Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro… aunque si quieren pagarme no me ofendo.

Día 10 (Segunda parte): Revelación.

El fuego y el humo habían desaparecido, pero ella continuaba sin moverse, allí desmayada, aún abrazada a ese muñeco. Ranma estaba en medio de un trance, una mezcla de sentimientos; furia, preocupación, impotencia y culpa se revolvían en su interior, provocando un despliegue de energía mal controlada que se manifestaba en forma de vientos huracanados que arrasaban con todo a su paso. Con un impresionante salto llegó a la meseta, cayendo a escasos pasos de su prometida, pudiendo por primera vez, ver las huellas de tan terrible prueba en ese frágil cuerpo.

-¿C… cómo te hiciste esto?- preguntó con los ojos llenos de lágrimas al tiempo que sus rodillas se estrellaban con el duro suelo.

Toda la energía destructiva se extinguió, y volvió a ser ese niño temeroso e indefenso en el que se convertía cuando la veía herida. Aún de rodillas acercó temblorosamente su mano a ella, mientras observaba cada centímetro de su chica. Cada quemadura, cada herida, cada contusión, en su delicada piel, le dolía en carne propia, pero percatarse del suelo bajo ella manchado por abundante sangre fue lo que lo sacó del trance.

-¡Akane!- exclamó exaltado, al tiempo que desprendía al Señor Baka de sus brazos lanzándolo lejos, e intentaba detener la hemorragia de su hombro con un trozo de su camisa.

Años de experiencia entrenando con su padre le habían enseñado a realizar un buen torniquete el cual lograba detener el sangrado casi por completo, sin embargo la palidez de su rostro y el rastro del oscuro líquido carmesí, le indicaban que la cantidad de sangre que había perdido estaba poniendo en riesgo su vida. Así que sin pensarlo más la tomó en brazos y comenzó a correr con un rumbo fijo, a una velocidad que no creyó poseer, pero que en estos momentos poco le importaba.

-Te juro por mi vida que llegaré a tiempo mi amor…- pensaba mientras la aferraba contra sí, de modo de poder sentir la respiración de ella en su cuello, así podría alertarse si ella dejaba de respirar o comenzaba a ahogarse.

El bambú que flotaba verticalmente a mitad del lago, que se encontraba al pie de las montañas, comenzó a moverse lentamente hacía la orilla. Al llegar a una parte poco profunda, el panda que lo usaba para respirar emergió a la superficie, aliviado por ya no sentir el aura de su furioso hijo, que para ese entonces se encontraba a varios kilómetros del lugar. Contento por haberse salvado de la monumental paliza, estiró sus patas, y se dispuso a llegar hasta su campamento mientras pensaba en el mejor lugar para pasar una temporada de aproximadamente, un año o talvez dos. Sin embargo un gruñido detrás de él lo hizo detenerse. "Hola lindo perrito" decía el cartel que el panda sacó al ver al animal que lo miraba fijamente mientras le mostraba sus afilados colmillos. Lo siguiente que se escuchó en ese tranquilo lugar fue el grito agudo de un panda que espantó a los pájaros del lugar.

Media hora más tarde, Ranma entraba corriendo a toda velocidad a la residencia Tendo, con su chica en brazos. Se encontraba en tal estado de trance, donde lo único que importaba era llegar con ella a salvo a la casa lo antes posible, que en ningún momento consideró la posibilidad de llevarla a un hospital cercano al lugar de entrenamiento. Tampoco se percató de los gatos que habían regresado durante la noche, así que al llegar a la habitación de Akane la colocó con cuidado sobre la cama, y salió como un demonio al pasillo gritando que llamaran a Tofú, con 5 gatos aún aferrados a sus piernas y brazos.

-¡Traigan a Tofú inmediatamente!- volvió a gritar a mitad del pasillo, mientras una muy asustada Kasumi subía las escaleras corriendo, y los gatos huían asustados.

-¡Ranma, ¿qué sucedió?!- preguntó alarmada viendo el rostro lleno de lágrimas y la expresión trastornada de él.

-¡Sólo haz que Tofú venga enseguida!- ordenó y sin dar más explicaciones se encerró en el cuarto con Akane.

