Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.
Día 12: Boda.
-Ranma…- escuchó su melodiosa voz flotar en el aire llegando traviesa-mente a inundar sus sentidos.
-Akane…- respondió mientras volteaba a verla, no la haría esperar ya no más.
Ella se acercó tímidamente, él la observaba maravillado, su inmaculado vestido blanco acariciado por la suave brisa matutina, su pálida piel se veía tan tersa que le provocaban cosquilleos en sus dedos. Y su rostro, tan maravilloso como siempre, esas mejillas sonrojadas que la hacían ver tan tierna, esos ojos color avellana que lo trasportaban a otra dimensión, y esos labios, tan apetecibles, tan irresistibles que lo hipnotizaron de tal forma que sin darse cuenta se acercó a ella lentamente. Era hermosa, y estaba bien, a salvo, la pesadilla había finalizado, ella podía verlo, ella era fuerte, ella estaba ahí para él. Una suave mano sobre su mejilla lo sacó de su ensoñación.
-Ranma, te amo…- finalmente escuchó esas palabras, esas que esperó por tanto tiempo, esas que le hicieron sentir que no podía existir más felicidad en el mundo, y entonces ella superó sus expectativas.
Sentir esos carnosos y tibios labios sobre los suyos era indescriptible, no existía algo más maravilloso, esos labios eran el paraíso, ya no necesitaba nada más para vivir, ese fugaz momento le hizo comprender el sentido de su existencia. Sus brazos envolvieron la delgadez de su figura, aproximándola a él, pegando su cuerpo al suyo propio, y respondió el beso con todo su amor, la amaba, la amaba tanto que nada mas existía, nada más importaba, sólo ella, sólo ese momento.
-Te amo…- respondió alejándose escasos milímetros de sus labios, necesitaba decirlo, necesitaba que ella lo supiera.
Abrió los ojos con lentitud para verla, en algún momento del agradable trance y cúmulo de emociones los había cerrado. Buscó sus ojos brillantes y emocionados por su declaración, tanto como seguramente estaban los de él mismo. Pero en lugar de eso vio un par de rostros sonrientes, uno de ellos con un turbante y gafas empañadas, y el otro con su oscuro cabello largo, y un gran bigote. Los ojos de Ranma casi se salieron de sus órbitas, sin comprender que sucedía, intentó alejarse, pero algo lo detuvo.
-¿Cadenas?- preguntó aún confundido mirando los gruesos y enormes eslabones alrededor de su cuerpo.
-¡Escoge! ¿Estilo oriental u occidental?- preguntó Soun enseñándole un montsuki, mientras Genma a su lado sostenía un esmoquin.
-¿D… de que hablan?- preguntó asustado, intentando sin éxito zafarse de las cadenas.
-De tu boda con mi hija, decidimos que sería mixta, así que puedes elegir el traje que desees.
-¡¿Boda?!- gritó desesperado por escapar del lugar.
-Vamos Ranma, tú se lo dijiste a Shampoo, dijiste que te gustaría casarte con Akane- le recordó su padre, a lo que Ranma sólo pudo abrir la boca para replicar.
-¡Ohh hijo mío, me haces tan feliz!- exclamó Soun llorando mientras lo abrazaba fuertemente.
Ranma se movía erráticamente, como si fuera una larva intentando salir del capullo. Finalmente comprendió que el agarre de Soun, combinado con las cadenas era más poderoso que el Jigoku no Yurikago, así que optó por el "plan B".
-M… me gustaría probarme ambos trajes para poder decidir- informó logrando que emocionado su futuro suegro soltara el agarre.
Genma se apresuró a abrir los numerosos candados que fijaban las cadenas, y al terminar de abrir el último, Ranma aprovechó para huir despavorido. Pero los patriarcas eran insistentes y más aún en un asunto tan importante, así que no perdieron tiempo en perseguirlo aún con los trajes en mano.
Escuchó el sonido de los pájaros, la calidez del sol que se colaba por su ventana anunciaba que ya había amanecido. Desde hacía horas estaba despierta, sin embargo continuaba allí, inmóvil, con sus ojos cerrados. El efecto de los fuertes calmantes suministrados horas antes poco a poco se disipaban, y lo que en un principio era un atisbo de conciencia, se había convertido en una aterradora certeza; abrir sus ojos implicaba regresar a la normalidad, o tener su vida arruinada para siempre. Poco a poco se había convencido a sí misma de que realmente había vencido a la anciana, luego de golpearla ya no supo que sucedía a su alrededor, toda noción de la realidad había sido sustituida por ese horrible dolor del que aún le quedaban secuelas, apenas logró reconocer el calor de Ranma cerca suyo, hasta que por algún motivo perdió el conocimiento. Ese maldito dolor se debía al hechizo, no había duda, entonces eso tenía que significar que lo había roto, con ese pensamiento en mente se incorporó en su cama con lentitud. Su cuerpo dolía como el infierno al intentar moverlo, las heridas y el cansancio que el entrenamiento y la batalla le habían provocado, se dejaban sentir con demasiada intensidad. Aún así logró sentarse, pero pronto su atención pasó del dolor a algo mucho más importante… debía abrir sus ojos, ella no era una cobarde.
-Uno…- comenzó a contar para si misma –Dos…- inhaló una gran cantidad de aire mientras cerraba sus puños sobre la cama intentando darse valor -¡Tres!- finalmente los abrió.
El silencio inundó la habitación, durante unos instantes su rostro se mantuvo inexpresivo, pero poco a poco las comisuras de sus labios se levantaron un poco en una mueca que intentaba ser una sonrisa.
-Entonces…- comenzó a decir taciturnamente –esa frase… si era literal…
Era lo único que podía haber fallado y lo hizo… recordaba claramente las palabras de la anciana, ¿cómo no hacerlo si le congeló la sangre? "Si el hechizado no logra ver el onceavo atardecer… no volverá a ver otro por el resto de sus días…" Quería creer que sólo era una forma figurada o incluso poética de referirse a romper el hechizo antes del atardecer de ese día, pero evidentemente se refería justo a eso, el hechizo no se rompería si ella no lograba ver ese atardecer. El dolor había sido tan intenso que no pudo abrir sus ojos luego de golpear a Cologne, así que no había cumplido con esa parte, lo cual significaba sólo una cosa, permanecería ciega por siempre. No importó cuanto entrenó, cuanto se esforzó, ellas terminaron ganando, demostrándole una vez más que eran más listas que ella.
Desde que abrió sus ojos las lágrimas comenzaron a caer, bañando su rostro, un llanto silencioso lleno de frustración, dolor, desesperación, pero sobre todo… determinación. Lo había jurado y lo haría, con mucho esfuerzo bajó sus pies de la cama y lentamente se puso de pie ignorando el dolor de su cuerpo y alma, no había nada que hacer, sólo una última cosa. Sacó de debajo de su cama una maleta que había dejado preparada días antes, cuando aún podía ver algo. Luego tomó su preciado cofre y de allí extrajo un papelito cuidadosamente doblado.
