"Nirmi - porfin mato a ino XD" XDDDD dios que cruel
"Rioko001 - Pero no me imagino un buen motivo para que Ino hiciera eso =ω=" Pues me parece que ya no podremos saberlo xDDDD
"Javiitha'S - Con este fic´se encuentran unas ideas de asesinatos sin ser vistos que madre mia! xDD a ver si alguien coje alguna de estas ideas o-o alguien que tenga complejo de Uchiha seguro xD" LOL te imaginas, por dios noooooooooooooooooooooooo. Gracias por la suerte, parece que si me la tragiste, y suerte a todos los que están de exámenes xD!
Gracias a todos por vuestras sonrisas, os amoooooo.
Bukanzen Seikaku
ZoeUchiha
Cinco. Dicen que el tiempo todo lo cura
Sakura cambio su número de teléfono y su email en un pobre intento de perder el contacto con cualquier persona de su vida anterior. Estaba claro que estaba más que dispuesta a olvidarse de todo. Incluido de mi.
Sin embargo yo no iba a rendirme tan fácilmente. Despues de todo era mi chica.
De nada me servia perseguirla como un psicópata obseso, eso la asustaría y la alejaría aun más de mi. Probablemente pasaría mucho tiempo antes de que encontrase el momento idóneo para retomar nuestra relación. Y esta vez debía ser para siempre, o no merecería la pena.
Ciertamente, su abandono me dolio, y mucho. Intente mantenerme insensible ante mi familia, pero mi madre pareció notar algo, porque durante una semana solo preparó mis platos preferidos.
Dos semanas después de su marcha ya había conseguido su numero de teléfono de un numero de información gratuita, tanto el de su casa como el móvil, su dirección y su email de la ficha universitaria e incluso en que clase estaba.
Se había mudado a una ciudad a dos horas de distancia de la nuestra. Tampoco es que se hubiese fugado al otro confín del mundo, pero así todo sería más fácil. Me mantuve pasivo durante todo el primer cuatrimestre, concentrándome en mis estudios y en ultimar los detalles de mi plan maestro, el plan de mi vida. Despues informé a mis padres de que había conseguido una beca para unirme a un grupo de trabajo intensivo sobre medicina forense, y ya podeis adivinar en que ciudad. Las clases del proyecto eran los viernes y los sabados por lo que tenia la excusa perfecta para largarme todo el fin de semana hasta allí. Pero no para estar con ella, solo para asegurarme de que estaba bien…y desde la distancia.
La vigile durante 6 largos años.
Incluso segui fingiendo participar en el proyecto cuando acabó, durmiendo muchas veces en el coche por no poder permitirme un alojamiento. Pero merecía la pena.
Lo que no merece la pena es que relate aquí todas mis noches en vela asegurándome de que ella dormía sana y salva en su cama, pero supongo que os gustara saber que fue de todo aquel que intento entrometerse en mi perfecta vida.
Ya había aprendido la lección: a Sakura no le gustaba dejar un rastro de muertos a su alrededor, asi que tenia que ser más sutil para desacerme de esa escoria.
Tardó tres años en darle una oportunidad a un compañero suyo de la facultad. Yo ya llevaba vigilándole un tiempo, pues solia rondarla demasiado. Se llamaba Kimura Takuya, un tipejo carismático bueno para nada. Aunque con algo de talento para el baloncesto. Precisamente iba a la universidad con una beca de deportes, por lo que fue más que sencillo deshacerse de él. No les deje tener ni una sola cita.
Fue muy fácil mandarle un mensaje haciéndome pasar por la secretaria del decano de una prestigiosa universidad concediéndole plaza en su equipo de baloncesto, pero pidiéndole que se presentase en menos de tres días allí o perdería la beca. Aquella misma tarde el muy idiota se largo, dejando plantada a Sakura que no volvió a saber de el.
Obviamente, no me conformé con eso. Compre justo el asiento de avion contiguo al suyo e incluso charlé con el por el camino. Despues, haciéndole creer que iba a la misma universidad le ofrecí que fuésemos en el mismo taxi. Lo sentí por el taxista.
Sakura ni siquiera se entero del suceso, pues no era raro que se despeñase un taxi por un precipicio mal señalizado y la noticia apenas fue recogida por los periódicos locales.
