Capitulo 7:

Esme Cullen

Son en estos momentos, en los que uno se queda pensando y dice: ¿Hice realmente algo bien en esta vida?

"Claro que si!" Hubiera respondido una voz desde la inconciencia para tranquilizar tus traumantes dudas, pero… ¿Qué pasa cuando esa conciencia ya no te responde? Y en cambio, en vez de recibir esa esperada tranquilidad y paz que tu inconciente te hace creer toda la vida, recibís uno de tus peores calvarios…

Había sido una pecadora. Y de las peores.

Algo había hecho, porque no comprendía como podía ser que sintiera tanto dolor…tanto sufrir, si justamente, había buscado la muerte para alejarme de mis fantasmas, de mis penares, y ahora se hacían notar sobre mi, como nunca.

La sensación era espantosa.

Estar en el infierno era espantoso.

Cada fibra de tu ser estaba siendo consumido por una interminable llamarada de fuego abrasador. Prácticamente no sabías si a estas alturas respirabas o tu mecanismo biológico se las estaba ingeniando para guardar oxigeno.

Gritaba

Gritaba a más no poder

Quería salir de ahí, desaparecer, que todo esto se fuera, se alejara de mí.

La muerte no me recibió como yo esperaba

Creí que esto iba a ser distinto, que iba a reencontrarme con mi hijo, que iba a encontrar por fin la paz que tanto había añorado desde niña.

Y solo siento el calor mortal de un abrazo que sabes que no te va a soltar hasta consumirte.

No lo aguantaba más.

Ya no…

Ahora sentía como me quemaba donde lógicamente se encontraría mi pecho. Exactamente en mi corazón, para especificar.

Pero no podía ver nada, todo era de un rojo intenso, con manchas amarillas, y negras. No podía discriminar formas, luces, sombras, curvas… nada.

Ni siquiera tenía la certeza como me veía. Mi mente imaginó un cuerpo chamuscado, pero sabía que el cuerpo ya no era parte de mi alma… ahora un alma en llamas.

El fuego se seguía extendiendo con más fuerza hacia mis inteligibles partes inferiores: piernas. Pero también se hacía notar sobre mis brazos, y cabeza. Cada vez era peor.

¿Cuándo termina?

Si es que esto tiene un fin…

Quise llorar, pero el fuego evaporó mis lágrimas

Quise gritar, pero el fuego ahogó mi garganta

Quise patalear, pero el fuego me ató con sus cadenas rojas.

Nada me indicaba que esto iba a finalizar. Cada vez se volvía más agobiante y realmente deseaba morir, e irónicamente ya lo estaba…

¿Qué podía hacer, si de nada servia hiciera lo que hiciera?

Entonces…

¿Esperaría?

¿No lo había estado haciendo desde el primer momento que sentí el infierno?

¿Y esperar qué Esme? ¿Qué un ángel del cielo viniera a rescatarte?

Estúpida

Tenía que aceptar mi castigo y soportarlo con dignidad.

Pero cuando acepte mi realidad, me sobresaltó la manera con que la sensación se fue disipando en mis extremidades inferiores. Sentí un gran alivio, aunque aun el núcleo de todo aquel martirio se encontraba en mi pecho y corazón. Mis brazos y hombros se volvieron poco sensibles al dolor… tal vez por fin, me estaba consumiendo por completo y mi alma iba a desaparecer.

Gran parte de mi ser se estaba evaporando, porque el dolor en ellas no estaba.

Mi esperanza no había sido en vano, y el infierno estaba cediendo ante mi pobre existencia incorpórea.

Pero jamás imagine comenzar a sentir una brisa fría, precisamente en donde estaría mi mano derecha. Tampoco imagine comenzar a oír.

Creí que había perdido esa capacidad…

Los sonidos eran difusos, no podía precisarlos. Parecían borrosos, como cuando vas en auto y pierdes capacidad de frecuencia. Tal vez, algunos murmullos, cuya voz, porque era una sola voz, era masculina.

