Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.

Día 10 (Primera parte): La Prueba.

Genma guió a Akane hasta un lugar algo alejado del campamento, allí se detuvo a admirar su trabajo.

-En este momento comenzará tu prueba, recuérdalo Akane- el hombre ajustó sus anteojos -, no será fácil, pero si puedes con esto… ¡No habrá rival que se te resista!

-Espero que esté en lo correcto tío…- dijo con tristeza -¿Y bien, que debo hacer?- preguntó intentando olvidar su tristeza y arremangándose el gi para comenzar.

-Sólo debes llegar allí- informó el hombre señalando al frente.

-Tío…

-¿Qué sucede Akane?

-¡Que estoy ciega! ¡¿Lo olvidó?!- le recordó molesta por la falta de consideración.

-Oh, es verdad… sólo tienes que seguir derecho- diciendo esto le dio un empujoncito obligándola a dar un par de pasos al frente.

Giró el rostro para decirle algo a su sensei mientras continuaba moviéndose por el impulso, cuando el mundo desapareció debajo de sus pies. Cayó tres metros, sobre la dura tierra del valle que se encontraba al pie del risco desde el cual Genma la observaba.

-¡¿Qué rayos cree que hace?!- le gritó furiosa, poniéndose de pie olvidando el dolor ocasionado por su "suave" aterrizaje de cabeza.

-Yo en tu lugar comenzaría a avanzar…- dijo tranquilamente el hombre tirando de una cuerda que estaba amarrada a quien sabe qué.

-¿Porqué?- preguntó confundida, cuando sintió que algo pequeño rebotó en su hombro para caer sobre su mano -¿Una piedrita?

Acto seguido sintió la tierra temblar cuando a su lado cayó una enorme piedra casi de su altura. Se irguió por completo cuando escuchó el ruido de cientos de rocas de todos los tamaños rodando por la ladera hacia ella.

-¡Ve hacia delante Akane!- le gritaba Genma señalando esa dirección, mientras la veía como desesperadamente intentaba escalar el risco en un intento por volver a la seguridad que le daba esa altura y talvez matar a su maestro en el proceso.

Mientras tanto en la ciudad hogar de Ryoga, una extraña pelirroja era perseguida por un feroz perro negro.

-¡Onigiri detente, soy yo, soy Ranma!- gritaba el chico intentando contener al animal que hacía caso omiso de sus palabras.

Por correr mirando hacia atrás chocó de frente con algo, no tuvo tiempo de reaccionar cuando ese algo ya lo estaba abrazando.

-¡Oh mi dulce cabellos de fuego, recorriste todo este camino hasta mis brazos!- exclamó abrazando a Ranma de manera sugerente.

-¡Ya suéltame Kuno!- exigió Ranma estampándole el pie en plena cara. –Y… ¿Qué demonios haces en esta ciudad?- le preguntó al chico que estaba en el suelo con los ojos dándole vueltas.

-Mi noble corazón afronta un serio dilema que no me permite conciliar el sueño…- comenzó a decir ya de pie –Dos hermosas jóvenes en la flor de su belleza anhelando el amor puro y sincero que sólo yo podría ofrecerles y…- no pudo continuar por una nueva patada en la cara.

-Déjalo, ya no quiero saber…- dijo el chico con cara de aburrimiento mientras veía a Kuno caer inconsciente.

Con un hábil salto hacia atrás, Ranma esquivó las fauces de Onigiri, quien aprovechando su distracción lo atacó.

-¡Eres muy bueno amigo, pero no olvides que soy el mejor!- exclamó Ranma con una sonrisa viendo como el perro volvía a prepararse para atacarlo –No quiero lastimarte nuevamente, será mejor que encuentre agua caliente y pronto.

Intentó correr, pero algo lo detuvo del pie.

-¡Ya suéltame idiota!- le gritó furioso a Kuno que aún en el suelo se aferraba a su pierna.

-¡Pelirroja, te amo!- vociferaba el kendoista acariciando con su mejilla la pierna de Ranma.