El siguiente apareció seis meses después. Se conocieron en una discoteca. Yo estaba camuflado entre la gente, como siempre, vigilándola, mientras el tipo le tiraba los tejos. Vi cierto brillo en los ojos de ella, asi que en cuanto el tipo le dijo que iba al baño, le segui. Por fortuna, el baño estaba abarrotado, por lo que el idiota salió por la puerta de atrás a mear al callejón. Lo apuñale por la espalda, con rapidez y eficacia, sin darle oportunidad a quejarse y, por supuesto, sin dejar mancha. Despues introduje una bolsita de droga en su chaqueta y le robe el dinero de la cartera. Cuando al dia siguiente las noticias informaron de "un nuevo caso de asesinato por trapicheo de drogas", Sakura ni siquiera imaginó que se trataba del chico que la había dejado nuevamente plantada en la discoteca.
Yo, por mi parte, no me permití el lujo de relacionarme con nadie que no fuese indispensable. Parte de mi plan dependía precisamente de mi perfeccion, que necesitaba llevar a niveles extremos.
Para empezar necesitaba influencias.
En la facultad consegui que todos los profesores me idolatrasen y me relacionaba con los alumnos mas sobresalientes, y no solo por sus notas, sino por sus familias y contactos.
Por lo que, tras terminar la carrera con dos especializaciones y un expediente perfecto, apenas pasaron dos días antes de recibir mi primera oferta de trabajo en el hospital privado del hijo de un profesor mio.
Lo siguiente que necesitaba era todo lo que cualquiera puede desear, una vida estable, independiente y lo más comoda posible. Sakura había decidido especializarse en cardiología y, como su cerebro no era tan perfecto como el mio, tuvo que emplear seis años en lugar de cinco para concluir con la carrera. Eso me dejo un magnifico margen de un año para conseguir una gran casa en una nueva urbanización en las afueras de la ciudad y amueblarla debidamente. Y también tuve tiempo para conseguir una posición influyente en el hospital.
Una semana después de la graduación de Sakura tuve que desacerme del cardiólogo de mi clínica. Pero no podía matarlo, porque seguro que de eso si se enteraba. Asi que movi unos cuantos hilos aquí y alla y el jefe se enteró oportunamente de que mantenía relaciones con varias enfermeras e incluso con alguna cliente habitual.
Y yo mismo deje una copia del curriculum de Sakura sobre su mesa, desaciendome del resto de informes de la posible competencia.
Entró a trabajar por primera vez un jueves a mediados de julio.
Yo la había seguido prudencialmente con el coche, pero no me atreví a acercarme a ella. Todabia no. La observe con prudencia durante todo el dia hasta el descanso para el café. La pobre estaba bastante perdida, tanto que llevaba casi cinco minutos delante de la maquina de café sin saber muy bien que hacer.
-El café moca es el numero 12 – dije con las manos metidas en los bolsillos de la bata. Ella pulsó el botón que llevaba rato buscando y se volvió para agradecérmelo. Obviamente, se quedo sin palabras.
-Sasuke…
-Que sorpresa tan agradable verte – aseguré, terminando la frase con una media sonrisa seductora.
-¿Trabajas aquí? – preguntó tras unos segundos de bloqueo mental. Recogí su café por ella y se lo tendí mientras yo pulsaba la tecla del café solo.
-Desde hace un año – conteste mientras veía caer el café en la taza - ¿Estas sustituyendo a Fukuoda en cardiología?
-Supongo que debe ser el medico que tenia antes mi puesto – dijo un poco incomoda, como yo esperaba. Mi frase iba teñida totalmente de desconfianza hacia sus habilidades, como si diera por sentado que la hecharian en dos días y Fukuoda volveria como si nada.
-Bueno, pues te deseo suerte. Tengo que poco tiempo antes de empezar las consultas. Podriamos quedar si te apetece y ponernos al dia – dije sin darle tiempo a nada más y comencé a alejarme.
-C-claro – alcanzó a tartamudear cuando yo ya doblaba la esquina.
Su rostro había mostrado fascinación durante los pocos minutos que le había permitido para contemplar mi perfecta persona. Eso era bueno. Ademas, mi desinteres le produciría curiosidad y que la cuestionase ganas de demostrar lo que había conseguido durante todo el tiempo de separación.
