Seasons of Beautiful Wolfram

Estaciones de Hermoso Wolfram

--oOoOoOo--

Autora: HARPGO

Traductoras: Kotorichan y Petula Petunia

Traductora de este capítulo: Kotorichan.

Beta de este capítulo: No está beteado...aún.

Parejas: Yuuram, y otras que irán apareciendo.

Advertencias: Yaoi, más adelante un poco de escenas fuertes.

Rating: R

Capítulo 17

-Sabía que si me quedaba aquí el tiempo suficiente, me encontrarías –dijo Murata, inclinándose casualmente sobre el balcón fuera del comedor del Castillo Promesa de Sangre. Era una hermosa noche y la brisa se sentía bien contra su piel.

No era necesario voltear. No se molestaría en hacerlo. Murata había llegado a un punto donde podía "sentir" la presencia de Shinou antes de, en realidad, verlo. Era como una clarividencia seguida de una emocionante sensación que llenaba su pecho.

La fantasmagórica imagen de Shinou, vestida de gala, se aproximó a Murata y pretendió mostrar desinterés mientras también se apoyaba contra la barandilla.

-Te encontré, -murmuró roncamente, con un tono divertido. –Una vez más, mi sabio, puedes estar en cualquier rincón de este mundo y aún seré capaz de encontrarte de nuevo…eventualmente.

Murata suspiró con impaciencia. Este tipo de cosas siempre pasaban cuando los dos estaban solos.

-Tengo la impresión de que estás planeando algo. –Enarcó una ceja negra, pero eso sería lo máximo que Murata revelería sobre su estado.

-Tal vez, -ronroneó Shinou, -pero es demasiado rápido para decírtelo.

-Yo diría que es tarde, considerando la hora. –Señaló el cielo. Estaba siendo inteligente. Claro que El Gran Sabio siempre era inteligente. Estaba en su naturaleza.

Shinou sonrió ligeramente. –En realidad temprano y tarde son términos que dependen del lado del mundo en el que estés.

-Estoy aquí a lado tuyo, Shinou, -replicó cortante Murata mientras ajustaba sus gafas, -y estaba deseando que aparecieras y me informaras que tramas desde que poseíste a Lord von Bielefeld.

-¿Poseer? Es un poco fuerte ponerlo así, ¿no? –dijo con una desvergonzada y maligna sonrisa. Para luego, reírse de él mismo como diciendo "me atrapaste". –En realidad, estuve ocupado mucho antes de eso.

-Lo supuse.

Shinou ladeó la cabeza. -¿Es eso…un problema? –ahora estaba flirteando. Esto era divertido. Tenía la completa atención de su sabio y estaba irritando al adolescente.

-Es un problema si sabes algo y no me lo quieres decir. –Los ojos negros eran cada vez más serios.

Shinou vio esto y lo reconoció muy bien. Abandonó el "divertido" acto. –Como desees… -suspiró. –Sí, estuve echándole un ojo a la situación que sospechaba terminaría así desde el momento en el que mi Wolfram fue atacado.

-¿Tu Wolfram…? Nunca escuché referirte a él así, -observó Murata, mirando a Shinou minuciosamente ahora. Su voz era severa y, Shinou esperaba, mezclada con un poco de celos. Pero no detectó nada, lo que quitó un poco de la diversión.

-¿Qué hiciste con él? O, tal vez desde tu punto de vista, "por él" sería una mejor forma de expresarlo.

Shinou agachó la mirada, sus manos eran transparentes y fantasmagóricas. –Hay una razón por la cual estoy en esta forma y no la pequeña y sólida que se sienta en tu hombro.

-Estoy escuchando, -dijo Murata, luciendo más preocupado ahora pero tratando de no mostrarlo ya que de otra manera el antigua maou armaría un pequeño drama toda la noche. El hombre nunca podía ir directo al punto.

-No puedo decirlo todavía.

-Claro que no puedes, -dijo Murata como una especia de suspiro desanimado. Debería haberlo sabido antes de alimentar sus esperanzas.

-Sólo digamos que he estado viajando, -murmuró misteriosamente. –Y hay algo que necesita mi atención. Así que no me verás por un tiempo.

