Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.

Día 8: Concentración.

Despertó esa mañana con un extraño buen humor, no sólo se trataba de esa agradable calidez, también había un aroma muy familiar, uno que le hacía sentirse tranquilo y feliz. Con una sonrisa abrió los ojos lentamente, disfrutando de ese estado entre el sueño y la vigilia.

-Esa es la biblioteca de Akane…- pensó acurrucándose aún más –su silla, su escritorio… su habitación…- entonces su cerebro logró procesar la información y los ojos casi se le salieron de sus órbitas -¡No de nuevo!- exclamó aterrorizado.

Intentó saltar de la cama, pero sus piernas se enredaron con las sábanas haciéndolo caer de cara al suelo.

-¿Ehh, donde está Akane?- preguntó confundido desde el suelo sobándose la nariz, mientras la buscaba con la mirada –Estoy solo… ¿Qué fue lo que sucedió?

Su turbado cerebro no lograba darle pistas de lo que sucedía, pero pronto lo olvidó ya que algo llamó su atención. Se acercó al escritorio y tomó una de las fotografías.

-Esta nunca la había visto- esa fotografía en tono sepia donde la familia lucia tan feliz le inspiraba una gran paz. –Es muy parecida a su madre, realmente es como si estuviera viendo a la Akane del futuro…- susurró mientras su rostro se cubría de un leve carmín.

Cuando su mente comenzó a viajar más lejos, sustituyendo al Soun de la foto por él mismo, decidió dirigir la mirada hacia otro lado, topándose con la otra fotografía que estaba sobre el escritorio.

-T… Tiene una foto… mía…- dijo sin poder salir del asombro -¡Increible!- tomó la foto con lentitud, como si a cualquier movimiento brusco ésta desapareciera cual ilusión, mientras una sonrisa se formaba en sus labios -¡Lo sabía, ella no podría resistirse a mis encantos!

La sonrisa pronto se transformó en una risa que poco a poco aumentó el volumen hasta convertirse en una carcajada desquiciada, mezcla de felicidad, orgullo y nerviosismo. Cuando se calmó, luego de haberse tragado una mosca, volvió a prestarle atención al escritorio, más precisamente a un papel arrugado sobre él, con algo escrito.

-Esta letra no es de Akane…- tomó el papel –¿Será una carta de amor?- se preguntó mientras el rubor que aún mantenía en su rostro se intensificaba por la rabia. -¿Qué son estos jeroglíficos? ¡Ja, sólo un idiota enamorado de esa marimacho podría tener esta letra tan horrible!- exclamó en tono burlón para luego sentarse a analizar la presunta carta. –¿Q… Qué crees… que habr… habrá para cenar…?- leyó con dificultad la única frase escrita en el papel, percatándose de un pequeño detalle. –Esto lo escribí yo…

Unos segundos después logró salir del trance, descubriendo que dentro de la caja había más papeles, los cuales comenzó a leer uno a uno.

-Jaja… ese profesor es casi tan torpe como tú- leyó uno de los papeles -. Voy a almorzar con Ukyo, ella al menos puede preparar algo comestible- leyó otro -. Te ves gorda con el uniforme de verano- otro más -. Voy a llegar tarde, avisa en la casa marimacho.

Así continuó leyendo cada papelito, poco a poco su rostro se cubría con una sombra de tristeza, no era posible que ella hubiera conservado aquellas frases horribles.

-Nunca le dije nada agradable…- reflexionó poniéndose de pie, con la mirada perdida en la ventana. –Debe odiarme…

-Veo que ya despertaste, Ranma- escuchó una dulce voz detrás de él.

-Ehh… ho… hola Kasumi…- respondió girándose desconcertado –No te escuché entrar.

-Dime Ranma, ¿cómo dormiste?- preguntó la joven con una sonrisa.

-B… bien, pero, ¿cómo llegué aquí?

-Anoche unos gatos se metieron a tu habitación, y Akane consideró conveniente que durmieras aquí- explicó mientras se encaminaba a la puerta. –. Akane durmió en tu habitación- respondió a la pregunta que Ranma estaba a punto de realizar -, en unos minutos serviré el desayuno- diciendo esto se retiró, dejando a un chico muy avergonzado dentro.

Volteó nuevamente para ver todos los papelitos regados sobre el escritorio, la culpa se instaló en su pecho.

-Ella me ayuda todo el tiempo… cuida de mi incluso estando herida… y yo… yo… ¡NO PUEDO ESCRIBIRLE UNA MALDITA PALABRA AMABLE!- gritó consternado apoyando sus manos en el escritorio. –Soy un idiota…

Un ruido en el jardín llamó su atención, al acercarse a la ventana pudo ver a Akane subiendo con dificultad una escalera apoyada en la pared de la casa. La chica buscaba con una de sus manos el peldaño, para sostenerse y continuar subiendo.

-¿Qué haces?- preguntó Ranma alzando el tono de voz para que ella lo escuchara.

-E… estoy reparando el techo…- respondió deteniéndose sin voltear a verlo.

-¿El techo?- preguntó desconcertado.

-Claro… si no lo reparo continuarán metiéndose gatos a tu habitación- explicó ella volviendo a la tarea de ascender -. Ve a desayunar, ya casi termino.

Se quedó observándola en silencio, por alguna razón parecía tener dificultad en subir aquella escalera. Pero no le prestó mayor importancia a ese detalle, se sentía deprimido, culpable, un estúpido que sólo la insultaba cuando ella se esforzaba por cuidarlo. Un ligero sonrojo apareció en su rostro, ella cuidaba de él, realmente parecía siempre estar al pendiente de sus problemas, se merecía un agradecimiento sincero y, ¿porqué no?

