Porque estoy destrozada cuando estoy sin ti
Y no me siento lo suficientemente fuerte
Porque estoy destrozada cuando estoy sola
Y no me siento bien cuando te vas
Capitulo 22
¿Qué fue eso?
Edward Pov.
Me sentía asquerosamente insignificante. Me había desmayado fuera del apartamento de Bella por no comer, maldita sea, si no tenía hambre, no sentí molestias, ni cuenta me di cuando todo se fue a negro.
Pero eso no fue lo terrible, lo peor fue ver el rostro de Isabella tan cerca del mío y no pude hacer nada por ella. Cuando abrí los ojos reconocí enseguida el apartamento de Bella y me sorprendí al ver su cara llena de preocupación tan cerca de la mía.
Una parte de mi temía que me dejara de querer, que dejara de amarme de un día para otro, pero sabia en parte que no era posible, si de algo estaba seguro es que ella me amaba como yo a ella. Pero la Bella que me ayudo a beber un vaso de agua azucarada era una extraña, pálida y opaca, sin ese brillo de alegría que tenia comúnmente.
Y me sentí culpable, porque yo fui el que provoco eso.
Y cuando intente pedir disculpas su voz era extraña, ronca y casi muerta. Eso me mataba lentamente.
Ahora estaba en mi apartamento solo, los chicos se habían ido después de obligarme a comer a la fuerza, la que no tenía ganas de probar bocado.
Maddie salía de su habitacion solo para comer e ir al baño, me ignoraba y pasaba por mi lado como si no existiera. Eso también me afectaba mucho, las dos personas que mas amaba en la tierra estaban enojadas con migo. Al menos mi madre –que había cuidado a Maddie en la ausencia de nosotros –había subido el ánimo de la pequeña con su dulzura.
Suspire y bebí un trago de Whisky, esperando emborracharme luego para no recordar nada. Pero teniendo una infante en casa no podía emborracharme, así que luego de un vaso escondí la botella para mi propio bien, intentando creer que no sabía donde la había metido.
Estúpido, lo sé.
El reloj marcaba las dos de la mañana y yo buscaba en mi cabeza alguna forma de solucionar esto luego, pero no se me ocurría nada.
En ese momento una sensación extraña me invadió, yo reconocía esa sensación.
Un suspiro ajeno lleno mis pensamientos y un triste sollozo convertido en hipo se oyó en mi cabeza. ¿Qué fue eso?, fue la primera pregunta que se me vino a la cabeza. Tonto, porque yo sabía perfectamente que era eso, lo recordaba, lo sentía como antes.
¿Por qué en este momento ella envolvía mis sentidos, apareciendo en mi cabeza?
Sonreí a medias, dándome cuenta que aun teníamos esa conexión que se había perdido cuando estábamos juntos. Pero mi ceño se frunció en confusión, esa no era la imagen mental que quería de Bella, yo quería la risa de Isabella, no su llanto.
Deje caer mi cabeza sobre mi mano derecha mientras con la izquierda sostenía el vaso de Whisky, sintiéndome derrotado e impotente.
-Por favor, no llores –dije en voz alta, afligido. Un flash-back interno llego a mi memoria, cuando ella me dijo esas mismas palabras cuando deje el anillo en el borde del Támesis minutos después de haber cortado con Tanya. ¿Qué habrá pasado con ese anillo?
El silencio invadió mi cabeza y me asuste, pensé que me estaba volviendo loco. ¡Pero si yo la había oído!
-Oh, por favor, no de nuevo –susurro su voz rota en mi cabeza.
Era verdad, era cierto, ¡Ella podía verme como antes! ¡Quizás ahora mismo podía ver a través de mis ojos como antes! -¡Bella! –Dije con emoción en voz alta, sonriendo como idiota –Dios, ¿puedes verme? –pregunte esperanzado.
-¡No quiero ver eso! –chillo frustrada y llorosa.
Mi sonrisa se borro –Bella… por favor… -dije con voz débil y un nudo en la garganta.
-¡No, no y no! ¡Sal de mi cabeza, Cullen! –dijo esta mientras oía su llanto débil.
