Los personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.

Día 11 (primera parte): Lectura de auras.

-¡Enséñame!- pidió emocionada, mientras una hermosa sonrisa aparecía en su rostro.

Su ceguera no le permitió percatarse de la cara de bobo enamorado, que esa sonrisa le provocó a Ranma.

-¡Muy bien, ahora baja a cenar! Seguramente Kasumi te guardó algo- comentó él, al lograr salir del agradable trance.

-¡No, Ranma nadie de la familia puede saberlo!- exclamó borrando su sonrisa para darle paso a una expresión de preocupación –Si no logro vencer a Shampoo me encargaré de decírselos personalmente, pero mientras aún exista una posibilidad prefiero que no lo sepan.

Por alguna razón el hecho de que en estos momentos Akane le hablara a la pared, ya no resultaba divertido, al contrario se le hacía sumamente doloroso, se sentó en la cama a su lado, era su forma silenciosa de demostrarle donde se encontraba, sin bromas, sin burlas.

-Tú ganarás…- comentó con un tono de voz abatido, del cual ella se percató al instante –Te traeré algo de comida, espérame aquí…

Akane se quedó pensativa, mientras lo sentía ponerse de pie y salir de la habitación.

-No debí decírselo… sabía que le afectaría- pensó con tristeza -. ¡Huyyy soy una idiota!

Rato más tarde Akane dejaba sus palillos sobre el tazón.

-¡Estaba muy rico!- exclamó con exagerada felicidad en un intento por trasmitir algo de alegría al silencioso joven –¡Bien, vamos a entrenar!- Se puso de pie, encaminándose hacia la puerta.

Ranma la tomó por los hombros cuidadosamente, alejándola de la ventana por la cual casi se tira de cabeza creyendo que era la puerta, y haciendo presión para que volviera a sentarse en el suelo.

-No saldremos, el entrenamiento lo realizaremos aquí- explicó mientras le ponía el seguro a la puerta, y luego de retirar la bandeja de la comida se sentó frente a ella con sus piernas cruzadas –. Talvez nos lleve toda la noche, no quiero que nadie nos moleste- explicó serenamente.

-Un entrenamiento de toda la noche, solos, en mi habitación, con la puerta cerrada…- eran los pensamientos de Akane, cuyo rostro se tornó carmesí en una fracción de segundo.

-¡N… no te imagines cosas!- le gritó exasperado, al notar la expresión de su prometida sumada al extraño vapor que se desprendía de su cabeza –Dame tu mano- pidió intentando no imaginarse cosas.

Akane no tuvo tiempo de reaccionar, cuando sintió una cálida mano tomar la suya con suavidad.

-Quiero que intentes leer mi aura- le dijo calmadamente.

-¿Leer tu aura? Ranma estas sentado frente a mí, tomando mi… mi mano- dijo ella con dificultad, pero sacudiendo su cabeza en un vano intento por olvidar ese detalle continuó -. Eso ya me lo enseñó el tío, con el entrenamiento de las abejas, y…

-Percibir no es lo mismo que leer- la interrumpió -. Cuando percibes el aura de algún ser, puedes saber su posición, pero nada más- se detuvo para asegurarse que ella estuviera prestándole atención –Si logras leer el aura de alguien, podrás obtener mucha más información que con tus ojos. El aura refleja el estado de ánimo de una persona, si aprendes a leerla correctamente podrás saber si esa persona se encuentra feliz, o triste, nerviosa o confiada, incluso puedes saber si se encuentra atenta en un enfrentamiento por ejemplo.

La voz de su prometido se escuchaba tan profunda y melodiosa que la hizo sonrojar nuevamente, el chico que en estos momentos le tomaba la mano no se parecía en nada a su egocéntrico e insolente prometido. Sin embargo seguía siendo él, el único chico que había logrado plantarse con tal firmeza dentro se su corazón que había desterrado cualquier enamoramiento infantil. Ranma volvió a hablar sacándola de su ensimismamiento.

-Ahora cierra tus ojos…

-Ranma… es lo mismo, tú sabes…

-Sólo hazlo.

-Bien, ¿y ahora?- preguntó obedeciendo a su prometido.