Durante tres días me ocupe plenamente de mi trabajo, evitándola en los pasillos de manera obvia e intentando que los encuentros imprescindibles fuesen lo más cortos posible. Y al cuarto dia, ella vino a mi despacho. Tardo menos de lo que yo había previsto.
-Sasuke – dijo con tono alegre mientras entreabría la puerta - ¿Estas ocupado?
-No especialmente – conteste sin levantar la vista del ordenador. Ella tomo esto por una invitación y se sento ante mi escritorio. Llevaba una sugerente falda lo suficiente larga para que no le regañase el jefe y lo suficiente corta para que se fijasen en ella, cosa que no solia hacer. Bajo la bata blanca resaltaba un sueter rojo escotado que perfilaba todas sus curvas.
-Habia pensado que estaría bastante bien eso de ponernos al dia – dijo paseando la mirada por el despacho, sin detenerse en nada en especial.
-Hum, si, supongo que si – dije aun sin mirarla explícitamente.
-¿Te viene muy mal esta noche? Es que tenia un compromiso, pero se cancelo, y ya me había hecho al cuerpo de no cenar en casa…
-Oh, asi que me usas de segundo plato – yo sabia perfectamente que ese compromiso no había existido nunca.
-¡No digas tonterías! No…no era con un hombre – se justifico, un poco incomoda.
-Asi que quieres ir a cenar – se mordió el labio, irritada por que no la mirase – Conozco un sitio bastante decente a una manzana de aquí. Podemos ir en mi coche.
-Esplendido porque he tenido que dejar el mio en el taller – debido a que yo mismo me había ocupado de soltarle un par de piezas por aquí y otras por allá - ¿Sales a las ocho?
-Me gustaría quedarme hasta las nueve para poder terminar el papeleo.
-Perfecto – dijo asintiendo repetidamente con la cabeza y levantándose lenta y dubitativamente – Pues…nos vemos luego.
Sonrei con suficiencia cuando hubo cerrado la puerta.
Una hora después, a las nueve en punto y después de haber estado esperando cinco minutos tras la puerta, volvió a tocar.
-¿Estas listo? – mostraba tanta impaciencia contenida.
-Si – dije en el mismo momento en que la pantalla del monitor se apagaba. Deje la bata en el armario y en su lugar tome la chaqueta de mi impecable traje, tomandome mi tiempo, sin prisas. Comprobé que no hubiese llamadas en el móvil, a sabiendas de que no las habría, me asegure de que las llaves estaban en el bolsillo izquierdo y después me dirigi hacia la puerta, donde ella me esperaba, abrazada a su chaquetón.
Anduvimos en silencio hasta mi coche.
El restaurante que había preseleccionado para aquella primera cita estaba en un carísimo hotel con vistas al lago artificial de un campo de golf. Nuestra mesa llevaba reservada casi tres meses.
-¿Cuándo has reservado? – me pregunto mientras íbamos hacia nuestra mesa.
-Hace media hora o asi – dije sin darle importancia.
-¿Cómo has conseguido mesa aquí? – dijo mirando, cohibida, a todas partes.
-El hijo del dueño era compañero de la facultad de mi hermano – el metre, que nos había acompañado hasta allí, nos pregunto que queríamos beber y luego se marcho tras dejarnos las cartas.
-¿Vienes mucho a este sitio? – dijo distraídamente mientras examinaba la carta.
-No, la verdad. Pense que te gustarian las vistas – ella dio un suspiro y, bajando la carta, me miro con determinación.
-Creo que ya somos mayorcitos para hablar sin irnos por las ramas – afirmó ella y yo alce las cejas – Me has estado evitando en el hospital.
-Tal vez – admiti. Era parte del juego.
-¿Por qué? – exigió saber con gesto dolido.
-Bueno, ya sabes, "quiero olvidarme de todo" y eso – suspiro con cierto alivio y me miro con ternura negando con la cabeza.
-No tenias por que hacer eso, ahora somos compañeros de trabajo, no vamos a poder evitarnos el resto de nuestra vida.
