Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.

Día 7: Técnica.

Despertó a mitad de la madrugada, bostezó ruidosamente recibiendo como respuesta un cartel de madera que se incrustó en su cabeza, en el mismo se podía leer "!Silencio! Muchacho desconsiderado."

-Es verdad que el viejo regresó a dormir a mi habitación.- pensó el chico mientras escuchaba rugir su estómago. –Tengo hambre…

Ranma se encaminó a la cocina, seguramente Kasumi le habría guardado algo de la cena, al llegar al pasillo notó que la luz estaba encendida. Lentamente se acercó sin hacer ruido, allí la encontró, su prometida de espaldas a él. Estuvo a punto de decirle algo, pero se detuvo al notar el leve temblor en los hombros de ella, incluso creyó escuchar un leve sollozo.

-¡Demonios, está llorando!- pensó asustado.

Se sentía impotente, el llanto de Akane aumentaba por momentos, y él parado detrás de ella sin entender que sucedía, sin poder ayudarla.

-Tengo miedo…- susurró, mientras con sus ojos cerrados intentaba detener el llanto.

Esas palabras le calaron hondo, Akane tenía miedo, no era posible, si él estaba allí para protegerla de cualquier cosa. Inconscientemente se acercó a ella y colocó una mano sobre su hombro, sólo cuando ella volteó y lo miró a los ojos se percató de lo que había hecho, congelándose en su posición sin poder reaccionar. Ella lo miró a los ojos sorprendida, realmente siempre aparecía cuando lo necesitaba, pero algo andaba mal, sus ojos, apenas lograba distinguirlos. Finalmente había sucedido lo que tanto le asustaba, no volvería a ver ese par de lagunas azules que tanta tranquilidad y seguridad le inspiraban, de ahora en mas todo iría cuesta abajo. Akane cerró sus ojos en un intento por contener las nuevas lágrimas que luchaban por salir, eso lo sacó del letargo, preocupado observó la mesada sobre la que ella se recargaba, allí vio el cuchillo y la tabla manchados con unas gotas de sangre.

-¡Tu dedo!- exclamó al ver el pequeño pero profundo corte en la mano de ella.

-S… sólo es un… rasguño…- respondió ella abriendo sus ojos nuevamente mientras comenzaba a calmarse.

-¡Como puedes ser tan torpe, eres un peligro en la cocina!- exclamó analizando el dedo.

-Baka…- susurró mientras su rostro se trasformaba de uno triste a uno muy molesto.

-Ven, vamos a curarte.- ignorando el insulto la llevó de la mano al cuarto de ella.

La curó en silencio como siempre, una vez que terminó la miró a los ojos.

-¡Debes tener más cuidado, ya casi no quedan sitios donde no tengas algún vendaje!- le dijo preocupado.

-Son sólo rasguños- respondió ella restándole importancia.

-Sigo pensando que deberías abandonar el entrenamiento con el viejo, no puedo estar siempre pendiente de sus locuras.

-¡Nadie te pidió que estuvieras pendiente, ocúpate de tus asuntos!- dijo molesta cruzando sus brazos.

-¡Mph, todavía que me preocupo! ¡Está bien, no me molestaré más en mantenerte a salvo!- caminó hacia la puerta enojado -¡Veamos quien te rescata de un volcán en erupción el día que al viejo se le ocurra entrenar tu resistencia al calor!- espetó desde la puerta, cerrándola con un golpe luego.

-¡Que cosas dice! El tío no sería capaz de hacerme eso…- reflexionó una vez que se quedó sola -¿A quién intento engañar? Claro que lo haría…- culminó exhalando frustrada.

Ya había amanecido, y la claridad que entraba por la ventana le molestaba, abrió un ojo y se volteó hacía el lado contrario buscando un poco de penumbra. Volvió a acomodarse en posición fetal para dormir tranquilamente cuando se percató de algo, se sentó en la cama velozmente observando el futón de su padre.

-¡Ya se levantó, debe estar entrenándola!- exclamó, mientras se colocaba el pantalón y la camisa china a toda velocidad.

Bajaba las escaleras corriendo, mientras suplicaba que estuvieran en el dojo y no en uno de los desquiciados entrenamientos que acostumbraban, cuando escuchó la voz de su prometida en la sala.

-D… debo… entrenar…- decía ella con voz somnolienta.

-Debiste haber dormido, ahora no entrenarás hasta la tarde- replicaba Genma sonando bastante más coherente que de costumbre.

