Cuando estamos juntos me siento perfectamente
Cuando me alejan de ti, me desmorono
Todo lo que dices es sagrado para mi
Tus ojos son tan verdes,
No puedo mirar a otra parte
Mientras descansamos en silencio
Capitulo 23
Te perdono
¿Qué había sido eso?
Abrí los ojos lentamente y volví a suspirar, pero la respiración se me quedo atascada cuando vi una foto pegada en el techo de mi oficina. Ahí posaba una foto pegada en el techo a la vista de todos, no sé cómo no me había dado cuenta antes.
¿Cómo demonios había llegado esa foto ahí?
La foto estaba ampliada bastante grande y podía ver nuestras sonrisas desde aquí. Obviamente eso no era obra de magia… se llamaba Edward Cullen, aunque me preguntaba como había logrado entrar a mi oficina.
Rápidamente me subí a mi silla de escritorio y cogí la foto del techo que estaba pegada con las puntas con cinta adhesiva. Me baje con cuidado sin dejar de mirar aquel hermoso recuerdo que reposaba en mis manos.
Fue el día en el acuario con Maddie, antes de mi accidente y de todo… un día hermoso. Los tres sonreíamos mostrando los dientes, Edward abrazando mi espalda y Maddie en mis brazos. Parecíamos una verdadera familia, de esos de comerciales felices y falsos. Sonreí al recordarlo mientras pasaba mi dedo sobre nuestras sonrisas.
Voltee la foto para encontrar un nuevo escrito
Te extrañamos mucho, los dos.
Ange, he escrito tantas veces cuanto te amo… y te lo vuelvo a repetir: He sido un idiota y me arrepiento tanto de todo lo que paso…
Espero que me disculpes, pero no puedo estar alejado de ti… te necesitamos.
Te amo tanto, mon ange…
E.C
Apreté la foto contra mi pecho dejando las lágrimas fluir, de nuevo. Esto me estaba afectando mucho…. Y no sabía como había logrado Edward Cullen entrar a mi oficina, o también podía haber sido Alice…
A la tarde, muy tarde, después de un día confuso en el que casi no trabaje por fin termine el horario de trabajo, aunque no tenía que cumplirlo me quede sentada en la silla mirando por la ventana y mordiendo mi labio. Estuve tentada en tomar el teléfono y marcar a Alice o Edward, preguntar qué estaba pasando y correr hacia Edward. Pero no, era estúpido preguntar algo así teniendo claro lo que pasaba. Edward rogaba mi perdón. Ese fue el día mas largo de mi vida en el trabajo.
Estaba confundida y todavía algo choqueada con lo de Sophie y me sorprendí aun más cuando encontré un ramo de rosas blancas en mi auto, sobre el capo.
Las cogí con una sonrisa y al leer la tarjeta sonreí aun más.
Para un ángel, Te ama.
E.C
Sonreí para mi mientras observaba las rosas con adoración, como si fuera el objeto de valor más caro del mundo. Justo en ese instante sonó mi móvil y pensando que era Edward lo cogí tan rápidamente que casi se resbala de mis manos.
-¿Hola? –dije acelerada.
-¿Bella? Hija, ¿Cómo estás?
Era mama –Ah, Hola mama, bien, bien, ¿Y tú? –dije un tanto decepcionada mientras pasaba una mano por mi cabello en un gesto de nerviosismo.
-Bien cariño. –Dijo con una voz más suave -¿Qué sucede? Pareces alterada…
-Nada, mama. Estoy bien. ¿Cómo esta papa? –pregunte.
-Trabajando. Me preguntaba porque estabas tan ingrata con nosotros. ¡Estas al otro lado del mundo, cariño, y no he recibido noticias de ti en un mes! –me regaño mi madre.
-Perdón mama.- dije como una niña castigada –Pero he tenido algunos problemas y bueno… no he tenido tiempo ni cabeza para nada. Perdona.
-Está bien, bebe –mi madre suspiro –Y ese problema es un chico, ¿Verdad? –pregunto.
