Los personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.
Día 9: Percepción.
Aún faltaban muchas horas para que amaneciera y la casa se encontraba en silencio, todos dormían plácidamente a pesar de la fría noche. El jardín estaba iluminado, y debido a que esa noche Onigiri durmió dentro, algunos gatos habían regresado. Frente a uno de los árboles del lugar una exhausta chica continuaba con su entrenamiento.
-¿De donde… salen… tantas?- se preguntaba Akane sin dejar de lanzar puñetazos al aire.
Cientos de abejas se lanzaban furiosas hacia Akane, quien con maestría las golpeaba antes de que la alcanzaran. Genma había sido muy claro, si no puedes ver a tu enemigo debes percibirlo, y eso era exactamente lo que Akane entrenaba en estos momentos. Si lograba percibir las ínfimas auras de batalla de esas abejas, y reaccionar a ellas a tiempo, su ceguera no sería un problema durante el enfrentamiento contra Shampoo, sin embargo, le había costado un par de horas de incesantes picaduras adoptar un ritmo y una técnica casi infalible.
-¡Viejo idiota!- gritó molesto Ranma golpeando al panda, que yacía dormido a su lado, luego de despertar por una patada en la cara. –Me pregunto si la habrá leído…- pensó volviendo a acostarse en su futón luego de dejar a su padre con algunos hematomas en su dura piel de animal.
Genma realmente se había asegurado de que la dotación de abejas fuera suficiente al colgar más de cincuenta panales del árbol, el cual de alguna forma aún se mantenía en pie. Así que horas más tarde Akane continuaba golpeando abejas, sin embargo el agotamiento era demasiado, sin contar el frío que le calaba los huesos, y los cientos de picaduras que ardían como ácido sobre la piel. La chica dio su mayor esfuerzo por continuar, pero su cuerpo no lo resistió más, y acabó desmayándose, cayendo de espaldas sobre el césped, y aplastando un gato en el proceso. El chillido del animal despertó a Ranma, quien se sentó rápidamente en su futón con un fuerte escalofrío recorriéndole la espina.
-G…g… gat…t…to…- balbuceó el chico entre dormido y asustado.
Una vez que recuperó la consciencia por completo se decidió a bajar a la cocina por un poco de leche tibia, la cual esperaba, lograra calmar esa extraña ansiedad que no podía quitarse del pecho. Al salir de su habitación encontró al fiel Onigiri durmiendo en su puerta, no pudo evitar sentirse culpable de los vendajes del animal, en su estado neko ken era una amenaza para cualquiera sin importar que tan buen amigo fuera.
-No para cualquiera, en realidad…- pensó con una sonrisa mirando hacia la habitación de su prometida. -¿Porqué será que sólo ella logra calmarme?- continuaba pensando mientras se encaminaba hacia dicha habitación –Es violenta, agresiva, me golpea antes de escucharme, y se la pasa desconfiando de mi…- se detuvo frente a la puerta de la protagonista de sus pensamientos –pero es mi nombre… el que grita cuando se siente en peligro…- esbozó una sonrisa llena de orgullo, mientras observaba el patito que colgaba de dicha puerta –y el suyo… es el único que viene a mi mente cuando necesito compañía…
Con lentitud y mucho cuidado de no hacer ruido abrió la puerta, necesitaba verla, una visita fugaz, sólo confirmar que estaba a salvo, eso le haría mucho mejor que un vaso de leche. No terminó de poner un pie dentro de la habitación cuando esa molesta ansiedad en su pecho se volvió más intensa y sofocante, la puerta se azotó con fuerza contra la pared mientras el chico observaba horrorizado la cama vacía de su prometida. Un nuevo maullido de un gato que había sido picado por una abeja lo hizo mirar hacia la ventana con todos sus sentidos alerta. En un instante estaba en dicha ventana, observando temblorosamente el cuerpo de la chica tendido sobre el pasto, con un puñado de gatos sobre ella. Saltó de la ventana cayendo en el jardín a apenas un par de metros de ella, viéndola estático. En su vida como artista marcial, en sus viajes por el continente, en los abusivos entrenamientos de su padre, jamás había sentido tanto miedo como en esos momentos, ver ese pequeño y frágil cuerpo, tan hinchado por las picaduras de abejas, tumbado en el suelo, convulsionándose constantemente. Forzando a su cuerpo paralizado por el miedo a responderle, se acercó lentamente, no le prestó atención a las abejas que se lanzaron a atacarlo, tampoco a los gatos que se alejaban poco a poco del cuerpo de la chica a medida que él se acercaba. Cayó de rodillas a escasos centímetros de ella, la tomó en sus aún temblorosos brazos, vio su rostro y muñecas inflamados, sintió su cuerpo hervir a pesar del intenso frío de esa noche, notó la dificultad que estaba teniendo para respirar, todo eso lo hizo salir del trance y desesperado buscó instintivamente el pulso de la chica.
