Autora: HARPGO
Traductoras: Kotorichan y Petula Petunia
Traductora de este capítulo: Petula Petunia.
Beta de este capítulo: Kotorichan
Parejas: Yuuram, y otras que irán apareciendo.
Advertencias: Yaoi, más adelante un poco de escenas fuertes.
Rating: R
Capítulo 16
Ese fue, de lejos, el almuerzo más desagradable que Yuuri hubo visto jamás. El pelinegro se retorció incómodo mientras se acercaba a la mesa y empujaba la silla negra. Sentándose, miró a su alrededor y suspiró para sí mismo.
Esto no es bueno…definitivamente no es bueno…
El incidente recorrió el castillo rápidamente gracias a Anissina, quien había desaparecido pasillo abajo el segundo en que Yuuri y Wolfram habían bajado del escritorio y alisado ligeramente sus chaquetas. Cepillaron sus ropas con vergüenza; lo que pudo romper el contacto visual con Gwendal por unos segundos, no les fue, tampoco, de mucha ayuda.
Ahora mismo, Yuuri encaraba una confidente sonrisa de Conrad, una enorme sonrisa de Cecile, una sobre divertida Gisela y un indignado Gunter. El pelinegro evadió brevemente la mirada de Gwendal, que parecía mantener la promesa de "vamos a tener una discusión sobre esto después". Yuuri también notó que Greta también estaba ahí, su rostro aún sonrojado por llorar y su labio inferior estaba igual de contraído que el de Gunter. Yuuri decidió que hablaría con ella después que la comida acabara. Quizá, la pequeña escucharía mejor con el estómago satisfecho.
-Oh, ¿dónde está Wolfram? -preguntó Cecile a la mesa, revolviendo la olla un poco para ver qué sucedería.
-Fue al laboratorio de Anissina por un segundo, solo -dijo Gwendal lanzando una espesa mirada hacia Yuuri -para conseguir algo.
-Oh –dijo Yuuri con una falsa risa, jalando ligeramente el cuello de su camina. Genial, me deja solo con esta gente…
Casi de inmediato, Wolfram entró a la habitación con las manos en la espalda. Su caminar era casual y su sonrisa lucía algo embarazosa. Tenía la mirada fija al suelo. Pero, siendo Wolfram, su rostro era hermoso sin importar qué. Y su cuerpo tenía esa pequeña cualidad que hizo que su entrada por la puerta luciera etérea. Yuuri pudo entender por qué era difícil cruzarse con él en cualquier momento. Exactamente, el por qué nunca lo notó antes, era simplemente porque no quiso hacerlo. Y, cuando ignoras la verdad, ésta se hace más difícil para todos.
En lugar de tomar asiento en la única silla vacía junto a su prometido, Wolfram dio una vuelta hacia el lugar de Greta en la mesa. Se agachó poniendo una rodilla al suelo en un glamoroso estilo de caballero y dijo suficientemente alto para que todos en la mesa pudieran oír: -Lo siento, Greta-. Le ofreció el avión de papel. -Traté de arreglarlo lo mejor que pude pero aún así quedó arrugado-. Los ojos de la pequeña se abrieron de par en par cuando se lo entregó. –Y siento no recordarte. Pero, no recuerdo mucho en estos días y he estado enfermo últimamente- Greta le sonrió ampliamente. -¿Me perdonas?
La respuesta fueron un par de regordetes bracitos alrededor de su cuello apretándolo con fuerza.
-El pequeño Lord Mocoso… ¿Disculpándose? -balbuceó Gunter a Gwendal.
Su respuesta fue un encogimiento de hombros por parte del administrador. Para luego, estrechar los ojos en dirección a Yuuri. El pelinegro lo percibió y se atragantó con su bebida cuando Gwendal agregó: -Supongo que el Maou lo ablandó a frotes.
Desde su escondite, Yozak pudo ver al grupo de cinco hombres de la taberna parándose frente a la casa Meiger. La puerta se abrió y una joven mujer de cabello castaño pálido y un vestido color pizarra con un delantal de cuerpo negro de trabajo respondió a la puerta.
-Un minuto- les llegó una voz femenina -estoy en la despensa. Atenderé a la puerta en un segundo-. La puerta frontal se abrió muy lentamente. La mujer caminó hacia adelante, desempolvando sus manos con una mirada de pocos amigos. Entonces, sus ojos saltaron cuando se dio cuenta de a quienes les estaba hablando. -¡¿Qué están haciendo aquí idiotas?! -gritó lo suficientemente algo como para que todo el pueblo pudiera oírla.