Y aun insistía esa brisa fría sobre mi mano.

¿Qué estaba pasando?

No podía ver nada, ahora el rojo era menos intenso y lo estaba sustituyendo un negro abrumador. Pero mis oídos parecían estar despertándose de un largo sueño, a medida que sentía como el fuego del pecho iba desapareciendo, concentrándose de todas maneras, insistente en mi corazón.

Si. Era una voz masculina. No podría decir con seguridad que era lo que murmuraba. Pero me era familiar.

Mucho antes la he oído; y una sensación de añoranza baño mi persona.

Deseaba oírla mejor, oír más de ella. Pero el molesto ardor opacaba mi capricho.

Acaso… dijo ¿tiempo? O… ¿momento? No comprendí bien, algo de eso estaba diciendo.

¿Dónde la había escuchado?

Era masculina, grave, pero armoniosa. Parecía notas musicales puras, como si fuera de un coro glorioso. También era suave, y su eco dejaba sensaciones dulces.

Me tranquilizaba. Me daba fuerzas. Me hacía sentir mucho mejor. Y cada segundo que pasaba, ansiaba más de ella, aferrándome a sus sonidos como si fuera mi salvación.

Despertará…

Si. Eso lo había escuchado clarito, y ahora dicha voz me remordía la cabeza. ¿Dónde…?

Era como el canto de un ser celestial, porque su timbre era totalmente distinto al de cualquier hombre que conocí en mi vida mundana… excepto por la de…

Carlisle Cullen

Mi mente me decía que era ilógicamente imposible.

Mi corazón, sufrido, me decía que dicha voz era de él.

Sea como sea, ignorando mente y corazón, no pude evitar sentirme feliz dentro de todo ese abismo. Inclusive el dolor me pareció menor, ante la nueva adrenalina que circulaba por mí ser.

Si, era su voz. Su inmutable y perfecta voz.

¿Cómo pude olvidarla?

Si es imposible de hacerlo.

Anhelaba más de ella, y ansiaba el abrir los ojos y encontrarme con su perfecta figura.

En cualquier momento…

¡Otra vez! Ahí estaba, como sensibles vibraciones que agradan hasta el alma más mortificada.

Entonces, esta vez, si sentí como alguien tomaba con fuerza mi mano. El tacto ahora no me era tan frío como antes, al contrario, su temperatura era muy agradable.

A partir de este momento, todo mi mundo sufrió un giro de 360º: el dolor se extinguió, mi mente retomó el control de mi cuerpo, manifestando algunos impulsos para verificar que todo estuviese en su respectivo lugar, mi olfato percibía una fragancia fuerte, dulce, embriagadora y mis ojos lentamente comenzaron a abrirse, cegándose por un débil reflejo blanco y dorado.

¿Esme?

Ni siquiera me reparé en preguntarme donde me encontraba, sino que gire mi cabeza directamente hacia la fuente de aquella voz mágica. Y mis ojos colapsaron con la criatura más maravillosa: estaba en el cielo por fin.

Carlisle no había cambiado nada. Al contrario… extrañamente seguía manteniendo su imagen madura, pero no la de un hombre mayor, sino, la de un joven entrando a la adultez. No había envejecido… Su pelo dorado seguía brillante y para mi asombro, podía ver con precisión cada hebra de sus cabellos y el resplandor que emanaban. Pero sus ojos… o… no recordaban que fueran tan dorados y maravillosos. Al contrario, me empecé a dar cuenta que mis memorias pasadas eran borrosas y difusas: producto de una vida innecesaria, pensé.

¿Te encuentras bien? – me preguntó con cuidado, y me dio la impresión que tenía temor. Yo sonreí, sabiendo que él amaba mi sonrisa: me lo había dicho un tiempo atrás.