-¡Lo haré, no importa que tanto me cueste lo haré!- pensó con el puño cerrado frente a él en señal de decisión, y una pequeña sonrisa formándose en sus labios.

Un movimiento brusco de ella lo volvió a la realidad, la vio extender sus brazos buscando desesperadamente el peldaño mientras caía irremediablemente. Sin pensarlo saltó de la ventana hacia el jardín, rebotando en el pasto atrapándola en el aire para volver a caer en el suelo.

-¿Estás bien?- preguntó preocupado mientras buscaba la mirada de su prometida.

-Estoy bien- respondió secamente sin mirarlo intentando zafarse del agarre.

No sólo era ese tono de voz tan molesto que usó con él luego de que la salvó sin haberla insultado ni una vez en el día, ni el hecho de que le esquivara la mirada, había algo en su rostro. A pesar de que ella estaba toda magullada, con un ojo morado y algunos cortes en sus mejillas, podía notar que algo le sucedía, tenía una expresión de absoluta tristeza, se veía tan agobiada, como si el peso del mundo hubiera caído sobre sus hombros.

-Algo te sucede…- le dijo serenamente –Me lo dirás, lo solucionaremos, y todo regresará a la normalidad- ordenó sin levantar la voz.

Se tensionó por completo, él no podía descubrirlo, no así, no cuando se había esforzado tanto por enfrentarlo sola, sólo tres días más y lo solucionaría todo, arreglaría su problema o se resignaría a una vida de oscuridad, pero ya no habría posibilidades de que lo obligaran a casarse con Shampoo por su culpa. Intentó contener esas rebeldes lágrimas, pero el temor, la frustración el dolor, el agotamiento, y la falta de visibilidad, estaban acabando con su autocontrol. Sintió como él la acercaba a su pecho.

-Tranquila… todo estará bien…- le dijo con dulzura, si algo en el mundo podía desarmarlo eran las lágrimas de esa chica que aún cargaba en brazos.

Esa armoniosa voz y la cercanía hicieron que su corazón se desbocara, por un instante lo olvidó todo, lo buscó con la mirada, necesitaba verlo, eso siempre la hacía sentirse feliz. Fue entonces cuando se chocó con la cruel realidad, a pesar de estar a pocos centímetros de su rostro no podía verlo, apenas distinguía un bulto borroso. Sintió la necesidad de llorar aún más, con más fuerza e intensidad, no volver a verlo era mucho más de lo que podía soportar, esa imagen que tanta seguridad le inspiraba se le escapaba como agua entre sus dedos, pero si lo hacía él sospecharía, así que como pudo escondió su rostro.

-Déjame bajar…- pidió esforzándose por sonar lo más firme posible.

Firmeza que no logró engañarlo, sobre todo porque notó la palidez en su rostro cuando lo miró a los ojos, sin duda algo muy malo estaba pasando, y por alguna razón insistía en ocultárselo.

-No hasta que me digas que te…- comenzó a decir, pero fue interrumpido por una conocida frase.

-¡Muere Saotome!- exclamó Ryoga parado en medio del patio apuntándolo con su sombrilla, y secundado por un ladrido del gran perro negro a su lado.

-¿Ryoga, Onigiri?- preguntó desconcertado Ranma.

-¡TÚ SAOTOME, TE EMPEÑAS EN ARRUINAR MI VIDA!- gritó Ryoga mientras su aura estallaba por la furia.

-¿Ehh… yo?- preguntó el chico confundido, mientras Akane lograba liberarse de sus brazos.

-¿Porqué… porqué tuviste que extender tu maldición sobre mi a la pobre Blanquinegra?- preguntó el chico del colmillo con lágrimas en sus ojos.

-¿Blanquinegra, donde está ella?

-Está en la casa… abandonada y desdichada… ¡Por tú culpa!

-¿Mi culpa?- preguntó Ranma, señalándose con un dedo –¡Explícate!

Mientras los chicos charlaban Akane se caminaba hacía la puerta, con una mano en la pared intentando ubicarse, mientras Onigiri la observaba atentamente.

-Hace dos días llegué a mi casa… de alguna forma y… ¡Tú perro me siguió!- comenzó a explicar Ryoga, mientras Ranma lo escuchaba sentado en el pasto de brazos cruzados –Él y Blanquinegra se hicieron buenos amigos, se miraban mucho e incluso, ¡él tuvo el descaro de olerla!- exclamó señalando al perro, que luego de ver a Akane entrar en la casa, se había echado en el pasto -¡Y para colmo esta mañana lo vi salir de la casa! Lo seguí, y…

-¿Y qué…?

-¡Lo encontré olfateando a otra perra!

-¿Y yo que tengo que ver con eso?- preguntó Ranma sin comprender la gravedad del asunto.

-¡Es tú perro, es tú responsabilidad!- ahora el que era apuntado por el dedo acusador era Ranma.

-¿No crees que estás exagerando?- preguntó Ranma poniéndose de pie –Sólo la olfateó, creo que esa es la forma que tienen de conocerse…- reflexionaba el chico con una mano en el mentón.

-¡¿Exagerar?! ¡Ohh claro, como tú tienes más novias de las que conoces, no te importa serle infiel a la pobre Akane!

-¿Yo infiel? ¡No digas idioteces, yo jamás le sería infiel a Akane!- exclamó molesto -¡Además no me puedes culpar por lo que haga Onigiri!

-¡Claro que puedo culparte, eso lo aprendió de ti!

