Maldita universidad y malditos exámenes inacabables!! Pero vamos saliendo xD. Me alegro de que os haya gustado el capitulo y espero que este os guste igual o mas: D.

"Estar hecho un Cristo" – frase hecha de origen castellano en la que se hace referencia al mal estado físico de Cristo en la cruz. Ya sabeis, con heridas, sangrecilla, etc. Por lo tanto "estar hecho un Cristo" es estar hecho pedazos, estar hecho mierda (xD), estar sucio, estar acabo. Otra frase relacionada es "¡Te voy a dejar hecho un Cristo!". Diccionario de la Realmente Estupida Academia de Zoe xD.

Bukanzen Seikaku

(Personalida Defectuosa)

ZoeUchiha

Ocho. Definitivamente, soy un maldito idiota

Cogí la katana que descansaba colgada de la pared del estudio. La empuñadura de oro negro estaba cubierta por una ornamentada funda de marfil con detalles labrados en oro blanco. El metal era de color onice afilado en un único lado, dando una doble tonalidad degradada al arma. Deslice el paño que acostumbraba a utilizar para darle brillo varias veces por la hoja, la puse a contraluz y observe los destellos que emitia. Tras observarla un poco más con admiración la guarde nuevamente en su funda y la deje en su sitio.

Era jueves, el dia elegido por Sakura para quedar con Naruto. Me pareció una gran falta de respeto por su parte no atreverse a contarme que había quedado con otro. Yo no iba a enfadarme porque quedase con un amigo. Me enfadaría si intentaba pegármela con otro. Habian quedado en un restaurante cercano al hospital. Para que iba a intentar disimular yéndose mas lejos…

Me había sido del todo imposible colocar cámaras en el lugar, por eso había tenido que conformarme con entrar en casa de Sakura y colocar un micro en su ropa. Todos los días antes de acostarse dejaba preparada la ropa del dia siguiente sobre una silla junto al tocador, por lo que fue muy fácil coger el pañuelo de gasa largo que había sobre la ropa e introducir el diminuto micro en la pequeña etiqueta de uno de los lados.

Preferia poder ver la escena, pero no esta vez no podía ser. Puse el volumen tan alto como lo crei necesario y espere. La escuche canturrear al son de la radio en su coche y saludarle al encontrarse con él en la puerta del local.

Escuche al mesero acompañarles amablemente hasta una mesa y luego el idiota comenzó a hablar sin parar sobre anécdotas del instituto que nada tenían que ver con Sakura y que no venían a cuento. Ella reía por cortesía y por fin el camarero les pregunto que deseaban tomar. Algo ligero para ella, un menú promocional para él.

Tras asegurarme de que el botón de grabado estaba activado baje a la cocina para recoger mi propio almuerzo del horno y volvi para continuar escuchando.

-¿Por qué no quisiste venir a cenar conmigo? ¿Algun compromiso?

-Nada formal.

Que le jodan. Estaba empezando a ponerme nervioso y cuando eso ocurria engullía la comida sin masticarla tanto como aconsejaban las autoridades sanitarias, y no me podía permitir tal atentado contra mi salud. Respire profundamente y me concentre en masticar despacio mientras seguían hablando.

-Yo no tengo suerte con las chicas – dijo soltando un sonoro suspiro- Aunque supongo que es porque aun no he encontrado a la adecuada, ¿no?

-Supongo – contesto ella claramente desinteresada por el tema.

-Sin embargo, cuando me pongo a pensar en ti y en lo colado que estaba por ti en el instituto –ese rubio buscaba la muerte – es lógico que no encuentre otra. Un sentimiento asi no se olvida.

-No digas tonterías, Naruto, si solo nos veíamos en clase…

-¡Pero mi amor era sincero! Lo que pasa es que soy timido y…siempre he tenido la autoestima por el suelo.

-Bueno, pero ya somos grandecitos, no vamos a estar con bobadas de adolescentes. Yo tengo mis cosas y tu eres mi amigo, punto y final.

-¿No vas a darme ni una oportunidad?

-¡Claro que no, tonto! – dijo con tono cariñoso. Que molesto.

-¡Pues no pienso rendirme! – exclamo y pude oir un ruido que indentifique como su puño golpeando la mesa y haciendo saltar los cubiertos - ¡Te demostrare que puedo ser tu príncipe amarillo!

-Azul Naruto, azul…

-¡Eso!