-C…casi… no tienes… pulso…- le dijo aterrado, viéndola con los ojos empañados por las lágrimas, como si ella pudiera escucharlo.
Uno de los mininos saltó hacía Ranma, aferrándose con fuerza al brazo del chico como si este tuviera un imán.
-¡No tengo tiempo para esto!- gritó furioso, arrancando literalmente al gato de su brazo y lanzándolo con fuerza hacia una de las paredes de la casa.
El resto de los gatos retrocedieron, mientras el chico se ponía de pie. Segundos más tarde se lo podía ver, con su Akane en brazos, saltando por los tejados, dirigiéndose a toda velocidad al consultorio del doctor Tofú.
-¡Tofu, Tofú, venga aquí ahora!- exigía gritando a todo pulmón parado a mitad del pasillo del consultorio, con los trozos de la puerta de entrada desperdigados a sus pies.
-¿Qué sucede Ranma?- preguntó el médico, saliendo de una de las habitaciones con cara de dormido.
-¡Atiéndala, ahora! ¡Por favor!- suplicaba el chico mirando al doctor con desesperación, mientras apretaba más contra si, el cuerpo de Akane, que a mitad de camino había dejado de convulsionarse, sabiendo perfectamente que eso no era buena señal.
El doctor se despertó por completo al ver el rostro cubierto de lágrimas del chico, pero cuando centró su atención en Akane fue cuando realmente se alarmó. Se veía mal, demasiado mal, parecía incluso no estar respirando.
-¡Llévala allí y colócala sobre la camilla!- ordenó el médico señalando su consultorio.
Ranma obedeció la orden con rapidez, el doctor comenzó a examinar a Akane sin preocuparse de la presencia del chico, cosa que lejos de tranquilizarlo lo asustó aún más, ni hablar cuando al lograr despegar la mirada del rostro de ella pudo notar la palidez del médico mientras intentaba inyectarle algo.
-¡Ranma ayúdame con esto!- ordenó Tofu, a lo que el aludido asintió y con firmeza sostuvo el cuerpo que sobre la camilla volvía a convulsionarse con fuerza.
Media hora más tarde el doctor anunció que el estado de Akane era estable, y sus signos vitales normales. Ranma se quedó con ella hasta el amanecer, frotando pacientemente las picaduras del rostro y los brazos con un algodón embebido en bicarbonato como lo recomendó Tofu.
-Vaya susto me diste esta vez… tonta…- pensaba Ranma concentrado en su tarea.
-Ranma… tengo que salir a hacer una visita- avisó el doctor desde la puerta de la sala -, cuando Akane despierte, pueden regresar a la casa, pero que haga reposo por un par de días, y no se esfuerce al menos por una semana.
-Descuide, yo me encargo de eso- respondió Ranma seriamente, viendo como el doctor se marchaba.
Abrió sus aún inflamados ojos con dificultad, apenas podía distinguir la claridad del ventanal, intentó sentarse, pero algo se lo impidió, al mismo tiempo que esa claridad era opacada por una sombra humana.
-¿Ranma…?- preguntó con la voz en un hilo, podría reconocer esa silueta como fuera.
-¿Cómo te sientes?- preguntó el chico con un tono de molestia en su voz.
-B…bien…- respondió ella por inercia, con su mente aún nublada, sin llegar a comprender lo que sucedía.
-Cuando realmente te sientas bien, regresaremos a la casa.
-¿La casa, donde estamos?
-¿N…no reconoces el lugar?- el tono de voz de Ranma se transformó de uno frío y molesto a uno lleno de preocupación.
