por ti, para ti. I love you so... Thomas.
Tantas noches he llorado hasta dormir
Ahora que me amas, me amo
Nunca pensé que diría eso
Nunca pensé que existirías.
Capitulo 15
Toda la gente que quiere se va
*
Al otro día me desperté yo antes que Bella. Aun no salía el sol completamente, eran como las 5:30 de la mañana.
Observe a Bella dormir plácidamente, notablemente incomoda con las escayolas apretando su brazo y pie. Su cabello estaba desordenado y enmarañado, ella lo encontraría horrible, pero yo lo veía hermoso y natural, tal como Bella.
Suspire, preguntándome porque razón fui tan afortunado.
La observe dormir como si fuera la obra de arte más cara y preciada del mundo. Todos sus movimientos, su cara tranquila y sus labios entre abiertos, tan adorable y dulce. Amaba ese calor que ella dejaba en mi cama, su aroma en mi almohada.
Definitivamente esperaba que siempre fuera así.
Me levante con cuidado para no despertar a Bella, sabiendo que era imposible que me volviera a quedar dormido.
Bese la frente de Bella antes de ir al baño y darme una ducha. Cuando Salí ya vestido del baño Bella seguía durmiendo, pero ahora ocupando mi lado en la cama y abrazando mi almohada. Sonreí ante la adorable imagen y me dirigí a la cocina para desayunar algo. Llame a Carlisle para explicarle lo de el chupón de Bella, sabiendo que si esta sabia me mataría. Carlisle me entendió y me dijo que le haría un examen de orina que era muy efectivo, si efectivamente la habían… -todavía me costaba decir esa palabra- si hubieran abusado de ella en su orina abrían rastros de semen. Le diría que era de rutina para no preocuparla, aunque no estaba de acuerdo con mentirle el también estaba preocupado por lo que pudiese haberle pasado. Bella se enojaría mucho con migo si supiera esto, pero prefería asegurarme de que no le había pasado nada peor, y si así era, mataría con mis propias manos al desgraciado. Agradecí a Carlisle y corte la llamada.
Estaba preparando el café mientras llamaba a mi trabajo con el móvil apoyado entre mi oreja y mi hombro.
-¿Hola? –Pregunto la voz de mi jefe-
-Señor Weenks –salude formalmente.
-¡Eh Edward! –Saludo este amigablemente -¿Cómo estas hombre?
-Bien, bien. ¿Y usted? –pregunte mientras ponía azúcar al café.
-Bien. Ahora dime que necesitas chico –Si algo me gustaba del señor Weenks es que era la persona más amigable que conocía, entendía las situaciones y parecía más un amigo que un jefe.
-Bueno, llamaba para preguntarle si era realmente necesario que fuera hoy. Mi novia ha tenido un accidente y bueno… me complica dejarla sola. Además tengo todos los planos listos y se los envié por email a Tyler, pues había tenido tiempo de hacerlos antes –termine, esperando una respuesta positiva. No me equivoque.
-Oh, entiendo. Ya me preguntaba yo cuando seria que te tomarías un descanso. Eres demasiado trabajólico hasta en tu casa, Edward. –se rio –No te preocupes, yo le pediré los planos a Tyler.
-¡Papi, Papi! –entro Maddie llorando a la cocina con la muñeca que Bella le había dado en el brazo. Se acerco hasta mí y se abrazo a mi pierna.
-¿Qué sucede cariño? –pregunte preocupado, agachándome a su altura. Maddie solo lloro
-Veo que tu hija te necesita –escuche al otro lado del teléfono –No te preocupes por nada Edward. Que tu novia se recupere pronto y llámame si me necesitas algo.
-Muchas gracias Sr. Wennks –estaba realmente agradecido con sus palabras –Que este bien, saludos a su esposa. Adiós.
-Adiós Edward –corte la llamada rápidamente y abrase a Maddie.
-¿Qué sucede preciosa? –pregunte, cogiéndola en brazos y sentándola en la mesa de la cocina frente a mí.