Para entonces ya estaban en el postre y Sakura logro desacerse de él con soltura alegando que tenía cita en la peluquería.

-Pues yo me voy a casa, solo – dijo haciendo hincapié en la palabra – Muy solo.

-Pues que disfrutes de tu soledad, ¡nos vemos mañana!

Teclee un par de cosas en el ordenador y memorice de dos leidas la dirección de Naruto, casi en el otro lado de la ciudad. Tome una mochila militar del armario que tenia a mi derecha y deje caer dentro un par de cuerdas, cloroformo, y productos que se utilizaban en el hospital para quitar la sangre, guantes, bisturí y, por ultimo, una de las katanas que tenia colgando de la pared.

Fui a mi cuarto y tome mi ropa de las ocasiones especiales, a sabiendas de que ya no me servía utilizar la de Itachi.

Al cuerno los inspectores, ese desgraciado no iba a insistir más.

Deje caer la mochila en el asiento del copiloto y arranque el silencioso motor de mi coche. El piso de Naruto estaba en un conjunto de edificios del extrarradio de la ciudad. El sitio tenia aspecto descuidado, por lo que mi coche llamaba mucho la atención. Busque un lugar adecuado donde dejarlo, en una calle paralela cerca de la salida a la autopista. Con la mochila al hombro me dirigi al edificio. Toque a varios porteros fingiendo ser el cartero hasta que me abrieron y subi hasta la séptima planta. Me plante ante la puerta numero 12 y la observe: no estaba blindada. Cogi una gruesa tarjeta de plástico, del tamaño de una tarjeta de crédito, que guardaba en mi cartera y la pase por la rendija de la puerta hasta que esta cedió. Se escuchaba el ruido de la televisión encendida dentro. Mi plan era matarlo, robarle y robar en varios pisos más para que no me relacionasen.

Con sigilo cerre la puerta tras de mi y anduve despacio por el pasillo hasta el pequeño salón. Naruto estaba tirado de mala manera sobre un carcomido sofá mirando con sonrisa bobalicona el televisor. Deje que mi sombra se proyectase en la habitación y el giro sus ojos azules hacia mi.

-¿Uchiha? – pregunto dando un salto en el sofá, enderezándose - ¿Cómo coño has entrado bastardo?

-Por la puerta – deje caer la mochila al suelo, no sin antes extraer una de las cuerdas, y luego me acerque a él. El me miraba sin saber que decir ni hacer, moviendo sus ojos repetidamente desde mi mano hasta mi cara. Apreto los puños y la mandivula cuando su diminuto cerebro termino de procesar lo que pretendía hacer.

-Ni lo sueñes – amenazo.

-Jamas soñaría contigo.

Se levanto y me lanzo un puñetazo que esquive sin dificultad. Lance un rodillazo contra la boca de su estomago y luego colpee el comienzo de sus piernas para hacerlo caer contra el sofá. Me incline sobre el y golpee repetidamente su estúpida cara hasta dejarla amoratada y luego lo oblige a levantarse y nuevamente sentarse en una silla. Le ate con fuerza y rabia las manos y los pies y, mientras el daba saltos en la silla e intentaba zafarse de mis perfectos nudos, cogi la katana de la mochila.

-Cuando estes en el infierno y Neji te pregunte por qué estas allí dile: "yo también intente algo con Sakura" – le dije con arrogancia mientras desenfundaba el arma y me acercaba a su tembloroso cuerpo.

De repente la mueca de horror se convirtió en una risa intensa.

-Te tenemos cogido por los huevos, Uchiha – dijo antes de continuar riéndose.

-Suelta el arma – dijo una voz familiar tras de mi. No necesite darme la vuelta para saber que tenia a Temari apuntándome con un arma, y solo me hizo falta girar los ojos para ver a Shikamaru acuclillado tras la puerta del dormitorio.

Lo que faltaba

-No volveré a repetirlo, suelta el arma – dijo la rubia.

-Yo le haría caso, no tiene muy buen pulso – dijo Shikamaru desde su posición.