-Pero… yo… tengo…

Lo siguiente que escuchó fue un golpe seco, algo preocupado entró a la sala, encontrándose a su padre tomando un té y su prometida con la cabeza apoyada en la mesa.

-Entonces ese golpe fue de tu cabeza…- dijo cruzando sus brazos detrás de la cabeza. –Con razón sonó a hueco- finalizó con una sonrisa burlona.

-Cálla… te…- ordenó ella levantando la cabeza –idiota…- terminó de decir luego de un sonoro bostezo.

-¿Porqué tienes tanto sueño?- preguntó el chico sentándose en su puesto al lado de Akane.

En esos momentos Akane estaba más concentrada en mantener su cabeza equilibrada sobre su cuello que en responder preguntas, así que Genma explicó.

-No durmió en toda la noche, cuando me levanté la encontré partiendo ladrillos en el dojo.

-¡¿Te volviste loca, porqué no te dormiste cuando te dejé en tu habitación?!- la increpó Ranma recibiendo como respuesta otro golpe seco.

Akane había desistido de mantenerse erguida, en estos momentos se esforzaba por mantener los ojos abiertos mientras descansaba con medio cuerpo sobre la mesa.

-¡Ahora ve a dormir! Yo avisaré en la escuela- ordenó Ranma.

-No… voy a entrenar…

-¡Terca! ¡¿Piensas entrenar así?!- exclamó él.

-Debo… entrenar día y… y… noche… debo vencerla…- continuaba hablando medio dormida.

-¿Vencer a quién? ¡¿Akane, tienes un desafío contra alguien y no me lo has dicho?!- preguntó viéndola muy molesto, no era posible que le ocultara algo así.

-¡NO!- gritó incorporándose inmediatamente –¡No hay ningún desafío, sólo quiero ser más fuerte!- exclamó negando con las manos, mientras se pateaba mentalmente por casi descubrirse a sí misma.

-¿Estás segura que sólo es eso?- preguntó él desconfiando.

-Les contaré una historia chicos- comenzó a decir Genma, mientras Akane lo observaba con gratitud por la ayuda. –Cuenta la leyenda que un joven guerrero viajó durante mucho tiempo por el desierto para encontrar un gran sabio, pero al llegar en lugar de encontrar un ermitaño viviendo en una modesta cabaña, encontró un rey en un lujoso castillo.

-¿Estás seguro que se trataba de un guerrero?- preguntó Ranma olvidando por completo su anterior conversación con Akane.

-¡No me interrumpas muchacho!- ordenó el hombre para continuar con su relato –El rey le dijo que no podía atenderlo, que diera una vuelta por el castillo y regresara en dos horas, pero también le entregó una cuchara con aceite, y le dijo que la llevara en el recorrido sin derramarla. El joven hizo lo que el rey le dijo, cuidándose de no tirar el aceite, y cuando regresó el rey le preguntó si había visto las riquezas del castillo…- el hombre del turbante hizo una pausa intentando recordar como continuaba la historia.

-¿Entonces?- preguntó Akane luego de cinco minutos de silencio.

-Pues… creo que el joven había robado un par de jarrones antiguos y…- fue interrumpido por un puñetazo de Ranma en plena cara.

-¡¿Para que cuentas una historia que no sabes como termina?! ¡Idiota!- exclamó molesto volviendo a su lugar.

-¿Tú sabes como termina?- preguntó Akane a Ranma, ansiosa por saber el final de la historia.

-Pues el muchacho no había visto nada por estar pendiente de la cuchara, así que el sabio le dijo que diera otra vuelta. Así que en el segundo paseo él disfrutó de todas las maravillas del castillo, pero al regresar con el sabio no había aceite en su cuchara.

-¿Y, entonces?- volvió a preguntar ella más ansiosa que antes.

-Es tu deber de guerrero descifrar la moraleja del relato- dijo solemnemente el hombre.

-Voy a servir el desayuno, Akane ve a ponerte el uniforme o se les hará tarde- sugirió Kasumi llegando a la sala, y comenzando colocar los tazones en sus lugares.

-Si Kasumi…- asintió Akane, y se encaminó hacia su habitación aún intentando comprender el mensaje de la historia.

-¿Porqué no me dejaste contarle el final de la historia?- preguntó Ranma a su padre una vez que Kasumi se retiró a la cocina a buscar la vaporera.

-Sería muy duro para una niña como Akane enterarse de que el sabio convirtió al joven en una estatua de sal como castigo- reflexionó el hombre mientras Ranma caía de espaldas.

-¡Mezclaste las historias, idiota!- exclamó Ranma, mientras volvía a incorporarse.

