Te reiras cuando lo leas... Sera un lindo recuerdo. te quiero.
Mi única alegría,
Mi única fuerza
(Caigo en tu abundante gracia)
Mi única poder
Mi única vida
(Y amor es donde estoy)
Mi único amor.
Capitulo 25
Viaje a Forks.
Tecleaba y tecleaba frente al laptop. Había avanzado 55páginas sin parar en casi una hora. Estaba en un lapsus de inspiración enorme, no podía para de escribir y sonreía cuando las ideas venían rápidamente en mi cabeza.
De pronto el sonido del Móvil me interrumpió.
Era Edward, una sonrisa se poso en mi rostro. ¿Ya me echaba de menos?
-Edward –salude.
-Bella –dijo este con un tono bastante preocupado-Tengo un problema… bueno, no yo, es Maddie…
La palabra Maddie me hizo ponerme de pie cerrando el archivo del pc guardándolo antes -¿Qué le pasa? –pregunte
-Está llorando –podía oír el llanto de Maddie de fondo –Dice algo de Tanya… Dios, no sé qué hacer. Ha llorado desde hace una media hora… y dice que Tanya se va… no lo entiendo. –Dijo este con evidente desesperación. Ya podía imaginármelo pasándose las manos por el cabello desesperado.
-Tranquilo amor, voy para allá –no lo deje hablar y corte la llamada
Tome mi móvil, mis llaves y las llaves del carro. Me saque las gafas que usaba para estar frente a la laptop y Sali rápidamente del apartamento.
En 10 minutos golpeaba la puerta de Edward. El me abrió, luciendo totalmente preocupado. Su cabello desordenado confirmaba mis sospechas de su tic, lo abrasé rápidamente para tranquilizarlo para luego correr hacia la habitación de Maddie, Edward siguiéndome.
Maddeline se encontraba en medio de su cama, vestida con unos jeans y una pollerita verde limón, su cabello suelto y algo pegado en su cara causante de sus lagrimas. Su rostro rojo y sus ojos del mismo color me hicieron sentir una pena enorme, no quería que llorara.
-Cielo-me senté a su lado y la envolví en mis brazos, Edward se sentó al otro lado mirándonos preocupado -¿Quieres contarnos qué pasa? –pregunte suavemente, para tranquilizarla un poco.
Maddie sollozo un poco mas para luego mirar a Edward y abrazarlo con fuerza. Edward la sentó en su regazo apegándola a su pecho y acariciando su cabello mientras ella sollozaba. La mirada de mi novio era completa preocupación y desconcierto, mire a Maddie intentando averiguar que pasaba que tuviera que ver con Tanya.
Seguramente la extrañaba… era extraño no verla llorar, ella era muy pequeña y había perdido a su madre y últimamente no había llorado por ella. Edward llego a la conclusión que se sentía bien con nosotros y como era muy pequeña quizás aun no lograba asimilar la muerte de su madre.
Pero ahora ella lloraba por Tanya… pero no por extrañarla…
-Cariño, por favor, dinos que te pasa –Dijo Edward suavemente pero algo desesperado.
Maddie intento relajar su respiración y yo acaricie su cabello para tranquilizarla. Movió su cabeza del pecho de Edward para mirarnos a ambos.
-Es… es mama –dijo débilmente, hipando entre palabras.
-¿Qué pasa con ella, cielo? –pregunte preocupada.
-Se va –dijo para luego largarse a llorar de nuevo. Edward y yo nos observamos incrédulos. ¿Se va?. Tanya había fallecido hace mucho, Maddie lo sabía, no podía darse cuenta ahora…
-Mi amor, sabes que Tanya hace mucho que no está –dijo Edward haciendo una mueca extraña de tristeza.
-Pero…. –sollozo la pequeña- Ella me hablaba, me decía cosas de ustedes… de que debía portarme bien –se sorbió su naricita para luego aferrarse a la camisa de Edward- Ella siempre venia a darme las buenas noches, y podía oírla en mi cabeza, sentirla cerca –Maddie hablaba como una niña grande, no como una pequeña de cuatro años, Edward me miraba como preguntándome a mí que hacer.
Entonces mil ideas se me vinieron a la cabeza. Cuando a Maddeline se le oscurecía la mirada y hablaba extraño, cuando sabia como hacer las cosas y guiarnos donde teníamos que ir, era como si fuera otra persona… y esa mirada, según Edward, era idéntica a la de…
-Tanya –murmure. Edward me miro sin entender, su ceño levemente fruncido. –Maddie –me agache para quedar a su altura –Tanya te dijo que se iba porque…
-Porque ahora tú te harías cargo de mi como si fueras ella –murmuro la pequeña.
El silencio lleno la habitación excepto por los leves sollozos de Maddie. Mire a Edward como pidiéndole una explicación, pero el parecía igual o más desconcertado que yo.
-Maddeline –murmuro Edward tranquilizadoramente, acariciando la mejilla de Maddie -¿Me cuentas que dice tu madre? –pregunto Edward casi sin creérselo.
Maddie suspiro y miro a los ojos de Edward directamente –Ella se va. Vino acá y acaricio mi cabello y me dijo que era hora de irse –una lagrima escapo del ojo de la pequeña –dijo que Bella había aceptado aserse cargo de mi y que ella sabía que yo iba a ser feliz con ustedes y que me cuidarían bien, que ya se podía ir en paz porque sabía que yo estaría bien ahora que seriamos una familia –un sollozo interrumpió las palabras de la pequeña, quien nuevamente enterró la cara en el pecho de Edward –Dijo… -hipo –dijo que siempre le agradecería a Edward haberme aceptado, y a Bella por ser tan buena con migo… que estaba tranquila porque sabía que tu –me miro a los ojos, sus orbes azules llenas de lagrimas, mis ojos picaban sintiendo las lagrimas venir cerca –ocuparías su lugar porque me querías, y que Edward me amaba como una hija- Edward apretó su abrazo mirando el horizonte, como si estuviera en un pensamiento lejano –Luego de besarme la frente se fue por la ventana. –termino la niña.