Estaba mal, realmente muy mal, su respiración era muy débil, y el sangrado en su hombro no se detenía. Con cuidado y mucha paciencia, haciendo uso del botiquín que había en el cuarto, comenzó a curar la herida, horrorizado por la magnitud de la misma. Mientras la curaba imaginaba las miles de formas en las cuales haría sufrir a su padre antes de matarlo, tal y como lo había prometido, preguntándose si arrancarle los ojos con una cucharita de té sería algo demasiado suave.

-¡Ranma ábrenos por favor, ¿qué le sucedió a Akane?!- suplicaba Kasumi desde la puerta desesperada por no escuchar respuesta desde hacía varios minutos.

-¡¿Está Tofú ahí?!- preguntó Ranma concluyendo su labor en el hombro de Akane.

-No, aún no llega…- respondió Kasumi consternada.

-¡Cuando llegue abriré!- respondió dando por finalizado el asunto mientras cuidadosamente extraía los dardos aún clavados en las extremidades de su chica, y guardaba alguno para usar luego con su padre, ya se le ocurriría un buen uso para darles.

-¡Saotome, abre esa puerta en este instante!- exigió Nabiki, mientras golpeaba la puerta molesta. Al llegar alertada por los gritos y ver a Kasumi al borde de las lágrimas no necesitó más para deducir que sucedía. –Vamos, sal de ahí o le contaré a Shampoo y las demás que te encerraste con Akane a solas en su habitación- lo amenazó, pero fue inútil.

Ni él lo entendía, tampoco había intentado hacerlo, simplemente no dejaría que entraran. Estaba en un trance casi animal, ella era suya, el ser más importante que existía, y estaba herida, no permitiría que nadie se le acercara, sólo Tofú, pero lo estaría vigilando muy de cerca.

-¡Maldito viejo del demonio!- murmuró por veinteava vez al descubrir una nueva herida, parecía que no tuvieran fin, y sólo había revisado las partes que su gi dejaba ver, debajo de él seguramente estarían las más graves.

Rato después, y luego de haber ignorado las súplicas de Kasumi, exigencias y llanto de Tendo, y amenazas de Nabiki, escuchó la voz que había estado esperando.

-Jeje, ho… hola Kasumi, que milagro verte por aquí…- balbuceaba el doctor, pero antes de obtener respuesta o acabar de comerse su maletín, fue arrastrado hacía el interior de la habitación.

-¡Atiéndala!- le ordenó Ranma al confundido médico, señalando hacia la cama.

-Ohh…- fue lo único que dijo Tofú al ver la palidez de la chica, y la venda de su hombro manchada de sangre.

Rato más tarde Tofú terminaba de curarla, mientras con un equipo portátil, le realizaba una transfusión de sangre, la cual Ranma le había donado previamente.

-Ranma… ya te he dicho que estará bien, puedes retirarte- volvió a decir el doctor, al terco muchacho.

-No me iré…

-Esta bien, yo me voy entonces…- dijo tranquilamente el médico mientras cerraba su maletín.

-¡Usted no va a ningún lado hasta que Akane despierte!- exclamó Ranma bloqueando la puerta con su cuerpo, mientras miraba desafiante al galeno.

-Tranquilízate Ranma, ella ya está bien, sólo mírala- sugirió Tofú, haciendo que Ranma se concentrara en Akane -. Su respiración es normal, recuperó el color gracias a la transfusión, la herida más grave es la de su hombro, pero con un par de semanas sin moverlo bastará, el resto de las heridas son bastante superficiales- continuó explicando, al ver que el chico bajaba su defensa, y sólo se dedicaba a observarla con tristeza -. Sólo está dormida por un sedante que le apliqué, en unas horas despertará. Descuida, todo está bien- concluyó con una sonrisa.

-Eso espero…- susurró resignado dejándolo salir, mientras se acercaba a su prometida para verla más de cerca –Si te vas a recuperar… ¿Verdad?- le preguntó una vez que Tofú cerró la puerta tras él, mientras le acariciaba con suavidad el rostro.

