de su prometido.
-¿Cómo pude pensar en pedirle los apuntes de la clase a Ranma?- pensaba resignada mirando de reojo al chico.
Mientras tanto Kasumi estaba frente a la residencia Kimura.
-Pasa querida.- la invitó la regordeta mujer desde la puerta.
-Muchas gracias señora Kimura.- dijo con su dulzura habitual Kasumi accediendo a la invitación. –Le traje este pastel de bienvenida al barrio, debí hacerlo antes pero las cosas han estado un poco alegres en la casa.- explicó mientras recorría con la mujer la casa.
-Si lo he notado querida, siempre hay mucha actividad en tu casa, sobre todo por un ruidoso muchacho que se pone a gritar en la entrada.
-Oh… ese es el buen Ranma.- informó Kasumi.
Llegaron hasta el jardín de la casa, allí encontraron a Kimura, un hombre mayor, calvo, con una larga barba, vestido como un monje budista. Junto a él un joven rubio de la edad de Ranma, muy delgado y alto, con sus ojos vendados lanzaba golpes erráticos al aire.
-¿Quién es el joven?- preguntó Kasumi intrigada.
-Es nuestro nieto Anthony, viene de Estados Unidos, mi esposo le enseña kung fu.- respondió la mujer sirviendo un poco de té.
En tanto en la escuela ya era la hora del almuerzo y Ranma buscaba desesperado a Akane.
-¿Dónde se metió ahora? No estaba almorzando con las chicas- pensaba molesto mientras recorría los pasillos-. Ella llevó a ese perro sólo para ayudarme y yo me enfadé… debería disculparme… ¡pero no aparece por ningún lado!
Mientras tanto en el techo de la escuela, Akane y Genma charlaban.
-¿Aprender a caer?
-Así es, todo gran guerrero debe saber caer adecuadamente, una vez en el suelo se puede hacer una gran cantidad de contraataques, por eso lo que hoy te enseñaré es de vital importancia.- señalaba Genma mientras comía disimuladamente el almuerzo de la joven.
-¿Y porqué no esperó a que llegara a la casa para entrenarme?- preguntó viéndolo con desconfianza. –Es decir… quiero entrenar lo máximo posible, pero me resulta extraño.
-Porque este es el lugar perfecto para el entrenamiento.
-¿A si? Pues deberíamos comenzar pronto, en un rato deberé volver a clase.
-¡Descuida no tardaremos nada!- diciendo esto la tomó por la cintura levantándola del suelo. –Ahora… ¡Cae!- y la lanzó por encima de la reja de seguridad hacía el precipicio.
-¡AAAAHHH!- gritaba mientras caía del edificio, sin tener tiempo siquiera de pensar la situación.
Ese grito y la sombra que se vio en la ventana de algo cayendo, lo alertó cuando estaba por regresar a su salón resignado a no encontrarla. Claro que reconoció ese grito y en un instante se estaba lanzando por la ventana del tercer piso. Siempre se dormía en las clases de física y jamás prestó atención a esas tontas flechitas que llamaban vectores y que a pesar de ser tan simples conllevaban engorrosos cálculos, pero su instinto lo hizo colocarse erguido con los brazos pegados a su cuerpo, y su cabeza apuntando al suelo, para ganar más velocidad que su prometida. Cuando al fin la alcanzó, la sostuvo fuertemente contra él con un brazo mientras apoyaba el otro en el suelo pudiendo así con un salto y una vuelta caer de pie. Akane en sus brazos respiraba agitadamente con una mano en el pecho, mientras que él aún continuaba estático sin saber que decir primero.
-Q… que… ¡¿QUE RAYOS PASÓ?!- le gritó Ranma de forma histérica sin poder controlarse.
-E… el tío… entrenamiento… caer…- balbuceaba confundida Akane.
-¡¿Te prestaste a ese entrenamiento?!- le gritó Ranma comprendiendo a que se refería. -¡Un momento! ¡¿Oyaji te lanzó desde el cuarto piso?!- preguntó mirándola con los ojos muy abiertos.
