Autora: HARPGO
Traductoras: Kotorichan y Petula Petunia
Traductora de este capítulo: Petula
Parejas: Yuuram, y otras que irán apareciendo.
Advertencias: Yaoi, más adelante un poco de escenas fuertes.
-Debo enviar por una camilla-murmuró Gisela para sí misma colocando una mano sobre la frente de Wolfram y buscando algún indicio de temperatura. No había. Estaba pálido y totalmente frío.
Esto no es bueno, pensó.
Creo que sólo se desmayó -comentó Murata calmadamente, ajustando las gafas en su rostro. El resplandor escondió sus ojos. Una vez que hubo superado el shock inicial de tener a Wolfram en sus brazos, Murata había regresado a su usual y enigmática actitud. Casi lucía ligeramente divertido una vez que Yuuri había arrancado al rubio de sus brazos y lo había colocado sobre el mantel del picnic. La cabeza de Wolfram rodó hacia un lado y Yuuri la palmeó con gentileza, tratando de despertarlo.
Tanto Yuuri como Conrad observaron a Murata sin saber cómo reaccionar ante su comentario. Ambos recordaban cómo había estado Wolfram flirteando sin vergüenza minutos antes. Los ojos de Murata habían chispeado ante eso. Wolfram y él habían estado hablando silenciosamente. Y, entonces, sucedió esto. Ciertamente, Murata era alguien difícil de descifrar.
-No se molesten trayendo la camilla- dijo Gwendal en un tono de profunda preocupación, recogiendo a Wolfram en sus brazos como a uno de sus gigantes peluches. La cabeza del rubio reposó sobre su pecho. Mientras sus piernas quedaron colgando.
Por un segundo, el pelinegro pudo ver al "bebé Wolfram" de nuevo en la suave expresión facial del rubio, tomando una siesta recostado sobre su hermano. La imagen del niño aún estaba ahí a pesar que el cadete Wolfram lucía mucho mayor. Sólo que esta vez, Wolfram no estaba durmiendo. Estaba muy lejos de estar dormido. Yuuri apretó sus puños con impotencia.
-¿Lo llevamos a tu oficina o a la clínica del castillo?-preguntó Gwendal a la joven médico. Aunque sonó más como una demanda.
-No, a su cama- dijo Yuuri. Su tono no aceptaba objeciones.
Gwendal giró hacia él y enarcó una ceja.
-Quiero decir- aclaró Yuuri -la cama en la que despertó esta mañana. Si él no "crece", entonces recordará donde estaba, y no será tan estresante para él.
Gisela asintió, aceptando las palabras del rey.- Hagamos eso, Heika.
Rápido, Gwendal caminó por el Castillo con su pequeño hermano. Wolfram, luciendo como un chico de catorce en años de la Tierra, era ahora ligeramente más pequeño y ligero que el Wolfram de siempre. Pero, cargarlo no era una tarea fácil. Las doncellas y los otros sirvientes observaron conmocionados al pequeño grupo en marcha hacia la habitación de Wolfram. Cuidando el exterior del estudio, incluso los ojos marrones de Jacob se ensancharon ante esa vista. Pero fue Emmaline quién se congeló sobre sus pies cuando vio a Gwendal y Wolfram en una procesión pasillo abajo.
-Oh, mi señora- jadeó Emmaline, girando a su izquierda hacia Cecile.
-¡Oh, no! Wolfie- dijo Cecile con la voz entrecortada por las lágrimas que comenzaban a salir de sus ojos. Se giró hacia Yuuri y rápidamente lo siguió, su vestido negro bailando al tiempo que ella apretaba el paso para mantenerse a su lado. -¿Qué pasó? Estaba bien cuando lo vi temprano.- los ojos de la ex Maou rogaban a Yuuri por una respuesta. –Dime.
Yuuri no la miró. Aún estaba molesto consigo mismo, prácticamente haciendo un agujero con su mirada en la espalda de Gwendal. Necesitaba resistir. Sí, resistir hasta sentirse…sentirse suficientemente fuerte para responder.
-¿Por favor?- dijo ella, su voz quebrándose un poco.