Pestañe varias veces, preguntándome como sabia –eh… bueno… si… un poco –tartamudee.
Mi madre se rio al otro lado de la línea –Alice me ha contado que estabas muy enamorada. Eres una mala hija, no me habías llamado, hasta Alice me ha telefoneado. ¿Así que el afortunado ha cometido algún error? –pregunto mi madre.
Me quede conversando con mama una hora apoyada contra el auto, contándole algunas cosas sobre Edward y nuestro problema, como lo había conocido –obviamente una historia inventada, que tropecé con él en el aeropuerto y luego nos encontramos en casa de Alice, resultando que él era su hermano y bla bla bla, omitiendo el hecho de cómo había llegado yo a la casa de Alice junto a Edward sin saber que ella se encontraba en Londres junto con Rosalie – y el reciente problema. Mi madre se mostro sorprendida al saber que el chico era el hermano de Alice, y aunque dijo que era un idiota al enterarse de el hermoso gesto de disculpa que había hecho para mí me dijo que debía perdonarlo, que un hombre no enamorado no hace eso.
Amaba hablar con mi madre, siempre daba buenos consejos y me conocía tan bien que podía describir mis sentimientos a la perfección. Después de 1 hora de larga charla en el estacionamiento de mi trabajo y de promesas que debía cumplir –como llamarla seguido –corte la llamada, sintiéndome un poco más tranquila.
Deje las rosas sobre el asiento del copiloto sobre los papeles verdes que el había dejado por todo mi camino, deje la foto que había mandado a enmarcar a un lado de estos y sonreí.
Ya sabía lo que debía hacer.
En el camino pensé demasiadas cosas, quería correr y besar a Cullen sin pensar en nadie más, y lo haría, pronto.
Suspire y maldeci a mi orgullo.
Llegue a mi edificio más pronto de lo que pensé, pues empecé a seguir inconscientemente en camino de panfletos verdes pegado en cada muro y poste que se cruzaba por mi camino.
Al aparcar el coche en el estacionamiento de mi edificio tome todas las cosas del asiento del copiloto y camine hacia mi apartamento. Al bajar del elevador me encontré con un camino de ramos de rosas blancas y azules –mis preferidas –hacia mi puerta. 10 ramos enormes, con cintas y hermosa decoración hacían un camino hacia mi apartamento. Me llamo la atención un papel blanco que colgaba de mi puerta.
Me acerque rápidamente a la puerta, la curiosidad carcomiéndome. Hoy había estado muy curiosa con tantas cosas románticas.
Cogí el papel rápidamente de la puerta y lo leí.
"Yo, Edward Anthony Cullen, encargado de la custodia de Maddeline Denali, autorizo a Isabella Marie Swan tener el mismo derecho que yo en cuanto a Maddeline Denali se refiera, compartiendo la custodia viviendo juntos o separados.
La infante quedara a cargo de Edward Cullen y Isabella Swan si ambos aceptan ya que por su trato hacia la niña queda claro que es lo mejor para Maddeline Denali.
También se otorga en derecho de cambio de apellido solo si la infante así lo desea y sus encargados lo aprueban, dándole el poder de la adopción."
Firma del juez.
Firma de los participes
No lo podía creer. Las lágrimas salieron de mis ojos rápidamente, emocionada y sorprendida.
Ahí estaba el papel, firmado por el juez y Edward, solo faltaba mi firma.
Me tape la boca con una mano por acto de reflejo, ¿Yo con la custodia de Maddeline? ¿Una madre adoptiva? ¿Maddie lo quería así? Oh dios, era demasiado…
Edward me había dejado entrar en su vida y en la de la pequeña, me estaba autorizando a ser madre adoptiva de una pequeña que amaba con mi vida… y yo aceptaría feliz y firmaría feliz cada papel, porque los amaba a ambos y daría mi vida por ellos.
