Charaaaaaaan, sorpresa. Primero me cojo todo el dia para quedarme en casa y estudiar sin ir a clase, preocupada por la ingente cantidad de materia, y a las siete de la tarde ya me lo había terminado. Conclusion: mi cerebro a veces logra cosas sorprendentes o-O!! Asi que me he puesto a escribir xD.

Rioko001, lo primero, peazo de reviewwwwwwwww xD, en general todos os los estais currando mucho!: 1. Tienen 17 para 18 años (van a entrar ahora a la universidad), 2. No, no suelo leer fics, no tengo tiempo T-T. Me alegro de que te gustara el titulo, yo aun me descojono cada vez que lo leo xDDDD. A todos los demás, mil gracias por vuestras sonrisas, cada vez que tenia un huequito mientras estudiaba me ponía a leerlas, y veo que estamos todos de acuerdo en algo: Sasuke esta loco pero también esta para mojar con pan y repetir, y extirpar cuernos es divertido!


Bukanzen Seikaku
ZoeUchiha

Cuatro. ...A veces se repelen

El verano comenzó oficialmente y nos despedimos para siempre del instituto.

Sakura se marchó un mes de vacaciones con sus padres, por lo que tuve mucho tiempo para dedicarme a mi mismo. Renové mi bono del gimnasio, compre unos cuantos buenos libros de misterio e incluso me permití ir con mi hermano y mi progenitor a una carrera de formula uno.

Pero el regreso de Sakura estaba a la vuelta de la esquina, y tenia un pequeño asunto pendiente.

Todas las noche, intentando no agobiarme con el tema, rellenaba una o dos páginas con los datos que había sacado de mis nuevas experiencias con ella, algunos los añadia a su perfil, otro los agregaba al mio. Y de los dos perfiles el que más me preocupaba era precisamente ese ultimo.

Tenia más de un 17% de anotaciones que hacían referencias a pequeños errores que había cometido en el tiempo que llevábamos juntos, y eso no podía permitírmelo. Porque hacerlo seria condenarme a la cárcel. Asi que, tras un análisis mas exhaustivo de mis fallos, desempolvé algunos libros de autocontrol y comportamiento social que guardaba en mi estantería.

Del 17% de errores, casi un 8% eran debidos a fallos en mi conducta por perdida del control, nerviosismo o excitación. El 9% restante se debía a que no había previsto o analizado convenientemente la situación antes de someterme a ella. Aun conociendo que se daría esa situación de antemano.

Para cuando Sakura volvió, mi mente estaba refrescada y lista para cualquier nuevo reto que se me pudiese presentar, más perfecta que nunca. Y es que comenzaba una nueva etapa de nuestra relación, muy delicada, y en la que me jugaba el todo por el nada.

Al dia siguiente del regreso de Sakura quedamos para ir al cine. Su casa quedaba cerca asi que quedamos allí mismo. Llevaba una falda corta y recta de color blanco sobre la que resaltaba un polo de color rojo vino. Se sujetaba las manos sobre la cintura y tenia mirada ausente. Me gustaba el color tostado de su piel tras la temporada en la playa.

Me acerque a ella con sigilo y una media sonrisa, le acaricie el brazo llamando su atención y cuando giró el rostro para mirarme le regale un dulce beso en los labios. No respondió, pero tampoco se aparto. Estaba fría y sus ojos tenían un brillo extraño.

-Estas preciosa – le susurre, acariciándole la mejilla, pero la sonrisa que me devolvió era falsa y llena de dudas.

-¿Entramos? – y sin darme tiempo a responder cruzo las puertas de entrada del cine. Pague las entradas y le pregunte si quería algo de comer. Después entramos a sentarnos, acompañados de nuestro menú grande de pareja. Habia comprado los asientos más altos del cine, hacia la izquierda. La película llevaba ya varias semanas en cartel así que esperaba que tuviésemos cierta intimidad.

Intente abordarla a los veinte minutos de película, cuando la vi bostezar de aburrimiento. Sin embargo, después de seguirme el rollo unos minutos, me despacho.

-Deberíamos ver la película, ¿no te parece? – intento disimular con una sonrisa picarona, pero mentía muy mal. Estaba completamente seguro de que ella no tenia ninguna gana de estar allí.