El pelinegro cerró los ojos brevemente y encontró fuerza viniendo de algún lugar. –Estábamos teniendo un picnic. Él colapsó. Y entonces…Murata- Yuuri dirigió sus ojos a la persona detrás de él.-…atrapó a Wolfram antes que se golpeara contra el suelo.
Yuuri se dio una patada mental por la versión abreviada de los eventos. Sin embargo, ella no necesitaba saber todos los detalles, mucho menos cuando estaban corriendo a través del castillo donde cualquiera podía reinterpretar su conversación. Entonces, las imágenes regresaron. Y, él yacía laxo en los brazos de Murata. Pálido. Suficientemente cerca para besarlo, con un brazo rodeando sus hombros.
Yuuri agitó su cabeza un poco mientras marchaba para alcanzar a Gwendal. No, estoy siendo muy duro con Murata. Y las memorias de Wolfram están confusas. Todavía está viviendo en el pasado porque su cuerpo no ha crecido lo suficiente.
Yuuri vio a Cecile mandarle una mirada de agradecimiento a Murata por su ayuda. Quizá, él debería agradecer a Murata también. Pero, ahora, el pelinegro no estaba seguro de nada de lo que pasaba y odiaba eso. Repentinamente, se dio cuenta que estaba en las nubes de nuevo y había perdido el ritmo. Apresuró el paso.
La puerta de la recámara se abrió bruscamente.
-Póngalo en la cama- ordenó Gisela. -Necesito examinarlo.
La tormenta no era tan mala como esperaba Yozak. Rápido, colocó a su caballo en el establo y cogió una habitación en la posada. Abrió la ventana y apoyó los brazos sobre el marco mientras observaba la lluvia caer. Los suaves repiqueteos sólo acentuaban el chapoteo de la lluvia que golpeaba el techo.
-Bien, no hay nada que hacer- se dijo cuando negras nubes hicieron su lenta aparición, surcando a través del cielo. –No puedo mandar una paloma mensajera con este tiempo. Sólo puedo quedarme aquí y esperar. – alargó una mano hacia afuera y dejó que algunas gotas cayeran en su palma.
Hubo un golpe a la puerta.
Yozak se tensó por un segundo.
-hmmm ¿hola?- dijo una voz femenina del otro lado.
Una sonrisa torcida apareció en Yozak mientras secaba su mano húmeda en sus pantalones. Con más confianza ahora, se acercó a la puerta y la abrió.
-Oh, ¡hola!-dijo una chica que lucía ligeramente más joven que él, de cabellos castaños con dorados y cremosos lazos. Llevaba un sencillo vestido de algodón con un cuello de encaje blanco. –Soy Connie ¿recuerdas? Vine a verte hace unos minutos.- Su rostro lucía esperanzado.
Yozak asintió. Sí, la recordaba. La recordaba muy bien. Clavó sus ojos en la charola que ella sostenía. Tenía una tetera y dos tazas.
-Así que… estaba pensando…hmm… si te gustaría…- empezó a hablar sonrojándose un poco.
-¿Te estás preguntando si me gustaría tomar algo de té?- dijo Yozak, tratando de minimizar la picardía de su encanto. No quería asustarla.
Ella pareció sorprendida cuando él tomó la bandeja y le preguntó- ¿me acompañas?- mirando hacia abajo- veo que hay dos tazas aquí.
Connie asintió apenada y se sonrojó de nuevo. –Sí, estaba esperando…digo…, estaba esperando que preguntaras.
Yozak señaló la silla junto a la puerta. La castaña se sentó y él puso la charola en la cama mientras se sentaba en una esquina de esta.
-Oh, ¡déjame hacerlo!- dijo ella poniéndose de pie.
-oh, no te preocupes. Ya lo estoy haciendo de todos modos.
Hubo un sonido de té verde siendo servido, mezclado con el ritmo de la lluvia afuera. Yozak pensó que era relajante y lo disfrutó enormemente.
Cuando ofreció la taza blanca, Conie la tomó y tocó sus manos gentilmente. No fue intencional, pero se dio cuenta que eso la hizo feliz. Entonces, una ráfaga de viento sopló a través de la ventana. Empujó la puerta de la habitación haciendo que se cerrara con un golpe sordo.
