Seasons of Beautiful Wolfram
Estaciones de Hermoso Wolfram
--oOoOoOo--
Autora: HARPGO
Traductoras: Kotorichan y Petula Petunia
Traductora de este capítulo: kotorichan
Beta de este capítulo: Petula Petunia
Parejas: Yuuram, y otras que irán apareciendo.
Advertencias: Yaoi, más adelante un poco de escenas fuertes.
Rating: R
Capítulo 14
-¡Estamos en casa! –gritó Greta agitando sus pequeños brazo rechonchos. Gwendal y Conrad, quienes estaban caminando por el pasillo, la vieron y sonrieron sorprendidos. Era agradable tener a la princesa de nuevo con. Ella era su pequeño rayo de sol.
Greta corrió velozmente hacia Gwendal, agitando sus brazos y saltando sobre él. Gwendal la agarró con facilidad y la colocó en su hombro izquierdo donde ella tenía una buena vista de todo. Él amaba las cosas lindas y, hoy, Greta llevaba un vestido para verano rosa con sandalias blancas que le hacían ver extra linda.
-Anissina y Günter están justo atrás de mí –dijo, apuntando con el dedo hacia el pasillo. No mucho después, dos figuras que conocía bien surgieron en su plano de vista.
Gwendal y Conrad olvidaron sus asuntos presupuestarios por un momento y se acercaron al par. Había miradas serias por todo el alrededor. –Creo que necesitamos tener una conferencia –dijo el administrador y les hizo señas para que le siguieran. Una vez que llegaron a la entrada del estudio, los soldados resguardando la puerta dieron lugar a Gwendal para que baje a la niña cuidadosamente. –Creo que deberías ir a decirle a mi madre que estás de regreso–. Le dio una mirada astuta y dijo en un susurro –y creo que tiene un regalo para ti.
-¡Yay! –exclamó animadamente Greta, abrazando brevemente a Gwendal de la cintura, y se alejó dando saltitos.
Gwendal abrió la puerta e hizo espacio para que los demás entraran. Dio a Jacob, el guardia, una mirada que decía 'métete en tus propios asuntos', lo que hizo que el chismoso guardia sudara ligeramente y las sirvientas, quienes seguían a Emmaline al anterior cuarto del Maou, rieran tontamente en la entrada.
El administrador cerró la puerta a su espalda e hizo señas para que todos rodeen la mesa. -¿Qué sabemos hasta ahora?
-¿No deberíamos esperar por Heika? –preguntó Gunter, con su largo pelo cubriéndole los hombros. Ya había pasado tiempo desde la última vez que vio al rey. Se entusiasmó con anticipación.
-Está con Wolfram ahora mismo –contestó Conrad y vio, casi al instante, cómo se desdibujaba la cara de consejero. –Me reuniré con él más tarde.
-Como estaba diciendo… –gruñó Gwendal y retiró un mechón de cabello de los ojos. –¿Qué sabemos hasta ahora?
-El alquimista dijo que ésta es una familia de mazoku fabricantes de armas especialmente dotados en el territorio Bielefeld… a lo largo de la frontera. La larga pieza de Obsidiana arcoíris que usaron para la cabeza de la flecha era rara e increíblemente cara. Sólo moldear la flecha requiere un tiempo y esfuerzo considerable, ya que es más que "construcción" lo que se necesita –dijo Günter sabiamente.
Conrad y Gwendal parpadearon frente a él con confusión.
-La flecha estaba maldita también –intervino Anissina.
-Y basado en mi investigación, esta información es bastante compatible con los textos antiguos. Es posible maldecir una flecha para hacerla más filosa, más veloz, más dolorosa, etc. –Suspiró Günter dramáticamente. Pero, por primera vez, a nadie parecía molestarle.
-Entonces, alguien guarda rencor hacia Wolfram –dijo Conrad, apretando la boca hasta convertirla en una delgada línea.
-Así parece ser –dijo Anissina.
-Estoy seguro que esto es una venganza –escupió Gwendal. –Me acaba de llegar un mensaje de Yozak. Está rastreando al hombre que atacó a Wolfram.
Todos lo miraron con los ojos ensanchados.
-¿De verdad? –dijo Conrad incrédulamente. Estaba sorprendido de cuan sobreprotector era Gwendal con su hermano menor. No pasó por su cabeza el sobrellevar todo solo y buscar venganza por el honor del rubio por su propia cuenta. Pero, en cambio, su hermano mayor respondió cruzando los brazos y apartando la vista molesto. –Estos cinco hombres son sólo la "mano" por decirlo de alguna manera. Necesitamos encontrar a la "mente" detrás de todo esto.
-¿Y quién exactamente sería ese? Es muy difícil confrontar a alguien por intento de asesinato si no sabemos quién es–pensó Anissina en voz alta con algo de preocupación. Vagamente se preguntó si podría inventar una máquina que obligara a las personas a decir la verdad. De esa manera, podrían encontrar a la banda de cinco hombres y hacerlos hablar sin tortura de por medio. Miró a los ojos de Gwendal y, por un momento, pensó que Gwendal preferiría un poco de tortura.
Gwendal bajó la voz hasta convertirla en un peligroso siseo. Los demás entendieron y se inclinaron hacia él. –¿Alguno de ustedes conoce a la familia Meigers?
Recibió miradas en blanco, lo que le dijo suficiente. Pero, falló al ver el brillo de reconocimiento en la cara de Günter. Quien, a pesar de eso, mantuvo la cabeza gacha.