El resto de la película la pasamos en casi completo silencio, comentando por cortesía los momentos más variopintos.

Me sentía muy tenso, y no me gustaba aquel cambio de rumbo.

-¿Te ocurre algo, Sakura? – le dije acariciándole la espalda mientras caminábamos hacia un parque cercano.

-¿Debería pasarme algo? – pregunto sin mirarme siquiera.

-Te noto triste – dije obligándola a detenerse y tomándola de las manos, mostrando mi mejor cara de preocupación.

-No es nada – dijo agitando la cabeza – Simplemente no estoy de muy buen humor. Ya sabes, un mal día.

Asentí, nada conforme con aquella mentira tan simple, y continuamos caminando. Le compré un helado de su sabor favorito, arroz con leche, y nos sentamos en un banco a disfrutar del atardecer. Mantuve todo el tiempo mi brazo rodeando su cintura y ella, complaciente, se apoyó contra mi pecho. Le pregunté cortésmente por sus vacaciones y ella contesto a todas mis pregunta con pelos y señales.

Después la acompañe a casa e hice como si me marchase a recoger mi coche. Me colé por el callejón paralelo a su casa, como ya había hecho tantas otras veces, y esperé entre las sombras. Entro directamente a su cuarto, como esperaba, solto con desgana su bolso sobre la cama y, tras coger su pijama de debajo de la cama, se fue al baño.

La ventana estaba entreabierta, por lo que solo tuve que moverla ligeramente para poder colarme por ella. Abri con cuidado y rápidamente su notebook intentando no dejar huellas y, mientras cargaba, tome su móvil del bolso. Agarré el cable del móvil del segundo cajón de su escritorio y lo enchufé al ordenador, junto con mi pendrive y descargue los mensajes del móvil y sus emails en él. Desconecte nuevamente todo, guarde el cable del mismo modo en que lo encontré y deposité el móvil y el notebook en sus respectivos lugares. Volvi a salir por la ventana y, tras dejarla nuevamente en su posición, me marche de allí con disimulada prisa.

Conduje hasta casa a toda prisa. De nuevo la maldita impaciencia.

Llegaba algo tarde para la cena, que ya estaba sobre la mesa cuando entre a la cocina. El panorama no era nada agradable. Mi madre estaba sentada en su sitio de siempre, muy recta y con el rostro pálido. Mi hermano comia intentando disimular normalidad, cogiendo y soltando aire profundamente cada vez que mi padre decía alguna nueva barbaridad.

-¡Ya era hora de que llegases, muchacho! – dijo levantando el vaso de forma exagerada - ¡Sientate ahora mismo, tenias a tu madre preocupada! ¿¡No es cierto!? – dijo agarrándola del brazo y zarandeándola mientras ella asentía. Aprete los puños y me sente. El muy idiota debía de haberse vuelto a gastar la paga extra en algún bar. Mire a Itachi, que no levanto la cabeza del plato, y opte por imitarle. Intentamos cenar en silencio, mientras mi padre seguía desvariando y amenazando, relatando de forma exagerada una ocasión en la que él y su compañero habían entrado en una casa llena de ladrones armados.

Itachi se largo en cuanto tuvo oportunidad. El había aguantado la ultima ocasión, esta vez me tocaba a mi. Ayudé a mi madre a recoger las cosas lo más rápido posible y después, tras respirar profundamente, me acerque a mi padre.

-¿No estarías mas agusto en el salón, padre?

-¡Estoy perfectamente, perfectamente! – dijo dándome un torpe golpe en el pecho - ¿Quién te crees que eres para decirme lo que tengo que hacer? ¡Nunca me has gustado, chaval!

-Fugaku, es tu hijo…- susurro mi madre.

-No te preocupes, madre – intervine al ver la mirada sadica de mi padre dirigirse hacia ella – Padre tiene toda la razón, no soy nadie. No se como he podido pensar que estaría más comodo en el salón.

-¡Pues a lo mejor si que lo estaría! – volvió a rugir, me agarro del pelo y me zarandeo la cabeza. Aprete los dientes y aguante - ¡Y lo hago porque me da la gana! ¡Porque yo soy el hombre de esta casa! ¡Y en cuanto pueda te pongo las maletas en la calle, niñato! – dijo levantándose tambaleante y marchandose hacia el salón – ¡Traeme más sake, Mikoto!