-Mire, esto es, verá…- dijo el mayor con vello gris saliendo de sus oídos, el cual revoloteaba un poco debido a la brisa. Acercó al de nariz gorda a empujones y lo tomó de la muñeca, alzando toda la mano ante el rostro de la mujer. –Aquí, mi hermano menor, se cortó la mano con una de las flechas cuando estaba observándola.
La herida media tres centímetros de largo en toda la palma de la mano. Aunque la hemorragia había cesado, la mano estaba hinchada y tenía ampollas de sangre.
-¡Imbécil! no puedes cortarte mientras estás observando algo-. Chilló con frustración, y con las manos en las caderas.
Yozak sonrió burlonamente.
-Bueno, Marelda -el hombre habló en un tono demandante -veneno es veneno. Tu familia hace estas cosas. Así que tienes que hacer algo con esto antes que él muera. ¡Y hágalo ahora! -los hombres a su alrededor gruñeron apoyándolo.
Marelda sería muchas cosas pero no era tonta. La mujer notó rápidamente que se estaba empezando a molestar por las miradas determinadas de los cinco hombres parados ante ella. Considerando la línea de trabajo de estos, probablemente sería mejor contentarlos y enviarlos a su camino de nuevo.
-¡Muy Bien! ¡Muy Bien! -se quejó, dejando que los hombres entraran a su casa con algo de reticencia. –Pero el veneno fue diseñado para matar mazoku. Todo lo que le hará a un humano es hacerle vomitar por unos días.
-Y bien, ¿qué me hará el antídoto? –lloriqueó el de nariz gorda.
-Vomitar.
La puerta se cerró con fuerza.
Yozak retrocedió unos pasos, sentándose junto a un árbol y manteniendo una mirada cautelosa a la casa. Les daría otra hora o más. Entonces, mandaría un ave mensajera hacia el castillo para mantener a Gwendal informado de la situación. Sí, definitivamente tenían un problema. Y su nombre era Marelda Meiger.
El cielo estaba oscuro y las estrellas le guiñaban. Una vez más, Wolfram había dirigido sus pasos hacia el jardín, se inclinó hacia atrás y miró el cielo nocturno. Buscó sus constelaciones favoritas y disfrutó lo que, según su vista, eran como chispas incendiarias en el cielo. El fresco azul oscuro y la calidez de las diminutas flamas, todo reunido en un lugar.
Wolfram produjo una bola de fuego y le dio forma de león. La mantuvo a varios centímetros del césped de modo que los jardineros no se molestarían en la mañana debido al pasto quemado. Y más importante, admitió para sí mismo, así su hermano mayor no se molestaría con él y le regañaría…y regañaría…y regañaría. Gwendal tenía el hábito de regañarlo por largos periodos de tiempo cuando lograba enfadarlo de verdad. Considerando la comprometedora situación en la que fue atrapado con Yuuri este día –cómo había sobrevivido a ello, no lo sabía– era mejor no irritar a Gwendal por un tiempo.
El león de fuego corrió en el cielo y se incendió en cientos de chispas de luz. Por alguna razón, que Wolfram no entendía, deseaba ver insectos de fuego en ese momento. Tenía una impresión… un sentimiento… de que había recorrido ese mismo camino antes y los había visto. Era una imagen de ensueño en su cabeza que no podía mantener. Pero, la única cosa que sí sabía era que en ese momento, se sintió seguro… amado.
Wolfram creó otra bola de fuego en sus manos. Esta vez, en lugar de llamas rojas y amarillas, trató de hacerlas azules. La bola de fuego chispeó e hizo sonidos crispantes. Wolfram se concentró con gran esfuerzo e intentó de nuevo. Nunca se había concentrado con las flamas amarillas, pero conseguir una azul era mucho más difícil y sus cejas se estrechaban en concentración. Entonces, repentinamente, las llamas amarillas murieron y un orbe azul giraba en sus manos. Sonrió para sí mismo.
-No sabía que podías hacer eso.
Wolfram giró su cabeza y vio a Yuuri parado detrás de él. El rubio parpadeó sorprendido y la flama se extinguió.
Un manto de oscuridad los cubrió.
-¿Puedo acompañarte?
Wolfram asintió con la cabeza, tratando de no lucir ansioso y se movió rápidamente para dejar que Yuuri se sentara junto a él. Ambos lucían apenados. Esta era la primera vez que estaban juntos desde que fueron sorprendidos ese día.