-Aún huele a él…- alcanzó a decir antes de caer de rodillas llorando desesperadamente.
No volvería a verlo, eso era inevitable, pero tampoco volvería a sentir su aroma, el calor de su cuerpo cuando la salvaba de algún peligro, el sonido de su voz, que tanto podía enfurecerla como calmarla en un instante. Se marcharía, lo libraría para que fuera feliz, para que no se sintiera atado a ella, no sabía a donde ir, ni como lo haría, pero nada de eso importaba, morir de hambre o sed a mitad de un bosque no podía ser tan malo como condenarlo a una vida entera junto a alguien que no quería por culpabilidad, no estaba dispuesta a verlo sufrir por su culpa.
Luego de una larga persecución alrededor de Nerima, en la cual huía desesperado de un par de hombres que ondeaban dos trajes de matrimonio mientras le gritaban cosas acerca de comportarse con un hombre y hacer feliz a su casi esposa, logró perderlos y detenerse en lo alto del árbol que daba a la ventana de Akane. Había disminuido su aura hasta casi extinguirlo para que no lo encontraran, no habría sido necesario si se escondía en algún lugar apartado, pero necesitaba verla, saber como estaba, si había despertado. La vio moverse por la habitación y por un momento la felicidad embargó su corazón, ella estaba bien. Pero algo andaba mal con su energía, casi sin darse cuenta comenzó a leerlo, cada fluctuación del aura de Akane, tan denso y oscuro, tan lleno de dolor, tristeza, confusión… no importaba cuanto ahondara en él, sólo encontraba más sentimientos negativos. Saltó hasta el tejado y colgándose de la cornisa, se la quedó viendo a escasos centímetros de la ventana abierta. Se le encogió el corazón cuando notó su rostro demacrado, húmedo por las lágrimas que no dejaban de caer, sollozaba lo más silenciosamente que su estado anímico le permitía, mientras temblorosamente colocaba algo en esa maleta.
-¿Una maleta?- se preguntó al reparar en el pequeño detalle –Demonios Akane, ¿Qué estás tramando ahora?
Continuó observándola frustrado, últimamente parecía haber dejado de confiar en él, ¿porqué no le contaba lo que le sucedía, había olvidado que él estaba allí para ayudarla en lo que fuera? Akane finalmente cerró la maleta, y caminó a tientas a su escritorio, los ojos de Ranma casi se salieron de sus órbitas al comprenderlo.
-Aún está ciega…- dedujo, mientras su cuerpo comenzaba a temblar.
Contuvo el impulso inicial de decirle algo o salir corriendo al restaurante chino a moler a golpes a cierta anciana. En lugar de eso se mantuvo observándola, si ella no le decía que pensaba, él lo averiguaría. Luego de encontrar una hoja y un bolígrafo, comenzó a escribir ignorando que su prometido observaba atentamente cada letra que dibujaba. Su caligrafía era impecable como siempre, sólo que las palabras acababan quedando torcidas e incluso media carta fue escrita sobre la madera del escritorio en lugar de en la hoja, aún así Ranma no le prestó atención a eso sino a un par de frases.
"… me voy para siempre, y por lo tanto Ranma queda liberado del compromiso…"
"… no los condenaré a cargar con una ciega inútil, y mucho menos a Ranma a casarse con ella…"
-¡¿Vas a irte y dejarme aquí?!- le gritó sin poder contenerse, logrando que Akane dejara caer el lápiz con cara de sorpresa.
-¿R…Ranma…?- preguntó con temor, esperando ingenuamente que ese grito que escuchó claramente no fuera más que un producto de sus alucinaciones.
-¿Ciega inútil? ¡¿Ciega inútil?! ¡Akane, venciste a Shampoo estando ciega y muy herida!- ya dentro de la habitación continuaba gritándole, sin ser capaz de reordenar sus ideas, demasiada información en muy poco tiempo.
-¿Y qué logré con eso?- le preguntó amargamente, haciendo un inútil esfuerzo por dejar de llorar -¡Dime que logré, sigo estando ciega a pesar de todo!- gritó para luego dejarse caer sobre sus rodillas cubriendo su rostro con las manos.
-Tú no eres Akane…- murmuró sombría-mente.
-¿Qué?- preguntó confundida apartando las manos de su rostro.
-¡Tú no eres la Akane que yo conozco, no eres la Akane que jamás se rinde, que no le interesa lo que piensen los demás, nunca dejará de luchar por lo que cree correcto!- le gritó molesto –Mi Akane jamás me abandonaría…- finalizó bajando el tono de su voz.
-Yo sólo… quiero que seas libre de estar… con quien desees…- explicó deshaciéndose en lágrimas.
-¡Idiota, si te vas eso no va a poder ser!
-¡¿Qué?!- las lágrimas se detuvieron de pronto y levantó su rostro hacia donde estaba el chico.
Ranma retrocedió un par de pasos negando con sus manos, pero al ver la mirada de Akane se detuvo. Esa mirada apagada, sin brillo, tenía una misión; Akane recuperaría la vista o él dejaría de llamarse Ranma Saotome, así que de inmediato la tomó de un brazo levantándola del suelo.
-¡Vamos!- exclamó tirando de ella rumbo a la puerta.
-¡P… pero… ¿Ranma a donde me llevas?!- preguntó dejándose llevar.
-¡Vamos a romper ese estúpido hechizo!- afirmó con tal convicción que no dejaba lugar a dudas.
-Pero… ¿Cómo?
-Golpear a la anciana hasta que hable suena un buen plan…
Akane sólo pudo sonreír, por algún motivo sentir a Ranma a su lado, luchando por ella le daba esa seguridad que hacía mucho que no experimentaba. Luchar por si misma se había sentido muy bien, su maltrecho ego se había recuperado un poco, pero no podía olvidar que él estaba a su lado, protegiéndola y eso nunca cambiaría.
-No quiero que cambie…
Kasumi y Nabiki desde la sala, observaron pasar a Ranma y Akane tomados de la mano, corriendo por el pasillo. Los siguieron con la mirada hasta que salieron de la casa y luego continuaron con su trabajo.
-Entonces no falta nadie en la lista, ¿verdad?- preguntó Nabiki levantando una libreta de unas doscientas cincuenta páginas con nombres escritos en ella.
-La revisé varias veces, están todos los invitados a la boda- aseguró Kasumi con una sonrisa, pero su semblante se llenó de preocupación –Sólo me pregunto como conseguiremos tantas invitaciones en tan poco tiempo…
-Descuida eso lo tengo solucionado- respondió Nabiki colocando sobre la mesa una enorme caja repleta de tarjetas de invitación –Siempre tengo una dotación de tarjetas preparada para cuando estas situaciones.