-¡¿De mi?!

-¡Por supuesto, sabes que las mascotas se parecen a sus dueños!

-Ryoga… eres un idiota…- exhaló resignado mientras negaba con la cabeza.

-¡Deja de burlarte de mi, y prepárate para morir!- gritó mientras se lanzaba a atacar a Ranma.

En tanto, Akane encerrada en el baño sollozaba frente al espejo.

-No podré ocultarlo por mucho tiempo más… no podré vencer a Shampoo…- apretó sus puños, apoyados sobre el lavabo, con fuerza -Ranma lo notará… querrá quedarse conmigo por lástima…- el llanto se volvió más intenso -le arruinaré la vida…

Sólo pensarlo le oprimía el pecho, debía ser realista, si se quedaba ciega para siempre no le darían la posibilidad de romper el compromiso, conocía bien a su padre, no lo permitiría. Y si Ranma se enteraba que había sido por causa de Shampoo, seguramente se sentiría tan culpable que accedería a casarse y en poco tiempo la odiaría profundamente por haberle arruinado la vida, pero su honor le impediría irse. No podía permitir que las cosas llegaran a ese punto, tomó la firme decisión de desaparecer, lucharía con el alma, pondría todo de ella, moriría en plena batalla si era necesario, pero si nada de eso funcionaba… huiría, desaparecería de la vida de todos, y ya no volvería a ser una carga para nadie

-¿Akane, te encuentras bien?- preguntó preocupada Kasumi desde fuera del baño, escuchando los sollozos de su hermana.

-S… si Kasumi… en seguida bajo…- respondió la chica, mientras secaba sus lágrimas y hacía un intento por disimular su voz quebrada.

-Está bien Akane… date prisa o se te hará tarde para desayunar- avisó la Tendo mayor, luego se retiró sin preguntar más, a sabiendas de que en estas condiciones insistir no serviría de nada.

Al llegar a la sala, Kasumi se encontró con el espectáculo bastante frecuente de la familia y los amigos sentados a la mesa. Sonrió con ternura a Ryoga, quien al verla llegar dejó de reñir con Ranma para hacer una reverencia. Se dispuso a servir el desayuno a todos, mientras intentaba descifrar que le sucedería a Akane, desde hacía días no la escuchaba más que llorar encerrada en su habitación, era algo demasiado duro saber que su hermanita sufría y no poder ayudarla, pero si ella no le contaba que le sucedía no podría hacer nada. Rato después entró Akane a la sala con una mano sobre la pared para guiarse.

-Buenos días- saludó intentando sonar lo más alegre posible.

-Buenos días Akane san- se apresuró a saludarla Ryoga, con un sonrojo bastante visible.

-Buenos días hija- dijo Soun, secundado por un sonido gutural que emitió el panda a su lado a modo de saludo.

-Llevas el uniforme al revés- informó Nabiki seriamente, por alguna razón no había atisbo de burla en su voz.

-¿De verdad?- preguntó Akane alarmada –Jeje… que distraída… voy a cambiarme- dijo intentando sonar lo más casual posible, y regresó sobre sus pasos.

Kasumi, Nabiki y Ranma se miraron seriamente, mientras el resto comían despreocupadamente.

-¿Tienen alguna idea de que está pasando?- preguntó Nabiki a los otros dos, cuando Akane se alejó lo suficiente para no escucharla.

-No lo sé…- respondió Kasumi, dejando notar la preocupación en el tono de su voz –Últimamente la he notado muy triste, es como si estuviera afligida por algo- dedujo mientras Ranma asentía con la cabeza.

-Desde que comenzó ese estúpido entrenamiento está muy rara- comentó Ranma molesto.

-¿Están hablando de Akane?- preguntó Ryoga levantando la cabeza de su tazón.

-¿Qué sucede con mi hija?- preguntó Soun preocupándose.

-¡Viejo tú sabes algo!- exclamó Ranma viendo hacia el puesto ahora vacío de su padre -¿Dónde se metió?

-Se fue por allá- informó Soun señalando el jardín.

-Así es… nunca había visto a un panda moverse tan rápido- comentó Ryoga, asintiendo.

-¡Maldita sea ya se escapó!- exclamó furioso Ranma buscando a su padre por el jardín.

Mientras tanto en la entrada Akane acariciaba el lomo de Onigiri.

-Muchas gracias por ayudarme amiguito…- le hablaba con ternura –Ahora ayúdame a llegar a la escuela antes de que Ranma nos vea.

Onigiri le llegaba a la cintura, así que le resultó muy cómodo caminar con su mano sobre el cuello de su fiel amigo. A mitad de camino Akane ya había deducido el lenguaje corporal del animal, como tensaba los músculos del cuello cuando había algún bache frente a ella, o como se colocaba en su paso cuando debían esperar en la acera a que pasara un coche para poder cruzar una calle con seguridad. Así que sólo con algunos tropezones esporádicos, logró llegar a la escuela en tiempo record para una chica que apenas lograba ver una pared cuando la tenía a pocos centímetros de su rostro. Con cuidado se adentró en la escuela intentando recordar cada escalón, por fortuna en un instante Yuca y Sayuri estaban a su lado con la efusiva costumbre de tomarla del brazo y llevarla a rastras al salón, para comentarle algo. En tanto Ranma corría desesperado hacia la escuela.

-¡Más le vale a esa niña boba que la encuentre en el salón y no en uno de los locos entrenamientos del viejo!- exclamaba molesto, intentando ocultar su preocupación.