Luego de desayunar, Ranma y Akane salieron rumbo a la escuela, pero ambos se detuvieron en la entrada cuando se percataron de la veintena de gatos apostados en las afueras de la casa. Ranma estaba tieso, observando fijamente a los animales, pero cuando uno de ellos emitió un maullido y el resto lo imitaron perdió su autocontrol.

-¡GATOOOOOSSS!- gritó mientras tomaba el brazo de Akane y se metía con ella de nuevo a la casa cerrando la puerta detrás de ellos. –N… no voy… a… salir…- balbuceó temblando recargado en la puerta.

-¡¿Dónde está Onigiri?!

-N… no estaba co… contigo…

-¡Dejaste que se perdiera, IDIOTA!- gritó molesta por ver sus esfuerzos desperdiciados.

-¡Yo no tengo la culpa si ese perro es tan desorientado como el idiota de Ryoga!- la enfrentó olvidando por completo a los gatos.

-¡Deja en paz al pobre Ryoga que no tiene nada que ver en esto!

-¡¿Porqué siempre lo…?! ¡Un momento! Luego de que Ryoga se perdiera ayer yo…- su reflexión fue interrumpida por la voz de Kasumi.

-Chicos, se les hará tarde.

-¡Ya nos vamos!- exclamó Akane abriendo la puerta nuevamente, dejando entrar el sonido de los maullidos.

-¡Ahhh! ¡A… avisa que hoy no iré…!- diciendo esto, Ranma comenzó a subir las escaleras.

-¡Nada de eso, nos vamos ahora!- ordenó Akane tomándolo de la trenza y saliendo con el a rastras. -¡Hasta luego, Kasumi!- se despidió en medio de los gritos de terror de su prometido.

-Que se diviertan chicos- se despidió con una sonrisa, mientras veía como Ranma arrancaba un pedazo de la puerta en un intento por aferrarse a ella con los dientes.

Parecía que los gatos fueran atraídos irremediablemente por el chico que detrás de ella no dejaba de patalear y chillar. Corrió con fuerza moviendo su portafolio erráticamente en un intento por golpear a cuanto gato saltara en su camino. Apenas había logrado verlos cuando salió de la casa por lo tanto no tenía posibilidades de verlos cuando saltaran hacía ellos, así que continuó corriendo suplicando que ningún gato hubiera alcanzado al chico.

-Ya puedes dejar de correr- escuchó a su prometido hablándole muy calmado.

-¡¿Ehh, y los gatos?!- preguntó ella deteniéndose y mirando a su alrededor confundida.

-Los dejaste atrás hace unos minutos.

-Oh… ¿Tú estas bien?

-Si, has mejorado mucho…

-¿Lo dices en serio?- preguntó emocionada.

-Eres más rápida y coordinada que antes, pero aún creo que deberías abandonar ese estúpido entrenamiento.- aconsejó en un tono muy serio.

-Vamos o llegaremos tarde- dijo ella ignorando las palabras de su prometido mientras comenzaba a caminar.

-Akane… ¿Planeas arrastrarme hasta la escuela?

-¡Upss, lo olvidé!- respondió soltando la trenza del chico, y volteando a verlo con una sonrisa que él correspondió.

-El secreto está en ver las maravillas del mundo, sin olvidar las gotas de aceite de la cuchara- dijo el chico comenzando a caminar hacia la escuela.

-¿Qué?- preguntó ella confundida caminando a su lado.

-Eso le dijo el sabio al muchacho, en la casa no pude terminar la historia- diciendo esto saltó a la cerca para continuar su camino.

El resto del camino transcurrió en silencio, Akane iba pensativa intentando descifrar la relación entre la historia y su entrenamiento. Ranma la observaba meditabundo, había mejorado mucho en muy poco tiempo, y lo más increíble, no había abandonado el entrenamiento por más estúpido o peligroso que se tornara, talvez, la había subestimado. En clase el profesor les entregó los resultados de las pruebas del día anterior, por muy poco que viera era casi imposible no notar el cero escrito con marcador rojo que ocupaba toda la hoja.

-¿Qué esperaba que ocurriera?- se preguntó a si misma, sin poder evitar sentirse triste por la calificación más baja de su vida.