-¡Eres muy previsora Nabiki!
Kasumi tomó una de las tarjetas y la leyó.
"Los invitamos al evento del año, la gran boda de Ranma Saotome y Akane Tendo que se llevará a cabo esta tarde en el dojo.
Los esperamos para compartir con nosotros la velada, y disfrutar de la tan esperada boda, o de una batalla sin cuartel.
Asistir con ropa formal y 5000 yens para la entrada"
La Tendo mayor esbozó una sonrisa afectada, y devolvió la tarjeta a la caja.
-¿Podrías repartirlas mientras me encargo de la comida?- pidió amablemente.
-Claro Kasumi, yo me encargaré de eso- la tranquilizó con una gran sonrisa –. Y cobraré las entradas por adelantado- añadió mentalmente.
Mientras tanto la puerta del Neko Hanten era literalmente desprendida de sus goznes gracias a un furioso chico.
-¡¿Dónde se metió esa vieja bruja?!- gritó Ranma fuera de sí, provocando que los clientes huyeran.
-¿Saotome?- preguntó Mouse mirando con molestia a una ancianita que no había sido tan rápida, pero luego de recibir un carterazo en plena cara se puso los lentes y volteó en la dirección correcta -Tendo…- murmuró sintiendo algo de culpa al ver a la chica salir de detrás de Ranma.
Se veía tan vulnerable, pero estaban tomados de las manos así que después de todo, las cosas salieron como las planeó.
-¡Ya deja de vernos como un idiota y dinos donde se metió la anciana!- volvió a gritar Ranma enfurecido, encaminándose hacia la trastienda para buscarla por si mismo.
-La vieja momia se fue durante la noche- informó Mouse acomodando sus lentes.
-¿Se fue?- preguntó Akane desconcertada, mientras nuevas lágrimas se formaban en sus ojos, su última oportunidad se había ido.
-¡Dime en este momento donde se metió, iré a buscarla!- exclamó Ranma con su puño cerrado frente al rostro de Mouse, mientras apretaba un poco más la mano de su prometida.
-Lo único que me dijo es que advertiría en la aldea acerca de un joven furioso que buscaría venganza- explicó el amenazado mirándolo fijamente a los ojos.
-¿Qué joven sería ese?- se preguntó ingenuamente Akane, ante la mirada de ambos chicos.
-Bien, gracias por la información Mouse- dijo para luego comenzar a caminar hacía la puerta aún jalando a Akane –Te llevaré a la casa, y luego partiré a China…
-No Ranma, tú no tienes porqué…- comenzó a decir ella, pero fue interrumpida.
-¡Claro que tengo, ya pasé demasiado tiempo como espectador, es momento de que las cosas se hagan a mi manera!
-Pero tú no necesitas a la anciana, sino la forma de romper el hechizo- mencionó Mouse antes de que salieran del local -, y eso talvez esté más cerca de lo que piensas…
Ranma se detuvo, y volteó a verlo, el amazona tenía una sonrisa de autosuficiencia, muy poco común en él. Akane acabó poniendo en palabras lo que Ranma pensaba…
-¿Tú tienes la cura Mousse?- preguntó emocionada, una luz al final del túnel, demasiado bueno para ser cierto.
-Tomen asiento, debo ir a buscar unas cosas- los invitó el chico mientras iba a la trastienda.
Tardó apenas un par de minutos durante los cuales los chicos no cruzaron palabra, sin embargo, Ranma disfrutó silenciosamente de la expresión de emoción de su prometida.
-¡Muy bien chicos imagino que estarán ansiosos por comenzar!- exclamó al regresar con una gran sonrisa.
Tomó una silla para sentarse cerca de los jóvenes, y sobre una mesa colocó un frasquito con píldoras y un rectángulo de cartón blanco.
-Akane, deberás tomarte esto- le dijo sacando una píldora del frasco y dejándola en la mano de la chica.
-¡Un momento, ¿qué cosa le estás dando a tomar?!-exclamó Ranma fulminándolo con la mirada, esa podía ser otra trampa de Cologne y Shampoo, no bajaría la guardia.
Mousse sólo lo miró molesto y le aventó el frasquito indicándole que leyera las instrucciones escritas en él.
-¡Idiota yo no sé leer chino!- volvió a gritar molesto dejando la pequeña botellita sobre la mesa con tal cuidado que casi la rompe.
-El idiota es otro…- murmuró en chino para luego proceder a explicarle –Esas son unas píldoras especiales que devuelven la vista al tomarlas.
-¿Entonces sólo tomando esta píldora estaré curada?- preguntó Akane sin poder creérselo, tanto trabajo, y duro entrenamiento para acaba resolviéndolo con una píldora.
-¡Ja, ¿nos tomas por estúpidos, quien creería ese cuento?!- espetó Ranma mirándolo con desconfianza -¡Si eso fuera así, tú ya las habrías tomado!- explicó sintiéndose muy inteligente por su gran deducción.
-Eso es verdad…- asintió Akane con la píldora aún en su mano.
-El problema es que el efecto de esa píldora sólo dura un minuto, por lo tanto mis lentes son más útiles y económicos- explicó algo exaltado por las acusaciones, quitándose los lentes para señalarlos.
-Si sólo dura un minuto… ¿en que me ayudará?- preguntó Akane confundida, sin comprender a donde la llevaría todo eso.
-¡Así es, queremos que Akane recupere la vista para siempre, no sólo por un minuto!- le gritó Ranma exasperado tomándolo por el cuello de su traje, provocando que los lentes de Mousse cayeran al suelo.
-¡Esa sólo es la primera parte de la cura!- exclamó el interpelado soltándose del agarre -¡Sólo tómatela de una vez!- le gritó a Akane, ya aburrido de tantas vueltas.
-¡No le grites a Akane!- le ordenó poniéndose entre ella y Mouse en posición defensiva.
-¡Ahh!- ambos escucharon el grito de Akane, que ya había tragado la píldora.
-¡Akane, ¿te encuentras bien?!- en un instante estaba arrodillado a un lado de su prometida mirándola con temor -¡No debiste tomarte eso, niña boba!- la sacudía muy asustado mientras ella se tapaba el rostro con sus manos –¡Mousse te mataré!
-¡Rápido Tendo, abre los ojos!- le ordenó Mousse, tanteando la mesa en busca del otro elemento de la cura.
-P… pero todo está muy brillante no puedo…- explicó ella –¡Por favor Ranma detente, me estás mareando!
-Lo siento…- murmuró Ranma, dejando de sacudirla.
-Eso es normal, pero aún así debes abrirlos, el efecto sólo dura un minuto, date prisa- dijo Mouse encontrando finalmente el rectángulo de cartón.
-Está bien- asintió ella decidida, abriendo lentamente sus ojos, reteniendo el impulso de volver a cerrarlos.