-Ahora concéntrate en sentir mi esencia, es decir, ese sentimiento particular que asocias conmigo, y… tú sabes, cuando… pues…

Akane esbozó una pequeña sonrisa, no era necesario que se lo explicara, ella ya conocía perfectamente su esencia, ese sentimiento de seguridad, de bienestar, de absoluta paz que disfrutaba la mayoría de las noches antes de dormir, desde que él llegó. Siempre lo hacía, sin importar que tan fuerte hubiera sido la discusión o que tan torrencialmente lloviera afuera, él se quedaba durante una hora en el tejado, sobre su habitación, envolviéndola con su aura. Era imposible no tener sueños agradables luego de dormirse de esa forma, algunas veces se sentía como una ladrona, que disfrutaba de tal regalo sin atreverse a agradecerlo, pero con Ranma era así, las cosas eran perfectas mientras se mantuvieran sin palabras.

-Tranquilízate Ranma, ya entendí- le dijo conteniendo una risita, mientras él intentaba sin éxito armar una frase coherente.

-¡¿Qué me tranquilice, lograste leer mi aura?!- preguntó emocionado olvidando los nervios.

-Pues no, sólo escuche tu tartamudeo… tonto.

-Que linda…- comentó con ironía –Intenta leerme ahora… estamos en contacto físico así que debería resultarte más sencillo.

Akane se concentró en él, llenándose por completo de los sentimientos que le generaba su presencia, pero pronto se percató de un detalle; no podía enfocarse en otro aura, con el suyo propio interfiriendo. Así que redujo su aura hasta casi extinguirlo, pudiendo así prestarle atención únicamente a las fluctuaciones del de Ranma. Él por su parte abrió sus ojos, viéndola con orgullo, mientras una gran sonrisa aparecía en su rostro, ella había descubierto por si misma uno de los secretos de la técnica. Cualquiera puede dar un golpe o una patada, pero desentrañar la técnica de otra persona hasta llegar a dominarla, e incluso mejorarla, es algo que sólo un verdadero guerrero puede lograr. Pronto el orgullo se transformó en admiración, y el quedarse observando a la concentrada chica frente a él, con sus ojos cerrados y su expresión de paz, lo hizo sonrojar furiosamente, al recordar lo que por un momento había olvidado; ella era Akane, su prometida.

-Incluso su aura es linda cuando se sonroja- pensó divertida sintiendo en carne propia cada uno de los sentimientos de Ranma.

Abrió sus ojos, y le sonrió, logrando que el cerebro del chico acabara de fundirse, pero en ese momento otra presencia llamó su atención. Volteó su rostro hacia el origen de ese oscuro y triste, aunque muy pequeño aura.

-Me pregunto que hace Gosunkugui aquí, ¿porqué estará tan molesto?- dijo ella con preocupación, logrando sacar a Ranma de su letargo.

Él miró molesto hacia la ventana, de alguna forma sentía ese entrenamiento como algo íntimo, era un acercamiento entre ellos y como siempre alguien tenía que aparecer a arruinar las cosas. En tanto afuera de la ventana el esquelético chico trepado a un árbol intentaba clavar un muñeco de paja a una de las ramas de éste.

-¡Muere Saotome, muere! ¡Como te atreviste a tomar la mano de mi linda Akane, lo pagarás!

Gosunkugui, no pudo continuar, ya que una potente ráfaga de viento que provenía misteriosamente del interior de la habitación, lo hizo volar con muñeco de paja, martillo, y medio árbol, hacía la casa de enfrente.

-¡¿Porqué hiciste eso Ranma?! Sólo era Gosunkugui- lo increpó Akane.

-¡¿Todavía lo defiendes?! ¡La próxima vez dejaré que cualquiera te espíe!

-¡No era para que lo mandaras a volar de esa forma, sólo debíamos pedirle que se fuera!

-¡No vuelvo a preocuparme por ti!- exclamó molesto, soltando su mano y abriendo la puerta para luego salir sin siquiera molestarse en cerrar nuevamente la puerta.

Caminó hasta mitad del oscuro corredor, pero se detuvo al recordar algo, regresó sobre sus pasos corriendo, llegando justo a tiempo para abrazar por detrás a Akane cuando estaba a punto de caer por la ventana. Con cuidado la regresó al firme y seguro suelo.