-Tampoco tenemos por qué mantener una relación que no sea estrictamente profesional – le dije en el momento en que depositaban nuestras bebidas en la mesa – Si eso es lo que quieres, lo respeto.
-¿Y cuando he dicho yo que eso sea lo que quiera? – dijo frunciendo el ceño. Sonrei y le di un trago a mi vaso.
-No te enfades – le pedi, haciéndola enrojecer. Pedimos nuestra comida y esperamos en silencio, contemplando el lago donde unos patos nadaban.
-Bueno, ¿Qué ha sido de ti en este tiempo? ¿Estas casado? ¿Padre de cinco hijos? – me pregunto sonriendo. Volvi a alzar las cejas.
-Me he casado dos veces, y las dos veces me he divorciado. Por ahora solo tengo tres hijos – se quedo de piedra y me miro con ojos desorbitados – Obviamente, estoy de broma. No he tenido ninguna relación seria, si eso es lo que te preocupa de estos seis años – volvió a enrojecer y dio un sorbo a su copa.
-Yo tampoco he encontrado a nadie especial.
-Interesante coincidencia. ¿Cómo es que te especializaste en cardiología? – dije cambiando radicalmente de tema.
La mantuve entretenida en temas banales el resto de la velada. Como estaba su madre, a donde había ido de viaje final de carrera, si había tenido algún empleo antes…Aunque yo ya sabia la respuesta a todo aquello.
Y, sin darle oportunidad a nadie más, la lleve hasta su casa. Le pregunte cortésmente la dirección, aunque yo ya sabia que había vuelto a instalarse con su madre.
-Oye, ¿y que tal tu familia? Solo hemos hablado de mi – dijo ella con verdadero interés mientras nos dirigíamos hacia su casa.
-Pues, mi padre me echó de casa hace tres años, no he vuelto a verle desde entonces. Mi madre viene a veces a verme a mi casa y hablo con ella por teléfono. Itachi vive al otro lado de la ciudad con su esposa y sus dos retoños y me invita cortésmente a comer con ellos cada dos semanas.
Como cualquier persona normal, se había quedado únicamente con la primera parte, esa en la que me echaban de casa.
-Se que no debería preguntar…
-No, no nos peleamos. Simplemente se emborracho, yo llege un poco mas tarde de lo habitual y mi maleta ya me esperaba en la puerta.
-Si los padres echasen a sus hijos cada vez que llegan tarde…
-Por suerte, no son hijos de mi padre. De todos modos ya pensaba marcharme.
Nos mantuvimos en silencio el resto del camino. La despedi cortes mente, evitando que me besara en las mejillas, y di media vuelta hacia el otro lado de la ciudad, donde me esperaba mi lujosa casa.
Segui ignorándola, aunque en menor grado, durante la siguiente semana. Ahora, al menos, la saludaba en los pasillos.
Y ella parecía verdaderamente molesta por mi trato distante. Y un domingo, a las once y media de la noche, hizo una de las cuatro cosas que yo había previsto que podría llegar a hacer. Se planto en mi casa. Se había dejado deliberadamente el paraguas y estaba empapada de pies a cabeza, debido a una molesta tormenta tropical. Llevaba un short tejano y una blusa blanca que ahora se transparentaba y pegaba a cada fibra de su esbelto cuerpo. Sus curvas no habían aumentado en los últimos seis años, manteniendo una perfecta armonía corporal.
-Estas mojada – señale cuando abri la puerta.
-¿Tu crees? – dijo mirándose con gesto inocente. Despues volvió el rostro hacia mi y me suplico con la mirada - ¿Puedo pasar?
Me aparte de la puerta para que pasara y cerre tras ella.
-Espera un segundo aquí, no es por nada pero preferiría que no mojases el parqué – dije dirigiéndome a la escalera principal que subia hasta mi dormitorio.
-Lo siento – se disculpo.
Volvi al cabo de unos minutos con un albornoz y una toalla que tendí en el suelo de manera que crease un camino entre la puerta de entrada y el baño más cercano. Se quito los zapatos y fue al baño a cambiarse.
-Esto es un poco violento – dijo saliendo finalmente enroscada en el albornoz azul marino.
-Tu te lo has buscado.
-He usado una toalla para secarme, espero que no te importe – dijo un poco azorada.