- Claro que si, ¿por qué…? – A menos que el encontrarse bien no se refiriera a la molesta sed que quemaba mi garganta, por lo demás, me encontraba fuerte y perfecta – Tengo sed – dije con sinceridad y Carlisle me miró asombrado. Yo le devolví la mirada sin comprender, y mis pensamientos, ahora más ligeros y hábiles, me dieron a entender que algo no andaba bien.

Esta vez si me reparé en observar mí alrededor.

Me daba miedo, porque todo lo veía con mucha precisión y nunca había gozado de tan buena vista.

La habitación era de un blanco pastel con tonalidades grises, el ambiente emanaba un fuerte aroma dulce de flores de manzano como las que tenía en mi jardín de niña, pero también había notas de miel, arena mojada, azucenas y un sin fin de colores. Podía ver las partículas diminutas de polvo ante mí, como se desplazaban como fantasmas por el aire. También reparé a donde me posesionaba yo: era una cama matrimonial enorme, con sabanas haciendo juego al cuarto. Una puerta de caoba indicaba la salida y a mi izquierda, una ventana gigante estaba cerrada, impidiendo que los rayos del sol pudiesen entrar: aunque eso no significaba que alguno se infiltraran persistente por las rajaduras de la madera.

Definitivamente esto no era el cielo.

Y si no era el cielo… ¿Dónde estaba?

Miré mis manos en menos de un segundo, reparando que la rapidez me era un tributo sin igual: estaban blancas, pálidas, pero mi piel era tan suave, que me hizo recordar las sedas que solía utilizar mi madre en sus vaporosos vestidos de gala. Pero también era fría…como la de Carlisle.

Le miré con cierta desesperación, viendo si podía encontrar respuestas en sus ojos. Pero el me reflejaba la misma ansiedad y tomó mis manos con cariño, haciendo sentir en mi sensaciones que nunca antes había sentido en mi vida anterior.

- Esme… sé que esto asusta un poco… pero debes escucharme – me rogó con voz suave e irresistible. Yo asentí tensamente, porque no podía ponerme como caprichosa y renegada ante lo que se me presentaba. Así que me senté mejor y lo observé esperando la explicación.

- Primero, quiero confesarte quien soy realmente – sus ojos brillaron con una emoción que no pude describir en ese instante – Mi piel pálida, fría y blanca, más mi belleza exterior y mis ojos ámbar, son todas características de una persona que no es normal, o mejor dicho no es mortal… - hizo una pequeña pausa – Yo soy una criatura oscura, maldita… inmortal… soy un vampiro – abrí la boca para comentar no se qué, porque no podía decir nada y le miré asombrada. Era verdad: su belleza era algo irreal para un mundo mortal y humano. Y el hecho de notar que no había envejecido, me permitía a mí llegar a mis propias conclusiones: definitivamente no era humano, ni tampoco mortal. En eso estábamos de acuerdo. ¿Pero un vampiro? ¿Un ser bebedor de sangre humana? No podía asimilar esa imagen con el ser perfecto que tenía a mi lado.

- Pero… ¿bebés sangre entonces? – era una pregunta obvia y estupida. Pero necesitaba que me la respondiera.

- Si, pero no del tipo de sangre que piensas – me atajó esta vez más serio y algo relajado – Llevo un tipo de vida diferente al resto de los vampiros, más bien, me podría definir como vegetariano – ante su chiste, sonrió de costado, generando en mí, millones de mariposas – Solo bebo sangre de animales, y no de humano. Hace siglos llevo perfeccionando mi autocontrol. No es lo mejor, ni tampoco nos satisface por completo, pero por lo menos no nos hace ver como unos monstruos… bueno casi – explicó y me quedé helada ante su explicación.

De algo estaba segura y era que no era el único, porque él mismo había utilizado el plural. Ni tampoco estaba totalmente solo, porque había mencionado un "nos" en su explicación. Había más. Y… ¿dijo siglos?