Me lleve la mano instintivamente a la cabeza para comprobar que mis preciosos cabellos seguían en su lugar y en estado aceptable, y luego me gire hacia mi madre, que temblaba levemente. Al menos mi padre se quedaría dormido en el salón y ella podría descansar tranquila. Le pregunte si quería que hiciese algo más y luego me retiré a mi dormitorio.

Dejé el portátil encendiéndose sobre mi escritorio mientras me iba a la ducha. Permiti que el agua fría recorriese mi cuerpo mientras yo estrangulaba con poca amabilidad la manguera de la ducha. Lance unos cuantos puñetazos al aire y después comencé los rituales higienicos típicos de un baño.

Con la toalla atada a la cintura me sente ante el escritorio. Cogi el pendrive que había usado en casa de Sakura y lo conecte al ordenador. Examine primero los mensajes de móvil. No tenia muchos, algunos eran mios y la mayoría de Ino, algo de publicidad y promociones. Comence a leerlos todos.

Para mi sorpresa, encontré varios mensajes de la rubia amiga de mi novia que no me gustaron un pelo. El primero decía "Tia, he hablado con su vecino y no ha salido de casa desde que tu no estas nada más que para ir al gimnasio, ¡si eso no es raro ya me diras que es!". El segundo "¡No tiene facebook, ni msn, ni tuenti, ni nada! Es un maniaco antisocial, creeme, hay algo raro en el". Y el tercero "Sakura, lo que tengo que contarte es demasiado largo para un msn, mira tu email".

Inmediatamente busque los emails de Ino que había copiado de la bandeja de entrada de Sakura.

Bueno, puede que por esto me tomes a mi por loca en vez de a el, pero tu sabes que yo te quiero y no puedes decir lo mismo de ese tipo. A los argumentos que ya te di en su dia (siniestro, demasiado guapo, demasiado perfecto) ahora te añado pruebas palpables, ¡y obtenidas de forma muy creible!

Le he estado espiando, tia. Si ya lo se, estoy loca, pero es que no podía hacer otra cosa. Le pague a Kiba y a Naruto y montamos guardia prácticamente dia y noche en distintos puntos de su calle y, ¿a que no sabes que? ¡Entraron tres chicas de nuestra edad en la casa! En distintos días, pero entraron. Y no, no hay posibilidad de que fuesen a ver a su hermano, porque, como tu y cualquier otro puede comprobar, Itachi trabaja en las horas en las que recibe las visitas, ¡no hay nadie en su casa cuando esas tres furcias lo visitan! Yo se que te hace mucha ilusión estar con el, pero no te conviene…

Deje de leer y pegue un puñetazo en la mesa. Otro maldito cuerno. ¿Qué demonios eran toda esa sarta de mentiras? Si alguien me hubiese espiado yo lo sabria, y mas si eran esos tres idiotas. Se lo había inventado todo la muy pu…

Termine de leer el mensaje y otros cuantos posteriores en los que incluso se atrevía a decirle que nos había visto a mi y a una rubia montándonoslo alegremente en el jardín, en una elocuente frase incluso llego a asegurar "incluso Hinata escucho los gemidos desde su casa, que ya sabes que esta cerca". Si esta niña quería motivos para odiarme, los tendría.

Segui leyendo los emails hasta que encontré uno en el que Ino le contaba alegremente que sus padres le habían comprado un coche nuevo y que estaba deseando que fuesen juntas de compras.

Y mi cerebro hizo lo demás.

Cogi mi móvil y llame a Sakura. Contesto casi enseguida a mi llamada, lo cual me estraño.

-¿Ocurre algo, Sasuke?

-No hemos decidido si íbamos a volver a salir.

-Oh…pues…

-Podiamos ir de compras – le sugerí con tono alegre.

-La verdad es que Ino también quería ir…

-Perfecto, podemos ir los tres. Os llevare en mi coche.

-En realidad…-hizo una pequeña pausa – El caso es que le han comprado un coche nuevo y quería que fuésemos juntas a algún lado.