-No te preocupes – dije señalando con la cabeza hacia la zona del salón – Sentemonos.
La casa era una moderna construcción de mi propio hermano en colaboración unos socios suyos. Estaba compuesta por perfectas zonas rectangulares que le daban un aspecto estilizado y formal. El pasillo de entrada estaba separado del salón únicamente por unas cristaleras correderas que, tras bajar dos escalones de fino y caro mármol blanco, daban acceso al salón rectangular. Dos de las paredes eran completamente de cristal blindado y mostraban la zona de la piscina y el acantilado que separaba la casa del mar. Dos sofás, de cuero color chocolate, de cuatro plazas y colocados en forma de "ele" frente a un televisor de 60 pulgadas, contrastaban con el color crema de las paredes. Hasta la interrupción había estado rellenando papeles mientras veía una serie de médicos especialistas en huesos, por lo que la única luz encendida era la de una lámpara cuadrada que desprendía una tenue pero acogedora luz amarilla.
Me senté en mi sofá preferido, junto a mis papeles, y la anime a que me imitase. Se sento con cuidado y recelo en el otro sofá y observo la estancia, fascinada.
-Es una casa preciosa.
-Gracias.
Fingió prestar atención a la televisión mientras, seguramente, meditaba las palabras que iba a decirme ahora. Yo, por mi parte, coloque mis documentos nuevamente en mi archivador y lo deposite en una mesa camilla de madera oscura que ocupaba el espacio entre los sofás y la televisión.
-¿Sasuke?
-Hm
-¿Seria posible…que tu…después de todo este tiempo…aun pudieses sentir algo por mi?
-¿He dado alguna muestra de ello? – pregunte con cara incrédula.
-No, desde luego que no. Pero, si lo estas haciendo por mi, por favor, no te reprimas.
-Creo que no eres consciente del daño que me hiciste al marcharte – le dije con voz severa pero dolida – Con eso no quiero decir que te guarde rencor, en absoluto, comprendo tu decisión. Pero eso no quita el dolor que pase con tu perdida. Y, te recuerdo, fuiste tu la que decidiste que lo dejásemos. No es suficiente, no dijiste eso.
-Claro que no era suficiente en ese momento…
-¿Insinuas que ahora que soy un medico prestigioso con una gran y hermosa casa y un jugoso sueldo, soy suficiente?
-¡Oh, Sasuke! ¿Qué estas diciendo? – dijo levantándose y acercándose a mi – Sabes que yo no me refería a eso – dijo con los ojos humedecidos. Y, ciertamente, lo sabia. Yo no era suficiente para aliviar su dolor. Y ahora que el dolor había desaparecido, volveria a ser mia.
Se sento junto a mi y puso sus manos sobre mis rodillas, mirándolas como si fuesen lo más interesante del mundo. Le acaricie las manos, delineando sus dedos con los mios, y ella dejo escapar una lagrima que le recorrió toda la mejilla y callo pesadamente sobre el sofá. La tome de la cintura y la atraje hasta mi, acariciando su cuello desnudo con mis labios. Habia hechado tanto de menos esa piel. Introduje la mano dentro del albornoz y acaricie su columna vertebral con la llema de mis dedos, como tantas otras veces, mientras ella no reprimía un escalofrio. La tome por el mentón y la mire profundamente, intentando transmitirle serenidad y seguridad. Acerque a nuestros rostros y deje que nuestros labios se acariciasen suavemente antes de besarla. Hacia tantas noches que soñaba con aquellos labios. Ella rodeo mi cuello con sus brazos, como solia hacer, acariciando mis hombros por debajo de la camisa con sus suaves dedos. Nos besamos durante mucho tiempo, con calma, con ternura, sin buscar nada más. Ella dejo caer el albornoz al suelo, guiando mis manos por su suave piel, deseando únicamente sentirme más cerca de ella. Y la magia del momento se rompió con el suave murmullo de sus tripas.
Me levante, con ella en brazos, y la lleve hasta mi dormitorio. La tendí en la cama, pulcra y perfectamente hecha, como todo lo que yo hacia.
-Espera aquí, ni te muevas – le adverti.
-Si, señor – dijo dándome el saludo militar.