El sonido hizo que ella diera un salto en su silla. Entonces, se rió de sí misma por reaccionar de ese modo. Solo era una puerta después de todo.
-oh, déjame eso a mí- dijo Connie. La chica se levantó y se giró la manija, empujando y abriendo. Pero Yozak notó que no abría la puerta del todo. Estaba medio cerrada ahora. Enarcó una ceja. Esto podría ser interesante, sonrió para sí. –Es una buena idea- murmuró Yozak antes de dar un trago. –La reputación de una joven doncella podría ser manchada fácilmente por algo tan…bueno…tan inocente como una puerta cerrada.
-oh, sí.- dijo ella, preocupada- estás en lo cierto, ya sabes. Pero, aún así- estudió su rostro un poco más y luego se decidió a agregar –mi familia está afuera de compras, y probablemente fueron sorprendidos por la tormenta, y no hay otros alojados aquí excepto tú. –Sus ojos resplandecieron ligeramente ante él. -Y no creo que vaya a lastimarme.
Los ojos azules de Yozak la contemplaron. Ingenua… Entonces, por un segundo pareció recordar algo y se encogió de hombros.- Sólo sé prudente. Es un mundo peligroso el de allá afuera- terminó con un suspiro-. Este té está realmente bueno.
Ella asintió, levantándose y tomando la tetera.- ¿Más?- estaba de pie inclinándose ligeramente sobre él. Sin mirar hacia arriba, dijo: -por favor- y pudo oír una feliz y ligera risa proveniente de la chica.
Entonces sonrió y dijo: -Bueno, háblame acerca de la gente de por aquí. Pareces conocer a todos. -Miró hacia su té de nuevo. El vapor remolineó. -Estoy seguro que puedes decirme mucho.
Connie sonrió y tomó asiento de nuevo.- ¡Puedo hacer eso! Conozco acerca de todos por aquí, por eso, –dijo mientras colocaba un mechón marrón detrás de su oreja,- empecemos con la gente del pueblo…- la chica se relajó en la silla, sintiendo la fría briza venir desde fuera de la ventana, y empezó a decirle a Yozak la historia de donde ella vivió. Cada cierto tiempo, tomaba una pausa para mirar y observar si tenía la completa atención del hombre de cabello naranja. La historia del pueblo no podía ser interesante pero él la seguía muy de cerca. Con algo de timidez, arrimó sus hombros y continuó. Sí, decidió, el granjero Yozak realmente debería gustarle. Quizá, si todo iba bien, podría convertirse en la prometida de un granjero de manzanas. Porque, por lo que recordaba, Yozak le había dicho que hacía eso para vivir.
Connie lamió sus labios secos un poco y tomó un sorbo de té.
-Y, esos son los granjeros, como tú-dijo. Sus ojos brillaban. Hermosos…ojos…azules… -los pequeños granjeros a veces tienen buenas cosechas. Pero, claro, los granjeros con más posesiones tienen más que ofrecer. Están los van Dantzs, los Grubers y los Meigers.- Dio una corta mirada a su taza y agregó- pero aléjate de los Meigers–. Su voz se tornó hueca. –Es lo mejor
Connie colocó la taza en sus labios brevemente.
Yozak la observó por un segundo. La muchacha todavía sostenía la pequeña taza blanca, aunque descansaba en su regazo, tenía la mirada perdida. Connie se sorprendió al encontrar una gran mano masculina tocando su muñeca. No estaba para nada preparada para eso, así que casi derrama el té en su regazo, pero la mano de Yozak la sostuvo.
-No tienes que lucir tan atribulada-dijo Yozak, inclinándose hacia adelante. Su rostro estaba cerca, realmente cerca.
Connie bajó la cabeza.
-No tienes que decirme por qué… a menos que quieras -agregó. Su aliento caía sobre la mejilla de la chica. –Pareces preocupada por mí-. Muy gentilmente, alejó un mechón de cabello de su rostro.
Connie inclinó su cabeza de nuevo para mirar los hermosos ojos azules.
No fue pasión lo él que vio. La pasión podría ser buena en ese momento. Realmente quería ver pasión en esos ojos, tenerla deseándolo. Podía besarla un poco quizá.