-Entiendo, escapada de chicas.

-La verdad, preferiría que vinieses, Ino no es la mejor conductora del mundo – solte una pequeña y calida carcajada y ella hizo lo mismo.

-Sera como si yo no estuviera, te lo prometo. El guarda espaldas modelo.

-Si, ya lo supongo. Tu siempre lo haces todo bien.

Le dedique unas cuantas ternuras más y, después de asegurarme de que su respuesta hacia mi ya no era tan fría, le desee buenas noches. Tenia que dar un paseo nocturno.

La casa de Ino estaba entre la de Sakura y la mia. Podia ir perfectamente andando y llegar hasta ella en menos de diez minutos. Me vesti con ropa negra y llene una mochila con algunos utensilios. Luego me escabullí por la puerta de atrás.

El coche de Ino estaba guardado en una cochera con una seguridad pésima. Por supuesto, la alarma estaba desactivada, y no me supuso ninguna dificultad colarme dentro y acercarme a él sin peligro. Solo me llevo unos minutos ejecutar las modificaciones necesarias para que la torpeza de Ino al volante quedase más que patente al dia siguiente.

La mañana, como cualquiera de verano, era soleada. Corria una suave brisa de aire caliente que aumentaba la sensación de calor. Pensabamos pasar todo el dia fuera, por eso me sorprendió cuando Sakura se presento en mi casa con diez minutos de antelación.

Mis padres aun estaban acostados y todo.

La lleve hasta mi cuarto y le pregunte si quería desayunar algo. Volvi a la cocina y cogi una jarra de zumo frio, un par de vasos, y unos bizcochitos que mi madre había preparado.

-Has venido pronto – le hice saber.

-Si, quería disculparme por mi comportamiento de ayer, no tenia por que pagar mis problemas contigo.

-Para eso estoy, para sostenerte siempre que lo necesites – dije tomandola en mis brazos y besándola con suavidad. Ella me abrazo agradecida y tiernamente ruborizada, para luego servirnos a ambos el zumo. Comimos mientras ella parloteaba sobre las cosas que necesitaba comprar. Mire el reloj distraídamente, y le recordé que habíamos quedado con Ino en diez minutos, asi que llevamos las cosas a la cocina y salimos de la casa.

En ese momento, mi padre, aun con los restos de la borrachera, salía del salón.

-Asi que te has buscado una perra para montar.

-Papa, deberías ir sentarte, tienes mal aspecto – intente acortarle.

-¿¡Que te he dicho de darme ordenes!? – dijo levantando el dedo índice amenazadoramente. Note como Sakura se tensaba tras mi espalda - ¡Espero que la dejes preñada y sus padres venga a reclamar una pension, porque ese dia te pondré de patitas en la calle! ¿¡Me has oído!?

-Perfectamente. Si nos disculpas, se nos hace tarde.

-¡Eso! ¡Largate! ¡Para cuando vuelvas abre cambiado la cerradura!

Me calce a toda prisa y agradeci que Sakura también lo hiciese asi. Comenzamos a caminar a buen ritmo hacia la casa de Ino y note que ella evitaba mi rostro.

-Siento que hayas tenido que ver eso – le dije tomandola de la mano – Pero no tienes que sentirte mal. Mi padre siempre dice esas cosas cuando bebe demasiado.

-Y…¿le pasa muy a menudo? – se me escapo una sonrisa melancolica – Lo siento, no debi entrometerme.

-No, no te preocupes. ¿A quien si no iba a contarle este tipo de cosas? – desahogarme un poco con ella la llenaría de confianza, pensé – Mi padre lleva…"asustándonos" a mi madre, a mi hermano y a mi desde que tengo memoria. Pero nunca ha llegado a pegarnos, al menos no demasiado.

La mire para sopesar su reacción. No dijo nada y mantuvo la vista fija en la acera.

-¡Por fin llegais tortugas! – nos grito Ino desde su coche, que ya sacaba el morro de la cochera. Sakura dio un pequeño suspiro de alivio por poder dejar el tema y se acercó trotando felizmente al coche. Ino le abrió la puerta del copiloto y le indico que se sentase, pero ella se volvió hacia mi con gesto preocupado.