Entonces algo pequeño golpeó su cabeza, cayendo luego sobre su pupitre. No necesitaba ver el pequeño papelito convertido en una bolita para saber que decía ni quién se lo enviaba. Sin embargo no estaba de ánimos para gritarle a Ranma, que estaba en la otra esquina del salón, que había sacado un gran y redondo cero. Pero un Saotome jamás se rinde, así que los papelitos siguieron llegando, y cuando la montaña de papeles a su alrededor llegaba a su cuello no soportó más y su carácter explosivo hizo su aparición.

-¡SAQUÉ UN MALDITO CERO, BAKA INSISTENTE!- le gritó furiosa mientras su cabeza crecía cinco veces su tamaño original, provocando que Ranma cayera hacia atrás de la impresión.

-¡Tendo, afuera!- ordenó el profesor, mientras la cabeza de Akane regresaba a su tamaño original.

Akane permaneció unos minutos afuera con un par de baldes con agua, mientras dentro del salón la clase transcurría con relativa normalidad. Entonces el sonido de los baldes chocando estrepitosamente contra el suelo los alertó. Ranma fue el primero en salir y acercarse asustado a su prometida que estaba empapada y tirada en el suelo.

-¿Está dormida?- se preguntó al examinarla de cerca –Es cierto, ella no durmió nada durante la noche- pensó mientras la tomaba en brazos -. La llevaré a la enfermería- avisó al profesor, y sin esperar respuesta comenzó a correr por el pasillo.

Akane abrió sus ojos con lentitud, su cabeza dolía y no reconocía ese techo. Tardó unos momentos en reconocer la enfermería.

-¿Cómo llegué aquí?- preguntó para si misma mientras se sentaba en la camilla.

-Te traje cuando caíste desmayada con ambos baldes sobre ti- respondió Ranma sentado en una silla cerca de la ventana.

-Ah… Gracias Ranma- le dedicó una sonrisa mientras se bajaba de la cama.

-¿Qué vas a hacer?- preguntó él enfocando su vista nuevamente en la ventana.

-Voy a regresar a clase, ya me siento mejor.

-¿Piensas salir… así?- volvió a preguntar mientras un leve sonrojo se instalaba en su rostro.

-¿Así como? ¡Ahh!- exclamó horrorizada, corriendo a taparse con la sábana al notar la reveladora bata que vestía. –M… Mi ropa… ¿Dónde está?

-La enfermera la colgó allí para que se secara- respondió él señalando un lugar, aún sin despegar la vista de la ventana. -. Me voy para que te cambies- se puso de pie y caminó hacia la puerta -. Acaba de comenzar la hora del almuerzo, así que aún tienes media hora para que comiencen las clases- informó mientras salía.

-¿Almuerzo… entonces se quedó cuidándome todo este tiempo?- reflexionó mientras tanteaba una silla suplicando que esa tela de color celeste verdoso fuera su uniforme.

Durante el regreso a la casa, Ranma, más tranquilo al ver a su prometida bien, volvió a ser el mismo de siempre.

-Así que un cero…- comentó con tono burlón, caminando sobre la cerca.

-Aja…

-Vaya… lo mínimo que he llegado a sacar ha sido un ocho sobre cien, pero un cero nunca.

-Mmm…

-Y tú, una alumna tan aplicada- Akane continuaba caminando cabizbaja sin responderle -. Tan estudiosa- al ver que no obtenía respuesta bajó de la cerca para poder burlarse más de cerca -. ¡Quién lo diría, la gran Akane Tendo sacó un cero! ¡Jajajaja! ¡Demasiado tiempo cerca del viejo te volvió tan tonta como él! ¡Ahora además de fea, torpe y descoordinada eres…!- el fuerte impacto del mazo en su cabeza le impidió terminar la frase.

-¡CÁLLATE, IDIOTA!- gritó furiosa mientras lo mandaba a volar.

Por fortuna aterrizó a escasos centímetros de la puerta de entrada de la casa, al incorporarse escuchó un maullido detrás de él, por lo que entró corriendo, y subió a su habitación a ocultarse. Akane llegó minutos más tarde con intenciones de prepararse para entrenar, pero fue interceptada por Kasumi.

-Buenas tardes hermanita, ven a acompañarme un momento, preparé tus galletas favoritas- la invitó Kasumi con una sonrisa.

-Buenas tardes Kasumi, yo pensaba entrenar un rato antes de la noche…

-No te quitaré mucho tiempo- aseguró Kasumi mientras se encaminaba a la cocina.

Akane suspiró derrotada, no había forma de negarse a su hermana, así que luego de dejar su portafolio y ponerse el gi, se encontró con ella en el corredor que daba al jardín. Ambas se sentaron mirando al estanque koi.