Ella sacudió la cabeza. –Es sólo que no quiero que tú…mueras.
Desde la esquina más lejana de la habitación, Murata observó a Wolfram dormir. Desde lo más profundo de su ser esperaba que fuera sólo eso. El rubio cadete todavía yacía sobre la cama en su uniforme azul. Este hacía que su cabello luciera más como oro dorado que el usual ambarino. Pero también hizo evidente que la piel estaba inusualmente pálida. Eso lo preocupaba.
El Sabio cruzó los brazos y bajó la cabeza pensando. Entonces, ahora que sé que Shinou está de vuelta ¿por qué está aquí? La único seguro es que se está metiendo en la cabeza de Wolfram. Pero esto va más allá de una broma o una simple posesión. Y en ambos casos, siempre hubo un propósito. Miró el rostro del rubio durmiente de nuevo. Parecía haber algo roto en él. Shinou quería que sepa que él estaba poseyendo a Wolfram. Lo hizo bastante evidente. Hmmm… Lo mejor sería mantenerse cerca para ver qué pretende.
Lentamente, Wolfram abrió los ojos. Miró a su alrededor, vio a Gisela a su derecha produciendo un resplandor verde de sus manos posadas a su costado. ¿Más maryouku curador, huh? ¿Por qué? Vagamente se dio cuenta que habían removido su camisa blanca para que ella tuviera mejor acceso a la herida. Esta lucía como una larga y ligera depresión sobre su piel. Suspiró para sí mismo. Bien, si insiste en hacer esto ahora, Wolfram pensó cansado, supongo que puedo con ello. Después de todo, así es como desperté esta mañana, con ella haciendo esto. A decir verdad nada ha cambiado.
Entonces, analizó la habitación con sus ojos. Bien, esto es diferente. Al fondo, pudo ver a su madre, a sus dos hermanos, un chico pelinegro con gafas cuyo nombre se le escapaba, y Yuuri a su izquierda.
-Bienvenido- dijo Yuuri con alegría. El pelinegro tenía una amplia sonrisa en la cara, la cual, según notó Wolfram, hizo a su madre sonreír también, cuando se sentó en una esquina de la cama. Los ojos del rubio volaron hacia los demás. Parecían felices cuando el maou le dio atención. Bien, puedo aceptar su atención. Los ojos verdes observaron al pelinegro. Exprimió su cerebro para obtener una respuesta apropiada.
-Maou, gracias- dijo el rubio mientras dirigía sus ojos hacia él- es amable de su parte venir a visitarme.
El rubio siguió analizando la habitación, tratando de ubicarse. Al ver esto, Gwendal y Conrad se dieron miradas de alivio, lo que tranquilizó al rubio también. Podía imaginarse a Conrad diciendo, "fue buena idea poner a Wolfram en esta habitación y no en la clínica del castillo".
El rubio volvió la cabeza hacia el maou- Aprecio lo que hizo- le dijo a Yuuri.
El pelinegro le devolvió a Wolfram una expresión confusa. –Bueno…claro que vendría a verte.
Wolfram parpadeó inocentemente. Fue una mirada vulnerable para la que Yuuri no estaba preparado. Lucía tan poco como al rubio. Si no hubiera sido porque la sala estaba llena de gente, Yuuri hubiera abrazado a Wolfram. Sabía que lo habría hecho. Pero, algo lo detenía.
Soy tan cobarde, pensó Yuuri.
Entonces, el rostro de Wolfram pareció decir, "Oh, ya veo". Forzó su expresión para que luciera complacido. Para un noble, era algo bueno de hacer frente al maou. –Es sólo porque estábamos comprometidos, ¿cierto?
Yuuri lanzó una mirada a lo lejos y pensó, Lección de Vida Número Cinco de Wolfram: mantén a todos a distancia así nadie podrá acercarse lo suficiente para lastimarte. Suspiró. Hombre, Wolfram, realmente sabes cómo poner el dedo en la yaga. Y no fue precisamente de ayuda ver las sonrisas burlonas de los otros en la habitación. Se sintió avergonzado por la atención. Empezó a sudar.
