Thomy! Te extraño, amor. Tee amo muzhoo! Recuerdame...
Creo en ti dejare todo de lado solo para encontrarte
Tengo que estar contigo para vivir y respirar,
te estas apoderando de mi
Miro por la ventana y veo tu rostro
Si es mas profundo ahora,
Creo en ti, dejare todo de lado solo para encontrarte
Tengo que estar contigo para vivir y respirar,
te estas apoderando de mi
Capitulo 24
La vida es hermosa, porque amo.
-¿Qué? –dije casi sin aliento, totalmente sorprendida.
Edward no respondió.
Me moví lentamente para mirarlo a la cara, el dormía profundamente. ¿El hablo dormido?
Volví a mi lugar totalmente confundida. ¿El lo dijo o yo me lo había imaginado? ¿Qué pasa?
Cerré los ojos y seguí acariciando su cabello en un estado realmente extraño. ¿El me había dicho que me casara con él? No… seguramente era mi imaginación, o el hablaba dormido.
Centre mi mente en blanco, no queriendo pensar toda la noche en vela, y funciono, me dormí con el peso de Edward sobre mí.
Desperté a la mañana siguiente un poco desorientada. El reloj marcaba las nueve de la mañana. Sentía la sábana blanca rosar mi piel y unos brazos aferrándose a mi cintura en un abrazo protector. La respiración de Edward hacia que algunos mechones de mi cabello se movieran levemente, haciéndome cosquillas.
Sonreí contenta al recordar todo, por fin me había reconciliado con Edward. Una ráfaga de inspiración se cruzo ante mí. Deseaba escribir, tomar el laptop y continuar la historia que había dejado abandonada hace tiempo, la segunda parte de mi libro.
Pero no tenía el laptop aquí y no arruinaría este momento de esa forma.
Otra cosa vino a mi cabeza "-Bella, Cásate con migo" se repitió en mi cabeza. Eso debe haber sido mi imaginación, ¿No?. Matrimonio. Me estremecí. Nunca en mis planes estuvo casarme a los 22 años, siempre pensé que a los 27, o mejor, a los 30.
Pero Edward lograba cambiar todo los esquemas de mi vida, y por ende cambiar mi mentalidad y mis decisiones. Y no le diría que no, no sería capaz.
Me gire para quedar frente a Edward, que dormía plácidamente a mi lado con la sábana blanca tapando hasta su ombligo, dejándome una perfecta visión de su pecho desnudo. Me pregunte si el recordaría lo que dijo, aunque lo dudaba porque lo dijo mientras dormía, si no, era yo la loca.
Me sonroje antes los recuerdos de ayer, había sido magnifico. Creo que nunca me había sentido tan feliz como en ese momento, en el que Edward me susurro que me amaba en el oído mientras nuestros cuerpo se aferraban al otro en un baile desenfrenado, en el instante en que oí mi nombre con dificultad saliendo de sus labios y un volcán en erupción dentro de mi cuerpo… Dios, eso me hacia tan feliz.
Bese el mentón de Edward y luego su cuello con delicadeza, sin querer despertarlo. Frote nuestras narices con ternura y juguete con su cabello cobrizo, pegando mi pecho al suyo.
Cerré los ojos mientras acariciaba su suave cabello y sonreía oyendo la dulce respiración de Edward, me sentía completamente feliz. Y sorprendida por mi estado mental.
Decidí ponerme de pie y preparar el desayuno, me gruñía el estomago y quería tener listo el desayuno a penas Edward despertara.
Me puse de pie y me sonroje al sentir el aire frio en todas partes de mi cuerpo, pensar que ayer no me avergonzaba estar desnuda frente a Edward pero hoy era distinto, ahora me daba vergüenza.
Tome la camisa que Edward había tirado en el suelo y me la puse abrochándola hasta que taparon mis muslos. Me quedaba como vestido.
Prepare el desayuno rápidamente, tostadas, panqueques, jugo de naranja y fruta en trocitos. El estomago me gruño al ver la comida sobre la bandeja que íbamos a compartir Edward y yo.
Camine hacia la habitación y sonreí al ver a Edward abrazando la almohada que yo había usado y enterrando su cara en ella. Se veía adorable.
Deje la bandeja en la mesita de noche y abrí las cortinas para que el sol entrara a la habitación, me metí a la cama, enseguida los brazos de Edward me envolvieron por inercia. Pensé que estaba despierto, pero su respiración y la paz de su cara me decía que aun estaba en un profundo sueño.