Según Yozak –dijo frunciendo el ceño de nuevo –parece que ellos son los que estamos buscando–. Tenía que luchar para no apretar los dientes de nuevo. –Era, aparentemente, bastante sencillo para ellos la manufacturación (o tal vez, 'arte' sería un mejor término) de lo que necesitan para vengarse debido al oficio familiar–. Entrecerró los ojos. –Pero, lo más insultante fue el esfuerzo que pusieron en ello, aparte de la forma barata y fácil de atacar.
-Entonces, es casi seguro que va más allá de política. La venganza que tomaron es enorme –murmuró Anissina. Los otros asintieron dándole la razón.
-Pero, ¿por qué? –preguntó un frustrado Gwendal golpeando con los puños la mesa. –¿Qué hizo Wolfram para merecer semejante odio? ¿Qué es lo que ha hecho recientemente?
-Comprometerse con nuestro grandioso y apuesto Maou –dijo Günter deshaciéndose en efusiones. El sólo pensar en eso transformó sus ojos en estrellas. Las imágenes de Yuuri en su cabeza tenían ese efecto en él. Todos pretendieron no notarlo.
-Pero él ha estado comprometido con Heika hace ya un tiempo –dijo Conrad. –y no explica el por qué pusieron tanto esfuerzo en lastimar a Wolfram con esa cara y rara flecha.
-Querrás decir flechas –gruñó Gwendal, lo que dejó sorprendido a todos en la habitación. Sabían que el administrador estaba de mal humor pero no estaban preparados para esto. –Hicieron más.
-¿En quién usarán las demás flechas? –preguntó Conrad con los ojos ensanchados.
-No sabemos.
-Raras y caras flechas… –murmuró Anissina en voz alta, pensando para sí misma.
-Bueno, puede que estén mintiendo –dijo Günter con esperanza.
-No –replicó Anissina sacudiendo su cabeza pelirroja –el alquimista nos aseguró que estaba envenenada. Y todos los venenos tienen la cualidad de desaparecer después de un tiempo, especialmente los de este tipo.
-Pero eso nos sigue llevando de vuelta a la pregunta 'por qué', ¿no es así? –dijo Gwendal.
-Puede ser, también, algo que Wolfram hizo en el pasado. Pero, sólo ahora tuvieron la oportunidad y el medio para venir a por él –dijo Conrad, preguntándose si estaba en lo cierto o sólo estaba inventándose cosas.
-Sea lo que sea –dijo Gwendal con una peligrosa aura –hizo que recordaran a Wolfram y lo odiaran hasta tal punto de planear una emboscada para matarlo sin importar cuantos soldados estaban con él.
Era muy buena besando. No había dudas sobre eso en la mente de Yozak. Connie mordisquearía su labio inferior y entonces tiraría suavemente de él con sus dientes. Su cuerpo respondió casi al instante. Pero Yozak tenía que hacerse recordar que estaba en una misión y no podía desconcentrarse.
De algún modo, los dos decidieron ponerse más cómodos en su cama y la bandeja de té estaba en el suelo ahora. Connie estaba arriba, besándolo con dulce pero persistente efusividad. Sí, era ser tan fácil olvidar que estaba en un viaje de"negocios". Y éste no era el tipo de "negocio" que le fue encomendado. Pero, no era tonto, así que continuo haciendo lo que hacía.
Connie besó su cuello mientras mechones lacios de color crema oscuros rozaban su mejilla. Los mechones acariciaron su cara y él cerró los ojos al sedoso toque.
Yozak miró al cielo por un segundo y prohibió a sus manos agarrar a la chica de su cintura y recorrer su cuerpo con sus dedos. ¡Maldición! Sus manos tenían mente propia y el vestido era increíblemente fino. Definitivamente necesitaba parar esto. Eventualmente…
-Entonces –dijo Yozak tranquilamente mientras apartaba su cabello anaranjado. Esperaba que su voz no se rompiera. –Dime más… –Oh, ¡está besando detrás de mi oreja! Quiso ronronear cuando lo hizo una segunda vez. Contuvo la respiración. –Dime… dime… sobre estas personas que quieres que evite.
La chica parpadeó ligeramente y sus ojos perdieron el toque pícaro. Pero los ojos azules que la observaban brillaron. ¿Podría ella negarlo?
-¿Los Meigers?
-Sip, captaste mi curiosidad.
Se inclinó para otro beso que el pelirrojo consintió.
-Sólo… mantente alejado de ellos. Son ricos pero no son buenas personas. Y muchos amigos coincidirían conmigo.
-Pero, este pueblo parece muy bueno. Y las personas –alzó una mano para acariciar la parte de atrás de su pelo–son así de amistosas… ¿Cómo pueden ser ellos malos?
Ella atrapó la mano que acariciaba su pelo y apoyó la mano sobre la de él –disfrutando el breve momento antes de responder– Ellos fueron alguna vez de la clase alta e importante. Muy importante. Pero algo –sus ojos buscaron por el alrededor– político sucedió… supongo que puedes decirlo así…a uno de sus miembros. La deshonra se extendió a toda la familia. De una noche para la otra sus "negocios" ya no satisfacían a la nobleza. Por lo que comenzaron a hacer y entregar lo que vendían a cualquiera que pudiera pagarles.
Yozak dejó de frotar la espalda de Connie en deliciosos círculos con sus dedos. Lo que ocasionó un pequeño puchero por parte de ésta.
-¿Estás diciendo que los Meigers fabrican armas?
-Sólo las mejores, según ellos –respondió asintiendo. –Pero, son peligrosos. Y no hay muchos de ellos viviendo en el lado Mazoku. Los primos distantes y tíos transportan al 'lado humano', si entiendes lo que digo. –Sonrió burlonamente hacia él. –Pero no importa lo mucho que vivamos los Mazoku, también morimos. Y su Pa, el pacificador de la familia, murió hace poco. –Se inclinó hacia Yozak y jugó con un rizo de naranja. –Son sólo un joven y su hermana ahora… junto a la mano de obra alquilada.