No podía creer lo que oía. ¿Tanya de verdad había hablado con Maddie? ¿Le había dicho eso? ¿Una ilusión de una niña que perdió su madre?
No lo creía. Estaba casi segura que Tanya estuvo aquí. ¿Cómo explicar las veces en que Maddie se comporto tan extraño, como si no fuera ella? Yo era la menos adecuada para decir que no creía en lo extraño.
-Tranquila cariño- le limpie las mejillas con mis dedos donde las lagrimas caían.
-Tú me crees, ¿verdad? –pregunto inocentemente.
Asentí con la cabeza –Claro que te creo, cielo. Tu madre se fue al cielo tranquila, ya hizo lo que tenía que hacer aquí, y como te vio tan grande, linda y sabiendo que te amamos más que nada, se fue tranquila, sabiendo que jamás te pasaría nada malo. –Murmure, la cargue y la coloque en mi regazo –tu mama te ama mucho, siempre te amara este donde este. No creo que ella quiera ver a su pequeñita llorar- dije medio bromeando. –Así que deja de derramar lagrimitas, cariño, porque tu mami ahora esta más feliz.
-¿ella está feliz?-pregunto con un poco de alegría.
Asentí -¡Claro que lo está! Te ve tan grande y linda, ¿Quién no estaría feliz como una hija como tu?
-¿Entonces, tu y Edward son felices? –pregunto la niña, mirándonos a ambos.
Edward levanto la mirada que mantenía perdida en sus manos y observo a Maddie con una sonrisa a medias. Luego me observó a mí y sus ojos brillaron –Yo soy muy feliz con una hija como tú. Me encanta poder llegar a casa y ver a mi pequeña revoltosa jugando con sus barbies invadiendo mi apartamento –se rio –te quiero mucho, Maddie, y yo podría imaginarme sin ti como mi princesita –murmuro Edward, sus ojos sin quitar la vista de las orbes azules y emocionadas de Maddie, que ahora me observaba a mí con sus ojitos llorosos y brillantes.
-Yo soy muy feliz con una niña como tu, te quiero tanto, pequeñita, que no podría vivir si no te tuviera ni a ti ni a Edward a mi lado –murmure siendo completamente sincera.
Maddie estiro sus bracitos y nos abrazo a ambos, Edward y yo la abrasamos con tanto amor como fuera posible. Era lindo vivir estas experiencias, me sentía tan feliz con ellos, con mi niña y mi novio, mi mundo en estas dos personitas que tanto amaba. No se podía explicar la satisfacción y la sensaciones paz, amor y alegría que sentías al mirar a los que más amas y poder decir que ellos te quieren tanto como tú a ellos.
-yo también los amo, mucho, mucho, mucho –dijo la voz infantil de Maddie, besando mi mejilla y luego la de Edward.
Sonreí inevitablemente y Maddie se separo de nuestros brazos para sentarse en medio de nosotros mirando por la ventana.
-Ahora si te puedes ir tranquila, mami –murmuro la niña, observando atentamente hacia la ventana.
Mire en su dirección y no vi nada, al parecer Edward tampoco porque su ceño se fruncía intentando ver lo invisible.
Maddie soltó una risita –se lo diré, mami. Estoy bien, ellos me quieren –sonrió enormemente –Te amo, mami. –dijo la pequeña ahora con voz un poco más triste.
De pronto, de la nada una ráfaga de aire tibio me recorrió la espalda y pude ver a Edward tensarse. La sorpresa en sus ojos se hizo evidente mientras Maddie observaba atentamente frente de Edward como si alguien estuviera ahí.
Luego, Maddie miro hacia arriba y sonrió cerrando los ojos-Adiós –susurro, y el aire tibio me recorrió la espalda para luego abandonarme tan rápido como llego.
Nos quedamos en silencio totalmente petrificados –Ella me abrazo-susurro Edward, pasándose una mano por el cabello, nervioso –Dios, lo sentí, lo juro –paso sus manos por su cara nervioso.
Me acerque a él y lo abrasé –Se estaba despidiendo –dije suavemente.
-Pa, ella dijo que Bella tenía el anillo.-Hablo Maddie como si nada.
Ambos la miramos sin entender, ella se encogió de hombros –Anillo de compromiso.
Abrí los ojos al mismo tiempo que vi como Edward se tensaba y abría la boca.
-Ese anillo…
-El que encontré al borde del Támesis, ¿Era tuyo? –interrumpí, sin creérmelo realmente.
El asintió –"este anillo es falso, el verdadero estará en nuestra boda. Te amo" –dijimos los dos al mismo tiempo, susurrando al final.
-Era tuyo… -susurre sin creerlo. –Tu anillo de compromiso… con Tanya.
--*
-Bella, ¿Llevas todo, cierto? –pregunto por enésima vez Alice.
Rodé los ojos mirando las dos maletas –si, Alice, ya te dije que no necesito mas maletas.
-Amor, ¿estás lista? –pregunto Edward desde la puerta de su apartamento. Maddie a su lado tomaba su manito emocionada.
Ambos se veían guapísimos. Edward con su chaqueta y sus vaqueros desgastados, haciéndolo ver más joven aun y Maddie con su abrigo rojo y su boina del mismo color, una bufanda blanca alrededor de su cuello.
-Claro, ya voy –sonreí a mis dos amores mientras con la ayuda de Alice arrastraba las maletas.