Al llegar a la escuela y verla tranquilamente sentada en su puesto caminó hacia ella molesto y aliviado al mismo tiempo, pero antes de poder decirle palabra entró el profesor a clase. Habían pasado un par de horas y Ranma no le prestaba atención a la clase, tampoco estaba dormido en su pupitre, simplemente no podía dejar de verla. Akane estaba muy extraña, se había negado a pasar al frente cuando el profesor lo pidió y no había escrito nada en su cuaderno, de hecho desde hacía un rato había tirado la mitad de sus útiles al suelo y no parecía haberlo notado. Pero lo que más lo preocupó fue su aura, esa infranqueable oscuridad que la rodeaba, nunca la había notado tan deprimida. Cerró su puño con fuerza, se sentía demasiado impotente, debía alegrarla de alguna forma, debía sacarla de ese estado depresivo, ya no soportaba verla así. Fue entonces cuando la misma idea de la mañana volvió a aparecer en su mente, con decisión abrió su cuaderno y tomó el lápiz. Rato más tarde sonó el timbre del receso.

-¿Seguirá con vida?- se preguntó Hiroshi mientras pasaba la mano frente al rostro de un inmóvil Ranma con el lápiz aún a escasos milímetros de su cuaderno.

-Quien sabe… parece que ya no le llega sangre al cerebro…- analizó Daisuke -¡Se le fue toda al rostro! ¡Jajaja!- exclamó en medio de una risotada mientras le picaba la sonrojada mejilla con el dedo.

-Parece que está punto de escribir algo- informó Hiroshi mirando con atención la hoja en blanco frente al chico.

-¿Será una carta de amor para Akane? ¡Jajaja... Agh…!- dijo Daisuke muerto de risa, hasta que una fuerte mano apretó su cuello con violencia.

-¡Cállate idiota que te va a escuchar!- exclamó Ranma en tono amenazante despertando del letargo y mirando de reojo hacía el pupitre de su prometida.

-Oye Ranma… ¿Entonces si le estabas escribiendo una carta de amor?- preguntó en secreto Hiroshi acercándose más Ranma.

-¿Q… q… qué…?- balbuceó Ranma soltando el cuello de su medio asfixiado amigo y poniéndose más rojo que su camisa -¡No sé de que hablan, me voy de aquí!- diciendo esto salió corriendo del salón sin dar más oportunidad a cuestionamientos.

Ese día no pudo comer, se pasó el resto del receso escondido en la copa del árbol más alto del patio, lejos del alcance del par de curiosos chicos. Regresó al salón justo cuando el profesor entraba, ignorando las furtivas miradas cómplices de sus amigos.

-¡Fue una estupidez pensar en tal cosa!- se abofeteaba mentalmente por la peligrosa idea que había tenido, hasta que volvió a ver a Akane.

Continuaba tan o más triste que antes, muy pálida y delgada, su estado era deplorable. Era en esos momentos en los que notaba cuanta falta le hacía esa chica, esa sonrisa tan llena de vida que le iluminaba el mundo en un instante, esos ojos tan cristalinos en los que no podía evitar perderse, porque parecía que pudiera verle el alma a través de ellos. Esa alma de guerrera, fuerte y decidida, una fierecilla indomable que lo daba todo por los que quería.

-Extraño incluso sus golpes…- pensó suspirando resignado sin dejar de verla –¡Lo haré! La alegraré aunque sea lo último que haga- decidido volvió a tomar el lápiz y comenzó a escribir.

Pasados diez minutos luego de la finalización de la clase, los pocos alumnos rezagados que aún quedaban en el salón vieron emerger desde el centro de una enorme pila de papeles arrugados al chico de característica trenza.

-¡Lo logré!- exclamó emocionado sosteniendo en lo alto una hoja con algo escrito -¿Ehh… donde está Akane?- preguntó desconcertado al ver su pupitre vacío.

-Se fue enseguida de que acabó la clase, hasta mañana Ranma- se despidió una chica saliendo del salón.

-¿Ya acabó la clase?- se preguntó con la hoja aún levantada, viendo el salón casi vacío.

Mientras tanto Akane regresaba a su casa junto con su sensei.

-Muchas gracias por ayudarme a volver tío… en este estado ni siquiera puedo andar sola- dijo la chica con una gran tristeza en su voz.

-Por nada Akane, cuando lleguemos a la casa cámbiate inmediatamente que ya está todo preparado para tu entrenamiento de hoy- respondió el hombre con una sonrisa.

-¡Si!- exclamó con decisión -¿Qué entrenaremos hoy?

-Escucha Akane, ayer lo hiciste muy bien, y la técnica que aprendiste te ayudará a ganar cualquier combate…

-Espero que no se equivoque, si pierdo yo…

-¡No perderás! Pero cuando pongas en práctica lo que te enseñé no puedes permitirte cometer errores como lo hiciste ayer. ¿Sabes lo que se requiere para no fallar esa técnica?

-Mmm… ¿Velocidad?

-No.

-¿Precisión?

-No.

-¿Habilidad, flexibilidad, concentración?- preguntó intentando acertar.

-No, digo… si… lo último que dijiste.

-¿Concentración?

-¡Así es! Y es justamente lo que vamos a entrenar hoy.

En tanto, Ranma caminaba tranquilamente por la cerca de vuelta a la casa.

-Vaya, pensaba dársela en la escuela…- pensaba el chico guardando la carta con cuidado de no arrugarla en el bolsillo de su pantalón –… no era el mejor lugar, pero en la casa será más complicado.

