Capitulo 2:
Abrí mis ojos con pesar. Alguien estaba zamarreando mi hombro con cuidado para que despertara. No pude evitar sentirme molesta ante la interrupción: ¿Por qué justo en este momento? ¿Cuándo estaba teniendo el más maravilloso de los sueños?
- ¿Esme? – escuché desde lejos decir, y desde ahí, todo mi humor cambió. Sonreí ampliamente, automáticamente ante la presencia de aquellas notas musicales. Ante mis ojos se encontraba el protagonista de mis sueños. Era mucho mejor en la realidad, más perfecto.
- Buenos Días Dr Cullen – murmuré con voz pastosa, sonrojándome.
- Buenos Días Esme – me saludó con calidez y mi estómago se encogió como una pasa – Tus padres te están esperando. Verifique el yeso y se encuentra perfecto, por lo tanto, ya puedes irte tranquila a casa.
Arrugue el gesto y miré hacia mis manos que descansaban en mi regazo.
- Perfecto… - dije molesta, simulando mi poco entusiasmo. El me observó por algunos segundos, y no pude comprenderlo. Parecía incómodo, como si algo le molestara… y eso me hizo sentir peor. Seguro tenía pésima presencia. Mis cabellos debían de estar hechos un nido de rata y mis ojos hinchados. Horrible.
- Llamaré a una enfermera para que te ayude a vestir – dijo rápido, tal vez… demasiado rápido, y salió caminando con paso apresurado hacia la salida.
Yo bufé por debajo, aun más molesta.
No me quería ir. No quería separarme de él. Algo extraño me unía a su persona… sentía que… sin él nada tenía sentido. Y eso me destruyó por completo.
Lágrimas amargas se deslizaron por mis mejillas, terminando su recorrido en la sabana amarillenta. La enfermera no tardó en entrar y cuando me vió así, se acercó a mi con aire maternal.
- Pequeña, solo serán algunos meses… - dijo acariciando mi cabello. Yo asentí con la cabeza, retirando las lágrimas de mi cara con determinación. – Te ayudaré – me dijo mientras retiraba las sabanas de mi cuerpo.
Ni siquiera me di cuenta cuando y como fue que me vistió con un vestido liviano y blanco, con detalles delicados en celeste pastel. Peinó con cuidado mi cabello y me acercó mis pertenencias. Yo las tome y me quedé sentada en la silla esperando a que mis padres entraran por esa puerta.
Dije un "gracias" ausente hacia la enfermera una vez que terminó con su trabajo y miré el suelo, mientras la vista se me nublaba nuevamente.
Escuche como la puerta se abría sigilosamente y unos pasos seguros se dirigían hacia mí. Aun así permanecí con la vista gacha, con los ojos cerrados, mientras las lágrimas se deslizaban por mi falda. Fue entonces, cuando la bruma de ese aroma embriagador, llenó por completo mis pulmones y mi llanto se incrementó penosamente. Unas manos frías y fuertes tomaron las mías y la estrecharon con cariño…
- No llores Esme… - susurró angelicalmente, impactando su aliento fresco en mi cara. Yo elevé la vista lentamente y lo observé. Me sonreía. Pero no era su sonrisa radiante, aquella de la que había quedado deslumbrada y perdidamente enamorada. Estaba triste. Y de todas maneras quería darme… ¿Fuerza?
Mis mejillas ardieron peligrosamente cuando uno de sus dedos paso por mi piel, retirando las lágrimas molestas y vergonzosas.
Miré fijo sus ojos, los cuales… parecían más oscuros que la otra vez, más afligidos. Alcé una de mis manos involuntariamente, deslumbrada por aquel rostro, e hice algo que no debí hacer nunca. Recorrí con devoción su cara… mis dedos vagaron por su mejilla derecha, luego por la izquierda, por su nariz perfecta y al final, tracé las líneas de sus hermosos labios. Él había cerrado sus ojos, y su respiración se había incrementado. Aquello me generó mucha alegría y las lágrimas se me retiraron automáticamente. Sonreí, satisfecha de haber podido tocar su rostro, su perfecta piel fría similar a la seda, de haber podido sentirlo. Entonces, sin dejar caer mi mano de su rostro, me acerqué con cuidado a su cara y mi respiración se incrementó al presenciar como su aroma me inundaba por completo.
Antes de llegar a diez en la cuenta, antes de que mis nervios me detuviesen, antes de que aquello se volviese incontrolable, apoyé mis labios inexpertos en los fríos suyos. Cerrando los ojos, nos mantuvimos así por eternos segundos. Sus labios se sentían fríos como el hielo, y demasiados duros, pero comenzaron a adquirir temperatura y su boca se entreabrió con delicadeza, haciendo que mi piel se pusiera de gallina.
Mi mente no trabajaba. No pensaba. Lo único que tenía en claro era que estaba besando al hombre de mi vida y que él estaba respondiéndome de la misma manera. Con sutileza nuestros labios se abrazaron en un beso más profundo, mientras una de sus manos tomaba mi cara y la otra se apoyaba en mi cintura, sintiéndome repentinamente mareada.
