Capitulo 4
1911
Carlisle Cullen
¿Cómo podría describir aquel aroma? Sin lugar a duda era el más delicioso. Nunca antes había sentido una atracción tan fuerte hacia la sangre humana como era ahora. Y eso dificultaba mi autocontrol: si bien hace dos siglos que vengo perfeccionándolo, hasta el punto de ser inmune a ella, está vez todos mis esquemas se rompieron. Podía sentir la ponzoña acumularse en mi boca deseosa, y mi garganta comenzó a arder con intensidad. Debí alejarme de donde me encontraba, demasiado nervioso como para pasar desapercibido.
¿Quién podría ser la fuente de aquella sangre?
Fue entonces cuando una enfermera, Clarisa exactamente, se me acercó con ingenuidad e interrumpió mi delirio. Lo agradecí, porque su efluvio no era nada en comparación al anterior.
- ¿Un paciente? – pregunté anticipándome.
Ella asintió sonrojada y me entrego una ficha
- Es una adolescente de 16. Se llama Esme Patt, y se ha quebrado la pierna. Ella y su familia esperan en emergencia – me explicó.
- Gracias, ahora mismo iré – dije tomando el afiche. Bien. Esto me vendría bien para distraerme de ese aroma y volver a enfocarme a mi trabajo.
Comencé a caminar hacia emergencias, pero mi cuerpo se fue tensionando a medida que el maldito aroma irresistible se incrementaba con cada paso. Por un momento creí que todo mi esfuerzo de siglos no había valido la pena, por que cuando encontrara esa fuente me abalanzaría hacia ella, sin importarme nada.
- ¿La paciente Esme Patt? – pregunté hacia un enfermero de urgencias y me indicó la habitación con un dedo, dirigiéndome una mirada desinteresada. Le agradecí, como costumbre y entré al lugar.
Creí volverme totalmente loco cuando el olor a sangre me impacto. Mis instintos fueron más rápidos que mi mente, haciendo que mis ojos se fijaran automáticamente en la fuente. Era una muchacha, de cabellos castaños y corte mediano, tenía unos ojos marrones claros grandes y brillantes, y sus mejillas se encontraban ligeramente ruborizadas. Sus labios eran rosados intensos haciendo que su cara simulara la de una muñeca de porcelana. Era hermosa. Realmente hermosa.
Y apetitosa…
Me acerqué a ella con paso seguro, sin respirar, obligándome a tomar el control nuevamente. Le sonreí y ella me devolvió unas de las sonrisas más lindas que vi en toda mi existencia. Sus labios se estiraban y aun así parecían de esponja, su cara parecía un corazón y en medio de sus mejillas, dos hoyuelos se hundían con simpatía.
Aunque mi corazón no late, aquella muchacha me hizo sentir en ese momento literalmente "vivo".
No se porqué, pero me puse nervioso y dirigí la mirada hacia sus padres para saludarles.
- Buenas Noches, soy el Doctor Carlisle Cullen y atenderé a su hija – dije de manera formal tendiendo mi mano. El padre de la joven me examinó con recelo antes de saludarme con voz aguda.
- Doctor – sus ojos vacilaron entre su hija y yo - Mi hija se ha quebrado la pierna haciendo una estupidez.
Le observe por algunos segundos y me molestó su actitud.
- Subía el manzano de nuestro patio – esta vez fue la madre quien hablo. Su rostro se había contraído por la ira y yo rodé los ojos imperceptiblemente. Me armé de valor y contesté manteniendo mi suave voz.
- Si me disculpa señor Patt, no me parece una estupidez. Suele pasar, además, es agradable subir a los árboles – desvié la mirada hacia ella, quien ahora me observaba con sus brillantes ojos y su sonrisa maravillosa. No pude resistirme y le devolví el gesto. En ese momento, algo nuevo sentí dentro mío: un sentimiento que nunca antes había percibido: mi estomago parecía estar a punto de estallar por las cosquillas que reinaban allí y por mis venas secas corrió una calidez desconocida – En fin, enyesaremos tu pierna – contesté bruscamente para despejarme la mente.
Aquello no podría estar pasándome.