En tanto Akane corría desesperada hacia delante intentando esquivar las enormes rocas que caían constantemente sobre ella. Sentía mucho dolor en los lugares donde las piedras la habían alcanzado, sin embargo continuó corriendo, hasta que una roca mediana le golpeó la pierna haciéndola caer.

-¿Cómo pude pensar que esta prueba sería… normal?- pensaba sumamente adolorida, mientras muchas otras piedras caían sobre ella lastimándola aún más.

-¡Vamos Akane, debes continuar!- gritaba Genma desde su cómoda posición con un megáfono, viendo la montañita de piedras debajo de la cual estaba enterrada la chica.

-¿Porqué demonios vine aquí? Si muero en este lugar no podré enfrentar a Shampoo… ¡Debo darle su merecido a esa gata del demonio!- exclamó saliendo de entre las rocas, con su aura ardiendo como nunca.

Continuó corriendo lo mejor que podía con una pierna lastimada y cientos de moretones en el cuerpo, hasta que el piso se terminó y cayó al río.

-¡Tío, no sé nadar…!- alcanzó a gritar antes de hundirse por completo.

-¡Debes seguir adelante no importa lo que suceda!- le gritaba Genma corriendo por el costado de la montaña de la que ya habían dejado de caer piedras.

-¡No puedo respirar, me estoy ahogando!- pensaba mientras movía los brazos torpemente intentando hacer algo parecido a nadar -¡Este es mi fin!

Sintió un fuerte dolor en el brazo izquierdo, lo cual la hizo intentar gritar, pero sólo consiguió tragar más agua. El dolor y la falta de aire se le hicieron insoportables, así que en un acto de desesperación, y como si la resistencia del agua no existiera, golpeó con todas sus fuerzas a aquello que se aferraba a su brazo. El animal dolorido por el golpe la soltó inmediatamente, pero su manga aún continuaba enganchada de las poderosas fauces, así que fue arrastrada hacia la superficie. Con su cabeza fuera del agua, y luego de dar la bocanada de aire que llenara sus pulmones nuevamente, comenzó a toser recargada en algo que flotaba sobre el agua mientras soltaba su manga. Fue entonces cuando notó que esa extraña y larga roca, además de flotar en el agua se movía arqueándose como si intentara alcanzarla.

-Esta superficie dura y escamosa, no puede ser…- pensó sintiendo el ardor de su brazo recientemente herido –¡Es un cocodrilo!- exclamó paralizada por el miedo.

Se quedó estática sopesando sus posibilidades, estaba sola en medio de un profundo río, rodeada por cocodrilos, y si algo había aprendido luego de días entrenando con su tío era que uno o dos no serían suficientes para él, así que seguramente habría una docena de ellos o talvez más.

-Primero abejas… ahora cocodrilos, ¡Ranma tenía razón el tío está loco!- pensaba intentando desesperadamente mantener la calma al sentir otro cocodrilo pasando por detrás. -¡Abejas, eso es!- exclamó emocionada por haber encontrado una forma de salir viva.

Se concentró, tal y como lo había hecho en la madrugada, olvidando el temor y el dolor, logrando percibir el aura de los cocodrilos, a lo lejos pudo percibir un aura distinta, bastante poderosa, seguramente de su tío señalándole el camino. Sólo necesitó un minuto para ubicar a los veinticinco cocodrilos, estudiar sus movimientos y trazar una ruta de escape. El pacífico cocodrilo sobre el que se sostenía, se hundió ligeramente cuando tomó impulso en él para dar un gran salto, cayó sobre otro cocodrilo, volviendo a saltar nuevamente. Así con apenas ocho saltos, y dejando detrás a unos muy molestos animales, logró llegar a tierra firme, donde Genma dormía plácidamente en una bolsa de acampar.

-¡Lo logré tío!- exclamó emocionada mientras el hombre se desperezaba con un sonoro bostezo.

-¿Qué lograste que?- preguntó aún medio dormido colocándose los lentes.

-¡Superar la prueba, lo hice tío!- continuaba diciendo con una enorme sonrisa.