- ¿Hay otros como tu, cierto? – quise saber y él me miró algo sombrío.

- Si, a eso quería llegar… - susurró de manera tan baja, que muchos no habrían podido oírlo, pero yo lo hice. – Verás Esme, es verdad, no estoy solo. Edward me acompaña desde hace cuatro años. Yo… lo transformé porque estaba muriendo y desde ahí, nos convertimos en familia… - me miró y yo le respondí. Había utilizado la palabra "transforme", lo que me indicaba que ese joven había sido mortal y ahora era un vampiro como él. Pero aun seguía sin comprender que tenía que ver todo esto conmigo… a menos que…

- ¿Me convertiste cierto? – le pregunté sorprendiéndolo. Carlisle me miró afanoso y algo irritado, como molesto y asintió. Me quedé helada y no sabía que decir o pensar. ¿Era una vampira?

- Verás… cuando llegaste a la morgue, aun estabas viva. No pude evitar… hacerlo. Perdóname – continuó, pero su voz se notó terriblemente angustiada y rabiosa. Estaba enojado consigo mismo por lo hecho, pero yo no sentía eso.

En realidad, no sentía nada.

Me quedé mirando fijo mis manos, viendo como el polvo se depositaba sobre ellas como copos de nieve. A la vez, mi mente trataba de asimilar todo lo dicho: recordaba borrosamente mi caída al mar, la razón por la cual lo hice, pero ahora todo eso se veía tan lejano… como si se hubiese tratado de un sueño. Como si la muerte de mi hijo hubiera sido una pesadilla, toda mi vida convertida en una. También recuerdo, pero con mayor frescura, los momentos en el infierno, ese fuego mortal y doloroso…

Todo esto quería decir que no había muerto en dicha caída. Carlisle me había salvado transformándome en vampiro… ¿y qué fue entonces ese calvario? ¿Algo parte del proceso de transformación?

.- Yo… sufrí mucho – murmuré sin elevar la vista mientras sentía como el apuesto hombre me observaba – no solo en mi vida en sí… o mi antigua vida, no se como decirle. Sino que… creí que iba a desaparecer carbonizada – confesé y lo miré. Él asintió comprendiendo lo que decía y más desazón me dio por saber que pensaba.

- Verás Esme, el proceso de transformación consta de tres días infernales, en los que crees morir nuevamente – ironizó – Sientes que te quemas por todas partes y es por el veneno que deposite en tus venas. Soy el responsable de tu sufrimiento y debo pedirte disculpas. Aunque se que… - calló en ese momento bajando la mirada de forma penosa – Debía aceptar su decisión! Pero fui egoísta y manipulador! Por que la deseaba junto a mi lado – esta vez si me miró y su rostro hermoso estaba corrompido por la vergüenza y el arrepentimiento – Por que no pude olvidarme de usted, por que cuando nos encontramos por primera vez hace 10 años, sentí que te pertenecía y que vos… eras mía. Pero me dejé llevar por las emociones y no pensé en usted. ¡Cuanto lo lamento! ¡Tiene derecho a odiarme! ¡Hágalo! Me merezco eso y mucho más… - no quise seguir escuchando más sus penas, así que deposite un dedo sobre sus labios para callarlo.

Lógicamente debería esta odiándolo. Aborreciéndolo por lo que me hizo. Por dejarme seguir existiendo con esta pena en el alma que jamás se curará. Pero no era lo que estaba pasando por mi cabeza ni mucho menos era lo que sentía.

Tanto mi mente como ni insonoro corazón me decían que había sido una buena decisión. Le miré con ternura, por que si había algo de cierto en todo esto, era que yo tampoco me había olvidado de él en todo este tiempo. Inclusive, mantuve esperanzas de volver a encontrármelo, aun que claro… no en este contexto.