-Desde el techo…- respondió algo confundida aún.
El rostro de Ranma se transformó, a uno que daba miedo, mucho miedo, consciente de que su padre ya había huido llevó a su prometida aún en brazos hasta el salón colocándola delicadamente en su silla. A pesar de la tentación de hacer algún comentario el resto de los alumnos se mantuvieron al margen, ya que la cara y el aura flameante de Ranma les daba a entender que no estaba de buen humor. Las clases de la tarde trascurrieron normalmente a excepción de que Ranma estaba sentado sólo a mitad del salón, con su aura ardiendo al máximo y el resto de los alumnos atiborrados contra las paredes en un intento por evitar la combustión espontánea de sus bancos.
-¡Te prohíbo que sigas entrenando!- ordenó Ranma aún molesto mientras caminaba por la cerca de vuelta a la casa.
-¿Qué dijiste?- preguntó Akane caminando por la acera viéndolo con incredulidad. -¡¿Quién se supone que eres tú para prohibirme algo?!
Ranma se detuvo viéndola de reojo un instante, y luego ignorando la pregunta continuó caminando.
-Hablaré con el viejo, si queda algo de él luego de la paliza que planeo darle, claro está.
Ahora fue Akane quien se detuvo, conocía bien el temor que Genma le tenía a su hijo, y sabía que Ranma podría "convencerlo" de no entrenarla con mucha facilidad.
-¡No te atrevas!- exigió retomando su camino mirando con decisión hacia el frente.
-¡Ja, que miedo!- se burló el chico.
-Si impides que continúe mi entrenamiento… desapareceré de tu vida para siempre.
Las palabras de Akane sonaron muy serias para tomarlas como una broma.
-¿De que hablas?- preguntó preocupado bajando de la cerca para caminar a su lado.
-¡De que voy a continuar mi entrenamiento digas lo que digas!- respondió fingiendo molestia, no podía contarle la verdad.
-¡Como quieras! ¡Veamos quien te salva del siguiente entrenamiento que te ponga mi padre, porque yo no pienso preocuparme más por ti!- espetó molesto sin creer en sus propias palabras, y de un salto regresó a la cerca,
En el Neko Hanten Shampoo limpiaba las mesas con cara de molestia.
-¡Shampoo no entender porque haber hechizado chica violenta! ¡Shampoo ser capaz de vencer sin necesitar eso!
-Puedes vencerla… pero no puedes tener al yerno… por eso la hechizamos.- explicó pacientemente Cologne, mientras contaba el dinero de la caja registradora.
-¡Eso no funcionar! ¡Pasar cinco días ya, y airen no venir a pedir mano de Shampoo!
-Seguramente esa chica obstinada lo está ocultando, pero pronto será demasiado evidente… y en caso de que no se rinda, aún tenemos el combate.- recordó la anciana. –Descuida Shampoo, este plan no tiene fallas, Akane Tendo tendrá que entregarnos al yerno si no quiere arruinar su vida para siempre.
-Shampoo no saber que pensar…
Al llegar a la casa Akane fue a su habitación a ponerse el gi para comenzar a entrenar, mientras tanto Ranma entró a la cocina. Minutos más tarde con 5 kilos de carne de todos los tipos y una cuerda, salió rumbo a la sala con cara de asesino psicópata. Tal como lo supuso su padre estaba allí jugando shogi con Soun, sin darle tiempo a nada ató al hombre con la cuerda y la carne a su alrededor y se lo llevó al patio ante la desconcertada mirada del patriarca Tendo.
-Vamos a entrenar… papá…- la voz de ultratumba de su hijo lo alertó, e intentó zafarse sin éxito.
Luego de subir al techo de la casa comenzó jugar con su padre como si fuera un yoyo, dejándolo caer hasta el suelo y volviendo a subirlo. El perro que estaba echado en el patio sintió el olor de la carne así que poco a poco se acercó al yoyo humano, intentando alcanzarlo cuando bajaba. Las súplicas y los gritos de terror y dolor de Genma resonaron en toda la cuadra, llegando a los oídos de Akane que partía ladrillos en el dojo.