-¡No!- se apresuró a responder, al recordar el motivo de su ceguera -Es solo que aún estoy confundida… ¿Podrías explicarme que sucedió?- preguntó, más que nada por desviar la atención de su pequeño desliz.
-¡Sucedió… sucedió uno de los entrenamientos del maldito viejo!- exclamó furioso, apretando uno de sus puños con fuerza.
-¿Abejas…?- preguntó ella comenzando a recordarlo todo.
-¡No puedo creer que continúes prestándote a esos estúpidos entrenamientos! ¡¿Eres masoquista o qué?! ¡¿Tantos deseos de morir tienes?! ¡¿Cuándo vas a meter en esta dura cabecita tuya que el viejo está loco?! ¡IDIOTA!- le gritó el chico totalmente fuera de si, mientras las lágrimas regresaban a sus ojos.
Dolía, realmente dolía que Ranma le gritara de esa forma, dolía tanto que olvidó el estado deplorable de su cuerpo, en un instante se sentó en la camilla, intentando evitar que sus propios ojos también se humedecieran.
-Ya estoy bien, volvamos…- dijo fríamente mientras intentaba bajar al suelo -¡¿Qué crees que estás haciendo?!- exclamó molesta cuando se sintió elevada en el aire.
-Te llevo a la casa, Tofú ordenó que hicieras reposo durante dos días- explicó encaminándose a la calle.
-¿Dos días? Pero la batalla contra Shampoo…
-Y una semana, ¡no!... un mes sin entrenar… ¡No quiero verte cerca del dojo, ni tocando un ladrillo durante ese tiempo! ¡Y eso incluye los enfrentamientos!- continuó diciendo el chico mientras las personas que pasaban a su lado cuchicheaban entre sí.
-¡¿Qué, te volviste loco?! ¡Yo no pienso…!
-¡Aún hay más!- advirtió, logrando que su prometida dejara de gritar para escucharlo -¡Te prohíbo que, en tu vida, vuelvas a permitir que mi padre te entrene!
-¡¿Quién crees que eres para prohibirme algo a mí?!- le gritó furiosa, sin poder creer la desfachatez del chico.
-¡Soy tu futuro esposo, y como tal debes respetar mi voluntad!- exclamó sin medir sus palabras, con el cerebro haciéndole cortocircuito, debido a esa mezcla de molestia, temor e impotencia que sentía desde que la vio desmayada a mitad del patio.
El comentario machista y posesivo de Ranma pasó desapercibido para ella, de hecho no escuchó nada más luego de la frase "Soy tu futuro esposo" la cual se repetía una y otra vez en su mente, dejándola con la boca abierta sin poder pensar en nada más. Al llegar a la casa, ya estaba más calmado, Akane no había vuelto a gritar, ni se había resistió a ser cargada, de hecho no había emitido sonido alguno, lo cual le daba la seguridad de que había comprendido su punto y no volvería a prestarse para las locuras de Genma. Luego de llevarla a su cuarto y colocarla delicadamente en su cama, y explicarle a Kasumi las indicaciones de Tofú, se dispuso a ir a su habitación a encargarse de cierto animal en vías de extinción. El enorme panda despertó al sentir como sus vértebras se fracturaban por el impresionante choque de su espalda contra una de las paredes de la habitación, luego de que su hijo lo pateara con fuerza como si se tratara de una pelota.
-¿Te gustan las abejas?- preguntó Ranma con una voz excesivamente alegre.
El panda lo miró confundido, y luego horrorizado cuando logró comprender la peligrosa situación. Ranma equipado con unos gruesos guantes y una careta de apicultor, caminaba lentamente hacia el animal que desesperado buscaba una ruta de escape, con un panal en sus manos. Para cuando el panda divisó la ventana, que era lo suficientemente grande como para escabullirse por ella, el joven con ojos de demonio que podían distinguirse a través de la careta, ya estaba sobre él. Sólo tuvo que esperar a que su padre abriera la boca para gritar, cosa que no tardó demasiado, para tener su oportunidad de hacer que casi se tragara el panal.
-Leí en algún lugar que a los osos les gusta la miel…- comentó Ranma con fingida alegría, mientras se alejaba unos pasos para disfrutar del espectáculo de ver retorcerse a su padre.