-yo… yo tuve una pesadilla –hipo. Acaricie su cabello y seque sus lagrimitas. -¡Bella de nuevo estaba ahí! –me dolió el estomago al oír eso. La última pesadilla de Maddie con Bella fue exactamente lo que paso en el hospital…
-¿Qué soñaste, pequeña? –pregunte
-Ella… yo la vi el día del callejón. –sollozó y sorbió su nariz –Antes de que llegáramos. Ella iba caminando con bolsas de supermercado por ahí, estaba oscuro. –hizo una pausa y abrazo su muñeca –Un hombre salió de detrás de un basurero. Era alto, moreno, ojos cafés… tenia el cabello largo tomado en una coleta. Bella no lo vio, no lo quiso mirar y siguió caminando, pero el hombre la jalo del hombro y la golpeo en el estomago. Las bolsas se le cayeron de las manos y cayó al suelo débil. El hombre la siguió golpeando mientras ella gritaba hasta que sus ojos se cerraron, luego de eso el tipo la observó un rato –Maddie delataba con voz adulta, yo estaba totalmente sorprendido ante su mirada, sus ojos se habían oscurecido tal como cuando buscamos a Bella. Eran los mismos ojos azules de Tanya... –El se sentó sobre ella… y… y empezó a besarla en la boca- hizo gesto de asco con su boca infantil. Apreté los puños –Luego le beso el cuello, algo hacia porque se demoraba… yo… y yo vi cuando el le abría el botón de los pantalones –Me quede de piedra. Una niña no debía soñar con eso… ella… ¡no! –pero no pudo, porque en ese instante se oyó el sonido de la policía. El movió a Bella hasta un rincón asustado y luego salió huyendo, pero la policía no iba hacia ellos, solo paso por la calle. –Los ojos de Maddie se pusieron celestes, su color natural –Yo… me desperté –murmuro –fue feo, muy feo papi –sollozo.
Yo estaba un poco sorprendido y un poco enojado. Pero no podía enojarme por eso… era solo una pesadilla en la cabeza de una niña de 4 años. Si, era solo eso. Pero algo en mi me decía que la pequeña tenía razón, que ella había soñado lo que había pasado ese día con Bella. ¿Pero cómo? No había explicación para eso.
-Ya cariño –abrase a Maddie y bese su frente –Fue solo una pesadilla. Bella está bien, amor. Está en la cama –sonreí, intentado tranquilizarla.
-¿Puedo ir a dormir con ella? –pregunto.
Asentí –Claro cielo. ¿No tienes hambre? –pregunte.
Ella negó con su cabecita –Bien, vamos a la cama –sonreí y la tome en brazos para llevarla a mi habitación. Bella se encontraba en la misma posición que antes. Coloque a Maddie a su lado y la arrome, bese su frente –duerme un ratito mas cielo.
-Te quiero Edward –dijo y beso mi nariz con ternura y luego cerro sus ojitos.
Me sentí el hombre más feliz de la tierra en ese instante. Una novia hermosa, perfecta, dulce y buena y una casi hija tierna y adorable. No podía pedirle más a la vida.
Aunque su sueño me dejaba bastante intrigado.
Bella Pov.
Desperté abrazada a algo pequeñito. Pensé que era la almohada pero al abrir los ojos me di cuenta que era Maddie quien dormía acurrucada a mí. Sonreí y bese su mejilla. Justo en ese instante entro Edward a la habitación con una bandeja en la mano. Me sonrió y se acerco hasta a mí, dejando la bandeja en la mesita de noche.
-Buenos días, amor –saludo besando levemente mis labios.
-Buenos días –sonreí –¿Cómo llego esta pequeña aquí? –pregunte, acariciando la mejilla de Maddie, quien aún seguía dormida.
-Quería dormir contigo, tuvo una pesadilla –supe que Edward me escondía algo por su mirada, alce una ceja –luego te cuento, ¿Vale? –pidió.
Asentí preguntándome que habría soñado la pequeña para que Edward se viera así de preocupado. –Claro.
La mañana paso más rápido de lo previsto. Maddie se despertó y desayunamos los tres juntos en la cama de Edward, como una verdadera familia.
Ya eran las tres de la tarde y yo me estaba desesperando en esta cama, rogaba a Dios que estas tres semanas pasaran rápido, me estaba desesperando de a poco.