-No puedo… -susurre, cerrando los ojos con fuerza –Te amo, mi Bells –dije esperanzado en que me oyera –Fui tan estúpido….
-No soy tu Bells –interrumpió esta. Había descubierto que me oía y seguramente podia ver lo que yo veía, es decir, el vaso de Whisky entre mis manos. –Y si, fuiste un maldito estúpido –concluyo esta con voz más dura –No quiero oírte, no ahora.
-Yo… yo… -baje la mirada apenado –Lo siento.
No hablo, pero supe que ella seguía en mi cabeza hasta que el sonido de su respiración tranquila lleno mis oídos, o más bien mi cabeza. Ella se había dormido, cortando cualquier tipo de comunicación.
Me estire a lo largo del sofá cerrando los ojos con fuerza, mi brazo cubriendo mis ojos de la molesta luz de la ampolleta.
Era extraño volver a sentir lo de antaño, esa sensación de que tu mente se abría y darte cuento que tus pensamientos ya no son privados. Bueno, si lo eran, pero lo que veías o sentías no. Y no pasaba hace tanto tiempo… cuando no estábamos juntos.
Quizás era una extraña ley, cuando estábamos juntos no tenia visiones y yo no la oía, pues ambos nos uníamos como piezas de un rompecabezas. Y cuando no estamos juntos –como lo fue antes de conocernos personalmente –tenemos las famosas "visiones".
Me pregunto que significaría eso, nunca había oído alguna historia así, tan extraña. ¿Visiones? ¿Sueños? ¿Amor?. Nada era algo que se pudiera creer, pero yo lo hacía y Bella también y nos encantaba la situación, esos amores extraños que nos hicieron unirnos después de 23 años de vernos en sueños y viviendo a un océano de distancia.
Era real y esto era la vida real, y me imagino que para los otros sería difícil de creer, aunque admito que si yo lo oyera sin estar en esta situación, tampoco lo creería.
Y yo había hecho que todo eso se perdiera.
Suspire con cansancio y me bebí de un sorbo el Whisky del vaso, y luego cogi la botella que había pretendido olvidar y me serví otro, punzándome la cabeza de vez en cuando.
Justo antes de caer en el sueño de borracho se me ocurrió una idea fantástica para pedirle perdón a Bella.
Solo tenía que ir a comprar papeles y sacar alguno que otro certificado.
Desperté adolorido, la luz solar directamente en mis ojos y un dolor de cabeza infernal.
Ahí estaba yo, con el vaso de Whisnky en el suelo y la botella medio vacía en la mesa. Me levante del sofá sujetando mi cabeza en el proceso, un gemido de dolor salió de mis labios.
Lleve a duras penas las cosas a la cocina, borrando cualquier rastro de licor de los ojos de Maddeline, quien debía estar dormida.
El reloj marcaba las siete de la mañana y sentí una punzada de dolor al entrar a mi habitación y no ver a Bella dormida entre mis sabanas, con esa forma tan extraña de dormir, sacando un pie fuera y abrazando el cobertor.
Sonreí a medias y me metí al baño para ducharme. Me sorprendí al mirarme al espejo y verme tan desarmado, pálido y ojeroso, mis labios secos y mis ojos tristes. Negué con la cabeza y me metí a la ducha, evitando cualquier pensamiento triste en mi cabeza.
Sabía lo que tenía que hacer y hoy mismo me encargaría de que Bella supiera que de verdad la necesitaba, que necesitaba su perdón. Y si no podía pedirle disculpas personalmente lo haría de otra forma.
Salí del baño listo y prepare el desayuno para Maddie y para mi, llame a Alice mientras esperaba que la cafetera terminara de preparar café.
-¿Edward?-pregunto una adormilada Alice.
-Perdón por despertarte, hermanita –me disculpe. No había pensado en la hora.
-No te preocupes, justo estaba sonando el despertador –oí como Jasper se quejaba y apagaba en incesante ruido a través del teléfono –¿Qué pasa?