Minutos más tarde Genma había logrado lanzar lejos el panal que estaba ahogándolo, y movía sus patas desesperadamente evitando a las furiosas abejas que lo atacaban sin piedad, mientras con lágrimas en sus ojos, tosía forzadamente, escupiendo las que aún quedaban en su boca. Ranma no pudo evitar reír al ver el estado deplorable en el que las abejas habían dejado a su honorable padre, con el rostro y cuello todos hinchados, esforzándose por volver a respirar, sin embargo segundos después su semblante se volvió duro. Viéndolo con odio se quitó la careta y los guantes lanzándolos a una esquina de la habitación, llamando la atención de su progenitor.
-¡Escucha bien esto viejo, porque no volveré a repetirlo! ¡Vuelvo a verte a menos de tres metros de Akane y… YO TE MATO!- advirtió viéndolo con los ojos encendidos de furia –¡Y eso incluye los entrenamientos y cualquier otra locura que la incluya!- agregó saliendo de la habitación, dejando dentro a un muy adolorido y asustado panda.
Akane, en su mundo de matices de grises, donde intensos resplandores se mezclaban en extraña armonía con oscuras sombras, escuchaba los consejos de Kasumi, mientras intentaba distinguir los movimientos de su hermana ayudándose de su oído.
-No la abras…- se atrevió a decir Akane, rogando internamente por haber interpretado bien las señales que el resto de sus sentidos le proporcionaban.
-Tienes razón hermanita, afuera hace demasiado frío y tú aún tienes algo de fiebre- respondió Kasumi con una sonrisa, alejándose de la ventana.
Lo que para Kasumi no era más que un comentario práctico de su hermana, para ella era todo un logro personal, sentir que esa ceguera no sería el fin de su mundo, que podría seguir siendo testigo de lo que sucedía en el exterior valiéndose de sus otros sentidos, la hizo esbozar una pequeña sonrisa. Sin embargo el juego de matices que tenía el mundo en ese momento, no se comparaba con como sería todo a partir del siguiente día, no podía imaginar como sería acabar totalmente ciega, ¿todo se vería negro, o gris? La sonrisa volvió a desaparecer y su rostro se ensombreció, lo que su oído no le permitió distinguir fue el rostro preocupado con el que Kasumi la observaba. El sonido de la puerta abriéndose la sacó de sus pensamientos, pudo distinguir la inconfundible silueta de su prometido acercándose, se sonrojó levemente al pensar en lo ancho de su torso, y lo bien proporcionado de su cuerpo.
-¿Te sientes mejor?- preguntó él con docilidad, sentándose en la cama, y acercándose para examinar el rostro aún algo inflamado de la chica.
-S… si…- respondió nerviosa por la cercanía.
-El doctor recomendó que hicieras reposo, así que hoy no iremos a la escuela- dijo Ranma alejándose de Akane, satisfecho con la revisión.
-¿Así que aprovechándote de la debilidad de mi hermanita para saltarte las clases?- preguntó Nabiki recargada en el marco de la puerta que Ranma había dejado abierta.
-Ranma… te agradezco mucho que te preocupes por Akane, pero no es bueno que faltes a clases- señaló Kasumi hablándole con la ternura de una madre.
-¿Qué…? ¡No, nada de eso, yo no me muevo de aquí!- se defendió cruzando los brazos –Si la dejo sola al viejo podría ocurrírsele entrenarla, o algún loco podría venir a secuestrarla, o Shampoo y las demás podrían aprovecharse y…
-Estaré bien…- dijo Akane interrumpiendo sus pensamientos –No me moveré de esta cama… lo prometo…
-Pero…- la miró suplicante.
-Vamos Ranma, yo la cuidaré bien, confía en mi…- pidió Kasumi de forma tal que nadie podría negarse.
-Está bien…- aceptó en medio de un suspiro, bajando la cabeza derrotado –Al menos el viejo es lo suficientemente cobarde para no intentar acercarse en un mes…- pensó con una media sonrisa.
-Bien, entonces cámbiate de una vez así nos vamos- ordenó Nabiki viendo su reloj -. No pienso llegar tarde por tu culpa.
-¿Cambiarme?- preguntó confundido mirando su ropa. Sonrojándose apenado al notar que aún llevaba el pijama verde oliva –Por eso la gente me miraba raro…- dedujo, sonrojándose aún más.