Alice llego en la tarde y me ayudo a ducharme. Se lo agradecí, me sentía asquerosa, aunque debo admitir que fue todo un caos intentar meterme a la ducha con bolsas cubriendo mis extremidades izquierdas para que no se mojaran. Había olvidado completamente preguntar por la pesadilla de Maddie. No le di importancia, total, eran solo pesadillas de una pequeñita.
--*
Y así paso el tiempo, yo acostada refunfuñada y Edward cuidándome como si fuera una princesa. Yo se lo agradecía, pero me sentia mal sin poder hacer nada por el. Así que hoy, el día en que me quitaban el maldito yeso estaba más que agradecida.
Entre mis planes sin estas escayolas estaba pasar rápidamente a una librería. Mis pobres y amados libros ya estaban quedando hecho polvo, estaban tan antiguos y gastados que a Edward le dio pena y me trajo nuevos libros bastante buenos, los cuales le agradecí en el alma, ya que no podía moverme mucho de la cama tenía mucho tiempo libre para leer.
Josh me llamaba a menudo, adoraba a ese hombre, me recordaba tanto a mi tío. Se preocupo mucho por mi y cada día me llamaba par contarme como iban las cosas, y me dijo que Black había sido denunciado por violar a una mujer en no sé qué lugar, la verdad no quise seguir oyendo, me dio asco.
-¿Emocionada? –pregunto Emmett mientras me alzaba en sus musculosos brazos para colocarme en la silla de ruedas tan odiada. Estaba de más decir que los Cullen eran fantásticos. Esme se preocupaba tanto por mí que más de una vez llore agradecida, el Dr. Cullen y ella eran fantásticos. Emmett y Jasper rápidamente se habían ganado mi corazón, eran tan buenos amigos. Emmett era bromista y alegre, novio de Rosalie la que estaba más que enamorada de el. Era impresionante como la modelo diva que parecía ser en las revistas, había pasado a la chica adorable en cada sesión fotográfica. Emmet estaba orgulloso de su chica, y cada vez que ella hacia una sesión de fotos aquí en Londres Emmett babeaba por ella y odiaba a cualquier hombre que descubriera siendo deslumbrado por Rose.
Jasper y Alice eran otra historia. Jamás había visto a mi pequeña amiga tan enamorada como ahora. Ella miraba a Jasper con una ternura que no me atrevía a observar, me sentía interrumpiendo un momento intimo. Jasper era risueño y tímido, pero muy encantador. Lograba tranquilizar a Alice cuando nadie nunca pudo hacerlo. Emmet generalmente se burlaba de el por eso, haciéndonos reír a todos.
Edward y yo éramos tan unidos que parecíamos siameses. A mí me encantaba estar con él y me daba lo mismo estar en el desierto si estaba con él a mi lado, completaba de una forma tan hermosa mi corazón que cada movimiento de él era algo nuevo para mí, una sensación hermosa y desconocida.
Pero también hacia que mi cuerpo tuviera sus propios pensamientos. ¿Cómo no si estas junto a un chico tan hermoso y perfecto? Me sonrojaba con un solo tacto de su piel, un beso o una caricia, me hacia desearlo mas y mas, pero no podía con estas escayolas a mi cuerpo. Pero ya la necesidad era mucha, en cualquier momento sufriría una combustión espontanea y me dejaría en vergüenza.
-Claro que sí, quiero que me saquen esta maldita cosa –murmure.
Emmett me coloco en la silla con una risa estruendosa –yo creo que mi firma le da un toque bastante sexy
Una idea estúpida de Emmett: firmar mis escayolas. ¡Todos tenían sus firmas ahí! Hasta Esme y Carlisle. Edward había dejado que Maddie escribiera a duras penas su nombre en la de mi brazo, haciéndonos reír ante la letra infantil en mi escayola.
Me reí de su estupidez y comenzó a arrastrarme hasta el salón mientras yo alisaba un poco mi pelo con mis dedos. Alice me había maquillado y peinado, y para estar en una silla de ruedas me veía bastante guapa.