-¡¿Qué estás haciendo Ranma?!- gritó Akane al llegar al jardín y ver la escena.
-¡Juego!- respondió divertido.
-¡Bájalo de ahí inmediatamente!- ordenó Akane preocupada por los ojos en espiral y la espuma que salía por la boca de su sensei.
-Bueno.- accedió el chico soltando la cuerda, luego bajó de un salto para hablar más tranquilo con Akane.
Mientras el perro mordía, rasguñaba, y desgarraba con sus fauces al hombre del turbante que lloraba y gemía pidiendo socorro, los chicos charlaban.
-Oye Akane… muchas gracias por el perro… me agrada mucho.- dijo con una franca sonrisa. –No sólo mantiene alejado a los gatos… también sabe como hacer llorar a papá.
-Me alegro que te agrade Ranma.- respondió algo sonrojada. –Debes ponerle un nombre, no puedes llamarle "perro".
-¿Uhh… y porqué no?
-¡Porque de ahora en más será tu compañero! Merece un nombre… ¡Y que sea bonito!
-¿Bonito?
-¡Ranma ven aquí! ¡Tengo todo listo para que me pagues tu deuda!- lo llamó Nabiki asomándose por la ventana de su cuarto.
-S… si… ya voy…- respondió el chico sintiendo como un escalofrío le recorría la espina. –¡Y tú!- se acercó a su padre. -¡Si pretendes continuar entrenando a Akane, al menos deja de intentar matarla!- le ordenó mientras le daba una fuerte patada en las costillas.
Akane siguió con la mirada a Ranma que se metía en la casa, cuando él desapareció ayudó a Genma a ponerse de pie y quitarse la carne para que así continuara entrenándola, en tierra firme claro está. Mientras Akane arrastraba al dojo a su tío, Ranma en su habitación temblaba con el rostro desencajado viendo el conjunto de brasiere y bikini rosa que Nabiki había colocado sobre el futón.
-Vístete- ordenó Nabiki desde la puerta. é en dos minutos.- diciendo esto salió dejando al chico encerrado con un balde de agua fría.
En el dojo, Akane arremetía contra los pobres bloques de concreto con fuerza, mientras Genma intentaba curar sus heridas.
-Realmente necesito que me entrene…- dijo Akane deteniéndose de pronto, sorprendiendo a Genma. –Por favor… no tengo mucho tiempo… - lo miró con los ojos empañados.-Ayúdeme…
-¿Qué te está sucediendo Akane?- preguntó el hombre poniéndose serio.
En la habitación de Ranma la sección de fotografía se estaba extendiendo más de lo previsto.
-¡Creí que sólo serían dos fotografías!- exclamó Ranma molesto luego de la quinta foto, y muy sonrojado por su atuendo.
-Supuse que querrías saldar tus otras deudas…- respondió Nabiki tomando más fotos.
Ranma no tuvo más opción que suspirar resignado. Nabiki hizo un par más de fotografías y luego exclamó un "terminé" que más parecía un grito, Ranma no llegó a extrañarse por eso cuando escuchó una odiosa voz.
-¡Chi que chi! ¡Ahora me toca a mi Ranma!- Hapossai salió de dentro de algún cajón para lanzarse sobre Ranma.
-¡Viejo libidinoso! ¡¿Qué demonios hace aquí?!- preguntó Ranma mientras hábilmente lo esquivaba.
-¡Le pagué cinco mil yens a Nabiki para poder verte con uno de mis conjuntos!- explicó el anciano volviendo a lanzarse hacia Ranma -¡Ahora sé un buen discípulo y ven a darle un abrazo a tu maestro!
-¡Aghh… Nabiki me las pagarás!
En tanto, Akane salía del dojo con Genma siguiéndola.
-¡Maldición ya es de noche!- espetó Akane bajito comenzando a caminar por el jardín.
-¡Si no me dices que sucede no podré ayudarte!- replicaba el hombre realmente preocupado.
-¡Limítese a entrenarme coherentemente!- aumentó la velocidad del paso intentando perder a su sensei.