Minutos más tarde Ranma y Nabiki salían por la puerta principal rumbo a la escuela acompañados por Onigiri, quien gruñía a la chica cuando la veía demasiado cerca de su dueño. En tanto en la soledad de su habitación, con el desayuno aún intacto a un lado, Akane repasaba con detalles aquella noche que cambió su vida. Como fue acorralada, la forma en la que Shampoo arrojó unos extraños polvos sobre sus ojos, mientras Cologne recitaba unas palabras en chino. Y luego las palabras textuales de la anciana; "Si no eres capaz de derrotar a quién colocó el hechizo sobre ti, no volverás a recuperar la visión... Recuérdalo Akane Tendo, si no puedes ver el atardecer del onceavo día, nunca podrás volver a ver algo en tu vida." Luego se marcharon, en medio de risas burlonas, dejándola entre escéptica y asustada.
-Si incluso unas abejas me derrotaron… estaré perdida frente a Shampoo…- pensó acongojada abrazando sus rodillas y llorando en silencio.
En tanto en la casa de enfrente a los Tendo, el señor Kimura intentaba razonar con un muchacho.
-Hijo… te he dicho que es por allí- decía el hombre con cara de cansancio señalando el portón de la entrada de su casa, al norte de donde estaban.
-¡Ya le entendí anciano, es por allí!- respondía Ryoga señalando al este.
-¡Que no! Si quieres llegar al dojo Tendo debes salir por esa puerta.
-¡No tengo tiempo para que me repita las cosas diez veces!- le espetó molesto mientras se dirigía al oeste.
-No sé para que me preocupo por un chico que ni conozco…- pensó el hombre exhalando resignado –¡Mi pared!- exclamó asustado luego de que Ryoga usara su Bakusai Tenketsu para abrirse camino por uno de los muros de la residencia Kimura, dejándolo convertido en poco menos que polvo.
Rato más tarde en la casa, Genma Saotome, ya más aliviado de las picaduras, caminaba a hurtadillas por el corredor del segundo piso mirando constantemente a los lados, dirigiéndose hacia la habitación de su aprendiz. Si Ranma lo descubría estaría perdido, pero debía saber como le había ido en el entrenamiento a la chica, así que armándose de valor y luego de cerciorarse que nadie lo viera, entró rápidamente al cuarto de Akane. Sintió mucha pena al verla, sentada en su cama hecha un ovillo con sus ojos rojos e hinchados, el rostro cubierto de lágrimas, y esa mirada asustada de quien es descubierto in fraganti.
-Soy yo, Akane- anunció el hombre caminando hacia el centro de la habitación y tomando asiento en la silla que antes había utilizado Kasumi.
-¿T… tío?- preguntó algo más aliviada secándose las lágrimas con la manga del gi. –No pude con el entrenamiento…- admitió resignada.
-¿Lograste percibir el aura de las abejas?
-Si… pero eran demasiadas, acabé cansándome antes de golpearlas a todas…
-¡Si lograste detectar su aura superaste el entrenamiento!- exclamó el hombre con una sonrisa intentando contagiar a Akane de entusiasmo.
-Shampoo va a ganar…- comentó con la voz apagada –Si esas abejas me vencieron, Shampoo me hará papilla…
Había mejorado mucho, él más que nadie lo había notado, y no era justo que justo cuando llegaba la hora de la verdad, ella perdiera la batalla sólo por falta de confianza. Él era su sensei, y tenía la responsabilidad de ayudarla, talvez Ranma lo mataría después de esto, pero no podía dejarla así.
-¡Probaremos tu nivel!- exclamó Genma de la nada, poniéndose de pie con el puño levantado.
-¿Qué?
-¡Te pondré una prueba, si logras superarla sabrás que estás lista para enfrentar a quien sea!- explicó el hombre emocionado -¡¿Qué dices, estás dispuesta a comprobar los frutos del entrenamiento?!
-¿Usted me asegura que si logro superar esa prueba venceré a Shampoo?- preguntó ella con un brillo de esperanza en sus ojos.
-¡Claro Akane! Pero con una condición…
-¿Cual?
-Persuade a Ranma de que soy demasiado joven y guapo para morir…
-¿Qué?- preguntó con una mueca de confusión.
-Olvídalo…- respondió resignado su sensei.