-Bien, -dijo Murata, doblando los brazos sobre la barandilla con su frustración disfrazada de aburrimiento. En estos momentos deseaba que Shinou desaparezca completamente.

La fantasmal forma se deslizó cerca de Murata con una mirada determinada en su hermosa cara.

-Pero, cuando el momento llegue no te quiero cerca de Lord Wolfram von Bielefeld. –Usó el nombre entero con una sonrisilla satisfecha. Funcionó. Ahora tenía toda la atención del sabio.

-¿Por qué? –Frunció el ceño hacia la figura transparente.

-Porque el futuro no está completamente escrito. Es algo 'todavía por escribirse'. Aunque, tú y yo podemos dejar nuestra marca en él, formarlo y moldearlo, cuando es necesario.

-Te estás metiendo de nuevo.

-Tal vez. –Murmuró Shinou cerca de la oreja de Murata.

-Sabes que no tengo esa clase de poder, -casi refunfuñó Murata, ajustando sus gafas otra vez para tener una mejor vista de la luna. Se dijo que realmente tenía que alejarse de este aire nocturno. Estaba haciendo frío y olía vagamente a lluvia.

-Oh, sí lo tienes.

-Es suficiente.


Gwendal sostuvo el último reporte de Yozak en sus manos. Tenía la súbita necesidad de arrugarlo y tirarlo a la basura. Quería proteger a su hermano menor más que nada en el mundo. Pero, poco a poco, la tarea se hacía imposible y no podía detenerlo.

"Por lo que veo definitivamente hay una conexión entre la familia Meiger y los cinco asesinos restantes. Ahora mismo, uno de ellos se ha herido él mismo con una flecha pintada y ha recibido un antídoto de quien parece ser la hija, Merelda Meiger, un oráculo Mazoku. Tiene la reputación de ser, ciertamente, poderosa…

Gwendal leía la última parte una y otra vez, apretando los puños sobre el reporte hasta que éste quedó arrugado y rasgado. Los Mazoku oráculos eran problemas, así de directo y simple. En general, las mujeres eran más fuerte que los hombres, apoyándose estrechamente en sus propios maryoku, intuición e instinto moldeaban las imágenes que flotaban frente a sus ojos. Para la mayoría, era como abrir un libro en una hoja al azar y mirar la imagen por unos segundos antes que el libro se cerrara abruptamente. Pero, unos cuantos, los más poderosos, podían concentrarse en un tópico y traerlos frente a sus ojos por medio de una ensoñaración durante el día o durante la noche en una visión mientras dormían. Afortunadamente, no había ningún oráculo en el Castillo Promesa de Sangre, según le constaba a Gwendal. Las simples adivinadoras eran una cosa, pero los oráculos eran toda una raza diferente.

"Podría ser conveniente que me envíes refuerzos en caso que me descubra…o rastreen…mi actual posición…"

-Rastrear, ¿huh? Sí, los oráculos son conocidos por su capacidad de rastrear a alguien si han visto su cara de cerca, -murmuró pensativamente. Gwendal giró hacia la ventana y lamentó no tener una copa de vino en sus manos. De verdad lo agradecería después del día que había tenido.

Sin tocar la puerta, Günter entró a la habitación con un apacible caminar. Su cabello flotaba suavemente sobre sus hombres mientras su capa parecía desafiar la gravedad.

Dio unos pasos detrás del administrador, levantó una mano para tocarlo, pero rápidamente la retuvo. Gwendal suspiró para sí mismo, sentía la presencia y el aroma a lilas detrás de él.

-Günter…

-¿Qué te preocupa, Gwendal? –La angustia era clara en su voz. El administrador no se molestó en voltear.

-Esto, -espetó y miró el reporte que tenía apretado en el puño.

Günter lo rodeó, alcanzó el papel, y alisó un poco la página mientras leía unas líneas. Lanzó un pequeño jadeo melodramático al comienzo, pero terminó asintiendo al final.

-¿Lo entiendes ahora? –dijo Gwendal, cruzando los brazos a la defensiva.