Aun generaba en mí un sin fin de sensaciones que no podía describir claramente. Mi ser parecía estar lleno de impulsos eléctricos cuando su piel rozaba la mía y las mariposas aun revoloteaban por todo mi abdomen.

Seguía amándolo. Y ese sentimiento opacaba todo el resto.

¿Qué me importaba si me había convertido en una criatura mitológica, cuando en realidad importa que esté siempre a su lado? ¿Qué me importa el que me hubiera salvado, si ahora lo agradezco por qué se que no me separaré de él nunca más?

- No digas eso por favor… - le susurre cerrando los ojos por primera vez y pude sentir su aliento fresco y delicioso – No te arrepientas de lo hecho porque no me interesa quien soy, o que criatura soy. Lo único que sé, es que siempre deseé estar a tu lado, pero las circunstancias de la vida me llevaron a perder dichas esperanzas… Pero ahora, me has dado la solución. Me has brindado el don de poder amarte cada día más, de poder verte todo el tiempo y disfrutarte. Es verdad que no has respetado mi decisión de muerte, pero te agradezco que no lo hayas hecho. – tomé sus manos con cariño y las acaricie. Carlisle no salía de su estupefacción y sus ojos brillaban – No me importa ser un monstruo, no me importa iniciar una vida nueva, si no es a tu lado mi querido Carlisle. Tú le brindas todo el sentido a esto. Quiero estar contigo para siempre.

Le miré llena de emoción y amor. Mi cuerpo parecía estar a punto de estallar por lo que sentía y a la vez tenía miedo de hacerlo. Él me dedicó esas sonrisas suyas y únicas, protagonistas de mis sueños de noche. Levantó una mano y acarició mi rostro con delicadeza, no pudiendo evitar sonreír de felicidad.

- Eres tan bondadosa Esme y comprensiva… - me susurró, pero aun se notaba preocupado y consternado – Será difícil… aprenderás a aborrecerme, ya verás – continuó denigrándose. Yo rodee los ojos exasperada pero sin dejar de sonreír.

- Podré soportarlo – le dije simplemente, antes que me acercara peligrosamente a sus labios. Primero, con un dedo, los delinee como aquella vez. Mi memoria en ese aspecto era mejor, porque recordaba perfectamente cada trazo de dicha piel. ¿Habrá quedado también en mi registro su beso? Había que comprobarlo.

Rocé mis labios sobre los suyos, lentamente, cerrando los ojos, mientras mis manos tomaban su rostro con cariño. El beso era apenas tímido y cuidadoso, por que él prefería que fuese así. Pero yo quería realmente sentirlo en mi

boca. Así que entre abrí mis comisuras para morder con cuidado sus labios a medida que él se daba cuenta de mis intenciones.

No pude evitar sonreír entre besos, al ver que él me correspondía de la misma manera, fundiéndonos en un apasionado y necesitado beso. Es como si hubiéramos esperado toda la vida este momento.

Entrelace mis brazos alrededor de su cuello, haciendo que se acercara bruscamente más a mi cuerpo. El chistó gracioso ante lo que hice, pero no rompió lo que empezamos.

No recordaba haber sentido tanta felicidad, inclusive más de la que sentí cuando lo bese por primera vez, ya hace mucho tiempo. Me di cuenta de lo afortunada que fui. Me di cuenta de que realmente valía la pena y esta era otra oportunidad, (la única), para empezar de nuevo y para siempre.

Ya tendría que afrontar más problemas, como por ejemplo, la insistente sed y no necesariamente de agua. Pero ahora, entre los brazos del hombre de mis sueños, dicha necesidad era algo menor a lo que mi cuerpo estaba recibiendo por cada caricia suya y beso suyo.

Solo quería que este momento durara para siempre…

Y al fin de cuentas… aun que no estuviera en el cielo propiamente dicho, había encontrado el mío en la tierra.

Junto a mi hombre

No junto a un vampiro

Si no, que junto al amor de mi vida.