-¿A dónde ibas?- le preguntó aún sin soltarla, olvidando por completo el enojo.

-A buscarte- respondió ella algo avergonzada.

-Puedes dominar la lectura de auras, pero aún no logras distinguir una puerta de una ventana- comentó divertido, soltando el agarre -. Ahora lee el aura de todos los de la casa- continuó diciendo sin darle tiempo a tomar lo anterior como una burla.

Esta vez no le tomó más que un par de segundos disminuir su aura y sentir las del resto de la familia.

-Todos están durmiendo, excepto Hapossai, no logro encontrar su aura, supongo que debe estar robando ropa íntima. El resto están muy tranquilos, excepto el tío Genma, que parece estar teniendo una pesadilla…

-Aprendiste muy rápido, a veces esa terquedad tuya tiene sus ventajas.

-Ibas tan bien…- suspiró resignada.

En tanto en la residencia Kimura el patriarca salía al jardín alarmado por el estruendo de algo cayendo en el suelo seguido de un constante martilleo. Cual fue la sorpresa del anciano al ver a un joven flacucho con un par de velas atadas a los lados de la cabeza, y una vestidura blanca que le daba un aspecto fantasmal. Al acercarse pudo notar que el muchacho estaba recitando una especie de maleficio a un muñeco de paja con una graciosa trenza que estaba clavado al árbol, mientras en sus huesudas manos sostenía un rosario budista.

-D… disculpe- lo llamó el señor Kimura algo temeroso.

-¿Si?- preguntó Gosunkugui volteando a ver al hombre.

El pobre anciano dejó de respirar por unos segundos, al ver ese rostro tan espeluznante, iluminado terroríficamente por las velas, lo supo todo.

-¡Un fantasma!- fue el grito aterrorizado del hombre que a una velocidad sobre humana entró a su casa a esconderse bajo el futón.

-¿Que sucede?- preguntó su mujer levantando levemente la sábana que cubría el tembloroso bulto a su lado.

-P… primero mi muro, luego mis s… sardinas y ahora esto…- tartamudeó asomando la cabeza -¡Esta casa está maldita! ¡Mañana nos iremos de aquí!- decidió, luego volvió a esconderse ente la confundida mirada de la señora.

Mientras tanto Akane estaba recargada en la ventana mientras Ranma a su lado observaba el firmamento silenciosamente.

-Pobre señor Kimura…- comentó Akane intentando contener una risa de picardía.

-¡Oye, no te enseñé eso para que espíes a los vecinos!- la reprendió Ranma con fingido enojo.

-Lo siento... ¿Sabes?, me resulta extraño que el tío Genma te haya enseñado una técnica tan… emocional.

-Él no me la enseñó, de hecho nadie lo hizo, la desarrollé solo, cuando era un niño.

-¡Un momento!- exclamó volteando para encararlo -¿Estás insinuando que tú solo de pequeño ideaste la forma de leer auras?

-Fue por necesidad- comenzó a explicar –Durante el entrenamiento mi padre siempre me enseñó que la única forma de comer era robar, y no niego que lo hice en algunas ocasiones, pero sabía que no era correcto…

-Imagino que fue una época muy difícil…- comentó Akane, mientras escuchaba con atención el sonido de los resortes de su cama, en una clara señal de la posición de su prometido.

-Si lo fue… pero no puedo quejarme, fue un gran entrenamiento al margen de todo… Bien, luego de un tiempo comencé a pedir comida a las personas, pero eso no era demasiado seguro, muchas veces las personas acababan insultándome o ignorándome. No tardé mucho en descubrir que había algo en sus energías, algo que me permitía saber si me darían comida o no al acercarme, fue entonces cuando me propuse descubrir que era ese algo… Entrené mucho tiempo a escondidas de mi padre, y finalmente logré darle una forma a esa vaga sensación, cuando crecí comprendí que lo que estaba detectando era en realidad el estado de ánimo de las personas reflejado en sus auras.

-Y entonces sólo ibas a pedir a las personas que estaban de buen humor- razonó en voz alta Akane.

-Así es, y nunca falló- comentó orgulloso.