¿Cómo podía estar tan estupidamente nervioso? ¿Qué tenía de extraño tocar la pierna de una mujer desconocida? ¿Acaso no lo había hecho ya infinidades de veces? ¿Acaso no había tocado otras partes más comprometidas ante un examen médico que esto? Entonces… ¿Por qué mis manos se estaba moviendo con nerviosismo por la suave piel de ella?
Podía sentir el flujo de su sangre debajo de mi piel y eso me hizo poner la piel de gallina. Seguí sin respirar, aun que mantenía mi simulacro haciendo movimientos de tórax. Mientras una parte mi mente se la ingeniaba para no perder el control, la otra estudiaba el caso: no era una fractura expuesta.
- Por suerte, la fractura no ha sido expuesta. Su curación será rápida – le informé al padre de la joven con una sonrisa amable. Sentí su fuerte mirada en mí, pero aun así no la miré. Al hablar había incorporado aire y éste estaba impregnado en su aroma. Aquello me generó un fuerte escalofrío por mi cuerpo y mi garganta comenzó a picar.
¿Por qué mi tua cantante tenía que ser esta jovencita?
Hubiera preferido escaparme en ese momento antes de cometer alguna locura. Pero eso iba en contra de mi moral y valores. Así que me arme de valor y tomé los materiales necesarios para terminar aquel trabajo.
Primero coloqué con cuidado una tabletilla sobre su pierna, tratando de hacerle el menor daño posible. Luego, con paciencia y cuidado, se la enyesé. Por algunos segundos mantuve la vista sobre su pierna, inseguro con lo que iba a decir, pero después de todo, no podía olvidar mi responsabilidad médica.
- Señor Patt, preferiría que su hija se quedara esta noche aquí. De esta forma el yeso se secará sin complicación alguna – le dije al padre, mirándolo de forma seria. Sin embargo, aquello se me estaba haciendo bastante difícil, más cuando sentís esa mirada fuerte sobre tu nuca, más cuando esa sonrisa te encandila. Yo no pude resistirme y le sonreí con simpatía. Hubiera sonreído más, incluso mostrado todos mis perfectos dientes, pero el sonido sordo de un corazón latiendo con fuerza y pasión me desconcentró por completo…
Esa noche tenía que hacer guardia, así que fui a casa por algunos minutos a cambiarme de ropa e hice tiempo para que no se extrañaran de mi rápida salida.
El hospital se encontraba tranquilo. Por suerte no había muchas emergencias que atender, por lo que aproveché mi tiempo libre para leer algún libro y estar tranquilo, si es que se puede decir "tranquilo".
Aun no podía sacar de mi nariz el aroma de esa sangre, y el estar ahí, tan cerca, se me hacía muy tentador. Aun así mantuve la calma, la postura, obligándome a no romper mis esquemas de siglos de entrenamientos.
No valía la pena
No ahora que había conseguido mis objetivos: hacer medicina sin sufrimiento.
Tendría que haber advertido esto, tendría que haberlo tenido en cuenta. En algún momento de mi existencia me iba a pasar. Tarde o temprano la tua cantante iba a llegar… aunque nunca me hubiera imaginado ahora.
Suspire y dejé aun lado el libro, era inútil leer cuando tu mente la tienes impregnada de pensamientos profundos. Más allá de que la mente de un vampiro es ágil y veloz, hay acontecimientos que no podemos dejar aun lado e ignorar: inexorablemente estos pensamientos vuelven a ti como un látigo, golpeándote cada vez más profundo, haciendo marcas más dolorosas, más cuando estos latigazos están impregnados de aromas irresistibles que te queman…
Comencé a caminar tranquilo por los pasillos. Estos pasos involuntarios me llevaron hacia su habitación, aunque no lo hubiera pensado, me encontraba al frente de la puerta.
Me detuve por algunos segundos, nervioso.
Agudicé mis oídos: podía escuchar su fuerte y pasional corazón latiendo, su sangre moverse con velocidad a través de sus venas y arterias limpias, su respiración era por momento pausada y por otros momentos agitada, murmuró algo que no llegue a comprender, algo sobre flores… aroma… Deduje que se encontraba profundamente dormida.