Edward estaba parado en la sala ordenando unos papeles, me sonrió cuando me vio –Gracias, Emmett –Emmett asintió y golpeo el hombro de su hermano.
-¿Nos veremos en la noche? Emmett y yo tenemos que ir a una sesión de fotos para una revistas –Rose suspiro, derrotada –Si Emmett no me acompañara estaría volviéndome loca en este instante.
Alice se rio y revoloteo por los alrededores -¡Noche de películas! –exclamo saltando y aplaudiendo –Yo la elijo y traigo la peli, Emmett y Rose traen los refrescos y Edward y Bella las palomitas, Jazzy y yo traemos pizzas –repartió.
Todos asentimos animados y Edward se acerco a mí y beso mis labios -¿Vamos?
Asentí, dichosa de que por fin me sacaran estas cosas. Los chicos se habían reunido aquí solo para acompañarme, eran realmente dulces.
Entre los tres hombres me bajaron en la maldita silla por las escaleras, ya que el ascensor estaba descompuesto. Me morí de la vergüenza y mi cara estaba roja como la de un tomate. Emmett se reía a cada rato de mi y fui objeto de burlas los siete pisos que bajamos.
-Bueno, aquí nos separamos –se despidió Rose.
Todos nos despedimos y cada uno siguió su camino, quedando en juntarnos en la noche.
Edward me acomodo en el asiento de atrás junto con Maddie y doblo la silla para meterla en el maletero –No te molestes, a penas ponga mis dos pies en la tierra quemare esa maldita silla –me cruce de brazos.
Edward se rio –como quieras, cariño.
Maddie se dedico a entretenerme todo el camino al hospital con sus cosas infantiles, era una niña encantadora.
Llegamos rápidamente al hospital y de nuevo tuve que subirme a la silla. No me gustaban los hospitales y los había evitado desde que me paso esto… había venido solo a hacerme unos exámenes de rutina que Carlisle me había ordenado hacer. Cuando llegamos al despacho de Carlisle este nos recibió sonrientes.
-¿Emocionada? –pregunto al igual que Emmett mientras me cortaba la escayola. Sonreí satisfecha al ver mi pie.
Me reí –Claro que si. ¡Ya deseo caminar con mis dos pies! –Carlisle y Edward se rieron, mientras Maddie jugaba con el estetoscopio de Carlisle y este la miraba embobado.
Edward los miro -¿La futura doctora de la familia? –bromeo.
Carlisle se rio –Ojala. Ya que con ninguno de mis hijos me resulto… -Edward y yo nos reímos
Es verdad, ninguno fue medico como Carlisle. Emmett era Ingeniero Comercial y ejercía de Gerente General de una empresa de automóviles que era bastante reconocida. Era extraño imaginar al oso Emmett de gerente, cuando me lo dijo casi no me lo creo. Alice era Diseñadora y Edward Arquitecto. Bueno, y Jasper que era casi de la familia porque sus padres murieron era Arquitecto como Edward, ambos se llevaban muy bien por eso mismo.
Cuando por fin me hubo sacado ambos yesos quería saltar de alegría, pero me contuve porque Carlisle me había dicho que tuviera calma o me podría de nuevo las escayolas, cosa que no quería.
-Veamos. Apoya tu pie en el piso –ordeno Carlisle. Obedecí en seguida ante la mirada atenta de mi suegro-doctor. Gracias a Dios no sentí ninguna molestia, parecía que nunca me hubiesen puesto la maldita escayola, salvo por lo blanca que se había puesto mi piel bajo esta. –Bien. Ahora tú brazo –tomo mi brazo y comenzó a examinarlo con el seño fruncido. No me dolía nada, me sentía completamente bien.-Bueno, al parecer esta mejor de lo que pensamos –Carlisle sonrió.
Me reviso las costillas y como vio que todo andaba bien me dejo irme a casa. Casi lo estrangulo del abrazo que le di antes de irme, agradecida.
Tome a Maddie de la mano y Salí sonriente del hospital, olvidando completamente a Edward. Solo me di cuenta que no estaba junto a mí y a Maddie cuando llegamos al carro y yo no tenía llaves.
-¿y Edward? –pregunte a Maddie. Ella se rio y me apunto atrás. Ahí venia Edward, muy atrás de nosotras.
