Seasons of Beautiful Wolfram
Estaciones de Hermoso Wolfram
--oOoOoOo--
Autora: HARPGO
Traductoras: Kotorichan y Petula Petunia.
Parejas: Yuuram, y otras que irán apareciendo.
Advertencias: Yaoi, más adelante un poco de escenas fuertes.
Capítulo 5
Después de un rápido juego de atrapar la pelota con Conrad, lo que hacía siempre para meditar ciertas cosas, Yuuri decidió reunir todo su coraje e ir a ver a Cecile a sus habitaciones. Tenía una enorme suite en la parte más lejana del castillo. Estaba fuertemente resguardada por fuera, reminiscencia de los días en los que fue Maou, y nadie había pensando en cambiar esa rutina. De todos modos, Yuuri decidió que no había ningún problema con eso. De hecho, ella se podía quedar ahí. Mientras menos veces al día tuviera que verla, mejor.
Los dos guardias que custodiaban la entrada se tensaron un poco cuando vieron al maou acercándose. Su amable sonrisa no hizo más que aumentar sus nervios, Yuuri lo notó y se preguntó la razón de ese comportamiento.
El guardia de la derecha se giró y dio un rápido golpe a la puerta. Esta fue abierta, casi inmediatamente, por una de las damas de compañía de Cecile.
Los soldados se lanzaron miradas de 'Ahora está por su cuenta'. Al notar esto, Yuuri suspiró internamente sintiéndose arrastrado hacia la Tierra del Estrógeno.
Sí, todo era rosa, blanco, floreado, rayado y con volantes. Hasta el sofá tenía una pequeña falda de encaje pegada a la cubierta inferior. Comparado con esto, el pijama rosa de Wolfram no era tan vergonzoso.
-¡Maou! que placer verlo-dijo la joven dama en un tono lindo. Tenía el pelo rojo recogido en una trenza francesa con pequeños rizos cayendo a los lados de sus orejas. Ella le sonrió aunque sus ojos mostraron un interés mayor al de 'sirvienta y rey'. En su mente, Yuuri podía ver a un soldado rubio con aura asesina apuntándole una espada a la espalda mientras gritaba "infiel" a todo pulmón.
-La verdad…vine aquí…a ver…
-¡Oh, Heika!-dijo Cecile alegremente. -Creí haber oído un golpe en la puerta. -Se giró hacia la dama junto al chico y la regañó, pero con los ojos entrecerrándose ligeramente -Emmaline, ¡no puedes retenerlo solo para ti! La próxima vez, hazme saber apenas llegue.
¿Habrá una próxima vez? Pensó preocupado el pelinegro.
-Sí, claro-contestó Emmaline, apenas ocultando su decepción. Hizo una reverencia y se fue de allí.
-Pongámonos cómodos, por favor-dijo Cecile, tomando a Yuuri del brazo y dirigiéndolo hacia el sofá frente a la chimenea. Había un pequeño fuego ardiendo y las flamas producían pequeñas chispas de colores: rojas, azules y verdes. Yuuri lucía completamente cautivado. Nunca había visto una flama mágica como esta, pequeña pero bonita.
Apenas se sentó en el sofá Cecile se colocó a su lado. Su vestido negro caía a su lado y, gracias a una gran abertura, revelaba sus sedosas piernas. Las cruzó y de inmediato se acercó más a Yuuri. Este se encontró queriendo aflojar el cuello de la camisa por los nervios pero no pudo ya que Cecile había colocado uno de sus brazos en sus hombros y una de sus manos en su rostro.
Yuuri pudo oír, de nuevo, la voz de cierto rubio diciendo en un tono avergonzado ¡Madre! Entonces, se dio cuenta que los rudos y, muy a menudo, explosivos comentarios que Wolfram dirigía a todo el mundo, nunca la incluyeron a ella. No pudo evitar sonreír un poco a eso.
Cecile vio esa sonrisa y tuvo una equivocada impresión.
Se acurrucó más contra él. - estaba pensando, Heika, ¿por qué no mira un poco…
-¿Eh?-Yuuri se sintió confuso. ¿"mirar"?, ¿de qué estaba hablando ella?