Luego de pocos segundos de sólo ver una claridad que la lastimaba, todo comenzó a tomar forma, delinearse, hasta que pudo distinguir claramente el par de ojos azules frente a ella que la miraban intensamente.
-¿Puedes verme?- preguntó el dueño de dichos ojos.
-Si…- respondió ella tímidamente comenzando a sonrojarse por la cercanía.
Disfrutó durante unos segundos el perderse en esas lagunas azules que tanto había extrañado, no quería dejar de verlo, se veía tan… bien, más que eso, su mirada era hipnotizante, tan intensa y con ese brillo especial en ella… amaba esa mirada casi tanto como lo amaba a él. Ranma por su lado no dejaba de verla con devoción, esos ojos café llenos de brillo hacían que todo cobrara sentido, que cualquier esfuerzo valiera la pena, él sería feliz si ella permanecía a su lado, no necesitaba nada más.
-¡Mira esto!- exclamó Mousse rompiendo el ambiente, mientras ponía el rectángulo blanco frente a los ojos de Ranma.
-¿Para qué quieres que vea esa fotografía?- le preguntó éste, señalando el objeto.
-¡Tú no, Akane debe verla, es parte de la cura!
-¡Dame eso!- dijo Akane mientras le quitaba la foto, que en estos momentos Mousse estaba enseñándole al biombo -¿Qué tiene de especial esta foto? Sólo es un atardecer- comentó confundida al verla.
-Mira la fecha- ordenó el amazona seriamente, mientras buscaba sus lentes debajo de la mesa.
Akane obedeció, confundida observó los pequeños números que aparecían en una esquina de la imagen, y entonces lo comprendió.
-Ayer…- murmuró mientras asimilaba lo que eso significaba.
-¿Ayer?- le preguntó Ranma intrigado.
-Así es Tendo…- asintió Mousse colocándose los lentes.
-¿Así es, qué?- volvió a preguntar Ranma mirando al amazona.
Akane y Mousse asintieron viéndose fijamente mientras continuaban ignorando a Ranma.
-N… no puedo creerlo… muchas gracias Mousse…- le dijo emocionada.
-¡¿Alguien podría explicarme que está sucediendo?!- gritó Ranma exasperado moviendo sus brazos frenéticamente en un intento por llamar la atención.
-Tranquilo Saotome, Akane ya está curada- explicó tranquilamente Mousse.
-¿En serio?- preguntó desconcertado mirándola.
-¡Ranma!- exclamó Akane lanzándose a los brazos de Ranma -¡Lo logramos, al fin estoy curada, puedo verte… no tendré que irme!- repetía emocionada con su cabeza enterrada en el torso de Ranma, mientras lo abrazaba con fuerzas.
-S…si…- fue la elocuente respuesta de un sonrojado Ranma que no disfrutaba el momento por sus eternas dudas -¿Y ahora que hago? ¡Si la abrazo me llamará pervertido… y si no lo hago dirá que soy un insensible!- De pronto todo regresaba a la normalidad, Akane ya podía ver y por lo tanto volvería a ser la niña impredecible que lo golpeaba por cualquier cosa.
Por fortuna esa línea de pensamiento no llegó muy lejos cuando escuchó la voz de ella.
-Abrázame tonto…- susurró enterrando aún más su cabeza en el pecho de él.
Obedeció la orden al instante moviendo sus brazos robótica-mente para abrazarla, pero al cabo de unos segundos relajó sus músculos y cerró los ojos para disfrutar del momento, olvidando el resto del mundo. Mousse observaba la tierna escena con una sonrisa, todo había salido a la perfección, cuando Ranma aceptara a Akane como su única prometida él tendría el camino libre con Shampoo. Estaban tan ocupados cada uno en lo suyo, que ninguno se percató de la silueta que se movía lentamente entre las sombras observando atentamente la escena.
-Chica Tendo humillar Shampoo, romper hechizo y abrazar a airen…- pensaba la amazona encaminándose con el sigilo de un felino hacia una cuchilla que Mousse había dejado olvidada sobre la mesada de la trastienda.
Las fuertes medicinas chinas que su bisabuela le había suministrado la noche anterior para calmar el ataque de ira, no le permitían pensar con claridad, así que cuchilla en mano comenzó a mover su algo sedado cuerpo hacía la parejita que continuaba abrazada, con un único pensamiento en su turbada mente.
–Si airen no ser de Shampoo… él no ser de nadie…
Ranma y Akane continuaban abstraídos del mundo, por lo que sólo Mousse se percató de la chinita enfurecida que salió de la trastienda corriendo hacía ellos dispuesta a clavarles la filosa arma.
-¡Shampoo espera!- el grito de Mousse devolvió a los chicos a tierra sólo para observar como la cuchilla se introducía en el estómago del amazona, quien se había interpuesto en el camino de Shampoo.
El silencio invadió el lugar por unos instantes, hasta que la primera de muchas gotas de rojiza sangre chocó con el suelo.
-¡No!- exclamó Shampoo retrocediendo horrorizada, mientras Mousse caía de rodillas frente a ella.
-¡Mousse!- gritó Akane soltándose de los brazos de Ranma y corriendo hacía el herido para socorrerlo.
Intentó detener la hemorragia, pero era muy difícil con el chico retorciéndose de dolor y la cuchilla aún clavada en sus entrañas. Shampoo en una crisis de nervios intentó acercarse, pero Ranma le bloqueó el paso.
-¡Quédate quieta!- le ordenó.
-¡Shampoo querer hacer algo!- le respondió con las lágrimas recorriendo su rostro.
-Ya hiciste suficiente- sentenció viéndola con frialdad, sabía perfectamente que ese ataque era para ellos y no la dejaría acercarse a Akane por nada del mundo.
-¡Ocúpate de ellos un momento Ranma!- pidió Akane, mientras corría a la parte trasera del restaurante en busca del teléfono.
-¿Cómo estás Mousse?- preguntó Ranma volteando a verlo sin salir de su posición.
-He estado mejor… Saotome…- respondió con una mano sobre la herida apretando con fuerza en un intento inútil por contener el dolor.
-Shampoo sentirlo…- sollozó ella intentando acercarse, pero siendo detenida nuevamente por Ranma, Mousse no estaba en condiciones de recibir un nuevo ataque, producto del inestable estado de la amazona.
-D…descuida…- respondió simplemente él, dedicándole una sonrisa que intentaba ser reconfortante.
-El doctor Tofú viene para aquí- avisó Akane corriendo nuevamente hacía el herido –. Tranquilo Mousse todo estará bien, encontré estas gasas y algodones en el baño, intentaré hacer algo con ellas- informó mientras le levantaba la parte superior del traje para encontrarse cara a cara con la profunda herida –Aunque no creo que ayuden mucho...- completó en su mente.
-G…gracias Tendo…- susurró el chico con las pocas energías que le quedaban.