-Amor –susurre en su oído –Amor, despierta- canturreé en su oído. El se removió y un suspiro salió de sus labios –Mi amor, hora del desayuno –Mordisquee su oído y eso hizo que se despertara completamente, abriendo sus grandes ojos esmeraldas muy, muy brillantes.
Sin soltar su abrazo rodamos en la cama y se oyó la risa de ambos por la habitación, Edward quedo sobre mi besando mi mejilla –Hola amor –saludo, ahora besando mis labios.
Cuando pude respirar abrí la boca –Buenos días –sonreí –Traje desayuno –informe, mirando la bandeja que ahora se me antojaba demasiado. Edward se rio y mordisqueo levemente mi oído y su respiración tibia me golpeo. Gemí audiblemente haciéndolo reír.
Sus ojos parecían divertidos y no pude aguantarme, me lancé contra el olvidando completamente el hambre que tenia. Edward parecía sorprendido, pero había una ventaja, el estaba aun desnudo y yo bajo la camisa no traía ropa interior, así que tomándolo por sorpresa y sorprendiéndome yo misma saque a la Bella salvaje que hay en mí y yo tome la iniciativa.
Edward gruño sorprendido y yo gemí audiblemente al sentarme sobre su miembro y sentirlo en mi. Era maravilloso.
--*
-Tengo hambre –lloriquee, girándome en la cama luego 4 veces de… eso, pensé avergonzada sintiendo como la sangre subía a mi cabeza. Ahora volvía la Bella tímida y vergonzosa.
Edward aun respiraba con dificultad, mirándome con los ojos muy abiertos -¿De dónde ha salido eso? –dijo casi sin aliento.
-¿Qué? –pregunte sin entender mientras abrochaba nuevamente la camisa de Edward y rápidamente ponía la bandeja sobre mis piernas, picoteando frutas y panqueques.
-Eso –dijo como si fuera obvio –no conocía tu lado salvaje –se rio y yo me sonroje, como siempre.
Me encogí de hombros –No lo sé. –alce una ceja al mirarlo. Parecía agotadísimo sobre la cama y respiraba con dificultad, mirando el techo sorprendido -¿no tienes hambre?-pregunté acercando un trozo de manzana a su boca.
El mordió la manzana y mordisqueo el trozo observándome en todo momento –No entiendo como no estás agotada –dijo luego de tragar -¡Yo no creo poder levantarme!
Me encogí de hombros de nuevo –Estoy bien. Pero tu pareces agotado y débil –me burle, comiendo panqueques.
Se acerco a mi lentamente arrastrándose por la cama y se abrazo a mi cintura, apoyando su cabeza en mi estomago –Me gusta la Bella salvaje –susurro.
El rojo que antes tenía ahora era más oscuro. No respondí pero metí un trozo de panqueque a su boca con un tenedor, el lo recibió feliz porque parecía tan cansado que ni siquiera podía mover sus manos así que yo tuve que alimentarle como un bebe.
-¿Qué hora es?-pregunto luego de haber terminado el desayuno y yo alejaba la bandeja pare dejarla en la mesita de noche.
Mire el reloj sorprendida –Las dos de la tarde. –murmure.
-Bromeas –dijo levantando –a duras penas –la cabeza para mirar el reloj. –Wow –susurro.
-Wow –repetí, sin creérmelo.
Justo en ese instante sonó el móvil de Edward. El estiro el brazo y lo tomo de el suelo, al lado de la cama donde quizás cuando había caído. Se abrazo a mí y apoyo su cabeza en mi pecho antes de contestar mientras yo acariciaba ese cabello que tanto me gustaba.
-¿Diga? –Pausa, Edward suspiro –Hey, Alice –saludo. Me reí, la duendecilla debía estar hiperactiva el día de hoy, mas si quería saber que paso entre nosotros –Si, si. ¿Ahora? –Pregunto Edward con un tono de voz distinto-Oh… no, no. Claro, ya me levanto –dijo. Una pausa larga, sentí a Edward removerse incomodo –Alice, no te diré nada. Te veo pronto –corto el teléfono y enterró su cara en mi estomago haciéndome reír.
-¿Qué decía? –pregunte curiosa.
-Maddie, mis padres vienen para acá junto con todos, una comida familiar –dijo como si fuera horrible –Y vienen a unos 15 minutos de aqui –murmuro.
-¿¡Que!?-Chille –Edward, hay que ordenar todo, ¡estamos desnudos, por Dios! –rápidamente empuje a Edward y me puse de pie –No quisiera que tus padres me vieran así, ¡que pensaran de mi! –mordí mi labio nerviosa.
