Capitulo 6: Parte 1
Esme Cullen
Año 1921
Quien dijo alguna vez que la vida era bella, que era única, que había que disfrutarla…solo se dejó llevar por las apariencias falsas de una realidad utópica. Imposible de lograr. ¿Por qué digo esto? Por el hecho de que simplemente nací para no vivir. La vida no es digna de mí, ni muchos menos la felicidad.
Es increíble como la vida se encarga de recompensarte pero a la vez de quitarte lo que más amas. Es increíble como todo tu mundo se derrumba ante tus pies y vos te quedas simplemente ahí parado sin poder hacer nada.
Absolutamente nada.
Después de tanto sufrimiento, después de tanto dolor, de pasar horas llorando a oscuras, de pasar días enterrada en una humillación infinita, el cielo decidió o más bien "probó" con darme la oportunidad de ser madre. Una condición que para cualquier mujer significa lo más sagrado de su vida: engendrar un hijo. Al principio me sentí sumamente aliviada porque esto significaba el fin de la violencia matrimonial… pero que tan equivocada que estaba. Obviamente que mi marido se lleno de orgullo pero eso no quito el peso de su mano violenta.
Y por más que el niño era maravilloso, más que eso… era todo lo que tenía, su ambición alimentada por una sociedad podrida como la nuestra, no menguo sus hábitos.
Pobre de mi bebé, de mi pobre hijito…
Su carita, aun la recuerdo, era redondita y blanca con mejillas rosadas y una boquita del tamaño de una nuez. Su nariz apenas se veía en ella y sus ojos, oscuros, me miraban con asombro y admiración en el momento en que lo ubicaron entre mis brazos. Richard era su nombre. Richard Evenson. Oh si… era hermoso, el niño más lindo de toda América.
Pero, como remarqué antes, no nací para ser feliz y la agonía impactó sobre mí haciéndome estallar en mil pedazos, cuando su pequeña alma ascendió hacia los cielos…
La vida te quita lo que más amas y eso es algo que no podes evitar.
Mi pequeño ángel murió luego de un mes. Su alma prematura y llena de vida se fue, se me escapó, y me quedé con su cuerpo frío, duro y pequeño entre mis brazos, horas y horas, tratando de recuperarlo, cuando sabía perfectamente que jamás lo lograría.
¿Por qué?
¿Qué sentido tenía entonces existir si todo mi futuro estaba predestinado a la desgracia, al sufrimiento?
¿Para qué entonces seguir cuando sabía que me esperaba otra sesión de dolor a mano del desgraciado de mi marido?
Como era lógico, esa misma noche, el muy maldito arrebató sobre mí, pero esa fue la última vez que puso un dedo sobre mi cuerpo. Tomé mis maletas y me escape, corriendo desesperada, tomando el primer tren que saliera de la estación, sin importarme el destino.
Ya nada me importaba. Dentro de mí había un agujero negro, sin fin. Mi alma estaba quebrada en mil pedazos, mi cuerpo ya no respondía ante necesidades como el hambre. El brillo que antes había irradiado ya no lo tenía, y todo mi ser parecía ser un ente sin vida, como si lo moviera una maquina. Además, corazón ya no tenía… este se había ido rompiendo poco a poco a partir de que me case con ese cretino… O tal vez inclusive antes…
Si a grandes rasgos tengo que destacar algo positivo de esta inmundicia de existencia que tuve, fue que la suerte me apaño en mis gloriosos 16 años y conocí a un ser maravilloso, la persona más magnifica.
¿Cómo olvidarlo? Aún creo sentir su aroma floral a manzano en mi nariz, pero de manera muy tenue… cuando cierro por las noches mis ojos para tratar de conciliar el sueño, imagino su rostro celestial con lujo de detalle: sus cabellos rubios, revueltos, sus ojos extrañamente dorados, su sonrisa incandescente, su piel fría como el hielo pero suave como la seda… Su tacto sutil, sus suaves labios, su aliento fresco y su aroma embriagador…
Indudablemente, Carlisle Cullen había llenado durante un día mi alma de luz y felicidad. La única vez que me sentí plenamente feliz fue esas pocas horas que estuve con él…
Y por mucho tiempo, había sido la luz de la oscuridad de mi alma. Si no me rendí antes, fue por que resguardaba la esperanza de reencontrarme con él…
Pero ahora todo es diferente.
Ya mi corazón está muerto y no puede sentir más que dolor y desfallecimiento.
Ni pensar en su hermosura y calidez me hacen sentir un poco mejor.
Ya nada.
Lo único que percibo, porque mis sentidos externos hasta el momento funcionan, es como golpea fuertemente el viento sobre mi cara y hace danzar mis cabellos. Mis oídos captan el crujir de las piedras cuando el océano choca violentamente sus aguas sobre ellas y mis ojos observan el prometedor futuro.
Entonces, ¿para qué seguir perdiendo tiempo?
Tan solo tengo que dar un paso, un solo paso y todo habrá terminado.
¿No suena tan fácil? Una muerte segura, en estas condiciones es muy tentadora…
Sonreí amargadamente, regocijada porque el dolor iba a terminar.
Ni me molesté en mirar, cuando mis piernas automáticamente retrocedieron y se impulsaron en la rocosa tierra para dar el salto final en aquel acantilado, ni tampoco mire mientras sentía como mi cuerpo perdía peso y se deslizaba a gran velocidad en el aire, sabiendo su triste final.
Solo deje que el agua entrara en mis pulmones, que me quemaran y que la negrura infinita me sacara de aquel infierno.