-¡Oye Akane, cuidado con el…!
Ya era tarde, Akane cayó sentada en el suelo con la mano tapándose la cara, ya que se había golpeado la nariz con el enorme árbol que había en el jardín. Genma se acercó preocupado porque la chica no se ponía de pie.
-¿Akane estas bien? Debes prestar más atención o…- iba hacer un chiste, pero al escucharla sollozar se detuvo. -¿Qué sucede?
-¡Nada!- orgullosa se puso de pie e intentó llegar corriendo hasta la casa, pero en el camino tropezó con una piedra, yéndose de cabeza al estanque.
-¿Aún quieres que crea que no te sucede nada?- preguntó Genma con mayor seriedad que antes ayudándola a salir del estanque.
La habitación de Ranma era un verdadero campo de batalla.
-En vista de que no quieres cooperar con tu anciano maestro tendré que usar la milenaria técnica ancestral que había sellado por su gran poder destructivo.- amenazó Hapossai elevando su aura de manera atemorizante.
Ante esto Ranma se puso en guardia colocándose entre Nabiki y Hapossai para proteger a la primera de las locuras del viejo.
-¡Hapo quita sostén karin!- exclamó el viejo desapareciendo y apareciendo al otro lado de la habitación.
-¿Quita sostén…?- Ranma miró preocupado hacía abajo -¡AAAHHH!
En efecto Ranma tenía los pechos al descubierto mientras el maestro ondeaba victorioso el brasier rosa.
-¡Jujuju! ¡Te ves muy bien sin sostén!- señaló el pervertido volviendo a lanzarse hacía Ranma.
De vuelta en el dojo, Akane recostada en la pared con una toalla alrededor se veía muy triste mientras Genma limpiaba sus lentes.
-No entiendo como no veías nada ahí afuera, yo veía todo bastante bien.- dijo Genma colocándose sus lentes.
-Es todo culpa de Shampoo y su bisabuela… ellas colocaron un hechizo sobre mí…
-¿Que clase de hechizo?
-Uno que está disminuyendo mi visión gradualmente…- suspiró resignada. –Cuando llegue el décimo día desde el momento del hechizo, estaré completamente ciega…
-¡¿Qué, hablas en serio?!
-Nunca hablé tan en serio… hace cinco días me acorralaron en un callejón cuando regresaba…- comenzó a contar Akane ante la atenta mirada de su maestro. –Shampoo echó unos polvos en mis ojos… y tal como Cologne me dijo he ido perdiendo la visión… hoy ya no distingo los detalles, y no veo absolutamente nada en la oscuridad…
-¡Son terribles!
-Si al llegar el atardecer del onceavo día no he logrado vencer a quién colocó el hechizo… no podré curarme…- volteó a ver fijamente a Genma. –¡Por eso debo derrotar a Shampoo!
Ranma continuaba lanzando puñetazos con un brazo mientras con el otro se cubría en un intento por que el viejo no se prendiera cual garrapata de sus atributos.
-¡Necesito agua caliente!- exclamó Ranma intentando salir de la habitación.
-Aquí hay…- dijo Nabiki sosteniendo una tetera.
-¡Gracias Nabiki!- de un salto y esquivando al viejo llegó hasta la chica.
-Por nada… son dos mil yens.- le dijo la chica con una sonrisa.
-¡Pero!- intentó protestar, pero el viejo aprovechó para saltar a su espalda. -¡Anótalo en mi cuenta!- exclamó tomando la tetera, asqueado por sentir las manos de Hapossai.
-¿Estas seguro de lo que vas a hacer?- preguntó tranquilamente Nabiki deteniendo a Ranma con la tetera sobre su cabeza, que la miraba interrogante. –Digo… cambiar con esa diminuta tanga…
El rostro de Ranma se volvió de un carmín muy intenso.
-¡Mi ropa! ¡¿Dónde dejé mi ropa?!- buscaba desesperado mientras intentaba golpear al maestro con la tetera sin derramar el valioso líquido.
-Yo la tengo…- lo tranquilizó Nabiki.