Al llegar a la puerta Edward tomo las maletas y las llevo el mismo mientras yo tomaba la mano de Maddie.
Alice se rio –Si que son una familia bonita, ahora, ¡foto! –dijo y un flash me cegó los ojos.
Edward se rio y beso castamente mis labios mientras un nuevo flash y un gritito de alegría llegaba a nuestros oídos. Sonreí a Alice, siempre tan infantil.
-Vamos, bajen que los demás se aburrirán de esperarlos en el Aeropuerto. ¡Sera un mes larguísimo sin ustedes! –Hizo un puchero y miro a Maddie -¿y quién me acompañara de compras sin quejarse? –pregunto. Maddeline amaba las compras tanto como Alice, siendo tan pequeña ya me asustaba. Era su única compañera de compras que no lloriqueaba a las 4 horas sin parar de tienda en tienda. Incluso muchas veces la dejábamos ir solas y nosotros aprovechábamos de… descanzar.
Habían pasado tan solo 5 días del día en que Maddie informo que Tanya se fue. Lo del anillo fue pura coincidencia. Jamás había pensado que ese anillo iba a ser del mismísimo amor de mi vida. Edward casi si atraganta con agua cuando le mostré el anillo después de ir a buscarlo a mi apartamento. Creo que le ponía un poco nervioso el hecho de que yo, su novia actual y mujer con la que soñaba, encontrara el anillo de su ex –prometida lamentablemente fallecida. A mí no me importaba el hecho de que se hubiera comprometido antes de conocerme, es más, si algún día hubiese conocido a Tanya sin que ella tuviera una relación con Edward estoy segura que hubiésemos sido amigas.
Lo del anillo fue una coincidencia extraña. Decidimos dejarlo guardado hasta que Maddie digiera algo sobre el tema o quisiera ver el recuerdo de su madre, que según Edward había enviado a hacer los anillos y ella misma se lo había dado.
-Vamos amor –susurro Edward en mi oído y beso mis labios. En el ascensor no había nadie, supuse que Maddie y Alice habían salido rápidamente. Asentí sonriente y tome la mano libre de Edward.
Caminamos hasta el Volvo y luego de meter las maletas en el cofre Maddie y yo nos burlamos de la cara de Edward al ir de Copiloto. Alice manejaría el coche y ella misma lo traería, por lo que se subió burlona y sonriente al lugar del piloto.
-Estoy pensando seriamente el comprarme un volvo como el tuyo… -comento Alice, doblando rápidamente en una esquina haciendo sonar las ruedas y sujetarnos de lo que teníamos cerca para no movernos. Maddie parecía disfrutar de la velocidad, porque chillaba de alegría cada vez que Alice doblaba bruscamente o hacía sonar las ruedas –Pero del color de mi Porshe, amarillo chillón.
-¡Ni se te ocurra Alice Cullen! –dijo Edward como si se tratara de un pecado, sujetándose del asiento cuando Alice acelero demasiado rápido y doblo en otra esquina.
-¡Ja! ¿Ves lo que se siente? –me burle de Edward sujetándome firmemente del cinturón de seguridad.
Edward se rio –Bella, amas como conduzco –se burlo.
-¡Mentiras! ¡Todos los Cullen son unos locos para conducir! Dios, soy hija de un policía, ¡Las leyes de tránsito son importantes! Y no quiero morir hecha galleta de Volvo o Porshe –dije refunfuñada. Alice y Edward eran exactamente iguales de acelerados y locos para conducir, nunca entendía como no les ponían una multa por exceso de velocidad, claro, pero sabían cómo utilizar su encanto Cullen cuando un policía se les acercaba.
Alice giro el auto para aparcarnos bruscamente en el estacionamiento del aeropuerto. El auto se movió hacia la izquierda y las ruedas chillaron cuando Alice freno bruscamente y quedo perfectamente bien estacionada.
Me puse la mano en el corazón agradecida que la tortura terminara y oí como Maddie saltaba y aplaudía en su lugar feliz -¡No! ¡Maddeline Denali, próximamente Cullen Swan, te prohíbo que conduzcas como la desquiciada de tu tía y de tu padre! –regañe seriamente, causando la risa de Alice y de Edward.
-¡Pero ma! –lloriqueo Maddeline. Negué con la cabeza rotundamente mientras Edward abría la puerta de Maddie aun riéndose y la cogía en brazos.
-No te preocupes cielo, yo me ocupo de ella –le guiño un ojo.
Maddie se rio y yo me cruce de brazos –Ustedes están todos locos –murmure, causando la risa de todos, nuevamente.
Arrastramos las maletas hasta entrar a la sala donde esperaríamos que llamara nuestro avión. Todos estaban ahí, Carlisle, Esme, Jasper, Emmett y Rosalie nos esperaban sonrientes.
-Me alegra tanto que tomen unas vacaciones –sonrió Esme -¡Tienen que traer muchas fotos!, ya ni recuerdo los lugares por los que viví… -dijo melancólica. Abrace a Esme con ternura, ya la quería tanto… ella me abrazo maternalmente y acaricio mi cabello, sonreí alegremente. Amaba llevarme bien con mi suegra.
Emmett tomo en brazos a Maddie y la puso sobre sus hombros, Rosalie lo miraba embobado –Así que la pequeña mocosa quiere ser una adicta a la velocidad ¿eh?. –Emmett sonrió socarronamente –¡Esa es una Cullen! –alzo la mano hasta chocar los 5 con Maddie.
-No, no y no. Tiene cuatro años y no quiero que por su culpa quiera andar por la calles creyendo que es conductora de la formula uno con su triciclo. –me cruce de brazos y todos se rieron, incluido Edward, quien parecía orgulloso de que su niña quisiera conducir como el –Ni lo pienses, Edward Cullen –dije mirándolo acusatoriamente, como si leyera sus pensamientos.