Idiotas. A los policías se les enseña donde deben disparar para matar a los sujetos peligrosos. Yo era altamente peligroso y estaba claro a donde iban a dispararme. De un rápido movimiento me di la vuelta y, cogiendo la mochila, me lance contra Temari, lanzándola al suelo. Como esperaba disparo al pecho, donde estaba mi lindo chaleco antibalas. Cruce la puerta a toda velocidad y la cerre tras de mi en el momento en que dos balas la atravesaban. Corri escaleras abajo todo lo que mis piernas me permitieron concentrándome en llegar al coche cuanto antes. Podia escuchar a Temari y a Shikamaru corriendo tras de mi, pero ellos no se entrenaban tan duramente como yo y pronto sus voces comenzaron a sonar jadeantes. No podían disparar en plena calle, podrían matar a alguien, por lo que logre darles esquinazo tras una verja de un callejón y logre llegar a mi coche. Lo arranque tan rápido como pude y me lance hacia la autopista.

La carrera hacia mi casa se me hizo interminable. Me sorprendió no encontrarme a varios coches de policía delante de ella, lo cual no era mas que una muestra de soberbia por parte de Temari y Shikamaru que seguro que habían esperado pillarme ellos mismos. ¿Pero como demonios había ocurrido todo eso?

Aparque frente a casa y me lance hacia la puerta, puerta que estaba siendo golpeada con entusiasmo por cierta pelirosa.

-Sakura – la llame mientras me acercaba.

-¡Oh! Me estabas preocupando. Toco y no contestas – abri la puerta – Te llamo al móvil y lo escucho sonar dentro. ¿Qué haces vestido con estas pintas?

-Tenia un asunto que resolver – dije subiendo a toda velocidad las escaleras. Entre en mi despacho y agarre dos maletas preparadas del armario, seguido por Sakura que me miraba con tremenda curiosidad.

-¿Pero que pasa?

-Me voy de la ciudad.

-¿Qué?

-Estoy en problemas y tengo que largarme.

-¿Qué clase de problemas?

Abri un cajón de mi escritorio cerrado con llave en el que guardaba un panel lleno de botones. Pulse uno de ellos y luego deje programada una cuenta atrás de 10 minutos.

-¿Confias en mi? - dije volviéndome hacia Sakura.

-Claro – dijo ella con aire ofendido mientras se acercaba para agarrarse a mis brazos.

-¿Me amas?

-Si – contesto sin pensárselo dos veces, lo cual me chocó y a la vez me agrado.

-¿Lo dejarías todo por mi? – volvi a preguntar.

-Espera, espera – dijo levantado las manos mientras empezaba a ponerse realmente nerviosa.

-Me largo, y me largo ya, no tengo tiempo. Si vienes conmigo te prometo que no nos pasara nada malo, comenzaremos una nueva vida de ensueño en algún lugar paradisiaco y estaremos juntos para siempre – le dije agarrándole el rostro y besándola suavemente.

-Asi planteado suena bien…pero primero necesito hablar contigo.

-No tenemos tiempo.

-No puedo irme sin contarte lo que te tengo que contar.

-Lo haras en la otra casa. No puedo marcharme hasta mañana asi que tienes ese tiempo para decidirte, pero tienes que venir ahora conmigo.

-Está bien.

Mire el reloj y me lance escaleras abajo a toda velocidad.

-¿Pero por que tanta prisa?

-Digamos que me persiguen, y esta casa ya no es segura.

Los aspersores del techo comenzaron a lanzar un líquido amarillento sobre nosotros.

-Mierda – suspire mientras abria la puerta de la casa rápidamente.

-¿Qué demonios es esto? – pregunto ella al percatarse de que no era agua-

-Gasolina.

-¿Gasolina? ¿Te has vuelto loco?

-Tal vez, ya lo decidiremos más tarde, ahora tenemos mucha, mucha prisa.

Deje las maletas en el coche mientras ella subia al asiento del copiloto y luego hice lo propio. Arranque a toda velocidad y conduje hacia la autopista. Le di a uno de los botones del coche y las matriculas del coche fueron sustituidas por otras.

-Me vas a hacer un favor, vas a conducir tu y yo te voy indicando desde atrás el camino.

-Pues podias haberlo dicho antes.

-Vamos – dije apremiándola para que se agarrase al volante. Mientras ella lo sujetaba yo me escurri entre sus brazos al asiento trasero y me tumbe sobre el. Ella se acomodo en el asiento y me miro con rostro preocupado.

De repente se escucho una enorme explosión.

-¿Qué ha sido eso? – pregunto con un hilo de voz.

-Mi casa -Se giro para mirarme con los ojos muy abiertos y luego se concentro en la carretera- No creo que la poli se crea que me he suicidado, pero perderan el rastro por un tiempo.