-Bella, tranquila –dijo Edward desde la cama-No te preocupes por nada. Ve a ducharte mientras yo ordeno esto –sonrió pícaramente –Ve, que luego iré yo.
Asentí y me arrodille en la cama para besarlo con ternura –Te amo –susurre.
-Yo también. –sonrió –Ahora vete antes de que me arrepienta y nos retrase, de nuevo –se rio.
Sonreí y me encerré en el baño para darme una ducha rápida. Recordé que no traía ropa y no me pondría mi ropa de trabajo –con la que había venido –para una cena familiar. Me envolví en una toalla recordando que cuando me había ido –me dolió ese pensamiento –había dejado parte de mi ropa aquí. Lo agradecí internamente.
Salí del baño envuelta en una toalla y observe que el cuarto estaba impecable, nada en el suelo y la cama perfectamente hecha, sin rastro de lo de ayer… y hoy.
Edward esperaba con una toalla en su brazo y unos pantalones de franela a la salida del brazo. Me observo de arriba para abajo y yo me reí, no quería atrasarnos así que bese cortamente sus labios y lo empuje hacia el baño, con un quejido de su parte.
Luego de oír la ducha me vestí con unos Jeans pitillos y una blusa color azul y unos zapatos azules. Peine y seque mi cabello rápidamente dejándolo suelto por mi espalda. No use maquillaje, pues no traía, pero con una cuchara de te encrespe levemente mis pestañas.
Sonreí al ver mi reflejo en el espejo, me veía mucho mejor que los últimos días, en los cuales ni con maquillaje podía borrar la tristeza reflejada en mi cara.
Salí de la habitación para ver si estaba todo en orden y todo estaba perfectamente ordenado, como siempre. Lave la bajilla que estaba en la bandeja utilizada en la mañana y limpie un poco la cocina. Estaba a la mitad de mi trabajo cuando oí el timbre y también la voz de Edward gritar que por favor abriera.
Secándome las manos con un trapo camine hasta la puerta, y luego de alisar mi cabello con mis dedos la abrí.
Ahí estaba toda la familia Cullen, incluida las parejas y Maddeline.
Todos abrieron los ojos ante la sorpresa, menos Alice, por supuesto, que sonreía alegremente.
Sonreí algo cohibida y pose mi vista en mi pequeña niña, quien me miraba con los ojitos brillantes y emocionados. Se soltó de la mano de Esme y corrió hacia mí, instantáneamente me agaché a su altura y abrí mis brazos para recibirla. Ella me abrazo apretándome contra su pequeño cuerpecito mientras yo besaba su cabeza totalmente emocionada al tenerla entre mis brazos.
-¡Bella! –dijo esta besando mi mejilla.
-¿Cómo estas, pequeña?- pregunte dándole un besito a su nariz.
-Bien. Te he echado de menos –murmuro apenada -¿ahora te quedaras, cierto?-pregunto con sus ojitos temerosos, opacando su celeste tan lindo.
No lo pensé –claro que me quedare contigo, siempre –susurre en su oído.
Maddie miro por sobre mi hombro sonriente. Se alejo de mí y me gire para ver a Edward mirarnos apoyado en el muro con los brazos cruzados, con una sonrisa adornando su rostro y ojos brillosos y llorosos. Maddie lo miro "severamente" con sus ojitos infantiles para luego sonreír y alzar su pulgar en gesto de "bien".
Todos nos reímos y Maddie corrió hacia Edward para abrazarlo y este la alzo en sus brazos besando su cabello, sonriendo.
-¡Me alegro tanto que los problemas se hallan arreglado! –dijo Esme entrando al apartamento dándome un caluroso abrazo.
-¡Bien hecho pequeño Eddie! –exclamo Emmett haciéndonos reír a todos. Recibí una ronda de abrazos y agradecimientos por perdonar al idiota de "Eddie".
Decidí hacer la comida y Esme me ayudo. En un momento oí a Edward y a Alice cuchichear algo y luego mirarme con inocencia, dejándome claro que algo tramaban... solo me preguntaba qué.
Intente ignorarlos y le pedí a Emmett que pusiera la mesa mientras oía a Carlisle y a Edward reír y a Maddie y Rosalie cantar algo. Alice cogía los servicios y los ponía en la mesa mientras Esme y yo servíamos los platos.
Luego de comer entre risas y bromas la tarde paso muy rápido. Pase la mayor parte jugando con Maddie y abrazando o dándole cortos besos a Edward. Me llenaba de dicha estar aquí, con una familia tan linda cerca y con el amor de mi vida.
