Holas ^^: Ante que nada, muchísimas gracias a todos aquellos que me dejaron reviews! Me dan mucha fuerza para continuar, y también gracias a aquellos que no me escribieron por haberse tomado un tiempito para leer mi ff :D Les quiero comentar que esté capitulo y el próximo van a relatar la vida de Esme (de manera resumida) antes de ser transformada por Carlisle. Paciencia! Los capítulos más emocionantes pronto llegaran! xDD jaja.

Espero que les guste mi punto de vista 

Saludos y que anden muy bien.

Lorelay

Capítulo 3:

Año 1917

Todo era muy blanco y húmedo. Todo olía a blanco y a húmedo. Cascadas de sedas blancas me cubrían y me daban el aspecto de un espectro metafísico. Sentía algo pesado sobre mi cabeza, algo que me pinchaba y me molestaba. Diablos. Quería escapar de aquello y sin embargo no podía hacerlo.

- Esme, respira! – escuché decir a una mujer. Mi mente reaccionó y mis ojos se desviaron de la ventana, donde se podía observar una lluvia copiosa y caprichosa. Las gotas rebeldes habían captado mi atención, llevándome a otra realidad. – Hay niña, falta tan poco! – escuché decir a la misma mujer.

- Si… muy poco… - dije suspirando, mientras miraba con asombro la mujer que se reflejaba en el espejo de pie. Era esbelta, morocha, pero su cara tenía forma de corazón. Llevaba un impactante vestido blanco de boda que realzaba su figura, pero sus ojos estaban ojerosos y sus labios pálidos.

- Te ves hermosa cariño! – exclamó aquella dama mirándome. Claro. Aquella adulta de blanco era yo reflejada en la peor de las pesadillas. Asentí, para no ser descortés con la modista, pero francamente, deseaba salir corriendo de allí – Solo faltan algunos retoques.,.. – murmuró mientras ajustaba más el vestido a mi cintura.

En ese momento, en que la realidad de mi casamiento se mezclaba con la fantasía de la lluvia, recordé con cierta angustia y alegría mi vida hasta este momento: mis padres no habían querido que fuera maestra de diseño, que era lo que más anhelaba, y pretendían de mí una mujer de alta sociedad, casada y bien formada.

Fue así como conocí a Charles Evenson. Un hombre apuesto, de categoría, con quien toda mujer quisiera casarse. Tenía que admitirlo, era respetuoso, agradable y de buen porte, y por sobre todo, logró convencer a mis padres. Ahora éstos lo adoran y ponen todo a favor de este matrimonio.

El compromiso había sido demasiado rápido: a dos semanas de conocernos. Y este casamiento se va a consumir a cinco meses de estar juntos. Tal vez sea demasiado rápido, tal vez no, pero por lo menos termina mi calvario de tener que soportar la presión de mis padres…

Estoy seguro que encontrarás alguien más apropiado…

con quien podrás compartir el resto de tu vida…

Serás feliz Esme…

Cerré mis ojos con pesar. Aquello había ocurrido hace tanto tiempo, pero aun así, mi memoria se encargaba de hacérmelo recordar todo el tiempo, como si tuviera una alarma que le indica el momento. A pesar de ser remembranzas, su voz suena clara como el agua. Y esas palabras tan frescas pero también frustrantes, habían hecho de mí una mujer más aislada… Por que yo no quería ser feliz. No si el no estaba dentro de mi vida…

Esos pensamientos me parecieron lejanos, porque luego recapacité. Lo medité mejor. Él realmente quería que fuera feliz… y jure que por él haría cualquier cosa…

Y hoy estoy cumpliendo mi palabra.

Quería a Charles. Deseaba ser feliz con él. Realmente lo quería…

Pero la imagen de aquel ser divino, de aquel ángel del cielo, aun era el protagonista de mis sueños. No podría decir un número exacto, pero estoy casi segura que más de las 360 noches del año he soñado con él… Es muy doloroso y muchas veces despierto llorando. Siempre es el mismo escenario con variaciones: un jardín amplio, el manzano sobre la colina, la lluvia de pétalos, el perfume embriagador, su presencia estelar, su sonrisa deslumbrante, sus ojos dorados… sus cálidos besos… sus fuertes manos tomando mi cintura, mi cara… Como el primer y último beso que le di hace 6 años.