-Ya veo –dijo Yozak. De repente se le ocurrió otra pregunta. – ¿Fue su 'deshonrra' a causa su…negocio familiar? Si todos sus anteriores clientes eran de la nobleza, ¿Acaso vendieron al lado contrario? –preguntó mientras acariciaba su mejilla con su pulgar.
-Oh, no –rió Connie –el negocio familiar era conocido por ser neutral…no tomaban lados…ni intentaban llamar la atención. Supongo que siempre fueron discretos sobre eso, humildes para resultar más convincentes con su clientela.
Yozak rascó su cabeza un poco. –Entonces, no puedo ver cual fue la causa de todo el problema.
Connie rió un poco y respondió: –Bueno, si no 'puedes verlo', significa que no eres de por aquí. Muchos de aquí somos Mazoku oráculos.
Yozak arqueó una ceja. Había oído de algo así, pero no de un pequeño pueblo lleno de ellos.
-¿En-enserio? –dijo, preguntándose cuán poderosa era Connie.
La chica se sonrojó un poco. –Esperaba que no reaccionaras así. Pero una parte de mí sabía que lo harías.
-No, está bien…de verdad…–Podía sentir su corazón latiendo intensamente. También se estaba preguntando si ella podía descubrir mentiras.
-Tengo que tocar a una persona para saber como será futuro cercano. Cuando te pasé el lápiz para escribir en el registro, toqué tu mano y sabía que de alguna manera terminaría tomando el té contigo…en el cuarto de arriba…como…ahora. –Sonrió tímidamente con un encogimiento de hombros.
-Oh –dijo Yozak, sintiéndose sólo ligeramente mejor.
-No puedo ver muy lejos o muy claramente. A la mayoría les pasa eso. Es sólo una imagen en tu cabeza y un pequeño salto en el tiempo.
Yozak comenzó a respirar más tranquilo. Estaba preocupado de que ella pudiera intentar predecir una muerte, o peor, una boda. Pero, entonces, pensó acerca de eso. Apuesto que hay otros aquí que son…más fuertes, ¿huh?
Connie alzó los hombros con un vago encogimiento.
-Oh, no –dijo Yozak con un suspiro mientras corría. De nuevo, una mano por su propio cabello naranja. –Déjame adivinar…¿los Meigers?
Obtuvo otro asentimiento. –Es la hermana…Marelda. Su nombre significa 'doncella de la batalla'. Supongo que el nombre le pega.
Wolfram se metió en armario para escobas cerca de la habitación del Maou. A través de la puerta podía oír el sordo murmullo de una niña que charlaba sin cesar. Parecía feliz hablando de lo que sea que decía.
Con lenta determinación, Wolfram empujó la puerta, dejándola ligeramente abierta. La luz plateada entró por la abertura y el polvo concentrado en el armario escapó un poco. Podía respirar mejor ahora. Lo cual era un alivio y lo hacía sentir menos claustrofóbico. Lo que no le gustaba –más que nada era curiosidad– era ver a Yuuri caminando fuera de su habitación cogiendo la mano de una niña humana.
¿Qué está haciendo con ella? La cara del rubio se torció en confusión. Nada tenía sentido. Y no mejoró en nada cuando la niña lo llamó "Papi Yuuri"
-¿Eh? –dijo Wolfram, con la mandíbula por el suelo. -¿Cómo puede un medio demonio tener una hija totalmente humana? –murmuró para si mismo. Frunció ligeramente el ceño. Muchos Mazoku tenían problemas con los humanos, un gran problema. Y aunque su propio padre era una rata mentirosa y traicionera quien lo ignoraba y trataba a su madre como un mueble, cierta parte de Wolfram todavía creía en lo que siempre decía: los humanos son basura y no se debe confiar en ellos. El rubio podía escuchar pronunciar a su padre: Y son racialmente inferiores como acostumbraba finalizar su frase.
Wolfram los observó caminar, mano a mano.
Pero, ella parece estar muy… muy feliz. Y me recuerda a cuando era niño y vestía los mismos estilos de ropa.
-¿Se siente Wolfram mejor? –oyó preguntar a la pequeña. Wolfram se congeló al escuchar su nombre. –¡Dime que mejora, por favor!.
Apoyando ahora, casualmente, una mano contra la pared de piedra y otra en su cintura, el rubio sonrió burlonamente.
-Si –dijo Yuuri con seguridad. –Volverá a la normalidad de aquí a un tiempo, creo.
-Bien, porque… -Se detuvo en el pasillo, mirando a Yuuri con grandes ojos felices, -los dos lo amamos mucho, ¿huh?
Yuuri se sonrojó un poco y llevó su mano atrás de su cabeza. –Bueno… cuando lo pones de ese modo… quiero decir… eso es como decir… -Rió nerviosamente y Greta sonrió. No la podían engañar.
En la oscuridad de su encierro, Wolfram frunció el ceño. –Se supone que soy tu prometido. Hazme quedar mejor que eso –murmuró con un puchero. –Y, si ella es tu hija, eso la hace mi hija también, si nos llegamos a casar. Y estoy siendo generoso en este punto, ya que cualquier otro noble Mazoku habría tenido un problema con eso–. Pero ella parece preocuparse por mí y eso se siente muy bien. Los ojos verdes se endurecieron con determinación. –Hazme lucir bien frente a ella, Yuuri –instó con un susurro.
-Le desearemos todo lo mejor –dijo Yuuri con la cara enrojeciéndose.