Cuando llego a mi lado se hizo el ofendido –Te has olvidado de mi. –regaño.
-Lo siento, fue la emoción –Bese sus labios y el sonrió -¿Vamos al supermercado? Tengo que comprarle cosas a Maddie y comida para la casa, no hay nada en la nevera –fruncí los labios ante la mirada divertida de Edward.
Edward me observaba embobado y un poco sorprendido, creo. No entendía que le pasaba hasta que repase mis palabras mentalmente. Me sonroje, había dicho todo como si fuera mi casa también, siendo que no era así. Habíamos quedado en que me quedaría en su casa solo hasta que me quitaran las escayolas. Es que vivir con Edward se volvió algo tan natural para mí como leer o escribir, como si siempre hubiésemos vivido en la misma casa. Quizás Edward pensaba que me estaba aprovechando… ¡pero juro que fue inconsciente!. Es que quizás me estaba acostumbrando a la idea de dormir en su cama y convivir con él a diario, mi departamento debe estar lleno de polvo.
-yo… yo lo siento –me sonroje furiosamente y mire el piso –Es decir… me he alimentado de tu comida y tu no me has recibido dinero –me cruce brazos.
Maddie se había subido ya al auto y Edward aprovecho para acorralarme entre el auto y su cuerpo, deslumbrándome con su perfecto rostro y sus ojos esmeraldas.
-Me encantas cuando hablas así, Bella –murmuro Edward en mi oído, demasiado, demasiado sexy, aturdiéndome. Sus ojos se encontraron con los míos –Yo no quiero que te vayas. –Edward acerco sus labios peligrosamente a los míos sin rozarlos, aturdiéndome –Quédate con nosotros, por favor… -y me beso dulcemente, sin profundizar el beso. Mis pensamientos estaban bloqueados aun cuando se separo de mí.
-Yo… -pensé unos instantes, cuando fui viendo que la cara de Edward pasaba de la alegría a la tristeza –Me encantaría, amor –sonreí, Edward se ilumino –pero… ¿Realmente no te molesta? –pregunte. Edward negó rápidamente con la cabeza, aun con mirada iluminada- ¿Y mi departamento? –Edward suspiro.
-Calla, Bella –dijo y me beso con fiereza, apretándome fuertemente en la puerta del auto. Gemí cuando su lengua hizo contacto con la mía, olvidando completamente que estábamos en el estacionamiento de un hospital, lo bese con urgencia y el atrajo mi cintura hacia el. Sonreí cuando nos separamos. -¿Entonces es oficial? Isabella Swan vivirá con Edward Cullen y Maddeline Denali –murmuro él, con los ojos soñadores.
Asentí, no pidiendo decir que no. –Tienes que ayudarme a arrendar mi apartamento si quieres que viva contigo. –me reí -¿Qué diría Charlie? Tres meses viviendo en un país extraño y viviendo con un chico que conocí hace tres meses –El se rio –me mataría –el me beso de nuevo.
-Nos mataría a ambos –sonrió. Hubo un rato de silencio –Te amo, Bella –dijo muy cerca de mis labios, mi cabeza daba vueltas.
-Yo también te amo, Edward Cullen –lo bese lentamente.
¿Recuerdan lo de la combustión espontanea? Oh, la estaba sufriendo en este mismo instante en un lugar público. Así que pare el beso antes de que le sacara a tirones la ropa a Edward frente de gente y Maddie. Edward estaba igual que yo, ambos nos sonrojamos.
-¿Vamos? –pregunto él, nervioso.
-Eh… si… claro –tartamudee y me subí al auto.
Esperaba que la película me distrajera un poco de mis alborotadas hormonas, mas ahora que viviría con Edward Cullen.
En silencio nos fuimos en el auto y Edward manejo directo al supermercado. Baje a Maddie del auto quien iba cantando una canción infantil y cogimos un carrito de compras.