Akane con su gi puesto observaba el dojo extrañada, no podía distinguirlo, pero estaba segura de que había algo fuera de lugar allí, además de creer haber escuchado a Kasumi decir algo acerca de un parlante. Sin embargo sus pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de su tío.

-Aliento del felino levitante.

-¿Qué?- preguntó volteando hacia su sensei.

-Es la mejor, más larga y más compleja kata que he desarrollado, la que siempre entrena Ranma. ¿La recuerdas?

-¿Así se llamaba? Con razón Ranma nunca me quiso decir su nombre- reflexionó la chica.

-¿Eres capaz de realizarla?

-¿Yo?- preguntó señalándose –Pues la he visto muchas veces, creo que puedo recordar todos los movimientos.

-¡Perfecto! Entonces ahora deberás entrenar hasta realizar esa kata a la perfección, sin un fallo. Si fallas o te detienes deberás volver a comenzar.

-¿Sólo eso?- preguntó frunciendo el seño, conocía bien a su tío y un entrenamiento tan normal, simplemente no era su estilo.

-Sólo eso… pero recuerda, nada de lo que suceda deberá distraerte, debes lograr concentrarte a tal punto de abstraerte de la realidad. Es una prueba mucho más difícil de lo que crees pequeña Akane- advirtió el hombre comenzando a caminar hacia un lado del dojo -. ¡Vamos, comienza!

Akane asintió y adoptó la pose inicial, realmente se trataba de la kata más compleja que había visto, con un total de 567 movimientos y una duración de media hora, también estaba segura de que era la más larga que conocía. Por fortuna había visto a Ranma entrenar tantas veces que podría recordarla de principio a fin, pero eso no le aseguraba que pudiera realizarla a la perfección y sin fallas. Comenzó con el puñetazo y avance inicial, para luego ejecutar la defensa alta hacia atrás, entonces escuchó una música que le resultaba familiar.

-¿Y esa música?- preguntó deteniéndose.

-¡Dije que continuaras con la kata pasara lo que pasara!- escuchó la voz de su sensei.

-¡Si!- respondió volviendo a la posición inicial, intentando no pensar en lo que estaría tramando el hombre.

Lo que Akane había percibido con su disminuida visión era un enorme escenario en uno de los lados del dojo, también había micrófonos, focos de colores, una bola de disco, una pantalla gigante, aparte de varios equipos de sonido. Akane comenzó la kata nuevamente hasta que escuchó…

-No sé tú… pero yo… no dejo de pensar…- comenzó a cantar Genma disfrazado de Luis Miguel, provocando que la chica se diera de cara contra la duela.

-¡¿Qué demonios… está… haciendo…?!- se preguntó Akane mientras volvía a ponerse de pie.

Luego de respirar hondo y recordar que debía concentrarse sólo en su entrenamiento, volvió a comenzar con la kata. Lo que Akane no sabía era que su progresiva discapacidad le estaba haciendo la tarea más sencilla, ya que no podía ver a Nabiki cobrando entrada a los vecinos del barrio, ni a su padre disfrazado como Elvis Presley, haciendo los coros de la canción. Quién si vio el espectáculo fue Ranma que en esos momentos entraba al dojo.

-Cinco mil yens- dijo Nabiki deteniéndolo a pocos pasos de la puerta con la mano extendida.

-¿Qué?- preguntó el chico desconcertado -¿Qué está pasando aquí?

-En vista de que cierta persona no se decide a casarse con mi hermana y hacerse cargo del dojo…- le respondió con ironía –debemos hacer algo para ganar fondos.

-E… entiendo… pero no tengo dinero y lo sabes.

-Está bien, por esta vez te dejaré pasar sin pagar- aceptó la chica mientras dejaba pasar a Ranma.

-Me dejó pasar sin pedirme fotos… ¿Qué estará tramando?- pensaba el chico viendo a Nabiki con desconfianza -¡No puedo distraerme ahora, tengo una misión!- enfocó su mirada en la chica que continuaba realizando una casi perfecta kata.

Ranma tomó la hoja de su bolsillo y comenzó a caminar con decisión hacia la concentrada artista marcial, pero de pronto vio un borrón púrpura frente a él, que en cuestión de segundos se le pegó cual garrapata.

-¡Airen!- exclamó Shampoo refregando sus curvas contra el cuerpo del sorprendido chico.

Esa inconfundible voz chillona proveniente de cierta chinita logró lo que ni siquiera un tango de Gardel que en esos momentos cantaba su padre había conseguido. Akane olvidó concentración y kata, para pararse con los puños cerrados, echando chispas por los ojos, volteando el rostro hacia donde había escuchado esa desagradable voz.

-¡¿Cómo te atreves a aparecerte por aquí, Shampoo?!- le gritó furiosa.

-¡Shampoo visitar airen, chica violenta no meterse!- ordenó la amazona apretando aún más su agarre.

-M…me ahogo… suel…tame…- suplicaba Ranma intentando desesperadamente, desprender los femeninos brazos de su cuello

-Así que entrenando… juijuijui… ¿Crees tener oportunidad en tu estado?- preguntó Cologne subida en la cabeza de Akane.

-¡Cierre la boca!- exigió Akane lanzando un puñetazo por encima de su cabeza, pero la anciana ya no estaba allí.

-En ese caso te recomiendo que entrenes muy duro, o el enfrentamiento se volverá demasiado aburrido- dijo Cologne parada sobre su bastón detrás de Akane, y luego se fue a disfrutar el espectáculo.

-¡Airen invitar Shampoo a cita!- exigía la chinita soltando a Ranma, nada preocupada por el extraño tono azul que había tomado su piel.