Edward alzo sus brazos, como si lo hubieran pillado en una travesura -¿Qué? Yo no he dicho nada –dijo inocentemente.
Después de un rato de bromas y conversaciones llamaron nuestro avión. Las despedidas comenzaron con una ronda de abrazos y besos en las mejillas, deseándonos suerte. Luego caminamos directamente al avión ya que Emmett y Jasper se habían ocupado del equipaje mientras conversábamos.
Suspire con alegría cuando me subí al Avión, deseando que las horas pasaran rápido, quería ver a mi madre y a mi padre. Había decidió no avisarles que iba, tomarlos por sorpresa. Aunque me pregunte qué pensaría mi padre cuando me viera llegar con Edward y una niña de 4 años muy parecida a ambos. Quizás sonreiría encantado y correría a abrazarme… o le daría un ataque.
Prefería pensar en la primera opción.
Maddie quedo al lado de la ventana, luego venia yo y a mi lado Edward, quien me abrazaba por el hombro cuando los tres teníamos el cinturón de seguridad puesto.
Maddie parecía feliz mirando por la ventana mientras Edward acariciaba mi hombro y besaba mis labios cada cierto tiempo. La azafata nos trajo unas gaseosas y cuando la ciudad desapareció bajo las nubes Maddie se acomodo poniendo su cabeza mi regazo y cerrando sus ojitos mientras acariciaba su cabello.
Ella sonrío y al rato sentí su respiración acompasada y sus labios levemente abiertos, se había dormido.
Los labios de Edward se posaron en mi sien –Es hermosa –susurro, observando a Maddie y acariciando mis nudillos.
Asentí, mirando a la niña dormir plácidamente y sonreí –Es muy hermosa. Se parece mucho a ti… -murmure, un pensamiento idiota paso por mi mente… ¿si él y Tanya habían tenido a Maddie? Su parecido era extraordinario… y ellos fueron… pareja, casi casados. Fruncí mis labios mientras analizaba todo eso.
El se rio –Te puedo asegurar que no soy su padre biológico –al parecer leyó mis cavilaciones –No conocía a Tanya en esa época. Cuando la conocí, según mis cuentas, Maddie tenía 1 año, casi dos –afirmo, sonriendo a medias. –Pero me alegra que se parezca a mi… porque también tiene un parecido muy grande a ti –dijo él, sonriendo y acariciando la mejilla de la pequeña –La forma de sus ojos, la forma de su nariz, esas pocas pecas… iguales a las que las pocas que posan en tu rostro. Creo que nadie dudaría que no es nuestra hija, al menos que conozca la historia.
Sonreí, besando su mentón y descansando mi cabeza en su pecho –Tienes razón. También me alegra haber llegado a sus vidas… ahora que los tengo, no podría imaginarme un futuro sin ustedes –susurre.
Edward levanto mi mentón para mírame intensamente y besarme los labios con ternura –Yo tampoco, ange. Te amo –murmuro contra mi boca.
----*
El húmedo clima y feo día de Seattle nos recibió. El aeropuerto Tacoma me parecía acogedor, asegurándome que estaba de vuelta. Aspire aire con una sonrisa, me alegraba volver por aquí…
Maddie apretó mi mano mientras miraba a su alrededor emocionada. Era la primera vez que viajaba fuera del país y parecía totalmente encantada. Para sus cuatro años aparentaba mas, tal por su inteligencia como su forma de ser.
Guie a mi nueva familia hasta los equipajes, ya que ambos se mantenían ocupados observando a los alrededores y reclamando el clima similar a Londres.
Lástima que aun faltaba mucho de viaje.
Mis dos amores no parecían emocionados con la idea de sentarse 4 horas más dentro de un coche. Me reí del mohín que hicieron Maddie y Edward cuando les dije como seria el viaje. Mis padres Vivian en Forks, amaban ese pequeño pueblito que desde pequeña deteste, así que apenas se me dio la oportunidad Salí pitando de ahí.
Seattle estaba a 4 horas de Forks en coche y era la única forma de llegar al menos que alquilaras un helicóptero, y sinceramente prefería manejar a subirme a un objeto volador nuevamente.
Salimos del aeropuerto con las maletas en dirección al estacionamiento, donde nos esperaba un auto alquilado que ahora mismo pagaríamos. El reloj marcaba las cuatro de la tarde, entonces deberíamos llegar a las 8 a Forks, aproximadamente.
Pagamos el coche y Edward metió las cosas el cofre. Se iba a sentar en el asiento del piloto, que en este caso era el de copiloto, y tan acostumbrado estaba a su coche Ingles que ni cuenta se había dado. Me reí y el alzo sus cejas sin entender.
-¿Me pasas las llaves?- pregunte dulcemente, con la burla en mi cara.
Frunció el ceño y se percato de que no estaba en el lado correcto –oh, lo siento. –Aun así no me paso las llaves.
Maddie se encontraba acomodada perfectamente en los asientos traseros –Oh, cielo, ¿no pretenderás conducir de este lado hasta un pueblito a 4 horas de aquí sin siquiera saber el camino? –me reí, leyendo claramente la expresión de su cara.
Bufo, y me paso las llaves –No es justo –murmuro con un mohín.
Me reí de su infantilismo y me puse de puntitas para besarlo –Ya, sube al coche –ordene sonriente.
Conduje hasta un supermercado cercano para comprar cosas para comer para el camino, no quería que Maddie muriera de hambre. Edward me miraba atentamente intentando memorizar la forma de conducir del otro lado, según él.