Se escuchó un gruñido que sonaba a "debilucho" salir del armario.
Una vez que Yuuri y Greta se fueron, Wolfram se deslizó fuera de su escondrijo y caminó de forma casual hacia la puerta del Maou. El guardia al final del pasillo notó la presencia del joven Wolfram y le dirigió una mirada de soslayo. No sabiendo qué hacer, sólo se miraron.
-Soy su prometido, voy a entrar–. El cadete trató de sonar tan confiado como pudo. Los faroles en el entrenamiento eran una cosa. Pero, hacerlo de frente a un guardia del castillo era otra historia.
Abrió la puerta. Y tan rápido como la abrió la cerró y se recostó sobre ella, respirando agitadamente.
-Ahora… Yuuri Heika es un debilucho después de todo. Pero, sólo tengo que saber si era serio o no–. Wolfram escudriñó la habitación. No veía nada. Sintiéndose ahora más aliviado permitió a su tensado cuerpo relajarse. Se preocupó por nada. Se sentía bien equivocarse de vez en cuando. Sin embargo, en su camino fuera de la habitación, se dio cuenta que sí le faltaba un lugar donde mirar. El lugar más obvio.
Con la mano ligeramente temblorosa, Wolfram abrió el armario.
Se congeló.
¡Ahí estaba!
Wolfram vio para su horror ¡Un camisón rosa con volantes colgando de una percha!.
-¡Diablos! –soltó Wolfram, cubriéndose la boca con ambas manos en shock. –¡Estaba siendo completamente serio! –se obligó a bajar sus temblorosas manos. –Tengo que llevarme bien con él, o me hará dormir aquí usando –apuntó a la monstruosidad con tembloroso dedo –¡Ésa cosa horrorosa!.
-¡Rosa! ¿Qué acaso no sabe que todos sus soldados llevan la reglamentaria camisola blanca? ¡Nadie usa otro color! Se está…burlando de mí. –Entonces, se le ocurrió algo peor. -¡Mierda santa! ¿Qué pasa si me hace llevar esa cosa conmigo cuando voy de maniobras? ¡Seré el hazmerreír! Humillante.
Wolfram sacudió la cabeza con ferocidad, los rubios rizos acariciaban sus hombros. –Haré lo que sea necesario para que este Maou se guste de mí. Y, si tengo que hacerlo, lo convenceré de que me trate como cualquier otro soldado. –Inclinó un poco la cabeza. –Esta es mi carrera, y es muy importante para mí como para arruinarla.
Wolfram estaba casi tarde para la cena. Caminó con velocidad a través del corredor, tratando de no parecer tan molesto y nervioso a como se sentía realmente. Yuuri, por el otro lado, estaba preocupado por otra razón.
El pelinegro miró a las personas sentadas alrededor de la mesa y se enfocó en su linda y pequeña hija. Greta hablaba felizmente con Gwendal sobre nada en particular, sólo estaba disfrutando del sonido de su voz y del modo en que su "pronto a ser algún día" tío la respondía. Yuuri mordisqueo un poco su labio inferior. No estaba seguro de como este nuevo Wolfram trataría a Greta. Y, ahora que ella había regresado, resultaría casi imposible deshacerse de ella sin que toda la mesa le haga agudas preguntas. Aun así, si Wolfram era rudo o, mucho peor, violento, el rubio nunca se perdonaría a sí mismo una vez que haya vuelto a la normalidad. O, todo lo 'normal' que Wolfram podría llegar a ser.
Yuuri prácticamente brincó en su asiento cuando Wolfram entraba en el cuarto. El rubio se aproximó a la mesa, estirando una silla alta y sentándose en ella.
-No, ¡Ahí no! –rio Greta, reconociendo a Wolfram a pesar de que este era un poco más joven. –Siempre te sientas al lado de Yuuri, por ahí–. Señaló el lugar vacío al lado de su padre.
Los ojos de Wolfram chasquearon hacia Yuuri.
No siendo presentado formalmente a la niña como Wolfram habría querido (y, brevemente, pensó de nuevo que su prometido era rudo y no seguía las normas de la etiqueta como debería hacerlo) el rubio simplemente asintió hacia ella y tomó el asiento apropiado.
-Um… ¿Wolfram? –dijo Yuuri, inclinándose y cubriendo su boca con las manos, así nadie podría leer sus labios, –La niña es mi hija. Por lo que te pido que seas amable con ella. No la lastimes.
Wolfram giró con una mirada incrédula pintada en la cara. Sus ojos esmeraldas se endurecieron y oscurecieron al mismo tiempo. En un principio el pelinegro no creía que eso era posible.
Copiando las acciones de su prometido y cubriendo su boca, Wolfram masculló: -¡Es una niña! Jamás sería desagradable con un niño, especialmente si es tú hija.
Yuuri bajó ligeramente la cabeza sintiéndose avergonzado. Claro, Wolfram había aceptado a Greta bastante rápido desde el comienzo. Si era una niña a quien él quería, por supuesto Wolfram la querría del mismo modo. Pero, lo que más le molestaba era el término 'tú hija' en vez del 'nuestra hija'. En el pasado, siempre le había molestado un poco que el rubio se autoproclamara, desde el primer día, el segundo padre de Greta, reclamando continuamente ser visto como tal. Pero ahora era 'tú hija' y Yuuri se encontró sintiéndose incómodo y casi solo, por un montón de nuevas razones.
Cuando la cena terminó, Wolfram utilizó su truco habitual de abandonar el lugar con un pequeño grupo y después escaparse furtivamente por si mismo. Se quedó cerca del pequeño grupo, viendo la cola de caballo de Anissina balanceándose frente a él (lo que le hizo recordar que necesitaba revisar a sus caballos y darles una buena cepillada después).