-Me encanta ir detrás – asegure mientras abria la puerta trasera del coche.

Era un escarabajo de color violeta claro, excesivamente cantoso para mi gusto. Preferia los deportivos, más aerodinámicos. Las dos niñas empezaron a parlotear emocionadas mientras yo me repantingaba en el asiento trasero tanto como me permitia el cinturón. El espacio para mis piernas era insuficiente y estaba terriblemente incomodo.

Ino condujo hasta un centro comercial en las afueras. Y por el camino se salió del carril en doce ocasiones. Yo había previsto menos volantazos, pero eso me daba puntos para mi plan.

-Ino, dejame que te diga que conduces fatal – se mofo Sakura cuando bajamos del coche.

-No se que demonios le pasa a este trasto. Debe ser el viento – dijo un tanto dolida.

-¿El viento? ¿Qué viento?

-El que zarandeaba el coche.

-¡Pero si no hace nada de viento!

Siguieron discutiendo animadamente mientras entrabamos en la gran superficie del centro comercial. No me gustaban ese tipo de lugares. Demasiada gente, demasiada luz, demasiado ruido. Cogi a Sakura por los hombros y me limite a dejarme llevar.

Al final no lo pase demasiado mal. A Ino le fastidio bastante que Sakura estuviese mas pendiente de enseñarme a mi lo que se probaba que a ella, y yo me deleitaba en su sufrimiento y en los modelitos que mi pelirosa se probaba. Me parecía muy atrevido por mi parte sugerirle ropa, asi que almacene en mi mente que marcas y tipo de ropa le agradaba para el futuro.

Paramos para comer en una hamburguesería. Olia a grasa, el espacio era reducido y mi espalda casi tocaba la de la persona sentada tras de mi. A parte de que no me gustaba demasiado la comida basura. Pedi una ensalada mientras ellas disfrutaban de sus enormes hamburguesas con patatas.

Y descubri algo nuevo: a Sakura le daba vergüenza que la mirase mientras comia. Me pase todo el rato mirándola fijamente, de manera que cada vez que iba a abrir la boca, con esfuerzo por el tamaño de la hamburgesa, nuestras miradas se cruzaban, ella se sentía como una idiota y, tras ponerse colorada, volvia a dejarla en su sitio y cogía una patata.

Acabo comiéndose la hamburguesa con cuchillo y tenedor.

Retomamos las visitas a las tiendas, ya solo nos quedaba la segunda planta. El móvil de Ino sonó en su bolso. Lo miro con semblante preocupado y leyó el mensaje que acababa de llegarle. Mensaje que había mandado remotamente mi ordenador fingiendo ser su madre. Y no era más que el primero de una cadena de mensajes destinados a volverla loca y atraerla a mis fauces en el momento preciso.

-Lo siento, mi madre quiere que valla a casa de mi abuela, dice que es urgente. Os llevo a casa, ¿de acuerdo?

-No hay problema – la tranquilizo Sakura.

Veinte minutos después estábamos delante de la casa de mi novia. Nos despedimos de Ino, que se fue con preocupación.

-No hay nadie en mi casa, ¿quieres pasar? – me preguntó.

-Sera un placer – dije sensualmente.

Abrió la puerta y me invito a pasar. Su dormitorio, a diferencia de lo habitual, estaba en la primera planta.

-Era un comedor en realidad, pero mi madre dice que no necesitamos ninguno y el dormitorio de arriba es muy pequeño.

Además le habían abierto otra puerta al baño de la primera planta de modo que se convertía prácticamente en un baño privado para ella. Me sente en la cama sin esperar invitación, pues sabia que no me la daría. Ella se sento junto a mi y me miro de arriba a abajo, como si fuera la primera vez que se detenia a examinarme.

-Sabes, se muy pocas cosas sobre ti – me insinuo.

-¿Y que quieres saber?

-No se, cosas como cuando es tu cumpleaños.

-Fue el 23 de Julio.

-¿Qué? P-pero si eso ha sido hace un par de semanas, ¡y ya estábamos juntos! – le tape la boca juguetonamente y le dedique media sonrisa.

-Estabas de vacaciones, no quería que te estresases con eso. Solo era el dia que me recuerda que me hago un año más viejo, nada más.