-Sabes -dijo deslizando las largas uñas rojas sobre la mejilla del chico -sería una buena idea enviar a alguien para que investigue quién atacó a mi dulce Wolfie. -Le sonrió ampliamente. -Si no lo hacemos, esta clase de cosas podrían ocurrirle a cualquiera.
-Oh, ya veo -contestó Yuuri diplomáticamente. Así que está mucho más preocupada por Wolfram de lo que pensaba. Es bueno saberlo. -Pues, Conrad y Gwendal ya enviaron a Yozak para hacer algunas investigaciones. Ha estado fuera por un buen tiempo. -En su mente, Yuuri podía imaginar las extrañas ropas que el espía podría estar usando en ese momento. Quizá, era un anciano en el camino. O tal vez estaba disfrazado de una altísima y musculosa mujer. Pero, con su hermoso rostro, cabellos naranjas y ojos azules, Yozak podía ser fácilmente aceptado en cualquier género a pesar de que el tono de su voz realmente sonara mejor siendo hombre.
-¡Oh! ¡Eso es magnífico! -repuso Cecile, alejándose y aplaudiendo con sus manos.
-Pero, hay una cosa que si sabemos- continuó Yuuri vacilante. No estaba seguro si eso era algo que ella necesitaba saber en ese momento. Pero, quizá, una pequeña pieza de información la mantendría lejos de él por un tiempo. -Cuando empezamos a seguir a los hombres que… atacaron a Wolfram y sus soldados… descubrimos que ellos salían de aquí para ir a…
La sonrisa de Cecile vaciló un poco. Él se apenó internamente por eso.
-¿Sí?
-Las tierras Bielefeld y sus alrededores.
Ella parpadeó sorprendida.
Yuuri respiró profundamente. -¿Conoces a alguien… que podría… querer lastimar a Wolfram? -El pelinegro odiaba tener que preguntarle eso pero sentía que necesitaba oír su respuesta (si es que ella tenía alguna). -Antes de que Wolfram…ummm…- No, Yuuri no podía ser tan gráfico acerca de haberlo tenido desangrándose en sus brazos. -Antes de que le pasara aquello, él me dijo que era el único objetivo de la flecha pintada.
Cecile palideció un poco al oír aquello. Yuuri, de pronto se dio cuenta que ese fue uno de esos detallitos que sus dos hijos mayores seguramente "olvidaron" decirle. Y, una vez más, había hablado de más. Otra vez, se sintió avergonzado por dentro.
-¿Objetivo? ¿Era el único por el que iban?
Yuuri bajó la vista al suelo y asintió. No había más que decir.
Debido a todas las funciones que Yuuri estaba obligado a realizar o a no perder de vista, incluida la inspección anual del alineamiento de tropas lideradas por Conrad y registrado por Gunter (aún cuando sospechaba que el hombre solo inventó esa historia sobre registrar el evento para pasar más tiempo con el maou), el pelinegro no había visto a Wolfram en dos días enteros. Greta le dijo que había estado creciendo de nuevo, lo cual Yuuri no dudó. De hecho, Conrad lo había colocado en una cama nueva y en ropas de dormir muy grandes para el niño para que al despertar a la mañana siguiente le quedaran bien. Aparentemente, Wolfram solía crecer más mientras dormía.
Los cielos estaban claros y el sol empezaba a descender. Conrad había llevado a su pequeño hermanito rubio al campo de prácticas después de que todos los soldados terminaran su entrenamiento del día. Le había prometido que irían juntos. Y Conrad siempre mantenía sus promesas a su pequeño hermanito.
Hoy, Wolfram estaba vestido en una versión infantil de un uniforme de soldado azul oscuro. Tenía una llamativa banda roja que iba de su hombro a la cadera. Y, lo mejor de todo, era que tenía una pequeña espada de madera para jugar. Amaba la espada.
Greta se sentó en el césped a varios metros de distancia por indicación de Conrad. Aparentemente, los golpes de espada de Wolfram podían ser muy salvajes y no siempre solía sostenerla bien. Greta los observaba ocasionalmente mientras se hacía una corona de flores para la cabeza.