-¿A dónde vamos?

-¿No me preguntas que he hecho?

-No me interesa en estos momentos.

-Conduce hacia el gran lago.

Junto al lago había un monton de hermosas casitas dispersas por todas partes. Le di indicaciones a Sakura para llegar a una de ellas, junto a un muelle, y aparcamos delante. Tome las maletas del coche y busque en mi llavero la llave que había copiado de un compañero del trabajo.

-¿Es tuya?

-Algo asi – dije mientras me acercaba a la puerta.

La casa era espaciosa y lujosa, tanto como puede esperarse de un buen medico de una clínica privada. Busque el dormitorio principal que tenia unas espectaculares vistas al lago. Deje las maletas junto a la cama y abri una para tomar algo de ropa.

-Necesito un baño – le dije a Sakura que estaba plantanda frente a las grandes cristaleras que ocupaban casi por completo la pared.

-Me encanta bañarme contigo – dijo sonriente, abriendo una puerta contigua que, como era de suponer, conducía al baño. Suspire, tome aire y lo solte e intente convencerme a mi mismo de que no había ningún peligro inminente que temer. Mañana tendría los documentos necesarios para largarme del país con mi preciosa Sakura y todo iria bien.

Comence a desvestirme mientras contemplaba por la gran cristalera el enorme lago. El dia estaba algo nublado, probablemente anunciando una tormenta tropical, y el agua brillaba con tonalidades plateadas. Termine de desprenderme de la ropa para ocasiones especiales y me dirigi al baño. Sakura se había apresurando en llenar la gran bañera en forma de semicírculo con agua y espuma y se recostaba contra un lateral con mirada sensual. Movio el dedo índice en señal de que me acercase mientras yo le dedicaba una media sonrisa y ella se deleitaba con mi cuerpo desnudo.

-Túmbate aquí – dijo abriendo las piernas y me acomode contra su pecho. Sentia sus firmes senos contra mi espalda, sus suaves y duros pezones cubiertos de espuma acariciar mi piel. Deslizo sus manos por mi pecho acariciándome con cariño, delineando cada pliegue de mis músculos mientras sus labios besaban con ternura mis hombros.

-¿Escucharas ahora lo que quiero contarte?

-¿Tengo otra posibilidad? –dije ajustando mis piernas a sus costados.

-Desde luego que no.

-Pues adelante.

Escuche como ella tomaba aire y un pequeño silencio me indico que meditaba las palabras que iba a utilizar.

-Veras, aunque te parezca mentira a mi me encantan los juegos de Rol por ordenador.

-¿Ese es el gran secreto? – dije sin poder evitar dejar escapar una sonrisa.

-Calla y escucha que es serio – dijo apretándome los brazos con las manos – Bueno, pues juego a uno de esos juegos de rol desde que tenia casi doce años. Un dia descubri que otro de los jugadores usuales con los que yo solia compartir partida era Shikamaru. Aunque en el colegio prácticamente nos ignorábamos, cuando nos sentábamos en el ordenador podíamos pasar horas hablando y jugando juntos.

Cuando…cuando murió Ino, bueno, ya sabes que estaba super mal. Uno de esos días que me quede encerrada en casa, decidi jugar un rato a ver si lograba olvidarme aunque fuera por un instante de lo ocurrido. Shikamaru estaba conectado y me dijo: "Me alegro de que te conectases, no conozco otro lugar seguro para hablar contigo y tengo algo que decirte: estoy casi seguro de que Sasuke mato a Neji". Me conto que cuando los dejastes en el pasillo el se asomó a la ventana para ver quien quedaba aun en la playa y te vio descolgarte por la terraza. Como no sabia si habías bajado simplemente a recoger algo que habíamos olvidado, no comento nada a la policía, pero luego en casa comenzó a pensar y…

-¿Y tiene pruebas?

-Concluyentes en ese momento no, si no estarías en la cárcel, ¿no crees? El caso es que me dijo que Ino y ellos habían estado comentando en una de esas ocasiones que quedaban todos lo raro que había sido lo de Neji, e Ino hizo mucho énfasis en lo raro que le parecías tu. Incluso les contó que pensaba intentar ponerme en tu contra. Por eso Shikamaru pensó que, ante lo raro que era que alguien se despeñase en línea recta, tu podias haber tenido algo que ver si ella había intentado separarnos.