-Era el dia que te recuerda que llevas dieciocho años existiendo, es un dia especial – me regaño, aun con mi mano sobre su boca. Me agarro del brazo y me obligo a apartarlo y, sin soltarlo, se dejo caer sobre mi pecho. Yo me deje caer sobre la cama. Llevaba mucho tiempo deseando tumbarme en esa cama.

-Si quieres podemos celebrarlo ahora – sugirió. Le sonreí de forma sensual y ella me devolvió una mirada picarona mientras introducía sus manos por mi camiseta y acariciaba mi pecho – Aun tengo que devolverte un favor, ¿recuerdas?

-¿Cuál exactamente? Me debes tantos ya…

Me saco la lengua, juguetona, y me desabrocho el botón del pantalón corto que llevaba. Con deliberada lentitud comenzó a bajar la cremallera, sin perder de vista mi rostro. Deslizó su dedo índice por debajo del bóxer, paseándolo por toda la zona de mi piel que cubria la parte alta. Despues, agarrando bóxer y pantalón, dio varios tirones hasta poner al descubierto todo lo que deseaba ver. Me miro con lujuria y se mordió el labio.

No era el mejor dia, tenia poco tiempo y bien cronometrado.

Timidamente tomo mi miembro con su mano derecha y empezó a acariciarlo suavemente. Se sentía genial. Saco la lengua, mostrándomela, y luego la condujo lentamente hasta mi amigo, lamiéndolo con reiterada lentitud en un único movimiento desde el nacimiento de mis testículos hasta el glande.

Y del mismo modo un terrible y placentero escalofrio recorrió toda mi columna vertebral obligándome a arquearme levemente.

-Parece que te gusta – comento mientras seguía acariciándome con sus suaves dedos. Volvió a acercar su boca a mi glande y comenzó a hacer movimientos circulares con la lengua en la parte más sensible de mi ser, introduciéndosela en la boca de vez en cuando.

Era terriblemente genial.

Y tenia tan poco tiempo para disfrutarlo. Le aparte el rostro con delicadeza y me enderece para cogerla por las axilas como a una niña pequeña. La levante en peso y la subi hasta mi altura, depositándola en la cama y poniéndome sobre ella. Le dedique un millar de besos mientras la desvestía. Le di un suave mordisco en el cuello, a lo que ella respondió con un gemido y clavándome suavemente las uñas en la espalda, a la vez que yo me acomodaba entre sus piernas para penetrarla. Esta vez fue un gran trabajo en equipo. Mientras yo me aferraba a los bordes de la cama para embestirla ella se sujetaba a mi espalda y golpeaba su cadera contra la mia, profundizando e intensificando nuestros movimientos. Me empeñé en lamer cada celula de su cuerpo mientras ella ahogaba los gemidos que suplicaban por salir.

Y mi vista se encontró con su despertador, y la realidad me golpeo con fuerza.

Tome sus piernas con mis manos y se las subi hasta que sus rodillas casi tocaron sus orejas. Y active el modo frenesí, porque tenia prisa. Ella se llevo la mano a la boca, intentando amortiguar los gemidos que ya no podía evitar mientras yo me concentraba en correrme lo antes posible. Me sentí muy aliviado cuando logre terminar. Me deje caer a su costado y ella me agarro la cara para plantarme un profundo beso en los labios.

-Le prometi a mi madre que le ayudaría con la compra – le susurre. Ella solto un bufido.

-Pues ahora el que me debe un favor eres tu – me dijo juguetona mientras cogía mi camiseta para ponérmela ella misma.

Iba bastante apretado de tiempo.

Casi corri hasta mi casa y entre jadeante, con el pantalón mal puesto. Y mi madre me dio una pieza más para mi cohartada.

-Cariño, tu padre necesita que alguien recoja su ropa de la tintorería.

-Voy enseguida – contesté y ella me tendió los tickets de la ropa.

Fui felizmente hasta mi coche y conduje hasta el kilometro 234 de la carretera de la costa. Dos minutos después el coche de Ino apareció por mi derecha y, como mis mensajes le habían indicado, se metia por un estrecho carril de tierra a su izquierda. La segui. Cuando descubrió que no había salida ya era demasiado tarde, mi coche bloqueaba el suyo.