Akane furiosa con por el descaro de la amazona le lanzó un mazo por la cabeza a Ranma, y luego de escuchar el quejido del chico volvió a su kata dispuesta a ignorar cualquier persona que apareciera.

-¡Shampoooo!- gritaba llorando Mousse abrazando a Akane por error.

-¡Ella no es Shampoo, idiota!- gritó furioso Ranma, ya recuperado del cariño de su prometida, pateando a Mousse contra el escenario, mientras Akane hacía un esfuerzo sobrehumano por concentrarse en su kata.

-¡Cuiii cuiii!- entró corriendo P-chan, perseguido por Onigiri.

P-chan al ver a Akane saltó hacia ella buscando seguridad en sus brazos, pero la chica estaba tan concentrada que no se percató de su mascota, así que acabó nockeándolo de un codazo en pleno hocico.

-¡Ranchan te traje un rico okonomiyaki!- exclamó la cocinera corriendo hasta el chico con una caja en su mano, mientras Onigiri lamía amistosamente a P-chan intentando despertarlo.

Shampoo estaba a punto de gritarle algo a Ukyo cuando un torbellino de pétalos negros la distrajo.

-¡Jojojojo! ¡Ranma sama el amor de tu vida ya está aquí!- Kodachi bajaba del techo en un columpio cubierto de flores negras, vistiendo un traje medieval, mientras los focos la iluminaban y la gente aplaudía creyendo que era parte del espectáculo.

-¿K… Kodachi, Ukyo?- balbuceaba el chico nervioso, conciente de la batalla que se aproximaba.

-¿Qué suceder con perro negro?- se preguntó Shampoo mientras observaba a Onigiri gruñirle.

P-chan despertó confundido, y luego de observar la situación decidió salir a buscar algo de agua caliente, mientras que el público aplaudía emocionado a Mousse que sacaba todo tipo de objetos de sus mangas. Para ese entonces la batalla campal entre las tres chicas había comenzado, con Ranma en medio y Onigiri mordiendo cuanta pantorrilla femenina veía.

-¡Ya basta!- gritó furioso Ranma luego de que un bombori le diera en plena cara, consiguiendo que las chicas se detuvieran. -¡Si quieren pelear pueden irse afuera!- gritó fuera de sí, señalando la puerta del dojo con la misma mano que sostenía la carta.

-Oye Ranchan… ¿Qué es ese papel?- preguntó Ukyo señalando la hoja cuidadosamente doblada.

-¿Papel?- se preguntó mirando su mano -¡La carta!

-¿Carta? ¡Ranma sama me escribió una carta de amor, jojojo!- dedujo Kodachi lanzando una cinta de gimnasia hacía la carta

-¡Eso no ser verdad, carta ser para Shampoo!- exclamó la amazona desviando la cinta con su bombori, y lanzándose hacía la carta.

-¡Claro que no, la carta es para mi!- dijo Ukyo imitando a la amazona.

En un instante las tres chicas estaban sobre Ranma peleando por la carta, mientras Akane hacía gala de su asombrosa concentración continuando impecablemente con la kata. P-chan continuaba caminando por el dojo en busca de la salida, cuando sintió que alguien lo tomó por el pañuelo levantándolo.

-¡Shampoo ganar!- exclamó la amazona dando saltos de alegría con la carta toda arrugada en sus manos.

-¡No!- gritó desesperado Ranma, al ver que Shampoo se disponía a leer la carta.

En ese instante Onigiri de un salto le quitó la carta a la amazona.

-¡Bien hecho amigo!- exclamó feliz Ranma, mirando con agradecimiento a su mascota.

-¡Perro malo, devolver carta de airen para Shampoo!- exclamó la chinita comenzando a perseguir a Onigiri.

Las demás se lanzaron detrás de ella, y mientras las tres chicas perseguían a Onigiri por todo el dojo, en una esquina un muy avergonzado Ryoga se tapaba con lo que podía.

-Quinientos yens o no te doy tu ropa- decía tranquilamente Nabiki con una mano extendida, mientras que en la otra sostenía una tetera.

Ranma iba a comenzar a correr tras las chicas y el perro en busca del tan preciado trozo de papel cuando un murmullo lo distrajo.

-¡Muere Saotome, muere, muere!- repetía Gosunkugi mientras enterraba un clavo oxidado una y otra vez en un muñequito de paja con una pequeña trenza.

-Ya deja de hacer eso…- pidió Ranma resignado viéndolo de reojo, cuando un grito lo distrajo –¡Akane…!- exclamó preocupado volteando a verla.

La encontró parada agitada y furiosa con sus puños apretados, el en suelo estaba Hapossai tirado con un enorme chichón en la cabeza.

-¡No vuelva a toquetearme!- le gritó Akane furiosa y volteó para recomenzar su kata –¡Maldito viejo libidinoso, ya iba a la mitad!- murmuró intentando retomar su concentración.

Akane comenzó con su kata una vez más, mientras Hapossai volvía a saltar rumbo a los pechos de la chica, siendo interceptado al instante por el puño de Ranma.

-¡Déjela en paz!- exigió el chico.

-¡Muchacho desagradecido, me gustas más de la otra forma!- diciendo esto Hapossai lanzó a Ranma hacia el estanque con agua que por alguna razón el señor Kimura había llevado para conservar sus sardinas. En tanto la carta había llegado a manos de Ryoga quien ya vestido y con quinientos yens menos, observaba a la turba de chicas que se abalanzaban sobre él.

-¡Ryoga no les des la carta!- suplicaba Ranma desesperado saliendo del estanque convertido en chica y con algunas sardinas dentro de su camisa.