Puede ser que algunas noches estos sueños se mezclaban con imágenes raras: una sensación de sed muy fuerte, como si deseara beber de él, como si fuera agua; también la sensación de que él es alguien superior, alguien… realmente celestial… No lo sé. Me he convencido que son proyecciones confusas de mi subconsciente. No tienen mucho sentido, pero debo admitir algo…

Aquellos sueños, por más dolorosos y fuertes que sean, son los causantes de mis minutos más felices del día. Siempre espero con ansias la noche para sumergirme en esos sueños porque son para mi las vitaminas que necesito para arrancar el día.

Carlisle Cullen es mi luz de noche.

Y yo estoy por casarme con alguien que solo me da privilegios…

- ¡Hija! ¡Te ves hermosa! – pegué un saltito cuando me di cuenta que estaba sentada frente a un tocador y el espejo me reflejaba: dos ojos chocolates y grandes me observaban con detenimiento: estaba mucho mejor de aspecto. Lo que era la magia del maquillaje…

- Gracias Madre… - dije tras una sonrisa nerviosa y enjuague las lágrimas amenazadoras.

- ¡Vamos Esme! ¿Qué esperas? Tu padre te espera en la salida – dijo mi madre nerviosa, saliendo rápidamente de la habitación.

Me levanté con pesar, tratando de no estropear el vestido, ni el peinado ni el maquillaje. Tras un suspiro, y una vez puesto el velo sobre mi cara, camine como un zombi hacia la salida.

Mi padre, con esmoquin negro, me esperaba con una gran sonrisa. Podía notar su semblante orgulloso: pues su hija de 22 años se iba a casar con una eminencia inglesa. No había nada mejor que eso.

Tomé su mano con delicadeza y pase mi brazo por su codo. Salimos lento hacia la salida, donde nos esperaba un hermoso carruaje, de esos que se dibujan en las antiguas novelas románticas.

Mi madre me miró expectante, esperando mi reacción. Yo sin embargo, parecía ser una pared. Todo aquello me rebotaba sin generarme alguna alteración. Sonreí ampliamente y asentí demostrándole mi conformidad con aquel vehículo y ella suspiró aliviada. Valla… debió costarle demasiado el carruaje.

El trayecto desde la mansión hacia la capilla cercana, no era muy lejos. Habremos tardado 15 minutos llegar. Un nudo horrible se formó mi estomago y nuevamente las lágrimas vacilaron en mis ojos. Aun así, me las guardé para un momento más apropiado y salí de aquel coche. Mi padre ya me esperaba en la puerta y podía escuchar el murmullo de la gente en el interior de la pequeña capillita.

Trague nerviosa y tome el brazo de mi padre. Antes de que las puertas se abrieran, miré hacia mi madre quien ya se encontraba llorando y le sonreí para darle fuerza. Un efluvio de rosas y margaritas me impacto, cuando las pesadas puerta se abrieron. La capilla estaba vestida de blanco, con adornos florales y telas colgantes entre los bancos. Toda la comunidad me miraba con cierta devoción y envidia. Hacia lo lejos, cerca del altar, un hombre alto y apuesto, con un esmoquin gris me esperaba con una sonrisa brillante y austera. Mi futuro marido me observó al ingresar con mi padre cuidadosamente y me estrechó la mano cuando alcance la suya.

Nos miramos por unos segundos. El parecía feliz, realmente feliz. Así que yo puse mi mejor cara y luego desvié la vista hacia el padre quien nos miraba con cariño.

La ceremonia transcurrió normalmente. En el momento de las sortijas mis torpes manos comenzaron a temblar. El dio un "si" fuerte, y conciso. Cuando llego mi turno, miles de imágenes doradas pasaron por mi mente, pero quedaron en negro cuando di mi "Si". El introdujo el anillo de oro en mi dedo derecho índice. Sonrió presuntuoso y yo repetí el acto.

El padre nos declaro "Marido y Mujer" y un estallido de aplausos resonó en la capilla. Charles retiró hacia atrás el velo que tapaba mi cara y me besó con cuidado. Yo le correspondí con una sonrisa para no parecer fría y tomé su mano para salir ya mismo de ahí.