Cuando atravesaron el corredor dirigiéndose a los jardines, Wolfram se separó del grupo. Había un hermoso cielo estrellado y estaba disfrutando profundamente de ello. La brisa era lo suficientemente fresca como para erizarle la piel pero no fría. La luna creciente estaba haciendo su perezoso recorrido por cielo nocturno, dirigiéndose hacia el oeste.
Wolfram sonrió para si mismo, se sentó en el caminero que llevaba a la hierba y se permitió relajarse. Se apoyó sobre un codo y comenzó a jugar 'conectando las estrellas' con un dedo, tratando de ver qué imagen se le ocurría. Estuvo así por un tiempo hasta que sintió una presencia a su espalda. Estaba oscuro ahora y todo lo que podía ver por el rabillo del ojo era una figura oscura aproximándose.
Wolfram dobló los dedos y estiró la palma de la mano. Una bola de fuego de casi el mismo tamaño que una bola de cricket apareció. Se elevó unos pocos centímetros en el aire y giró torpemente sobre su eje oscilante para hacerlo parecer más amenazante.
Virando, la luz brilló sobre la figura a su espalda. Era la cara de Yuuri, iluminada con un matiz rojo y naranja por la bola de fuego. Parecía en shock.
Ah, ¡genial! ¡Lo hice! Se supone que tengo que lograr que guste de mí. Esto de verdad apesta. Wolfram suavizó sus facciones y miró a Yuuri con una mirada arrepentida. –Me asustó, Heika. Mis más sinceras disculpas.
-Es 'Yuuri' para ti. Y está bien –dijo el pelinegro haciendo un gesto de mano quitándole importancia a lo sucedido. Entonces, parpadeó un poco, ajustando la visión a la oscuridad de nuevo ya que estuvo momentáneamente ciego debido a la bola de fuego. –Es sólo que… -la voz del pelinegro se apagó de nuevo.
Wolfram enarcó una ceja, curioso. La bola de fuego en su mano hacía sombras intermitentes.
-No sabía donde estabas y…comencé a… no lo sé…preocuparme.
¿Estaba preocupado por mí? ¿No es una farsa? ¿De verdad…le importa? Pensó Wolfram y giró el rostro. Aun en la oscuridad la podía sentir sonrojada.
-¿Te sientas a mi lado? –preguntó el rubio y ladeó la cabeza a un lado en un interrogante modo. Estaba feliz y no sabía por qué, cuando Yuuri se sentó a su lado.
-Una hermosa noche –murmuró Yuuri.
-¿Verdad que si? –dijo Wolfram, enderezando de nuevo la cabeza. Perdió la concentración y la bola de fuego en su mano se desvaneció. Le asustó un poco la oscuridad repentina. Notó que Yuuri rió disimuladamente. Se preguntó qué era tan simpático. Todos los Mazoku de fuego podían evocar este elemento, de muchas formas, a voluntad.
Wolfram se recostó de nuevo y se apoyó ligeramente sobre sus codos. Tenía las piernas dobladas con sus rodillas apuntando al cielo. Yuuri, por otro lado, estaba sentado rígidamente al lado suyo. Miró el cielo también pero parecía estar pensando en otra cosa.
Entonces, a unos pasos de ellos, Wolfram lo vio. Parpadeos de luces amarillas doradas.
-Insectos de fuego –dijo Wolfram en un todo casi nostálgico.
-Oh, ¡si! –dijo Yuuri un poco divertido. –Sólo que de donde vengo los llamamos luciérnagas.
Wolfram se sentó y tomó a Yuuri de la mano. De nuevo, notó que al Maou no le importaba el contacto íntimo. El pelinegro apretó la mano en respuesta mientras caminaba hacia el ariete.
Se detuvieron y miraron el brillo, hora tenue hora fuerte, danzando en la noche. Yuuri todavía no soltaba la mano de Wolfram. Lo que hizo que el rubio sonriera para sí. Tal vez el Maou tenía unas cuantas buenas cualidades después de todo.
-Sabes, hay una leyenda que dice que cuando un soldado muere en el campo de batalla un nuevo insecto de fuego nace, -dijo Wolfram soltando la mano de Yuuri. Vio pasar un insecto de fuego muy cerca de ellos y aterrizó en un arbusto. Cautelosamente, fue hacia él y trató de cogerla con los dedos. Para su sorpresa, el insecto avanzó hacia él y la punta del dedo del rubio adquirió un brillo dorado.
-Cuando muera –dijo Wolfram casi distraídamente –me pregunto qué hará mi insecto de fuego y a dónde irá.
Yuuri frunció el ceño al escuchar eso. –No hables así –dijo en un tono molesto.
Wolfram parpadeó con una expresión confundida.
-No era mi intención ofenderte… -comenzó el rubio pero Yuuri lo interrumpió.
-Probablemente no recuerdas pero yo no aceptaré ninguna guerra. Y tú no morirás en el campo de batalla–. Los ojos negros se angostaron. A pesar de la oscuridad, Wolfram podía verlo, una mirada que rozaba la rabia.
-Me disculpo –repitió Wolfram y accidentalmente murmuró lo que pensaba en voz alta –pensé que podía hablar contigo.
-Puedes –replicó Yuuri bruscamente, -pero quiero que quede claro. Tú no morirás así. No dejaré que pase.
La expresión de Wolfram se suavizó un poco. El insecto de fuego voló de la punta de los dedos de Wolfram a la chaqueta negra que Yuuri vestía. El insecto se quedó allí y continuó brillando intermitentemente. Yuuri pareció sorprendido y olvidó su rabia.