-No me lo agradezcas… tú me devolviste la vista, es lo menos que puedo hacer- le respondió con una sonrisa.
Después de esto fue hacia una de las sillas del local y como si estuviera partiendo ladrillos, le cortó una pata ante la mirada desconcertada del resto, incluso Ranma que no perdía de vista a Shampoo se quedó desconcertado mirando a Akane caminar triunfal con la pata de la silla devuelta hacia Mousse.
–Ahora, muerde esto- le indicó colocando el palo en su boca.
-¿Mmm?- alcanzó a decir el amazona antes de sentir un intenso dolor que lo obligó a casi romper la madera con sus dientes.
-Ya está…- murmuró Akane, dejando en el suelo la cuchilla que acababa de extraer de las entrañas del chico –Lo siento mucho Mousse, pero Tofú me dijo que era necesario- le explicó mientras intentaba detener la hemorragia con los precarios implementos con los que contaba.
Mousse estaba muy débil para responder, así que la dejó hacer lo que quisiera, incluso colocarle un vendaje que más parecía un salvavidas alrededor de su cintura, que una cura. Ranma se abstuvo de hacer algún comentario acerca del labor de su prometida, se veía tan cansada y dolorida, sin embargo continuaba curando a Mousse con sus manos temblorosas sin decir palabra. Shampoo permanecía hecha un ovillo en un rincón, observando con odio a Akane, ella debía ser quien curara al chico pato como siempre lo había hecho, pero su airen estaba decidido a no dejarla moverse su lugar.
Para fortuna de todos, el doctor llegó antes de que Akane estrangulara a Mousse con las vendas, así que luego de atender al herido y de, ayudado por Ranma, "convencer" a Shampoo de que tomara unos calmantes bastante fuertes, entre todos llevaron al herido Mousse y la dormida Shampoo al consultorio. Una vez allí Tofú les explicó que la herida era bastante profunda, sin embargo no era demasiado grave, así que en un par de días Mousse estaría como nuevo, y por lo pronto Shampoo dormiría como mínimo hasta el día siguiente.
-Ya pueden irse chicos- les dijo Tofú casi arrastrándolos a la salida de su consulta.
-¿P…pero y si Shampoo despierta?- se quejó Ranma –No sabemos de que sea capaz, será mejor que me quede.
-Nada de eso… si llegara a despertar lo cual es muy improbable, yo sabré ocuparme de ella- lo tranquilizó dándole una palmada en el hombro -. Ustedes vayan hoy tendrán un día muy ajetreado.
-¿Ajetreado?- preguntó Akane confundida.
-Adiós chicos nos vemos en la tarde- fue la respuesta del hombre antes de cerrar la puerta tras de sí, dejando a un par de desconcertados jóvenes afuera.
En vista de que no tenían nada que hacer allí, decidieron regresar al dojo. Akane iba absorta en su mundo, al fin podía ver, se sentía tan feliz por ello, sin embargo no tenía fuerzas siquiera para sonreír, era un milagro que en su estado aún lograra caminar. Ranma por su parte se había abstenido de ir por la barda, caminaba a su lado, pero no se atrevía a tomarla de la mano, jamás lo admitiría, ni siquiera a si mismo, pero temía que ahora que ella no lo necesitaba acabara rechazándolo. Olvidó todas esas tonterías cuando vio por el rabillo del ojo como ella se desvanecía a su lado, en un instante la tenía en brazos viéndola con una mezcla de molestia y ternura.
-Tonta… debiste pedirme ayuda- le susurró al oído a pesar de saber que ella estaba inconsciente y no lo escucharía.
Mientras Ranma llevaba a Akane a la casa, Nabiki ayudada por una brigada de empleados, acababa de repartir las invitaciones.
-Parece que no hay nadie aquí…- dijo para si misma, luego de verificar que el Neko Hanten estaba cerrado –¡Rayos, sólo me faltaban ellos y planeaba sacarles una buena suma de dinero extra!- se quejó dando la vuelta para regresar al dojo, entonces chocó de frente con alguien -¡Usted es el Señor Kimura!- se sorprendió al reconocer al viejecito.
-Así es, niña Nabiki- respondió el hombre con una sonrisa.
-Creí que no volveríamos a verlo… ¿Qué hace por aquí?
-Allí vivo- informó señalando la casa más próxima al restaurante.
-Así que vive a un lado del Neko Hanten… esto será muy divertido- pensó la chica con un brillo de maldad en sus ojos -¡Ohh… casi lo olvido! Esta noche se celebrará en el dojo la boda de…- comenzó a decir mientras le entregaba una de las invitaciones.
Ya en la casa y luego de dejar a Akane en su cama, Ranma se dispuso a darse un relajante baño, necesitaba pensar detenidamente lo que haría de ahora en más. Akane ya estaba bien, sólo necesitaba unos días para recuperar sus energías, sanar sus heridas y regresar a ser la de siempre, el problema radicaba en si él sería capaz de comportarse un poco mejor con ella. Lo que le gritó a Shampoo el día anterior le había salido del alma, él realmente quería casarse con Akane, tenerla para siempre a su lado, protegerla… amarla… Si no se atrevía a tomarle la mano, ¿cómo esperaba decirle algún día sus sentimientos? Entró al baño sumergido en sus pensamientos, por lo que no se percató de un par de figuras que se ocultaban como podían entre las sombras. No llegó a dar el segundo paso cuando algo golpeó su cabeza por detrás dejándolo inconsciente en el acto.
-¡Jajajaja, de esta no escaparás Ranma!- exclamó una de las dos figuras, mientras cargaba el cuerpo del chico sobre su hombro.
-Ahora sólo nos falta ella y podremos concluir nuestro plan maestro- comentó la otra figura mientras salían del baño con Ranma aún a cuestas.
Las escandalosas risotadas de los secuestradores despertaron a Akane, quien se quedó viendo por unos segundos, el techo de su habitación.
-¿Qué hago aquí?- se preguntó desconcertada –Creo que perdí el conocimiento mientras regresábamos… Ranma debió traerme- concluyó sentándose en su cama -¡¿Qué demonios pasó aquí?!- exclamó al ver su habitación en completo desorden –No puedo creer que yo haya hecho esto mientras estaba ciega- murmuró con una gota de sudor en su frente.
Comenzó a ordenar el lugar, si Kasumi o alguien más lo veía en esas condiciones comenzarían a preguntar y ella no estaba dispuesta a explicar todo lo sucedido, al menos no ahora. Con lentitud desarmó la maleta que había preparado antes, sintiéndose feliz de no tener que utilizarla, podría quedarse en su casa con su familia, con Ranma. Al acabar con la maleta comenzó a recoger las cosas del suelo, fue entonces cuando vio un papelito muy arrugado que reconoció al instante. Lo tomó entre sus manos con emoción, al fin después de tanto tiempo podría leerlo, esas palabras que él le había escrito. Respiró hondo para calmarse, sabía que era un agradecimiento solamente, así que no debía emocionarse tanto o acabaría decepcionándose. Lo abrió lentamente y leyó las palabras allí escritas.