-Apenas vas a la mitad…- informó tranquilamente el hombre poniéndose de pie.

-¡¿A… a la mitad?!- preguntó decepcionada cayendo de rodillas.

En un instante su cuerpo le pasó la factura, su brazo que aún sangraba abundantemente dolía demasiado, el frío era insoportable para su empapado cuerpo, y el agotamiento de noches enteras de entrenamientos le robaba las pocas energías que le quedaban.

-Debes continuar hacia delante… y hacia arriba- dijo el hombre señalando esa dirección.

Sentía más deseos de dejarse caer por completo sobre el rocoso suelo que de levantar la mirada, pero haciendo un esfuerzo sobre humano levantó la cabeza aunque no sirviera de nada.

-Ese resplandor…- murmuró poniéndose de pie con dificultad, atraída por lo único que lograba ver en esa oscuridad en la que estaba sumida desde hacía tantas horas.

-A ese lugar debes llegar- afirmó Genma, mientras comía unos panes que Kasumi les había preparado.

Mientras tanto, por las calles de alguna ciudad, una chica corría perseguida por un furioso perro negro, y detrás de ellos un joven vestido con un uniforme de kempo, agitando un boken con una mano, mientras con la otra levantaba un cuaderno.

-¡Maldito can venido de los abismos del infierno, deja en paz a mi dulce cabellos de fuego, cuyo único deseo es intercambiar diarios con su maravilloso príncipe azul!- berreaba Kuno intentando sin éxito asestarle algún golpe al hábil animal.

-¡Ya cierra la boca idiota!- gritaba Ranma, haciendo un esfuerzo sobre humano por no detenerse a callarlo de un golpe. –¡Demonios, debo encontrar agua caliente o no encontraré a Akane a tiempo!

Entonces divisó un cartel luminoso en medio de la noche con la leyenda "24 horas".

-¡Una tienda abierta!- exclamó emocionado encaminándose a ella.

Logró entrar a la tienda cerrando la puerta tras de si y recargándose en ella, sintió el golpe seco de algo que chocó contra dicha puerta, mientras esperaba a que alguien fuera a atenderlo. Afuera Onigiri se sentó pacientemente a esperar a que la odiosa chica saliera, mientras veía como Kuno intentaba desincrustar su rostro de la puerta del local.

-Buenas tardes, ¿en que puedo ayudarla?- preguntó un joven saliendo de la trastienda.

-¡Hola!- exclamó Ranma poniendo ojos de cachorrita.

-¡Cabellos de fuego!- gritaba desde afuera Kuno mientras golpeaba la puerta desesperado.

-¡¿Fuego?!- preguntó el tendero preocupado.

-¡N... no le haga caso!- exclamó Ranma con una sonrisa nerviosa mientras abría un poco la puerta para asomar su cabeza. -¡Guarda silencio idiota, salgo en un segundo!- le gritó en la cara a Kuno, y luego cerró la puerta estrepitosamente.

-¿Q…qué desea?- preguntó el joven viendo asustado a la chica que aún continuaba recargada en la puerta con cara de pocos amigos, mientras afuera se escuchaban los sollozos de Kuno.

-¡Agua caliente!- le gritó molesto, pero al ver como el muchacho retrocedía asustado, cambió su cara a una sonriente -¿Podría por favor regalarme un poco de agua caliente?- preguntó dulcemente mientras meneaba las caderas y parpadeaba rápidamente dejando ver sus largas pestañas.

-¿Eh…? Si claro…- asintió el chico sonrojado por el insinuante movimiento de caderas de su interlocutora, y sin demoras volvió a meterse a la trastienda a calentar agua.

-Hermosa flor de primavera, ¿porqué te empeñas en alejarte de tu gran y verdadero amor que soy yo?- continuaba gritando Kuno desde afuera, a lo que Ranma respondió un puñetazo a la puerta.

-¡Que te calles, idiota!- le gritó, y luego volvió a recargarse en la puerta. –Las cosas que tengo que pasar por tu culpa marimacho…- murmuró molesto –Por favor Akane… mantente a salvo hasta que te encuentre…- pensó con una gran preocupación plasmada en su rostro.