La compra en el supermercado fue rápida, pero en esos 15 minutos que estuvimos dentro me percate como la gente, más bien las mujeres miraban demasiado a mi novio, claro, pasando por alto que cerca de él estaba su novia y su casi hija.
Mi cara fue cambiando de a poco, cuando veía a las mujeres mirarlo demasiado y dejar lo que hacían para seguirlo con la mirada, el no se dio cuenta, parecía entretenido recorriendo el supermercado con el carrito con comida chatarra.
Mi "disimulación" de celos termino cuando una chica choco con el "Sin querer" cuando para mí fue obvio que fue adrede. Se le cayeron las cosas de la mano y Edward parecía apenado.
-Lo siento, no te vi –se disculpo Edward mientras se agachaba a recoger las cosas.
La cara de la chica rubia fue de sorpresa y admiración, como si viera a un personaje de Hollywood, aunque pensándolo bien, Edward parecía un artista de Hollywood. También leí claramente en su rostro. "Oh Dios mío, ¡Un británico!". Pf, si, era verdad, el acento de Edward era irresistible más con esa voz tan aterciopelada que cualquier chica caería a sus pies.
Pero era mío.
-No, no te preocupes, ¡Hay! Que tonta fui –dijo poniéndose una mano en el corazón teatralmente.
Me acerque con Maddie de la mano, pensando alguna cosa que decir para arruinar el momento –Papi, ¡Tengo hambre!-se quejo Maddie antes de que yo abriera la boca, acercándose a Edward y estirando sus manitas. Si parece que fuera mi hija –me reí internamente.
Edward al mirar a Maddie sonrío y le paso las cosas a la chica que ahora miraba a la pequeña sorprendida. Me acerque a ellos viendo como las miradas de la población femenina parecía decepcionada. Me reí mentalmente.
Maddie estaba en los brazos de Edward cuando me acerque sonriente –Aquí está todo, amor. –dije como si no me hubiera dado cuenta de nada mientras ponía las cosas en el carro, Edward asintió.
-Bueno… -dijo dirigiéndose a la chica –siento eso. Adiós .
La chica nos quedo mirando –Esto… adiós –dijo algo ida.
Tome la mano de Edward sonriente y caminamos hacia las cajas, mi cara mostrando mi leve molestia para las miradas que nos seguían, corrección, seguían a Edward.
Pf, parece que no importara que llevara una niña en brazos y una chica de la mano. Esas eran las reacciones que causaba Edward en las hormonas femeninas.
Aun me sigo preguntando que hice para que soñara con este chico, y mas, que me amara de esta forma.
-¿Qué pasa, Bella? Andas silenciosa –me pregunto cuando llegamos al auto.
Salí de mis pensamientos y vi a Maddie sentada en los asientos traseros con el cinturón de seguridad y comiendo una paleta, mirándome cómplice.
Sonreí –Nada… solo me preguntaba si te haces el tonto o de verdad no te das cuenta –dije rodando los ojos, abriendo la puerta del coche.
Edward me tomo de la cintura y me giro para atraparme entre la puerta y su cuerpo, su ceño adorablemente fruncido sin entender.
-¿De qué hablas? –pregunto, pareciendo muy confundido.
-Edward. Todas las chicas te miraban como si fueras un trozo de carne. ¡Las deslumbras! –dije cruzándome de brazos.
Su mirada parecía divertida, tanto que solo unas carcajadas –Hay Bella. Me gusta verte celosa –sonrío torcidamente y se acerco peligrosamente a mis labios.
-Pues si estaba celosa. No es lindo que miren a tu novio como si fuera un trozo de el chocolate más caro y exquisito, y mejor, dietético –bufe, rodando los ojos.
Se rio mas fuerte –chocolate… dietético…-repitió entre risas.
-¡Deja de reírte de mí, Cullen! –dije molesta, apuntándolo con mi dedo.
Negó con la cabeza divertido –tú y tus ocurrencias –suspiro –Bella, sabes que solo me interesa que tú me veas como un trozo de chocolate… dietético –dijo intentando ocultar las carcajadas –Creo que eres la única mujer que ha comparado con un chocolate dietético –se burlo –deberías superar tu adicción a ellos.
Me hice la ofendida -¡Que dices!. Creo que te dejare soltero esta semana. –Dije ante su mirada divertida- Menos mal que traje muchas cajas de chocolates Val d'Aosta.
Edward se rio de nuevo y me apretó a su cuerpo –Sabes que soy algo así como… de tu propiedad-dijo pensando las palabras –Ahora deja de pensar en chocolates y bésame –ordeno, autoritario.
Sonriente obedecí besándolo con ternura, y muy, muy cortamente. –Hora de seguir el viaje –canturreé alejándolo de mi y ganándome un quejido adorable de su parte. Me subí al coche y seguí conduciendo hacia Forks.
El viaje transcurrió rápido con las conversaciones de Edward y de burlarme de el por su cara de tragedia por no poder conducir el coche. Creo que Edward odiaba que condujeran el carro en el que iba, mas si era una mujer. Me reí de la estupidez de mis pensamientos.
Inspire con alegría cuando vi la macha verde que se veía a mí alrededor, confirmando que había llegado al pueblito demasiado verde de Forks. Todo estaba igual que antes, las mismas tiendas, las mismas señaleticas, el mismo bosque al cual venia a relajarme cuando era pequeña.
La gente que paseaba por ahí miraba el auto con curiosidad. Forks era un pueblo donde todo se sabía y todos se conocían, era muy extraño un nuevo visitante que viniera. Reconocí a algunas personas como la Sra. Stanley, la mujer que sabía todos los chismes y amaba publicarlos, su hija Jessica era igual a ella, nada de confiar. También vi a Sue y Seth Cleawather. Sue era mi profesora de historia y Seth su hijo, era compañero mío y un muy buen amigo, debería recordar saludarlos. Y mucha gente más.