Volvi a descender a la planta baja y fui directo a la cocina. Tome dos tarrinas de mousse de chocolate y las vertí en un elegante cuenco de la vajilla que, con gran gusto, me había regalado mi madre. Cogi el bote de nata montada e hice unos pequeños montoncitos blancos en los cuatro puntos cardinales de la montañita de mousse. Despues le clave dos cucharillas de postre. Tome una bandeja de desayuno de un cajón y me dijirgí al minibar del salón a por dos copas de dulce néctar de los sueños. Despues, con todo debidamente colocado en la bandeja, volvi a subir.
Ella estaba extendida sensualmente sobre la cama, abrazada a mi almohada preferida de las cuatro que había en la gran cama de matrimonio. Sonrio al ver el mousse, su postre favorito, y se aparto un poco para dejarme sitio. Tras asegurarme de la debida estabilidad de la bandeja sobre la cama, me deje caer suavemente junto a ella, que me miraba con ojos brillantes y sonrientes.
Dedicandole media sonrisa tome una de las cucharillas y, tras llenarla debidamente, la acerque a su boca.
-Se una niña buena – dejo escapar una suave carcajada y abrió la boca, obediente.
-¿Tu no quieres? – dijo cogiendo la cucharilla restante.
-No es que sea mi comida favorita.
-¿Y como es que tienes en tu casa? – dijo tomando una cucharada y acercándomela a la boca.
-A mis sobrinos les chifla – menti aceptando su ofrecimiento, lamiendo con lentitud la cuchara.
Pero no era noche para eso. Se acurruco entre mis brazos y disfrutamos del silencio y el chocolate tanto tiempo como pudimos. Despues retomamos los besos y las caricias. Ya era noche cerrada cuando nos aburrimos de explorarnos mutuamente, comprobando los cambios que el tiempo había causado en nuestros cuerpos. La acomode entre las sabanas para protegerla de la humedad y me acurruque junto a ella, respirando el fresco olor de su pelo y acariciándole los brazos hasta que se quedo dormida. Despues, la imite.
A pesar de la larga noche me desperté temprano. Era algo que me pasaba habitualmente cuando no hacia algo correcto y me dormía sabiendo que había cometido una imperfección. Eran apenas las ocho de la mañana del lunes y yo ya andaba en pijama veraniego por mi casa, con la bandeja sucia en las manos, hasta mi cocina, satisfecho de saber que la mujer de mi vida estaba plácidamente dormida en el piso de arriba.
El timbre de la puerta sonó durante unos segundos, y rece por que no hubiese despertado a mi bella durmiente. Termine de depositar las cosas en el lavavajillas y me dirigi a la puerta.
-Buenos días, supongo que es usted el señor Uchiha.
Era una mujer no mayor que yo, rubia y con cuerpo sugerente. Llevaba un traje de chaqueta y falda de color arena surcado de verticales rayas grises que acentuaban sus curvas.
-El mismo – dije sacudiéndome distraído el pelo sin peinar. Ella me escaneo con la mirada, de arriba abajo, y negó de forma imperceptible ante mi aspecto. ¿Y que esperaba a esas horas de la mañana?
-Soy la inspectora de casos abierto Sabaku no Temari – dijo mostrándome la placa – Y he venido para hacerle unas preguntas con referencia a algunos asesinatos cometidos en la ciudad.
¡La ostia¡
Me dieron ganas de agarrar el perchero metalico que estaba a mi derecha y batearle la cabeza.
-¿Podria ser en otro momento? Tengo que estar en el trabajo dentro de media hora, una operación imprevista.
-Imaginaba que diría algo asi, por lo que si no quiere tenerme aquí dia y noche le aconsejo que se presente en la comisaria durante el dia de hoy. Pregunte por mi o por el inspector Nara.
Y, tras mirarme nuevamente con desden, se dio media vuelta para atravesar el jardín hasta su coche dorado metalizado.
La vi desaparecer por la carretera hacia la salida de la urbanización. Y aun me quede unos minutos más en la puerta, sin soltarla, con la mirada perdida y el cuerpo paralizado.
¿Por qué todo el mundo se empeñaba en destrozar mi vida perfecta?
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¡Haz sonreir a Zoe!
Este ha sido un poco más corto, pero todo sea por el bien de la intriga!