Toqué la puerta con mis dedos largos y blancos, no muy seguro de continuar. Hice fuerza y la puerta se abrió emitiendo un molesto sonido de oxidado. Antes de ingresar, miré para mis costados: por suerte no había nadie dando vuelta, por lo que entre sigilosamente y con velocidad.
Valla. El aroma si que era fuerte y poderoso.
Todo estaba impregnado de flores, miel, mar, hierba fresca… en fin, una infinidad de aromas y sabores pasaron por mis sentidos.
Caminé lento hasta llegar a su recamara.
Ahí estaba… tan hermosa, tan angelical. Su cabello caía con gracia sobre sus hombros finos y sus parpados se encontraban cerrados. Sus labios rosas y entre abiertos se movían sin articular palabra alguna, solo murmullos sin sentido… Sus manos blancas reposaban sobre su abdomen y a la luz de la vela su piel había adquirido una hermosa tonalidad.
Grave en mi memoria para siempre aquella imagen.
Parecía un ángel… un verdadero ángel.
No pude resistirme al deseo de acercarme a ella, de tocar con delicadeza su piel e inhalar profundamente su perfume. Me senté a su lado y con mi mano derecha recorrí imperceptiblemente su frente, mejilla y enredé mis dedos en su suave y brilloso cabello. La respiración se me había cortado ante aquel tacto: una infinidad de sentimientos ocuparon mí estomago y me hicieron sonreír, pleno de alegría.
Pero la retiré rápidamente al ver como su respiración se agitaba y sus ojos brillantes se abrían bruscamente como si hubiese tenido una pesadilla.
- ¿Has tenido una pesadilla, pequeña? – le pregunté con cuidado, tratando de no asustarla. Ella giró rápidamente su cabeza hacia a mí y me observó con intensidad. Hice un gran esfuerzo para no perderme en ese mar de chocolate y sonreí con amabilidad para que no se impresionara. Por unos segundos nos miraron, y ella tenía una expresión de interrogación, o más bien… de sorpresa.
- No… - murmuró por debajo, aun con voz dormida - Es que me ha parecido demasiado real como para ser un sueño – me contestó mirándome a los ojos.
- Lo siento, no quería molestarle – dije rápidamente, analizando lo imprudente que estaba siendo estando allí. Me levanté pero su voz habló nuevamente, deteniéndome en el intento.
- No – negó con la cabeza – Usted no me ha molestado Dr Cullen – miré su rostro expresivo. Una sonrisa dulce se había formado en sus labios – Al contrario, necesito algo…
La observé por algunos segundos. ¿Cómo alguien podía hacerme sentir tan maravillosamente bien? ¿Cómo tanta ingenuidad me podía colmar de compasión y ternura?
- ¿Qué deseas Esme? – pronunciar su nombre me hizo poner más nervioso.
- A... Agua – respondió con dificultad. Yo asentí a su pedido y le acerqué el vaso con agua. Ella lo tomó con algo de torpeza, parecía… nerviosa. Por unos segundos nuestra piel tuvo contacto y nuevamente una corriente extraña recorrió mis venas vacías. Expiré temiendo perder el control ahora mismo, pero a la vez, algo en mi interior me decía que jamás llegaría a lastimarla… por lo que me calmaba.
Mis ojos contemplaron con fijeza la piel de sus palmas, cuando éstas tomaron el vaso. Comprendí entonces porque el aroma de su sangre había sido tan fuerte: éstas se encontraban aun con heridas frescas de su caída.
- Tus manos… - susurré nervioso, aun que no sé si alcanzó a oírme. Deduje que en efecto había captado mis palabras, pues sus ojos bajaron hacia sus manos, mirándolas sin interés alguno. Sin perder tiempo, tomé sus manos tratando de ignorar todo tipo de sensación extraña y agradable que su piel cálida generaba en mí. Tomé el algodón ya humedecido en alcohol, y lo pase con cuidado sobre sus heridas, tratando de evitarle el menor ardor posible. Ella no emitió ningún gemido ni tampoco algún gesto de dolencia. Al contrario de lo que esperaba, su rostro se encontraba hermosamente relajado y armonioso, mirando como realizaba el trabajo.
- Ahora sí se curaran bien – dije con una sonrisa al terminar el trabajo.