Extrañe a mi familia, que había abandonado por el otro extremo del mundo. Aunque ayer había hablado con mi madre hoy me sentía culpable de no haberlo hecho antes. Suspire apenada y Edward lo noto, me apego a su pecho mientras los demás conversaban en los sofás y Maddie estaba viendo bob Esponja.
-¿Qué sucede, amor? –pregunto dulcemente, acariciando mi hombro.
-Recordé a mi familia y me dio tristeza –sonreí tristemente –he sido mala hija –murmure.
Edward beso mi sien –No lo eres, cariño. Podríamos ir a visitarlos algunos de estos días –ofreció como si fuera cosa de tomar el auto y andar unos kilómetros para llegar.
Lo mire como si estuviera loco –Bromeas –asegure.
El negó con la cabeza haciéndose el ofendido- Claro que no. Me gustaría conocer a mis suegros –alzo sus cejas con una sonrisa adorable –Además, podríamos ir cuando quisiéramos…
-Mientes –dije en un susurro, casi creyéndomelo. -¿Me acompañarías al otro extremo del mundo? –pregunte escéptica.
-Me iría contigo a la Antártida a vivir entre pingüinos y estaría feliz mientras estuvieras con migo. Y es un océano de distancia –beso mi nariz –Ya te dije, me gustaría conocer a tus padres… además amaría viajar contigo.
Salte de en mi asiento revotando en mi lugar con una sonrisa enorme en mi rostro. ¡Dios, ya deseaba irme con Edward a ver a mis padres y llevar a mi pequeña!.
Edward me abrazo mientras se reía y yo seguía emocionada –Tenemos pasajes para el 20 de este mes –susurro en mi oído.
Fruncí mi ceño confundida, el 20 era exactamente en… 5 días. Podíamos sacar los pasajes para al menos 6 o siete, no era tanta la prisa. Espera ¿Ya los tenia? –¿Cómo que tenemos pasajes? –pregunte con mi ceño fruncido.
Asintió –Era otro de mis regalos para disculparme –murmuro mirándome con sus grandes esmeraldas
-¿Querías comprar mi perdón, Edward? –dije haciéndome la molesta, cruzando los brazos sobre mi pecho.
El se rio y separo mis brazos besando mi nariz –No. Simplemente creí que desearías pasar con tu familia, no los vez hace unos siete meses –se encogió de hombros –he de suponer que los extrañas… y bueno, los compre.
Sonreí agradecida y acaricie su mejilla-Gracias. ¿Te he dicho que eres un sol? –pregunte frotando nuestras narices.
Edward se rio y beso castamente mis labios –No, pero gracias –ahora yo me acerque a él y bese sus labios con ternura por unos segundos.
Al parecer nadie se había dado cuenta de nuestra conversación, ya que todos se encontraban charlando animadamente sobre algo a lo cual no le preste mucha atención.
La tarde paso rápido y luego de la cena todos se fueron agradeciendo la comida. Me despedí con un gran abrazo de todos y no me sorprendí que Alice me deseara suerte en el viaje, quizás eso era lo que Edward y ella cuchicheaban
Cuando todos salieron Edward me abrazo arrinconándome entre su cuerpo y la puerta, tomándome por sorpresa y besando mis labios salvajemente.
Respondí dichosa, amaba los besos de Edward, mas bien, amaba todo lo que a Edward se tratara, amaba a este hombre.
Edward empezó a recorrer mi espalda con sus manos y yo me estremecí entre sus brazos, haciéndolo reír en mi boca. Cuando nos falto el aire él se dedico a morder mi cuello como un vampiro sacándome una risita estúpida y un jadeo.
-Edward… -murmure a duras penas-Maddie –fue todo lo que tuve que decir para que se separara de mi para mirar a los alrededores asustado, haciéndome reír.
Edward me miro feo –Pequeña mentirosa –murmuro, mordiendo mi labio inferior y haciéndome respirar con dificultad.
-Pero… –murmure cuando soltó mi labio y ahora mordisqueaba mi oreja, si seguía así caería y quizás en que terminaría con Maddie oyéndonos desde la otra habitación –Maddie está aquí, Edward. –Logre decir –No… -suspire –no podemos.
Edward suspiro contra mi cuello y lo beso levemente, fingiendo estar apenado –Lastima. Iré a acostar a Maddie –se giro sonriendo enormemente y dejándome completamente desconcertada y con ganas de mas. Gruñí y me di cuenta que nada de lo que hacía tenía sentido. Yo era la que había dicho que Maddie estaba aquí y eso era un problema… así que no debía reclamar.