En tanto en la montaña Mitake, Akane le gritaba desde lo alto a su tío.

-¡Tío, ¿Qué tengo que hacer cuando llegue arriba?!- preguntó mientras continuaba trepando el alto risco con las manos desnudas intentando ignorar el malestar progresivo que sentía. -¡¿Tío?!- volvió a llamarlo al no obtener respuesta.

Luego del octavo llamado sin respuesta, se dio por vencida y continuó trepando mientras suplicaba internamente que el camino a ese lugar iluminado fuera lineal y sin obstáculos o animales salvajes.

-¿A quién intento engañar? No sería un entrenamiento del tío si no fuera extremadamente difícil, tendré suerte si logro llegar con todos los huesos en su lugar- pensaba resignada, mientras tanteaba alguna roca sobresalida lo suficientemente resistente para sostener su peso.

Fuera de la tienda, Kuno ya cansado de gritar escribía en su diario algo acerca de una princesa cautiva en un castillo de neón, custodiada por una feroz bestia color ébano, y un increíblemente atractivo y hábil príncipe que la rescataría usando sólo su booken. Onigiri echado en el asfalto miraba con atención la puerta del local esperando la salida de la extraña chica.

-¡Muchas gracias!- exclamó Ranma con una enorme sonrisa al tendero, mientras salía con una tetera repleta de agua caliente.

-¡Pelirroja te amo!- gritó Kuno, aventando el diario y corriendo hacia su amada, mientras Onigiri se preparaba para atacarla.

-¡Ya déjame en paz estúpido!- le gritó Ranma, cambiando su sonrisa por una expresión de cansancio, mientras le daba en la cabeza con la tetera mandándolo a volar contra un muro. -¡Y tú quieto ahí!- le ordenó a Onigiri que ya estaba a punto de saltar, viéndolo fijamente a los ojos, a lo que el animal por alguna razón no pudo evitar obedecer a la dueña de esos ojos tan familiares.

-Cabellos de fuego…- murmuró Kuno desenterrando la cabeza de la pared, mientras se tambaleaba mareado.

-¡Ahora ambos me prestarán atención, voy a acabar con esta locura de una vez!- les ordenó destapando la tetera, mientras Kuno recuperaba el equilibrio, y Onigiri la veía con intriga. -¡Observen!- exclamó mientras echaba el agua sobre su cabeza.

Onigiri observaba con los ojos desorbitados la transformación, comprendiendo al instante el porque del aroma de su dueño en esa chica, y esos ojos tan parecidos. Mientras tanto Kuno se acercaba lentamente con cara de confusión.

-¿Ahora lo entienden? Sufro de esta horrible maldición desde que fui a china…- explicó el chico con mirada de perro degollado, mientras ponía una mano en su pecho en actitud lastimera.

-¡Saotome maldito hechicero, ¿qué has hecho con mi dulce cabellos de fuego?!- exclamó furioso Kuno mientras buscaba detrás de Ranma.

-Realmente llamarte idiota es quedarse corto…- comentó Ranma con una gota de sudor, viendo a Kuno destapar unos cubos de basura en busca de la pelirroja –Tú si lo comprendiste, ¿verdad amigo?- preguntó viendo a Onigiri que caminaba hacia él algo avergonzado por haberlo atacado anteriormente. –Tranquilo, yo también te ataqué cuando estaba en el trance del Neko ken, así que estamos a mano- le dijo agachándose a su altura mientras le acariciaba la cabeza -. Ahora vamos a buscar a Akane antes de que sea demasiado tarde.

El perro respondió con un ladrido y luego de olfatear el aire comenzó a correr en una dirección, mientras Ranma lo seguía.

-Espero que esta vez si sea la pista correcta… ¡allá voy Akane!- pensó, mientras a lo lejos se escuchaban los gritos de Kuno llamando a su pelirroja, a la vez que miraba por la ranura de un buzón público.