-Entiendo más de lo que crees, -replicó el consejero real. Lo que le valió una mirada firme. –Gwendal, -comenzó con cautela, -Lo que no mencioné antes…enfrente de los otros…es…bueno…creo que conozco a Merelda Meiger. –Una repentina mirada fría estaba fija en él. –Y, no me sorprendería que tú también la recuerdes. Es sólo que no te has dado cuenta.

Gwendal volteó la cabeza para ver a Günter. -¿Y cómo sería eso?

-Ella estuvo aquí, en el Castillo Promesa de Sangre…pero…fue…hace mucho tiempo y lo mejor fue olvidarlo…hasta ahora.


Una cálida mano tomó la de Wolfram. Gentilmente, tiró de él.

-Vamos a la cama.

Wolfram parpadeó. –Um… -sintió que se sonrojaba. Estaba agradecido por la oscuridad presente.

-Mira, estoy cansado, -dijo Yuuri, frotando su espalda con su mano libre mientras ponía una cansada expresión. Estuvieron sentados durante ya un tiempo en las escaleras y se sentía tieso. -…y fue un largo día.

-Debilucho, -refunfuñó Wolfram, no quería admitir que su cuerpo también se sentía tieso por el aire fresco y el difícil paso que dieron bajo él. Sólo apoyarse uno sobre el otro por los últimos quince minutos, mirando el cielo, ha sido maravilloso. El rubio estaba renuente a dejarlo.

-Vamos, Wolfram, -dijo Yuuri. Desde que Wolfram había comenzado a "crecer" el pelinegro notó que el rubio seguía mejor las direcciones si las vocalizaba como órdenes. –Ahora. –La respuesta fue un encogimiento de hombros. El pelinegro, finalmente, se dio cuenta de que se debía a su entrenamiento militar. Sonrió para sí.

Esta nueva revelación hizo feliz a Yuuri. Pero, cuando más cerca estaban del castillo, Wolfram podía sentir un aura diferente salir de su prometido. Sus pasos eran más cortos y casi vacilantes. La mano de Yuuri aflojó el agarre también.

Sus ojos se cruzaron con los de Yuuri.

Yuuri…está avergonzado de sostener mi mano. Piensa que otras personas nos verán –cosa que harán. Wolfram suspiró para sus adentros y lo soltó, para sorpresa de Yuuri. Wolfram lo ignoró. Caminó con una seria expresión y con sus manos detrás de su espalda. Puede que no sea bueno que los soldados y los guardias me vean tan cariñoso, tan débil. Si lo pienso detenidamente, la verdad es que no tengo pasado con Yuuri. Todavía se siente como si recién lo hubiese conocido. Estamos yendo muy rápido, también.

El pelinegro caminó dentro del castillo, tratando de esconder su desconcierto. Wolfram me soltó antes. No es como si estuviese pensando en ello…pero… ¿Por qué me soltó antes?

-¿Te sientes bien? –preguntó Yuuri, sin reducir su paso.

-Sí, -respondió Wolfram, alisando su uniforme mientras tomaba su ritmo rápido habitual.

Mientras Yuuri y Wolfram caminaban por el vestíbulo, el dorso de sus manos ocasionalmente se tocaban. La primera vez, el rubio pensó que fue un accidente. Según el protocolo, él no debería caminar al lado de Yuuri. En cambio, tenía que caminar varios pasos detrás de él como muestra de respeto. Pero, cuando reducía el paso, notaba que también lo hacía Yuuri, y entonces sus manos se rozaban de nuevo.

Cuando llegaron a la habitación, Wolfram miró alrededor como si nunca antes hubiera estado ahí. Sus ojos esmeraldas parecían memorizar todo. Fue entonces cuando Yuuri entendió.

-¿Es diferente la habitación a la que recuerdas?

Wolfram se encogió de hombros en respuesta, fue hacia la ventana y la abrió. Entonces, dio la espalda a la ventana, mirando a todo de nuevo, no podía evitarlo. Sus ojos memorizaban la habitación una vez más.

-Siento como si hubiese pasado años desde la última vez que estuve aquí. Antes de que vengas, mi madre no usaba mucho esta habitación. Y, aún si lo hacía, lucía muy…bueno…fuera de mi gusto, por decirlo de alguna manera. Nunca nos pusimos de acuerdo en la decoración. –Miró hacia otro lado. –Pero, perdí tres años, -dijo y se sentó en el borde de la cama, en el lado de Yuuri. El pelinegro cruzó los brazos sintiéndose un poco preocupado. No podía evitarlo. –Aunque, estaré bien, -agregó el rubio como conclusión.