-Sabes, esto se siente como un déjà vu para mí –dijo Yuuri con simpleza. No estaba seguro si debía traer a colación lo que había hecho la noche previa con un Wolfram más joven.
-Entonces –dijo Wolfram, sus ojos esmeraldas virándose hacia Yuuri –has visto las estrellas antes en una cita con alguien más-. Lo dijo en un tono de casi interrogación pero con unas líneas de celos entretejidas también.
Típico de Wolfram, pensó Yuuri. A pesar de ello, se sentía bien. Era como tener al viejo Wolfram de nuevo. –Él no pensó que era una cita –dijo con una breve risa.
¿Era un "él"? Wolfram enarcó una ceja rubia al oír aquello pero decidió dejarlo pasar de largo cuando recordó la parte "no pensó que era una cita"
-Acabo de venir de la oficina de Gwendal –continuó Yuuri. Notó la repentina mirada de preocupación en el rostro del rubio. –Está bien, creo, no me gritó demasiado.
-Eres el Maou. No debería gritarte para comenzar.
-Eres su hermano –dijo Yuuri tranquilamente, –y has estado enfermo. Sé que Conrad no te ha dicho todo sobre esto pero… has estado enfermo. Y… creo que Gwendal sólo me lo estaba recordando…
Wolfram rió ligeramente. –Bueno, no te pongas de su lado porque -sus ojos chispearon para el pelinegro. –No estoy arrepentido acerca… bueno…del beso.
-La razón por la que Gwendal estaba molesto se debía a mucho más que al beso.
Hubo otra risilla a su lado.
-No es como si fuera la primera vez que he sido pillado por él-. Wolfram resistió la urgencia de reír con su mano.
-¿No…es…la primera….? -dijo Yuuri medio en susurro sin creer lo que estaba oyendo.
-Vamos, Yuuri –dijo Wolfram, -estoy en mis ochentas. ¿Qué crees?
Yuuri no pudo evitar sentirse decepcionado. Siempre había asumido que Wolfram había sido como él; solitario y ocupado con algo como el baseball, sin tiempo para buscar romance o compañía de otros además de, tal vez, amistad.
Wolfram parpadeó ante él. -Oh, eres virgen, -dijo dándose cuenta repentinamente.
Yuuri puso la cabeza entre sus manos. -¿Tienes que hacerlo sonar de esa forma? Sheesh, Wolfram…
El rubio colocó un codo sobre su rodilla e inclinó el rostro sobre su palma. -¿Cuál es tu problema con ser virgen? No veo nada de malo en esperar por tu persona especial. Me habría gustado... haberlo hecho.
Yuuri le lanzó una mirada incrédula.
El rubio removió su cabello con los dedos. –Para mí, no significó nada…y, supongo…que por eso… lo terminé-. Miró hacia el cielo de nuevo. –De todos modos, ellos no me amaban por lo que era. Sólo era un 'bello' príncipe y no podían con mi actitud.
Yuuri estaba feliz de que estuviera oscuro porque no pudo evitar sonreír con circunstancia al escuchar ello. A veces, también se preguntaba si podría manejar al fiero rubio.
-Bueno, Gwendal quiere que te de algo de espacio hasta que te sientas mejor.
-No lo hagas –dijo Wolfram con tranquilidad.
-¿Eh?
-Me gusta estar contigo-. Sus ojos aún estaban fijos en el cielo. Era más fácil de ese modo.
Yuuri se sintió enrojecer. Tenía la repentina urgencia de tomar al rubio en sus brazos y besarlo de nuevo como lo hicieron en el escritorio. Era tanto el cambio comparado a la manera en la que se sentía acerca de Wolfram antes. Pero, no tocar a Wolfram ahora mismo se sentía tan solitario.
-¿Wolfram?
-¿Qué?
El rubio se acercó un poco.
-¿Estaría bien si yo…? -Yuuri se inclinó. Ojos oscuros se encontraron con los verdes. –Quiero decir, lo que quiero decir es si… ¿Podría…? –una mano vacilante se posó sobre el hombro uniformado en azul, acercándolo más.
-Bésame –dijo Wolfram, presionando los labios contra los de Yuuri.
Después de unos minutos, el rubio rompió el beso. Yuuri estaba jadeando por aire y respirando con dificultad pero feliz.