Era oscuro cuando pare frente a la casa de mis padres. Cuando me fui era blanca, y ahora estaba pintada de un lindo tono damasco, obra de Renee, adivine. El jardín estaba perfectamente cuidado con flores hermosas y césped húmedo y verde, muy parecido al de los vecinos. Renee amaba competir contra la vecina Lucy, una señora de pelo corto y rubio y unos ojos grises competitivos. Cada vez que mi madre hacia algo en su Jardín Lucy lo imitaba y sucesivamente. Era divertido verlas luchar por "quien corta el pasto más rápido" y sonreír sínicamente.
-Llegamos –anuncie, sonriente. Edward observaba la casa y Maddie dormía plácidamente.
-¿Estás segura que está bien que no avisaras que veníamos? Para ti no habría problema… pero ahora viene Maddie y yo, ¿Sabes? Vi un hotel pequeñito por aquí, cerca, no tendría problema en irme con Maddie… digo, para no incomodar. O quizás Maddie quiere quedarse contigo, pero no creo que a tus padres les guste la idea de un chico en su… -lo calle poniendo un dedo en sus labios con una risa algo histérica.
Edward estaba nervioso por conocer a mis padres, sus suegros. Me causo gracia lo rápido que hablaba y lo confuso que se hallaba por su nerviosismo, me parecía adorable. –Tranquilo –dije controlando la risa –Mis padres te amaran, te lo aseguro. Y hay suficientes habitaciones como para dejarte pagar un hotel. Así que vamos.
Me baje del auto mientras Edward lo hacía con un suspiro algo nervioso. Se paso la mano por el cabello repetías veces mientras miraba el lugar, acto que me aseguraba que estaba nervioso.
Sonriente desperté a Maddie –Cielo, despierta, llegamos –murmure. Ella abrió sus ojitos pareciendo desconcertada.
Miro a su alrededor –¿Llegamos? Whoa, que verde –comento. Me reí, yo había pensado lo mismo cuando llegue.
La tome en mis brazos y le puse el abrigo rojo que traía antes de que se enfermara por el cambio de clima. Cerré las puertas del coche.
-Edward, vamos –estire mi mano y este la cogió, entrelazando nuestros dedos y ajustando su bufanda verde con la otra, su cabello desordenado dándole un aspecto de modelo de revista.
A mi madre le encantaría.
-¿Y las cosas? –pregunto Maddie, algo soñolienta.
-Las traeremos cuando mis padres asuman que su hija perdida esta aquí –sonreí explicándole a ambos, ya que Edward me hacia la misma pregunta con la mirada.
Ambos asintieron, algo nerviosos.
-Teníamos que haber llamado –murmuro Edward bajo su aliento.
Toque el timbre que oímos desde afuera. La voz de mi madre gritando un "enseguida" se oyó. En este momento me estaba preguntando si fue correcto no avisar que venía… con dos personas más.
Mi madre abrió la puerta. Su cabello castaño estaba un poco más corto y sus ojos azules como siempre. Su expresión confundida se poso en Edward, quien bajo la mirada algo cohibido y luego me miro a mi y sus ojos se abrieron como si hubiera visto un fantasma… con una niña en brazos.
Las manos de mi madre se fueron tapando su boca y sus ojos llorosos. Parece que no noto a Maddie porque se lanzo a mis brazos con un abrazo estrangulador.
-¡No lo puedo creer! Isabella Swan ha venido ¡Que sorpresa!-dijo con alegría y emoción, apretujándome en sus brazos.
-Mama –murmure contra su cabello –Te he extrañado. Espero que no te moleste que no avisáramos –murmure.
-¡Claro que no, bebe! –rodé los ojos, yo no era una bebe hace muchos años. –no importa que no avisaran… ¡Esta es tu casa! Aunque la hayas abandonado hace….-paro repentinamente al caer en cuenta de las palabras.
Se alejo de mi y pareció recién notar a la niña aferrada a mi cuello, que la miraba con una sonrisa dulce y luego su mirada callo al chico que tenía su mano entrelazada a la mía y una sonrisa tímida.
Mi madre palideció de pronto y paso su mirada de Edward, a Maddie y a mi repetida vez antes de verse media amarilla. Parecía muy sorprendida. –Mama, ¿Estás bien? –pregunté preocupada.
De pronto Renee estaba tumbada boca arriba en el suelo, totalmente desmayada.
Edward abrió los ojos y me miro como diciéndome "Te lo dije" y corrió para ayudarme a levantar a mi madre.
-Dios mío –murmure preocupada dejando a Maddie en sus pies y guiando a Edward quien tenía en brazos a mi madre para que la dejara en el sofá.
-Te dije que no era bueno llegar así –murmuro él, algo avergonzado.
-Quizás tuviste razón –murmure mirando a mi madre. –despertara en unos minutos. –dije segura. Eran común en mi madre estas clases de desmayos por sorpresa, eran bastante comunes.
Y tenía razón, porque dos minutos después despertó, viendo mi cara antes que nada.
Y a penas me miro sus ojos se llenaron de lagrimas –Oh Bells, te he extrañado tanto –dijo lanzándome a mis brazos, tomándonos por sorpresa.
-Yo también mama –murmure algo confundida.
-Oh, lo siento-se disculpo mirando a Edward –Tu debes ser Edward, y tu Maddie –dijo ella como si nada.
Me pregunte porque demonios se había desmayado si ya sabía quien eran ellos, yo misma se lo había contado, más bien descrito por teléfono.
Edward se puso de pie y tomo la mano de mi madre estirada –Así es, un gusto señora Swan –saludo educadamente.