Akane lucía una brillante sonrisa a pesar del cansancio mientras se incorporaba luego de llegar a la cima del risco, sonrisa que no duró demasiado, ya que al dar el tercer paso ya no había piso en el cual apoyar el pie, y sólo gracias a sus reflejos logró sostenerse del borde antes de caer al precipicio.

-¡¿Qué demonios es esto?!- se preguntó mientras lograba incorporarse nuevamente.

-¡Debes tener cuidado Akane!- escuchó la voz de su tío, que le hablaba con un megáfono desde el costado –Estás en un pico, y de aquí en más deberás saltar diez de esos para llegar a la meta- explicó el hombre mientras Akane se ponía pálida de pronto.

-¿Pico, saltar, diez?... ¡¿Se volvió loco, como se supone que los salte si no los veo?!- le gritó girando el rostro hacía donde provenía la voz de su sensei.

-No tengo idea…- respondió el hombre sinceramente, mientras se rascaba la sien con el dedo índice, viendo el enorme mazo que aparecía mágicamente en las manos de Akane. –¡Escucha Akane, yo te guiaré!- resolvió luego de un rato de pensarlo –El siguiente pico está a las 2 horas, ¿comprendes Akane?

-¡Si!- asintió ella, guardando su mazo y girando sesenta grados a su derecha -¿Qué tan lejos está?

-Mmm… unos cincuenta metros…- respondió el hombre de lo más tranquilo, viendo con sus binoculares como la chica perdía el equilibrio por un instante.

-Tío… yo escuché mal, ¿verdad?… Usted no dijo cincuenta metros… ¿O si?- preguntó intentando ignorar las imágenes de un panda enterrado treinta metros bajo tierra, que se le venían a la mente.

-Si eso dije…

-¡¿Cómo se supone que yo salte esa distancia si siquiera he logrado llegar al techo de la casa que está a menos de diez metros de altura?!- gritó exasperada intentando hacer razonar al hombre del turbante.

-Deberás hacerlo si quieres superar la prueba

-¡Al diablo con esta prueba! Me regreso- decidió molesta tanteando con el pie el suelo para saber por donde bajar.

-No puedes…

-¡Oh si… claro que puedo, sólo obsérveme!- respondió comenzando a bajar.

-¿Eso significa que permitirás que Shampoo te venza así de fácil?- preguntó el hombre fingiendo desilusión, mientras Akane se detenía pensativa –Es una pena, después de haber entrenado tanto… si un pequeño salto te obliga a desistir, nunca podrás vencerla- continuó diciendo mientras Akane volvía a subir.

-¡Lo haré!- exclamó convencida disponiéndose a saltar.

Era absolutamente consciente de que tal salto era virtualmente imposible, más aún sin tener un lugar para tomar carrera previamente, pero lo intentaría, sin pensar en las consecuencias, ni en tal caída que seguramente la mataría. Respiro hondo y saltó con todas sus fuerzas, sin embargo a mitad de trayecto, aún en el aire, sintió el impacto de algo que la golpeó con brutalidad en el hombro derecho, haciéndola estrellarse contra la ladera de las montañas que los rodeaban, cayendo sobre una de sus salientes.

-Creo que se me pasó la mano…- escuchó la lejana voz de su tío, mientras aún mareada intentaba abrir los ojos y comprender lo que había sucedido.

Lentamente y aún muy turbada logró sentarse, apoyando su espalda en la pared de roca, mientras sentía una extraña molestia en el brazo que recibió el impacto. Esa molestia poco a poco se convirtió en un intenso dolor, que crecía a medida que su brazo se bañaba de un tibio líquido color carmín. Genma miraba asustado la profunda herida en el brazo de la joven a través de la cual se llegaba a ver el hueso.

-¿Q…qué fue eso?- preguntó Akane con dificultad y el rostro bañado en lágrimas que por el intenso dolor no lograba contener.

-Fue un obstáculo- explicó simplemente Genma mirando las demás hachas con cadena, iguales que la primera que había lanzado, y bolas de hierro con puntas, que estaban amarradas en algún lugar en lo alto y se movían a gran velocidad entre los picos, oscilando de un lado al otro.