-¡Oh… que bien! ¡Dámela!- pidió el chico alegre por saber que el fin de la tortura estaba cerca.
-Cinco mil yens.- dijo con una sonrisa, mientras observaba la cara de desazón del chico.
Genma no salía de su asombro, y Akane estaba haciendo un esfuerzo sobre humano por contener las lágrimas.
-¿Ranma lo sabe?- preguntó el hombre.
-¡Claro que no! ¡Y no puede saberlo! ¡Nadie puede saberlo, pero él mucho menos!
-¿Pero porqué?
-Porque Cologne me dijo que ella retiraría el hechizo si Ranma firmaba un contrato nupcial amazona…
-¡Con más razón! ¡Le diré a mi muchacho que vaya a cumplir su deber y consiga tu cura!
-¡USTED NO DIRÁ NADA!- gritó elevando su aura haciendo retroceder a Genma. -¡No permitiré que Ranma arruine su futuro por mi culpa! ¡Si él quiere casarse con Shampoo o con cualquiera que lo haga, pero nadie lo obligará si puedo evitarlo!
Genma observaba a su futura nuera con desconcierto, no comprendía su mentalidad pero notaba el gran honor que había en sus palabras.
-¡Está bien Akane! ¡A partir de mañana comenzará el verdadero entrenamiento!- exclamó el hombre viéndola con orgullo. -¡Pero de ahora en más el entrenamiento será más duro!
-¡Gracias sensei!- dijo la chica haciendo una reverencia. –Por favor… no le cuente esto a nadie… no quiero preocupar a la familia.
-Descuida… ahora ve a descansar…- dijo noblemente.
Akane le sonrió con agradecimiento y salió del dojo, Genma se quedó dentro meditando acerca del gran maestro que era, hasta que escuchó un golpe fuera, y una maldición por parte de Akane.
-¡Espera te acompañaré a la casa!- exclamó el hombre yendo en su auxilio.
Luego de la cena Akane sentada en su escritorio hacía un gran esfuerzo por leer las pequeñas letras de su libro de texto, cuando escuchó los clásicos golpes en el cristal.
-¿Qué sucede?- preguntó abriendo la ventana.
-¡Onigiri!- dijo el chico emocionado con una sonrisa.
-No tengo hambre, Ranma.- respondió ella sin entender muy bien.
-¡No! ¡El nombre del perro! ¡Lo llamaré Onigiri! ¿Te gusta?- preguntó expectante.
-Mmm… ¿Y porqué decidiste llamarlo así?- cuestionó ella, estaba tan emocionado que no sería agradable decirle que ese nombre le parecía horrible.
-¡Porque es un gran acompañamiento!
Por alguna razón esa analogía la enterneció.
-Me encanta.- dijo ella con una hermosa sonrisa.
Rato después cada quién se fue a dormir y así acabó el día.
Continuará.
Uff… que largo!!!
Lo siento… estoy con fiebre así que si hay alguna incoherencia culpo a mi estado!!!
Antes que me olvide, "onigiri" es el nombre japonés para las bolas de arroz, por eso Ranma dijo que serían un gran acompañamiento.
Agradezco a Seraphy por las ideas en lo que respecta al perro, y a Marilole por la técnica secreta de Hapossai.
Ya ven pobre Akane… que trauma quedarse ciega de a poquito… a esta Cologne para quemarla en una hoguera… digan la verdad… ¿Alguien sospechaba que era lo que le sucedía a Akane?
Y yo sé que deliré mal en la parte de los perros, pero bueno… toy loca…
Quise salvar el honor de Genma al final, luego de la locura que se mandó al mediodía, porque en el fondo el tipo no es tan malo, sólo es un abusivo y aprovechado, por eso no entiende que Akane no quiera perjudicar a Ranma en su beneficio propio.
Saludos a todos y muchísimas gracias por leer mi historia, y por sus hermosas reviews.
Sigan escribiéndome que me encanta *_*
Intentaré exprimir el cerebro para que salga algo el fin de semana.
Nos leemos pronto.
Trekumy.