Después de andar buscando por el castillo y, finalmente, ser avisado por Gwendal de que Conrad había llevado al pequeño Wolfram fuera a practicar, Yuuri decidió acompañarlos. Dirigiéndose hacia el grupo se dio cuenta que parecía como si un querubín rubio en ropas oscuras estuviera correteando y alborozando con su espada levantada en alto. Yuuri se había preparado para esto pero, aún estaba sorprendido de ver a Wolfram luciendo como un niño humano de unos tres años. Su cabello dorado tenía unos adorables rizos que enmarcaban su rostro. Los ojos verdes celebrando cualquier diablura.
-!Oi! !Koonichan!-llamó chillonamente-¡Mira!- agitó la espada hacia adelante y atrás-¡Soy un soldado! ¡Soy un soldado!
Agitó la espada de nuevo pero casi la suelta. Su lado herido dolía en un indeterminado y quemante dolor. Wolfram quería que parara. Puso su mano encima, tratando de retener la sensación, si es que podía. Sacudió la cabeza "no". Si ahora le decía a cualquiera que se sentía mal, tendría que entrar y tomar más medicina, quizás. O, peor aún, tendría que permanecer en cama, lo que significaba que tendría que tomar su baño temprano. Eso era malo, así que Wolfram decidió pretender que nada malo le pasaba.
Agitó la espada de nuevo pero no con tanta fuerza esta vez- ¡Soldado!
-Así no, Wolfram-dijo Conrad pacientemente. Se arrodilló detrás de su pequeño hermanito y colocó su mano sobre el niño.
Yuuri se quedó junto a Greta con los brazos cruzados. Ella tenía en la cabeza la corona de margaritas ahora.
El chico rió internamente. ¿Cuántas veces Conrad había hecho lo mismo con él en el comienzo cuando le enseñaba el arte de la espada? Ahora, Yuuri podía ver la misma mezcla de vergüenza y frustración (más la sensación de no haberlo hecho bien la primera vez) en el rostro del pequeño Wolfram.
El niño miró detrás de él, hacia su hermano, con oscuros ojos verdes. Sus labios fruncidos sobresalían.
-¿Quieres ser un verdadero soldado algún día?- Conrad alzó una ceja mientras preguntaba. Sabía que su hermano tomaría eso seriamente.
-Sí-respondió con un tono de voz que iba de acuerdo a su expresión.
-Entonces, mantén tu muñeca torcida de esta forma.
Hicieron juntos un largo y lento movimiento con la espada de madera.
-Eso está mucho mejor.
El rubio le sonrió y fue como un rayo de sol. Conrad sonrió en respuesta, con una sonrisa genuina, no la usual sonrisa practicada que nació de vivir en un ambiente de nobles.
-Oi, ¿Koonichan?-dijo Wolfram mirando directamente a Yuuri y señalándolo con la espada-¿Quién es?
-Nunca señales con una espada-contestó Conrad seriamente-incluso si es una de madera.
Wolfram le dio una amplia mirada mientras su boca hacía un pequeño "o" y asentía inmediatamente. El tono le dijo que había estropeado todo. Eso era malo. Recordaría nunca hacer algo así de nuevo. Perfecto. Él tenía que ser perfecto.
Conrad colocó fraternalmente un brazo sobre el hombro de Wolfram y lo hizo caminar hacia adelante-Wolfram, este es Yuuri. Madre ya no es el maou, él lo es.
-¿En serio?-el rubio dijo excitado. -Entonces, ¿madre ya no está tan ocupada?-miró hacia Conrad esperando que la respuesta fuera "Sí".
-Bueno…en cierto modo-contestó Conrad vagamente.
-Entonces, ¿puedo verla?
-Me parece que ella está ocupada ahora-reprimió un suspiro. -Entonces, Wolfram…preséntate al nuevo Maou.- Tomó la espada de madera de las manos de su hermano, solo para mantenerla a salvo.
Yuuri se sorprendió al ver al pequeño rubio dando un paso hacia él totalmente tieso. Los ojos verdes lo miraron. Entonces, hizo una reverencia cortés. -Saludos. Mi nombre es Wolfram von Bielefeld y soy el tercer hijo de Cecile von Spitzberg. Es para mí un placer extremo el conocerlo.
Yuuri parpadeó incrédulo ante él. Ese no era el tipo de cosas que un niño tan pequeño fuera capaz de decir. Pero ¿Cómo? ¿Por qué? Entonces, se dio cuenta. Todo lo que el pequeño Wolfram decía estaba completamente aprendido y memorizado. Sus tutores, seguro le dijeron lo que debía decir y cómo saludar elegantemente. Además, él estaba aprendiendo las reglas de etiqueta y protocolo.