-La próxima vez -dijo Wolfram, -respira por la nariz-. Tocó la punta de la nariz de Yuuri con su dedo índice. Luego, envolvió sus brazos alrededor del pelinegro y lo acercó. –Al parecer necesitas otro. La práctica hace al maestro.
Yuuri rió cuando los brazos a su alrededor lo apretaron.
En un tono delicioso y sexy, Wolfram susurró en su oído, -quiero que me beses, Yuuri.
El corazón de Yuuri casi se detiene al escucharlo. ¿Este, de verdad, era Wolfram?
-Te estás demorando -susurró la voz a su lado.
Una fuerte mano encontró la nuca del pelinegro y se deslizó suavemente a su cabello, enredándolo entre sus dedos. El gentil toque guió a Yuuri a su rendición.
Bajo las estrellas, se dieron un húmedo beso ante la luz de luna mientras las estrellas miraban.
Era una fiesta maravillosa. Para los estándares del Castillo del Pacto de Sangre, era un pequeño evento con cristal brilloso, velas encendidas y un cuarteto tocando de fondo. Las mujeres estaban todas vestidas elegantemente, como las bellas mariposas que de hecho eran. Un pequeño grupo de hombres estaban de pie junto a una mesa con bebidas, hablando en voz baja. Ocasionalmente, uno reía alto. Quizá, demasiado alto, pero los otros rápidamente lo acompañaban.
Había otra pareja platicando frente a la guardia que estaba apostada junto a la salida. Dos más, en finos uniformes, estaban apostados al frente. Junto a la esquina de la mesa de las bebidas, vistiendo uno de sus mejores trajes estaba Gwendal. Tenía una copa de vino que pretendía estar bebiendo. Removió el líquido rojo oscuro de la copa y frunció el ceño observándola. Sus agudos ojos cogieron a Conrad y Yozak en la esquina más alejada, hablando en voz baja. Yozak estaba especialmente bien vestido esa noche en un traje gris oscuro y atraía la mirada de varias personas en la habitación. Pero, por el momento, el hombre de ojos azules parecía estar consolando a Conrad con su típico suave hablar que reservaba sólo para la gente por la que realmente se preocupaba. Gwendal asintió. Entendía por qué. Entonces, buscó a su madre pero no la vio. En su lugar, vio a una mujer acercándose, la cual podría haber sido fácilmente la versión castaña de ella, pelo largo y ensortijado, seductor traje rojo, y un gran busto que se balanceaba cuando reía. Estaba colgada del brazo de un ligeramente asombrado Gunter. El rostro que el consejero trataba de no hacer divertía ligeramente a Gwendal. Fue un momento de respiro de su propio dolor.
-Estamos de camino a ver al Maou, -dijo Gunter sin ganas cuando los dos pasaron por su lado.
Ella debe de haber torcido realmente su brazo, pensó Gwendal tomando un trago de su bebida. Sus ojos lo siguieron con pereza.
Yuuri hablaba tranquilamente con Murata y su hija, Greta. Sus rostros parecían casi placenteros pero no se debía, de ninguna forma, a que así lo sintieran. Era obvio que Yuuri no había estado durmiendo. Tenía oscuros círculos bajo los ojos y su cabello carecía de vida. El brilloso e inocente resplandor de sus ojos se había ido también. Yuuri había estado sosteniendo la misma bebida con la que había empezado el evento. No había bebido ni una sola gota.
-Su majestad -dijo Gunter interrumpiéndolos de repente. Se enderezó ligeramente, con más que un poco de irritación, cuando la dama a su lado se adelantó e hizo una cortesía mientras decía: -Hola, mi nombre es Marelda Meiger. Siento mucho la muerte de su prometido, Lord Wolfram von Bielefeld.
La visión terminó.
En la oscuridad de su propia habitación, Marelda se sentó y rió para sí misma. En la cama, juntó las rodillas a su pecho y las rodeó con sus brazos. -¡Sí! Todavía puede suceder… Puedo hacer que pase…
Hola a todas, Petula Petunia reportándose con otro capítulo mas. Y por fin aprendemos un nombre nuevo y conocemos a su portadora. Marelda Meiger ¿cuál será su protagonismo en esta historia y por qué desea ver a Wolfram muerto? Esto y mucho más en los siguientes capítulos.
Como siempre, agrademos los reviews a este fic. Ya saben que traducir una historia no se puede comparar a escribir una, opiniones, sugerencias y halagos como críticas están siempre esperándose.
Cuídense todas y nos leemos pronto.