Ya por la tarde, el timbre de la secundaria Furinkan anunciaba la finalización de las clases, mientras los alumnos salían del edificio, uno de ellos de característica camisa roja, saltaba entre los demás, dirigiéndose a toda velocidad al lugar que desde hacía mucho tiempo llamaba hogar. En tiempo record llegó a la casa, dejando su mochila tirada en el recibidor y sin anunciarse subió las escaleras hasta la habitación de Akane. Golpeó un par de veces, y no obtuvo respuesta, la siguiente tanda de golpes fue más insistente, el tercer intento fue acompañado por gritos. Al continuar sin recibir respuesta, entró en la habitación, que tal como lo sospechó estaba vacía. Buscó por todos lados la nota de rescate, reto, amor, o la carta de despedida o lo que fuera que le diera un indicio del paradero de su prometida. Al no encontrar nada optó por buscarla en el baño o la sala, después de todo eran los lugares más probables. Luego de revisar el baño, bajó las escaleras pensando en las cosas que le diría a su prometida por no haber mantenido reposo en su cama, pero al llegar a la sala encontró a toda la familia reunida tomando el té, excepto a su prometida, y su padre.
-¿Dónde está Akane?- preguntó con los ojos muy abiertos, mientras un escalofrío le recorría la espina.
-Salieron con tu padre, dijeron algo relacionado con un entrenamiento- explicó Soun tranquilamente, hasta que sintió como era elevado por el cuello de su gi.
-¡¿Que salieron, con mi padre?!- le gritó furioso Ranma levantándolo aún más -¡Ella debía hacer reposo, le prohibí al viejo que se le acercara!
Dejó caer con desprecio al patriarca Tendo, quien llorando corrió a ocultarse detrás de Kasumi.
-Creí que la cuidarías…- dijo Ranma, viendo a Kasumi, por primera vez en la vida, con dureza.
-Se veía feliz… hace muchos días que no la veía sonreír, por eso permití que se marcharan…- explicó Kasumi bajando la mirada apenada.
-¿A dónde fueron?- preguntó algo más calmado.
-No dijeron, sólo que regresarían mañana por la tarde- respondió la interpelada, aún con la mirada fija en el tatami.
-¡Onigiri, ven aquí!- llamó Ranma a su mascota -¡Vamos a buscar a Akane!- le dijo a su perro, y sin decir más ambos salieron corriendo de la casa.
Una vez en la calle, Onigiri comenzó a olfatear el aire, y luego de emitir un ladrido, corrió hacia la casa de enfrente, mientras Ranma lo seguía sin pensarlo.
-¿Akane está aquí?- se preguntaba el chico mientras ingresaban al patio de la casa -¿Pero esta no es la casa del vendedor de… ¡g…g…gato!?- finalizó la frase trepado a un árbol luego de ver a un lindo minino que se paseaba confiado.
-Yo vendo sardinas, no gatos…- aclaró el dueño de la casa que estaba colocando ladrillo sobre ladrillo, reparando el muro que sucumbió ante Ryoga.
En tanto Onigiri perseguía feliz a los gatos que rondaban la propiedad atraídos por el intenso aroma a pescado. La esposa de Kimura le alcanzó un jugo a su marido, mientras ambos disfrutaban de la extraña, pero cómica escena de tener a un chico colgado de su árbol llorando de miedo por unos gatitos. Una vez que Onigiri se hizo cargo de todos los felinos, Ranma bajó con seguridad del árbol, con tanta mala suerte de caer sobre los cables electrificados que había alrededor de los contenedores de sardinas, con la finalidad de protegerlas de los gatos hambrientos.
-Te dije que esa trampa sería muy peligrosa- recordó la mujer a su esposo, mientras escuchaban los gritos de dolor de Ranma.
-Tranquila, sólo da choques muy suaves, provoca apenas una cosquilla- aseguró tranquilo el hombre retomando su labor, mientras Onigiri arrastraba a un inconsciente y achicharrado Ranma fuera de la propiedad.
La noche había caído, y el juego de luces y sombras se había convertido en sólo tinieblas, escuchó los pasos de su sensei detenerse, por lo que ella también lo hizo.