Yuuri rió nerviosamente por esos ojos verdes mirándolo expectantes. Una embarazosa pausa siguió a continuación. El tiempo pasaba. Los grillos cantaban. Y los ojos verdes aún lo observaban. De hecho, era un tipo de mirada que Wolfram le había dado muchas veces en esos años.
-Usted no es muy brillante ¿cierto?-dijo Wolfram honestamente.
-¿Eh?
-Wolfram, eso no fue muy amable-le dijo su hermano al oído.
Greta ahogó una risilla en su mano.
-Pero, ¡Koonichan, !¡no lo es! No me dijo que soy un niño inteligente. No me dijo que era lindo, como madre. Ni siquiera me dijo su nombre.- El niño hurgó su nariz con su meñique y examinó la bolita gomosa antes de tirarla lejos- Lo sabe ¿verdad? Se supone que debe decir su nombre cuando conoce a alguien.- Wolfram se aproximó a Yuuri unos pasos más y escondió su pequeño dedo rosa en un perfecto puño tamaño preescolar. -Necesita estar conmigo. Le diré lo que necesite saber-dijo en tono mandón. -Iremos por leche y galletas. Le gustará.
Antes de darse cuenta, el pelinegro estaba dando tumbos detrás. "Diversión" estaba claramente escrito en su rostro. -Bueno, creo que eres un niño inteligente.
-¿Hmmm?-el rubio replicó suspicaz, volteando la cabeza y levantando la vista.
-Y tu vocabulario es muy bueno para alguien de tu edad.
-¿Puede adivinar cuántos años tengo?-preguntó.
Yuuri lo meditó. Definitivamente, en ese mundo, Wolfram no era un preescolar de tres años. Solo su vocabulario era suficiente para hacerlo evidente.
-No tengo idea-contestó Yuuri gesticulando honestamente.
-Señor, usted no sabe mucho.-Apresuró un poco más el paso, liderando la marcha. El pelinegro no pudo evitar reírse. Ese era, definitivamente, Wolfram haciéndose cargo, como siempre lo hacía, cuando algo necesitaba ser hecho (como decidir cuando es tiempo de un descanso para comer galletas).
En el jardín de rosas, Wolfram señaló la mesa. Yuuri, Conrad y Greta tomaron asiento.
-¡Descanso para comer galletas!-chilló alegre Wolfram corriendo en dirección a la cocina. Regresó minutos después triunfante con una cocinera detrás suyo cargando una larga bandeja de plata de galletas de miel y avena, mientras que otra mujer venía con una bandeja con vasos de leche.
Wolfram le dio un guiño a Yuuri como diciéndole "Así es como se hace".
El rubio se giró hacia las damas. -Fue muy amable de su parte traernos esto-dijo Wolfram con sus ojos verdes brillando.
-¿No es el niño más adorable?-dijo la mujer a la cocinera. -Es tan educado.
Wolfram tomó asiento como buen niño mientras observaba a las mujeres alejarse. Tenía una sonrisa malvada en su rostro, pero aún así orgullosa. No solo se había salido con la suya sino también había obtenido buenos halagos.
Yuuri suprimió una sonrisa y mordió una galleta. Este era Wolfram "el encantador" (al 100) cuando quería serlo.
-¡Oh, Wolfie!- una voz llamó a la distancia.
La cabeza de Wolfram se alzó de inmediato y se giró con los ojos ensanchados.
-¡Oh, W-o-l-f-i-e querido!
-¿Madre?- dijo el pequeño rubio con esperanza en su voz. Tenía una sonrisa en el rostro y llegó a girar medio cuerpo en su asiento hasta que sintió el brumoso dolor regresar a su lado herido. La profunda sensación quemante realmente le estaba afectando.
Yuuri dio otro mordisco a su galleta. Sus ojos viajaron del perfil esperanzado de Wolfram al de la figura de su madre acercándose a toda velocidad. Esta tenía una gran cantidad de cosas coloridas sobre su brazo derecho.
-Tengo algo para ti-le llamó ella.