En tanto, las mujeres que regresaban a sus casas con las verduras que luego se convertirían en el almuerzo de sus familias, se detenían horrorizadas al ver a un alegre perrito negro, que movía la cola, mientras se dirigía al hogar Tendo, arrastrando por una oreja a una cosa parecida a un panda gigante lleno de heridas y moratones, el cual dejaba un claro rastro de sangre. Si se escuchaba con atención se podían percibir los leves y lastimeros gemidos del enorme animal en claras vías de extinción. A pesar de esto, una simpática chica que caminaba por allí, con una bolsita de galletas en su mano, no le prestó atención a la curiosa escena.

-¿Dónde se habrá metido mi hermano?- se preguntaba Kodachi sumamente preocupada por la desaparición de Kuno –Necesito que pruebe mis galletas de amor incondicional, si funcionan mi querido Ranma caerá rendido ante mis encantos. ¡Jojojojojo!- comenzó a reírse estruendosamente.

Sin planificarlo llegó hasta la residencia Tendo, al encontrarse frente a la enorme puerta de la entrada decidió probar la nueva fórmula de sus galletas, compuesta por poción paralizante y líquido de frenos. Sin embargo, ver apuesto joven extranjero barriendo la vereda de la residencia Kimura, la hizo olvidar por completo a su Ranma-sama.

-Ejem… disculpa, creo que estoy perdida, ¿podrías ayudarme?- pidió la gimnasta acercándose al joven mientras pestañaba coquetamente.

-Ho… hola-respondió Anthoni algo intimidado por la chica que se le acercaba cada vez más –¿A qué lugar quieres llegar?

-¡A tus brazos!- exclamó lanzándose hacia el aterrorizado chico que la esquivó por poco –Si el lunes aparezco en St. Hebereke del brazo de este norteamericano, seguramente mi popularidad aumentará aún más- pensaba mientras se reía maniáticamente.

Anthony optó por, huir despavoridamente de la extraña muchacha que se reía como una loca, así que entró al predio de su abuelo, cerrando el portón de madera detrás de si con varios candados. Pero entonces notó una extraña sombra que tapaba el sol, al buscar su origen se encontró a Kodachi vestida con su leotardo verde y una cinta de gimnasia cayendo sobre él.

-¡Ven aquí querido, dime tu nombre jojojojojo!- exclamaba Kodachi persiguiendo por todo el patio al muchacho, que ya no sabía donde esconderse.

Luego de varios minutos de intensa persecución, mientras Kimura y su esposa tomaban té mirando divertidos la escena. Kodachi, que en estos momentos le lanzaba sus galletas al desesperado joven intentando atinarle a su boca, en un descuido dejó caer la bolsita en el estanque de las sardinas. Al instante todos los pobres animales comenzaron a flotar muertos, debido al potente veneno de las galletas, cosa que distrajo a Anthony.

-¡No puede ser, mis sardinas!- exclamaba Kimura consternado, mientras Kodachi salía de la casa con Anthony amarrado en su cinta –¡No puedo vender sardinas envenenadas!- se lamentó, sin percatarse de la situación de su nieto.

Luego de muchas horas más de vigilia junto a su prometida, Ranma se sentía más tranquilo, ella daba claras muestras de encontrarse bien, no sólo porque la fiebre había bajado, sino porque parecía estar soñando. Así que cuando Kasumi volvió a entrar a la habitación a recoger el almuerzo que le había dejado hacía varias horas, el cual aún continuaba intacto, él aprovechó para salir un momento a hacer "algo".

-¡Es hora de que cumpla mi promesa… papá!- espetó la última palabra con el mayor de los desprecios, parado en la entrada del dojo.

Genma, que hasta el momento estaba tranquilamente en el dojo curando sus múltiples heridas, no había sentido la presencia de Ranma, así que al escuchar su tétrica voz, instintivamente intentó escapar, enredándose y casi ahorcándose con los vendajes. Su corazón casi se detuvo, cuando su hijo de un salto cayó frente a él sosteniendo en una mano una de las katanas ceremoniales del dojo, y en la otra un hacha vieja y oxidada que encontró por ahí.