-Bueno, aprecio el gesto, Yuuri Heika. Pero, probablemente, está ocupado y estoy tomando mucho de su tiempo. –Hubo una ligera sonrisa en su rostro cuando dijo: -Creo que viviré. Dio a Gisela una rápida mirada también. Ella asintió con la cabeza al oír eso, sin molestarse en ocultar su diversión. Ella era la única que, de hecho, lo tomó por divertido.
Yuuri entrecerró los ojos. Había algo malo…de nuevo. Notó, también, que todos en la habitación trataron de no fruncir el ceño ante lo visto. Las palabras que dirigió a Yuuri habían sido distantes, muy formales… frías.
-No es ningún problema- dijo Yuuri simplemente. No pudo evitar sentir que Wolfram lo estaba ignorando.
-Si usted lo dice –dijo Wolfram antes de girar el rostro hacia su madre. Pudo notar que esto la alivió. Ella mejoró considerablemente cuando lo hizo. –Madre, ¿a qué hora es la comida? No sé qué hora es.
-Oh, ¿a quién le importa el tiempo?- dijo ella alegremente. –Puedo hacer que te traigan una bandeja con lo que sea que quieras. Palmoteó sus manos juntas pensando en todas las cosas que su Wolfie disfrutaba.
Wolfram se giró hacia Gisela. – ¿Realmente tengo que comer en la bandeja? ¿No puedo comer con los demás?
La chica de pelo verde miró a Wolfram con una sonrisa. –Creo que estaría bien. He curado un poco más la herida en su costado. Y parece haberse recobrado de su desvanecimiento. Así que, no es problema si come una cena ligera-. Sus ojos se volvieron a Yuuri y luego a Wolfram. –Pero quiero que vaya a la cama temprano.
Wolfram le sonrió ligeramente ocultando su confusión. ¿Por qué debería el maou saber o siquiera importarle cuando voy a la cama? Sólo estamos comprometidos, una mera formalidad desde mi punto de vista. No es que, de hecho, él se interese por mí.
En todo caso, ella estuvo de acuerdo. Y eso hacía las cosas más fáciles. En realidad, Wolfram no estaba hambriento para nada. Pero había aprendido hace mucho tiempo que la forma fácil de liberarse de la preocupación de la gente era parecer sano. Confundirlos era algo que funcionaba la mayor parte del tiempo. Y siempre era fácil confundirlos.
-Bueno-Cecile empezó a acariciar la cabeza del rubio-la cena es en dos horas y media. Iré a la cocina a transmitirles unas pocas palabras a los cocineros-. Empezó a irse, pero antes giró hacia su hijo diciendo: -Nos vemos en la cena, Wolfie.
Wolfram la vio irse con un rostro decidido. Hizo un gesto débil y suspiró con alivio cuando ella se fue. Volvió a recostarse contra la almohada.
-Mejor nos vamos también-dijo Gwendal, girando en dirección a Conrad- tengo algunas preguntas acerca de tus tropas y las expediciones- Conrad respondió con una ligera gesticulación y su usual sonrisa. Pero, ambos hombres le dieron una última mirada a Wolfram antes de irse.
Viendo una oportunidad para salir, Gisela dijo: –necesito revisar a otras personas-. Hizo una pequeña reverencia hacia Wolfram y se dirigió a la puerta. Claro, ella también sabía que podía ser muy interesante dejar a Yuuri, Murata y Wolfram en la misma habitación. Pero si las cosas se ponían ruidosas, ella sacaría a patadas a todos para dejar a Woflram descansar.
Los ojos esmeralda se giraron hacia Murata –Lo lamento pero… sólo tengo una vaga memoria de usted.
Lo cual era de esperarse si Shinou estuvo controlando sus acciones una y otra vez, pensó Murata, empujando sus gafas hacia arriba. –Mi nombre es Murata Ken. Y, me recuerde o no, no es problema al final –dijo encantadoramente. –Después de todo, ha estado enfermo por un tiempo.
-Eso es lo que me han estado diciendo –dijo Wolfram con algo de frustración. –Recuerdo algo de eso. Pero, es como si recordara la trama de una obra, como si no fuera yo el que hacía lo que recuerdo.