Mi mama se rio –Solo Renee, Edward. ¡Y esta adorable criatura debe ser Maddeline! –dijo emocionada, mirando a Maddie y poniéndose a su altura –Hola corazón, Soy Renee –se presento.
Edward me miro a mi como si mi madre tuviera cinco ojos en vez de dos, no entendiendo nada. Me encogí de hombros, Renee siempre fue extraña.
Maddie sonrío –Hola, Soy Maddeline –se presento la niña, apretando la mano de Renee.
-Lo sé cariño. –Sonrió -¡Que alegría tenerlos aquí! –mi madre exclamo emocionada –Y que sorpresa. Edward es mucho más guapo de cómo me la habías descrito –mi madre me guiño un ojo y Edward se rio bajito. –Bueno, deben venir cansados. ¡Les traeré chocolate caliente y galletas!, y también llamare a Charlie, ¡Va a estar tan feliz! –chillo mi madre, dando saltitos hasta la cocina.
Edward se sentó en el sofá y me senté a su lado, Maddie en sus piernas –No sé porque me recuerda a Alice –murmuro él.
Rodé los ojos –Creo que quiere más a Alice que a mí. Cuando iba a visitarnos ambas desaparecían por todo el día de compras. –sonreí recordando.
Edward se rio y en ese instante oí como la puerta de la entrada se abrió. Salí de la sala para recibir a mi padre.
Mi padre apareció por ahí y ni siquiera me noto, colgó el cinturón con la pistola al lado de la puerta, tenía que decirle que la alejara de ahí porque ahora había una niña en la casa.
-¡Renee, ya llegue! –grito mi padre sacando su cazadora y colgándola en el perchero.
-claro, ¿Y para tu hija ni un hola? –dije sarcásticamente.
Papa levanto la mirada y casi veo como sus ojos caían al suelo de lo abierto que los tenia. Sus ojos marrones muy parecidos a los míos brillaron en cuanto me miro.
-¡Isabella! –dijo con emoción acercándose a mí en un abrazo estrangulador.
-Papa –dije besando su mejilla -¿Cómo has estado?
-Bien, bien. ¡Qué sorpresa! Hija, parece que no te veo hace siglos –me miro -¡Si has cambiado! Pareces toda una mujer grande.
Rodee los ojos divertida-Quizás es porque soy una mujer grande –me reí.
El me acompaño con las risas –Parece que ayer tenias 15 años y lloriqueabas para que te diéramos permiso para salir –dijo risueño.
Me sonroje –Papa –dije a modo de advertencia –Mira, te quiero presentar a alguien. –dije tomándolo de la mano y guiándolo hasta el salón donde estaban Edward, Maddie y mi mama conversando y bebiendo chocolate caliente.
Papa frunció el ceño al ver a un hombre sentado en el sofá, un hombre extremamadamente guapo hay que decir, pero casi se se le caen los ojos cuando ve a la pequeña sentada en el regazo de Edward, sonriente.
-Papa –dije, captando la atención de todos. Edward sonrío algo nervioso –El es Edward, mi novio.
Edward se puso de pie y estiro su mano-Buenas tardes, señor Swan –dijo educadamente, con ese acento tan sexy.
Mi papa lo miro acusadoramente –Edward –dijo con un asentimiento de cabeza.
Edward noto la tensión y se sentó nuevamente en el sofá. Al contrario de mi madre, mi padre parecía mezquino a mi novio, seguramente mama le había contado nuestro problema anterior, pero no tenía porque ser tan pesado con Edward.
Los ojos de mi padre se posaron en la pequeña y sus ojos se iluminaron olvidando la tensión anterior, se acuclillo frente a Maddie y ella estiro su manito –Hola –saludo con el acento de su padre.
-Hola, pequeñita –Saludo mi padre con una sonrisa enorme, dándole la mano a la pequeña para luego acariciar su cabello como solía hacerlo con migo cuando era pequeña. Maddie parecía cómoda y contenta en este entorno.
Papa se giro para mírame y le di una mirada de advertencia, el leyó enseguida mi mirada y pareció algo avergonzado –Ella se parece mucho a ti y a Edward –dijo con su ceño levemente fruncido. –Su hace 4 años no hubieses estado con migo, hubiera jurado que me ocultabas un hijo –dijo divertido.
El resto de la noche paso rápido, mi padre ahora era más amable con Edward y le preguntaba cosas que Edward respondía sonriente y mi madre parecía adorar a mi novio. Sonreí cuando Maddie se acurruco a mi lado bostezando adorablemente.
-Mama, papa. ¿La habitación de invitados está disponible? –pregunte, sin saber cómo seria la distribución. Supongo que mis padres querrían que Edward durmiera en la de invitados y Maddie con migo.
-Hija, si me hubieses avisado antes no tendríamos problema –dijo a modo de regaño –La empecé a remodelar hace unos días y en este momento se encuentra sin cama y sin ningún mueble, solo está pintada de azul. –dijo con un suspiro.
-Ah, no te preocupes –dije, agradeciendo internamente que mi cama fuera matrimonial –podemos dormir en mi cama.
Mi papa casi se pone morado -¡Por ningún motivo! –dijo haciéndonos saltar a todos.
Fruncí el ceño –Papa, en Londres vivo con Edward, no es como si nunca hubiésemos dormido en la misma cama –informe con un tono enojado.
Los colores de la cara de mi padre volvieron -¡Huh! –se quejo –Es que es muy raro que tu única hija venga con un chico y te informe que dormirán en la misma cama –Edward se tenso algo nervioso y mi papa de pronto se carcajeo –Es extraño, supongo que pensé quenunca me tocaría ese día –dijo riéndose de si mismo.