Yuuri fue al armario y cogió sus ropas. –Tomaré un baño. ¿Quieres venir? –Se sorprendió cuando Wolfram respondió con una negativa. Tampoco se movió de su posición.

-Oh…bueno…-Yuuri le lanzó una última mirada de preocupación antes de dejar la habitación.

Por lo general, Yuuri tomaba al menos cuarenta y cinco minutos en el baño para fregarse y relajarse de sus problemas. Pero, esta noche, su mente seguía dirigiéndole a Wolfram y cuan perdido parecía. Así que, Yuuri terminó en menos de veinte minutos. Y, pronto, estuvo de regreso a la habitación con una toalla cubriendo su cabeza y frotándola para quitas el remanente de gotas húmedas.

Empujó cuidadosamente la puerta y vio a Wolfram sentado en el mismo punto de la cama con un camisón rosado y con volantes.

-Wolfram. –El nombre le salió con una risilla. Ya había pasado un tiempo desde la última vez que lo vio usando eso.

-¿Por qué sonríes? –dijo Wolfram, entrecerrando los ojos esmeraldas.

-¿Está molesto? –refunfuñó Yuuri, súbitamente confuso. -¿Pasa… pasa algo malo? –El pelinegro se detuvo en su tarea de secar su pelo y se aproximó a su prometido.

-¿Qué puede estar mal? –Las rubias cejas estaban fruncidas y su boca tenía una mueca.

-Bueno, algo no está bien, -respondió Yuuri, rechazando la posibilidad de permitir a Wolfram meterle en una pelea. –Y me gustaría saber qué. –Sacudió la toalla húmeda y la colocó en una silla cerca del armario.

Le respondió el silencio.

-¿Estás molesto porque tomé un baño sin ti? –Yuuri se sentó en la cama a lado de Wolfram. –Yo te ofrecí…venir conmigo. Al menos, creo que lo hice. –Se rascó la cabeza, tratando de recordar el momento claramente. Luego, posó una mano en el hombro de Wolfram. Notó que el rubio se estremeció ligeramente y su mirada se oscureció aún más.

Oh, yo lo tengo… Inspiró ligeramente.

Lección de Vida número seis de Wolfram: Disfraza el dolor con rabia así no parecerás débil. Nadie ama a un débil.

-¿Wolfram?

-¿Qué? –Espetó Wolfram.

-¿Dónde te duele?

Los ojos esmeraldas se ensancharon en dirección al pelinegro. Abrió su boca para hablar pero la cerró bruscamente de nuevo. Todo era tan difícil.

Yuuri se inclinó cerca a su oído. –Contéstame.

Los ojos verdes se suavizaron con sus palabras. –En todo el cuerpo.

Yuuri se sentó cerca de Wolfram y recorrió con sus ojos el cuerpo del rubio. No vio sangre ni morados. –Explícate.

Cuando Wolfram no comenzó a recitar una lista de quejas, Yuuri se inclinó hacia él de nuevo y lo miró directamente a los ojos. –Dime, -pidió sinceramente. –No es una debilidad. Sólo dime.

El rubio suspiró y cruzó los brazos, pero el movimiento era tieso y doloroso. –Suena como a quejarse por nada.

-Nunca antes te detuvo.

Mirada asesina.

-Viví contigo durante tres años. Así que te conozco, -explicó Yuuri, moviéndose aún más cerca. Ahora, estaban sentados lado a lado, cadera con cadera. Y, para su sorpresa, estaba mirando a Wolfram… ¿retorcerse? Que raro. –Entonces, ¿me vas a responder o qué?

Wolfram bajó la cabeza en derrota, sus ojos brillaban por resistir el dolor. –En realidad no duele en todo el cuerpo. –Wolfram se miró. –Siento como si mis huesos duelen. Mis piernas palpitan. También me duele mi costado, no que no pueda manejarlo. –Volteó la cabeza con un humph, e hizo sobresalir su labio inferior.