Que hijo de la real pu..

-Cuando escuche esto, como comprenderas, me alarme muchísimo. Y, con lo dolida que estaba, me fue muy sencillo creerme la historia de Shikamaru. Decidi marcharme, pero cada vez que lo pensaba más extraño me parecía que tu fueses un asesino. Un dia, cuando ya estábamos en la facultad, mientras jugaba de madrugada en mi ordenador, Shikamaru volvió a hablar conmigo de forma privada. Me dijo que no me asustase pero que necesitaba mi colaboración para destapar un monton de crimines, crímenes que habías cometido tu. Me dijo que desde un primer momento se había sentido fascinado por la muerte de Neji y de Ino y que había comenzado a investigarte y a seguirte. Me dijo que te habías desecho de todo el que había intentado acercarse a mi – dijo parándose para coger aire. Senti que un escalofrio recorría toda mi espalda. Ya no me sentía tan seguro entre aquellos brazos – Por favor, Sasuke yo no estoy en tu contra, asi que escuchame hasta el final – dijo al ver que intentaba levantarme.

-Intenta ser breve, por favor – le pedi en un susurro lastimero.

-Shikamaru estaba convencido de que estabas intentando controlar mi vida o más bien que la tenias perfectamente controlada, por eso no podíamos hablar mas que por el juego, porque según el tu controlabas mi teléfono, mi email y me seguías siempre que podias, aunque yo nunca logre verte. En un principio me pareció que estaba paranoico, pero me pidió tan fervorosamente que le ayudase que no pude negarme. Y entonces acabo la facultad y, mira por donde, encuentro trabajo y ahí estas tu. Obviamente en ese momento la teoría de Shikamaru cobro credibilidad para mi. El había comenzado a trabajar un mes antes y me dijo que su compañera estaba tan entusiasmada con el caso como él y que habían descubierto a tus primeras victimas, Fumie y Sai. Ciertamente, todos los asesinatos tenían relación directa conmigo, asi que no pude negar la evidencia. Me pidieron que te siguiese el juego. Y asi lo hice, acepte tus invitaciones, me vi contigo, ¡pero espera! Quiero dejarte bien claro que yo no me hubiese acostado contigo si no hubiese sentido algo, no soy una zorra y menos para ayudar a dos detectives obsesionados – dijo abrazandose a mi e intentando ver mi expresión. Yo intentaba no transmitir nada, me estaba dejando helado- Yo te quiero Sasuke, y cada dia que pasaba sentía mas y mas la olvidada necesidad de estar contigo, ahora que volvia a tenerte cerca ya no podía volver a dejarte, contigo es con quien me siento completa – aseguro hundiendo su rostro en mi cuello – Te quiero, Sasuke.

-Y yo a ti – logre decir.

Note un par de lagrimas sobre mi piel y como ella volvia a tomar una bocanada de aire.

-Entonces me dijeron que entraría un nuevo actor a escena. Naruto. Fingiria estar interesado por mi para ver si tu lo matabas. Creo que lo que hicieron mal fue citarte para interrogarte. Eso te puso en alerta, ¿cierto?

-Obviamente – con esto le estaba afirmando que era un asesino, no se que demonios estaría pensando de mi en esos momentos.

-Yo pensé que ese era el camino equivocado, pero como yo no tenia ninguna intención de ayudarles mas de lo debido a cogerte, tampoco se lo mencione. Y entonces ocurre lo de Itachi, que supongo que también será obra tuya. Eso los descoloco de verdad. Las cartas, los huesos…¡ciertamente dudaron de su teoría! Yo no lo hice, pero tampoco se lo dije. A sabiendas de que tu estarías observando me hicieron aprenderme mi interrogatorio y lo representamos. Necesitaban que tu siguieses confiando en mi.

-Aun asi no tiene pruebas para meterme en la cárcel por todos los delitos, como mucho por el intento con Naruto.

-Tu padre les dejo entrar en tu casa.

-¿En que casa!?

-En la casa de tus padres. Registraron tu cuarto y encontraron las armas fundidas. Dicen que eso probara dos asesinatos más.

-¡Solo son dos amasijos de metal! ¡No pueden probar nada con eso!

-¿Estas enfadado conmigo?

-No. ¿Deberia enfadarme porque te creyeses la verdad? Solo puedo agradecerte que sigas aquí sin intentar matarme después de todo lo que he hecho.