-Escoge- ordenó con la voz furibunda, mientras sus inexpresivos ojos observaban al aterrado hombre que tenía a sus pies.

-N… no…- balbuceaba el hombre, mientras retrocedía lentamente.

-¡Tienes razón!- asintió Ranma sonriendo de pronto mientras lanzaba ambas armas a los lados –Prefiero hacerlo con mis manos- concluyó, cambiando su sonrisa a una psicópata, mientras tronaba sus dedos.

Lo conocía bien, mejor que nadie, por eso era absolutamente consciente de que si lo dejaba continuar por ese rumbo, seguramente acabaría muerto allí mismo. Así que haciendo uso de todas sus capacidades cognitivas, en un instante ideó el plan más idiota y absurdo que a alguien se le hubiera ocurrido.

-No entiendo porqué estás tan furioso conmigo…- comenzó a decir acomodándose los lentes aparentemente tranquilo, mientras intentaba dejar de temblar –Deberías molestarte con ella, yo no tengo la culpa de que sea tan débil que no haya podido soportar un par de golpecitos…

Como era de esperar, ese comentario provocó el efecto adverso. Así que ni las cincuenta patadas en plena cara, ni los quinientos puñetazos que Ranma le dio a su padre en el estómago usando el Kachuu Tenshin Amaguriken, lograron calmarlo.

-¡¿Soportar un par de golpecitos?!- le gritó furioso, mientras respiraba agitado, ahorcándolo sin importarle el tono azulado que el rostro de este adquiría. -¡Casi la matas! ¡Casi matas a mi Akane!- continuaba gritando al tiempo lo lanzaba contra la pared con brutalidad –¡Me arruinaste la vida, te robas mi comida, eres capaz de comprometerme con cualquiera por un pepinillo, tus estúpidos entrenamientos me generaron esta maldita fobia a los gatos, y para colmo eres el causante de que me convierta en chica!- enumeraba mientras se acercaba lentamente al maltrecho hombre -¡PERO ESTO ES LO PEOR DE TODO!

-¡Técnica superespecial de la escuela de combate Saotome del Tigre Caído!- pensaba Genma mientras se ponía en pose de súplica.

-¡Pedir disculpas no va a funcionar!- gritó mientras saltaba sobre la espalda de su padre, disfrutando del sonido de las costillas de éste fracturándose -¡Te advertí que si volvías a ponerla en peligro te mataría, y planeo cumplirlo!

-¡Sólo intenté ayudarla, tú ni siquiera sabes porqué necesita hacerse más fuerte!- exclamó desesperado mientras las lágrimas se le saltaban de los ojos.

-¿Ella necesita hacerse más fuerte?- pensó Ranma, mientras detenía su puño a un par de milímetros de la cabeza del aterrorizado hombre.

Luego de bajarse de la espalda de su padre se inclinó a su altura y tomándolo del borde del gi lo miró fijamente a los ojos.

-Si me dices el porqué, te perdonaré la vida.

Akane abrió sus ojos con lentitud, intentó desperezarse, pero un intenso dolor en su hombro la hizo desistir. Mientras intentaba recordar con qué se habría lastimado, comenzó a incorporarse con dificultad, ya que su cuerpo se sentía demasiado débil, y dolía mucho. Bajó de la cama descalza, y pasando su mano por la pared encontró el interruptor de luz, pero al accionarlo la luz no se encendió.

-Que extraño… ¿Se habrá ido la luz?- se preguntó, dirigiéndose hacia la ventana.

Caminó con mucho cuidado ya que no veía absolutamente nada, seguramente al abrir la cortina la luz de la luna iluminaría la habitación. Al llegar a la ventana buscó la cortina, notando desconcertada, que la misma ya estaba abierta.

-La noche no puede estar tan oscura, entonces… ¿Porqué no logro ver nada?- pensó confundida, hasta que el recuerdo de los acontecimientos de los últimos días, la golpeó con fuerza. –¡E… estoy… ciega…!- exclamó con horror, dando un par de pasos hacia atrás, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

Intentó correr, huir de allí en un acto de desesperación, sin pensar en otra cosa que escapar. Pero tropezó con algo y cayó al suelo llorando de manera desgarrante.