-Pero para usar esa técnica debes reducir demasiado tu aura, nunca vi que lo hicieras, ni siquiera en batalla…

-Jamás lo haría en una batalla, sería una ventaja demasiado grande… yo me aprovecho de los errores y el cansancio del enemigo, pero aprovecharme de su estado de ánimo es muy bajo…

-Lo haz hecho muchas veces con Ryoga…- le recordó intentando molestarlo un poco.

-Eso es diferente, no necesito leer su aura para saber que está deprimido- explicó cruzando sus brazos en pose defensiva.

-Y con Mouse y con Kuno, y con…- continuaba enumerando con sus dedos.

-¡Bueno basta, es mi técnica secreta, si la usara todo el tiempo todos la conocerían!- admitió ofuscado.

-Entonces yo no debería usarla.

-¡Nada de eso!- exclamó poniéndose de pie –Es una técnica muy poderosa si la usas en el momento correcto, así que la usarás en la batalla de mañana y le ganarás a Shampoo.

-Pero eso sería tener una gran ventaja sobre ella- continuó diciendo pensativa.

-¡¿Ventaja sobre ella?! ¡Akane, te están obligando a luchar ciega, estás toda lastimada por las estupideces del viejo, ni siquiera puedes usar tu brazo derecho y, ¿aún piensas que tienes ventaja sobre ella?!

Se detuvo respirando agitado luego de su explosión, ella estaba silenciosa, cabizbaja. No necesitaba ninguna técnica para saber que estaba conteniendo las lágrimas, se veía tan indefensa.

-Y todavía le grito… soy un estúpido- pensó molesto consigo mismo.

-Nunca le ganaré…- susurró, aún inmóvil, si siquiera podía dar un paso sin temor a tropezar, jamás podría vencer a la poderosa amazona.

-¡Tú le ganarás, y yo estaré ahí para verlo!- sentenció enérgicamente –Ahora duerme, al mediodía vendré a despertarte, comerás algo y saldremos con tiempo hacía el Neko Haten- concluyó tomándola por los hombros y conduciéndola a la cama.

-¿Vendrás a despertarme?- preguntó confundida, intentando procesar las palabras del chico, mientras se sentaba en la cama.

-Por supuesto… ya te descuidé demasiado- explicó abriendo nuevamente la puerta –Buenas noches- se despidió dejando a Akane sola con sus pensamientos.

-Él está cuidándome…- pensó ella, mientras en su rostro se formaba una sonrisa de felicidad.

Fuera de la habitación, Ranma sentado en la duela del corredor, observaba melancólicamente el reflejo de la luna que se colaba por la ventana, contrastando con la penumbra reinante.

-Imagino… que no leyó mi carta…- pensó, para luego sonreír nostálgicamente –Está ciega y yo aquí preocupado por ese estúpido trozo de papel.

Abrazó sus rodillas, y comenzó a llorar en silencio, esa situación dolía demasiado, se sentía impotente y frustrado, pero no podía demostrarse así frente a ella.

-Akane debes lograrlo… sé que lo harás… y te prometo que después de que todo regrese a la normalidad las haré pagar por esto, esta vez fueron demasiado lejos…- continuaba pensando mientras en sus acuosos ojos aparecía un brillo de decisión –Nadie que se atreva a lastimar a mi Akane se quedará sin su justo castigo.

Un par de horas más tarde la se inició la actividad en la casa, mientras Kasumi preparaba el desayuno, Soun y Genma se disponían a jugar una partida de shogi, y Nabiki bajaba a mirar televisión. Todo transcurría con normalidad excepto por el joven apostado en la puerta de su prometida haciendo guardia incansablemente, y el camión de mudanzas estacionado frente a la ex residencia Kimura.

Continuará.

Hola a todos, ¿Qué tal?

Bueno es un capítulo corto y sin mucha gracia, pero fue lo que salió, en el siguiente finalmente se dará lugar la batalla de Akane contra Shampoo… espero que todo salga bien, y Akane logre recuperar la vista.

Agradezco sus hermosos revs, la verdad me ponen muy feliz, ya lo saben. Y muchísimas gracias por tomarse tiempo en leer mis locuras.

Me despido por el momento, espero no tardarme tanto para la próxima.

Saludos.

Trekumy.