Apreté el papel contra mi pecho junto al cuadro con la foto mientras me sumía en un estado de shock y felicidad extraño. En este instante tenía ganas de correr donde Edward y lanzarme contra sus brazos diciéndole que lo perdonaba, que claro que querría ser la madre adoptiva de Maddie, que lo amaba y que quería que fuera parte de mi vida para siempre…
Justo en ese instante una visión volvió a mí.
Deje de respirar y me calle, sabiendo que me escucharía. Podía ver la ciudad desde la altura, los edificios Londinenses decoraban las calles. Yo reconocí ese lugar donde veía eso, esa vista la reconocía, era la azotea de mi edifico. Muchas veces yo misma había estado ahí, pensando, meditando y aclarando problemas.
Bajo la mirada y yo respire en silencio, sin querer que me oyera en su mente. Quizás no se había dado cuenta… pues no me había hablado.
El viento hizo que se estremeciera y metió las manos a los bolsillos de sus jeans, miro sus zapatos con desanimo y un suspiro cansado. Deseaba que su corazón se tranquilizara y que las cosas salieran bien… lo sentía.
Con una respiración agitada volví a ver la puerta café de mi apartamento, mientras me afirmaba de esta. Lagrimas saladas ya estaban secas en mis mejillas.
Debo hacerlo, debía hacerlo.
Como pude abrí la puerta del departamento rápidamente, casi con locura, metí la llave a penas por el temblor de mis manos.
Debía hacerlo antes de que se fuera.
Abrí la puerta rápidamente y deje el ramo de flores blancas, e cuadro con la foto y el papel de la custodia sobre la mesa del comedor. Me mire en el espejo rápidamente y limpie con mis dedos el poco rímel que se había corrido por mis mejillas.
Salí corriendo de mi apartamento y tome el elevador hasta el piso 16, para luego bajarme y abrir la puerta que llevaba a una escalera y luego a la gran azotea del edificio.
Las piernas me tiritaron en la escalera y me tropecé con un escalón. Gemí al sentir un dolor en la rodilla que me había golpeado el día lluvioso en la calle cuando Edward me perseguía. Seguro me quedaría un moretón horrible en la pierna.
Me puse de pie nuevamente y apure el paso por las escaleras, me acerque a la puerta y tome la manilla, sin girarla aun.
¿Estará bien? ¿Es tiempo de perdonarlo? ¿Sigo haciéndome de rogar?.
Cerré los ojos ante mi debate interno, era estúpido pensar eso justo ahora.
Abrí la puerta de golpe y me sorprendí al no ver a nadie ahí.
Con el seño fruncido entre a la azotea con pasos débiles, buscando al hombre que ocupaba toda mi mente en este momento.
-¿Edward? –dije en voz baja, esperando que saliera de por ahí -¿Edward? –ahora grite, y mis pasos acelerados buscaron al hombre.
Y no lo encontré.
Busque por cada rincón de la azotea y el no estaba ahí.
Patee el suelo enojada y me asome por el borde de la azotea. Ver desde 17 pisos de altura sin protección hacia que me mareara enseguida, pero antes de que me alejara vi un volvo plateado bajar a toda velocidad por la calle.
No pensé mucho para darme cuenta que era Edward quien manejaba ese volvo, por el auto y porque no creía que alguien se atreviera a hacer chirriar las ruedas como lo hacía siempre Edward.
-Mierda –murmure.
Baje corriendo las escaleras que conectaban la azotea con el piso y tome el elevador que milagrosamente se encontraba aun ahí.
Me observe en el espejo de las cuatro paredes del elevador e intente inútilmente de arreglar un poco mi cabello, que ahora estaba un poco desordenado por la coleta alta que llevaba. Me solté el cabello y lo peine con mis dedos, dándole un aire un poco loco y estire las inexistentes arrugas de mi blusa. Me aplique un poco de brillo labial y Salí corriendo cuando el elevador se detuvo en el primer piso.
Corrí al auto y me subí dándole contacto, agradeciendo internamente tener las llaves del coche en el bolsillo del pantalón. Si me pillaba un policía estaba frita, pues no andaba con los documentos que estaban en la cartera, y la cartera estaba en mi apartamento.