Con un suspiro cansado camine hasta la habitación de Maddie y observe con el cariño que Edward le daba las buenas noches a Maddie y esta lo miraba adormilada. Los ojos de Edward brillaban cada vez que miraba a Maddeline, y por lo que me había enterado ella no se había portado muy bien desde que me había ido de este apartamento. Sonreí por inercia, ella era adorable.
Maddie levanto la mirada desde su cama y me vio, sonrió y me estiro su manita invitándome a acercar. Me acerque a ella sonriendo –Buenas noches, cariño –dije mientras besaba su frente.
-¿Te quedaras hoy, cierto?-dijo la pequeña mirándome con esos ojos azules y sus largas pestañas.
Mire a Edward y este asintió con la cabeza con una sonrisa, mire a Maddie –Si cariño, esta noche me quedare aquí y mañana te traeré el desayuno a la cama –Ella asintió contenta y estiro sus bracitos para un abraso. Bese su frente y rodee su cuerpo –Duerme con los angelitos, cielo. Buenas noches –Bese por última vez su frente y me puse de pie, Edward me tomo de la mano y después de lanzarle un beso a Maddie salimos de la habitación.
Edward me abrazo por la espalda y entrelazo nuestros dedos en mi estomago, guiándome hasta su habitación. Lance un bostezo involuntario, causando su gracia.
-No tengo pijama- recordé en voz alta. Había dejado solo algunas cosas aquí, que mas que dejarlas no me había percatado que se me habían quedado entre ellas no había un pijama.
-Te puedes poner una de mis poleras –se encogió de hombros –además te quedara como vestido y me encanta como te ves con mis cosas –dijo con voz seductora.
Me reí –Esta bien. –acepte. Me dirigí a su armario y tome la primera polera que encontré. Era una roja con un número escrito en la espalda. Alzando una ceja la estire y vi el nombre "" grabado en la espalda. Mire a Edward con mi ceja alzada, jamás había visto esta polera de football y eso que viví mucho tiempo aquí.
-Buena elección –Edward me guiño un ojo desde la cama
-¿Jugabas Football? –pregunte sin creérmelo. Debía suponerlo, Edward era de los chicos de la secundaria que debían jugar football. Seguro que era el más popular y perseguido, todo lo contrario a mí. La simple y que nadie notaba Bella Swan.
-Emmett y yo, en la secundaria –se encogió de hombros –Emmet la encontró entre sus cosas el otro día. Tenía ambas, la de él decía "Cullen" por ser el capitán y yo tenía la "E. Cullen" para distinguirnos. Aunque los dos empezábamos con "E" –rodo los ojos.
Me reí –Debí suponerlo –murmure para mí misma.
Edward se puso el pijama y yo me puse su polera que obviamente me quedaba como vestido. Olía a Edward y eso me encantaba, algo me decía que la había utilizado hace poco.
Edward me dijo que usara su cepillo ya que yo no traía el mío. Me recordó a las primeras veces que me había quedado aquí y sonreí recordando lo hermoso que había sido eso.
Luego de cepillarme los dientes me metí a la cama y fue el turno de Edward de usar el baño.
Lamentablemente estaba muy cansada como para esperarlo con los ojos abiertos, así que me dormí antes de que saliera del baño.
Desperté la mañana siguiente sintiendo que mi almohada se movía. No tuve que pensar mucho para darme cuenta que estaba durmiendo en el pecho de Edward y su brazo me rodeaba, acariciando me espalda suavemente.
Bese su pecho con una sonrisa, amando estar aquí –Buenos días –salude.
-Hola cariño –saludo Edward.
Gire mi cara apoyando mi otra oreja en su pecho para mirar a Edward. El miraba el techo en gesto ausente, su mano derecha acariciaba mi espalda y su mano izquierda estaba detrás de su cabeza, un gesto totalmente sexy y pensativo.
Con mi mano acaricie su mejilla y el cerro los ojos y se recargo en mi mano con una sonrisa -¿En qué piensas? –susurre.
El abrió los ojos y me miro con sus orbes como intentando entrar en mi y descubrir algo. Me escaneo mientras yo no entendía que pasaba -¿Qué harás? –pregunto.
No entendí de qué me hablaba -¿Qué hare de que? –pregunte.