-¿En serio?-chilló el niño ignorando cuán mal se sentía- ¿Qué?- estaba sonriendo ahora.
-¡Sí!-contestó ella a tres pasos del pequeño. -¡Es ropa!
El rostro de Wolfram se desdibujó. -Ropas…-su voz y su boca se volvieron una delgada línea.
-Sí querido-continuó ella.
Antes que Wolfram pudiera decir algo ella lo sacó de la silla, tomó la galleta de su mano y la tiró sin ceremonias en el plato. Cecile hundió a Wolfram en su amplio pecho, prácticamente aplastando su rostro en este. Cuando fue liberado de su agarre, todo lo que el niño pudo hacer fue mirar atrás con impotencia. Entonces, antes que pudiera pensarlo, ella le removió la banda roja y le sacó la chaqueta azul en frente de todos.
Wolfram lanzó una mirada oscura hacia el suelo.
-Oh, no hagas eso- canturreó Cheri-veamos… ¡aquí hay uno rojo! Era una capa que lucía similar a la de Greta y tenía una joya también. Guardé esta de cuando eras pequeño.
-¿Pequeño?-vagamente giró su cabeza hacia un lado mientras hablaba-pero, no entiendo-dijo Wolfram sin poder recordar a lo que se refería.
-No seas tontito, soy madre, sabes. Guardo todas tus ropas de bebé corazoncito.- Ella continuó hurgando entre todas las cosas que había traído, encontró una capa púrpura que se la colocó de inmediato. El dobladillo se arrastraba por el suelo.
-Estas "ropas de bebé" son muy grandes ¿cómo…?- Su rostro mostraba confusión y Yuuri no sabía que hacer. ¿Cómo decirle a un niño que ya había sido grande antes? Yuuri tomó un nervioso trago de leche.
Cecile, claro, continúo sin perderse de nada. -Pero, sabes, este amarillo es tan lindo. No, ¡espera! ¡El verde!- Tiro del centro de la pila de ropa que tenía colgando en su brazo izquierdo. –Pruébate este.
-¿Mamá?
-Ahora-dijo con un tono encantador pero determinado, quitando el saco.
Wolfram se rindió. Se mantuvo como el soldado que quería llegar a ser. Con los brazos extendidos a los lados. Rápidamente, ella le sacó la larga camisa blanca de manga larga y la colocó en la silla.
Todos pudieron ver el lado vendado de Wolfram, donde la flecha había estado. Cecile probablemente olvidó que estaba ahí y se detuvo, mirando con los ojos ensanchados el lugar, para luego continuar con lo que estaba haciendo como si lo que había visto no existiera.
La cabeza de Wolfram estaba echada hacia el frente, el rostro sonrojado de vergüenza. Los vendajes le molestaban y podía sentir la mirada de todos los presentes sobre él. Era el único que estaba así. Sabía que era por alguna razón. Pero, ser el único con vendajes le molestaba. Se sentía miserable y solitario. Wolfram mordió su labio inferior cuando su madre deslizó las mangas de la camisa verde en sus brazos.
-Te luce muy bien-dijo Cheri levantando la barbilla del niño. -Mantente erguido. Necesito ver si queda bien en todo tu cuerpo. Se un niño grande. Quédate quieto y no te hagas para atrás- mandoneó en su habitual tonillo musical.
Wolfram suspiró. No había forma de pararla.
Repentinamente, Yuuri volvió a sumergirse en sus recuerdos. ¿Cuántas veces había hecho Wolfram lo mismo con él? Recordó aquella vez, el último mes, cuando por apurado abotonó mal su chaqueta negra de colegio. Wolfram lo cogió antes que dejara la habitación y le reprendió por ser 'descuidado' y 'enclenque' (todo eso mientras volvía a abotonar la chaqueta con sus delgados y delicados dedos).
Lección de vida número dos de Wolfram-pensó Yuuri-para mostrarle a alguien que realmente te importa, vigílalo y sé mandón. Atención es igual a amor.
El niño de la rubia cabeza miraba a su madre. Esta le sonrió contenta y tomó su mano. -¡Vamos a mostrarles a todos lo lindo que eres!- Y, con el resto de ropas aún en sus brazos, arrastró a Wolfram detrás suyo haciendo caminar apresuradas a sus pequeñas piernas. Empezando por el área de cocina, Cecile hizo desfilar a su hijo por todo el castillo.