"Akane: No soy bueno escribiendo estas cosas, pero tengo que hacer algo para verte feliz de nuevo, es que simplemente no tolero saber que te sientes triste por algo y yo aquí sin poder hacer nada. No entiendo porqué no me dices que te ocurre, así podré ayudarte, supongo que tendrás tus razones para ello, pero… extraño tu sonrisa. Sólo recuerda que estaré siempre contigo y que pase lo que pase, puedes contar conmigo."
Parpadeó un par de veces confundida, ¿realmente Ranma había escrito eso? Demasiadas palabras, demasiada ternura, no era que Ranma no pudiera ser dulce cuando se lo proponía, lo extraño era que se lo hubiera propuesto, y sólo para hacerla sonreír. De algo no había duda, su tonto prometido había logrado su cometido, en estos momentos ella no podía sentirse más feliz, como si caminara en las nubes, con sus ojos humedecidos por la felicidad fue hacia la ventana, el sol parecía resplandecer más que nunca. Asomó su cabeza por la abertura, talvez Ranma estuviera entrenando en el jardín, no podía esperar a verlo y regalarle la sonrisa que él tanto quería. Lo último que sintió fue un objeto contundente que cayó sobre la parte posterior de su cabeza, y el resto sólo fue oscuridad.
-¡Si le di!- exclamó alguien desde el techo con los brazos en alto, en señal de victoria.
-¡Vaya no creí que tuvieras tanta puntería!- exclamó su acompañante dejando a un lado el resto de las piedras que ya no usarían.
-¡Por supuesto que tengo buena puntería, era el primero de mi clase en deportes!- comentó riendo estridentemente.
-Bien, ahora debemos continuar con nuestro plan antes de que alguien sospeche- dijo el segundo hombre señalando a la chica desmayada que yacía con medio cuerpo fuera de la ventana.
Onigiri estaba muy entretenido con Blanquinegra y sus cachorros como para preocuparse por los hombres arrastraban los cuerpos de ambos prometidos por el jardín. En tanto, Nabiki entraba a la cocina.
-Hola Kasumi, ¿como vas?- preguntó casualmente acercándose a uno de los platones con comida que había dispersos en la mesada.
-Muy bien, ya casi acabo- respondió la aludida con una sonrisa -¿Pudiste entregarlas todas?
-No pude encontrar a la gente del Neko Hanten, pero las demás invitaciones ya fueron entregadas- informó mientras se abanicaba con un fajote de billetes
-¿Todas, pudiste encontrar a Ryoga?- preguntó Kasumi sorprendida.
–Admito que me costó un poco ubicar a Ryoga, pero mis contactos en Mozambique ya le entregaron la invitación.
-¿Tan lejos, crees que pueda llegar a tiempo?
-Por supuesto, no se lo perdería por nada.
-Ranma y Akane son muy afortunados, tienen amigos que harían cualquier cosa por llegar a saludarlos en un día tan importante- comentó emocionada volviendo a su tarea, mientras Nabiki la observaba desconcertada.
En tanto en el medio del desierto egipcio, a lo largo de diez kilómetros a la redonda se escuchaba un grito desesperado.
-¡¿DÓNDE RAYOS ESTOY?!
Horas más tarde Ranma abrió sus ojos, aún veía todo borroso, y tenía una sensación muy parecida a la de haber sido atizado por Akane. Parpadeó un par de veces para aclarar su visión, fue entonces cuando notó frente a él un pequeño altar con una botellita blanca de las que se usan para el sake y un par de platillos.
-Esto parece una…- murmuró mientras levantaba la vista y veía a su padre y Soun vestidos con unos trajes tradicionales muy formales.
Lo siguiente que vio fue a los vecinos, compañeros de clase, algunos amigos como el doctor Tofú, y otra gente que juraba jamás haber visto, todos vestidos de gala, sonriendo mientras comían bocadillos que Kasumi repartía. Una escena que le resultaba demasiado familiar para su gusto, pero no lo supo a ciencia cierta hasta que vio el puesto de Nabiki ubicado estratégicamente en la entrada del dojo, donde cobraba entradas y vendía unas remeras con la leyenda "Yo estuve en la BODA".
-¡Boda!- gritó desaforadamente, con los ojos casi saliendo de sus órbitas, pero en medio del jolgorio nadie le prestó atención.
No era la primera vez que se encontraba en esa situación, de hecho debía ser la octava o novena según sus cálculos, pero eso no hacía las cosas más fáciles. Aún recordaba claramente lo que venía luego, gritos, golpes, explosiones, risas maniáticas, insultos en todos los idiomas, y lo peor de todo… Akane molesta con él durante una semana.
-Mmm…- escuchó a un lado de él, al voltear su rostro todo ápice de racionalidad desapareció.
Como siempre, quedó prendado con solo verla, su rostro angelical enmarcado por esa tela blanca que formaba parte del kimono ceremonial lo trasportaban a otro planeta. Akane abrió sus ojos e inmediatamente lo buscó con la mirada, encontrando ese par de pupilas azules viéndola con intensidad. Ella le sonrió con dulzura y él respondió de igual manera, con su cerebro derretido y el corazón latiéndole a mil. Estaban tan absortos el uno en el otro que no se percataron del momento en el que sus padres habían colocado los platillos con sake en sus manos y el ministro comenzaba con la ceremonia.
-Estoy tan feliz señor Saotome… nuestro plan al fin dio resultado- sollozaba Soun en el hombro de su amigo.
-¡Así es Tendo, ellos sólo necesitaban un pequeño golpe que los motivara!- asintió Genma con una sonrisa.
-Al principio tuve dudas, pero finalmente usted tenía toda la razón… golpearlos era la solución- dijo el patriarca Tendo mientras tomaba una botella de sake, y abrazaba a su amigo -¡Las escuelas al fin se unirán!
Tanto las palabras del ministro como los festejos de los dos borrachos hombres fueron interrumpidos por el inesperado estruendo de una de las paredes viniéndose abajo. Una irritante risotada sacó a los futuros esposos del agradable trance, todos en el lugar prestaron atención al lugar donde antes había una pared, para ver salir de entre el polvo un grupo de personas. Los presentes ya asiduos a las bodas Saotome Tendo, se colocaron a salvo, para observar cómodamente la batalla, mientras Nabiki cerraba su puesto y comenzaba levantar las apuestas.
-¡Jojojojo, pequeña bruja Tendo, no permitiré que alejes a mi querido Ranma de su verdadero amor, o sea yo!- exclamó Kodachi encabezando el grupo, vestida con remera, pantalones de camuflaje y una metralleta con sus respectivas municiones colgada en su espalda, al más puro estilo "Rambo", y sobre su cabeza un delicado velo de novia.