El rubio intentó no reír pero se le escapó un poco. Tosió al estilo de Gwendal y dio unos pasos para acercarse a Yuuri. –Tu corazón está brillando –dijo suavemente. –Mejor me encargo de eso antes que… -los ojos negros chocaron con otros verdes –alguien más lo note–. Con un delicado dedo, levantó el insecto y lo vio volar, de repente, muy lejos.
Wolfram volteó su cara hacia Yuuri. Su Maou parecía confundido, como si no supiera como actuar después. Era lindo. De verdad que los era.
-Por aquí –dijo Wolfram, tomando de la mano a Yuuri sin dudar. Esta vez, tenía una excusa para sostener su mano. Notó que a Yuuri no parecía importarle. Caminaron lado a lado en la noche.
-Esto era lo que buscaba –dijo Wolfram y señaló un maduro árbol de manzana que había en una esquina alejada del jardín. Hasta en la oscuridad era posible ver que allí había flores de colores claros.
-Este… ¿árbol?
-Es mi árbol –dijo Wolfram con un poco de orgullo. –Lo hice crecer desde una semilla como un experimento con Anissina treinta años atrás–. Miró el manzano. –Pienso que salió bastante bien.
-¡Es genial! –exclamó Yuuri y se sentó al lado de Wolfram en la base del árbol. Todavía no se soltaban de las manos. Para el pelinegro, soltar la mano de Wolfram significaría dejarlo ir. Y, recién se daba cuenta de que no quería eso, nunca.
Sopló una brisa contra el árbol, las hojas hicieron un sonido trémulo que relajó al rubio. Yuuri lo miró recostarse sobre la corteza con su cabello rubio cayendo en cascada. Sonrió a Wolfram. Viéndolo así parecía casi íntimo.
-Entonces…no te importaría…
Yuuri observó a Wolfram. – ¿Importaría…?
-Que te pregunte algo, ¿puedes no…molestarte? –Los ojos esmeraldas parecía sostener la pregunta.
¿No es extraño que Wolfram, de entre toda la gente, me pregunte si puedo guardar la compostura? Se tragó algunas palabras selectas y se recordó que Wolfram todavía no regresaba a la normalidad.
-Haremos un trato –respondió Yuuri –pregunta por pregunta. ¿Hecho?
Wolfram asintió.
-¿Te importaría que vaya primero?
-Adelante.
Yuuri soltó el aliento que estaba reteniendo y sus ojos parecían estar buscando algo en el cielo. Pero, en realidad, Wolfram sabía que no tenía nada que ver con su entorno. Era algo más.
-Cómo estás…de verdad.
Wolfram sintió su mano siendo apretada. Probablemente su prometido no sabía lo que estaba haciendo. Tiene miedo de mi respuesta. Oh, ahora lo veo…
-¿La verdad?
Yuuri asintió silenciosamente.
-Todavía estoy…incómodo –dijo Wolfram a regañadientes.
Quieres decir "con dolor" pensó Yuuri, sus ojos iban endureciéndose lentamente. A pesar de que intentó ocultarlo.
El rubio continuó –Quiero decir, no es nada que no pueda soportar–. Vio la repentina y profunda preocupación en el rostro de Yuuri, iluminada por la luz azul grisácea de la luna. –Pero, es frustrante también. No sé como llegué a este estado ni el por qué me lastimé así de grave. Todos están preocupados. No me estoy recuperando lo suficientemente rápido–. Sacudió la cabeza con fuerza. –No, la verdad es que ellos no pueden curarme de vuelta a la normalidad con la suficiente rapidez–. El rubio volteó la cabeza hacia Yuuri. –No puedo recordar haberme sentido así de mal, y por tanto tiempo, nunca–. Apoyó la palma de su mano libre contra su lado adolorido. –Y mi magia de curación no tiene mucho efecto. Pero sí bloquea el quemante dolor algunas veces.
Yuuri lo miró preocupado. –Vamos dentro. Haré que alguien revise tu herida de nuevo–. Comenzó a levantarse.
El rubio sacudió la cabeza y tiró un poco del pelinegro para hacer que se quede donde estaba. Una pequeña sonrisa se dibujó en su cara. –Respondí tu pregunta con sinceridad. Tienes que responder la mía del mismo modo.
Ahora, Yuuri se sintió preocupado. No tenía ni idea de lo que preguntaría el rubio cadete. Tenía la esperanza de que no pregunte nada relacionado con el hecho de que todavía tenían las manos juntas, manos que comenzaba a sentir un poco sudadas.
-¿Y? –preguntó Wolfram.
-Está bien –contestó Yuuri. Respuesta que parecía ante otra un suspiro.
-Sé que la guerra terminó antes de que pueda enlistarme. Y recuerdo que los que eran cuidados eran Yozak y Weller.
Yuuri se erizó un poco al escuchar a Wolfram llamar a su padrino 'Weller'. Una parte de él quería dejar a Wolfram y recuperar su mano. La otra parte quería obligar al rubio a razonar y comportarse.
-Ellos fueron heridos de gravedad y eran atendidos por un equipo de sanadores. Y, sin importar todo lo que intentaron, fueron incapaces de hacer algo por cuatro meses.
Yuuri no sabía nada de esto por lo que escuchó detenidamente.
-Quise ir tras ellos. ¡A luchar! A encontrar a las personas que prácticamente destruyó ese ejercito e hirió a dos personas importantes para el país…
Quieres decir, personas que son importantes para ti, Wolfram.