-Es lindo esto –murmure. Edward me miro confundido –No se… venir a las compras con una pequeñita realmente parecida a nosotros, que no es nuestra hija, contigo a mi lado –lo mire a los ojos con ternura –me hace sentir bien. Como una familia
Edward me observó unos segundos con ternura y detuvo su marcha. Tomo mi cara entre sus manos delicadamente –Te amo –murmuro, antes de besarme con una ternura infinita, un amor que me hizo tiritar hasta la punta de los pies.
-Yo también –dije al separarnos. Edward tomo mi mano y con la otra condujo el carrito, Maddie iba delante de este mirando algunas cosas.
Compramos todo lo necesario para la casa, comida y útiles de aseo, también cosas para asear la casa. El carrito estaba bastante lleno. Compre las colonias y cremas para Maddie y algunas cosas extra. Edward estaba viendo las palomitas para llevar cuando yo recordé algo.
-Ya vengo –sonreí. Edward asintió y Maddie jugueteaba a su lado. Camine por los pasillos hasta llegar a los chocolates. Ahí, frente a mi brillaban los chocolates Val D'costa. Tome cuatro cajas- soy muy golosa - y me entretuve viendo algunos caramelos que decidí llevar para Maddie.
De pronto escuche unos pasos rápidos hacia mi -¡¿Bella?! –exclamo Edward asustado. Lo mire sin entender, venia solo. Observó a mis lados -¿Maddie no esta contigo?
-¿Qué?-pregunte –No –respondí. La desesperación en la cara de Edward me hizo desesperarme también. Deje los dulces en el carro y tome su cara en mis manos.
-Edward, estamos en un supermercado, no pasara nada. Busquémosla –ordene. El asintió y dejo el carro ahí y ambos comenzamos a correr por los pasillos.
20 minutos buscandola. Edward se separo de mi para llamar a los guardias, realmente parecía desesperado. Yo no estaba mejor, pero el hecho de estar en un recinto cerrado me dejaba más tranquila, pero ya me estaba desesperando. La buscamos en todos, todos los pasillos y no lograbamos encontrarla, esperaba encontrarla pronto.
Mientras la desesperación se apoderaba de mi camine en el pasillo de los congelados cuando escuche un llanto de algún pequeño. Lloraba desconsolado y eso me hizo correr hasta donde venia su voz.
Corrí rápidamente al pasillo de las pastas cuando vi a Maddie sentada en el piso llorando y una señora cuarentona frente a ella, intentado consolarla.
-¡Maddeline! –grite, entre desesperada y asustada corriendo hasta el lugar. Maddie al verme se puso de pie lentamente. -¡Mi amor! –La abrace entre mis brazos y la alce –Cariño, no vuelvas a hacernos esto.
-Es usted muy irresponsable. ¿Cómo se le pudo perder la pequeña? Debió haberlo pensado antes de quedar embarazada tan joven –dijo con desprecio la señora que estaba en frente mío, observándome como si fuera una basura.
¿Pero qué putada? ¿Ella me estaba diciendo a mi irresponsable, diciéndome como hacer las cosas?. La sangre hirvió en mí ante esta señora, perdón, vieja loca. ¿Nunca se la habrá pedido de casualidad un hijo?.
Creo que mis ojos destilaban toda la furia que sentía –Disculpe señora, usted no es nadie para decirme a mí como cuidar a mi hija. Agradezco que no la haya dejado sola, pero no significa que deje que me insulte como madre. Cuide lo que hace, no vaya a ser que alguien la golpee por metiche, y créame, lo haría si no fuera porque tengo a mi bebe en brazos –La mujer abrió los ojos. –métase en sus asuntos, y espero no volver a verla. –Abrace mas a Maddie contra mi pecho y me voltee para caminar hacia el pasillo de los congelados –Maldita bruja-murmure, molesta. –Cariño, ¿Cómo estás? –pregunte. Ella asintió con su cabecita, abrazándose a mí como si la vida dependiera de ello –Cielo, nunca debes alejarte de Edward cuando estés en un lugar tan grande. Ni de Edward ni de mi, ¿entendido?. –Ella asintió con la cabeza nuevamente –No lo vuelvas a hacer. Nos preocupaste mucho –sentía como mi corazón volvía a latir al tener a Maddie en mis brazos.