El suspiro guio su vista hacia el techo –No sé si tu querrás aceptar la tutoría de Maddie –entendí a que se refería –Quizás… no debí hacerlo –mi boca se desencajo totalmente. ¡¿Se arrepentía!?-Pensé que tu querrías… pero no lo pensé mucho. Quizas es demasiada responsabilidad para ti y no quieres cargar con una niña a los 22 años –susurro –yo… no sé si hice bien…
-¡Calla ya Edward Cullen! –dije molesta. ¿De verdad no me creía capaz? -¿De qué demonios hablas? –me incorpore para ver como su mirada sorprendida se posaba en mi -¿Crees que no quiero a Maddie? –Pregunte con lagrimas llenando mis ojos –¿O crees que seré una mala madre? –ahora las lagrimas desbordaban por mis ojos. -¿De verdad lo crees? –mi voz casi no se oía.
Edward parecía alterado y muy sorprendido. Sus hermosos ojos estaban abiertos de par en par y la culpa rodeo sus pupilas. Rápidamente se incorporo y me rodeo con sus brazos, atrayéndome a su pecho, y aunque intente alejarme no me dejo –No, no, no, claro que no –dijo rápidamente, como temiendo a que me largara a chillar en cualquier momento. –Bella, este tiempo que has estado con nosotros has demostrado ser una madre espectacular, has aceptado y cuidado a Maddie como a tu propia hija. ¿Cómo podría pensar que serás una mala madre si a un día de conocerte yo traje a una niña que cuidas como tu hija?. Veo en tus ojos como la ama y ella te adora como a una madre. No era eso a lo que yo me refería –dijo Edward, acariciando mi espalda mientras yo seguía llorando en su pecho –Yo lo decía porque eres joven… y bueno, yo te he dejado un papel con tu opción de tener la custodia de Maddie como si ambos fuéramos sus padres reales… y los seriamos cuando firmara la adopción. Pero no pensé si tu lo querrías o no… tienes 22 años, amor, quizás aun no quieres hijos o algo que te impida disfrutar la vida, no quiero que te sientas obligada a firmar. ¿Me entiendes? –Pregunto suavemente –O quizás tu eres tan distinta a la gente que solía rodearme… tan superficial y sin cabeza, sobre todo sin el corazón que tú tienes –Edward tomo mi mentón con sus dedos y seco mis lagrimas –No quiero que llores, perdóname. No quiero verte llorar, por favor. –pidió dolido.
Ahora entendía a que se refería. El temía mi reacción, como siempre. Creo que Edward esperaba que reaccionara de una forma cuando yo demostraba lo contrario. Lo entendí, yo tendría el mismo temor. No creo que mis ex compañeras de instituto aceptaran "Arruinar" sus vidas y "malgastar su hermoso cuerpo" cuidando a una niña de 4 años no es hija de tu novio, si no que de una ex de este que falleció y le dejo al niña a el, que con su buen corazón la acepto.
No creo que las huecas y superficiales porristas, que ahora deben trabajar en un cabaret, lo aceptaran.
Pero yo no fui porrista y jamás fui superficial. Pero por sobre todo, amo a Edward y a Maddie, la cual considere mi hija desde el primer día en que la vi triste sobre la cama del hospital, dándose cuenta que su madre no volvería. Era irónico, a ambos los había conocido en un hospital, el lugar que mas odiaba.
Deje de llorar y observe a Edward y su expresión dolida –Lo siento –susurre, limpiando mis lagrimas.
-No te disculpes. Perdóname, he sido un idiota-dijo este, enterrando su cabeza en mi pecho como un niño indefenso.
-Firmare Edward-dije sin dejarlo pasar. Edward dejo de respirar-Y no porque me sienta obligada a esto. Porque amo a Maddeline y sería tan feliz sabiendo que nadie podrá alejarla de mi, que podre disfrutar ver su primer día de escuela, luego verla crecer y cuando sea una adolecente enamorada consolar sus penas, quiero verla crecer, verla ir a la universidad y llorar en su matrimonio, quiero poder decir que sus hijos serán mis nietos… y te amo a ti. Quiero estar tomada de tu mano cada paso que ella de, quiero abrazarte cuando la vea entrar por primera vez a la escuela, quiero verte celoso cuando ella tenga novio, quiero verte llevándola al altar y mimando a tus nietos. –Edward parecía conmocionado, oía su respiración errática y su abrazo se apretaba cada vez más a mí, yo acariciaba su cabello –Quiero vivir junto a ustedes siempre, yo no podría imaginar una vida sin ustedes. Y sin ustedes, yo muero.