-¡Saotome maldito hechicero, no te conformas con alejar a cabellos de fuego de mi magnificente presencia, ahora también buscas alejar de mi a la dulce Akane Tendo! ¡Pero no lo permitiré, por el bien de todas las doncellas de este vasto mundo las liberaré de tu malsano dominio!- amenazaba Kuno dando un paso al frente, vestido con una armadura samurai antigua, y portando una katana real que se veía muy filosa.
-Saotome te maldi… ahg… cof cof…- comenzó a decir un Power Ranger rojo y extremadamente delgado que se escondía tras los hermanos. Gosunkugi no pudo terminar su frase debido a que el casco lo asfixiaba, así que luego de lograr quitárselo se alejó arrastrándose a recuperarse.
-¡Ranchan, te he dicho mil veces que no te prestes a estas cosas! ¡Tuve que cerrar mi negocio y aliarme con estos locos una vez más!- se quejaba Ukyo saliendo de entre el grupo, siendo la única que vestía como de costumbre.
-¿De nuevo están casándonos?- preguntó Akane, a lo que Ranma sólo asintió sin perder de vista a los locos.
-Disculpe señor, ¿podría decirme como llegar al dojo Tendo?- le preguntó Ryoga a un viejito que estaba parado a mitad del dojo.
-¡Otro loco más!- exclamó Ranma resignado.
-¡Saotome, no permitiré que obligues a la dulce Akane a…!- comenzó a decir el chico de la bandana.
-… casarse con un animal como tú… ya lo sé Ryoga- interrumpió el novio, poniéndose de pie resignado a tener que luchar, una vez más.
En pocos minutos la batalla campal había comenzado, Ranma luchaba contra Ryoga y Kuno, mientras que Akane hacía lo suyo enfrentándose a Ukyo y Kodachi. Como era costumbre, Ranma no tenía dificultades a la hora de enfrentarse al par de furiosos chicos enamorados, y para sorpresa de los presentes, Akane tampoco la tenía con sus contendientes.
-¡El entrenamiento realmente dio sus frutos!- pensó, para luego observar a Genma con gratitud, lo vio tirado en el suelo al igual que su padre, rodeados de botellas de sake -Creo que se lo agradeceré más tarde.
El señor Kimura y su esposa observaban tranquilamente la pelea disfrutando del té y bocadillos de Kasumi, mientras Anthony buscaba un lugar donde esconderse aterrado al ver a la loca que lo persiguió y casi lo mató días antes alegando que estaba perdidamente enamorada de él. En tanto Onigiri y Blanquinegra se mantenían entretenidos con los gatos que habían seguido al vendedor de sardinas, enseñándole a cazar a los cachorritos de ella.
-¡Listo! ¿Alguien más quiere quedar así?- Preguntó Ranma con su sonrisa de autosuficiencia, señalando a Ryoga y Kuno que estaban desmayados en el suelo.
Gosunkugui se limitó a negar y salir corriendo del lugar, mientras el público aplaudía y ovacionaba a Ranma. Entonces su atención se dirigió a la batalla de las chicas, había extendido intencionalmente su batalla para dejar a Akane luchar por si misma, si Ukyo y Kodachi veían lo hábil que se había vuelto talvez los dejarían en paz.
-¿A quien intento engañar? Ellas no se darán por vencidas- admitió para si mismo viendo con una gota de sudor como Kodachi tomaba la metralleta colgada en su espalda, mientras Ukyo atacaba a Akane para distraerla -. Supongo que no intervine para que no acabara golpeándome por entrometido…
Los invitados huyeron despavoridos cuando Kodachi comenzó a ametrallar todo el lugar, Akane se tiró al suelo para evitar las balas, o al menos eso pensó Ranma, pero pasados unos segundos la chica continuaba sin moverse.
-¡Akane aún sigue herida y débil… soy un idiota no debí dejarla luchando sola!- pensó molesto consigo mismo.
En un instante Ranma estaba frente a Kodachi, antes de que ella pudiera reaccionar, le quitó el arma y la partió en dos frente a sus ojos.
-Es todo por hoy, regresa a tu casa- le dijo fríamente.
-¡Ranma sama ven a mis brazos!- exclamó ella intentando abrazarlo.
Ranma sólo se giró esquivándola, mientras observaba con seriedad a Ukyo, quien escondió su enorme espátula detrás de su menudo cuerpo. No podía permitir que la rompieran su elemento de trabajo.
-No te preocupes Ranchan, ya nos vamos- se despidió Ukyo, y salió llevándose a Kodachi.
El dojo estaba desierto, sólo quedaban Kuno y Ryoga que estaban desmayados por ahí, y Soun y Genma que dormían apaciblemente sin enterarse de nada. Ranma tomó a Akane en brazos, y caminó con ella de vuelta a la casa, la tela que cubría su cabeza había caído en algún momento durante la batalla, así que su cabello azul, algo desalineado enmarcaba perfectamente el apacible rostro. Subió las escaleras y con algo de dificultad abrió la puerta de la habitación de ella, y allí se quedó como un idiota, parado en el umbral. No podía quitar sus ojos del espejo de cuerpo entero que en estos momento los reflejaba, se veía a si mismo con ese impecable esmoquin negro de pie, con ella vestida totalmente de blanco en sus brazos.
-Parecemos recién casados…- pensó mientras se sonrojaba, y casi ceremonialmente daba un paso dentro de la habitación, intencionalmente con su pie derecho.
Cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, la dejó en su cama y salió de la habitación como un rayo, ya en el tejado respiraba agitadamente. Él no era ese estilo de persona, ¿de donde había salido toda esa cursilería? ¿Habría sido el golpe en la cabeza? Luego de un rato de darle vueltas al asunto se quedó dormido allí, sobre la habitación de su prometida.
El sol había caído hacía muchas horas, y el cielo estaba cubierto por un manto negro. No se veían estrellas o luna, las densas nubes de tormenta las cubrían por completo. La casa había recuperado su actividad usual, y Kasumi llamaba a la familia a cenar, pero su voz no se escuchaba desde el tejado. Allí Ranma continuaba profundamente dormido, y Akane sentada a su lado, simplemente lo contemplaba, ya se había quitado el incómodo kimono, pero él continuaba con ese traje que lo hacía ver tan elegante, tan diferente… tan "no Ranma". Un relámpago a lo lejos, seguido por su correspondiente sonido, anunciaba que la tormenta pronto estaría sobre ellos, logrando despertar al "bello durmiente"
-¿Mmm…Akane?- murmuró sentándose, mientras la veía con cara de dormido.
-Hola- respondió ella casualmente.
-Creo que me quedé dormido- fue la gran deducción de Ranma mientras se restregaba los ojos -¿Qué hora es?
-No lo sé… hace tanto tiempo que subí, que ya perdí la noción del tiempo.
-Entiendo… ¿Qué hacías aquí?