-Lo hiciste porque me amas.

-Algunas personas estiman más la vida de los demás que el amor.

-Eso ya no tiene remedio. Estan muertos. Y yo estoy enamorada de ti, un asesino, y lo asumo y acepto. Y ahora que los dos tenemos claro que nos amamos espero que no vuelvas a matar a nadie allí donde se suponga que vamos a marcharnos.

Mire su rostro sobre el mio, sus profundos ojos verdes mirándome con sincero amor.

-Si yo estoy loco, ¿como se llama lo tuyo?

-Estoy chiflada, ya lo se, pero quiero ser una chiflada feliz con el hombre que amo, por muy egoísta que eso sea hacia las personas que han muerto.

Aparte la vista de su rostro y observe con fascinación los azulejos del baño mientras examinaba en mi mente todo lo que me había contado. Definitivamente de perfecto no tenia nada, era un puñetero idiota, un puñetero idiota al que le habían tomado el pelo como a un idiota. Un espia espiado. Patetico. Me di asco a mi mismo.

Pero eso no quedaría asi, aun tenia tiempo para darme una vuelta por la ciudad antes de largarme.

Note los labios de Sakura en mi nuca y decidi olvidarme un rato de la dulce venganza. La tome del brazo y la oblige a sentarse sobre mi, ocupando yo su lugar contra la bañera. Ella se morido el labio mientras me sonreía, a la vez que yo le regalaba una de mis arrebatadoras miradas. Tome sus caderas y las restregué rítmicamente contra mi miembro, notando como su sexo comenzaba a dilatarse y humedecerse. Tomo mi rostro con sus manos y se acerco para besarme, atrapando con sus labios mi labio inferior, lamiéndolo a conciencia, besando mi mentón y bajando hasta el cuello. La recosté contra mi y la penetre sin más dilación, a lo que ella contesto con un pequeño mordisco en el cuello. Me agarre a sus piernas para impulsarme mientras ella enlazaba sus brazos en mi cuello y seguía besando y lamiendo todo mi cuerpo. Pase mis dedos lentamente por su columna, haciendo que se arqueara de placer. Sabia que ella adoraba que le hiciese eso. Me movi un poco para alcanzar una de las toallas y la coloque sobre el frio borde de la bañera, levante mis caderas, obligándola a ella a levantarse, y luego la apoye contra el filo de la bañera, observando su linda y perfecta espalda sin dejar de penetrarla. Ante su mirada impaciente volvi a retomar las embestidas contra su cuerpo, deleitándome en la estrechez de su cavidad mientras ella gemia suavemente. Notaba su cuerpo tembloroso y extasiado bajo mis manos y, cambiando el punto de apoyo de sus caderas a la bañera, profundice la penetración y aumente la intensidad.

-Quiero besarte – logro articular entre gemidos. La cogi de la cintura y la ayude a darse la vuelta, colocándose sobre mi mientras yo me sentaba torpemente. Se aferro a mi cuello con ambas manos y me beso con pasión mientras yo seguía concentrándome en trabajar su entrepierna.

¿Cómo podía estar tan deliciosa?

Queria abarcar todo su cuerpo con el mio, no sabia en que parte de su cuerpo detener mis manos, que la acariciaban fervorosamente. Aparte mis labios de los suyos y los dirigi a sus pechos atrapándolos con suavidad y recorriendo mi lengua por ellos, haciéndola gemir, sobrexcitándola, provocando que ella misma buscase el placer que necesitaba para tocar el cielo. Sus embestidas se unieron a las mias en un frenetico ritmo en el que se entrelazaban mis gemidos con los de ella.

Entonces se levanto, dejándome totalmente descolocado. ¡Oh Dios¡ ¿Por qué me hacia eso?

-No quiero que termine aun – me susurro sensualmente mientras salía de la bañera y, tras coger dos toallas entraba en la habitación. Sali, totalmente exitado y al borde de un ataque de nervios tras tan tremendo parón tomando la toalla que había puesto sobre la bañera.

Habia tendido una de las toallas sobre la cama y se enroscaba en la otra.

-¿Te parece normal dejarme asi? ¿Qué buscas? – le pregunte al ver que registraba mis maletas. No me contesto hasta que encontró mi aceite corporal.