Edward alzo su cabeza y vi sus ojos rojos, brillando totalmente emocionados y húmedos. –Dios mío –murmuro -¿Qué hice yo para que Dios pusiera a un ángel en mi camino? –Susurro, acariciando mis mejillas con ternura –Yo no podría vivir sin ti, mi ángel, mi hermoso ange –susurro antes de besar mis labios con una ternura infinita.
-Te amo, te amo, te amo tanto… que no se como demostrártelo, como decírtelo, porque las palabras no me alcanzan –murmuro, abrazándose a mí y haciéndonos caer en la cama. Cerré los ojos sintiendo la felicidad invadiéndome y el peso de la cabeza de Edward posarse en mi corazón, oyendo mis latidos.
-Yo también te amo, mon ange –susurre, acariciando su cabello.
Nos quedamos así, abrazado el uno al otro en su cama, su oído en mi pecho, oyendo mis latidos, mis dedos acariciando su suave cabello cobrizo, disfrutando del silencio y del amor que rodeaba el ambiente.
De pronto unos pequeños pasitos se oyeron en el pasillo y la puerta de la habitación se abrió lentamente. Maddie asomo su cabecita cobriza por la puerta, mas despeinada de lo habitual, y sus ojos celestes se iluminaron al vernos abrazados.
-¡Buenos días! –canto con su voz infantil y entro a la habitación. Lucia su pijama rosado y traía al oso que le había regalado hace un tiempo en su brazo.
-Hola corazón –salude.
-Buenos días, princesa –dijo Edward incorporándose y abriendo sus brazos. Maddie corrió hacia nosotros y gateo por la cama hasta llegar a Edward y refugiarse en sus brazos mientras este besaba su cabeza.
-Iré a preparar el desayuno –anuncie. Edward se iba a poner de pie y yo lo detuve –No amor, yo se los traigo. Quédense aquí –ordene. Edward asintió y Maddie sonrió, escondiéndose bajo las sabanas de la gran cama. Edward se acomodo a su lado y abrazo su pequeño cuerpecito y con la otra mano prendió la tv en los dibujos animados. Les envié un beso y ambos sonrieron. Se me hacia tan hermosa esa imagen, sobre todo por el parecido que tenia Maddeline con Edward.
¿Cómo no poder querer que fuera mi hija? Y ese papel nos unía a Edward ya a mí en un lazo más fuerte que un noviazgo…Era ser padres. No de un hijo biológico, pero era lo mismo. Maddie sería nuestra hija.
Y ese pensamiento hizo inflar mi corazón y hacerme sonreír como estúpida.
Prepare el desayuno rápidamente y lleve la bandeja llena de comida hasta la habitación. Comimos entre risas y besos –entre Edward y yo –y cosquillas a Maddie, solo sonrisas.
De pronto una duda paso por mi cabeza -¿le preguntaste a Maddie si quería? –pregunte en un susurro a Edward, mientras Maddie veía concentrada la tele.
Edward asintió con la cabeza –No podría haberlo hecho sin su aprobación. Ella dijo que le encantaría que pudieras presentarla como su hija –respondió sonriente.
Sonreí para mí y de pronto recordé que el papel lo había dejado en mi apartamento. Lo firmaría y se lo pasaría a Edward para que viera que había que hacer con él, y lo haría ahora mismo.
Luego de ducharme y vestirme me despedí de mis amores y me fui a mi departamento, diciéndoles que volvería mañana, a lo que Edward frunció sus cejas y me pregunto porque mañana. Simple, ya no vivía con él. A lo que el lloriqueo y me dijo que volviera. Acepte, porque lo deseaba y porque me sentía horriblemente sola en mi apartamento, además la huida desde el apartamento de Edward fue eso, una huida, pero yo vivía con él, solo tenía que volver.
Pero mañana me ocuparía de eso.
El viaje a casa se me hizo eterno, y no me apareció tan agradable entrar al edificio. Entre a casa y el olor a soledad me invadió. Lo primero que vi fueron los ramos de flores en la mesa y entre ellos el papel. Metí las flores al agua y luego fui a mi habitación a arreglar mis cosas.
Metí la ropa a las maletas y deje algunas cosas en casa. Guarde mis artículos de aseo y nada más, pues todo lo demás estaba donde Edward. Cuando tuve la maleta lista metí comida pre congelada al microondas, no tenía ganas de cocinar para el almuerzo.
Con un suspiro y mi comida sin sabor, me senté en la mesa del comedor y encendí la tv para oír algo y no llenarme de silencio.