-Te acompañaba…- explicó tranquilamente mientras desviaba la mirada hacia el horizonte.
Se quedó sin habla, contemplándola unos segundos, se veía tan hermosa… últimamente no lograba pensar en otra cosa al verla. Estaba allí, simplemente haciéndole compañía, si lo pensaba con detenimiento nunca dejó de ser así, ella siempre estaba con él, parte de su seguridad radicaba en ello, alguien en quien confiar en cualquier momento, eso era algo que jamás había tenido hasta conocerla. Aún continuaba lo suficientemente dormido y el sueño que hacía minutos había tenido, muy similar al de la mañana, demasiado presente en su mente como para encontrar algún motivo por el cual no decírselo, decirle finalmente todo lo que sentía. Sabía que había motivos, cientos de ellos para ocultarlo, pero en esos momentos no recordaba uno solo.
-Akane…- la llamó con suavidad, haciendo que ella volviera a verlo -Akane… yo necesito decirte algo…- continuó él, casi implorando con su mirada.
-¡¿Me lo va a decir… me va a decir eso?!- pensó tragando saliva mientras lo veía aterrada -¡NO!- le gritó en la cara haciéndolo caer hacia atrás.
-¿No?- preguntó él entre desconcertado y decepcionado.
-No así… e… ese no eres tú- se apresuró a explicar antes de que él malinterpretara su reacción.
-Si soy yo…- aseguró señalándose a si mismo.
-¡Ya lo sé!- asintió ella –Pero esa ropa… no pareces tú… no lo quiero escuchar si no me lo dice el Ranma de siempre- concluyó cruzándose de brazos decidida.
-¡¿Qué importa la ropa?! ¡Soy yo!
-¡Si importa, sólo vístete como siempre y luego podrás decírmelo!
-¿Quieres que baje a cambiarme?
-Pues…- lo reconsideró unos segundos –Talvez si solo te quitaras el saco… y el moño ese… y los zapatos…- sugirió aún pensativa.
-Bien…- aceptó poniéndose de pie y cumpliendo con el capricho de su prometida.
Se quitó el formal saco, los zapatos, el corbatín, pero ella aún no se veía conforme así que luego de exhalar resignado, sacó la camisa por fuera de los pantalones, la arremangó, y abrió los dos primeros botones, con eso ella parecía estar conforme, pero durante ese tiempo él logró al fin despertar. Un gran y enorme mazo estrellándose en su cráneo, prometidas y pretendientes furiosos volviéndose aún más insistentes y violentos que antes, los padres arrastrándolos a una boda instantánea, un par de gemelos llorando incansablemente día y noche, eran algunas de las consecuencias que seguramente acarrearía lo que iba a decir a continuación. Recordó todo esto mientras volvía a sentarse frente a ella, pero él estaba muy decidido y no se arrepentiría ahora… ¿o si?
-Ahora si- dijo Akane con el corazón latiéndole a mil –Adelante- lo animó.
-S… si…- asintió él con todo su cuerpo temblando como gelatina a medio cuajar –A…Akane… yo…-pasaron varios minutos en los cuales lo máximo que pudo hacer fue abrir y cerrar su boca sin emitir sonido, hasta que agotado por el enorme esfuerzo psicológico lo admitió –Es inútil… no puedo…
-¿En serio? Te veías tan seguro- comentó ella, de alguna forma sabía que eso sucedería.
-¡Debiste dejarme hablar cuando estaba decidido!- le reclamó volteando la mirada molesto, una oportunidad más desperdiciada.
-¡¿Ahora yo tengo la culpa de tu cobardía?!- preguntó, girándose para quedar de espaldas a él.
-¡Yo no soy ningún cobarde!- exclamó, pero inmediatamente se tranquilizó –Hoy no quiero discutir- confesó mientas observaba una solitaria gota de lluvia que había caído a su lado –Mejor vamos antes de que comience a llover- sugirió poniéndose de pie.
-Espera- él obedeció deteniéndose en el lugar -. Ranma tú sabes que yo esperaré hasta que estés listo… ¿Verdad?- preguntó ella mirándolo a los ojos.
-Si… lo sé- admitió mientras se sentaba a su lado, ignorando la fina llovizna que caía sobre ellos.
-Yo… también tengo algo que decirte… pero no me atrevo- se sinceró ella.
-¿Crees que sea lo mismo que yo quería decirte?
-Eso espero…
Ambos se quedaron en silencio mientras la lluvia caía cada vez con más fuerza sobre ellos, provocando el inevitable cambio en él.
-Ranma… aún no te he agradecido por la carta…- le dijo luego de meditarlo un rato.
-Ah eso… no fue nada- respondió él algo nervioso.
No la vio acercarse, hasta que sintió el cálido aliento de ella sobre su húmedo rostro, entonces unos suaves labios rozaron su mejilla derecha en un tierno beso que envió corrientes eléctricas a todo su cuerpo.
-Gracias- le susurró al oído, antes de ponerse de pie y caminar hacía el borde del techo.
El viento soplaba con fuerza, la tormenta se desataba sobre ellos con toda su intensidad, y él sólo la observaba alejarse. Talvez fue ese beso que aún quemaba su mejilla, o la fuerza de la tormenta, o talvez lo acontecido en los días anteriores, el motivo era lo que menos importaba. Antes de llegar a destino, Akane sintió unas pequeñas manos que se enredaban en su cintura, se sonrojó al notar que él la abrazaba por detrás. Se puso en puntillas de pies, su cuerpo de chica era más pequeño que el de Akane, y susurró al oído de ella.
-Gracias por liberarme de Shampoo…- le dijo para luego besarle la mejilla tal y como ella lo había hecho.
Todos se refugiaban en sus hogares lejos de una de las peores tormentas vistas en Nerima durante los últimos años, excepto por lo que en apariencia eran dos chicas sobre un tejado que se abrazaban con fuerza ajenas lo que las rodeaba.
FIN
Hola a todos, bueno no tengo mucho para decir más que este capítulo me costó lo que no tiene nombre, y la pausa obligada que tuve que hacer no ayudó mucho u_u… Pero finalmente aquí tienen el final, no estoy muy conforme con él, y creo que haré un pequeño epílogo para aclarar un par de cosas que quedaron en el tintero, pensaba agregarlas al capítulo pero finalmente quedó así.
Bueno prometo aprovechar el epílogo para responder algunos de los comentarios, y sólo me queda darles las gracias por acompañarme durante esta historia, la más concurrida que he tenido en este año de escribir ^.^ Realmente me han dado muchas felicidades con los comentarios y ánimos que me dan. De ahora en más aparte de escribir el epílogo (talvez me demore un poco con eso) terminaré con Agonía y comenzaré finalmente con la secuela de Himitsu que se titulará "Jigoku".
Nos leeremos pronto, lo prometo.
Saludos.
Trekumy.