-Sabia que una piel tan suave necesitaba de esto – dijo mostrando como un trofeo el bote transparente. Dejo caer la toalla y se subió a la cama. Me dedico una sonrisa traviesa mientras abria el bote y dejaba caer sensualmente el aceite sobre su cuerpo.

-Voy a necesitar ayuda con esto – dijo mirándome con impaciencia.

Deje caer mi toalla y me acerque a ella furtivamente, totalmente desesperado por hacerla mia de una maldita vez. Esos jueguecitos me mataban y excitaban a partes iguales. Observe el liquido resbalar desde el comienzo de su cuello hasta el ombligo y coloque mis manos entre sus pechos para comenzar a extenderlo. Sus senos estaban firmes y redondeados debido a la excitación, y el contacto de mis manos sobre ellos hizo que se mordiera el labio reprimiendo un gemido. Los masajee y continue mi paseo por su cuerpo, deslizando mis dedos por su vientre, bajando hasta su entrepierna, aplicando el aceite por toda ella, dándole un brillo sensual a su preciosa piel. Me detuve entre sus piernas para poder lamer su sexo. Le sujete las piernas con ambas manos a la altura de la pelvis, pues con cada paseo de mi lengua por su humeda cavidad sufrían placenteros espasmos. Busque con la mirada el rostro de Sakura, que negaba con la cabeza con los ojos cerrados y mordiéndose el labio, arqueándose cada vez que mi húmedo órgano acariciaba una parte extremadamente sensible de su ser.

Aleje mi rostro y pasee dos de mis dedos por toda la abertura, acariciando concienzudamente su clítoris e introduciéndolos ligeramente en su interior. Ahora le tocaba sufrir un poco a ella. Introducia mis dedos apenas lo suficiente para perder las puntas de vista y rápidamente los sacaba, dejándola a ella con un entrecortado gemido en la boca. Tras repetir esto varias veces, y ante sus gruñidos protestantes, los introduje casi hasta los nudillos, moviéndolos fogosamente, dándole un rápido y repentino placer que la hizo arquearse por completo y soltar un profundo gemido. Los saque inmediatamente.

-¿A que juegas? – me pregunto sentándose sobre las rodillas como una niña enrabietada.

-Creia que te iba sufrir, pero veo que lo que te gusta concretamente es hacerme sufrir a mi – atrape sus labios con los mios y la abrace. Senti el frio aceite correr por mi espalda, por lo que desvie la vista hacia una de sus manos que estrujaba el bote sobre mi cuerpo. Sin dejar de besarme comenzó a acariciarme, empujándome para que me tumbase. Masajeo mis marcados abdominales con sus aceitosas manos mientras su boca descendia hasta mis pezones. Cuando considero que mi torso estaba lo suficientemente "hidratado", paseo sus manos hacia mis caderas. Tomo nuevamente el bote y vertió directamente el liquido sobre mi pene erecto, que vibro ante el frio contacto. Empezo a masajearme con sus manos mientras besaba suavemente mi glande. Me mordí el puño intentando no gemir, manteniendo en tensión las piernas. Cerre los ojos y disfrute de sus caricias, hasta que sentí sus manos subir nuevamente por su pecho y sus sexo empujar el mio. Me introdujo en ella con suavidad, con movimientos circulares que mi hicieron apretar los ojos de placer. No lo soportaba más. La tome de las caderas y comencé a penetrarla frenéticamente. Ella se dejo caer sobre mi, apoyando su rostro contra mi agitado pecho. Sentia el enloquecido palpitar de su corazón que me acompaño hasta la agradable sensación del orgasmo. Tal vez yo fuera un idiota aquello sí que había sido perfecto.

Cuando ella despertó, yo ya me había cambiado. Le acaricie el pelo con ternura para que me prestase atención y saliese de su soñoliencia. Cuando comprobé que sus pupilas fijaban toda su atención en mi le sonreí.

-Voy a salir a terminar con esos dos idiotas, nos veremos en el aeropuerto dentro de tres horas. Llevate mi coche, yo me llevare el otro que tenia aquí.

Ella asintió con la cabeza y yo la bese para despedirme.