Pero antes de que me metiera la cuchara a la boca vi el papel blanco resplandecer en la mesa, llamándome a firmarlo. Deje la cuchara en la comida y lo releí, ansiosa de cumplir aquello.
Me preguntaba cómo se sentiría Maddi con esto.
A parte de la custodia era adopción. Adoptar a Maddeline y ponerle el apellido de Edward y el mío. Pero no estábamos casados, ¿Eso no era un requisito?. Al parecer en el caso de Maddie no. Maddeline Cullen Swan, paso por mi mente. Sonaba bonito, y más porque mezclaba a Edward y a mí en una frase, en una personita tan linda como Maddie.
Era ser mama, legalmente. Porque aunque yo he sido como la madre de Maddie en muchos sentidos, ahora seria legal, ella seria legalmente mi hija y yo su madre y Edward su padre. Sonaba hermoso… y me gustaba mucho. Era importante si, decirle a Maddie que yo no quería ocupar el lugar de su madre, que ella no creyera que yo venía y me pondría en su lugar para sacarla de su cabeza. Maddeline siempre sabría que su madre era Tanya Denali y que su verdadero nombre era Maddeline Denali. Que porque la amamos y jamás la dejaríamos sola seriamos sus cuidadores luego del fallecimiento de su madre.
Mi intención no era que Maddie olvidara a Tanya y James, nunca.
Sabía que estaba bien, porque tenía claro que nunca me separaría de Edward. Si en el tiempo que he estado junto a él he discutido solo una vez por su estupidez, fuimos demostrando que no podíamos vivir sin el otro. Además que la situación en la que nos conocimos no fue nada común, un sueño podría decirse.
Si nos conocimos desde toda la vida, viéndonos crecer cada noche en esos sueños, besándonos en un mundo paralelo, amándonos en sueños, toda una vida juntos cada noche, tomando nuestras manos y sufriendo por la distancia. Ahora que estaba con él, tomando su mano y besándolo realmente había olvidado lo extraño que era antes. Cuando tomaba su mano, pero sabía que se iría en cualquier momento cuando despertara, cuando nos encontrábamos en aquel prado y sus ojos demostraban la tristeza de saber que el sueño terminaría pronto y se alejaría de mí. Había olvidado cómo era ese tiempo, donde tenía 12 y el tenia 14 años y estaba completamente enamorada de él chico de mis sueños, aquel chico de pelo cobrizo y ojos verdes esmeraldas, con cuerpo de niño y cabello desordenado. Quién diría que aquel chico desgarbado de 14 años ahora era todo un hombre de 24, con su mismo cabello y la misma mirada pero con cuerpo de hombre, con una pequeña de cuatro años parecida a el y una novia de 22 años que no es la madre biológica de la niña, pero lo será legalmente, y claro, el es el padre.
¿Quién diría que esto es normal?.
Estoy tranquila, porque sé que él me ama desde que tenemos conciencia, desde que recuerdo haber soñado con él y ver sus ojos brillar cuando me acercaba. Nos amábamos tanto, tanto, que nada, nunca, podrá separarnos.
Sonreí mientras ponía mi firma en mi lugar. Ahora era legalmente la tutora de Maddeline, y pronto su madre adoptiva.
La vida era hermosa, y yo estaba enamorada y muy feliz.
Menos mal que tenia la laptop cerca. Era hora de volver a escribir.
He vuelto de mis muy descanzaadas vacaciones :). Fueron poco tiempo u.u, pero algo es algo. enfin.
Este cap es mas... sentimental. no tiene mucha accion ): Pero llegue agotada y sin mucha inspiracion ; lo siento.
Enfin, aviso que este es el ANTEPENULTIMO Capitulo ;( Osea, quedan dos chapters mas y fin. Ay, me da pena solo pensarlo, pero es hora de que este fic termine. TT.
Bueno... aunque se que no este tan bueno espero haberlas complacido, aunque sea solo un poquito.
Y debo decir que hay algo que me tiene muy triste...Los reviews no aumentan, -siempre mis niñas hermosas que escriben, gracias a las que en cada cap me dejan un comentario- pero las alertas si. entonces me pone muy triste pensar que muchas de las que leen agregan la historia a sus favoritos pero no dejan un mensajito corto por aqui.
Es triste, porque los review son como mi paga y mis ganas de seguir haciendolo mejor. :/.
Agradeceria que me escribieran sus comentarios y agradesco a cada una de la que me escribe cada capitulo, todo lo que escriba va dedicado a ellas :) -Y si esque hay por ahi un el-
Besotes y abrazos, espero sus comentarios.
pk.-*