Por primera vez en mi vida las ruedas de mi coche chirriaron por la velocidad en la que Salí del aparcamiento, me sorprendí un poco pero luego poco me importo.
A toda velocidad conduje hasta el departamento de Edward, y apenas aparque el coche pude vislumbrar el volvo de Edward, aunque al mirar al piso 7, donde se encontraba su apartamento no se veía ninguna luz encendida.
Corriendo entre al edificio sin saludar al conserje y presione el botón del elevador, que demoro mucho más tiempo del que quería en llegar. Me subí rápidamente y en unos segundos estaba en el piso 7, en la puerta del departamento de Edward.
Ahora no lo pensé antes de golpear, simplemente apoye mi frente contra la dura madera de la puerta y golpe la puerta con fuerza.
A los segundos la puerta se abrió, me aleje de ella para no caerme con el impulso pero aun tenía los ojos fuertemente cerrados, sin querer abrirlos aun.
Apreté el marco de la puerta con mi mano derecha, con la necesidad de sujetarme de algo ante el mareo que sentí en ese instante. No entendía porque me costaba tanto hacer las cosas rápidamente, era estúpido.
-¿Bella? –pregunto una voz estrangulada, que enseguida reconocí como la de Edward.
Sin abrir los ojos y tanteando el aire encontré su cuerpo y me aferre a él en un abrazo estrangulador y un llanto silencioso. –Edward –susurre.
Los brazos de Edward me rodearon lentamente y luego me apretaron contra si, hundiendo su cara en el hueco de mi cuello, su respiración agitada haciendo cosquillas en mi cuello y poniendo mi piel de gallina.
En silencio nos abrazamos el uno al otro sin querer emitir palabra, yo no me sentia lista para hablar y Edward no quería romper el silencio, pero descubrí que el también lloraba cuando sentí las lagrimas golpear mi cuello.
-Te perdono –logre decir luego de unos minutos en silencio entre los brazos de el, inhalando su aroma y apretándolo –más si se podía –hacia mí.
-Gracias –susurro él, alejando su rostro del mío y mostrando sus ojos rojos –Bella… yo… -sus ojos verdes llenos de tristeza y una luz extraña me observaron –Siento todo lo que paso. De verdad, fui tan…
-Shh –lo calle poniendo un dedo en sus labios –está bien, te perdono.
El sonrió, esa sonrisa torcida que tanto amaba y tanto extrañaba fue mía esos instantes.
Vi en sus ojos temerosos, yo esperaba que me besara, pero al parecer el aun no creía que yo estuviera aquí y tenía la sensación que se debatía internamente si hacerlo o no. Yo no quería esperar, no soportaría esperar.
Ya habían pasado muchos días lejos de él, de sus besos y de su aroma, de todo lo que el provocaba en mi.
Y hoy no me aguantaría.
Sonreí y me acerque a sus labios lentamente, sin tocarlo, rozando nuestras narices, frote mi nariz contra la suya y el soltó una risita débil, luego bese la punta de su nariz y acerque mis labios a los suyos.
-Te amo –susurre contra sus labios.
Entreabrió su boca, para recibir mis labios y para hablar –Yo también te amo, Ange –y así sin miedo, apreté mis labios contra los suyos dulcemente, y fue el cielo.
El beso fue lento y tierno, con una dulzura de reconciliación que hacía que me doliera el estomago de tantas mariposas volando dentro del. Sonreí contra su boca y sentí el dulce néctar de sus labios, nuestra danza tan común y tan distinta, llena de sentimientos y de emociones.
Poco a poco el beso se volvió distinto, más fogoso y pasional. Internamente me pregunte donde estaba Maddeline, claro, si quería llegar al acto mismo, y estaba completamente segura que hoy ninguno se controlaría.
Eran meses de relación, de risas, penas, llantos, accidentes y peleas, eran meses que había deseado unirme en cuerpo y alma a este chico, al chico de mis sueños. Y hoy nadie me detendría… excepto Maddeline.