El rubio se inclinó un poco. –Entonces, si alguien ataca de nuevo a Yozak y Weller…o cualquier otra persona que te importe… ¿qué, exactamente, harías?-. Era una pregunta incómoda. Sabía los rumores acerca del pelinegro. Y, muy dentro, estaba preocupado de que el pacifista Yuuri no haga nada y se comporte como un debilucho.
Recordando al Wolfram de ocho años vociferar: "Todos vamos a morir gracias al nuevo Maou." Yuuri dijo: –Intentaré toda vía pacífica que pueda encontrar, practicaré el entendimiento y la negociación sin hacernos parecer débiles–. Wolfram enarcó una escéptica ceja al escuchar el discurso, pero quería, desesperadamente, creer.
-Pero, ¿no intentarás vengar a aquellos que fueron heridos? ¿A pesar de que esas personas heridas te importen?
Yuuri pensó acerca de eso. -¿Cambiaría algo si lo hiciera?
-Los honrarías y darías paz a sus almas.
-¿Podría realmente actuar con violencia y matar y todavía llamar a eso una buena acción? –suspiró impaciente porque Gwendal ya le había hecho las mismas preguntas incontable veces. -¿De verdad puedes llamarlo justicia?
-Sólo preguntaba en calidad de cadete –dijo Wolfram. –No me ocupo de la política. Tú lo haces. Yo sólo sigo órdenes.
El viento sopló de nuevo meciendo las hojas y produciendo aquel maravilloso sonido. Wolfram se relajó contra la corteza con la palma en su lado. Presionó ligeramente con la esperanza de detener el dolor y poder sentir la brisa y disfrutar de su momento con el Maou.
-¿Puedo decirte algo…Yuuri? –Sintió que sus manos se tensaban al escuchar la pregunta. Escuchó un muy vacilante 'sí'. Cruzó una mirada con el pelinegro antes de cerrar los ojos de nuevo.
Yuuri contuvo la respiración por un segundo y miró a sus manos. Los dedos estaban entrelazados ahora. ¿Cuándo lo hizo Wolfram? Su corazón comenzó a acelerarse. Wolfram quería decirle algo importante.
-Cuando te miro, Yuuri, me siento… -los ojos esmeraldas reconsideraron por un segundo. Lo que vio no le sorprendió. Había miedo en los ojos oscuros. Como soldado, estaba entrenado para reconocer esa emoción en los ojos de su enemigo y tomar ventaja de eso. Pero, en consecuencia, era capaz de verlo en los ojos de otros también.
Oh, ¡no! Aquí viene… nunca tuve una confesión de amor antes. Pero esta sería la ocasión perfecta para una, solos, bajo una noche estrellada, las manos entrelazadas…. Se preguntó cómo reaccionaría. Sí, Wolfram diría algo como "te amo" o tal vez "te necesito". Parpadeó a eso último y lo llevó a un paso más adelante. Tal vez, "Quiero tu cuerpo…"
-Cuando te miro, me siento… -repitió Wolfram. Era algo difícil de confesar a alguien y mucho más al Maou.
-Sé lo que vas a decir –murmuró Yuuri, esperando detener esto antes de que comience. Después de todo, Wolfram no era él mismo en este momento. Y estaba seguro que ninguno de ellos estaba preparado para lidiar con este asunto.
-Cuando te miro, me siento… -comenzó Wolfram, mirando a Yuuri profundamente. –Me siento triste.
La quijada de Yuuri cayó al suelo. -¿Qué dices? –No podía creer lo que oía.
-Es sólo que no puedo evitar sentirme así cuando estoy contigo. Me siento triste, como si mi mundo se quebrara. Como si no quedara esperanza.
-No te entiendo –dijo Yuuri, esforzándose al máximo para esconder su dolor. -¿Hice algo para que te sintieras así?
-Ya me dirás tú –contestó el rubio. –Ya que no sé por qué necesito estar contigo, y al mismo tiempo, todo se siente tan desesperanzador.
Yuuri tenía más que unas pocas conjeturas del por qué Wolfram podría sentirse de esa manera. Pero no quería discutirlas ahora sólo para que Wolfram se mejore y lo olvide todo.
-¿Qué estábamos haciendo antes que enfermara? –casi demandó Wolfram, con un tono inflexible. Vio a Yuuri crispar el rostro mientras éste rememoraba un cuerpo sangrando profundamente en el suelo, y los mensajes que no fueron de despedida y de declaraciones como "te amo". Recordó a Wolfram diciéndole que continúe con su vida, que encuentre una mujer, y, esencialmente, que se olvide de él. Yuuri estaría mejor, incluso más feliz, si lo hiciera.
-Te dieron con una flecha. No fue aquí –dijo vagamente. Era la verdad, desde cierto punto de vista.
Wolfram lo interpretó como culpa por no estar con su prometido para protegerlo. Bueno, si tu prometido es un soldado, cosas como ésta son inevitables. Esto explicaría, también, su reacción molesta ante el mito de los insectos de fuego, pensó con gravedad.
Wolfram estudió la cara Yuuri por un segundo y se sintió muy cansado para llamar a Yuuri un debilucho por ser sentimental. Soltó un suave sonido que se escuchó como un "humph" y trató de acomodarse contra el árbol de nuevo.
Después de unos minutos, Wolfram cayó dormido. En un principio Yuuri no se había dado cuenta. Murmuró algunas cosas de modo casi inaudible hasta que se dio cuenta que la conversación era un monólogo. Miró al rubio y sonrió un poco.