-Quería pedirte un favor. Necesito que hoy cuides a Maddie –dije mientras ponía el desayuno de Maddie y lo ponía en la bandeja –Tengo un plan para que Bella me perdone… pero necesito saber tu opinión…
Le conté mi idea y casi imagino Alice saltando en la cama. -¡Es fantástico!, dios no pensé que serias tan romántico –se burlo- Ahora mismo llamo a una imprenta. Estará todo listo en la tarde, pero primero debes hablar con Maddie…
Bella Pov.
Me desperté adolorida esa mañana.
Dos días habían pasado y yo ni cuenta me había dado cuando era día y cuando era noche. Había coleccionado más de 100 papeles que Edward había tirado bajo mi puerta, al parecer se había aburrido tras no recibir respuesta de mi parte y eso me daba un poco de pena.
Estaba pensando seriamente en dejar mi orgullo y perdonarlo, porque realmente me sentía a medias sin él.
Era extraño, era como si me faltara una parte para hacer las cosas. Además lo había visto tantas veces estos días –en mi cabeza, en distintas situaciones. En la cocina, en su dormitorio, observando a Maddie... etc, siempre angustiado-, su angustia me afligía y sabía que de verdad sentía todo esto. La cabeza me dolía cada vez que tenía una visión, habían sido más de las que he tenido nunca con él. Había llegado a la conclusión de que cada vez que tenía una visión con el chico era porque él estaba angustiado, triste. Era simple, pues todos los sucesos complicados para él, que realmente le dolían, yo podía verlos y sentirlos como si fueran míos.
No entendía de qué iba esta cosa, solo lo encontraba realmente loco.
Esta mañana decidí levantar el cuerpo y moverme, pues tanto estar sentada hacia que ya me dolieran las piernas. Así había pasado los últimos días, mirando la tele o la ventana con una taza de café con chocolate –una mezcla extraña, pero exquisita para mi gusto –en mis manos.
Decidí ir a trabajar, se me antojaba leer algún libro nuevo con un futuro exitoso. Suspire cuando camine por el saloncito y no vi un papel con la impecable letra de Edward con algo escrito en el, me sentía un poco decepcionada.
Después de ducharme, vestirme con unos jeans tubo, una pollera blanca y una chaqueta turquesa, desayunar y arreglar mi cara –con crema humectante y rímel –Salí de mi apartamento, aplicándome un poco de brillo labial mirándome en el espejo del elevador.
Mi corazón latía lento, no como cuando estaba junto a Edward y bajábamos juntos en el elevador para ir a trabajar. Me pregunte que estaría haciendo Edward a esta hora. Quizás aun duerme, o prepara el desayuno para él y Maddie. Oh, Maddeline. Había hablado estos días con ella por teléfono y me había dicho un centenar de veces cuanto me extrañaba. No era más de lo que la extrañaba yo, suspire con tristeza recordándola. Extrañaba levantarme en la mañana para llevarle el desayuno a la cama y en las tardes jugar con barbies hadas junto a ella.
Pero también necesitaba a Edward, como el aire para respirar. El me hacia levantarme con una sonrisa diaria al ver su rostro tan relajado y tan dulce mientras dormía, o sonreírme cada vez que compartíamos desayuno, o mirarme con ojos brillantes cuando me veía jugando con Maddeline. Todo eso lo extrañaba, extrañaba sus besos y sus caricias. No era lo mismo sin él.
Y se notaba en mi rostro. Con horror me fije en mi reflejo del espejo del elevador –algo un poco perturbador, ya que podía verme desde todas direcciones en un cuadrado -, mis ojos lucían cansados aunque estos días hubiera dormido más que todos los otros días de mi vida, ojeras que no me había molestado en tapar estaban bajos mis ojos y estaba mas pálida de lo habitual.
Así no era yo cuando estaba junto a Edward. Cuando estaba junto a él, cada día despertaba llena de vida e irradiando felicidad. Me sorprendía a mi misma cuando me miraba en el espejo y me sentía bonita. Eso era extraño. Pero ahora no era así, ahora parecía la Bella zombi, la Bella agotada.