-El té está delicioso Kasumi- comentó Akane mientas le daba un sorbo a la humeante taza.

-Me alegra que sea de tu agrado, prueba estas galletas- sugirió Kasumi señalando la fuente que se encontraba entre ellas.

Akane asintió feliz, y comenzó a tantear las galletas de la bandeja torpemente, cosa que no pasó desapercibida para su hermana.

-Nabiki me contó que te desmayaste en la escuela- comentó la hermana mayor mientras Akane mordía una de las galletas.

-En realidad sólo me dormí- aclaró Akane con una sonrisa.

-Sabes que si tienes algún problema puedes confiar en nosotros- comenzó a decir Kasumi mientras Akane se atoraba con la comida. -. Tío Genma tiene muy buenas intenciones, pero tal vez sus métodos no sean los adecuados para tu situación- concluyó viéndola a los ojos.

-¿Qué es lo que sabes?- preguntó Akane viéndola con temor, su secreto no podía descubrirse.

-Yo no sé nada hermanita- respondió con una sonrisa intentando reconfortarla -. Sólo te siento demasiado presionada últimamente.

-Descuida, pronto todo terminará, y…- Akane dejó de hablar al ver a un joven rubio caminando torpemente por el jardín -¿Y ese quién es?

-Oh, es el joven Anthony, es nieto del señor Kimura- informó Kasumi caminando hacia el muchacho -. Buenas tardes, ¿se le ofrece algo?- preguntó cortésmente.

-Señorita Kasumi, ¿es usted?- preguntó el chico, mientras Akane se acercaba a ellos. –Yo estoy buscando el baño de mi casa.

-Pero… estás en nuestro jardín- señaló Akane.

-Hola señorita, me llamo Anthony Scott, es un gusto conocerla- dijo el chico inclinándose en forma de reverencia.

-Oye estoy aquí- Akane le tocó el hombro al muchacho que continuaba inclinado frente a un árbol. –. Me llamo Akane Tendo y soy hermana de Kasumi, gusto en conocerte- lo saludó con una sonrisa -. Y… ¿Por qué llevas los ojos vendados?

-Mi abuelo enseña kung fu, ahora estoy aprendiendo a ver con los ojos de la mente.

-¡¿Los ojos de la mente?!- preguntó emocionada Akane, talvez aún hubiera una posibilidad.

-Eso suena muy interesante- comentó Kasumi con una sonrisa.

-Aléjense un poco y les haré una demostración- sugirió el muchacho feliz por poder demostrar sus habilidades.

Las chicas se alejaron un poco y él comenzó a correr por el jardín, no lo hacía de manera demasiado elegante pero esquivaba con facilidad los árboles, las estatuas e incluso logró saltar el estanque.

-¡Talvez yo también pueda aprender a ver con los ojos de la mente! ¡Si el señor Kimura me enseñara podría tener alguna posibilidad frente a Shampoo!- pensaba emocionada mientras veía correr al chico sorteando todo tipo de obstáculos.

-Akane es hora de entrenar- la llamó Genma saliendo al jardín -. ¿Qué haces?- preguntó desconcertado.

-Ahora voy tío…- respondió ella con una gota en la frente, mientras con una palanca de hierro intentaba despegar al joven incrustado en el muro. –Creo que los ojos de la mente no ven paredes…- murmuró, sintiéndose estúpida por haberse ilusionado tan fácilmente.

Rato después se encontraba en el dojo frente a Genma.

-Akane, la lección que te daré hoy es de suma importancia, no podía enseñártela hasta estar seguro de que la aprovecharías, pero ayer lograste ocultar tu presencia por completo frente a Ranma, así que creo que ya estás lista.

-Adelante, sensei- lo alentó a continuar.

-¿Recuerdas que ayer te dije que el ataque por sorpresa es el ataque del maestro?- Akane asintió –Pues hoy te enseñaré la forma definitiva de engaño… ¡Debes lograr que el enemigo te subestime!- exclamó con un puño en el aire.

-Descuida tío… Shampoo ya me subestima- respondió ella tristemente, contrastando con la emoción de su maestro.

-No estás entendiendo Akane- dijo el hombre con tal seguridad que la hizo prestarle atención -. Ella debe creer que está ganando, debes permitir que todos sus golpes te den.

-¡¿Se volvió loco?! ¡Se trata de que yo la derrote, no de acabar ciega y maltrecha! ¡Yo debo golpearla a ella, no al revés!

-Si haces lo que siempre has hecho… no llegarás más lejos de lo que siempre haz llegado.