Afuera nos esperaba el mismo carruaje que nos conduciría hacia el salón donde se iba a montar el festejo. Charles me sonrió feliz y tomó mi mano con fuerza. Yo también le respondí, pero al cabo de un segundo, ya me encontraba mirando hacia fuera, tratando de escapar de todo esto…

El festejo fue asombroso: pude compartirlos con todos mis seres queridos sin tropiezos. Baile demasiado y me sentí un poco más liberada. Pero aquello estaba llegando a su fin y era tiempo de partir. Charles había rentado una cabaña al sur de California para pasar nuestra luna de miel. Supuestamente era una sorpresa, pero debido a su ansiedad, no aguante y me dijo en el coche cuando salimos del salón.

El tren nos llevó 13 horas arduas de viaje, hasta que al final llegamos. Tenía que admitir que el lugar era bellísimo y la cabaña era un sueño. Pequeña, pero confortable y hogareña.

Entré contenta y dejé mis maletas en el lugar, pero antes que pudiera seguir observando el terreno, Charles me tomó por sorpresa dándome un fugaz beso.

Ni siquiera me dio tiempo para preguntarle que quería, pero adiviné sin miramientos cuando sus pasos me comenzaron a arrastrar hacia la habitación, donde yacía una cama de madera. Comenzó a despojarme de mis ropas y yo no podía ser mucho. Sus brazos eran fuertes y por más que forjeceara para liberarme de aquello era inútil.

- ¿Qué pasa Esme…? – me preguntó con voz cansina.

-. ¡¿Podrías tranquilizarte?! – le dije furiosa - Ni siquiera hace dos segundos que llegamos que ya…

- ¿Me estás tomando el pelo Esme? Es "nuestra noche de boda" ¿y pretendes estar acá sentada tejiendo todo el tiempo? – eso me dolió. Lo miré por unos segundos y suspiré resignada. Al final, tenía razón…

- Perdóname… - le dije con una sonrisa y el asintió aun serio. No me dijo más nada, sino que retomó su trabajo de besarme y sacarme mis ropas, dejándome totalmente paralizada.

No podría decir que fueron las mejores vacaciones, porque estaría mintiendo. Había momentos en los que realmente disfrutaba aquello, pero otros… en los que deseaba con toda mi alma salir de ahí. La verdadera personalidad de Charles se estaba revelando de manera muy espontánea, y esta nueva imagen, chocaba con la que yo conocía.

Era más violento… impulsivo…

Me daba miedo…

Pero no podía decirle nada, más que asentir ante sus palabras y ser sumisa.

No me percate hasta entonces en donde me había metido: estaba hundiéndome en una oscuridad infinita donde una mano poderosa me hundía más y más. No podía hacer nada, no podía gritar ni pedir ayuda.

Soporte los golpes y las humillaciones con dignidad. Y todo por causa de no poder quedar embarazada…

Charles, tras dos años de matrimonio, se había vuelto más sensible al tema. Generalmente, todas las noches probábamos, pero nunca me quedaba embarazaba… y eso lo dejaba furioso. ¿Y a quien le podía descargar toda esa adrenalina de ira? A mí, por supuesto.

Volvimos a nuestro hogar y la cuestión seguía siendo delicada. Probamos con todo tipo de estudio, medicamentos, doctores… pero ninguno resultaba o nos acercaba a esa esperanza. Mientras tanto, Charles se volvía totalmente irritable e insoportable. No toleraba nada de mi parte, y me quedó claro que él no me amaba… no de la manera correcta por lo menos.

El tiempo transcurrió y con él las marcas de su paso. Mi visita con mi familia debió ser limitada, pues no quería ser una exposición de marcas. Obviamente, las ocultaba con guantes de seda, ropas largas y dos talles más grandes que el mío. De esa manera, pasaba desapercibida para los ojos de la arrogante sociedad.

Pasar desapercibida…

Exactamente ese había sido mi papel desde que me case con él.

No le importaba. No era nada importante para él. Más que una mujer de características físicas destacables con un historial familiar importante. Pero esta mujer no podía procrear.

Esta mujer no era útil.