-¿Qué carta?- preguntó el chico de la bandana desconcertado, mientras Ukyo se la quitaba.

-¡Veamos que me escribió Ranchan!- comentó comenzando a leer la carta. –¿Akane?- preguntó desconcertada al leer la primer palabra.

-¡¿Akane?!- exclamaron Shampoo, Kodachi y Ryoga al unísono.

-¡Debemos destruir esa carta!- gritó Kodachi señalando el inofensivo papel, mientras Shampoo encendía un fósforo y comenzaba a quemar la carta aún en las manos de Ukyo.

-¡NO!- gritó Ranma mientras les quitaba la carta y apagaba el fuego con sus manos. –Aún se lee…- exhaló calmándose, al notar que apenas se había quemado una de las esquinas del papel.

-¡Chi que chi, que a gusto se está aquí!- exclamaba Hapossai adherido a los pechos de Ranma, sobándoselos.

-¡Déjeme en paz viejo pervertido!- le gritó desprendiéndolo y lanzándolo lejos.

-¡Mi diosa del cabello de fuego, te amo!- exclamó Kuno, abrazando a Ranma por detrás con sus manos sobre los pechos del artista marcial.

-¡¿Y tú de dónde saliste?!- gritó Ranma mandando a volar a Kuno de un puñetazo en la mandíbula, mientras esquivaba los ataques del resto que aún intentaban destruir la carta. –¡Necesito agua caliente!

Los vecinos aplaudían a Anthony quien hacía algunos movimientos de karate muy simples sobre el escenario, ignorando que si volteaban a uno de los lados podrían ver una batalla real. Ranma corría desesperado esquivando a Hapossai, mientras huía de las chicas y Ryoga, Onigiri lograba retrasar a la horda, pero no era suficiente.

-¿Agua caliente?- preguntó Nabiki cuando Ranma pasó corriendo frente a ella, haciendo que éste de detuviera al instante.

Ranma vio desconcertado a la chica detrás de un puesto prefabricado, ella señaló hacia arriba, allí pudo ver una orgullosa pancarta que decía: "Agua fría quinientos yens, agua caliente mil yens". No tuvo tiempo para pensarlo ya que la horda se acercaba velozmente, así que le dio el dinero a la chica.

-Creí que no te quedaba dinero…- comentó pícaramente Nabiki.

-¡Dame el agua! ¡Pronto!

-Tendrás que esperar a que se caliente…- respondió tranquilamente colocando la tetera sobre el calentador.

-¡Me las pagarás Nabiki!- amenazó furioso mientras volvía a correr lejos de los locos que lo perseguían.

-Uh… que miedo…- comentó Nabiki despreocupadamente.

En tanto Akane continuaba compenetrada en su kata sin percatarse de quien le hablaba.

-¿Quieres casarte conmigo? Miau…- le preguntaba Bakeneko ofreciéndole un cascabel.

El agudo olfato felino de Bakeneko detectó el aroma de las sardinas que provenía de esa chica que corría alrededor del dojo.

-¡Miau…!- exclamó mientras saltaba hacia Ranma –Hueles delicioso y eres muy linda. ¡Cásate conmigo!

El enorme gato se aferró a Ranma como si su vida dependiera de ello.

-¡Gatooooooo!- fue el alarido de Ranma que corría desesperado de un lado al otro con el Bakeneko abrazándolo.

Akane había alcanzado tal nivel de concentración que ni siquiera los gritos agónicos de Ranma suplicando que alguien le quitara al gato, lograron desviarla de la kata. Onigiri seguía a Ranma para acabar con el regordete felino, pero éste corría tan rápido que el pobre perro no lograba alcanzarlo. Cuando el terror de Ranma llegó al límite comenzó a maullar, y luego de lograr que el Bakeneko huyera asustado con varios arañazos, comenzó a atacar a todos. La gente huyó rápidamente del dojo, escapando de la chica que había enloquecido, mientras Onigiri hacía todo lo posible por enfrentarla, pero ella era demasiado fuerte y veloz para él. Cuando Hapossai encendió una de sus Happo Daikarín, Soun y Genma huyeron llevándose a Kasumi, Nabiki ya estaba afuera del dojo levantando apuestas sobre quién acabaría venciendo la caótica contienda. El estallido no se hizo esperar debilitando la estructura del dojo, hasta el punto en el que el techo se fue abajo. Soun lloraba desconsolado por su dojo, mientras Nabiki contaba el dinero recaudado. Entre los escombros del dojo podía verse a los vapuleados artistas marciales, y la única persona en pie era Akane quien realizó los últimos movimientos de la kata con total precisión sin percatarse del trozo de techo que descansaba sobre su cabeza.

-¡Lo hiciste muy bien Akane!- la felicitaba su sensei, mientras curaba algunos arañazos que en el alboroto le propinó su hijo.

-¿Entonces el dojo fue realmente destruido, hubo una explosión?- preguntaba asombrada la chica ante el gran poder de su concentración.

Ya todos se habían ido a sus casas, los vecinos se fueron felices por el espectáculo, los artistas marciales algo magullados pero en general bien. La famila estaba bien, Ranma regresó a la normalidad luego del desmayo por la explosión, Hapossai había salido en su rutina nocturna, Soun estaba más tranquilo luego de que Nabiki le informara que lo recaudado era suficiente para reconstruir el dojo y Kasumi permitió a Onigiri dormir adentro por esa noche debido a las heridas no demasiado graves que Neko Ranma le causó.