- Gracias – me respondió con una sonrisa, mientras retiraba sus manos de mi alcance y las observaba con un brillo especial en la mirada – Nunca debí subirme al Manzano…
- A veces los accidentes no se pueden evitar – le contesté con cordialidad. – Además, no es algo prohibido. Yo siempre solía trepar árboles a tu edad – no se porqué comente ese pequeño e insignificante detalle de mi vida pasada. No entiendo como fue que resurgió de mis memorias congeladas…
- No quiero ser una vergüenza para mis padres. Ellos quieren que deje esas boberías y comience a asumir mis responsabilidades de casi adulta. Quieren casarme pronto – me respondió aun fijando su mirada en mí. Esa confesión me molestó un poco, sobre todo la parte de casarse pronto. ¿Cuál era el apuro?
- Entiendo – le dije en un susurró desviando la mirada de ella - Aun así Esme, eres joven. No está mal que quieras disfrutar de la vida – la miré por un momento y ella me devolvió su mirada dulce. La conversación se estaba terminando y sin embargo, aun en mí había una gran ansiedad de saber más de ella, sus gustos, lo que sea por seguir escuchando su voz. - ¿Qué más te divierte?
Valla… podría a ver sido un poco más inteligente. Preguntarle algo más interesante. Claro, no por nada fue la sorpresa de su rostro perfecto. Pero éste se transfiguró por completo pues una brillante y extensa sonrisa se expandieron haciendo que sus hoyuelos fuesen más profundos. Me quedé totalmente maravillado ante aquel gesto de emoción y grave aquella imagen para siempre en mi memoria.
- Sobre todo, estar en mi jardín, trepando el manzano y ver el crepúsculo. Disfrutar de los últimos rayos de sol en el día. Pero también adoro hacer arreglos en flores y me considero muy buena, sin intenciones de parecer soberbia – aclaró tras una risita que yo automáticamente compartí con ella – Eh… también me encanta leer y escribir. Sin embargo, uno de mis pasatiempos favoritos es remodelar las cosas. Cuando los adornos de la mesa del living me aburren, busco cambiarlos por otros, buscarles nuevos lugares, entre otras cosas. Mamá dice que si hubiese nacido hombre, hubiera llegado a ser un gran arquitecto – se encogió de hombro algo resignada – En fin. Eso es lo que más me divierte y amo hacer – aclaró con una triunfal sonrisa que yo respondí sin pensarlo.
- Puedes llegar a hacerlo si te lo propones – le dije para alentarla.
- Me encantaría – confesó con una gran expectación en los ojos. La observé por unos segundos, aunque para mi fueron largos minutos. En aquella mujercita existía un gran sueño, y una sociedad soberbia y egoísta como la que estábamos viviendo ahora, no permitía que esas metas anheladas fuesen cumplidas.
Sentí compasión por ella. No hacía falta tener mucho conocimiento para darse cuenta que tipo de familia era la suya. Tampoco valía la pena criticar sobre el asunto… Me levanté de mi asiento temiendo terminar la conversación. Aquello no podía seguir difundiéndose, por más que deseara.
- No pretendo molestarte Esme, mejor descansa. Ya mañana podrás irte a tu casa con tu familia – le dije con voz suave y ella me sonrió con cortesía.
- Gracias Dr Cullen – susurró tras recostarse en la cama. Lo pensé claramente, pero opté por no hacerlo: un beso en la frente de buenas noches no era nada fuera de lo común, pero podría malinterpretarse entre un Doctor y su paciente.
Así fue que giré mis pies en dirección contraría tras observarla unos segundos. Emprendí mi caminata hacía la salida antes que me arrepintiera de lo pensado…
Hola a todos!
Bueno, espero que los haya sorprendido con este cap ^^ Pensé que también sería lindo conocer el punto de vista de Carlisle y me pareció un buen momento para hacerlo. Ya que pienso unir luego nuevamente la historia. Diganme que les parecio, criticas, maldiganme si no les gusto, lo que sientan xDD
Gracias a todos aquellos que la siguen a la historia y a los que me firman y me dán fuerza para continuar.
Aprecio mucho sus comentario ^^
Besos
Lore