-¡No puede ser, sucedió… finalmente sucedió!- sollozaba, desplomada sobre el duro suelo a mitad de su habitación.

De vuelta al dojo.

-¡¿Cómo que no me dirás nada?!- gritó Ranma a su padre quien intentaba regresar al lugar sus vértebras.

-No me corresponde…

-¡¿Qué no te corresponde?! ¡Tampoco que correspondía comprometerme con cuanta persona se cruzó por tu camino y eso no te detuvo!

-Se lo prometí.

-¿Y eso qué? Tú palabra vale unas gotas de sake. ¡Dímelo ahora!- continuaba exigiendo el joven.

-Pregúntaselo tú- sugirió el hombre del turbante, mientras más tranquilo por saber que su vida no corría peligro, comía unos panecillos que minutos antes les había dejado Kasumi.

-A mí no me lo dirá…

-¿Ah si, ya intentaste preguntarle porqué comenzó a entrenar tan duro?

Esa simple e inocente pregunta lo hizo recapacitar, realmente en ningún momento se le había ocurrido que ese duro entrenamiento tendría otra finalidad que la obstinación normal de Akane por volverse más fuerte. Pero si había un motivo extra sólo podía ser un enfrentamiento, fue entonces cuando recordó una frase a la cual no le había prestado atención.

-Debo… entrenar día y… y… noche… debo vencerla…- las palabras que Akane dijera hacía días, regresaron frescas a su mente –Dijo que debe vencerla… entonces… sí va a luchar contra alguien, y es un ella…- pensaba consternado sin prestarle atención a su padre, quien en estos momentos jugaba sho gi con Soun -¡Va a luchar contra algunas de las chicas! ¡Rayos, soy un idiota! ¿Cómo no lo noté? ¡Debo detenerla!- exclamó corriendo hacia la casa pisando de paso la cabeza de su padre.

Entró como un loco, y de dos saltos llegó a la planta alta, hablaría con ella, averiguaría contra cual de las prometidas era ese enfrentamiento y lo impediría, no importaba si ella se estaba volviendo realmente hábil, no permitiría que volviera a ponerse en riesgo, ya la había descuidado demasiado. Con la firme decisión de cuidarla muy de cerca las 24 horas del día, durante toda la vida si fuera necesario, entró de repente a la habitación.

-¡Akane, ahora me vas a decir contra quien…!- las palabras murieron en su garganta cuando la vio hecha un ovillo en el suelo llorando amargamente –A…Akane…

Se veía tan frágil, tan desvalida que le partía el alma, su llanto le llegaba hasta lo más profundo del corazón. Nunca la había visto así, su fuerte y tenaz Akane convertida en un harapo, con su pequeño cuerpo herido, llorando intensamente. Debía ayudarla, hacer algo por ella, así que corrió hacia ella, agachándose para hablarle.

-¡Akane, ¿qué tienes?!- preguntó mirándola preocupado sin saber que hacer, mientras tímidamente le colocaba una mano en la espalda.

Al escuchar su voz y sentir su cercanía, Akane instintivamente se aferró a su cuerpo abrazándolo con desesperación, con su cabeza enterrada en el pecho de él. En tanto Ranma actuó con la seguridad acostumbrada en esas situaciones, convirtiéndose en piedra al instante, sin embargo sentir su camisa húmeda por el llanto incesante de su prometida lo regresó a la normalidad.

-¿Q… qué sucede, Akane?- preguntó balbuceando sin atreverse aún a responder el abrazo.

-¡No puedo ver! ¡Ranma, no puedo verte!- exclamó sollozando mientras levantaba su cabeza dejando ver sus llorosos ojos.

-¡¿Qué?!- preguntó confundido, pero al ver su mirada desenfocada, lo comprendió todo –A… Akane… ¿Quién, cómo…? ¡Maldito viejo lo mataré!- espetó furioso mirando con ira hacia la puerta.

-E… el tío no tiene nada que ver…

-¡¿Cómo que no? Sus estúpidos entrenamientos…!- comenzó a decir pero el grito de Akane lo detuvo.

-¡Fue Shampoo!- exclamó ella sin poder contenerse más.