Y todo esto por cuatro malditos días.
Salí del elevador y luego del edificio dándole un corto saludo al entrometido conserje que veía a Edward subir cada día y sentarse en la puerta de mi apartamento. Con la mirada baja salí al aire libre y baje al estacionamiento subterráneo donde se encontraba mi Audi sin quitar la vista del suelo.
Oí unos pasos rápidos, alguien corriendo y de reojo vi una cabellera corta y rubia desaparecer a lo lejos. Me encogí de hombros y seguí caminando, cuando algo que vi en el suelo me sorprendió.
Ahí, en el piso y en los muros de mi estacionamiento habían pegados y tirados panfletos color verde limón en forma rectangular, habían pilas esparcidas en cada rincón de el estacionamiento, en los muros, el piso y entre los autos. Sorprendida me agache y cogí uno del suelo que estaba frente a mí.
"No te quiero lastimar
apenas quiero que sepas que
no te quiero mentir (te pido perdón)
estaré esperando apenado
con la mano en mi corazón
estoy tratando de decirte
Porden
es todo lo que puedo decir
significas tanto y arreglaría todo
lo que hice si pudiese empezar otra vez,
mandaría todo hacia las sombras del pesar
solo para que tengas lo mejor de mi"… (8)
Solo tú reconocerías esta canción, mon ange.
Perdóname, he sido un idiota, pero este idiota te ama con la vida. Ya no se cómo pedirte perdón de otra forma, y ya que tú no quieres verme quiero que sepas que estoy ahí aunque tus ojos no me vean…
Te amo eternamente.
E.C
La perfecta letra de Edward, tan estilizada y elegante había escrito esos panfletos, bueno, supongo que uno y luego fotocopiado. Esa letra la reconocería aunque estuviera ciega. Y esa canción… Dios, esa canción. Mis ojos picaron solo de darme cuenta que esa canción era para mí.
Alguna vez le había confesado a Edward que amaba las canciones de la banda Sum 41, las más lentas. Cuando iba en la escuela –a los 13 años- cante "Best of me" frente a mucha gente, con un amigo tocando la guitarra y mi voz, y para mi sorpresa gane, según dicen mi expresión era tan intensa, como si la canción traspasara mis venas. Ese día quedo marcado en mi memoria, por haber ganado un premio y porque esa canción fue la que siempre quise cantar, también porque fue la única vez que cante, luego no quise seguir, pues esa era mi meta: Cantar Best of me.
Y aunque era un lamento la amaba, me llegaba al corazón, sin saber porque, quizás porque era una forma dulce de decirle a alguien que te habías equivocado, y que tenías tu corazón abierto para ella, pidiendo perdón.
Y a él se lo había confesado hace algún tiempo, cuando un yeso ocupaba mi pierna y cuando una rubia no había llegado a nuestras vidas. Y que el haya escrito esa canción, que sabía que era especial para mí por algún motivo que ni yo conocía, simplemente me llegaba.
Confundida leí el párrafo nuevamente, sin creérmelo. "Perdóname, he sido un idiota, pero este idiota te ama con la vida. Ya no se cómo pedirte perdón de otra forma, y ya que tú no quieres verme quiero que sepas que estoy ahí aunque tus ojos no me vean…"
Las lágrimas saltaron de mis ojos y yo no me di ni cuenta. Mire a mi alrededor dándome cuenta que no solo habían un montón de panfletos tirados en el piso, si no también pegados en los muros del estacionamiento y uno en la puerta de mi auto.
Me quede parada unos minutos intentando asimilar la situación. Quizás esos panfletos no eran para mi… quizás a otra chica con un novio muy romántico le había pasado lo mismo que a mi… o quizás yo era una maldita estúpida que no quiere asumir que esos papeles obviamente eran para mí, porque salía nuestro seudónimo secreto.
Cogí el montón que había en el suelo y el de la puerta de mi carro y los tire al asiento del copiloto de mi auto, no sé si por vergüenza o porque tenía unos deseos enormes de guardarlos en una caja donde digiera "la cosa más hermosa que han hecho por mí" y ponerla junto a los papeles que Edward había mandado bajo mi puerta.