-Ya llegamos Akane, este será el lugar de tu entrenamiento- informó el hombre viendo con orgullo el fértil y variopinto terreno, cubierto por montañas, valles y bosque, atravesado por un río aparentemente profundo, que desembocaba en una cascada.
-¿Dónde estamos Tío?
-Estamos a los pies de la montaña Mitake, ahora descansemos unas horas y comamos algo, luego prepararé todo para tu entrenamiento- explicó el hombre sacando diez tarros de sopa instantánea, una tetera, y un calentador de la mochila que Akane cargaba.
-Vaya… entonces por eso caminamos tanto…
Ranma corría tras Onigiri, esperanzado en estar siguiendo la pista correcta.
-Debo encontrarla, debo salvarla de las locuras del viejo… ¡Ojayi cuando te encuentre, no quedará de ti ni el recuerdo!- pensaba furioso, sin prestar atención a donde se dirigía.
Mientras tanto en las montañas, Akane, sentada bajo un árbol con su sopa instantánea aún intacta, esperaba pacientemente a que su sensei, acabara de preparar la prueba.
-Si no logro superar esta prueba… sólo haré el ridículo frente a Shampoo… creo que debería irme acostumbrando a la idea de quedarme ciega para siempre...
Onigiri se detuvo en un lugar, y emitió dos potentes ladridos.
-¡¿Es aquí?!- preguntó Ranma observando la casa que estaba frente a ellos.
De la casa salió una perra, respondiendo al llamado de Onigiri.
-¿Blanquinegra? ¡Esta es la casa de Ryoga!- notó el chico mirando a su perro con molestia -¡Se supone que debíamos buscar a mi chica, no la tuya!- le gritó molesto –No tengo tiempo para esto… ¡Me voy a buscarla solo!- diciendo esto se marchó enojado sin rumbo definido.
Akane apenas comenzaba a comer su sopa ya fría, cuando la voz de Genma la interrumpió.
-Ya está todo listo Akane, es hora de comenzar.
Ranma caminaba por la calle a paso firme preocupado por su prometida, cuando una viejecita que mojaba la calle lo empapó.
-¡No puede ser que aquí también me suceda esto!- exclamó furioso volteando a ver a la viejita -¡¿Qué demonios hace lavando la vereda a medianoche?!- pero la anciana ya no estaba -¿Eh… dónde se metió?
Onigiri corría por la calle intentando alcanzar a su dueño, cuando se detuvo al ver a esa extraña pelirroja que lo había atacado el día anterior, mirando a los lados confundida. Ranma escuchó un conocido gruñido tras él, al voltear encontró a su canino amigo, viéndolo con odio, dejando ver sus filosos colmillos.
-Jeje… Ho… hola amigo…
Continuará.
Hola a todos… tanto tiempo.
Lamento la demora, pero desde hace mucho tiempo estoy enferma, me mejoro y al día siguiente voy a trabajar y caigo nuevamente… por eso no había tenido cabeza para escribir.
Bueno unas aclaraciones del capítulo antes de que me maten:
Admito con vergüenza que no tengo idea de si hay alguna cascada cercana a la verdadera montaña Mitake, pero en la de mi historia si hay… lo de los valles y el paraíso natural que es ese lugar me consta.
El Bakusai Tenketsu que utiliza Ryoga para destruir el muro del vendedor de sardinas no es más que el archi-conocido truco de la explosión.
Ahora los agradecimientos:
Antes que nada agradezco a Seraphy, Enaka, AkemyAnngel, Marilole y ElisaAckles, por darme su apoyo, comentarme sus ideas y bancarme ya sea por correo o Chat, horas enteras con mis divagues, quejas, etc.
Agradezco profundamente a todos quienes me han dejado comentarios, me siento muy mal por no responderlos uno a uno, pero estoy desesperada por publicar, quiero que sepan cuanto bien me hacen los comentarios de la gente que ha seguido la historia desde el inicio, y les doy la bienvenida a quienes hace poco la descubrieron. Amo sus reviews.*-*
Espero que este capítulo no los decepcione demasiado, la escena de las abejas fue la primera que pensé y la que me motivó a escribir este fic, soy consciente de que no la describí tan bien como hubiera podido, pero es todo lo que puedo hacer en este estado.
Saludos a todos, espero no demorar tanto en la siguiente actualización.
Nos leemos prontito.
Trekumy.