-¿S… Shampoo?

-Ella y su abuela me pusieron este hechizo…- explicó llorando, mientras Ranma la observaba con los ojos desorbitados –Desde ese entonces poco a poco he ido perdiendo la visión hasta que hoy ya no…- no pudo continuar hablando debido al intenso llanto.

Ranma se puso de pie, caminando de espaldas hasta chocar con uno de los estantes.

-¿Sh…Shampoo y la vieja te hechizaron? ¡¿Se atrevieron a dejarte ciega ese par de…?!- exclamó sumamente consternado mientras sentía una furia inmensa fluir en su interior.

-Debo… debo derrotar a Shampoo antes del atardecer de mañana o… me quedaré así para siempre…

-¡¿Derrotarla, te volviste loca?! ¡Estás herida, y…y… no lo voy a permitir, esas dos me van a escuchar en este instante!- gritaba Ranma desaforado corriendo hacia la ventana.

-¡Detente!- le ordenó Akane aún en medio del llanto.

-Prometo que las obligaré a que te quiten ese estúpido hechizo, así tenga que destruir su restaurante con ellas dentro…- habló con engañosa calma y atemorizante frialdad, mientras apretaba sus puños con fuerza.

Sabía que Ranma podría lograrlo, estaba segura de ello, pero, ¿a qué precio? Había entrenado tan duro sólo para evitar que lo obligaran a casarse con Shampoo, y si él iba ahora no dudaría en aceptar el trato, y eso era algo que no estaba dispuesta a permitir.

-¡No podrás! Las reglas son claras, el hechizo se anulará sólo si logro vencer a Shampoo antes de que termine el tiempo- explicó suplicando por dentro, que Ranma se calmara con eso –. Debo hacerlo por mi misma, sin ayuda de nadie.

-No confío en ese par, son unas tramposas, de seguro si voy…

-¡Ranma!- lo interrumpió desesperándose por no lograr convencerlo –He entrenado muy duro todo este tiempo… he pasado por los entrenamientos más locos del tío, por favor, es mi batalla, y yo necesito lucharla…- suplicó volviendo a llorar.

Ranma volteó a verla, había logrado convencerlo, pero no fueron sus palabras, sino el verla tan necesitada de protección. Se había jurado a si mismo no volver a dejarla sola, y no lo haría, no podía dejarla sola en ese estado para ir a reclamarle a las amazonas. Y conociendo a Cologne se ingeniaría para salirse con la suya, de alguna forma. No había duda, lo único que podía hacer en esos momentos era quedarse de brazos cruzados apoyándola, y esperando que todo saliera bien. Akane dejó de llorar exaltada por un gran estruendo que provenía de donde se encontraba Ranma.

-¿R… Ranma estás bien?- preguntó preocupada, girando su cabeza en dirección al sonido.

-¡MALDITA SHAMPOO! ¡MALDITA VIEJA BRUJA!- comenzó a gritar rabioso, mientras lanzaba a uno de los lados de la habitación un trozo del escritorio que en un ataque de impotencia y frustración había partido en dos -¡MALDITO VIEJO QUE NO ME DIJO NADA!- volvió a gritar arrojando lo que quedaba del escritorio a la otra esquina -¡Y MALDITO YO…!- gritó por última vez explotando su aura, la cual desapareció al instante que se desplomó en el suelo con sus manos sosteniendo su cabeza -… que siempre te causo problemas…- concluyó sollozando desesperadamente.

Él era el culpable, lo sabía, siempre era así, desde su llegada a esa casa había llevado consigo una infinidad de problemas y Akane siempre resultaba ser la más afectada. Se sentía un maldito, el responsable de todo lo malo que le sucedía a su prometida, todo por su orgullo idiota y esa cobardía que siempre negaba. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando sintió la mano de Akane recorrer su espalda en busca de su hombro, con los ojos aún llenos de lágrimas se giró para verla.

-Tranquilo Ranma, todo saldrá bien…- le susurró Akane, una vez que logró encontrar el hombro del chico –Sólo confía en mi- pidió mientras le ofrecía una sonrisa reconfortante.