A un lado del hombre, el resto del arsenal esperaba su turno, ballestas, arcos y flechas, navajas, y por si con eso no alcanzaba un arma de fuego.

-C… creí que la d… distancia era el obstáculo…- comentó, con la voz entrecortada, sin poder dejar de temblar, mientras intentaba detener la hemorragia de su brazo, pero desistía de tocarlo por el desgarrante dolor.

-¡Vamos Akane, levántate y continúa sólo tienes que llegar allí!- la animó señalando el lugar rodeado por fuego que se encontraba a un par de kilómetros, como si ella pudiera verlo.

-D… duele…- informó lastimosamente luego de intentar ponerse de pie sin éxito.

-¡El dolor es el mejor maestro, pero nadie quiere ir a su clase!- señaló el hombre orgulloso por su frase.

-¿Qué dice? Yo… me voy…- decidió levantándose lentamente con su espalda aún apoyada en la pared.

-¿Te vas? ¡Espera Akane, no puedes abandonar ahora!

-Claro que puedo…- murmuró despegando la espalda de la pared mientras intentaba mantenerse en pie a pesar del fuerte mareo provocado por la pérdida de sangre.

-¡Tú no eres la única que se está poniendo en riesgo con esto!- exclamó el hombre haciéndola olvidar su mareo por un instante –Sólo hago esto porque tú lo pediste… ¿Qué crees que hará Ranma conmigo cuando te vea en ese estado?

Esas palabras la hicieron reflexionar, por un instante había olvidado que su estricto sensei no era más que el desgarbado padre de su prometido, el mismo que a parte de las artes marciales sólo pensaba en comer y tomar sake, para ese hombre en realidad era lo mismo que su hijo se casara con ella o con cualquier otra, siempre que lo mantuvieran el resto de su vida. Sin embargo allí estaba tomándose cientos de molestias y ganándose las represalias de su hijo sólo por ayudarla a recuperar la visión. Decidida inhaló profundamente y ya un poco más recuperada se dirigió a él.

-¡¿Qué dirección y distancia?!

-¡A la una, veinte metros!- respondió con una sonrisa, mientras la veía disponerse a saltar nuevamente.

Por fortuna antes de dar el salto, sintió en su rostro el viento que producía uno de los obstáculos que aún se balanceaban durante todo el trayecto, eso le dio una idea, si podía sentir el viento, sabría el lugar en el que estaban, y si eso sucedía podría usarlos para acortar los saltos y llegaría a destino sin problemas. Así que minutos más tarde se encontraba balanceándose sobre una bola de demolición gigante, calculando el mejor momento para saltar, mientras Genma le indicaba la posición de los picos. Sin embargo unas horas después, Akane caía semi inconsciente sobre uno de los picos, en un estado lamentable, muy pálida, con una flecha clavada en su espalda, y muchos dardos en sus piernas brazos e incluso alguno en su cuello.

-¡Levántate, ya sólo falta un salto y llegaras!- la animaba Genma.

-No puedo más…- murmuró ella mientras con mucha dificultad lograba quitarse uno de los dardos del cuello.

-¡Debes continuar Akane!- volvió a gritarle el hombre al ver que sus ánimos no daban resultado –¡Mira hacia delante!- ordenó, a lo que ella con lentitud logró apenas levantar la cabeza.

A poco más de diez metros de ella estaba la meta, una enorme fogata que iluminaba todo a su alrededor. A pesar de no ver casi nada, ese resplandor frente a ella era evidente, realmente estaba muy cerca para darse por vencida, pero su cuerpo se empeñaba en no responderle. Entonces lo vio, en medio de las llamas esa silueta que a penas lograba distinguir, y esa trenza que mientras le quedara un mínimo de visión reconocería.

-¿Ran…ma?- preguntó esforzándose por incorporarse con el único brazo que aún le respondía.

En el dojo Tendo comenzaba a amanecer, y Soun luego de darse un baño se dispuso a entrenar un poco, aburrido por la ausencia de su amigo y rival de sho gi, pero se encontró con un problema.