Volvi a la ciudad. Estaba muy sereno, demasiado. Supongo que es lo bueno de sentirse idiota, que ya te da lo mismo cometer errores. Los despachos de Sabaku y Nara estaban en la primera planta, a la que accedi encaramándome al muro trasero del patio del edificio y entrando por una ventana entreabierta. Ambos estaban en el mismo despacho. Tenian pinta de haber pasado toda la noche allí, probablemente buscándome. Me miraron con los ojos de par en par. Cerre la puerta con pestillo y cogi las dos pistolas que había sobre la mesa antes de que ningún pudiese alcanzarlas. Apunte con una de ellas a Temari. No dije nada, solo los mire.

-No cometas ninguna estupidez, Uchiha – amenazo Shikamaru.

-¿Cómo cual? ¿Cómo esta? – dispare entre ceja y ceja a la rubia, que callo hacia atrás con un golpe seco – Ella era una dama, pero contigo no será tan rápido – dije desenfundando la katana que llevaba atada a la cintura. Shikamaru observo la sala con ansiedad, intentando encontrar una via de escape. Salte sobre la mesa que había ante el y dispare un tajo hacia su hombro que lo atravesó hasta la primera costilla de la caja torácica. No quería dañar nada que lo matase rápidamente.

-Supongo que querras saber que hice con Sai, ¿Qué tal vivirlo en tus propias carnes?

-Seria poco original por tu parte.

-Entonces hare que te duela un poco más – dije mientras el se sujetaba la herida y se acercaba a la pared. Lance un golpe con el codo contra su cara, dejándole atontado y después rebane el brazo con el que se tapaba la herida de un único tajo. La sangre empezó a manar a borbotones y, consciente de que no tenia mucho más tiempo, le rebane una de las piernas por encima de la rodilla. Callo al suelo, desangrándose, le di una patada para darle la vuelta y que pudiese mirarme y comencé a agujerear sus piernas alrededor de la pelvis. Corte la otra pierna. Le escupi en la cara y le hice una herida en el cuello lo suficientemente profunda como para que se ahogase en su propia sangre.

Sali nuevamente por la ventana, satisfecho.

Aprete el acelerador y conduje hacia mi casa. Hacia casa de mi padre, mejor dicho.

La conocía como la palma de mi mano, por lo que no me fue difícil subir al tejado e introducirme en el pasillo interior. Era temprano, mi madre estaría en la cocina y, si es que estaban despiertos, los niños con ella. Entre en el dormitorio de mis padres. El estaba tendido sobre la cama, despierto, fumando. Puto vicioso. Se atraganto al verme entrar manchado de sangre.

-Tranquilo, esta sangre es de dos bastardos entrometidos – estiro la mano hacia su mesita de noche, donde guardaba su pistola reglamentaria – Yo que tu no lo haría – dije sacando la pistola que había cogido en comisaria – Apuesto a que tengo mejor puntería que tu.

-¿Qué demonios quieres?

-Vengo a decirte que soy el asesino de nueve personas, entre ellas tu querido hijo Itachi. Llevo matando gente en tus narices desde que tenia catorce años y no te has dado cuenta hasta hace dos días maldito fracasado. Y sabes quien soy, ¡soy tu puñetero hijo! ¡Tuyo y de nadie más! ¡Soy sangre de tu sangre! Y se que soy tu hijo, por mucho que a ti te duela, porque he tenido que soportar tu puñetera demencia durante todo el tiempo que he vivido en esta casa. Es fácil no sentir nada matando gente cuando estas acostumbrado a ver a tu padre pegarle a sus hijos y a su esposa, ¿no te parece? Y no voy a matarte porque vas a vivir lo que te quede de tu jodida vida sabiendo que engendraste y criaste a un puñetero asesino y que la culpa es tuya y solo tuya.

Cerre la puerta de un portazo. Ya estaba todo hecho.

Pase por la casa del lago únicamente para cambiarme y recoger los papeles que mi contacto debía haber dejado en el muelle. Conduje hacia el aeropuerto y localice a Sakura esperando dentro del coche. La observe sonreírme, como si en vez de volver de asesinar a dos personas hubiese estado alimentando huérfanos. Desde luego no había explicación lógica para lo nuestro. Le sonreí y abri la puerta del coche para que saliese.

-Billetes en primera fila para algún lugar muy, muy lejos de aquí – dije tomandola por la cintura tras coger las maletas – Y pedi expresamente que tuviesen café con nata para ti durante el viaje.

Ella me sonrio cogiendo su billete y después me beso con pasión.

-¿Cómo puede ser que seas tan perfecto, mi amor?


Fin

Gracias por hacerme sonreir

Espero haberos hecho sonreir a vosotros