Esas palabras la hicieron reflexionar, si continuaba luchando contra Shampoo de la misma forma, continuaría perdiendo contra ella, así que decidió hacer lo que su maestro le dijera por más estúpido que sonara.

-Entiendo… continúe…- dijo resignada.

-Muy bien, entonces permitirás que te golpee pero no que te hiera, si lo logras tu rival se confiará, y acabará cansándose de lanzar ataques.

-Pero… ¿Cómo logro que me golpee sin herirme?- preguntó Akane confundida.

-Vacía tu mente, sé amorfo y moldeable como el agua.

-¿Cómo el agua?

-Si pones agua en una taza se convierte en taza, si pones agua en una tetera se convierte en la tetera, si la pones sobre Ranma se convierte en chica…- reflexionó el hombre. –El golpe del puño la atraviesa, mientras que el agua puede fluir o golpear.

-Aja…- fue lo único que ella pudo decir, mientras procesaba las palabras de su maestro.

-¡Ahora vamos a entrenar… así que ponte en guardia!- dijo el hombre colocándose él mismo en guardia, ante la atónita mirada de Akane.

-¿U… usted peleará conmigo?

-¡Así es! ¡Intenta recibir mis golpes sin que te dañen!- diciendo esto comenzó a correr hacia la chica.

-Pero… ¿Cómo…?- no pudo continuar ya que el golpe de Genma en pleno estómago le sacó el aire –Ugh…

-¡Levántate e inténtalo de nuevo!- ordenó el hombre –Si Ranma despierta… soy hombre muerto…- se lamentaba internamente, mientras la observaba ponerse de pie con dificultad.

En la casa, Ranma despertaba en su habitación.

-Viejo estúpido… ¿Para qué me golpeó?- se preguntaba mientras se sentaba sobándose la cabeza. –Será mejor que me dé un baño…

En el dojo, Akane se ponía de pie respirando con dificultad, mientras con el reverso de su mano limpiaba un poco de sangre de su boca.

-¡Lo estás haciendo mal muchacha!- la reprendió Genma mientras le lanzaba un nuevo golpe, el cual ella logró evadir. –¡No esquives mis ataques, recíbelos sin que te dañen!

-¡ENSEÑEME A HACERLO!- gritó furiosa estallando su aura, cosa que logó calmar al hombre.

-Ranma lo deduciría por si mismo…- respondió su maestro, logrando que el aura de Akane volviera a desaparecer –¡Si sigues así jamás podrás acercarte a su nivel!

-Él es mucho más fuerte y resistente que yo…- admitió ella cabizbaja.

-Así es, pero eso no lo hace mejor que tú- afirmó el hombre -. Ranma es sauce, tú eres roble…

-¿A que se refiere?- preguntó, sin despegar la mirada del suelo aún dolida por la comparación con su prometido.

-Un sauce es flexible, mientras que un rígido roble se cae fácilmente en una tormenta. De nada te sirve tu fuerza o resistencia, si recibes el impacto del golpe por completo, tarde o temprano caerás. ¡Si no aprendes a aplacar el daño lo suficiente, Shampoo acabará contigo en unos segundos!- explicó el hombre con rudeza acomodándose las gafas.

Akane exhaló frustrada, no estaba acostumbrada al trato tan duro, sobre todo sabiendo que su maestro tenía toda la razón. Entonces una idea fugaz atravesó su mente y una sonrisa apareció en su rostro.

-Me habló en el mismo tono que a Ranma…- pensó emocionada –Eso significa que al fin está tomando mi entrenamiento con seriedad- sin borrar su sonrisa se puso en guardia -¡Adelante tío atáqueme!

En la sala Ranma comía alegremente unas galletas.

-¡Están deliciosas Kasumi!- exclamó emocionado.

-Me alegro que te gusten, son las preferidas de Akane- respondió la interpelada con una sonrisa.

-¿Ah si?

-Es una pena que ella apenas haya probado una cuando tío Genma vino a buscarla para entrenar.

-¡¿El viejo la está entrenando?!- preguntó parándose exaltado.

-Así es… creo que están en el dojo.

Habían pasado cinco minutos desde que Genma comenzó a lanzar golpes a diestra y siniestra, los cuales eran recibidos por Akane, quien apenas comenzaba a poner en práctica las palabras de su maestro. El puñetazo dirigido a su estómago fue interceptado por los codos de ella, reduciendo su velocidad, mientras se inclinaba hacia atrás, consiguiendo que el puño la tocara con suavidad.