-Kasumi, ¿has visto al Señor Baka?- preguntó el patriarca Tendo asomándose a la cocina, donde Kasumi preparaba el desayuno.

-¿El Señor Baka?- preguntó ella volteando a mirarlo desconcertada.

-Si, el muñeco de entrenamiento al cual Akane vistió como Ranma, incluso le puso una trenza.

-Oh… ya recuerdo, el tío Genma se lo llevó- informó con una sonrisa, regresando a sus labores.

Akane increíblemente había logrado ponerse de pie, e intentaba llegar hasta el muñeco de entrenamiento que se encontraba en medio del fuego.

-Ranma… resiste yo te salvaré…- pensaba la chica saltando lo mejor que podía hacia el vacío, con la esperanza de que fuera suficiente para llegar a la meseta donde según su percepción su prometido estaba rodeado de fuego.

Genma observaba sorprendido como Akane se sostenía del borde de la meseta con su brazo lastimado, mientras con el otro se esforzaba por subir. La chica ya no prestaba atención al intenso dolor de su brazo que continuaba desgarrándose aún más de lo que estaba, debido al peso de su cuerpo, ni a las lágrimas de dolor y desesperación que empapaban su rostro y cuello. La debilidad extrema no le permitía siquiera gritar, debía guardar la poca energía restante para salvarlo, a él, el chico sin el cual no concebía su existencia. Finalmente logró subir la totalidad de su cuerpo, y allí, de rodillas y con sus manos apoyadas en el suelo de piedra, ya caliente por el fuego que había a escasos metros, comenzó a avanzar.

-Un sable se templa con frío y calor- reflexionó el hombre del turbante mientras orgulloso la observaba ponerse de pie e internarse en medio de las llamas lentamente.

Su única misión era llegar a él, así que ignoró el fuego que quemaba su gi hecho jirones, también el humo tóxico que estaba respirando, provocado por el dudoso combustible que su sensei había empleado para encender la enorme fogata dentro de la cual se encontraba. Cada paso que daba se volvía más pesado y dificultoso, pero la desesperación por llegar a él la motivó a continuar, finalmente logró alcanzarlo, abrazándolo con desesperación. Caminó un par te pasos más y cayó aún abrazada al muñeco aún sin notar que no era el verdadero.

-Ran…ma…- murmuró con su último aliento, perdiendo el conocimiento en ese momento, mientras las llamas que la rodeaban quemaban su maltratada piel y parte del muñeco.

Genma en un ataque de sentido común, buscaba desesperado una cuerda o algo que lo ayudara a llegar rápidamente a la meseta antes de que el fuego acabara por completo con su alumna. Entonces sintió una ráfaga de viento muy poderosa que casi lo hizo caer al vacío, con temor volteó a ver su origen. Allí en lo alto de las colinas estaba lo que temía, ese chico de ropas chinas y característica trenza que era su hijo. Realmente la apariencia del joven era temible, con un enorme aura color vino que se movía furiosa a su alrededor provocando brutales ráfagas de viento congelado, que ya habían consumido el fuego casi por completo, sus ojos, con un brillo rojizo jamás visto, estaban enfocados en el cuerpo de su prometida que inconsciente aún abrazaba al muñeco de entrenamiento.

-… Akane…- salió de los labios del chico, en un tono muy grave al tiempo que el viento se intensificaba apagando el fuego por completo y haciendo volar a su padre hacia el abismo.

Continuará.

Hola a todos… esta vez si me pasé con la tardanza y encima ni siquiera un día completo les pude traer u_u…

Bueno este día lo dividí en dos partes porque sino sería muy largo y saben que no me gustan las cosas largas, y soy consciente de que no pasó casi nada en este episodio, intentaré tener la segunda parte lo antes posible en la cual les adelanto que Ranma se enterará de toda la verdad.

Agradezco a quienes me leen y comentan, saben que por ustedes escribo.

Muchas gracias por su tiempo.

Saludos.

Trekumy.