Salí del estacionamiento limpiándome las lagrimas con mis dedos. Algo en mi corazoncito quería correr donde Edward, pero… no podía aun.
Al avanzar por las calles de Londres casi choco con otro carro y un poste por mirar los muros de los edificios con panfletos iguales que el mío. Con la boca abierta aparque el carro y baje para verificar si realmente eran los mismos panfletos, y casi me caigo de trasero al darme cuenta que sí.
Sonreí con alegría, después de muchos días sin sonreír, al darme cuenta el bonito gesto de Edward. Había pegado los panfletos publicitando su gesto para que todo el mundo leyera. Era creativo y muy romántico.
Me subí a mi coche ahora sonriente y muy, muy feliz. Sintiéndome orgullosa de mi no ex –novio y un poco avergonzada, pero luego se me paso la vergüenza al darme cuenta que nadie sabía que era yo la chica por a la que le pedían perdón.
Aparque en el estacionamiento de "Breaking Dawn" y entre aun medio ida. Me sorprendí al ver a muchas chicas vestidas con el uniforme de la empresa observando el muro donde se ponían los empleados de honor y las noticias de la empresa.
Me acerque con el ceño fruncido
-Mira esto, ¡que romántico! –Chillo una chica morenita y baja –Estoy segura que es para la señorita Swan.
-¿Has visto a su novio? –Dijo una de pelo crespo y castaña. Las chicas negaron y yo sonreí, entre divertida y curiosa –Es un bombón –la chica aplaudió mientras hablaba –Es guapísimo, hoy vino a dejar esto personalmente… yo misma recibió los panfletos. El tipo es un romántico, ¡Un hombre de esos que ya no existen! Y es tan, tan guapo…
-Debe ser muy dulce, además ¡Qué vergüenza! –Dijo la niña morena –Imagina, que todo Londres sepa tu problema amoroso… aunque yo le perdonaría cualquier cosa con esto.
-Menos una infidelidad –dijo la crespa –Aunque con ese sex-symbol poco me importaría…
-Me alegro verlas tan trabajólicas –dije, interrumpiendo su conversación. Las chicas se voltearon hacia mis asustadas y yo alce una ceja con una sonrisa. Nunca fui mala con mis empleados, yo también soy empleada por lo que no me sentía bien siendo la "jefa-mala". –Vuelvan a sus trabajos, niñas –dije como si hablara con dos niñas pequeñas.
Ambas me sonrieron y desaparecieron de mi vista en un instante, las otras que estaban ahí desaparecieron también. Sonreí al ver los panfletos pegados en el cuadro y negué con la cabeza.
Cullen me volvería loca con tantos sentimientos encontrados. Primero intentaba odiarlo y luego caía a sus pies con tal muestra de amor. Pero eso era, una muestra de amor, no cualquiera pega por todo Londres panfletos con palabras tan lindas… solo a quien amas de verdad. Además, había visto muchas películas románticas y leído muchos libros llorones y todo me dejaba claro que el que hacia eso era porque amaba de verdad.
Pero mi anti-Edward me hizo seguir caminando pensando en no perdonarlo aun.
Suspire con cansancio evitando las miradas que me mandaban todos los que pasaban a mi lado, me encerré en mi oficina y me estire en el sofá que había ahí, totalmente confundida.
No pensé mucho pues sabía claramente cuál era mi decisión, no me complicaría la cabeza.
Justo cuando tenía todo claro mi secretaria entro a la habitación avisando que alguien necesitaba verme. Asentí sin saber quien seria y me senté en mi escritorio mientras prendía la computadora y pensaba que libro tendría que aceptar o rechazar hoy.
Me sorprendí cuando vi la escultural figura de Sophie entrar a la habitación. Mis cejas se fruncieron en confusión y enojo, siempre tenía que arruinarme el día.
Ahí, con un short y una polera de mangas cortas blancas y unos tacones mortales también blancos se apareció la bruja.