Mi cuerpo fue perdiendo su equilibrio y me balancee hacia delante, haciendo que nuestros labios se despegaran bruscamente. Sus brazos me tomaron con fuerza y mi cabeza se reposó sobre su pecho.
Estúpida
¿Cuánto tiempo había estado sin respirar?
Cerré los ojos con fuerza, tratando de calmarme, de calmar el dolor en mi pecho. Mis pulmones se sentían incómodos de recibir tanto aire de repente. Lo mareos se fueron perdiendo, pero aun así seguía entre sus brazos, tan protegida… tan… feliz…
- Lo siento… - susurró en mi oído, haciendo erizar los vellos de mi nuca – Ha sido totalmente imprudente de mi parte – podía notar su enojo y su indignación en su voz grave. Yo negué con la cabeza y me separé de él, fijando mi vista en sus ojos.
- La culpable soy yo Doctor Cullen – dije seriamente, pero sin poder evitar sonrojarme – La imprudente, mal educada, e insolente ¡fui yo! – exclamé enojada conmigo misma. Su gesto se endureció y sus ojos se me observaron con detenimiento – Realmente lo lamento mucho Dr Cullen… es algo tan vergonzoso e irrespetuoso de mi parte. No me molestaré si se lo comenta a mis padres, al contrario, me parecería lo correcto…
- No lo haré – le escuché decir bruscamente. Lo miré sorprendida y mi corazón dio un vuelco cuando tomó mis manos nuevamente – Esme, no debí permitirlo. El culpable soy yo – sus ojos me miraron con profundidad – Pero aun así… - su rostro mostró dolor e impotencia, tomando con más fuerza mis manos – Me agradó.
Una alegría inmensa recorrió todo mi cuerpo, y sonreí por completo, mostrando todos mis dientes. Los ojos se me llenaron de lágrimas pero por la alegría que aquella declaración provocaba en mí. Inclusive, parecía ser que mi pierna se sentía mucho mejor con este nuevo flujo de adrenalina. De todas maneras, mantuve mi postura, tratando de disimular lo más que podía, aunque estaba claro que la alegría explotaba en mi cara.
- Es… muy raro… - confesó incómodo. Podía sentir como aquello le era muy difícil. Por que la situación era difícil. Si alguien se encontraba observándonos, nos habría culpado de indecentes y abuso por parte de él. Y yo hubiera dado mi vida para defenderlo de cualquier acusación.
Suspiré resignada. Aunque fuera el momento más feliz de mi existencia, estaba terminando y había que volver a la realidad. A una realidad manipulada y triste… Dejé aun lado sus manos, sabiendo que si continuábamos así más daño nos íbamos a provocar. Le sonreí con simpatía y el me devolvió la sonrisa, dejándome anonada.
- Me encantas cuando ríes – me susurró acariciando mi cara con ternura – Estoy seguro que encontrarás alguien más apropiado… con quien podrás compartir el resto de tu vida… - su voz estaba impregnada de sufrimiento – Serás muy feliz Esme – aquellas palabras no tenían ningún significado para mí, nada, si no estaba él presente dentro de ese prometedor futuro. Yo sabía, sentía dentro de mí, que con el único hombre con quien quería pasar el resto de mi vida era con él. Me obligue a no llorar, para no causarle más dolor y le sonreí sin responder. El asintió y me sorprendió cuando con impresionante agilidad me tomó entre sus brazos y caminó hacia la puerta.
Me quedé perpleja y durante el trayecto apoye mi cabeza sobre su pecho fuerte. Una vez que llegamos a la puerta, la abrió sin problema y salimos hacia donde se encontraban mis padres esperándome con expectativa en sus rostros.
- Hola Padres – les saludé con fingida felicidad. Con cuidado me sentó sobre una silla de rueda y dio su mano a mi padre en señal de saludo cortés. Aquello era tan incómodo...
- Su hija está perfecta Señor Evenson – le dijo con seguridad y me impresiono la forma de disimular algo tan tedioso como esto - El yeso podrá quitárselo dentro de 3 meses. Lamentablemente no estaré aquí para entonces - esa frase si que me descolocó. No pude evitar mirarlo furtivamente, con la angustia pintada en mi rostro. Apreté con fuerza la falda – Pero no se preocupen, que habrá un nuevo médico para atenderla – terminó
- Gracias por su cortesía Doctor Cullen – le dijo mi padre asintiendo con la cabeza – Vamos querida – se acercó a mi y empujó la silla de rueda – Nos estaremos viendo Doctor Cullen.
Antes de salir, gire y lo observé por última vez. Su semblante seguía siendo el de un Arcángel. Sus labios se curvaban en una sonrisa pero sus ojos reflejaban nostalgia. Le sonreí y le despedí con la mano. Él asintió y pude leer sus labios al murmurar de forma imperceptible "Adios mi querida Esme".