Mi madre negó con la cabeza y abrazo a mi padre besándole la mejilla. Me preguntaba cómo era que su amor nunca se acababa. Eran almas gemelas.
Sonreí al imaginarme a Edward y a mí a su edad y amándonos con la misma intensidad.
Tome a Maddie en mis brazos ya que parecía muy cansada. Ella apoyo la cabeza en mi hombro. –Buenas noches, papa, mama –dije besando sus mejillas –Esta pequeña está cansada de tantas horas de viaje.
Mama acaricio la mejilla de Maddie –Es muy linda. Me recuerda a ti cuando eras una niña –dijo con ojos brillantes, como recordando.
Edward sonrío y le dio las buenas noches a mis padres de forma educada.
De pronto recordé algo importante –Edward, las maletas quedaron en el auto–le dije. Edward asintió y beso castamente mis labios sonrientes, luego salió con las llaves del auto alquilado en la mano.
Subí las escaleras esperando que mi habitación estuviera tal como estaba cuando Salí del instituto. Y no me equivoque, la cama grande en el centro de la habitación y la ventana pequeña en un rincón de la habitación, mis muebles tan cuales e incluso unas fotos que había dejado aquí seguían en la misma posición, mi armario vacio y la puerta del baño cerrada. Estaba todo igual, pero en vez de los muebles polvorientos que me imagine, estaba todo perfectamente limpio y bien ordenado.
Sonreí, seguro mi madre entraba aquí seguido.
Deje a Maddie que ya estaba dormida en mi cama y quite el cabello de su cara. Tenían razón, mi pequeña era hermosa.
Edward entro a la habitación junto con mi padre cargando varias maletas. Ambos venían riéndose por algo y eso me alegro de sobremanera. Dejaron las maletas en el centro de la habitación y mi padre se despidió animadamente de Edward, golpeando su hombro y Edward sonrío satisfecho.
Cuando papa salió de la habitación alce mis cejas. Edward sonrío y me rodeo con sus brazos para besarme con ternura. Nunca me cansaría de los besos de Edward, y creo que ya lo había dicho antes, pero nunca podría alejarme de sus labios porque eran adictivos.
Cuando nos separamos bese su mentón para luego separarme de él y buscar el pijama de Maddie entre las maletas. La vestí con el pijama sin que ella se despertara y la acomode en la cama bajo las sabanas.
Edward ordenaba la ropa de todos en el armario y me dedique a ayudarlo –Gracias a Dios esta cama es grande –comente –si no tendrías que dormir en el sofá de la sala –dije riéndome.
Edward se encogió de hombros –No sería tan terrible, pero gracias a dios que tu cama es grande –repitió –no me apetencia dormir sin ti –dijo seductoramente.
Me sonroje y seguí ordenando la ropa hasta que terminamos, separe mi pijama y Edward el suyo.
Me encerré en el baño y me lave los dientes y me puse el pijama, luego fue el turno de Edward quien me beso mucho rato antes de entrar. Esperándolo me metí en la cama con el cuerpecito de Maddie a mi lado durmiendo plácidamente. Bese su mejilla recordando los sucesos del otro día.
¿De verdad Tanya estaba tranquila sabiendo que yo la cuidaría siempre? ¿Qué tendría mi apellido en vez del de ella? ¿Le molestaría la decisión?. Al parecer no, según lo que Maddie dijo el otro día. Además, Edward me había dicho que Maddie había comenzado a llorar a la misma hora que yo firmaba el papel, demostrándome que Tanya estaba presente en su vida.
Ella debía saber que jamás le haría daño a su hija, que la amaba con la vida.
De pronto sentí unos brazos rodearme por la espalda y la habitación en la oscuridad. Ni cuenta me había dado que Edward ya se había acomodado a mi lado.
Me gire para quedar frente a en y acariciar su espalda con mis manos. Edward beso mi hombro y acomodo su cabeza en la misma almohada que yo, observándome.
-¿en qué pensabas? –pregunto en un murmullo.
-¿Crees que Tanya estaría contenta de que Maddie tenga mi apellido? –pregunte bajito.
Edward suspiro –Amor, sabes que ella estaría feliz. Estará tranquila que tú seas como la madre de Maddie. Estoy seguro que Maddie decía la verdad cuando veía a Tanya. Así que no te preocupes, amor. Sabes que Maddie te ama y que ella estuvo de acuerdo con todo, no debería preocuparte. –me dijo tranquilizadoramente.
Suspire acomodándome en su pecho, besándole el cuello suavemente.-Gracias. Te amo –susurre.
El sonrío –Yo también. Ahora descansa –dijo besando mi cabello.
Y entre los brazos de mi amado, me deje llevar por Morfeo en mi cama de Forks.
volviiii! :D xd.
sorry por la demora, la verdad no he tenido mucho tiempo, pero considero que me he portado bien con un capitulo de 17 paginas word -nunca hago de mas de 12 -asi que creo que esta bien :S.
Primero: Agradesco cada uno de sus reviews, tan lindos y cosas que me hacen sonreir. En especial agradecer a Paulitastar17, ya que su comentario me hizo sentir muy, muy bien y porque no decirlo, aumentar un poco mi ego xd. Gracias mi niña, de verdad n.n. Escribir es un hobby para mi, pero con 14 años dudo que alguien le interesaria leer un libro que escriba una mocosa como yo x). Aunque historias con personajes propio tengo, pero guardadas en un pendrive con clave :x. Asi que dudo que alguien lo lea un dia xd.
Bueno... Espero tambien que este capitulo les haya ustado ya que es el penultimo :(. Lamento decir que el proximo sera el final y luego el epilogo. Tengo visto todo asi que solo me falta escribirlo :D.
Espero sus reviews ansiosa! Muchos besos y suerte a Todas. :D
Pk.-*