Yuuri dio otra mordida a su galleta y pensó para sí, es lo mismo que Wolfram hizo conmigo cuando quiso un descanso para comer galletas. Simplemente me tomó de la mano y me arrastró. La mirada en el rostro de ella hace un segundo era la misma que Wolfram tenía en ese otro momento, Yuuri suspiró un poco y colocó la galleta medio comida en el plato. Por alguna razón su sabor ya no era bueno.
-Okay, Wolfram-dijo Yuuri mirando en dirección al niño. La gorra del baseball del pelinegro estaba en su cabeza y pasaba la pelota de su guante a la otra mano, una y otra vez con anticipación. -Voy a arrojar la pelota. Pasará cerca de ti y la golpearás con el bate.
Wolfram, vestido en un uniforme de baseball completo con la gorra monogramada y su nombre estampado en la espalda, miró suspicaz al pelinegro. -¿Golpéo la cosa redonda con el palo este?- Sonaba demasiado simple. Tenía que haber un truco en algún lugar para hacer el juego divertido. Solo que no podía verlo.
-Sí, inténtalo-dijo Conrad colocando su puño en el guante. -Nosotros trataremos de atrapar la bola en cuanto la golpees.
Wolfram miró al bate tamaño infantil con detalle. ¿Cómo algo de eso podía ser divertido? No había nada que hacer. -Prefiero montar a caballo-dijo desde el montículo de lanzamiento. -O, Koonichan, prefiero jugar al soldado de nuevo.
-Solo trata una vez-contestó Conrad. Se dio cuenta que su pequeño hermanito estaba siendo obstinado y agregó -pero, te repito, esto podría ser demasiado difícil para ti.
Yuuri dio a Conrand una mirada dubitativa pero obtuvo una sonrisa misteriosa como respuesta.
-¡No es tan difícil!-gritó el rubio. Apretó fuerte el bate con sus puños-¿Qué crees que soy? ¿un enclenque?
Yuuri se mató de la risa. Se sentía bien escuchar la palabra 'enclenque'. Realmente la extrañaba.
-Okay, voy a lanzar la bola. Trata de pegarle-dijo el pelinegro-ahí va.- Entonces, dio una rápida mirada a Conrad y murmuró -se la lanzaré fácil. No te preocupes.
-Ummm ¿Heika?
-es "Yuuri". Tú me diste el nombre después de todo.
-Umm…sí…Yuuri-contestó Conrad preocupado mientras Yuuri lanzaba la bola- Wolfram es muy bueno con la espada…incluso…ahora…es muy fuerte también…así que deberías tener cuidado con…
Hubo un sonido de madera rota proviniendo del bate y un objeto blanco salió despedido hasta impactar entre las piernas de Yuuri. Soltando un grito el pelinegro quedó tendido en posición fetal con los ojos saliéndose de sus órbitas mientras de su boca salían sonidos como gorgoteos.
-Oi, ¡Yuuri! ¡Me gusta este juego!-chilló Wolfram excitado. Corrió hacia el chico y lo observó confuso. Entonces giró hacia Conrad y le preguntó -y, ¿Cómo se llama esto?-señaló a Yuuri, aún enroscado en el suelo.
¿Golpe bajo?-pensó irónicamente.
Petula again, subiendo este capitulo luego de la super beteada de Kotori, ¿a que no es lindo Wolfie de pequeño? Aunque no sepa mucho de su pasado oficial pues siento que Harpgo es una de las escritoras que mejor ha podido manejar a los personajes de Kyo Kara Maou sin caer en el ooc.
Koonichan es la forma en japonés con la que Wolf-Honey-chan se refiere a Conrad cuando era pequeño, es algo asi como "little big brother" pero me gusta más como suena la palabra oirginal a "pequeño gran hermano" o cosas así.
Bueno, saludos a todas, Kotori y yo esperamos que disfruten este fic y que nos dejen sus opiniones mientras seguimos adorando el Yuuram. ¿Vieron el capítulo 93 de la serie? Como desperdician a mi Wolfram por dios! Aunque es un buen papi ¿no?
A todas, gracias por los reviews escritos, eso siempre aumenta los ánimos!