-¡Perfecto Akane, ahora a la cara!- indicó el hombre, sin darle tiempo a festejar la victoria.

Luego de que ella asintió el hombre comenzó a atacar con patadas altas que Akane recibía en pleno rostro. En tanto Ranma intentaba salir al jardín.

-¡Ma… ma… malditos gatoooossssss!- gritaba desesperado sin atreverse a dar un paso fuera de la casa, donde estaba infestado de esas terribles bestias.

Bufó resignado sabiendo que por más que lo intentara no podría atravesar esos diez metros que lo separaban del dojo, así que optó por el "plan B", con esto en mente subió a la habitación de Nabiki.

A pesar de encontrarse de rodillas, tosiendo sangre y con un fuerte dolor en su nariz y cabeza se la veía feliz, observó a su maestro que de pie frente a ella sonreía orgulloso.

-¿Y ahora qué?- preguntó ella poniéndose de pie.

-¡Vamos por los flancos!- respondió el hombre preparándose para golpearla.

-¡Adelante!

Ese día la Tendo mediana parecía estar de buen humor, así que el precio por despejar el camino hacía el dojo sólo consistió en un par de fotografías de él como chico durante el entrenamiento.

-Ya está, mañana deberás pagarme- dijo Nabiki a Ranma que la esperaba impaciente dentro de la casa. –En unos minutos regresarán así que deberías darte prisa.

Akane hábilmente se impulsó en la misma dirección que la patada de costado que su maestro le lanzó, consiguiendo así recibir el golpe con tal precisión, que cualquiera que lo hubiera visto habría pensado que ella fue golpeada duramente en su brazo derecho, de hecho…

-¡OYAJI!- En un instante el ambiente del dojo se caldeó, provocando que Genma Saotome comenzara a temblar horrorizado -¡TE DIJE MUY CLARO QUE NO LA TOCARAS!- gritó tan furioso que sus pupilas parecieron volverse rojas, en un instante estaba a escasos centímetros de su padre, apretando su cuello con una mano mientras lo levantaba varios centímetros del suelo.

-¡Suéltalo Ranma!- exigió Akane, lanzándole una patada por abajo, que él esquivó con facilidad.

-¿Cómo llegaste aquí?- le preguntó Ranma asombrado su velocidad.

-¡Eso no importa, suelta a mi maestro!

-Tu rostro…- susurró viendo con horror las heridas y moratones de su prometida -¡VIEJO VOY A MATARTE!- le gritó a su padre, apretando aún más su cuello.

-¡BASTA!- gritó furiosa ya fuera de sus cabales -¡Si no tuviste el valor de entrenarme, ahora no tienes derecho a entrometerte!- le reprochó mientras sus ojos se humedecían.

Ranma soltó el agarre, dejando caer a su padre.

-Nunca… me lo pediste.

-No hubieras aceptado…- las lágrimas comenzaron a escapar de sus ojos -Nunca me tomaste en serio, para ti no soy más que la prometida débil, torpe y fea…- concluyó girándose para salir.

-Te equivocas, Akane… yo…

-¡YA DÉJAME EN PAZ!- gritó sin voltear a verlo, y salió corriendo.

-¡Espera!

Ranma corrió tras ella, pero al poner un pie fuera del dojo se encontró con una veintena de peludas razones para regresar a la seguridad de la habitación.

-Ga… ga… ga… tooo…- gritaba aterrorizado mientras intentaba cavar un pozo en la duela del dojo con sus uñas.

Un cartel de madera con la leyenda "Sin rencores, hijo" cayó sobre su cabeza desmayándolo al instante. Genma Saotome, que en algún momento había cambiado a panda, levantó a su hijo del suelo, y salió con él bajo el brazo rumbo a la casa, mientras le golpeaba la cabeza continuamente con otro cartel que decía "¡Que buen padre soy!". Akane en su cuarto, sentada frente a su escritorio, acariciaba un par de fotografías, intentando contener las lágrimas.

-Todo esto lo hago por ustedes… y ya ni siquiera puedo ver sus rostros…

Se abrazó a ambas fotografías llorando con desesperación. En una de ellas aparecía una Nabiki recién nacida en brazos de su madre, y Kasumi con dos años siendo cargada por su padre. La otra era más actual, en ella aparecía Ranma sentado en la sala, llenándose la boca de comida.

-¿Porqué me lo pones todo tan difícil? ¡Baka!

Durante la noche, al margen de un panda desaparecido, todo había vuelto a la normalidad, luego de cenar Ranma se fue a su habitación a descansar, ya que por alguna razón su cabeza dolía demasiado. Al abrir la puerta de su habitación encontró a un muchacho rubio, bastante alto y delgado abriendo un armario.