-Aún se lee…- pensaba el chico frente a la puerta de Akane observando el papel todo arrugado, mojado, mordido, arañado y medio quemado.

Akane regresaba a su habitación cuando se topó de lleno con Ranma que desde hacía una hora continuaba con el puño levantado sin decidirse a golpear la puerta.

-Akane- susurró volteando para quedar frente a ella.

-¿Necesitabas algo, Ranma?- preguntó sonrojada por la cercanía.

-Q…quería darte esto…- explicó él levantando el papel que había en su mano, pero de pronto recordó algo -. Aún se lee… entonces ella va a leer lo que escribí- dedujo entrando en pánico, escondiendo la carta tras de sí.

-¿Qué es lo que querías darme?- preguntó emocionada, sintiendo una calidez apoderarse de su corazón.

-¡N…nada!- respondió asustado mirando hacia los lados buscando una ruta de escape, pero entonces reparó en el rostro de su prometida que se volvió a ensombrecer con ese velo de tristeza que tanto odiaba –Todo lo hice para que se alegrara… no voy a dar marcha atrás ahora.

La miró con ternura y tomó su mano, en ella colocó el maltratado papel.

-No soy muy bueno escribiendo, y el papel está un poco roto, pero aún se puede leer- explicó sonrojado -. N… no pienses cosas raras, sólo es un agradecimiento por cederme tu habitación anoche…ehh… adiós…- logró decir, y huyó a su habitación rojo hasta las orejas.

-¿Me escribió un agradecimiento?- pensó Akane llevando el papel hasta su pecho y apretándolo con fuerza como si así pudiera meterlo en su alma.

Entró a su habitación feliz, ese gesto de Ranma era un rayo de luz en un mundo que oscurecía más y más. Por un instante cedió al impulso de desdoblar el papel, pero luego recordó que no podría leerlo, y la tristeza volvió a aparecer. Se sentía una inútil que ni siquiera podía leer un papel, pedirle ayuda a alguien no era una opción, no sólo sospecharían de su condición, también sabrían lo que él le escribió. Así que tomó una decisión, se prometió a si misma recuperar la visión, así podría leer esas palabras de Ranma, volver a ver su rostro, su reconfortante sonrisa, y por sobre todas las cosas, quedarse a su lado. Ahora más que nunca debía esforzarse por vencer a Shampoo y romper ese estúpido hechizo, así que con energías renovadas, y luego de esconder la carta en el lugar más secreto de su habitación, se dispuso a ponerse el pijama para dormir. En ese momento alguien golpeó la puerta de su habitación.

-¿Quién es?- preguntó antes de abrir la puerta.

-Soy yo Akane- la voz de su sensei se escuchó al otro lado.

-¿Qué desea tío?- le preguntó abriendo la puerta con una sonrisa imborrable en su rostro.

-¿Estás preparada para el último entrenamiento?- preguntó el hombre en tono muy serio.

-¿El último?

Continuará.

Al fin… uff… como me costó sacar este capítulo.

Verán, tuve unos problemillas personales de esos que te dejan con más ganas de matar personajes, que de entrenarlos, entonces en pos del bienestar de nuestra querida Akane preferí abstenerme de escribir hasta que la nube se alejara. ^_^

Ahora unas aclaraciones:

En el animé Ryoga conoce a un perro cuando anda perdido en un bosque al cual acaba salvando y se convierte en su mascota, a ese perro le llaman Blanquinegro. Bueno en el manga ese perro es perra, es la mascota de Ryoga de toda la vida y está en su casa cuidando de sus cachorritos, en esa versión me basé para este capítulo. Espero no haberle arruinado parte del manga a nadie.

La kata que inventó Genma, (admito que el nombre es inventado también, no sé si lo notaron :P) es realmente muy extensa, he investigado y las katas más largas en las disciplinas marciales andan alrededor de los 70 movimientos y no duran más de 5 minutos en su realización, así que saquen sus propias conclusiones.

Bakeneko, cuyo nombre real es Maomolin, es ese gato gigante que andaba buscando esposa, su primer aparición sino mal lo recuerdo fue cuando Shampoo compró un cascabel en china, más adelante, este inofensivo gatito se metió en el cuerpo de Ryoga para poder casarse con Akane (Que felicidad ver sufrir tanto a Ranma en ese capítulo…)

Ahora si lo importante; los agradecimientos ^.^

Seraphy: muchísimas gracias por la idea de Onigiri ayudando a Akane a llegar a la escuela, y por ayudarme a salir del bache en el que estaba ^_^

Enaka: Genia!! Increíble el entrenamiento que se te ocurrió para la concentración! Muchísimas gracias este capítulo no habría logrado ver la luz sin tu ayuda, y se agradecen las horas de chat que realmente despejan un montón.

Marilole y Anngel, mil gracias por el apoyo, bancar mis quejas por la falta de inspiración, y detener mis intentos homicidas hacia los protas.

Miles de gracias por leer este fic, y estoy que no quepo de la emoción por tanto review hermoso, son tan lindos… que emoción!!!

Me preguntaron por ahí que que tenía que ver el título, pues no mucho… pero soy muy mala para los títulos u_u…

Y aclaro que leí un fic (debe haber más) donde Akane le regala una perrita a Ranma, así que este no es el único, aviso porque no me gusta que me vean original en algo que no soy…

La corto por acá porque ya me pasé con los comentarios, saludos a todos, espero que les guste el capítulo, el siguiente no demorará tanto… espero… y mil gracias por su apoyo que saben bien que si no me hicieran sentir tan bien con sus hermosas palabras, no me darían tantas ganas de continuar la historia.