-¡Bella, Maddie! –grito la voz de Edward a mis espaldas. Me gire para verlo correr hacia nosotros con dos guardias siguiéndole. El llego hasta nosotras y nos abrazo a ambas –Diablos, Maddie, no vuelvas a hacer eso –regaño Edward.
A Maddie se le llenaron los ojos de lágrimas y asintió, Edward me la arrebato de los brazos y la abrazo –Cielo, ¿No ves que no podrían vivir si algo malo te pasara? Nos tenias muy preocupados –Edward suspiro, mirándome -¿Dónde estaba?-pregunto.
-Con una bruja en el pasillo de las pastas –murmure. Edward me miro dudoso pero no pregunto.
Se giro hacia los guardias –Gracias, pero ya la encontramos –sonrió tranquilo.
Los guardias asintieron –Se nota que es su hija, se parece mucho a ambos –comento el mas moreno. Luego sin decir más, se marcharon.
Edward y yo nos miramos sorprendidos, observando a Maddie y al otro cada segundo. Termine sonriendo y el también, tomo mi mano y con la otra apretó a Maddie a su pecho. Cogimos el carro que habíamos dejado abandonado en un pasillo
-Perdón –murmuro Maddie secando sus ojitos -¿No me dejaran verdad? Me he portado mal, pero prometo nunca más hacerlo –La pequeña sollozaba.
Me enternecí, ¿Por qué pensaría que la abandonaríamos –Ven aquí, mi amor –La tome en mis brazos y Edward me sonrió agradecido –Nunca te dejaríamos sola, cariño. ¿Por qué piensas eso?-pregunte.
-Porque toda la gente que me quiere se va. Primero se fue mi abuelita, luego mama y James, ellos me querían y se fueron. No quiero que ustedes se vayan –Murmuro con su voz infantil rota. Edward y yo nos miramos sorprendidos.
-No Maddie, nosotros nunca te dejaremos –respondió Edward, sonriéndole con dulzura.
-Pero…-la pequeña lloro.
-Nada de peros, preciosa. No temas, siempre estaremos contigo. Los dos –sonreí, besando su mejilla.
Maddie tomo mi mano izquierda y la derecha de Edward con sus pequeñas manitos -¿Lo prometen? –sus ojos azules brillaron.
-Lo prometo –dijimos Edward y yo al mismo tiempo.
Ella sonrió y se abrazo a mí y a Edward -Los quiero –murmuro.
Ambos sonreímos y besamos sus mejillas, oímos las risas de una señora que paseaba por ahí y nos miro con ternura.
-Vamos a casa, preciosas, ahora que Bella está bien dejaremos de comer la comida de Alice –Edward casi saltaba mientras nos pusimos en la caja.
Fruncí el ceño, sin entender-lo que me daba Alice era exquisito –murmure.
-Porque compraba la comida, pero a veces nos cocinaba y créeme, es un asco en la cocina. Yo me compadecía de ti y te daba la comida que compraba, pero Maddie y yo sufrimos las consecuencias –Edward hizo cara de asco.
Me reí –Bueno, cuando viviamos juntas siempre cocinaba yo. Cocinare rico para ustedes desde ahora en adelante.
-¿Te quedaras con nosotros, Bella? –preguntó Maddie esperanzada desde mis brazos.
Mire a Edward y ambos sonreímos –Si mi amor –respondí, a ambos.
He vuelto!! Para que veaan que mi reegreso es real. :D
Bueno, no hay mucha accion en el Cap, pero algo me dice que no le ponga mucho Drama a esta historia... quiero hacerla dulce, no con tantos problemas.
Pero aun no se lo que mi loca cabeza me traiga, asi que no les prometo nada.
Bueno, me he dado cuenta que muchas me han abandonado :( Lo se, lo siento, me lo meresco.
Pero ya no recibo tantos reviews como antes y bueno... eso me deprime un poco.
En fin, agradesco cada review que me enviaron, gracias a cada una que dedico un segundito de su tiempo escribiendo alguna cosa.
Please, diganme si les gusto el cap o si no, pero vean que DEVERDAD VOLVI; Y NO ABANDONARE ESTA HISTORIA.
Gracias & Besos, espero sus reviews.
Pk.-*