-¿Qué quieres? –dije yendo directo al grano, levantando mi mentón y mirándole sin expresión.
-Calma, solo quiero hablar contigo –se sentó en la silla frente a mi escritorio y me pareció verla un poco… dolida. O quizás estoy loca.
-¿Qué haces aquí? –pregunte de nuevo con voz fría y calculadora.
Suspiro con cansancio y apoyo sus manos en la mesa, sus ojos pegados en sus dedos –Vengo a decirte que me rindo –dijo bajo.
-¿Perdón? –no entendía muy bien.
-Que me rindo –repitió, su voz un poco más fuerte. Sus ojos se posaron en los míos totalmente confundidos –Te hice la vida imposible… porque creí que sacándote del camino Edward me amaría –se rio sin gracia. Yo me quede en silencio con mi boca entreabierta de la sorpresa –Pensé que me amaba –suspiro, borrando su sonrisa –Y cuando te fuiste me di cuenta de mi error. Edward no me ama y jamás me amara. –Me miro con un poco de resentimiento, pero también calma –Isabella. He visto los panfletos y déjame decirte que Edward no haría eso por otra persona que no fueras tú. Es… es como si su vida girara en torno a la tuya. El no puede vivir sin ti –frunció sus labios –Cuando te fuiste lo vi muerto, como un zombi, desecho y arrepentido… y había sido mi culpa. Creí que estaba bien lo que había hecho, peor no. Nunca había visto a Edward tan destrozado, Isabella, y sé que es por ti. Porque te ama demasiado como para vivir sin ti… y es doloroso ver eso –suspiro – peor me di cuenta que la hacía daño… que sin ti el estaba dañado. Y me arrepentí de todo. Porque… -tomo aire y sus ojos me retaban, yo obviamente no me quede atrás e hicimos una guerra de miradas mientras ella hablaba –Lo quiero –sentencio. Se me apretó el corazón de furia –Creí que lo amaba… y quizás lo hago, y no quiero verlo sufrir –sus ojos se suavizaron y se llenaron de lagrimas –Y tu lo haces feliz. Así que no tengo nada más que hacer en medio, no quiero verlo como lo vi estos días… -Ella algo tímida tomo mis manos, me pillo de sorpresa –Perdónalo y hazlo feliz. El te necesita y tú lo necesitas. No dejes que yo arruine su futuro… -pidió con voz dulce.
Casi se me salen los ojos de las orbitas de lo impactada que me encontraba. ¿Qué hacia aquí la chica que arruino mi vida amorosa? ¿Me está pidiendo que perdone al hombre que "ama" y seamos una pareja feliz? ¿Ella está aquí realmente o me lo estoy imaginando?
Aleje mis manos de las suyas con delicadeza y asentí con una media sonrisa. Quizás ella no era tan mala…. Solo quizás.
Ella se puso de pie y se paro en la puerta de la oficina, me sonrió, por primera vez en todo este tiempo ella sonreía sinceramente hacia mí, antes prefería mirarme con odio y lanzarme insultos mentales, ahora sonreía. Que irónico –Perdónalo… él y la pequeña te necesitan…Suerte –fue lo último que dijo al desaparecer por la puerta.
Suspire y cerré los ojos mientras me recargaba en el asiento.
¿Qué había sido eso?
Aqii el nuevo cap.
Bueno, como han visto he escuchado la voz del pueblo -ustedes xd- y Edward decidio de esa forma pedirle perdon a Bella $: Obiamente, despues vienen mas sorpresas y mas cosas... en fin. ¿Que les parecio Sophie? Quizas no era tan mala... simplemente estaba equivocada ¿?
Y Bella :o ¿Que hara ella? shan-shan.
Bueno, quiero que me digan su opinion & me digan si les gusto o no el cap :) Thanks a todas las ke escribieron el pasado cap, son un amor n.n
Bueno mis niñas, espero sus noticias n.n
Atte; Pk.-*
Pd: ¿Porque Edward tiene ke preguntarle a Maddie...? :o enviar suposisiones en review :D
Rosas o tomates? ---- Reviews :D