-La medicina- dijo Murata finalmente. También le agradó la sonrisa complaciente que Yuuri le dio cuando lo dijo. A pesar de ser una mentira. Pero quería ganar algo de tiempo para investigar a Shinou.
Entonces, repentinamente, más por curiosidad que por otra cosa, guiñó a Wolfram.
Wolfram se apenó ante ello y pareció ausentarse de sí mismo con embarazo.
Bien… es seguro que Shinou no está en él. Pero eso no significa que no volverá.
-¿Wolfram?-dijo Murata y vio una mirada casi indecisa en el rostro del rubio –Si te sientes enfermo de nuevo… o tienes pesadillas… por favor no dudes en decirle a Yuuri o a mí.
-¿Pesadillas?- repitió Yuuri, sintiendo preocupación y sobreprotección al mismo tiempo. Inconscientemente acercó su mano hacia las de Wolfram.
Sin perder el detalle, Murata explicó- Bueno, no ha estado siendo "él mismo" por un tiempo, estas dos cosas podrían ser efectos secundarios. – Sonrió auto complacido, y es también un signo de resistencia a ser poseído por un espíritu, incluso Shinou.
Wolfram cruzó los brazos y ladeó su rostro. –Soy un cadete. Nunca podría ser tan débil como para tener pesadillas.
-Vamos Wolfram, todos tienen pesadillas ocasionalmente -razonó Yuuri.
-Eso es ridículo- replicó el rubio sacudiendo la cabeza.
Yuuri se inclinó hacia adelante, cerca al rostro de Wolfram, y notó un ligero rubor en él. Sonrió ante esto y dijo: -Puedo hacer que sea una orden.
La mandíbula del rubio tocó suelo -¡Esa orden no tiene nada que ver con asuntos militares o políticos!
Yuuri se inclinó más cerca, disfrutando un poco el sentirse dominante frente al rubio. -Eres uno de mis cadetes. Así que puedo ordenarte hacer lo que quiera.
-¿Qué? ¡Espera un segundo! -protestó Wolfram. Ahora podía sentir que se sonrojaba.
-Fallas en decirme que estás enfermo de nuevo o que tienes pesadillas y… -se inclinó más, y cerca a la oreja del rubio murmuró: -y será traición.
Los ojos esmeralda se abrieron de golpe.
-No puedes hacer eso –chilló el Wolfram de catorce años.
Yuuri se alejó riendo. -¡Acabé de hacerlo!
-¡Ooooh!- el rubio apretó los dientes, sus ojos ardían en dirección a Yuuri -Yo… ¡Yo te odio!
-Sí, lo sé- rió Yuuri. –Y después de la cena, discutiremos los arreglos para dormir.
-¿Eh? –dijo Wolfram, su mandíbula cayó de nuevo.
Murata, silenciosamente, se deslizó por la puerta, temiendo por una bola de fuego.
-¿Qué arreglos?- el rubio ladró a Yuuri.
-Haz al maou furioso- Yuuri disparó con traviesos ojos negros en un tonillo molestoso- y te haré dormir conmigo en…un camisón rosa.
Cerró la puerta firmemente detrás de él pero aún podía escuchar el balbuceo de Wolfram, el cual fácilmente se transformó en berrinche. -¿!Qqqué!? ¿No tengo voto sobre eso? Estoy en mis setentas. ¡No puedes tratarme como si tuviera treinta y algo! ¿ROSA? Yo duermo en camisones de dormir blanco como el resto de los soldados. Eres un idiota, ¡Yuuri! Preferiría dormir en los establos con los caballos. ¿Me oíste? ¿Eh? Estás siendo cruel con una persona enferma. ¡Eres un total y completo IDIOTA! ¡NO es justo! ¡Es… totalmente… injusto!
Después de una temporada ausente -sí es mi culpa :p- Seasons vuelve, esta vez espero no demorar mucho, de parte de Kotori ella tiene toda la intención de proseguir y yo me subo de nuevo al caballito de batalla que es la traducción. Como siempre esperando comentarios, sugerencias y elegantes quejas, me despido hasta el siguiente capitulo, que seguro será pronto.