Edward me tomo en sus brazos al estilo novia sin romper nuestro beso, me reí ante lo rápido de su movimiento y no sé cómo movió su pie para cerrar la puerta tras nosotros al entrar a su apartamento.
Seguimos besándonos con pasión, Edward acariciando mis costados y yo acercándolo desde la nuca hacia mí.
-Edward… Maddie –logre decir en el momento en que sus labios abandonaron los míos y se dirigieron a mi cuello.
-Donde mis padres –respondió.
Se alejo de mi cuello para mirarme fijamente a los ojos, sus ojos dulces y traviesos, con el brillo de la pasión en ellos. Su cabello más despeinado de lo habitual por el jugueteo de mis manos y sus labios hinchados hacían verlo peligrosamente sexy.
Tomo mi cara entre sus manos con ternura y unió nuestras frentes con la respiración agitada –Gracias –murmuro.
-¿Por qué? –pregunte, realmente sin entender.
El sonrió –Por entrar en mi vida, por perdóname, por amarme… por estar junto a mi –cerro los ojos y su voz fue un leve susurro –No sabes lo importante que eres para mi, Isabella. ¿Tienes idea de cuánto te quiero?-pregunto.
-Lo que si se es cuanto te quiero yo –respondí acariciando sus mejillas.
-Eso es comparar un árbol con un bosque –dijo Edward, sonriente.
Me reí –Calla y bésame –ordene.
Edward me beso con ternura y luego pasión, fui consiente cuando me alzo en sus brazos y luego –sin saber cómo –llegamos a la cama entre besos y caricias.
Pronto ya no había nada de ropa nuestros cuerpos desnudos se rosaban con ternura, y no me sentía avergonzada, porque estaba segura y tranquila con el hombre que amaba a mi lado, tratándome como si fuera una pequeña muñeca de porcelana y yo sentía que tenia al Ken de Barbie acariciándome, y me hacia completamente feliz que las cosas se hubieran solucionado y terminado de esta manera.
El recorrió mi cuerpo con devoción, besando cada parte de mi ser mientras yo intentaba respirar, yo recorrí sus músculos con mis manos, enrede mis dedos en su cabello y lo jale hacia mí en un beso profundo, intenso, lleno de amor y ternura, era una sensación tan hermosa e intensa, de esas que nunca se borran de tus memorias.
Sentirlo en mí era la sensación más espectacular que alguna vez había imaginado. Era perfecto, tierno, me hacía el amor lento para que me acostumbrara y luego se adueño de él una pasión ardiente que me encantaba.
Y sonreí mientras nos abrazábamos sudorosos, bese sus labios con ternura y lo apreté contra mí, dejando el peso de su cuerpo sobre el mío abrazándolo como temiendo que desapareciera. Y él estaba agotado, su respiración agitada me hacia cosquillas, y aunque intento que sacar su peso sobre el mío no lo deje, me gustaba tener su cuerpo contra el mío mientras acariciaba su cabello y verlo cerrar sus ojos de a poco.
-Te amo, Isabella Swan.
-Y yo, Edward –bese sus cabellos –Y yo.
Porque Edward Cullen seria parte de mi pasado, presente y futuro, porque él es parte de mi vida, y sin él –y Maddeline-, yo no podría seguir viviendo.
-Bella –dijo un susurro débil, adormilado –Cásate con migo.
Ohsi; Les usto el cap? :D
Me gusto como termino este cap, me siento conforme :)
& una sola chica dijo lo correcto :o. Lo de maddie era para la adopcion :D
Enfin, me ire de vacaiones por cuatro dias n.n Please, dejen sus reviews!
fin inesperado :o ¿No? xd
Bueno, espero muchos muchos reviews :D Son mi inspiracion.
GRacias a las ke escribieron & psenlo bien n,n
Vuelvo en unos dias :D
Kisses and Bites.
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Rosas, tomates? ----- Review