-¿Sasuke? – pregunto extrañada desde su coche.

-Hola – salude mientras me acercaba a su ventanilla - ¿Cómo tu por aquí?

-Mi madr…bueno, ¿y a ti que te importa? Quita tu coche para que pueda salir.

-Creo que no.

Lance un fuerte puñetazo contra su cara que le reventó la nariz. Casi se quedo incosciente del golpe y yo aproveche para echar silicona soluble al agua en su cinturón de seguridad. Mantendria el cinturón de segurida inmovible el tiempo justo y necesario. Me subí al asiento del copiloto sin cerrar la puerta y, apretando su pie con el mio, acelere todo lo que pude en dirección al acantilado. Cuando ya estábamos a unos 120 km/h y quedaba poco para precipitarnos al vacio, salte con una magistral pirueta del coche, que se despecho dando varias vueltas en el aire antes de caer al agua.

Otro cuerno menos del que preocuparse.

Me mire para asegurarme de que no me había hecho ninguna herida que pudiese haber sangrado y dejado mi valiosa sangre en aquel lugar. Por suerte, mi caída había sido perfecta. Saqué mi coche hasta la carretera y deshice el camino andando para luego, con una manta vieja que había cogido de mi garaje, borrar las huellas de mi coche y dejar solo las del de Ino.

Fui a la tintorería, recogi la ropa de mi padre, volvi a casa y, después de una suculenta cena, me acoste y me sumí en un tranquilo sueño.

Despues de eso, Sakura no salió de su casa hasta el comienzo del año universitario. Pero mejor era que no saliese a que cortase conmigo por una idiota entrometida.

Siempre recordare el primer dia de clase en la Universidad.

Fui a recogerla a su casa y, aunque aun estaba en un estado algo zombi, charlamos distraídamente todo el camino hasta el campus. La jornada no duro ni un par de horas, lo justo para la presentancion oficial y marcharnos a casa. La cosa aun no estaba como para fiestas. La lleve de vuelta y me autoinvite a entrar.

La segui hasta su cuarto como un autómata y luego observe como ella se derrumbaba en la cama.

-Sakura, ya han pasado…

-¡No te atrevas a decirlo! – dijo rompiendo a llorar. Me sente junto a ella y la envolví en mis brazos. Abrazo que ella deshizo con un movimiento brusco - ¡Para! T-tengo algo que contarte.

Me quede muy quieto y, ciertamente asustado. Mi instinto ya me advertía de que venia lo peor.

-Mi vida esta rodeada de muerte, Sasuke. Y no puedo soportarlo más. No sirve de nada fingir que ninguna de ellas a ocurrido. ¡Mis dos mejores amigas han muerto en un plazo de tres años! – se acercó al escritorio y tomo un pañuelo de papel – He pedido el traslado de expediente a otra Universidad, Sasuke, y me han dado una beca. Me marcho.

-¿Qué estas diciendo?

-Que me marcho y…y que lo nuestro…n-no puede seguir.

-¿Qué?

-¡He perdido a muchas personas importantes en mi vida, y no quiero seguir recordándolas cada vez que salgo de estas cuatro paredes o cuando te veo a ti!

-A mi no me has perdido, Sakura – dije desesperado, tomandola de nuevo entre mis brazos – Me tienes a mi, siempre.

-¡No es suficiente! – dijo llorando con más fuerza – No hay marcha atrás…Solo me he quedado un dia más aquí para poder acompañarte. Pense que para ti era especial que fuésemos juntos a tu primer dia…

-¿Y de que me sirve si te largas? – dije con ira - ¿De que me sirve si vas a salir corriendo? ¡La gente muere!

-¿Cómo puedes ser tan cruel? ¡Era mi mejor amiga!

-Y ella querria que lo superaras.

-¡Tu no sabes lo que ella querria porque no la conoces! ¡De nada! ¡Era mi amiga y no la tuya! - Me volvió a apartar de un empujon – Creeme, lo siento mucho, pero necesito empezar de nuevo.

Y sin más palabras, me señalo la puerta. Sali de la casa, cogi el coche, y conduje hasta la mia.

Y sus palabras me persiguieron todo el camino: ¡No es suficiente!


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