-¡¿Quién eres tú y que estás haciendo?!- preguntó Ranma poniéndose en guardia.

-Eh… soy Anthony Scott, mucho gusto- saludó el muchacho a la lámpara de pie que había a su lado.

-¡Yo estoy aquí!- avisó Ranma mientras le daba un puñetazo en la cabeza -¡No necesitamos otro Mousse por aquí!- bufó molesto.

-Lo siento, no te vi por la venda en mis ojos, es que mi abuelo me está enseñando Kung Fu.

-¿Y eso que tiene que ver?- se preguntó Ranma, confundido –De todas formas… ¿Qué haces en mi habitación?

-¡¿Tú habitación?! Creí que este era el baño- respondió el chico bastante alarmado.

-¿El baño…?- preguntó mientras con un ojo pulsándole -¡¿Porqué no te fijas idiota?!

-Es por la venda, veras yo estoy aprendiendo…

-¡ENTONCES QUÍTATE LA CONDENADA VENDA!- gritó mientras mandaba a volar al chico de un puñetazo.

No pasaron ni cinco segundos, cuando por el agujero recién creado se metió el primer gato, seguido por otros cinco.

-AHHH!!! GATOOOSSSSS!!!!

Akane se lamentaba por no poder leer un trozo de papel muy arrugado que tomó de la cajita azul sobre su escritorio.

-De todas formas, esto es ilegible…- suspiró resignada.

Entonces escuchó el grito de Ranma e inmediatamente corrió a su habitación. Al llegar allí, lo encontró derrumbado en el suelo con docenas de gatos encima, balbuceando algo así como una oración a buda. Con algo de dificultad logró sacarle los gatos de encima y arrojarlo al pasillo, luego de cerrar la puerta se acercó a él preocupada.

-Está perdido…- reflexionó al chasquear los dedos frente a sus ojos abiertos y no obtener respuesta.

-¿Qué le pasó a Ranma?- preguntó Kasumi acercándose a los chicos.

-¿Podrías hacerme un favor Kasumi?

-Si claro, dime hermanita.

-Pídele al tío Genma que esta noche duerma en la habitación de papá. Ranma dormirá en la mía.

-Está bien, si lo veo le diré- se retiró sin hacer más preguntas, mientras Akane se preguntaba que habría interpretado Kasumi.

Lo dejó caer sobre su cama, y luego de arroparlo pareció calmarse poco a poco hasta quedarse dormido.

-Si supieras que te cargué hasta aquí…- le susurró al oído divertida –Que descanses.

Diciendo esto apagó la luz de su habitación y cerró la puerta tras de si. Esa noche ella durmió en el cuarto de su prometido, sobre su futón, mientras varios gatos a su alrededor maullaban sin cesar.

Continuará.

Hola!!

Bueno de más está decirles que este capítulo quedó muy feo, y demasiado largo también…

Agradezco a Seraphy que fue la que me dio la idea de la posición del caballo del capítulo anterior, (yo desagradecida no le di el crédito en su momento) y también la idea del entrenamiento de este capítulo.

También agradezco a Enaka que me contó la historia de "El sabio de la cuchara" que entre Genma y Ranma le contaron a Akane, aunque en el original no era un guerrero sino el hijo de un mercader, pero bueno, Genma la adaptó para salir del paso.

Lo de "los ojos de la mente" y el nombre del nieto del vendedor de sardinas los saqué de la película "Karate Kimura".

En este capítulo Genma también desempolvó algunas Frases originales de Bruce Lee, algunas con ciertas modificaciones claro está… Y hablando de él se puso un poco más serio con el entrenamiento de Akane, ya era hora… esperemos que sus esfuerzos sirvan de algo.

Y que hermosas reviews!! Me emociona que les divierta lo que escribo… respondo un par de cosas en general.

"Artes marciales para Idiotas" el título lo saque de "C++ para idiotas.", es un libro de programación y no se burlen que yo lo leo…

Con la posición del caballo no llego a aguantar un minuto, pero estos dos son demasiado fuertes y tercos así que aguantaron una hora 15 minutos así nomás…

Yo también espero que Onirigi regrese algún día, y Shampoo y su abuela se merecen arder en el infierno, estoy de acuerdo!!!

Muchas gracias por leer mi fic, y gracias por las hermosas reviews ya saben lo feliz que me hacen.

Saludos, y nos leemos en el siguiente capítulo.