-Bueno, tu lado duele por la herida de la flecha. Gisella dijo que te dolería un buen tiempo. –Tiró del dobladillo del camisón de Wolfram. –Aunque puedo ayudarte a resistir el dolor usando algo de magia curativa.

-No, -dijo el rubio rápidamente, sintiéndose avergonzado de él mismo.

-Levántate, entonces, -dijo Yuuri, no dejando lugar a Wolfram para replicar. Observó como el rubio se levantaba de la cama. Lo encaró para luego colocar una mano sobre la cabeza de Wolfram. Tomó las medidas de ambos. –Tenemos una estatura bastante parecido ahora, -murmuró Yuuri para sí.

-¿Y? –preguntó Wolfram, observándolo.

Tengo el mal presentimiento de que crecerá de nuevo mientras duerme, pensó Yuuri. Y le dolió tanto la última vez. Será mejor que me quede despierto con él tanto tiempo como pueda.

-Vamos a la cama. Y dormirás aquí. Sin discusión. –Yuuri estaba determinado y retiró las mantas para probar su punto. –Y, por cierto, este lado es el tuyo.

Wolfram sintió el calor en su cara. Asintió vacilantemente pero cumplió. Levantó un poco su camisón rosa, avanzó sobre la cama, y se deslizó entre las tibias mantas que se sentían suaves y limpias contra su piel. La cama se hundió un poco cuando Yuuri lo siguió de cerca.

El moreno se estiró ligeramente, agarró el borde de las sábanas, y las subió para taparlos.

Acomodando su cabeza contra las almohadas, Wolfram dijo: -Tu pelo huele a vainillas.

-Bueno, tú hueles a girasoles. Y, yo como que…lo extrañé…un poco. –Había una sonrisa en su voz cuando lo dijo.

Entonces, unos fuertes brazos sobresalieron de detrás de Wolfram y lo agarraron alrededor de la cintura, empujándolo más cerca de un par de pijamas azules.

-¡Yuuri! –dijo quedamente. El corazón del rubio comenzó a acelerarse. Esta no era la primera vez que Yuuri le hacía esto.

-¡Shh! –susurró juguetonamente en su oído. -¿Quieres que todo el castillo nos oiga?

Wolfram podía sentir sus cuerpos juntos. Estaban curvados y el cuerpo de Yuuri estaba tibio contra su espalda.

-No te hagas ninguna idea, -murmuró Wolfram, -porque esta noche no me siento así de bien.

-Sí, querido. Esta noche tienes un dolor de cabeza. –Hubo otra risa breve cuado el pelinegro se rió de su propia broma.

-¿Qué? Oh, ¡no habrás querido decir eso!

-Vale, vale…está bien, -concedió Yuuri. Agitó su mano y todas las velas en la habitación se apagaron.

En la oscuridad, Wolfram mordió un poco su labio inferior. En lo profundo de su interior, habría deseado un poco más de protesta por parte de su nuevo prometido. Y a una parte de él le habría encantado hacerlo. ¡Sólo un poquito! Pero, en cambio, decidió cerrar los ojos y tratar de dormitar. Entonces, sintió la cabeza de Yuuri presionar contra la de él, compartiendo la misma almohada pero los brazos lo liberaron. Una voz susurró, -olvidé que te dolía. No debí ser tan rudo contigo. –Wolfram agarró los brazos de Yuuri y los forzó a volver donde estaban.

-No soy un debilucho, -murmuró.

-¿Qué fue eso, Wolf?

-Oh, es 'Wolf' ahora, ¿eh? Estás muy valiente esta noche.

-¿Qué fue eso, Wolfy?

-¡Urg! Suenas como mi madre…

-Entonces, ¿qué dijiste? Puedo dormir solo, sabes.

-Yo…ummm…

-¿Y bien?

Hubo un momento de silencio mientras Wolfram velaba la muerte de su dignidad. –Dije… sostenme…por favor…


Muchas Gracias por los comentarios. *sonrisa de oreja a oreja*

Espero seguir contando con ellos, ya saben que acepto de todo excepto insultos a mi persona.

¡Hasta la próxima!

-Kotori-