-Yo… yo confío en ti…- respondió hipnotizado por esa sonrisa, era increíble como aún con la mirada perdida, los ojos hinchados por el llanto y las múltiples heridas podía verse tan hermosa.

-¡Ya verás que la derrotaré!- exclamó ensanchando la sonrisa al tiempo que elevaba su puño a la altura de la cara en señal de decisión.

Verla nuevamente llena de energía, con sus ojos brillando intensamente a pesar de la ceguera, con sus ánimos renovados, y ese espíritu feroz e incansable tan parecido al suyo propio, era el mejor regalo que podía hacerle. Esa increíble chica que en estos momentos se ponía de pie frente a él extendiéndole su brazo sano para ayudarlo a levantarse, esa gran guerrera que siempre admiró en secreto, esa chica tan bondadosa y tierna capaz de consolarlo en estos momentos, sólo podía ser Akane, su Akane, la única que logró ganarse su corazón. Aceptando su mano se incorporó quedando de pie frente a ella.

-Si sobreviviste al viejo, vencer a Shampoo será un juego de niños- le dijo con una sonrisa, asombrándose a si mismo al darse cuenta de que no lo decía sólo por infundirle ánimos, sino que realmente confiaba en que lo haría.

Realmente se sentía muy feliz, al fin Ranma comenzaba a tomarla en cuenta, tal vez de ahora en más ya no se comportaría como el baka de siempre. Caminó hacia donde creía que estaba su cama, pero volvió a tropezar enterrándose de cabeza en el librero.

-¡Jajaja, sigues siendo la misma torpe de siempre!- exclamó Ranma divertido al tiempo que la ayudaba a sacar su cabeza de debajo de los libros, y se cercioraba de que no se hubiera hecho más daño –Sólo intenta no agarrar a golpes a un pobre transeúnte creyendo que es Shampoo- sugirió aún risueño, mientras la sentaba en la cama.

-¡Baka!- exclamó, cruzándose de brazos y volteando su rostro molesta.

Sin embargo Ranma tenía algo de razón, ninguno de sus entrenamientos habían sido en un estado de ceguera total como el que se encontraba, si no podía atinarle un golpe jamás la vencería.

-Sin embargo…- comenzó a decir bajando sus brazos y relajando la posición –No verla realmente será un problema- comentó con una expresión pensativa en su rostro, mientras Ranma la observaba con atención.

-Podría no serlo…- comentó él con una voz enigmática.

-¿De qué hablas?

-Si lo deseas, y no estás demasiado cansada, pues… yo podría enseñarte algo…

-¿Enseñarme algo?- murmuró intentando procesar las palabras de su prometido -¡Ranma, ¿estás insinuando que me entrenarías?!- preguntó emocionada dirigiendo su rostro a él.

-Claro… ya aprendiste todas las locuras Saotome, ¿porqué no aprender una técnica coherente para variar?- explicó conteniendo la risa al ver como Akane le había hablado tan emocionada al reloj despertador que había en la cabecera de su cama.

-¡Enséñame!

Continuará.

Hola a todos, como les va?

Como lo prometí aquí les traje lo que les debía, la última parte de este día, espero no haberlos decepcionado u_u… de antemano les aviso que el siguiente día también estará dividido en dos partes, así que ahora viene este misterioso entrenamiento de Ranma, y luego la batalla contra Shampoo.

Ahora unas aclaraciones:

Las técnicas usadas fueron el Kachuu Tenshin Amaguriken que no es otro que el archi-conocido truco de las castañas, y una versión especial del tigre caído que es una técnica que consiste en disculparse con el oponente la cual desarrolló Genma.

Quiero contarles que estoy demasiado emocionada por haber llegado a los 100 reviews, francamente me siento extremadamente feliz, les confieso que jamás pensé lograrlo y todo es gracias a ustedes que me dejan sus hermosos comentarios T_T… ya me puse sentimental. Muchísimas gracias en serio.

Me despido porque ya quiero publicar, no sin antes agradecer a todos los que leen, y envían comentarios, la verdad me alegran el día como no tienen idea.

Saludos.

Gracias por todo.

Trekumy.