-Frío –suspiró Wolfram y tembló ligeramente. La brisa se sentía genial, pero podía ver que Wolfram podría tener un poco de frío en la cara. Entonces, el pelinegro sintió de repente una cabeza rubia sobre su hombro. No le molestaba. Yuuri permitió que Wolfram se recostara sobre él porque aliviaba una parte de su preocupada alma. Antes que se diera cuenta, el cuerpo del rubio se hundió un poco más. Siseó fuertemente y presionó una mano soñolienta en su costado, seguido de un jadeo cuando se relajaba más contra Yuuri.
Supongo que no se puede evitar, después de todo tiene un sueño pesado, pensó Yuuri mientras tomaba al rubio en sus brazos. La cabeza de Wolfram terminó en su hombro izquierdo. Las piernas del cadete se curvaron por empujarse contra el cuerpo de Yuuri y conseguir calor.
Bajo el cielo completamente salpicado de estrellas, Yuuri miró arriba. Su prometido estaba enroscado en sus brazos durmiendo contento. Suave cabello rubio rozó su mejilla. Se escuchaban suaves ronquidos. Y la esencia a girasoles que tanto extrañó, estaba de vuelta. Yuuri cerró los ojos al consolador olor y colocó la cabeza rubia bajo su barbilla. No creyendo lo que se estaba permitiendo hacer, Yuuri acarició un delgado mechón rubio sobre la mejilla de Wolfram.
-Buenas noches, Wolfram.
Wolfram se removió un poco, buscando una posición más confortable. Masculló cerca de la oreja de Yuuri donde éste pudo escuchar las palabras 'Te amo…'
De repente, los ojos de Wolfram se abrieron desmesuradamente y soltó un jadeo fuerte y desesperado. Jadeo que fue seguido por otro.
-¿Wolfram? –la voz de Yuuri se escuchaba inmersa en pánico.
-¡No! ¡Duele! –El rubio estaba sufriendo de dolor ahora y removía la cabeza. Yuuri trató de sostenerlo, de estabilizarlo. Sólo logró que Wolfram enterrara su cara en el hombro de Yuuri. El pelinegro gimió en agonía cuando las uñas del rubio se clavaron en sus brazos. Por su prometido y amigo, el Maou resistió, apretando su abrazo.
-¡Despierta! ¡Respóndeme!
El rubio presionó con más fuerza su cara contra el hombro de Yuuri. Con un grito amortiguado, su cuerpo colapsó sobre pelinegro, haciendo que Yuuri quisiera gritar por ayuda.
Entonces, lo notó. El cuerpo de Wolfram se volvió más largo, alto. Parecía que ganó peso también. La espalda ya no era delgada y estrecha. Los músculos eran más duros y el pecho se había ampliado. La cara era más madura. Y, para su mortificación, también notó que los labios estaban más llenos y muy cerca de su propia boca.
Yuuri suspiró entrecortadamente. Eso fue horrible.
Lentamente, los ojos esmeraldas se abrieron y se entrecerraron en los suyos.
Wolfram, apretando los dedos con dolor y presionando una mano en su costado, se sentó y empujó con fuerza a Yuuri por su hombro, casi golpeándolo.
-¡Yuuri! ¡¿Qué me estás haciendo, idiota?!
Wolfram estaba gritando ahora y su voz recorrió el jardín. Unos cuantos guardias apostados fuera del castillo lo escucharon y rieron disimuladamente. Felizmente tenían un jugoso chismoseo que contar a las sirvientas mañana.
-¿Qu-? Espera, ¡Wolfram! –espetó Yuuri, sintiéndose completamente confundido.
El rubio terminó de sentarse y fulminó a Yuuri con la mirada.
-¡Sólo porque me diste una bofetada tres horas atrás, lo que me hizo tu prometido, no te da el derecho de sacarme de la cama sólo para sentirme como el pervertido que eres! –Wolfram ahora entró en la modalidad berrinche, golpeando el suelo con los pies y lanzando una mirada a Yuuri con todo lo que tenía.
-¡Espera! ¿Qué quieres decir con tres horas atrás? –dijo en pelinegro con estupor.
Cuando intentó cubrir su cabeza con las manos para protegerse del inminente golpe, la cara del rubio adquirió una expresión aún más peligrosa y pisando fuerte se alejó del lugar. Yuuri creyó escuchar que murmuraba algo parecido a "mi nalga derecha sería un mejor Maou".
Las fuertes pisadas del rubio se perdieron gradualmente.
-¡No! No puedo aguantarlo más –gimió Yuuri. Flexionó las rodillas, apoyó sus antebrazos sobre ellas y enterró su cara.
Se encogió cuando escuchó el débil pero furioso bramido de "DEBILUCHO" viniendo del interior del castillo.
El pelinegro suspiró. Si, ésta sería otra larga noche.
Aquí les dejo el nuevo capítulo. Me tomó bastante traducirlo. Ya ven que está medio largo ^^UU
Ya nos acercamos al Wolfram normal (yay!) y también a las inminentes lágrimas, espero que nos sigan teniendo paciencia. Como ya dije no abandonaremos el fic.
Pasando a otra cosa, no se si sabían, pero la serie ya ha terminado. El capítulo fue, en mi opinión, muy insustancial, es más con esta temporada me he enterado más de la vida de personajes nuevos que de los principales. Esperaba que se tratara de temas de la novela pero en ese sentido fue descepcionante. Se está haciendo campañas para que hagan una cuarta temporada, pero al igual que Petula, me da miedo que la jodan (con el persón de la palabra) más *suspiro*
En fin, les informo que en mi LJ iré sacando algunas cosillas referentes a KKM y que haré primero ahí mis actualizaciones (de fics no seasons), al día sgte o así ya publicaré aqui. La página está en mi perfil donde dice "homepage"
El cap 15 estará pronto gracias a Petula, así que nos leemos y ¡Muchas gracias por los rw!
